Diccionario cinematográfico (242). Chófer

Paseando a miss Daisy, película de corte clásico con chófer entrañable de protagonista (Morgan Freeman).

Yo que nunca he aprendido a conducir, que no tengo coche, que me gusta viajar, siempre pienso que no me importaría contratar a uno de estos profesionales si pudiese permitírmelo.

Y anda que no hay chóferes en el cine.

Como personaje principal o secundario siempre tienen bastantes matices interesantes.

Precisamente ayer estuve viendo un clásico de Bruce Beresford, Paseando a miss Daisy (1989). Cuenta una historia extremadamente sencilla durante veinticinco años (1948-1973): la relación cotidiana entre una anciana judía con su chófer negro. La película no es épica ni cuenta con momentos crudos. La mayoría ocurre en la casa de la anciana o en sus trayectos con su chófer a la tienda, al templo, al cementerio o a alguna celebración familiar. El tiempo pasa, y del mismo modo que las transformaciones sociales en EEUU son muy lentas y tímidas, así ocurre con la relación entre ambos personajes, que pasa del rechazo absoluto, sobre todo por parte de la mujer, a una relación tímida y distante de amístad y cariño.

No hace mucho hubo otra película que también ganó el óscar a mejor película, Green book (2018), que contaba la historia de un chófer italoamericano que es contratado en los años sesenta por un pianista negro para una gira por el sur de EEUU. En ambas películas se toca de dicha manera, por la relación entre un chófer y su cliente, el movimiento y la lucha por los derechos civiles.

Hay chóferes entrañables que hacen no solo de Pepito Grillo sino que acompañan a un personaje que no se maneja muy bien en las relaciones sociales. Así ocurre con el chófer asignado a llevar de un lado a otro a la seria e irascible autora de Mary Poppins, P. L. Travers en Al encuentro de Mrs Banks (2013) de John Lee Hancock.

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Viva el amor al cine. Nouvelle Vague (Nouvelle Vague, 2025) de Richard Linklater / Al final de la escapada (A bout de souffle, 1960) de Jean Luc Godard

En Nouvelle Vague, rodaje de la muerte del personaje de Michel.

Una de las experiencias más gozosas que he tenido últimamente en una sala de cine ha sido ir a ver Nouvelle Vague de Richard Linklater. En ningún momento se me quitó la sonrisa de la boca ante la recreación, según Linklater, del rodaje de Al final de la escapada. La sensación de modernidad, libertad creativa, improvisación e infinito amor al cine se esconden en esos fotogramas vitales.

Un Godard con sus gafas de sol y la seguridad de querer rodar y saltarse todo, pero a la vez amando el medio de expresión elegido y lo que hace. Y un equipo entregado a la causa, aunque no entiendan que están rodando una película que aún vista hoy continua siendo rupturista y un canto de amor al cine.

Después de disfrutar de cada secuencia y cada personaje que iba apareciendo en la pantalla, me fui a casa y no pude evitar ponerme enseguida Al final de la escapada, experiencia que siempre he gozado, pero esta vez la vi además con un cariño infinito. Y me imaginaba el buen rollo entre Jean Paul Belmondo y Jean Seberg o a Raoul Coutard, el director de fotografía, dentro de esa caja rodando encima de una bicicleta por las calles de París.

También Richard Linklater este año me ha hecho feliz con una preciosa sesión doble que ha filmado. Antes de Nouvelle Vague, me encerré en el Sardi con el letrista Lorenz Hart, que hizo un tándem creativo con Richard Rodgers, en Blue Moon. Otro universo especial de artista atormentado, pero que sus canciones habitan todavía en un montón de fotogramas. Las dos películas se ven con gusto y apetece volver a visitarlas. Son un homenaje a los artistas, sus obras y sus maneras de enfrentarse a la vida.

Estar en una sala de cine con Nouvelle Vague en pantalla grande y luego encerrarse en el salón de casa y ver pasar Al final de la escapada es ser testigo de un precioso diálogo entre dos largometrajes. Richard Linklater recrea ese rodaje como un canto de amor al cine y Al final de la escapada es una película que refleja un momento concreto de la historia del cine y que aún hoy sigue siendo fresca, original y rompedora.

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Sesiones de verano (y 6). Días de canícula y películas

Mi postre favorito, una película iraní que ha servido para una buena sesión de verano en una sala de cine.

Durante este mes de verano, he disfrutado de buen cine. Llevo unos años que no salgo fuera en agosto, sino que me quedo en mi ciudad. Casi todos los días suelo ver una película y como siempre trato de ser lo más ecléctica en mis elecciones. No he dejado de recuperar producciones de los ochenta y noventa de las que tengo un buen recuerdo, pero también intento ver aquellas que se me pasaron en la época. Por supuesto, no faltan los clásicos (he revisitado y he descubierto alguno que nunca había visto). Tampoco he desperdiciado alguna visita a la sala de cine (aunque no han sido todas las que hubiese querido)… Y también procuro visionar aquellos estrenos (que son muchos) que se me escaparon durante este año.

Por otro lado, intento disfrutar con otra de mis pasiones, como leer libros sobre cine. Esta vez con placidez y lentitud estoy leyéndome un libro exquisitamente documentado y que me está proporcionando conocimientos sobre un director inédito para mí: Hiroshi Teshigahara. A raíz de su lectura, he visto la única película a la que de momento he podido acceder, La mujer de arena. De su autor, Antonio Santos, ya había leído dos ensayos que me emocionaron sobre la utopía y distopía en el cine.

El libro en cuestión es Jardines de piedra. Hiroshi Teshigahara. Cine, roca y bambú, que muy pronto visitará de nuevo este lugar. Estoy ya a punto de adquirir dos libros de amigos blogueros y empaparme de ellos. No he tenido tiempo hasta ahora, pero me hace muchísima ilusión: desde Tren de sombras, un libro sobre Ozu; desde El gabinete del doctor Mabuse, un buen listado con reseñas estoy segura que brillantes de cine mudo.

Abordo ya la última semana de agosto, con este texto que supone el final de estas sesiones de verano con un resumen de casi todo lo vislumbrado desde finales de junio. En cuanto películas, además de las señaladas en las distintas sesiones de verano, la variedad de propuestas es la clave. Desde que empecé con Cónclave, he visto casi cincuenta películas. Ahora como usuaria de Letterboxd (Hildy_Johnson_) y su diario no se me olvida ninguna. Me encanta poder acceder al listado de todo lo visto.

Había varias que las tenía muchas ganas: la misma Cónclave (Edward Berger, 2024), Heretic (Scott Beck, Bryan Woods, 2024), Anora (Sean Baker, 2024), Being Maria (Jessica Palud, 2024), Ghostlight (Alex Thompson, Kelly O’Sullivan, 2024), Sorda (Eva Libertad, 2025), Riefenstahl (Andres Veiel, 2024), Maria (Pablo Larraín, 2024), Materialistas (Celine Song, 2025), Mi postre favorito (Maryam Moghadam, Behtash Sanaeeha, 2024) y Weapons (Zach Gregger, 2025). Procuraré dedicar una frase a cada una (sin incluir las ya reseñadas) que resuma que han supuesto para mí.

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Cuando cae el otoño (Quan vient l’automne, 2024) de François Ozon

François Ozon nos vuelve a regalar una buena historia en Cuando cae el otoño.

François Ozon arranca Cuando cae el otoño de una manera absolutamente certera y que define el tono de la película. En una pequeña iglesia, un cura está explicando el pasaje leído, pero el relato de lo que está contando y la explicación es de lo más sensual. Narra cuando María Magdalena se acerca por primera vez a Jesucristo. Y este último dice que a ella le serán perdonados todos sus pecados, porque sabe y es capaz de amar demasiado. La cámara recorre los bancos hasta que se para en el rostro de una anciana, que escucha atentamente las palabras y luego toma la comunión. Una vez termina la película, el pasaje adquiere todo su significado.

Me gusta mucho la capacidad de contar de François Ozon. Cómo según la historia que le late, elige una manera visual de plasmar la trama o emplea un género o varios que encajen para desarrollar todas las claves. Ozon es elegante narrando sus historias y en su última película acentua esta cualidad, además siempre sabe rodearse de una galería de actores que le permiten el desarrollo perfecto de su historia.

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Alrededor de Por todo lo alto (En fanfare, 2024) de Emmanuel Courcol

Por todo lo alto. Dos hermanos van construyendo un vínculo a través de la música.

Por todo lo alto fui a verla en una sala de cine y me sorprendí cuando llegando a los minutos finales, no pude evitar llorar de emoción. Me pregunté entonces qué había provocado esas lágrimas, qué es lo que me había gustado de esa película.

Por todo lo alto podría hacer una sesión doble con la anterior película de su director Emmanuel Courcol, El triunfo. En esta última contaba la historia de un actor en paro que dirige un taller de teatro en un centro penitenciario y prepara con los internos Esperando a Godot de Samuel Beckett. La película partía de un hecho real. Por todo lo alto cuenta la historia de ficción sobre dos hermanos que no se conocen y se encuentran en unas determinadas circunstancias. Uno de ellos es un famoso director de orquesta y el otro toca el trombón en una banda de música en la localidad obrera donde vive. El director de orquesta ha tenido todas las oportunidades posibles para llegar con esfuerzo a donde está; su hermano, igual de virtuoso para la música, no ha podido desarrollar su talento.

En las dos películas está en la producción un director al que aprecio, Robert Guédiguian, que tiene sobre sus espaldas una filmografía social y política de películas que me han marcado como Marius y Jeannette o Las nieves del Kilimanjaro. Así que estas dos películas de Courcol van un poco más allá de ser tan solo un feel good, ese término que sirve para nombrar producciones de buenos sentimientos que terminan de manera optimista y alegre, como podría ser Intocable (por seguir con el cine francés). Las dos tienen más detalles y matices, además de plantear reflexiones y tesis sobre el mundo en el que vivimos.

Algunas feel good,que no voy a mentir también me enganchan, es cierto que en ocasiones son una especie de «limpiadores de conciencia» para espectadores que no tienen o no viven los problemas reflejados con un trasfondo «de no pienses que el mundo no es bello a pesar de los pesares, todo tiene solución con los buenos sentimientos», sin reflexionar sobre los motivos de las injusticias sociales y cayendo a veces en todos los tópicos.

Las historias de Emmanuel Courcol tratan de plantearse ciertos asuntos, de remover, de crear un cine social con toques de tragicomedia, que llegue a mucha gente (no es de extrañar que en 2024, en el festival de San Sebastián, Por todo lo alto se alzara con el premio del público). Expone, no acaba con una historia de «y comieron perdices», sino con una de «y siguieron luchando»… Además muestra la capacidad de la cultura, tanto la música como el teatro, para remover, transformar, mirar, como punto de encuentro y reunión y para entender la realidad que nos rodea.

De hecho, las películas de Courcol entroncan con el cine social británico que también emplea la tragicomedia para contar sus historias. Curiosamente, El triunfo podría perfectamente proyectarse junto a Lucky Break de Peter Cattaneo. Y Por todo lo alto hace un buen dúo con la maravillosa Tocando el viento de Mark Herman.

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Historias veraniegas (3). Las películas que marcaron a mamá

La película favorita de mamá: 12 hombres sin piedad.

El otro día, mamá y yo tuvimos una charla larga. Muy larga. Últimamente estamos pasando más tiempo juntas, momentos de calidad y de aprendizaje. No está siendo un año fácil para ella, pero tira con fuerza del carro. No se rinde, porque ella es de naturaleza optimista. Como dice ella, estamos disfrutando a tope del presente. Me apetecía que recordara conmigo aquellas películas que por cualquier motivo le hubiesen marcado a lo largo de la vida. Mamá fue desgranándome un listado valioso y precioso y de cada película me decía un motivo por el cual se quedó en su memoria.

Era por la tarde y yo no dejaba de preguntarle. Primero, le dije que diez y luego la lista fue creciendo y creciendo. Algunas las vio de niña, otras de joven y las de más allá de más mayor. Esos largometrajes siguen dando vueltas en su cabeza, aunque no haya vuelto a enfrentarse a ellas o si las vuelve a ver, las disfruta como nadie, como si las descubriese por primera vez. De hecho, entre película y película pasaron las horas y lo pasamos muy bien, porque además yo iba preguntándole, insistiéndole y apuntando todo. Casi se nos hizo de noche.

Mamá vio cine desde que era muy niña. A mis abuelos les gustaba mucho, a los dos. Era un momento de ocio importante en sus vidas en un Madrid en blanco y negro. Mamá nació a principios de los años cuarenta… Así que son muchas décadas disfrutando de historias proyectadas en la pantalla. De hecho, seguimos yendo juntas a la sala de cine o a veces nos hemos pegado maratones de tardes cinéfilas. En un principio, la charla fue algo espontánea, pero según me iba contando y contestando; de pronto, me dije que sería una historia veraniega bonita para el blog.

Porque a través de las películas que vemos se pueden contar muchas historias, se entiende mucho de lo que somos. La mirada de mamá sobre ellas me hace comprenderla mejor. Con un listado de películas que nos marcan se puede contar toda una vida o saber la esencia de aquellos a los que amamos.

Las películas que marcaron a mamá me acercan a ella y también su mirada sobre los fotogramas me dice muchas cosas. Las historias que nos marcan y el porqué lo hacen revelan muchos aspectos o son una radiografía de aquello que nos mueve o remueve. La lista fue totalmente aleatoria, pero como todas las listas, reveladora. Esa tarde me habló de los siguientes largometrajes (aunque estoy segura de que en otro momento hubiesen sido otros y descubriría otras cosas de ella), aquí los comparto sin orden alguno, el único orden fue el de su memoria:

La primera que le vino cuando le pregunté fue Lo que el viento se llevó (Gone with de wing, 1939) de Victor Fleming (bueno, ya sabemos que hubo otras manos como George Cukor o Sam Wood). Y curiosamente por una escena épica. No se decantó por ningún momento romántico. Ella recordó la huida en el carro a través del incendio de Atlanta. Un momento límite en que los personajes no se amilanan, sino que hacen todo lo posible por salvarse, por salir entre las llamas. En el carro van Rhett Butler, Scarlett O’Hara, Melanie, su bebé y Prissy. Ninguno de ellos se rinde.

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Sobre libros, últimas películas, ciclos y muertes de actores míticos

Más libros de cine, por favor. Me estoy leyendo varios a la vez. Tres en concreto y disfrutándolos a tope. Un ensayo, otro de textos breves que mezcla recuerdos y celebración por la existencia del cine (este repito de nuevo lectura) y, por último, un libro precioso de pura literatura.

El ensayo tuvo la culpa de que viese y disfrutase de Brighton Rock de John Boulting. Se trata de El cine de Graham Greene (Ediciones Internacionales Universitarias, 2008) de Enrique Fuster Cancio. El libro analiza sobre todo las películas que adaptan sus novelas católicas: Brighton Rock, El poder y la gloria, The heart of the matter y El fin del romance. También incorpora un análisis de El tercer hombre (que nació primero como tratamiento y guion cinematográfico), que aunque no admite exactamente el apelativo de católica, sí muestra constantes de la obra de autor, que camina entre el pecado y la redención.

Después estoy volviendo a leer un libro que me agrada por la idea y por cómo está escrito. Juan Marsé escribió Momentos inolvidables del cine (Carroggio/Scrinium, 2004) donde dejaba cien textos breves en los que quedaba constancia de su gusto cinéfilo o de las películas que le marcaron durante su vida. Estos textos breves también son una original biografía del autor, donde se recoge cómo el cine se enreda con la vida y viceversa. También su escritura es una manera de descubrir una sensibilidad a través de la mirada que tiene sobre las películas, sus opiniones sobre los intérpretes o la captura de la anécdota determinada sobre cierto rodaje que le deja realizar certeras reflexiones.

Y mi más reciente adquisición (un regalo hecho con sumo cariño, me consta) es El limbo de los cine (Nórdica, 2023) de Luis Mateo Díez, con ilustraciones de Emilio Urberuaga. Son doce cuentos sobre distintas salas de cine como espacios ficticios. Cada uno de ellos con la riqueza gozosa del lenguaje que tiene el autor. Luis Mateo convierte el espacio de la sala de cine en un universo literario con vida propia. Cada sala es un mundo, nunca mejor dicho. Es un libro delicatessen, todo un disfrute.

El protagonista, el dueño del pub El viejo roble, con su perrilla Marras.

2. La última película de Ken Loach. Me perdí El viejo roble cuando se estrenó en sala de cine. El otro día tuve oportunidad de verla. Y qué queréis que os diga, me gustan las historias que cuenta y cómo las cuenta. El octogenario hace una oda sobre la vida comunitaria y la buena gente. Una oda a la gente trabajadora y a los que vienen de fuera porque no les queda otra.

Me gustan los personajes que muestra. Y hay una perrita, Marra, que aparece en el momento oportuno en la vida del protagonista. Me gusta Marra y el significado de su nombre…, que hace referencia a los amigos que son más que eso. Me gusta cómo la película canta al poder de la reunión, de realizar un objetivo común entre varias personas, de la convivencia, del intercambio, de lo que une una buena comida, de la riqueza de las distintas culturas…

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Oscars 2024. Algunas palabras sobre los largometrajes nominados a Mejor película

Oscars 2024… Este año me sorprendí cuando vi el listado de los largometrajes nominados a Mejor película, pues me di cuenta de que había visto las diez películas. Y todas tienen algo que no me dejó indiferente. Volvería a ver las diez, sí, y creo que eso es lo mejor que se podría decir de cada una de ellas.

De la ganadora, Oppenheimer, y de Barbie ya hablé en una serie de post que escribí bajo la denominación Descubrimientos veraniegos. Y de varias de ellas he dejado unas palabras en Letterboxd (Hildy_Johnson_). Jajaja, sí la única red social en la que me he apuntado hace apenas y porque me lo pidió mi sobrina cinéfila, pues según ella tengo que modernizarme. Y de las que nada he hablado (tan solo dos), pues aprovecho este texto.

Qué deja en evidencia el listado, pues que cada una es de su padre y de su madre y muy diferentes entre sí. La diversidad de géneros y temáticas que supone. La variada nacionalidad tanto de los directores como de las propias películas (que eso dice bastante de la cosecha Hollywood) y la riqueza de planteamientos sobre diversas cuestiones. Esa es la curiosidad de todo listado, se vaya a premiar o no. La variedad del abanico que propone y la radiografía sesgada de lo que se ha podido ver en 2023 al otro lado del océano.

Cuál es mi favorita de las diez. Si me hubiesen dicho: “Venga, da tú el premio”, lo hubiese pasado mal. Tengo claras las que no, pero luego entre las que voy a decir no sé por cuál me hubiese decantado: Vidas pasadas, La zona de interés, Los que se quedan y Los asesinos de la luna.

Vidas pasadas de Celine Song

Oscars 2024. Una historia sobre la conexión entre dos personas. Vidas pasadas.

In-yeon.

Conexión entre dos seres humanos.

Vidas pasadas.

Hasta un roce es cuestión del destino.

Tú eres una persona que se va.

Tú eres una persona que se queda.

… Olvídate de mí…

O imagina qué hubiese pasado o cuántas posibles vidas hubiesen existido si tú y yo hubiéramos permanecido juntos cuando solo éramos niños o no hubiésemos cortado años después nuestras conversaciones on line.

Quiero entender lo que sueñas.

Tenemos la conexión, pero nuestra historia de amor es imposible…

Ahora, sí, Vidas pasadas es solo una historia de las probables.

Quiénes son esos dos coreanos con un estadounidense en la barra de un bar de copas en New York. ¿Por qué están juntos? Esto es lo que formulan unos desconocidos (nosotros) al principio de la película.

Y se nos ofrece una posible mirada… o vida pasada.

Poor Things de Yorgos Lanthimos

Oscars 2024. La historia de una criatura que desarrolla su propia mirada en el mundo. Poor Things.

Durante el visionado de la película solo me preguntaba ¿quién es la chica que se tira desde el puente? ¿Qué la pasó? ¿Por qué se tira?

Luego con la resolución final me dije: ¿Así que Victoria nada tiene que ver con Bella? ¿Realmente el cirujano Goodwin Baxter da vida a una joven criatura?

¿Ciertamente hay entonces dos identidades? Bella nada tiene que ver con Victoria más que un mismo cuerpo…

Luego busqué información sobre el libro de Alasdair Gray (qué ganas tengo de leérmelo) y me di cuenta de que Yorgos Lanthimos no juega con la ambigüedad de las miradas de los personajes y que realiza una adaptación tremendamente libre de la historia, dejando incluso en el camino el sentido que buscaba Gray. Vamos, que cuenta lo que realmente le viene en gana.

La película de Yorgos Lanthimos es tremendamente entretenida, crea un mundo de fábula donde se representa un peculiar universo victoriano, pero sin definir exactamente en qué tiempo transcurre y con elementos de ciencia ficción y fantasía.

Al final a mi parecer Pobres criaturas es la historia de una “criatura” (el experimento científico de un cirujano) que sin tener un pasado ni un contexto ni una educación se enfrenta a un mundo regido por un sistema establecido y con unas normas específicas.

Bella Baxter posee un cerebro sin desarrollar, nuevo, que tiene todo por evolucionar y aprender. Todo por experimentar y vivir. Bella va descubriendo el mundo que la rodea sin ningún condicionamiento ni prejuicio. Y el aprendizaje le va dando no solo conocimientos, sino herramientas para preservar su libertad individual como Bella Baxter y también para tratar de mejorar el mundo bajo su mirada.

Bella realiza su aprendizaje no solo saliendo de la casa de su creador, sino emprendiendo un largo viaje. Y en el camino son varios los hombres que tratan de encarcelarla, dominarla, cambiarla…

Es como si la novia de Frankenstein, esa inolvidable Elsa Manchester, hubiese tenido la oportunidad de viajar y evolucionar, de rebelarse del propósito para el que había sido creada, huyendo.

En ese viaje donde Bella trata que no la encierren ni dominen, observa, imita, siente curiosidad, aprende a satisfacerse y descubre el placer, emplea y desarrolla el lenguaje, va mejorando en la escritura y en la lectura, abre los ojos ante las desigualdades sociales y económicas, se enfrenta al poder, la utilidad del dinero y las decisiones morales…, etcétera.

Quizá el mayor defecto es que todo es contado por Lanthimos con demasiada simpleza, con poca sutilidad y con una mínima profundidad que hace que su fábula no solo no se pueda tomar demasiado en serio, sino que caiga en exceso en la caricatura, algo que no pasaba en Canino, Alps o Langosta.

Pero es tan entretenida, tiene momentos visuales tan potentes y barrocos y sus actores principales están tan bien que atrapa de principio a fin.

Todos los hombres tratan de dominarla en algún momento dado: el creador, el ayudante y futuro esposo, el abogado manipulador y amante (ese Mark Ruffalo que se marca un Bellaaaa, que es un reverso de Stellllaaaa de Marlon Brandon en Un tranvia llamado deseo), el cínico que no soporta la felicidad y libertad de Bella, su violento exesposo, los que demandan sus servicios sexuales cuando ejerce la prostitución que hacen incluso que deje de sentir placer… Todos los obstáculos con los que Bella va lidiando para ir construyendo su propia mirada del mundo.

Pobres criaturas no me ha removido como hicieron otros largometrajes del director griego, pero su visionado y análisis me resulta de lo más interesante, así como el debate y la controversia que ha generado.

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La sencillez de La Jetée (1962) de Chris Marker

La jetée y la sencillez de una historia de amor más allá del tiempo y el espacio.

La Jetée es ante todo la historia de un recuerdo y un amor más allá del tiempo y el espacio. Una sucesión de fotografías en blanco y negro, un montaje especial, una voz en off y una banda sonora de música y sonidos son suficientes para que Chris Marker cree un cortometraje de ciencia ficción sobre bucles temporales que ha influenciado en varias películas posteriores.

Veintiocho minutos de una historia poética sobre un prisionero que, tras la III Guerra Mundial, le convierten en sujeto de un experimento para viajar en el tiempo y conseguir así salvar a la humanidad, que vive bajo tierra por el peligro de las radiaciones. Los científicos le eligen porque creen que posee un cerebro fuerte y por la fijación que tiene de un recuerdo de su infancia en una terminal de un aeropuerto.

Sus padres le llevaron allí para que pudiese ver los aviones, pero retuvo el rostro de una mujer y cómo este se iba transformando por un suceso. Un hombre moría a sus pies.

Esa mujer es la llave que emplean los investigadores para que el experimento sea un éxito y el hombre elegido pueda viajar y moverse con facilidad entre el pasado y el futuro. Lo que quieren lograr es que se abra un agujero en el tiempo para que a través de él le puedan facilitar recursos para sobrevivir.

El experimento es un éxito cuando por fin penetra en el futuro y consigue una placa de energía tan potente como para reactivar otra vez a la humanidad.

Pero, en realidad, lo que le ha pasado es que durante los distintos viajes que ha realizado al pasado, en las diferentes fases del experimento, nuestro protagonista ha logrado conectar de manera especial con esa desconocida que forma parte de su recuerdo infantil. Los dos se encuentran bien juntos, su relación fluye. Ambos han construido una intimidad. Él es feliz con ella y ella admite sin preguntas las apariciones y desapariciones de ese hombre que la visita inesperadamente en distintas ocasiones.

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Diccionario cinematográfico (239). Madres

Madres e hijos en el centro de 20.000 especies de abejas.

Madres idílicas, madres coraje, madres tóxicas, madres terroríficas, madres divertidas, madres valientes, madres emprendedoras, madres malas… Las madres en el cine siempre han sido un buen tema. La galería es interminable, pero merece la pena el recorrido. ¡Todos hemos tenido una madre…, y, efectivamente, madre solo hay una… y este post va por ellas! La figura de la madre ha dejado unos cuantos buenos personajes cinematográficos.

Últimamente, en la sala de cine, he visto a tres madres en el centro de tres películas que por muy distintos motivos son interesantes. Dos son el debut en el largometraje de ficción de dos directores españoles y la tercera es de una directora francesa con una filmografía que merece mucho la pena.

Por una parte, 20.000 especies de abejas de Estibaliz Urresola Solaguren, donde Ane (Patricia López Arnaiz) es madre de tres hijos y no está precisamente en su mejor momento ni profesional ni emocional. Es verano y se va con ellos a la casa materna, entre otras cosas para intentar superar la crisis existencial en la que se haya hundida. Allí se reencontrará con su madre y su tía, una criadora de abejas. Las tres son figuras maternales y con caracteres fuertes y definidos que se enfrentan a la vida y a los problemas de distinto modo. Ane está especialmente preocupada y presta atención al sufrimiento y la sensibilidad que detecta en su hijo de ocho años, que está intentando exteriorizar y que todo el mundo se dé cuenta de su identidad sexual.

También he disfrutado de la última película de Mia Hansen-Løve, Una bonita mañana. Su protagonista, Sandra (Léa Seydoux), es madre de una niña de ocho años y se enfrenta al deterioro mental y físico de su padre, un profesor de filosofía. En este duro proceso se encontrará a un amigo al que hacía tiempo que no veía, Clément (Melvil Poupaud). En la película está muy presente también la madre de Sandra, Françoise (Nicole García), con una personalidad arrolladora, que en su momento dejó a la familia que había formado para perseguir una vida que la satisfaciera.

Y, por último, Matria de Álvaro Gago Díaz, protagonizada por una mujer gallega, Ramona (María Vázquez), que ve que su precario equilibrio de madre y mujer trabajadora se resquebraja, pero trata de no romperse del todo y hacer lo que ha hecho toda la vida, salir adelante. Por una parte, pierde el trabajo que más estabilidad le aportaba y, por otra, ve cómo su joven hija no solo se está independizando, sino eligiendo una vida que no es la que ella deseaba.

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