Alrededor de Por todo lo alto (En fanfare, 2024) de Emmanuel Courcol

Por todo lo alto. Dos hermanos van construyendo un vínculo a través de la música.

Por todo lo alto fui a verla en una sala de cine y me sorprendí cuando llegando a los minutos finales, no pude evitar llorar de emoción. Me pregunté entonces qué había provocado esas lágrimas, qué es lo que me había gustado de esa película.

Por todo lo alto podría hacer una sesión doble con la anterior película de su director Emmanuel Courcol, El triunfo. En esta última contaba la historia de un actor en paro que dirige un taller de teatro en un centro penitenciario y prepara con los internos Esperando a Godot de Samuel Beckett. La película partía de un hecho real. Por todo lo alto cuenta la historia de ficción sobre dos hermanos que no se conocen y se encuentran en unas determinadas circunstancias. Uno de ellos es un famoso director de orquesta y el otro toca el trombón en una banda de música en la localidad obrera donde vive. El director de orquesta ha tenido todas las oportunidades posibles para llegar con esfuerzo a donde está; su hermano, igual de virtuoso para la música, no ha podido desarrollar su talento.

En las dos películas está en la producción un director al que aprecio, Robert Guédiguian, que tiene sobre sus espaldas una filmografía social y política de películas que me han marcado como Marius y Jeannette o Las nieves del Kilimanjaro. Así que estas dos películas de Courcol van un poco más allá de ser tan solo un feel good, ese término que sirve para nombrar producciones de buenos sentimientos que terminan de manera optimista y alegre, como podría ser Intocable (por seguir con el cine francés). Las dos tienen más detalles y matices, además de plantear reflexiones y tesis sobre el mundo en el que vivimos.

Algunas feel good,que no voy a mentir también me enganchan, es cierto que en ocasiones son una especie de «limpiadores de conciencia» para espectadores que no tienen o no viven los problemas reflejados con un trasfondo «de no pienses que el mundo no es bello a pesar de los pesares, todo tiene solución con los buenos sentimientos», sin reflexionar sobre los motivos de las injusticias sociales y cayendo a veces en todos los tópicos.

Las historias de Emmanuel Courcol tratan de plantearse ciertos asuntos, de remover, de crear un cine social con toques de tragicomedia, que llegue a mucha gente (no es de extrañar que en 2024, en el festival de San Sebastián, Por todo lo alto se alzara con el premio del público). Expone, no acaba con una historia de «y comieron perdices», sino con una de «y siguieron luchando»… Además muestra la capacidad de la cultura, tanto la música como el teatro, para remover, transformar, mirar, como punto de encuentro y reunión y para entender la realidad que nos rodea.

De hecho, las películas de Courcol entroncan con el cine social británico que también emplea la tragicomedia para contar sus historias. Curiosamente, El triunfo podría perfectamente proyectarse junto a Lucky Break de Peter Cattaneo. Y Por todo lo alto hace un buen dúo con la maravillosa Tocando el viento de Mark Herman.

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Supervivientes en el mar. Náufragos (Lifeboat, 1944) de Alfred Hitchcock / El mar no perdona (Seven waves away, 1957) de Richard Sale

Dos barcos hundidos y los supervivientes a la deriva en un bote salvavidas. Dos maneras de presentar las desgracias y las dinámicas de dos grupos de seres humanos que hacen lo que pueden por salvar la vida. La primera es de las obras más originales del maestro del suspense, con fondo bélico y toques de cine de propaganda en plena Segunda Guerra Mundial. La segunda es un drama contundente, una película que plantea distintos y complejos dilemas morales sobre decisiones que tomar para poder sobrevivir, decisiones al borde de la muerte.

Náufragos (Lifeboat, 1944) de Alfred Hitchcock

Supervivientes a la deriva. En Náufragos, el grupo frente al nazi…

Un barco es torpedeado por un submarino alemán que también a su vez ha sido destruido. En una barca salvavidas van subiendo los supervivientes: una periodista, una enfermera, una mujer con su bebé muerto y varios hombres civiles o que forman parte del personal del barco con distintos cargos (uno de máquinas, un marinero herido, un mayordomo, un operador de radio, un empresario naval…). En el último momento, rescatan a un alemán que ha sobrevivido del submarino. Las distintas posturas respecto al prisionero van creando las tensiones en el grupo, además tienen que luchar juntos por su supervivencia.

En Náufragos es evidente cómo el alemán no solo es el que crea la tensión y división en el grupo, sino que también sabrá ir manipulando a los supervivientes y llevándolos a su terreno. Es el único además que esconde utensilios tan útiles para la supervivencia como una brújula. También se hace valer y es fuerte dentro del grupo, pues muestra no solo que no desfallece (luego se sabrán los motivos), sino que tiene conocimientos médicos y también de navegación. Va ganándose adeptos, mientras que otros no terminan de fiarse nunca de él.

En un momento dado, arrastrando varias vicisitudes, mal tiempo, debilidad física y mental del grupo, parece que el alemán no solo va a convertirse en líder, sino que les dirige directos a un destino de lo más negro.

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10 razones para amar Desaparecido (Missing, 1982) de Costa-Gavras

Uno de los motivos para amar Missing: Jack Lemmon y Sissy Spacek.

Razón número 1: Basada en hechos reales

Missing empieza y termina con una voz en off objetiva y distante. Primero informa de que es una película basada en hechos reales recientes, explica que hay algunos nombres cambiados y no se especifica cuál es el país donde transcurren los hechos, aunque sí se nombra posteriormente Santiago y Viña del Mar, por tanto no es difícil situarla en Chile, durante el golpe de Estado y los días posteriores. Es decir la odisea de los protagonistas arranca el 11 de septiembre de 1973.

Al final de la película esa voz surge de nuevo ante una imagen impactante de un ataúd deslizándose por la rampa de un avión, y da un carácter más sombrío a la historia. Más cuando la última frase que se ha escuchado del personaje de Jack Lemmon va dirigida al enlace de la embajada americana en Chile y le suelta que se alegra de vivir en un país donde se juzga a tipos como ellos. La voz en off informa de que esto no será así y que no se esclarecerán los hechos ni se juzgará tan pronto a nadie.

Si uno lee atentamente los créditos finales también se fija que la película adapta un libro del periodista Thomas Hauser, que entró en el panorama editorial en 1978 con The Execution of Charles Horman. An American Sacrifice. Luego el realizador franco-griego Costa-Gavras para su debut americano moldea un material sensible que en su momento y en la actualidad todavía remueve (el último juicio referente a los hechos relatados en la película se celebró en 2012). No pasó ni pasa desapercibida, y menos en los nuevos tiempos oscuros que corren.

Así Missing trata sobre las vicisitudes que pasaron Ed Horman y su nuera Joyce para localizar a su hijo y marido, Charles Horman, uno de los desaparecidos en la dictadura chilena. El motivo: Horman era un joven periodista norteamericano que colaboraba en medios progresistas y alternativos y tanto la película como la investigación en la que se apoya apuntan que fue asesinado para ocultar la participación estadounidense en el golpe de Estado. Charles Horman tenía esa información, pues contactó casualmente con militares americanos en Viña del Mar justo en el momento del golpe, y estos compartieron alegremente información con Horman por el mero hecho de que era americano… Y no fue el único americano desaparecido o asesinado, junto a miles y miles de chilenos, la obra de Costa-Gavras refleja también el paradero de otro compañero de Horman, Frank Teruggi.

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Extrañas amistades. La favorita (The favourite, 2018) de Yorgos Lanthimos / Green book (Green book, 2018) de Peter Farrelly

La favorita (The favourite, 2018) de Yorgos Lanthimos

La favorita

Ana y Sarah, una relación cómplice en La favorita.

Una mezcla entre Amistades peligrosas más feroz y cruel, con intimidades decadentes en la corte a lo María Antonieta y una Eva al desnudo hasta las últimas consecuencias. Ese es el cóctel explosivo de La favorita, donde el director griego Yorgos Lanthimos vuelve a reflexionar, con su pesimismo a cuestas, sobre las relaciones humanas y de poder. La huella del director sigue latente no solo en los temas que le obsesionan, sino en la creación de un universo especial, raro, extraño y vivo que se desarrolla en interiores determinados y cerrados. El exterior siempre es un espacio de libertad, pero también un terreno desconocido donde se oculta la amenaza o una realidad que no se alcanza. Esta vez casi todo transcurre en el interior de un palacio, donde sus personajes se mueven de manera peculiar por sus distintos aposentos, salas, pasillos, patios y ventanas. Esa es otra de las características de su cine, servirse del cuerpo de sus actores para construir su manera de contar. Cómo se mueven, se desenvuelven, se cruzan, se alejan, se mezclan, se tocan, bailan… y esa sensación de extrañeza que dejan.

Esta vez el realizador Yorgos Lanthimos para crear su mundo de fábula y farsa cruel no solo se aleja de lo contemporáneo, sino que se sirve de un momento histórico y una corte real de finales del siglo XVII principios del XVIII. Así la película transcurre durante el reinado de Ana Estuardo, una reina inestable en lo emocional y físicamente enferma de vida turbulenta. Durante su mandato, en una época de guerras e inestabilidades políticas, la reina tenía un vínculo de amistad con Sarah Churchill, mujer con ambiciones políticas, y parece ser que su relación se deterioró cuando llegó a palacio su prima, Abigail Masham. Y aquí se encuentra la otra baza gozosa de La favorita, la elección de tres intérpretes para la creación de este triángulo despiadado. Y su entrega es total. Como una Ana Estuardo, patética y trágica, Olivia Colman. Para una Sarah, fría, animal político, pero sincera en sus afectos (aunque también se guía por sus ambiciones) hacia Ana, una bella Rachel Weisz (hasta con una cicatriz en mitad de la cara y un encaje para taparlo). Y para una Abigail que lucha por volver a encontrar su sitio, capaz de todo por el ascenso social, pero con un rostro amable y cálido, Emma Stone.

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Negación (Denial, 2016) de Mick Jackson

Negación

Negación es una película que plantea varios temas interesantes. Es una película solo correcta en lo formal (aunque bien resuelta), pero es su contenido lo que da valor a esta propuesta cinematográfica (además de contar con una serie de actores con carisma que construyen sus personajes y les proporcionan matices: Tom Wilkinson, Timothy Spall, Rachel Weisz y Andrew Scott). Lo primero, da importancia a la Historia y a lo difícil que resulta ser un buen historiador. Da valor a esas profesiones, como filósofo o historiador, que cada vez se quieren relegar más o despojarlas de su importancia y utilidad (no hay más que ver cómo sufren estas asignaturas en los planes de estudios… junto a la literatura, las lenguas ¿muertas?… etcétera). Segundo, expresa para qué sirve el debate, inteligente y bien construido, con bases serias… Si no es así el debate no se convierte en algo constructivo, sino en algo inútil (y es una postura válida el silencio ante ciertas personas). Tercero, el empleo de algunas personas de los medios de comunicación como escenario de vodévil (y por otra parte cómo ese uso está establecido también por los distintos formatos) y cómo los mensajes lanzados pueden hacer mucho daño en la construcción de un discurso. Cuarto, un punto complejo y polémico: devolver la confianza de ciertas profesiones donde las malas prácticas de algunos se generalizan a toda la profesión y a todos los que se dedican a ello (dígase: abogados, periodistas, políticos, profesores… y un largo etcétera). Es decir, la política se puede hacer bien; se puede actuar bien en los tribunales; se puede hacer buen periodismo… y ahora mismo hay buenos profesionales intentándolo día a día aunque las estructuras creadas lo pongan muy difícil o se encuentren con todo tipo de obstáculos. Denigrar continuamente estas profesiones o no confiar en que puedan llevarse correctamente no es bueno para la sociedad. El secreto también está en conseguir formar, con las estructuras adecuadas, a buenos profesionales, y en dar a conocer buenas prácticas reales (igual que se conocen las malas). Y quinto, y quizá lo más interesante (sobre lo que realmente trata la película), el tratamiento de la libertad de expresión: una cosa es expresarse libremente y otra muy distinta es mentir para dar validez a lo que se piensa…

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Jesús (Jesús, 2016) de Fernando Guzzoni

Jesús

Jesús parte de una historia real, el caso Zamudio, que conmocionó a la opinión pública chilena. El 2 de marzo de 2012 cuatro jóvenes atacaron, golpearon y torturaron a Daniel Zamudio, un joven homosexual, en el Parque San Borja en Santiago de Chile y le abandonaron en estado de coma. Pero como últimamente pasa con la cinematografía que viene de Chile, su director y guionista Fernando Guzzoni ofrece una mirada, un punto de vista, que incomoda, que hace reflexionar y que es muy compleja. Lo que une a toda una generación de cineastas chilenos muy distintos en sus trayectorias es atreverse con miradas y puntos de vista que inquietan, remueven y golpean. Miradas que ofrecen otras perspectivas de la realidad. Y Fernando Guzzoni tiene esa mirada. Ya golpeó en su primer largometraje, Carne de perro, donde se metía en el mundo interior de un extorturador con ataques de ansiedad. Y ahora en Jesús su cámara se pone en el lado más incómodo y vomita una realidad más difícil de “leer”, comprender e interpretar.

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