Reflexiones alrededor del revuelo con la nueva versión de Cumbres borrascosas (Wuthering Heights, 2026) de Emerald Fennell

«Cumbres Borrascosas», con comillas, de Emerald Fennell.

Cierro las páginas de la edición que siempre he leído de Cumbres borrascosas y ha vuelto a engancharme y a meterme en ese universo fantasmal y de amor fou que Emily Brontë vertió en su novela. Otra vez, me he sentido transportada a esas casas de campo de los Earnshaw y la de los Linton en medio de la naturaleza salvaje.

Y me ha estremecido, como siempre, ese personaje oscuro que es Heathcliff, que nunca se supo de dónde vino ni tampoco adónde va ni cómo consigue su fortuna cuando abandona la casa de Cathy. Lo trajo de la calle el padre de Cathy y Hindley y cambió la dinámica familiar para siempre.

Ese hombre que cuando siente que su compañera de juegos y enamorada Cathy puede sucumbir a la vida cómoda de los Linton y alejarse de su lado, huye, para regresar con fortuna y vengarse. No se sabe nunca dónde ni qué hace ni cómo vuelve con dinero.

Y cuando regresa, vive solo para devolver odio a los que le hicieron daño y también a las generaciones futuras. Todo arrastrado por su tormentosa relación con esa niña con la que creció en las landas y con la que se siente irremediablemente unido…

La historia de Cathy y Heathcliff nos es contada por otros que vivieron con ellos. Sobre todo por esa ama de llaves fiel, Nelly. Y esta a veces sabe lo ocurrido por otros que le narran lo acontecido. Todo es a través de sus ojos, ¿es una narradora objetiva y fiable? Ese es otro de los elementos que dan encanto y ambigüedad al relato. ¿Es Cathy egoísta, voluble, rencorosa y demás atributos? ¿Es Heathcliff hombre tan misterioso y oscuro?

Si algo ha conseguido Emerald Fennell es que se vuelva a hablar de Cumbres borrascosas y de las hermanas Brontë (sobre todo de Emily), puede que alguien lo vuelva a leer (como me ha pasado a mí) o que otro se adentre en su lectura por primera vez. Los que nunca la hayan leído, asistirán alucinados a una obra desconocida, pues nada tiene que ver la novela con la historia que nos cuenta Fennell.

En numerosas entrevistas la directora y guionista dice que hay que tener en cuenta las comillas del título, pero es que no es una adaptación libre o heterodoxa, que atrapa su espíritu. No, no tiene nada que ver con eso.

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10 razones para amar Luna de papel (Paper Moon, 1973) de Peter Bogdanovich

 

En Luna de papel, los libros siempre presentes.

Razón número 1: Luna de papel con el día del libro

Con Luna de papel, hoy celebraremos uno de los días más bonitos del año. Así que mencionaremos algún que otro libro. Primero, la película de Peter Bogdanovich partía de un libro publicado en 1971, Addie Pray, de Joe David Brown. Este contaba en primera persona a través de la voz de una niña estafadora sus vivencias en la época de la Depresión junto a Moze, un hombre que podría ser su padre.

El guion de Alvin Sargent, más algunas intervenciones de Bogdanovich (y también de Polly Platt, de la que hablaremos más adelante), respetaría a algunos de los personajes, pero con otros no contaría para armar su historia; jugaría también con la edad de la niña (para adaptarse a la de la actriz elegida) y se centraría más en la relación entre sus dos protagonistas, eliminando alguna de las tramas y estafas que aparecían en la novela, así como cambiaría el final. Además de la película, la novela daría para más. Un año después la cadena ABC realizaría una serie donde la niña sería interpretada por Jodie Foster.

Segundo, la película juega con un gag, una de las estafas que llevan a cabo estos supuestos padre e hija (nunca se llega a aclarar del todo si realmente el vínculo es biológico) tiene que ver con un libro al que nunca le faltarán nuevas ediciones, reimpresiones, estudios, ensayos y demás. Addie descubre como Moze lleva en un baúl un arsenal de biblias. Se dedica a llamar a las puertas de viudas que han perdido a sus maridos recientemente y este les dice que sus hombres le habían encargado una biblia personalizada con su nombre. Su hija, una niña lista, le perfecciona la estafa, pues es una buena observadora y psicóloga sobre los posibles de las víctimas.

Razón número 2: padre e hija, ficción

Uno de los puntos fuertes de la película es la relación entre Moze (Ryan O’Neal) y Addie (Tatum O’Neal). Sobre todo es una relación que se basa en lo gestual y en las miradas, así como en las discusiones que tienen desde que se conocen. Discuten más que conversar… Luna de papel cuenta el nacimiento y la consolidación de un vínculo. Tanto Moze como Addie no solo aprenden a convivir juntos, sino que hacen un buen equipo de supervivientes y se cuidan el uno al otro (la niña saca de más de un embrollo a Moze).

No hay ni una lágrima, ni un beso o abrazo, pero su conexión logra emocionar con pequeños detalles. Es un vínculo que va creciendo hasta que uno y otro se complementan en la carrera por la supervivencia. Moze nunca pierde su aura de perdedor y fracasado, pero siempre logra ponerse en pie. Y Addie deja a la vista su inteligencia, sus heridas y complejos, así como sus dotes para la supervivencia, protegiendo más de una vez a su imperfecto acompañante.

En la relación de Moze y Addie hay ecos del vínculo que conseguían Charlot y su pequeño compañero en El chico o también la del exboxeador y su hijo en El campeón de King Vidor, aunque estas dos sí recurrían magníficamente a lo trágico y era imposible contener las lágrimas. Uno de los aciertos de Luna de papel es que nunca sabemos si realmente Moze es el padre biológico de Addie, aunque posibilidades hay.

El vínculo de padre e hija, uno de los secretos de Luna de papel.

Razón número 3: padre e hija, realidad

En los extras del dvd de Luna de papel hay un bonito making off de la película donde se puede disfrutar de varias tomas falsas y de secuencias de cómo se desarrolló el rodaje. Y se nota una química bonita durante las escenas entre Ryan y Tatum. De hecho, se parten de risa cada vez que la niña se equivoca y hay que repetir la toma.

Pero Tatum no tuvo una infancia fácil ni la relación con Ryan fue idílica. Cuando sus padres se divorciaron, ella tenía cuatro años y la estancia con su madre fue una pesadilla por muchos motivos (malos tratos y abusos). Tatum terminó viviendo con su padre, que tampoco contribuyó a su estabilidad emocional. Además Luna de papel se convirtió en un fenómeno y la niña fue galardonada con un óscar a temprana edad. Todas estas circunstancias no le facilitaron una buena infancia.

Según Tatum, su padre tampoco quiso responsabilidades según fueron pasando los años, pues dio más prioridad a su carrera y a sus relaciones de pareja. Todo se complicó más cuando empezó su historia con Farra Fawcett. Así que Tatum a los 14 años no podía contar con ninguno de sus progenitores. Tampoco mantuvo su carrera cinematográfica. Y sí arrastró varias adicciones. Tatum O’Neal es una de esas niñas prodigio en Hollywood que protagonizó una de esas tantas historias de juguetes rotos. Estuvo largos periodos de tiempo sin relacionarse con su padre, protagonizaron algunos acercamientos, pero nunca lograron perdonarse.

Nadie lo diría viendo la química tan bonita y especial que se siente y se nota en cada uno de los fotogramas de Luna de papel y en esas tomas descartadas en las que se ve a una niña realmente ilusionada y segura de trabajar junto a su padre, así como a un Ryan divertido y paciente con los fallos de su hija.

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Nosferatu (Nosferatu, 2024) de Robert Eggers

Ellen es el centro del relato cinematográfico del Nosferatu de Robert Eggers.

El cine nos deja fenómenos curiosos. En 1897 Bram Stoker publica Drácula. Cuando Friedrich Wilhelm Murnau lleva al cine Nosferatu en 1922 trabaja con un guion que es una adaptación de la novela, pero con los cambios pertinentes para no tener que pagar los derechos de autor. De ahí la cruzada de la viuda Stoker contra la película de Murnau, que podría haber sido la responsable de dejarnos sin una de las joyas del expresionismo alemán, pues quiso retirar y destruir las copias.

De tal manera, que en la historia del cine, hay múltiples adaptaciones directamente de la novela de Bram Stoker, algunas con licencias cinematográficas que la alejan totalmente de la fuente original y dando diversas vidas al vampiro. Pero también varios remakes del Nosferatu de Murnau. Entre los que se encuentran el de Werner Herzog o La sombra del vampiro, que en realidad recreaba su rodaje.

No hace mucho Robert Eggers, un cineasta que está destacando en el género del terror (La bruja o El faro), rodó su propio remake de Nosferatu, película que está ahora mismo en las salas de cine. Ya solo por dar a conocer la pieza original a nuevas generaciones, el Nosferatu de Murnau, puede justificarse su existencia. Es una película para abordar desde un interesante análisis.

Muchos han comentado que es un largometraje que no aporta nada a la historia y otros se han dejado llevar por sus imágenes. Digamos que me he quedado en el punto medio. Por una parte, tenía mucha hambre de cine y disfruté de una historia de terror gótico que forma parte de mi bagaje cultural. Se nota el amor que siente el director por la historia que está contando, la conoce muy bien. Por otra, pensándola después, el Nosferatu de Eggers, aun con hallazgos interesantes, la sentí como una película sin alma, sin un corazón que latiese en sus fotogramas. Creo que es fría como un bello cadáver.

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10 razones para amar El fantasma y la señora Muir (The Ghost and Mrs Muir, 1947) de Joseph L. Mankiewicz

 

El fantasma y la señora Muir. Lucy da un cambio a su vida, quiere independizarse.

Razón número 1: La señora Muir, una mujer independiente

La primera secuencia de El fantasma y la señora Muir es realmente reveladora para conocer a la protagonista, a Lucy (Gene Tierney), una joven viuda, que decide cambiar su vida, tomar las riendas y sola enfrentarse al día a día. Nunca ha podido hacerlo. Así se lo dice a su suegra y cuñada, que no pueden estar más escandalizadas de su determinación. Lucy quiere dejar de vivir con ellas, irse a una pequeña localidad con mar y alquilar una casa con su pequeña hija, Anna (Natalie Wood), y con Martha (Edna Best), la sirvienta que siempre ha estado con ella.

Durante toda la película, Lucy quiere hacer las cosas por sí misma. Su independencia es lo más importante para ella. Quiere tener derecho a decidir, a que no la griten, a que no la ordenen o manden y desea poder equivocarse si es preciso. Lucy es una mujer romántica, que busca a un hombre que la llene, que la bese y sentir el mundo a sus pies, que sea buen compañero, que pueda reírse con él a todas horas o discutir, apasionados. En ese nuevo siglo lleno de novedades y progreso, nada va a detenerla…, ni siquiera un fantasma.

Razón número 2: El capitán Gregg, el fantasma

El capitán Gregg es un hombre de mar, aventurero. Quiere parecer más rudo de lo que es, pero su sensibilidad siempre es evidente. Un poema de Keats, Oda a un ruiseñor, le sirve de inspiración para construir su hogar. «Mágicas ventanas abiertas a la espuma de peligrosas aguas en las desoladas tierras de las hadas». A Lucy la casa le recuerda a una vieja canción o a un poema. Y el capitán le da la razón, recitándole dichos versos. Ella enseguida los reconoce.

Después, se le ocurre sacar a Lucy de sus apuros económicos a través de la escritura, creando entre los dos una novela. Va de fantasma protestón y terrorífico y, sin embargo, actúa como un ángel protector. Así cuando Lucy, Anna y Martha van a vivir a la casa, él termina relacionándose con las tres y siendo una presencia positiva y amiga para todas, como nos vamos enterando hacia el final de la película.

Es un hombre que construye la casa de sus sueños y desea que sea un hogar para todos esos marineros ancianos que ya no pueden echarse a la mar, una casa que les recuerde a un barco y donde desde el mirador puedan verlo siempre. También sabe contar de manera hermosa sus recuerdos, como esa tía que le crio cuando tan solo era un niño… y Lucy sabe completar bien esa historia. Según vamos conociendo poco a poco al capitán Gregg, él se va convirtiendo en un fantasma cada vez más cercano, sensual y con una sensibilidad especial. Además le ocurre algo inesperado, se enamora en la eternidad de una mujer por la que pasa el tiempo.

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Brighton Rock (Brighton Rock, 1947) de John Boulting

Brighton Rock, una llave para entrar en el universo cinematográfico de Graham Greene.

Brighton Rock o también Young Scarface es una película que me ha interesado por varios motivos. Primero, la oportunidad de conocer una de las obras cinematográficas de los gemelos Boulting, John y Roy, dos hermanos que contribuyeron a un episodio creativo bastante desconocido del cine británico. Segundo, la relación del novelista Graham Greene con el mundo del cine, no solo por la adaptación de sus novelas a la pantalla, sino también por su conexión directa con el medio y su implicación en los guiones. En este este caso es una adaptación de la obra que inauguraría sus novelas con temática católica y dilemas morales, pero además el escritor estuvo implicado en la película y en la construcción del guion.

Tercero, la oportunidad de seguir descubriendo a Richard Attenborough como actor, puesto que su papel más popular fue en Parque Jurásico, cuando ya era bastante mayor, y muchas veces no se tiene en cuenta que tenía una larga trayectoria como intérprete en el cine británico. Y cuarto y último motivo, pese a no ser una película redonda (con algunos cabos sueltos), es un buen ejemplo de puro cine negro británico con momentos muy interesantes cinematográficamente hablando y acompañaba esa tristeza y desesperanza de un país que acababa de salir de una dura guerra.

Graham Greene publica Brighton Rock en 1938 y nueve años después la novela es adaptada para una pantalla de cine. No obstante, la novela se había convertido ya en obra teatral y había subido a un escenario teatral británico en 1943. Es más, el Pinkie del escenario fue el mismo que protagonizó la película: un joven Richard Attenborough. Al novelista no le gustó el trabajo del actor en el teatro y no estaba muy contento con que este fuese también elegido para la película. Sin embargo, cuando vio el largometraje, quedó tan encantado con la composición del personaje por parte de Attenborough, que le escribió una carta haciéndoselo saber.

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Oscars 2024. Algunas palabras sobre los largometrajes nominados a Mejor película

Oscars 2024… Este año me sorprendí cuando vi el listado de los largometrajes nominados a Mejor película, pues me di cuenta de que había visto las diez películas. Y todas tienen algo que no me dejó indiferente. Volvería a ver las diez, sí, y creo que eso es lo mejor que se podría decir de cada una de ellas.

De la ganadora, Oppenheimer, y de Barbie ya hablé en una serie de post que escribí bajo la denominación Descubrimientos veraniegos. Y de varias de ellas he dejado unas palabras en Letterboxd (Hildy_Johnson_). Jajaja, sí la única red social en la que me he apuntado hace apenas y porque me lo pidió mi sobrina cinéfila, pues según ella tengo que modernizarme. Y de las que nada he hablado (tan solo dos), pues aprovecho este texto.

Qué deja en evidencia el listado, pues que cada una es de su padre y de su madre y muy diferentes entre sí. La diversidad de géneros y temáticas que supone. La variada nacionalidad tanto de los directores como de las propias películas (que eso dice bastante de la cosecha Hollywood) y la riqueza de planteamientos sobre diversas cuestiones. Esa es la curiosidad de todo listado, se vaya a premiar o no. La variedad del abanico que propone y la radiografía sesgada de lo que se ha podido ver en 2023 al otro lado del océano.

Cuál es mi favorita de las diez. Si me hubiesen dicho: “Venga, da tú el premio”, lo hubiese pasado mal. Tengo claras las que no, pero luego entre las que voy a decir no sé por cuál me hubiese decantado: Vidas pasadas, La zona de interés, Los que se quedan y Los asesinos de la luna.

Vidas pasadas de Celine Song

Oscars 2024. Una historia sobre la conexión entre dos personas. Vidas pasadas.

In-yeon.

Conexión entre dos seres humanos.

Vidas pasadas.

Hasta un roce es cuestión del destino.

Tú eres una persona que se va.

Tú eres una persona que se queda.

… Olvídate de mí…

O imagina qué hubiese pasado o cuántas posibles vidas hubiesen existido si tú y yo hubiéramos permanecido juntos cuando solo éramos niños o no hubiésemos cortado años después nuestras conversaciones on line.

Quiero entender lo que sueñas.

Tenemos la conexión, pero nuestra historia de amor es imposible…

Ahora, sí, Vidas pasadas es solo una historia de las probables.

Quiénes son esos dos coreanos con un estadounidense en la barra de un bar de copas en New York. ¿Por qué están juntos? Esto es lo que formulan unos desconocidos (nosotros) al principio de la película.

Y se nos ofrece una posible mirada… o vida pasada.

Poor Things de Yorgos Lanthimos

Oscars 2024. La historia de una criatura que desarrolla su propia mirada en el mundo. Poor Things.

Durante el visionado de la película solo me preguntaba ¿quién es la chica que se tira desde el puente? ¿Qué la pasó? ¿Por qué se tira?

Luego con la resolución final me dije: ¿Así que Victoria nada tiene que ver con Bella? ¿Realmente el cirujano Goodwin Baxter da vida a una joven criatura?

¿Ciertamente hay entonces dos identidades? Bella nada tiene que ver con Victoria más que un mismo cuerpo…

Luego busqué información sobre el libro de Alasdair Gray (qué ganas tengo de leérmelo) y me di cuenta de que Yorgos Lanthimos no juega con la ambigüedad de las miradas de los personajes y que realiza una adaptación tremendamente libre de la historia, dejando incluso en el camino el sentido que buscaba Gray. Vamos, que cuenta lo que realmente le viene en gana.

La película de Yorgos Lanthimos es tremendamente entretenida, crea un mundo de fábula donde se representa un peculiar universo victoriano, pero sin definir exactamente en qué tiempo transcurre y con elementos de ciencia ficción y fantasía.

Al final a mi parecer Pobres criaturas es la historia de una “criatura” (el experimento científico de un cirujano) que sin tener un pasado ni un contexto ni una educación se enfrenta a un mundo regido por un sistema establecido y con unas normas específicas.

Bella Baxter posee un cerebro sin desarrollar, nuevo, que tiene todo por evolucionar y aprender. Todo por experimentar y vivir. Bella va descubriendo el mundo que la rodea sin ningún condicionamiento ni prejuicio. Y el aprendizaje le va dando no solo conocimientos, sino herramientas para preservar su libertad individual como Bella Baxter y también para tratar de mejorar el mundo bajo su mirada.

Bella realiza su aprendizaje no solo saliendo de la casa de su creador, sino emprendiendo un largo viaje. Y en el camino son varios los hombres que tratan de encarcelarla, dominarla, cambiarla…

Es como si la novia de Frankenstein, esa inolvidable Elsa Manchester, hubiese tenido la oportunidad de viajar y evolucionar, de rebelarse del propósito para el que había sido creada, huyendo.

En ese viaje donde Bella trata que no la encierren ni dominen, observa, imita, siente curiosidad, aprende a satisfacerse y descubre el placer, emplea y desarrolla el lenguaje, va mejorando en la escritura y en la lectura, abre los ojos ante las desigualdades sociales y económicas, se enfrenta al poder, la utilidad del dinero y las decisiones morales…, etcétera.

Quizá el mayor defecto es que todo es contado por Lanthimos con demasiada simpleza, con poca sutilidad y con una mínima profundidad que hace que su fábula no solo no se pueda tomar demasiado en serio, sino que caiga en exceso en la caricatura, algo que no pasaba en Canino, Alps o Langosta.

Pero es tan entretenida, tiene momentos visuales tan potentes y barrocos y sus actores principales están tan bien que atrapa de principio a fin.

Todos los hombres tratan de dominarla en algún momento dado: el creador, el ayudante y futuro esposo, el abogado manipulador y amante (ese Mark Ruffalo que se marca un Bellaaaa, que es un reverso de Stellllaaaa de Marlon Brandon en Un tranvia llamado deseo), el cínico que no soporta la felicidad y libertad de Bella, su violento exesposo, los que demandan sus servicios sexuales cuando ejerce la prostitución que hacen incluso que deje de sentir placer… Todos los obstáculos con los que Bella va lidiando para ir construyendo su propia mirada del mundo.

Pobres criaturas no me ha removido como hicieron otros largometrajes del director griego, pero su visionado y análisis me resulta de lo más interesante, así como el debate y la controversia que ha generado.

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10 razones para amar Noche en la ciudad (Night and the City, 1950) de Jules Dassin

Harry Fabian corre en una carrera sin retorno en Noche en la ciudad.

Razón número 1: Cine negro en estado puro

Noche en la ciudad es cine negro en estado puro. No solo el increíble uso del blanco y negro, la importancia de la atmósfera conseguida, el espíritu pesimista que rodea la historia, el destino del personaje principal tatuado en su frente, la peculiaridad de la ciudad y sus bajos fondos, la presencia del antihéroe como protagonista, las cuestiones sociales siempre en primer plano, el realismo mostrado con veracidad, el romanticismo trágico o la redención final como ingredientes indispensables revelan su adscripción al género, sino también porque los implicados sabían bien cómo realizar este tipo de películas, además de que el momento en el que se realizó y las circunstancias que la rodearon eran tan oscuras, tensas y pesimistas como el alma de la película.

Jules Dassin estaba encadenando a finales de la década de los cuarenta (década que fue la etapa de oro del cine negro estadounidense) una serie de largometrajes del género que culminaron fuera de EEUU con Noche en la ciudad en Londres y Rififi (Du rififi chez les hommes, 1955) en París. Dassin es una de las figuras claves del film noir con historias tan características como las reflejadas en Fuerza Bruta (Brute Force, 1947), La ciudad desnuda (The Naked City, 1948) y Mercado de ladrones (Thieves’ Highway, 1949).

La novela que servía como material de partida, con el mismo título que la película, de Gerald Kersh, contaba con ambientes que bien conocía su autor por moverse entre pubs nocturnos y haber tenido empleo en el ámbito de la lucha libre en Londres. Por otra parte, Dassin contó con la profesionalidad del director de fotografía Mutz Greenbaum, que ya había realizado dos películas de cine negro victoriano notables como So Evil My Love y Gritos en la noche y con la labor del guionista Jo Eisinger, que abordó uno de sus mejores trabajos, aunque fue una de las plumas también presentes en el guion de otra obra mítica del cine negro estadounidense, Gilda.

Razón número 2: Al borde del exilio

Las circunstancias extracinematográficas de Noche en la ciudad son muy especiales, pero hacen entender mucho mejor el alma que subyace en cada uno de los fotogramas. Ese pesimismo y poca fe en el mundo, pero también una mirada de compresión hacia el personaje del perdedor. Se respira el pesimismo, el desencanto hacia el ser humano, la traición, el dolor de la delación. Se siente la tensión. La incertidumbre y el desequilibrio.

Jules Dassin se encontraba en un momento extremadamente delicado, pues la caza de brujas estaba en su apogeo y el director se hallaba en el punto de mira. El productor de la Fox, Darryl F. Zanuck, decidió alejarle de EEUU, y el rodaje de Noche en la ciudad se trasladó a Londres. Aunque después del rodaje regresó a EEUU, sufrió inmediatamente la presión del macartismo, su nombre fue dicho en varias declaraciones de distintos compañeros, formó parte de las tristes listas negras y no tuvo más remedio que exiliarse a Europa. De hecho, hasta cinco años después no consiguió los apoyos necesarios para realizar Rififi, cuyo éxito le permitió llevar a cabo una segunda carrera cinematográfica en Europa.

Así que Jules Dassin sabía que estaba en el punto de mira y se sentía tan presionado como Harry Fabian, el protagonista de su película. Así a ese timador de poca monta le envuelve una pátina de compasión y comprensión ante la encerrona que va sufriendo.

Razón número 3: Harry Fabian

Harry Fabian se carga todos sus sueños y una posible vida feliz junto a Mary.

El actor Richard Widmark se estaba convirtiendo en un actor imprescindible del género; de hecho debutó en la magnífica El beso de la muerte. Su presencia podía denotar la maldad más absoluta como en su debut o estar al lado de la ley y ser absolutamente creíble como en Pánico en las calles o Un rayo de luz. Solo que en Noche en la ciudad logra mostrar un personaje ambiguo, que si bien empieza transmitiendo rechazo, termina provocando la compasión del espectador.

En Noche en la ciudad, su carisma le permite dar matices fundamentales al personaje de Harry Fabian. Este perdedor y timador de poca monta que se mueve en los bajos fondos y tiene grandes sueños de grandeza y ambiciones, deseando dar el pelotazo que le permita vivir tranquilo, no tiene escrúpulos a la hora de engañar y enredar a los que le rodean. Es capaz de engañar a su novia o engatusar a un hombre mayor para que baile a su son. Solo desea una vida mejor, pero no le importa si tiene que pisar para lograr sus objetivos. Posee una energía sin igual y aunque fracase una y otra vez y deba dinero a todo el mundo y cada vez tenga menos credibilidad, enseguida vuelve a levantarse y a intentar dar otro palo.

Sin embargo, Harry Fabian muestra también su vulnerabilidad, sus sueños, su alma de perdedor, su desesperación por esa vida que no logra y, finalmente, el dolor que siente y el desencanto cuando descubre que toda su vida ha sido un error, que no ha hecho nada bien y que tal y como ha hecho él, todo el mundo a su alrededor le delata y le traiciona. Ni siquiera le permiten que le salga bien su redención final, cuando trata de compensar a la mujer que quiere, pero que nunca ha cuidado.

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10 razones para amar El callejón de las almas perdidas (Nightmare Alley, 1947) de Edmund Goulding

El monstruo de El callejón de las almas perdidas es la clave de esta historia.

Razón número 1: Una historia negra

No es fácil encajar El callejón de las almas perdidas en un género concreto. Es una película negra, muy negra. Oscila entre el cine negro más puro y el drama psicológico. La ambigüedad moral de la mayoría de sus personajes, el que todo conduzca al protagonista a un destino cruel, el relato de una caída sin redención posible, la atmósfera que atrapa, el uso certero del blanco y negro, la construcción perfecta de sus personajes, el buen reflejo de la manipulación… Es una obra cinematográfica pesimista sobre el ser humano y la supervivencia en un mundo hostil, propia de los tiempos que corrían, con una Segunda Guerra Mundial todavía cercana y mucho desencanto a cuestas. Es tal la fuerza de esta historia tan negra, que aún hoy sobrecoge.

La película cuenta como base con la novela de William Lindsay Gresham, que publicó en 1946 (editada en castellano con el mismo título que el film) y tuvo éxito inmediato. El autor fue un hombre con una vida tormentosa y perseguido por la sombra del alcoholismo. El motor de arranque para escribir dicha historia fue precisamente una anécdota que le contaron durante su estancia como voluntario en la Guerra Civil Española. Dicha anécdota versaba sobre un número de feria para el que se empleaba a un hombre alcoholizado.

Razón número 2: El relato circular perfecto: el monstruo

Uno de los puntos fuertes de El callejón de las almas perdidas es la perfección del relato cinematográfico en su estructura. Es una historia circular sobrecogedora. Nada más conocer a Stanton Carlisle (Tyrone Power) sentimos lo que le atrae y le sobrecoge «el monstruo» de la feria donde ha recalado para ganarse la vida y prosperar. El monstruo nunca se ve, solo sabemos que es uno de los números que más atraen al público. Un ser salvaje que se come a animales vivos y crudos (le tiran a una poza gallinas vivas y la gente se asombra de cómo las devora).

Tan solo se refieren a él. Stanton se pregunta que cómo alguien puede caer tan bajo, no lo entiende, pero a la vez le fascina. Porque por lo que nos van revelando «el monstruo» fue un artista de feria que tuvo su momento de gloria, pero que cayó en la pesadilla del fracaso y el alcohol. Ahora es una persona enferma con deliriums tremens, que consigue sus dosis de alcohol y cobijo con ese trabajo degradante en la feria.

Lo que aterra es cómo se nos va revelando poco a poco que «el monstruo» solo era un aviso del destino que le espera a Stanton, que también prospera y tiene éxito hasta que su propia ambición y malas artes le hacen caer desde lo más alto. La película plasma uno de esos finales que no se olvidan.

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La impaciencia del corazón (Kysset, 2022) de Bille August

Bille August construye un melodrama elegante en La impaciencia del corazón.

Bille August construye secuencias con buenos personajes y tensión dramática desde el minuto uno. La impaciencia del corazón arranca con una secuencia de apertura que muestra una acción tan banal como una madre y un hijo que visitan a una mujer rica y venerable, la tía de muchacho, para merendar y, sin embargo, enseguida el espectador no solo siente la tensión del momento, sino que se dibuja perfectamente a su personaje principal: Anton (Esben Smed Jensen), un joven de un escalafón social bajo que aspira a un alto cargo y quiere terminar de formarse como oficial de caballería en los tiempos previos a la Primera Guerra Mundial. Para eso necesita dinero y una visita de cortesía a su tía rica se convierte en incómoda petición económica y en la promesa del restablecimiento del orgullo familiar que su padre no dejó en muy buen lugar.

El joven Anton es joven, educado y correcto, pero a la vez le queda mucho que aprender de las cuitas emocionales y todavía no posee la formación de una inteligencia emocional que le permita moverse con soltura por un mundo que juzga continuamente los comportamientos humanos y que ejerce férreamente lo políticamente correcto. Y esa carencia será la gran desgracia de Anton, que no puede madurar emocionalmente, que a la vez es una buena persona que teme dañar a los demás y que tiene la ambición de querer llegar al escalafón más alto por merecimiento y esfuerzo.

Y es que Anton se verá atrapado por la compasión que siente hacia Edith (Clara Rosager), la hija de un rico empresario (que incluso compra un título nobiliario), que por un accidente ha perdido la movilidad en las piernas. Anton echará una mano a dicho noble, Løvenskjold (Lars Mikkelsen), en un percance con su automóvil y este agradecido le abrirá las puertas de su mansión. El joven oficial en un principio, orgulloso y agradecido, se sentirá halagado por tener las puertas abiertas hasta llegar a un punto en que se siente totalmente atrapado, porque él mismo y la sociedad que le rodea van creando una compleja maraña que desencadenará la tragedia.

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Diccionario cinematográfico (239). Madres

Madres e hijos en el centro de 20.000 especies de abejas.

Madres idílicas, madres coraje, madres tóxicas, madres terroríficas, madres divertidas, madres valientes, madres emprendedoras, madres malas… Las madres en el cine siempre han sido un buen tema. La galería es interminable, pero merece la pena el recorrido. ¡Todos hemos tenido una madre…, y, efectivamente, madre solo hay una… y este post va por ellas! La figura de la madre ha dejado unos cuantos buenos personajes cinematográficos.

Últimamente, en la sala de cine, he visto a tres madres en el centro de tres películas que por muy distintos motivos son interesantes. Dos son el debut en el largometraje de ficción de dos directores españoles y la tercera es de una directora francesa con una filmografía que merece mucho la pena.

Por una parte, 20.000 especies de abejas de Estibaliz Urresola Solaguren, donde Ane (Patricia López Arnaiz) es madre de tres hijos y no está precisamente en su mejor momento ni profesional ni emocional. Es verano y se va con ellos a la casa materna, entre otras cosas para intentar superar la crisis existencial en la que se haya hundida. Allí se reencontrará con su madre y su tía, una criadora de abejas. Las tres son figuras maternales y con caracteres fuertes y definidos que se enfrentan a la vida y a los problemas de distinto modo. Ane está especialmente preocupada y presta atención al sufrimiento y la sensibilidad que detecta en su hijo de ocho años, que está intentando exteriorizar y que todo el mundo se dé cuenta de su identidad sexual.

También he disfrutado de la última película de Mia Hansen-Løve, Una bonita mañana. Su protagonista, Sandra (Léa Seydoux), es madre de una niña de ocho años y se enfrenta al deterioro mental y físico de su padre, un profesor de filosofía. En este duro proceso se encontrará a un amigo al que hacía tiempo que no veía, Clément (Melvil Poupaud). En la película está muy presente también la madre de Sandra, Françoise (Nicole García), con una personalidad arrolladora, que en su momento dejó a la familia que había formado para perseguir una vida que la satisfaciera.

Y, por último, Matria de Álvaro Gago Díaz, protagonizada por una mujer gallega, Ramona (María Vázquez), que ve que su precario equilibrio de madre y mujer trabajadora se resquebraja, pero trata de no romperse del todo y hacer lo que ha hecho toda la vida, salir adelante. Por una parte, pierde el trabajo que más estabilidad le aportaba y, por otra, ve cómo su joven hija no solo se está independizando, sino eligiendo una vida que no es la que ella deseaba.

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