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El blog de Hildy Johnson

Simplemente, un blog "de cine"

Gremlins 2

Gremlins 2, puro cine años 80

El pasado sábado fui a la Filmoteca Española con mis sobrinas a ver Gremlins 2. La nueva generación (Gremlins 2: The New Batch, 1990) de Joe Dante. Y aunque la película está ya en el inicio de la siguiente década marca, sin embargo, todo lo que supone el cine de los 80 en EEUU. Un cine para la nostalgia; un cine que predica sin tapujos un amor desmesurado por el propio cine (referencial); un cine con un abanico de rostros, cuerpos, vestuarios, peinados sin tapujos ni complejos; un cine que tiene muy en cuenta que está contando una historia para entretener y pasarlo bien: empieza el espectáculo; un cine que no es políticamente correcto, sin prejuicios; un cine que muestra la radiografía de la sociedad de aquellos años (política, ideológica y sociológicamente); un cine que no tiene miedo a ser desmesurado en la risa, en la lágrima, en lo sensible, pero también en lo violento, en lo explícito; un cine ecléctico, sin miedo a sesiones dobles impensables hoy en día… Y un cine que no está envejeciendo en muchos casos mal, sino que muestra que se corrían muchos más riesgos y había mucha más imaginación en aquel momento. Aun así los 80 ha sido también una década denostada y negada por muchos cinéfilos, pues supuso el final total y definitivo no solo de los estudios tradicionales, sino el nacimiento de otras fórmulas empresariales menos preocupadas por el cine y más por otros asuntos, y también porque con La puerta del cielo supuso el fin de la etapa dorada del nuevo cine americano, de películas y realizadores que mostraban el dominio del cine como arte, que cuidaban fondo y forma, la elección de las historias, su tratamiento y sus puntos de vista. También porque es el cine de la era Reagan, un presidente que tuvo muy en cuenta la política audiovisual y el poder, entre otras cosas, del cine. Así hay muchas películas se pueden analizar desde un punto de vista ideológico, donde surgen cuestiones sobre la economía, el trabajo, las relaciones sociales, la guerra… afines al pensamiento conservador del Gobierno durante aquellos años. Lo que queda claro es que es una década llena de contrastes y con un análisis apasionante.

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1. It (It, 2017) de Andrés Muschietti

Adolescencia y miedos

Adolescencia y miedos

Miedo, infancia y adolescencia. Después de Mamá, Muschietti regresa al largometraje con It, una nueva adaptación de la novela de Stephen King con el mismo título. Así si en Mamá contaba una historia de fantasmas donde sus protagonistas eran dos niñas encontradas años después de ser dadas por desaparecidas (y partía de la historia que Muschietti ya había creado para un corto), en It no abandona el universo infantil y el miedo, solo que con una trama ya construida y el propio universo de King.

Así que una pandilla de adolescentes, que son los perdedores del instituto (que sufren todo tipo de bullying), y que cada uno esconde sus miedos particulares, pues habitan con los propios miedos de sus mayores… se enfrentan a una siniestra pesadilla, el payaso Pennywise. Viven en Derry, una pequeña ciudad marcada desde hace mucho tiempo por la continua desaparición de menores. Así Andrés Muschietti no solo logra una película de terror y sustos, sino que también logra meterse en una pandilla de adolescentes de los años ochenta, a lo Cuenta conmigo, que tratan de lidiar no solo con la amenaza exterior, sino con sus propios monstruos…, a veces, agazapados en sus propias casas o en el instituto. Quedamos a la espera de la segunda parte… cuando estos niños, ya son adultos… y el miedo y las pesadillas continúan en sus vidas.

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Nota: es un texto hasta arriba de spoilers, NO LEER BAJO NINGÚN CONCEPTO si aún no has visto Blade Runner 2049.

Blade Runner 2049

Dos blade runner: K y Deckard

De Deckard a K. El nuevo y solitario blade runner se llama K. Como Deckard (treinta años antes), es solitario, serio y desencantado. Pero son muchos más sus paralelismos. Y son tan fuertes que incluso en un hilo de la historia podemos creer que son padre e hijo. Pero es que realmente como personajes de ficción actúan y funcionan como un padre y como un hijo.

Los dos acaban siendo rebeldes y se plantean su existencia e identidad, además de darse cuenta de que están atados con cadenas a su trabajo: la persecución y muerte de replicantes. Los dos son redimidos por el amor y la muerte.

Pero lo más curioso de este padre e hijo, es que K, como un personaje kafkiano va por el laberinto de la memoria y del mundo en el que vive, hasta tratar de encontrar un sentido… es un replicante consciente de su esclavitud, que busca su humanidad. Y pese a la controversia de la verdadera naturaleza de Deckard, él actúa como un ser humano sin alma (como los replicantes que elimina), que busca su esencia, volver a sentir amor y miedo a la muerte.

K y Deckard están condenados a encontrarse en una ciudad devastada (que era símbolo del entretenimiento y el juego) donde solo quedan fantasmas u hologramas. Y, allí, se miran a los ojos, se reconocen en sus rituales… y la camaradería que comparten es la de un padre y un hijo. Una relación de amor-odio, de echar en cara y finalmente de unión irreductible.

Y curiosamente lo que diferencia a K y a Deckard son sus destinos. Deckard siempre camina o se aferra a una esperanza. Deckard logra amar intensamente. Y deja una huella en el mundo. Siempre hay esperanza para él, treinta años después también. K es consciente de su esclavitud, su amor es imposible y truncado, sus sueños artificiales rotos en pedazos… y su rebeldía y despertar le llevan a una muerte bajo la nieve. Y la muerte le hace libre. En su muerte se acerca más a la “filosofía” del replicante que fue el mayor enemigo de Deckard y también su salvador: Roy Batty.

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