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El blog de Hildy Johnson

Simplemente, un blog "de cine"

Uno de los motivos para amar Missing: Jack Lemmon y Sissy Spacek.

Razón número 1: Basada en hechos reales

Missing empieza y termina con una voz en off objetiva y distante. Primero informa de que es una película basada en hechos reales recientes, explica que hay algunos nombres cambiados y no se especifica cuál es el país donde transcurren los hechos, aunque sí se nombra posteriormente Santiago y Viña del Mar, por tanto no es difícil situarla en Chile, durante el golpe de Estado y los días posteriores. Es decir la odisea de los protagonistas arranca el 11 de septiembre de 1973.

Al final de la película esa voz surge de nuevo ante una imagen impactante de un ataúd deslizándose por la rampa de un avión, y da un carácter más sombrío a la historia. Más cuando la última frase que se ha escuchado del personaje de Jack Lemmon va dirigida al enlace de la embajada americana en Chile y le suelta que se alegra de vivir en un país donde se juzga a tipos como ellos. La voz en off informa de que esto no será así y que no se esclarecerán los hechos ni se juzgará tan pronto a nadie.

Si uno lee atentamente los créditos finales también se fija que la película adapta un libro del periodista Thomas Hauser, que entró en el panorama editorial en 1978 con The Execution of Charles Horman. An American Sacrifice. Luego el realizador franco-griego Costa-Gavras para su debut americano moldea un material sensible que en su momento y en la actualidad todavía remueve (el último juicio referente a los hechos relatados en la película se celebró en 2012). No pasó ni pasa desapercibida, y menos en los nuevos tiempos oscuros que corren.

Así Missing trata sobre las vicisitudes que pasaron Ed Horman y su nuera Joyce para localizar a su hijo y marido, Charles Horman, uno de los desaparecidos en la dictadura chilena. El motivo: Horman era un joven periodista norteamericano que colaboraba en medios progresistas y alternativos y tanto la película como la investigación en la que se apoya apuntan que fue asesinado para ocultar la participación estadounidense en el golpe de Estado. Charles Horman tenía esa información, pues contactó casualmente con militares americanos en Viña del Mar justo en el momento del golpe, y estos compartieron alegremente información con Horman por el mero hecho de que era americano… Y no fue el único americano desaparecido o asesinado, junto a miles y miles de chilenos, la obra de Costa-Gavras refleja también el paradero de otro compañero de Horman, Frank Teruggi.

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The old man and the gun

Robert Redford en la sala de cine, su personaje ¿se convertirá en espectador o volverá a la acción?

Durante una secuencia, la pareja protagonista, Forrest Tucker (Robert Redford) y Jewel (Sissy Spacek), va al cine. Se convierten en espectadores…, pero Tucker está inquieto y triste, se siente extraño, él quiere protagonizar su propia película, y no quiere parar. Robert Redford ha tenido un especial cuidado durante toda su carrera tanto en la elección de proyectos como en la evolución de su personaje cinematográfico, de esta manera ha sabido escoger y preparar la película que ha elegido para despedirse de la pantalla de cine (no obstante es también el productor). En la dirección está David Lowery, que ya en Un lugar sin ley dejaba intuir las huellas en su cine de directores del Nuevo Hollywood en los años setenta como Terrence Malick o Robert Altman en Los vividores. La historia elegida surge de la prensa: un grupo de ancianos que son atracadores de bancos y cuyo líder Forrest Tucker ha sido un espíritu libre toda su vida. Su ruta ha sido ser perseguido por la ley, entrar en prisión, fugarse una y otra vez y volver a delinquir. Así The old man and the gun ofrece puro cine clásico con aire crepuscular y desencantado del cine de los setenta.

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