Rebuilding (2025) de Max Walker-Silverman

La reconstrucción de los lazos emocionales entre padre e hija, algo que no arrasa el fuego.

Rebuilding significa reconstrucción. Es el título de esta película y su protagonista, Dusty, es un cowboy que tiene su rancho familiar en una zona de Colorado, pero que ha sido arrasado por un incendio. Lo pierde todo menos el terreno. No le queda nada más que una caravana que le cede el Estado en un espacio en medio de la nada.

Dusty (Josh O’Connor) se siente algo perdido sin sus ranchos, sus animales, sus tierras, el establo azul (el color favorito de su madre), su caballo (que se lo cuida un vecino que no ha perdido ni si hogar ni la tierra, pero está ahogado económicamente). No sabe muy bien qué va a ser de él: si aceptará un trabajo provisional para la construcción de una carretera (pero no es lo suyo) o si se irá con una prima suya en Montana que tiene otro rancho y lo mismo puede echar una mano.

Pero esa reconstrucción, no significa solo volver a levantar su vida, su casa o empezar de cero. Sino también volver a reconstruir los lazos familiares y las relaciones sociales, algo que había olvidado porque el trabajo, que le apasionaba, lo tenía totalmente absorbido. En ese deambular de intentar recomponer su vida, llama a la puerta de su ex, con la que empezó a salir a los doce años. Y entonces esa puerta se abre.

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Redescubriendo clásicos (1). Sangre en Filipinas (So Proudly We Hail!, 1943) de Mark Sandrich / Miedo en la tormenta (Storm Fear, 1955) de Cornel Wilde

Sangre en Filipinas (So Proudly We Hail!, 1943) de Mark Sandrich

Sangre en Filipinas, la historia dura de un grupo de enfermeras en la Segunda Guerra Mundial.

Películas bélicas en tiempos de guerra. Sangre en Filipinas esconde varias sorpresas. En plena Segunda Guerra Mundial, Hollywood pone en marcha la maquinaria. Se estrenan un montón de títulos de dicho género. Algunos meramente propagandísticos y otros que encerraban bastante más. Sangre en Filipinas, un éxito de público y taquilla de aquellos tiempos, muestra un sorprendente drama bélico con un punto de vista bastante atractivo. La guerra desde el punto de vista de las enfermeras que trabajaban en primera línea.

Mark Sandrich, habitual director de películas de Fred Astaire, sorprende con Sangre en Filipinas, un drama bélico de gran fuerza emocional con momentos muy a tener en cuenta cinematográficamente hablando. La gran baza de este largometraje de la Paramount es obviamente su reparto femenino con tres grandes estrellas de Hollywood y un grupo de buenas secundarias. Los roles masculinos corren a cargo de actores que encontraron su oportunidad por no estar en aquellos momentos, por distintos motivos, en el campo de batalla, no como otras estrellas de cine que estuvieron durante esos años fuera de las pantallas cinematográficas.

Por otra parte, presenta un reflejo de la guerra bastante crudo y no un momento de victoria, sino de incertidumbre total. De no saber muy bien qué es lo que iba a ocurrir en un futuro próximo. Justamente la película ilustra cómo el ataque inesperado a Pearl Harbour cambia el destino de un grupo de enfermeras que terminan en Filipinas, en concreto en Bataán, y el asedio continuo que sufren por parte del ejército japonés. Así se presenta la historia sin una imagen edulcorada y sí es bastante realista al reflejar el trabajo incansable y valioso de este grupo de mujeres. La película empieza con la evacuación de las enfermeras de la zona de combate, pero sin saber cuál será el destino de sus compañeros ni si acabará de una vez la guerra.

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Joyas del cine clásico latinoamericano (IV). Vidas secas (Vidas secas, 1963) de Nelson Pereira dos Santos

Vidas secas, película fundacional del Cinema Novo.

Vidas secas. Un paisaje desierto, infinito, con unos pocos arbustos y ramas secas, de fondo una banda sonora sin música posible, tan solo un ruido insistente, es la presentación del sertão brasileño. Una paisaje hosco y duro. Unas figuras avanzan a lo lejos y se van acercando. Lo primero que vemos es a una perrilla inteligente que avanza y corretea y poco a poco aparecen uno a uno los miembros de una familia: Fabiano, Vitória y sus dos niños. Entre sus escasas pertenencias tienen un loro y a la perrita Baleia. Son supervivientes, campesinos que intentan sobrevivir a la inclemencia de la sequía, el hambre, la pobreza y las condiciones económicas, políticas y sociales. Van de un sitio a otro intentando arraigarse y ser gente normal, como ellos expresan una y otra vez. Solo quieren un trabajo, una cama en condiciones y un hogar en el que permanecer.

Nunca un título estuvo tan adecuado. Vidas secas. Nelson Pereira dos Santos ofrece un retrato de la miseria desolador. La familia trata de arraigarse, pero todo se va complicando. No solo es la desolación del paisaje y la dureza de los periodos de sequía. Son las diferencias de clase, las condiciones laborales del patrón, el poder corrupto de los que lo ostentan… Sus personajes protagonistas son un matrimonio cada vez más duro y desesperado, pero sin fuerza para la rebelión. Viven humillados y ellos mismos eliminan de sus vidas los sentimientos (solo hay ciertos destellos, no han perdido la capacidad de desear un futuro mejor), necesitan acarrear fuerzas para seguir avanzando y buscar el lugar adecuado. No hay sitio para debilidades.

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Bosco (Bosco, 2020) de Alicia Cano Menoni

Orlando Menoni, contador de historias del Bosco.

El anciano Orlando Menoni desde el patio de su casa en Salto, Uruguay, es un contador de historias. Desde su silla giratoria, que le permite una visión de 360 º, atraviesa las fronteras espaciales y temporales. Desde la existencia de la palabra, la fuerza de la tradición oral ha estado presente y se ha transmitido de generación en generación. Orlando guarda en su memoria las raíces familiares, los orígenes de los Menoni, y sus historias no se pierden porque él las cuenta. Y esas raíces le llevan siempre a Bosco di Rossano, un pequeño pueblo italiano, escondido entre montañas y castaños. Él nunca ha estado ahí, pero lo conoce como la palma de su mano. Y es más, lo ama. Es la tierra donde reposa la memoria familiar, Orlando lleva en su cabeza su Innisfree particular.

Sin embargo, ocurre algo precioso, porque esa tierra amada y soñada es real, y su nieta, Alicia Cano Menoni, cineasta, tiene una cámara para atraparla. Cuando hace trece años, tuvo la oportunidad de ir a estudiar a Italia, su mayor deseo era encontrar el pueblo de Bosco, el protagonista de todas las historias que le contaba su abuelo cuando era niña en el patio de Salto. Alicia no solo localizó la aldea, sino que durante trece años atrapó la esencia de ese pueblo, convivió con sus apenas trece habitantes durante sus estancias allá, captó su espíritu… y se dio cuenta de que el pueblo soñado y transmitido por su abuelo existía, era de carne y hueso. Las palabras de su abuelo fueron su guía… y allá se encontró con sus pobladores, guardianes de memoria, que también guardaban sus historias y conservaban sus formas de vida. No hay olvido.

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Madres paralelas (2021) de Pedro Almodóvar

Melodrama y memoria en Madres paralelas.

«No hay historia muda. Por mucho que la quemen, que la rompan, que la mientan, la historia humana se niega a callarse la boca», esta frase del escritor uruguayo Eduardo Galeano cierra Madres paralelas de Pedro Almodóvar. Una propuesta arriesgada del cineasta manchego que se refugia en los recovecos de un melodrama contenido para fundirlo con un tema que le interesa: la localización y apertura de las fosas repartidas por la geografía española fruto de la Guerra Civil.

Así cuenta una historia sobre la maternidad con un personaje central, Janis (Penélope Cruz), que se ve metida en una encrucijada moral que hace que oculte una verdad, hasta que la quema y no puede callarse la boca. Pero a la vez es una mujer que lucha por conseguir hacer realidad el sueño de su abuela ya ausente: abrir la fosa común en el pueblo donde vivió durante su infancia para recuperar el cuerpo de su bisabuelo.

¿Cómo logra unir las dos historias? Janis es una fotógrafa y tiene que retratar a Arturo (Israel Elejalde), un antropólogo forense, implicado en la apertura de las fosas. Janis y Arturo se convertirán en amantes. Ella se quedará embarazada y, ante la indecisión del amado (es un hombre casado), decidirá seguir adelante con el embarazo, pues desea ser madre. No obstante, pese a las vicisitudes sentimentales de sus protagonistas, no interferirán en el intento de conseguir la apertura de la fosa.

Todo está entrelazado y tiene sentido en Madres paralelas. La profesión de fotógrafa de su protagonista, compartida con su bisabuelo, y la importancia de las fotografías en la historia: esos rostros de los fallecidos que «viven» a través de los retratos que guardan las familias. La profesión del amante, antropólogo forense, además este personaje cumplirá otra función: sembrará la duda en la recién estrenada maternidad de Janis.

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El carnicero (Le boucher, 1970) de Claude Chabrol

El carnicero

Los ojos azules de Stéphane Audran cuentan esta triste historia de amor.

El rostro de Stéphane Audran, con su pelo corto rubio y sus enormes ojos azules, ocupa la pantalla en los momentos más intensos de El carnicero. La musa y también esposa de Claude Chabrol, otro de los personales directores de la Nouvelle Vague, se pone en la piel de Helene, la directora del colegio de un pueblo rural francés. Y Claude Chabrol la convierte en protagonista de una desgarradora historia amor. Porque Helene vuelve a sentir otra vez, su corazón late con el carnicero del pueblo (Jean Yanne), pero este esconde un secreto que convierte su amor en imposible: es un asesino en serie. A Helene y a Popaul no les separan las clases sociales de las que provienen cada uno, ni sus profesiones tan dispares, ni tampoco lo urbanita que es ella y lo rural que es él…, les separan los instintos primitivos y oscuros que están agazapados en el interior del carnicero. Y Chabrol, sin embargo, es capaz de con ese material tan negro y macabro, filmar una triste, elegante y delicada historia de amor. Y eso incomoda. Si Hitchcock y Buñuel vieron El carnicero, seguro que fue un plato delicatessen para ellos, pues bajo sus fotogramas laten las pulsiones y claves de sus filmografías. La oscuridad y complejidad del amor revolotea en cada una de sus imágenes.

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La estación de las mujeres (Parched, 2015) de Leena Yadav

La estación de las mujeres

Cuatro mujeres circulan por una carretera desierta en un motocarro imposible decorado con alas de mariposa. Sonríen y se sienten libres de ataduras. Y esta es la imagen icónica que deja La estación de las mujeres de la realizadora hindú Leena Yadav. Cuatro mujeres en la India rural con vidas muy perras, que, sin embargo, no dejan de buscar una posible salida o huida de un mundo con unas reglas que no han pedido. Así el resultado es una película que transita con tino y equilibrio entre un melodrama desatado, una película de denuncia y una película-medicina, donde finalmente prevalecen unas reflexiones sobre la situación de la mujer (en este caso concreto en la India rural, pero habla de cosas que pueden encontrarse todavía, por desgracia, en todas las sociedades) y lo necesario que siguen siendo tanto la lucha como la transgresión para impedir no solo comportamientos violentos, sino la perpetuidad de un sistema que desprecia y somete a las mujeres. Y el equilibrio no era fácil, Leena Yadav (que también es co-guionista) logra trascender el tópico y, a través de una correcta y clásica dirección, consigue momentos auténticos con sus cuatro protagonistas. Es decir consigue que no sea una historia plana, sino que plantee temas complejos, y también dejar una puerta abierta para las protagonistas.

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Sunset song (Sunset song, 2015) de Terence Davies

Sunset song

El verano pasado el director danés Thomas Vinterberg adaptó para el cine una novela de finales del XIX del inglés Thomas Hardy, Lejos del mundanal ruido (que ya tenía una adaptación cinematográfica de los años sesenta de John Schlesinger). Este verano el director inglés Terence Davies adapta una novela escocesa de Lewis Grassic Gibbon de principios del siglo XX, Sunset song. Sin tener conocimientos de los universos de las dos novelas, sí hay un diálogo estrecho entre ambas películas. En la película de Vinterberg se veía que lo que había llamado la atención del director para plasmar esa novela (y tener coherencia con su trayectoria anterior) en la pantalla eran: “las emociones fuertes. La tragedia que persigue a algunos seres humanos y les marca. La dificultad de las relaciones humanas… La familia como sello. La violencia emocional”. Y todo eso está presente en Sunset song de Terence Davies, y también tiene que ver con su trayectoria cinematográfica. Los dos directores, innovadores en el aspecto formal, se dejan llevar en estas adaptaciones por un hermoso clasicismo cinematográfico, que acerca estas películas a otro tema que ambos tocan: el ciclo de la naturaleza, los paisajes rurales, el apego a la tierra y los rituales. Y el diálogo sigue en varios asuntos: las protagonistas son dos mujeres que trabajan y se aferran a su tierra. Hay escenas fundamentales y rodadas con una belleza especial en ambas: los estragos de la tormenta y la celebración de una boda. Y en las dos los cánticos populares son protagonistas. Es como si hubiera una vuelta a una narración pausada y clásica que refleja un mundo que se ha ido, pero ha dejado profundas huellas.

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Ecos neorrealistas. Pan, amor y fantasía (Pane, amore e fantasia, 1953)/ Pan, amor y celos (Pane, amore e gelosia, 1954) de Luigi Comencini

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En Pan, amor y fantasía en un momento cotidiano, el mariscal Antonio Carotenuto (Vittorio de Sica), del arma de carabineros, pasea por las calles de un pueblo de montaña, Sagliena (… un lugar que no viene en el mapa), y se encuentra con un paisano sentado en un banco de piedra que va a degustar un bocadillo… y le pregunta que de qué es. Y el vecino abre los panes, no hay nada en ellos, y contesta: de pan y fantasía… Luigi Comencini pone en pie una comedia italiana y que presupone además otros ecos muy diferentes para la corriente neorrealista: donde cabe la comedia, el costumbrismo, caras conocidas…, donde la cámara sigue en exteriores y se sigue reflejando una Italia de posguerra pero hay sitio para un pueblo idealizado donde existen las problemáticas sociales de posguerra suavizadas y matizadas, para conseguir una sonrisa en el espectador.

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Lejos del mundanal ruido (Far from the madding crowd, 2015) de Thomas Vinterberg

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Lejos del mundanal ruido es una película que cuenta con varios puntos de interés. Primero es una adaptación cinematográfica de la novela de Thomas Hardy con el mismo título, segundo es también un remake de una película de John Schlesinger, con Julie Christie de protagonista (que pronto volveré a ver para refrescar mi memoria) y tercero es la primera obra cinematográfica del danés Thomas Vinterberg fuera de su país. El reto es encontrar las huellas de este director danés en este drama romántico, de época, y de orígenes literarios ilustres y muy británicos (Hardy con esta novela y su éxito pudo dedicarse para siempre a la literatura). De nuevo desconozco el universo literario de este autor pero sí alguna de sus adaptaciones cinematográficas, como Tess, una película de Polanski de 1979, ya analizada en el blog, que me entusiasma. Y también encuentro huellas de otros universos cinematográficos en esta nueva versión de Vinterberg…, siento esa melancolía y arrebatos amorosos de esa joya cinematográfica de David Lean, La hija de Ryan.

Thomas Vinterberg fue uno de los cineastas que se puso en órbita a finales de los noventa y de nuevo hizo hablar del cine danés, como firmante y creador junto a Lars von Trier del Dogma 95. Golpeó a todos los cinéfilos con una dura historia familiar, Celebración, que transcurría durante el 60 cumpleaños del patriarca de una familia de la alta burguesía danesa. Se perdió en varias obras cinematográficas que apenas se vieron hasta que volvió a golpear con la historia paralela de dos hermanos a los que les separa una tragedia familiar, Submarino, y con una compleja historia con un testimonio de una niña que cambia brutalmente la vida de un hombre honrado en un pequeña localidad, La caza. ¿Qué hay de Vinterberg o qué pudo llamar su atención para hundirse en el mundo literario de Hardy? Las emociones fuertes. La tragedia que persigue a algunos seres humanos y les marca. La dificultad de las relaciones humanas… La familia como sello. La violencia emocional. Son muchos los temas que Vinterberg encuentra en la novela y que también están presentes en su cine. Por eso Lejos del mundanal ruido se convierte en una película del director danés y no rompe con su trayectoria. Ahora, de la frescura, modernidad, provocación e innovación delprimer Vinterberg queda menos, el director danés va dando pasos hacia un cine visualmente más clásico pero con un correcto uso del lenguaje cinematográfico y una cada vez más elegante y depurada puesta en escena.

Hay algo que sin embargo me ha llamado la atención de Lejos del mundanal ruido… y que me ha hecho no disfrutar del todo de su resultado final. Dentro de la narración cinematográfica y en el montaje final no se logra plasmar el paso del tiempo. El transcurso de los años no está bien marcado, de tal manera, que crea confusiones en la trama y falta de entendimiento de algunas reacciones de los personajes pues es difícil darse cuenta de que ha pasado el tiempo (días, meses, incluso años)…

El Lejos del mundanal ruido de Vinterberg cuenta con buenos momentos que reflejan la vida en el campo a finales del siglo XIX así como una protagonista que se convierte en una mujer excepcional en aquella época (se vuelve dueña y señora de una próspera granja) pero que refleja perfectamente la situación de las mujeres en aquel tiempo. Bathsheba Everdene (esta vez con el rostro de Carey Mulligan) además de llevar su negocio y hacerse respetar en un mundo de hombres, tiene también que lidiar con las dificultades de ser una mujer independiente completamente en sus relaciones con los hombres en un momento que esa cuestión era prácticamente imposible. El drama está servido. Son años y años los que Everdene tarda no solo en convertirse en una mujer a la cabeza de un negocio próspero sino también en encontrar al verdadero compañero (pese a varios obstáculos en el camino que casi la obligan a vivir un futuro incierto, oscuro y en el ocaso) que le haga encontrar esa difícil libertad conquistada.

Mulligan ofrece una Bathsheba más terrenal (… Julie Christie era casi un sueño, una mujer distante e imposible de alcanzar), una heroína que además de enfrentarse a un mundo de hombres tiene también que encontrar y construir los sentimientos y emociones que la hagan ser feliz… y en el camino, como toda persona joven, se equivoca… Los tres hombres que se cruzan en su camino son: el pastor de ovejas Gabriel Oak (imparable Matthias Schoenaerts), el rico terrateniente de edad avanzada William Boldwood (Michael Sheen) y un apuesto e inestable militar Frank Troy (Tom Sturridge). Así como es un acierto el carisma y la química sexual que surge desde el minuto uno entre la Bathsheba de Mulligan y el Oak de Schoenaerts, creo que no son adecuados en el casting ni Michael Sheen porque no me parece que represente esa edad avanzada, patetismo y desencanto de su personaje como, por ejemplo, Peter Fich en la versión anterior ni Tom Sturridge como el militar que hace perder el norte a Bathsheba, no es tan inquietante y carismático como Terence Stamp en la versión de 1967. Desde el minuto uno sabes cuál es el compañero ideal de Bathsheba, ninguno le hace sombra.

Si bien estoy desarrollando varios peros (y uno de ellos bastante importante, el paso del tiempo, que afecta a muchos momentos claves de la película), no obstante Lejos del mundanal ruido es un nuevo paso en la obra cinematográfica de Vinterberg que muestra su capacidad y buen hacer para contar tanto buenas historias como regalar buenos momentos cinematográficos. La importancia que da este director (como en varias del sus películas) al empleo de la luz (el primer encuentro de Bathsheba con Troy), cómo sabe filmar los momentos trágicos y desgarradores (la muerte de las ovejas) y también cómo controla los momentos corales, donde hay varios actores en escena y varias tramas y significados, como esa cena festiva entre Bathsheba y sus trabajadores a la que acude el rico propietario… hace que el visionado de Lejos del mundanal ruido sea un goce para los sentidos y se disfruten de momentos cinematográficos realmente hermosos… por eso sus peros o defectos se hacen notar más o dan más rabia a aquel espectador que está disfrutando de instantes brillantes.

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