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El blog de Hildy Johnson

Simplemente, un blog "de cine"

Carmen y Lola

… bailando en la piscina vacía…

El otro día me metí en el cine para ver Carmen y Lola de Arantxa Echevarria. Y es una película muy interesante para debatir sobre la mirada hacia al otro en el cine y cómo la mirada hace que uno se posicione, tanto el que mira por el objetivo como el que mira la pantalla. Por eso provoca controversia y distintas reacciones. De la película, me quedo con las escenas intimistas entre las protagonistas y con que narra con delicadeza lo que supone un primer amor. Una de esas secuencias transcurre cuando Carmen y Lola van a una piscina vacía y juegan a que nadan, a que flotan, a que pueden estar juntas sin problemas, apoyándose… Y bailan, bailan sin parar.

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La tortuga roja

Cuatro músicos sentados en sillas, con pelucas blancas, en la arena de una playa, en una isla perdida en la inmensidad del océano. Es de noche, cielo estrellado, y un desesperado náufrago corre hacia ellos. Desaparecen. Pero vuelve a escucharlos. Se da la vuelta y están al otro lado, más metidos en el agua. Corre… y vuelven a desaparecer. Lo onírico, lo poético, lo mágico, lo extraño… y a la vez sencillo no desaparece de ese cuento hermoso que es La tortuga roja. Un relato cinematográfico que no necesita ni una sola palabra para mostrar el ciclo de la vida, los sueños, la fuerza de la naturaleza, la supervivencia, las relaciones de pareja, y de padres e hijos…

Un dibujo minimalista y un trazo fino y claro nos descubre la belleza y la fuerza de las olas, la peligrosidad de las rocas, el espectáculo de un cielo estrellado, de un bosque de bambú, el descubrimiento de los pájaros volando, de las tortugas nadando o de unos cangrejillos como originales compañeros de viaje… así como la ondulación de un pelo pelirrojo o la excepcionalidad de una botella de cristal o la tranquilidad y el ritmo de nadar en aguas tranquilas… El holandés Michael Dudok de Wit crea una historia aparentemente sencilla para su primer largometraje de animación, como su trazo, pero trasciende pues cuenta lo que es la vida sin que falte el elemento mágico. Y todo envuelto en las notas de una banda sonora de Laurent Perez del Mar, que también sabe jugar con el silencio.

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45 años

“Me preguntaron cómo sabía si mi amor era verdadero. Yo por supuesto contesté que algo aquí dentro no podía ser negado. Dijeron: Algún día descubrirás que todos los que aman están ciegos… Cuando tu corazón está ardiendo, debes darte cuenta de que el humo entra en tus ojos. Entonces no les hice caso y me reí alegremente al pensar que ellos podían dudar de mi amor. Hoy mi amor ha volado lejos, estoy sin mi amor… Ahora mis amigos se ríen de las lágrimas que no puedo ocultar. Entonces yo sonrío y digo: Cuando una llama encantadora muere, el humo entra en tus ojos…” … Esta es la letra de la canción Smoke get in your eyes y cobra un crudo y desolador significado en la película 45 años de Andrew Haigh. Nada tiene que ver cuando la tararea al principio de la película una tranquila y alegre Kate (Charlotte Rampling), que cuando suena al final de la película. El gesto y el significado que adquiere para Kate es totalmente diferente y desgarrador. 45 años es la historia de la descomposición de un matrimonio de cuarenta y cinco años en una semana… por la presencia abrumadora de una figura del pasado.

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lajuventud

“Dices que las emociones están sobrevaloradas, pero eso es una gilipollez. Las emociones son lo único que tenemos”. Estas son los palabras que le dice Mick (Harvey Keitel), el director de cine que está erigiendo su testamento cinematográfico, a su amigo Fred Ballinger (Michael Caine), un compositor de música retirado. Y ahí está la clave de La Juventud de Paolo Sorrentino, que filma emociones. Así atrapa al espectador en su universo visual barroco y lo arrastra a un viaje emocional trufado de reflexiones sobre la vida. Lo inunda de belleza. De esta manera Sorrentino ofrece un torrente de imágenes y sonidos hermosos que provocan emociones que llevan a una reflexión catártica sobre el sentido de la vida.

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unapasteleriaentokio

Mientras escucho la filosofía de vida de la anciana Tokue, protagonista de Una pastelería en Tokio, me viene a la cabeza otro personaje cinematográfico, Gesolmina. Ella, cara de alcachofa, encuentra en las palabras del loco equilibrista el sentido de la vida. Este dice que cada persona, cada objeto tiene una función en la tierra. Nada no vale nada… hasta un pequeño guijarro o una judía sirve para algo. La mujer payaso está ahí para dar cariño, sin pedir nada a cambio, al bruto de Zampanó. Y este solo se da cuenta cuando es demasiado tarde… pero se da cuenta y termina siendo consciente de su terrible soledad. La anciana Tokue añade a la filosofía que el loco susurra a Gesolmina que todas las cosas esconden una historia y hay que oírlas detenidamente y mirarlas. Con calma. De pronto, dialoga el cine de Fellini con el de Naomi Kawase… desde dos ópticas totalmente diferentes pero que confluyen en una misma filosofía de vida.

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alaluna

Los buenos cuentos infantiles lo que proporcionan son herramientas para entender el mundo en el que el niño se mueve, herramientas para enfrentarse a los miedos diarios, a los obstáculos para conseguir sueños, a las dificultades…, herramientas para entender los sentimientos, las emociones o para entender a los más grandes o a los más pequeños. Para entender, en definitiva, el mundo que les toca mirar. Los cuentos infantiles sirven para crecer, sirven para lidiar con ese mundo desconocido. Por eso elaborar un buen cuento es tan difícil… porque va a ser un aprendizaje para la vida. Así los cuentos de Andersen, los de los Grimm o los de Oscar Wilde pueden ser tremendamente tristes, sin ocultar la dureza de la vida, pero por otra parte no renuncian a la fantasía, la magia o la ilusión. Los cuentos infantiles no tienen que edulcorarse y tampoco pasear por lo políticamente correcto (que es la forma más tremenda de acabar con una imaginación y fantasía sin fronteras…), tienen que ser terroríficos, revoltosos, tristes, incorrectos incluso crueles (las páginas infantiles de Roald Dahl sabían mucho de esto)…, para convertirse en herramientas de defensa contra los posibles golpes o sustos que da la vida, para defenderse en el día a día, para caminar hacia los sueños, para no darse por vencido.

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philomena

Lo que consigue crear Stephen Frears (y el impulsor del proyecto tanto en producción como en guion y también como coprotagonista, Steve Coogan) con Philomena es una buena película de interés humano. Así se crea una película que mezcla la investigación periodística de un caso concreto y complejo, el viaje de dos personajes antagónicos y el sentido del humor para tocar, con sensibilidad, el tema de los niños robados. Y parte precisamente de un material concreto: el de un periodista británico, Martin Sixsmith, que contó en un libro la historia de una mujer, Philomena Lee. Una enfermera irlandesa, humilde y de barrio obrero que pasados cincuenta años confesó a su hija que con catorce años se quedó embarazada y su familia avergonzada la internó en un convento donde la hicieron trabajar duro para purgar sus pecados… y allí, sin su consentimiento, dieron en adopción a su hijo (lo vendieron, para más inri, a una familia estadounidense)…

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Ristra de estrenos veraniegos… y la cartelera ha sido algo descafeinada (seguro que me he perdido tesoros que no he podido abarcar). He visto bastantes películas pero ninguna redonda. He tenido que buscar las chispas. No he vibrado ante ninguna de las que he visto. Pero en todas…, algo se vislumbraba. Estas son las chispas. Animales de compañía que significan mucho más, familias desestructuradas que se estructuran, soledades, amores tardíos, segundas oportunidades, supervivencia, miedos profundos, muerte, luz al final del túnel, actores que iluminan o llenan la pantalla, directores que siguen su estela… Y de propina dos antecedentes.

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Gloria

… Y entonces Rodolfo lee a Gloria un poema: “Me gustaría ser un nido si fueras un pájaro / me gustaría ser una bufanda si fueras un cuello y tuvieras frío / si fueras música yo sería un oído / si fueras agua yo sería un vaso / si fueras luz yo sería un ojo / si fueras pie yo sería un calcetín / si fueras el mar yo sería una playa / y si fueras todavía el mar yo sería un pez / y nadaría por ti / y si fueras el mar yo sería sal / y si yo fuera sal / tú serías una lechuga / una palta o al menos un huevo frito / y si tú fueras un huevo frito / yo sería un pedazo de pan / y si yo fuera un pedazo de pan / tú serías mantequilla o mermelada / y si tú fueras mermelada / yo sería el durazno de la mermelada / y si yo fuera un durazno / tú serías un árbol / y si tú fueras un árbol / yo sería tu savia y correría / por los brazos como sangre / y si yo fuera sangre / viviría en tu corazón”. Y estos versos son de Claudio Bertoni, un artista chileno. Todos los versos forman “Poema para una joven amiga que intentó quitarse la vida”. Pero no hay poema más vital que este. Rodolfo tiene 65 años y ganas de huir de su rutina familiar en la que se siente encerrado pero también acomodado y dependiente. De pronto ve una posibilidad de huida o escape con Gloria. Ella tiene 58 años y pocas ganas de rendirse. Gloria no quiere bajar el telón. Digamos que le pasa lo mismo que a otro personaje de ficción, Evelyn, que tan bien se expresa en Tomates verdes fritos: “Soy demasiado joven para ser vieja y demasiado vieja para ser joven”.

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comediaconfantasmas

Un viaje a través de la memoria de Pepín Mendieta, el rey de la comedia. Comedia con fantasmas es una novela que rescata el espíritu de los escenarios de teatro españoles en un largo periodo histórico: de 1925 a 1987. Pero también está bien presente el mundo del cine. Cine y teatro de la mano para unas páginas apasionantes pobladas de recuerdos y fantasmas. Pues eso es rememorar, mirar una vieja fotografía o una película lejana… traer a la vida aquellos fantasmas que formaron parte de nuestra existencia y nos hicieron tal y como somos. Marcos Odóñez te sumerge en un mundo de fantasmas que cobran vida… y, como lector, no quisieras que bajase nunca el telón.

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