Cien años de Marilyn Monroe (IV). Bus Stop (Bus Stop, 1950) de Joshua Logan / El príncipe y la corista (The Prince a the Showgirl, 1957) de Laurence Olivier

Bus Stop y El príncipe y la corista son dos películas especiales dentro de la trayectoria de la actriz. Marilyn Monroe no quería ser solo una estrella de cine, ni estar atada bajo los mandatos de la 20th Century Fox con esos contratos que encarcelaban sus aspiraciones, sino que deseaba tener voz y voto en su carrera cinematográfica. Además luchaba para que no la encasillasen por su físico o cierto tipo de papeles. Marilyn no paró hasta ser reconocida como actriz y decidir sobre los papeles que llevaría a cabo.

Para sorpresa del estudio, su principal estrella en los cincuenta decidió rebelarse y dejarles plantados. Se tomó año sabático (1955), se fue a Nueva York a vivir y entró en el Actors Studio a formarse en el Método, a canalizar sus emociones para construir personajes… La 20th Century Fox no tuvo más remedio que ceder si quería la vuelta de su estrella, revisó el contrato, permitió que Marilyn tomara las riendas de su carrera a través de la productora que creó y sus dos siguientes proyectos contaron con su aprobación y control.

Como era habitual se preparó concienzudamente los papeles. Durante los rodajes, siempre estaba junto a ella Paula Strasberg con quien trabajaba sus interpretaciones según el Método. Como ya ocurrió con su anterior preparadora, Natasha Lytess, ambas desarrollaron una relación que generó varios conflictos con los distintos directores. Tanto Paula como Natasha se convirtieron también en confidentes, protectoras, y la actriz confiaba plenamente en ellas para su trabajo en el set. Se apoyaba más en estas mujeres que en los directores, esto generaba tensiones. Las dos tenían fuertes personalidades y la literatura alrededor de la actriz habla de relaciones dependientes con sus preparadoras.

Lo que es cierto es que Bus Stop y El príncipe y la corista lograron su cometido. Y Marilyn empezó a ser considerada además de sex symbol, actriz. La productora como tal solo funcionó con estas dos producciones, luego en 1957 la actriz rompió con su socio y amigo, el fotógrafo Milton Greene (eso es otra historia), pero Marilyn ya había mostrado ante la opinión pública que tenía las riendas de su carrera. Estos años fueron cruciales también porque empezó su relación con el dramaturgo Arthur Miller y terminaron casándose.

Bus Stop (Bus Stop, 1950) de Joshua Logan

Marilyn Monroe mostró a una Cherie sensible, vulnerable y cautivadora.

Bus Stop es la adaptación de una obra de teatro de William Inge que reunía a varios personajes en un bar de carretera, aunque el guion de George Axelrod se centró en Cherie y Bo, una cantante de bar y un joven vaquero con demasiada energía y sin experiencia en la vida (pues no ha salido apenas del rancho donde ha sido criado), además de ampliar las localizaciones y no centrarse en el bar de carretera donde transcurre la historia en los escenarios.

Marilyn Monroe eligió tanto al personaje de Cherie como al director Joshua Logan. La actriz tomó las riendas del proyecto. Monroe no quiso glamour para Cherie, sino prepararla como lo que es, una chica de la América profunda con mala suerte que va de garito en garito tratando de llegar hasta Los Angeles con la ilusión de que Hollywood se fije en ella. En su camino de pesadilla hacia la “gloria” se cruza un joven vaquero que apenas ha vivido, que no ha salido de su rancho, que decide que Cherie es su ángel y la mujer que permanecerá a su lado para siempre.

Marilyn decidió que su Cherie tenía que ponerse una ropa usada y adecuada a su personaje, con rotos en sus medias, y que su actuación en el garito debía ser de lo más cutre, además de mostrar a una joven a la que apenas le da el sol, pues trabaja de noche… También le proporcionó una manera de hablar. Y muchos otros detalles que van construyendo a un personaje entrañable, vulnerable y trágico, pero que se convierte en protagonista de una comedia romántica que nunca se hubiese imaginado vivir. Marilyn se esforzó por construir a su personaje, pero en el rodaje no evitó mostrar sus inseguridades, repeticiones de tomas, impuntualidades, que creaban las habituales tensiones durante las producciones en las que participaba. Bus Stop no fue una excepción.

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Cien años de Marilyn Monroe (II). Los caballeros las prefieren rubias (Gentlemen prefer blondes, 1953) de Howard Hawks / Cómo casarse con un millonario (How to marry a millionaire, 1953) de Jean Negulesco

Durante el año 1953 explotó el fenómeno Marilyn Monroe al estrenar tres películas de éxito, dos de ellas comedias (y otra muy especial de cine negro, que pronto aparecerá en esta serie). La estrella de melena rubia a todo color conquistó definitivamente las pantallas. Su vis cómica brilló en ambos títulos. Sus dos personajes, Lorelei Lee y Pola Debevoise, en nada se parecen entre sí: una es una vividora que se hace la tonta y la otra es una modelo que cree que su miopía puede no resultar atractiva a los hombres.

Después Marilyn querría huir de los personajes tipo Lorelei y Pola, pues quería mostrar su versatilidad y diferentes registros. No quería ser solo una rubia sexy… Lo cierto es que estos dos personajes no pueden ser más distintos y es la actriz quien logra crearlos (con permiso de su mentora Natasha Lytess).

Los caballeros las prefieren rubias (Gentlemen prefer blondes, 1953) de Howard Hawks

El icono de Marilyn Monroe naciendo con todo su esplendor.

Howard Hawks con su ritmo endiablado pone en pie otra de sus comedias, esta vez a todo color. Se trataba de una versión musical del gran éxito de Anita Loos, una escritora y guionista de vida apasionante, que conoció las mieles de la prosperidad con un personaje de ficción, Lorelei Lee, que nació en las páginas de una revista, luego pasó a ser una novelita corta (Los caballeros las prefieren rubias), tuvo su secuela (Pero se casan con las morenas), después subió a los escenarios como obra de teatro para posteriormente convertirse en un musical… Y durante estos avatares el cine se fijó también en Lorelei.

En los años cincuenta se quiso llevar de nuevo a la pantalla las andanzas de Lorelei, pues parece ser que hubo una versión muda en 1928, pero es una de las muchas películas desaparecidas del cine silente. La elegida fue Marilyn Monroe en el esplendor del Technicolor. La actriz inmortalizó a Lorelei Lee y además le regaló un momento musical icónico que ha sido imitado o ha inspirado a distintas divas, como Madonna o Nicole Kidman en Moulin Rouge.

La canción en cuestión fue Diamond are a girl’s best friend, con una Marilyn esplendorosa vestida de rosa hasta arriba de diamantes, bajando y subiendo unas escaleras, con un grupo de bailarines a sus pies (como curiosidad, y con permiso de Marilyn que es la absoluta protagonista de esta serie de textos, entre los bailarines se puede ver a George Chakiris, quien sería un maravilloso Bernardo en West Side Story, una película que revolucionó el género musical).

Así en 1953 surgió con fuerza esta rubia sexy de la Twenty Century Fox con una vis cómica natural y una facilidad para brillar en los números musicales que le pusiesen por delante con su susurrante voz (en el estudio había debate entre doblarla o no, pero casi siempre logró ser ella la que cantase las canciones con su voz característica. Ese «casi siempre» es porque en ocasiones en ciertos tonos más agudos sí que contrataron a la soprano Marni Nixon).

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Irene Dunne y Charles Boyer, una química especial. Otra vez juntos (Together Again, 1944) de Charles Vidor

Otra vez juntos dos estrellas con química, Irene Dunne y Charles Boyer.

Irene Dunne y Charles Boyer, una de las grandes parejas cinematográficas del cine clásico hollywoodiense ha caído totalmente en olvido, y es una verdadera pena. Hicieron tres películas juntos, se llevaron bien delante y detrás de las cámaras y al público les gustaba verles en pantalla. De sus tres películas me faltaba por ver Otra vez juntos, una agradable sorpresa. Es una comedia simpática sin más, pero rodada con elegancia y profesionalidad por Charles Vidor.

El año clave de esta pareja fue 1939, Leo McCarey les unió en Tú y yo, esa historia inolvidable entre el playboy francés y la cantante famosa a bordo de un trasatlántico… y la quedada más famosa y fallida del mundo mundial en el Empire State Building. Esta última cita ha inspirado a toda una hilera de comedias románticas. Sin embargo, esta versión de 1939 ha sido mucho menos vista que el remake que hizo el mismo director en 1957 con Debora Kerr y Cary Grant. Pero ¡no hay sesión doble más bonita que esta para recomendar en una de esas tardes tontas que una le apetece ver algo bonito! Sí, ver a la vez la de 1937 y la 1957, es un buen plan.

Y ese mismo año protagonizaron también un maravilloso y olvidado melodrama de John M. Stahl, Huracán (When Tomorrow Comes). Esta vez la historia de amor giraba alrededor de una camarera sindicalista y un pianista famoso, de por medio un huracán y una iglesia donde se refugian los dos enamorados sin saber qué va a ser de ellos el día siguiente. De nuevo, la química entre los dos actores fue evidente. Te crees que esas dos personas se conozcan y se enamoren. Y, claro, ¡existe el remake de Douglas Sirk, Interludio de amor (Interlude, 1957)!

Así que cuando cinco años más tarde les surgió la posibilidad de trabajar juntos, ambos actores aceptaron encantados y esta vez fue para protagonizar una comedia romántica y ligera, sin demasiadas pretensiones, simplemente para pasarlo bien. Y se les nota a ambos que se divierten. Otra vez juntos no es una gran película, ni siquiera es inolvidable, pero se ve con agrado, y eso es un lujo en ciertas ocasiones.

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Sobre Nora Ephron: de libros, anécdotas, películas y otras recetas

Nora Ephron deja su huella en una de las musas de la comedia romántica, Meg Ryan, y que fue la protagonista de varios de sus guiones.

Estas Navidades decidí hacerme a mí misma un regalo de Reyes. En uno de esos días en que me hago una ruta de pequeñas librerías que me fascinan, en una de ellas un libro me llamó, ya lo había hecho en otras ocasiones, pero me había resistido. Un libro de tapa dura, perfectamente editado e ilustrado con cuidado y cariño. Dicho volumen recogía dos de los últimos libros de Nora Ephron, periodista, guionista, novelista, dramaturga y directora de cine. Estos libros son No me gusta mi cuello y No me acuerdo de nada (Libros del Asteroide, 2024). Los dos recopilan una serie de textos con reflexiones, anécdotas, opiniones, recetas, listados…, que dejan al descubierto el personal universo de Ephron, su filosofía de vida. No me pude hacer mejor regalo. Los devoré y de alguna manera noté una fuerte conexión con esas palabras.

También curiosamente durante esas fechas vi la última película de Meg Ryan, también dirigida por ella, que ha pasado sin pena ni gloria y como todo comedia romántica que se precie, mirada por encima del hombro. Yo no solo la disfruté, sino que al final me fijé que Ryan se la dedicaba, y no podía ser de otra manera, a Nora. La película en cuestión se titula Lo que sucede después (What Happens Later, 2023).

Así que como no hace mucho he terminado el libro en cuestión, me he visto pensando en Ephron y en por qué me ha gustado su lectura. Y también he reflexionado sobre su herencia cinematográfica y por qué me gustó Lo que sucede después. Nora Ephron practicaba en su vida algo que creo que es muy sano: reírse de sí misma; convertir en humor las desgracias de la vida. Su propia experiencia vital se convierte en material literario. En ambos libros recoge anécdotas de su trayectoria laboral, de la familia, de sus amores, de sus amistades, de sus gustos culinarios… y por muy dramáticos que sean algunos de estos pedazos cotidianos al final es capaz de que el lector puede dejar asomar una sonrisa e incluso una risa. Siempre se dice que en la mejor comedia hay dolor.

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10 razones para amar El rey pescador (The fisher king, 1991) de Terry Gilliam

El rey pescador. Parry y Jack, la historia de una amistad.

Razón número 1: Jack y Parry, la historia de una amistad

Curiosamente el indomable y antisistema Terry Gilliam, el artista loco y rebelde, llevó a cabo su primera película de encargo y voló muy alto. Un gran estudio puso en sus manos el guion de un tal Richard LaGravanese y los dos formaron un gran equipo creativo. El dúo supo torear a los mandamases del estudio y levantar una película inolvidable. Desde el momento en que la vi por primera vez me marcó y ya no me abandonó jamás. El carisma de sus dos protagonistas, un Jeff Bridges arrollador y un Robin Williams sin cortapisas, envuelve de un halo especial a El rey pescador.

El personaje de Williams es cómico pero desde el dolor más absoluto. Y el de Bridges es un rey destronado, que cae en el pozo del fracaso. Este último consigue dar vida a un personaje absolutamente imperfecto, egocéntrico e irresponsable. Un hombre que solo se quiere a sí mismo, incapaz de tener empatía hacia el otro. El actor le desnuda por completo y hace que surja toda su vulnerabilidad en su caída a los infiernos de la depresión y la culpa.

La desgracia une a estos dos personajes y cada uno puede ser la salvación del otro a su manera. Jack es un locutor de éxito que de la noche a la mañana ve que su mundo se derrumba cuando uno de sus radioyentes, influenciado por sus palabras, entra en un local de moda y dispara a los clientes para después pegarse un tiro. Y Parry era uno de los clientes que cenaba esa noche con su esposa y ve cómo su vida en un segundo se derrumba.

Lo realmente hermoso es cómo se va construyendo una amistad entre dos hombres que nunca se hubiesen encontrado, pero que en el dolor y la desesperación se echan una mano.

Los símbolos de su amistad son ese Santo Grial que quiere robar Parry de la casa de un millonario, que habita en un castillo en Nueva York. Ese Santo Grial que puede salvarles y que escenifica su amistad. Jack se convertirá en caballero andante para conseguir esa copa, porque quiere que su amigo reaccione y despierte de su locura.

Y Pinocho, ese niño de madera que quiere ser real. Personaje al que Jack nombra cuando habla con Edwin. Una vez Jack está hundido y a punto de suicidarse, recibe de un niño rico un muñeco de madera y con él va a todas partes. De hecho, el muñeco acabará en el sotano donde vive Parry. Ellos son como marionetas en un mundo horrible que tratan de despertar de una pesadilla y convertirse en hombres reales que se enfrentan a lo que la vida les depara.

Jack y Parry son finalmente dos amigos que se tumban desnudos en Central Park a contarse historias, mirar las estrellas y ver en el cielo los fuegos artificiales.

Razón número 2: Anne y Lydia, las compañeras de vida

Anne y Lydia son las compañeras de vida de Jack y Parry, dos hombres rotos. Pero ellas ahí están, sosteniéndoles en sus peores momentos. Anne es la mujer fuerte, desmedida y exuberante. Optimista por naturaleza se enamora del Jack más depresivo sin pedirle nada a cambio, simplemente lo ama. Mercedes Ruehl no decae nunca, ni cuando la abandonan y la rompen el corazón. Ella tiene claro que no está en la vida para ser una víctima. Ella sirve para dar la mano y proteger a los que quiere. Anne puede llevar su negocio ella sola, tiene las riendas de su vida y no necesita para nada a Jack… Pero lo quiere y desea un proyecto de vida común, pero nunca impone.

Lydia es la mujer torpe, invisible e insignificante, pero de pronto es amada por Parry. Él la ve, sabe todas sus vulnerabilidades, sus hábitos y manías. Y solo la quiere a ella. Entonces Lydia responde y se convierte en la mejor compañera posible, la que cuida y protege. Ella corresponde a ese amor en el que ha creído y no abandona a un Parry catatónico en un centro de salud mental.

Las dos no necesitan caballeros que las salven, sino que son compañeras de vidas en los momentos buenos y malos. De hecho, ambas protagonizan un momento en el que demuestran que son mujeres fuertes, que no necesitan a nadie a su lado, y que pueden morirse de la risa juntas y cómplices. Lydia va a casa de Anne para que esta le haga una uñas de fantasía y ahí surge la complicidad entre ambas.

Razón número 3: La belleza en la basura

Uno de los momentos más hermosos de El rey pescador es cuando los cuatro protagonistas se dirigen a un restaurante chino a cenar. Es la primera vez que Parry y Lydia se hablan. Los dos están nerviosos e inseguros. De pronto, ante unas palabras de ella, en las que se está menospreciando y también lo que hace cada día (trabaja en una editorial de novelas rosas), Parry le dice que en el romanticismo no hay basura y le entrega un objeto que ha hecho con unos alambres que ha cogido de un cubo en la calle. Parry habla de que también se puede encontrar belleza en la basura.

Así tanto Gilliam como LaGravanese presentan un mundo donde la crueldad existe, donde la injusticia, la enfermedad, el odio y la violencia están presentes. Donde hay seres humanos en los márgenes, invisibles para muchos. Donde la soledad y la locura campan a sus anchas…, pero ahí en ese lodo horrible, surgen puntos de luz. Momentos de felicidad y gente buena que sobrevive o sale adelante como puede.

De esta manera, Terry Gilliam presenta también un Nueva York especial, lleno de espectros, de personas sin hogar o de gente que no escapa de la locura, puentes en los que unos muchachos violentos son capaces de pegar fuego a un sin hogar o dar una tremenda paliza a un hombre desesperado, parques donde alguien pide ayuda y nadie acude, presenta una sociedad imperfecta donde hay una gran brecha social, pero también en ese Nueva York se puede ver la luna desde Central Park o en una estación de tren puede caminar todos los días la mujer amada, tal vez en plena calle se alce un castillo medieval o en un centro de salud mental haya unas sábanas de colores…

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Historias veraniegas (1). Rock Hudson, que me llamas cada día

Rock Hudson, bello y viril, me está intentando transmitir que quiere que le escriba un texto…

Si mayo, como os conté, fue un no parar, lo mismo ha ocurrido en junio y julio. Pero ya tenía ganas de empezar mis historias veraniegas y comienzo con mis vicisitudes, porque durante estos meses me ha perseguido Rock Hudson. Creo que quería un texto. Bien se merece la primera historia veraniega. Para que no digáis que os miento y seáis testigos de que estaba pidiendo a gritos esta historia, os contaré que antes de ayer después de muchos días sin poder ver nada (o no quedarme dormida en el intento), me apeteció descubrir Los pequeños amores de Celia Rico Clavellino.

En esta película, una madre y una hija pasan un verano juntas en una casa de campo, precisamente por un accidente que tiene la progenitora, que la deja postrada en la cama. Y, bueno, estaba disfrutando a tope de esta preciosa y complicada relación materno-filial, cuando, de repente, una escena me dejó alucinada. La hija, después de una fiesta nocturna, pasa por el pueblo y se topa con un cine de verano con una pantalla gigante. ¿Quién está ahí? Rock Hudson bailando como si se le fuese la vida, como si no hubiese un mañana, junto a Gina Lollobrigida en Cuando llegue septiembre (1961) de Robert Mulligan. Es más, de pronto, cae una tormenta… y toda la gente del pueblo sale por patas. Y ahí se queda Rock, bailando, en la soledad de la pantalla, bajo la lluvia.

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Redescubriendo clásicos (6). Matrimonio de conveniencia (Green Card, 1990) de Peter Weir / La muerte y la doncella (Death and the Maiden, 1994) de Roman Polanski

Matrimonio de conveniencia y La muerte y la doncella; sí, hay películas de los años noventa que fui a ver al cine y desde ese momento me han acompañado toda la vida, aunque muchos años después no haya podido volver a adentrarme en ellas. Últimamente he tenido la oportunidad de disfrutar de nuevo de ellas y comprobar además que han vuelto a entusiasmarme. Curiosamente, no son las más recordadas de las filmografías de ambos realizadores, tanto de Weir como de Polanski, pero se quedaron para siempre en mi cabeza.

La primera está dentro de ese género tan denostado, pero que yo reivindico, y una de sus épocas doradas: la comedia romántica moderna. El boom llegó definitivamente con Hechizo de luna y, sobre todo, Cuando Harry encontró a Sally. Peter Weir deleitó con una comedia romántica muy especial.

La segunda es una adaptación de una obra de teatro y profundiza en la naturaleza humana más oscura y en las relaciones de poder extremas. A mi parecer es una de las joyas de la filmografía de Polanski.

Por último, las dos películas, Matrimonio de conveniencia y La muerte y la doncella, sirven también para debatir sobre un tema extremadamente interesante y complejo: la obra creativa y sus creadores. ¿En qué sentido? ¿El comportamiento, pensamientos, ideología, acciones de un creador invalidan su obra? No es un tema nada fácil. El actor Gérard Depardieu y Roman Polanski son dos artistas que han generado durante años kilómetros de informaciones controvertidas alrededor de su vida privada, que ha provocado un alejamiento del análisis y percepción de su obra como intérprete y director.

Matrimonio de conveniencia (Green Card, 1990) de Peter Weir

Dedicado especialmente a Tren de sombras

Matrimonio de conveniencia es una comedia romántica de los noventa que pide a gritos una reivindicación.

La estructura de Matrimonio de conveniencia es una delicia. La historia transcurre en la ciudad de Nueva York, pero el leitmotiv que une a los dos personajes es África. Los títulos de crédito arrancan con un poderoso solo de percusión de un joven afroamericano con un cubo de pintura y unas baquetas en el metro. Es la llamada a dejarse llevar por impulsos humanos, poderosos e inevitables. La protagonista escucha esa llamada mientras compra una flor en un puesto lleno de colores naturales. Brontë (Andie MacDowell) se sube al tren y acude a una cita que cambiará su vida: se dirige al café Afrika. Allí ha quedado con un amigo para celebrar un matrimonio por conveniencia con George Faurè (Gérard Depardieu), un inmigrante francés.

Los motivos para este matrimonio de conveniencia obviamente son muy diferentes. Ella necesita un certificado matrimonial para que los conservadores propietarios le concedan el alquiler de un ático de ensueño con un invernadero y una terraza que le permiten el cuidado de plantas y flores, su pasión y profesión. Él quiere emprender una nueva vida en Nueva York y necesita cuanto antes el permiso de residencia. Formalizan el matrimonio para no verse nunca más, solo les interesa el papel. Obviamente no será así: una inspección de dos funcionarios del departamento de inmigración les unirá de nuevo durante un fin de semana para prepararse una entrevista y demostrar que no están juntos por conveniencia. Esta preciosa comedia romántica está servida.

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Prisioneros del bucle. Treinta años de Atrapado en el tiempo y otros días de la marmota (Applehead Team, 2023) de Santiago Alonso e Isabel Sánchez

Prisioneros del bucle es un ensayo sobre la influencia de Atrapado en el tiempo treinta años después de su estreno.

Los procesos creativos hasta que una idea va adquiriendo forma son apasionantes, con curvas, giros, obstáculos, tensiones, magia, descubrimientos, conocimientos y casualidades… Ya estamos en la fase final y preparados para anunciar la aparición de un nuevo libro de cine: Prisioneros del bucle. De hecho, si me atrevo a escribir sobre ello, es porque ya se puede ir encargando en la página de la editorial: luego, ya es una realidad cercana. La elaboración de un libro está lleno de momentos, ideas y detalles que ir cuidando, porque el objetivo final es compartir con los lectores aquello que nos apasiona.

Un instante clave en el proceso es la elaboración del texto de contraportada, porque ahí es donde puedes intentar captar el alma del libro para atraer, como el canto de la sirena, a posibles futuros lectores. Ahí va el nuestro:

«Atrapado en el tiempo (Groundhog Day, 1993), de Harold Ramis, un renovador capital de la comedia estadounidense de los años setenta y ochenta, ha cumplido treinta años. El largo invierno de Phil Connors, el protagonista de esta historia, continúa seduciendo e intrigando a los espectadores. La película se ha convertido, tal y como quería el guionista Danny Rubin, en todo un clásico. También es uno de los trabajos más recordados, si no el que más, de su pareja protagonista, Bill Murray y Andie MacDowell.

Además de aportar un análisis crítico del largometraje, el ensayo Prisioneros del bucle señala su importancia en el género de la comedia romántica y los ingredientes que emplea de la ciencia ficción. También qué papel tuvieron el guionista, el director y el actor principal en el proceso de creación o las diferentes interpretaciones que ha generado. Todas estas son alguna de las razones por las que la cinta se ha granjeado tan alta consideración y mantiene su frescura.

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Día de muertos. La muerte como la gran protagonista en el cine

La muerte como personaje principal en las películas.

¿Por qué solo ver películas de terror durante estos días? Las palabras que acompañan estos días festivos son variados: Halloween, Todos los Santos, Noche de difuntos, Noche de brujas, Día de muertos… Las influencias, historias y orígenes de esta celebración son varios.

Sin embargo, la fiesta norteamericana (con sus dosis para activar el comercio) y, en concreto, la mitología cinéfila alrededor del evento, sobre todo con la saga Halloween, cuya primera entrega fue en el año 1978, son las que al final han determinado que sean días para ver películas de terror de todo tipo. La «culpa» de ir asociando estos días con este tipo de cine la tiene John Carpenter.

Sin embargo, la gran protagonista de esta festividad es sin duda la muerte, y como tal ha sido personaje de numerosas películas. En una conferencia que impartí en 2017 sobre La muerte como personaje cinematográfico elaboré un ciclo particular de películas para analizar el tema. Rescato alguna de ellas para elaborar un viaje especial para disfrutar de otra manera el día de muertos. Una primera parada ineludible es Las tres luces (1921) de Fritz Lang.

La película fluctúa entre el realismo y la fantasía. Uno de sus personajes principales es la muerte (con el rostro anguloso de Bernhard Goetzke, cuyos papeles más famosos los desarrolló durante el periodo mudo y al lado de Lang) que ya está cansada de ser odiada por la gente, cuando tan solo cumple con su trabajo, tan solo es un intermediario, y lo hace con desgana. La muerte llega a una pequeña localidad, compra un terreno y construye un enorme muro.

Una joven le pide una oportunidad, pues su novio ha fallecido. Cuando esta llega al reino de la muerte, al otro lado del muro que ha construido, descubre que cada ser humano está representado por una vela que va consumiéndose. La muerte le muestra tres velas y le dice a la muchacha que debe conseguir que una de las tres no se apague… Y entonces empiezan tres historias, que transcurren en diversos lugares y épocas (una en Arabia, otra en la Italia renacentista, y la última en China), donde los protagonistas no pueden amarse tranquilos. Y se refleja además el enfrentamiento entre la joven y la muerte para que se apague o no la vida del hombre amado.

La muerte es un personaje trágico e incomprendido, cosecha terror con tan solo su presencia (nadie quiere morir a pesar de las penalidades y el sufrimiento que ofrece la vida), pero tan solo es un intermediario. No sabe e ignora el estado superior al que van a parar aquellos que sobrepasan el umbral. El amor no vence a la muerte, pues el destino de cada uno es inevitable, pero sí sobrevive a ella. El amor terrenal pasa a ser eterno, más allá de la muerte. Y deja un final poético y bello para los amantes.

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Gaza, mon amour (Gaza mon amour, 2020) de Mohammed Abou Nasser, Ahmad Abou Nasser

En Gaza, una historia de amor entre un pescador y una costurera.

Los hermanos gemelos Nasser cuentan con su cámara un pequeño cuento, una fábula sobre el amor que transcurre en la franja de Gaza. Así logran otra manera de reflejar la realidad palestina. Ellos se centran en la gente y su día a día. En las personas que a pesar de las condiciones inhumanas en las que viven tratan de sentir, amar, vivir, superar los obstáculos diarios, ilusionarse, tener esperanza, disfrutar de los pequeños momentos…, aunque intenten arrebatárselos continuamente.

Su protagonista es un pescador soltero enamorado de una viuda costurera. Ambos rondan los sesenta años. Y los dos, rodeados de un mundo lleno de dificultades, se ilusionan por vivir un romance otoñal. Issa (Salim Dau), el pescador, se enamora como un adolescente. Para él Siham (Hiam Abbass) es la mujer de sus sueños. Con una inocencia, timidez y ternura infinitas trata de conquistar a la dama.

Y entre medias de su lenta y pausada historia, Issa atrapa en sus redes una hermosa estatua fálica de Apolo. Aunque esta misteriosa pieza le mete en muchos líos, parece como si tuviese un influjo mágico en su vida. La llamada del amor no puede esperar más. Los realizadores se inspiraron para esta parte de la trama en una historia real a principios del siglo XXI: realmente hubo una estatua que fue rescatada del mar.

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