Nuevo libro: Cuando la devastación nos alcanza. Un recorrido por el cine de catástrofes (Applehead Team, 2026)

Huracán, un melodrama maravilloso de John M Stahl con catástrofe de fondo, ha sido uno de los más bellos descubrimientos que he tenido para la elaboración del capítulo que me correspondía.

Muy feliz de anunciaros un libro colectivo donde servidora escribe un capítulo. Esta nueva publicación es un recorrido breve, pero de lo más intenso, a un género que ha dejado una filmografía de lo más extensa, sobre todo en Hollywood. Y que a su manera cuenta también una historia muy especial del cine y es un reflejo también de la época en que se rodaron.

El libro en tapa dura tiene una sencilla estructura: entre el prólogo y el epílogo de Santiago Alonso (coordinador y editor del libro), donde explica los códigos del género, cuatro capítulos de distintos autores con un bagaje cinematográfico variado: Raúl Álvarez, Yago Paris, Álvaro Peña y la que escribe estas líneas.

En ese recorrido que anuncia el subtítulo, cada capítulo se centra en una época determinada. No hay más que leer los títulos para saber lo que se encuentra en el interior de cada uno. El primero, Desastre y caos, más allá del espectáculo. Antecedentes del género de catástrofes en Hollywood. El segundo, Hollywood ha muerto, ¡viva el cine de catástrofes! La edad de oro. El tercero, La década bisagra. El cine de catástrofes estadounidense de los años noventa. Y, por último, el cuarto, Temblores digitales en la zona cero. El cine de catástrofes después del 11-S.

Como bien se explica en la contraportada del libro, «la sala de cine siempre ha sido un espacio seguro donde podemos enfrentarnos a nuestros miedos, porque nos sabemos a salvo, e incluso nos permitimos disfrutar de ellos. Pocas categorías de películas se ajustan tanto a este hecho como las que cuentan grandes desastres sin escatimar en esplendorosos detalles y medios para plasmarlos, elevando el catastrofismo a la categoría de bella arte.

Cuando la devastación nos alcanza repasa cómo se ha conjugado destrozo, miedo y supervivencia desde los inicios del cine hasta la actualidad, principalmente en Hollywood, ya que ha sido la industria con más capacidad para crear asombrosas imágenes de volcanes en erupción, terremotos que derrumban edificios, aviones de pasajeros en peligro, océanos que arrasan ciudades y demás tragedias colectivas provocadas por el planeta Tierra, la acción del hombre o una combinación letal de ambos».

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Cien años de Marilyn Monroe (I). Río sin retorno (River of no return, 1954) de Otto Preminger / El multimillonario (Let’s make love, 1960) de George Cukor

Marilyn Monroe es una vieja amiga de El blog de Hildy Johnson, por eso se merece un buen cumpleaños. La actriz ha aparecido en varias ocasiones por el blog por distintos motivos: un libro, una exposición, un documental o película sobre ella, una reflexión… Y es que servidora siempre ha tenido gran cariño a la actriz desde que de pequeña adquirió en un quiosco una cinta con una recopilación de sus canciones. Con los años el análisis y el estudio de la vida y obra de esta actriz, de la representación de su persona en distintos ámbitos, de cómo ha sido objeto de arte, de literatura, de ensayos, de exposiciones y todo tipo de merchandising han llamado mi atención.

Por eso, antes de empezar esta serie, creo importante explicar qué pretendo con esta pequeña serie de artículos. Lo que deseo es realizar varias sesiones dobles y analizar el legado cinematográfico de Marilyn Monroe como actriz. Muchas veces se ha escrito sobre ella, su figura, su vida, lo que significa, etcétera, pero habitualmente se olvidan sus películas y su trabajo como intérprete. ¿Qué es lo que se ve en sus películas? ¿Aguantan un visionado actualmente? ¿Cómo analizarlas y entender su magnetismo? ¿Dónde radica su magia? Así que será un placer indagar y ver a qué conclusiones llegamos en estas sesiones dobles, donde también veremos algunos aspectos de su vida, siempre que tengan que ver con la película que analicemos.

Río sin retorno (River of no return, 1954) de Otto Preminger

Marilyn Monroe y Robert Mitchum se conocieron cuando aún no eran estrellas sino Norma Jean y un Robert rebelde que todavía no sabía que iba a ser actor.

Si hay algo que se ha difundido es que Marilyn no tuvo una carrera versátil y se la encasilló en un único rol, rubia tonta de buen corazón. Incluso en ese rol, en esas rubias de buen corazón, sus personajes mostraban peculiaridades que hacían que ninguna fuese igual. Pero Marilyn mostró en varias ocasiones que podría haber sido una actriz mucho más versátil capaz de llevar a cabo todo tipo de roles. Y precisamente luchaba por ello, por ser considerada una actriz, no solo una estrella con sex appeal, no solo una modelo convertida en actriz, no solo una pin up con la que soñar.

En Río sin retorno, Marilyn es Kay, una cantante de Saloon. Kay es una muchacha fuerte y curtida que solo trata de salir adelante en un mundo hostil y masculino.

Marilyn Monroe con su blusa y vaqueros ceñidos se convierte en aventurera y protagonista de un western de Otto Preminger. Su personaje no es una rubia tonta de buen corazón. Es una mujer fuerte, comprensiva, que trata de sobrevivir y de entender a todos los que la rodean, incluso a esa pareja que tiene, un jugador de poca monta que está desesperado por vivir bien y que claramente la utiliza.

Kay quiere prosperar y tener una vida sin sobresaltos. No la asusta trabajar en lo que sea. Es una chica de Saloon que va con sus zapatos rojos allá donde haya un escenario, un público y una canción que cantar. No tiene suerte en el amor, pero lo intenta.

Se cruzan en su camino un padre y un hijo con los que tendrá que emprender toda una odisea. El trayecto no será fácil por muchos motivos: su prometido, el jugador, no se lo pone nada fácil y no hace más que meter la pata; el padre del niño busca venganza por lo que el jugador les hace; tienen que huir de los indios y también de otros vaqueros indeseables; y la relación con el padre del niño no es fácil y viven momentos muy tensos.

La película es una rareza por varios motivos. Ninguno de los implicados estaban muy motivados por esta película meramente de encargo. Para Preminger fue un reto técnico, además es el único western de su filmografía. Era la primera vez que Marilyn protagonizaba una película de dicho género. Y para Robert Mitchum, como muchas veces en su carrera, era un puro trámite para poder vivir bien.

Esta película buscaba rentabilizar el lanzamiento de un progreso técnico, el famoso Cinemascope, un nuevo sistema de filmación y proyección que permitía ampliar la pantalla en grandes dimensiones. La horizontalidad de la imagen lograba sacar partido de los paisajes y en películas de aventuras, como esta, era todo mucho más espectacular. Esto daba más motivos al público para acudir al cine y disfrutar de un formato que la televisión, que ya ocupaba todos los hogares, no ofrecía.

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Viva el amor al cine. Nouvelle Vague (Nouvelle Vague, 2025) de Richard Linklater / Al final de la escapada (A bout de souffle, 1960) de Jean Luc Godard

En Nouvelle Vague, rodaje de la muerte del personaje de Michel.

Una de las experiencias más gozosas que he tenido últimamente en una sala de cine ha sido ir a ver Nouvelle Vague de Richard Linklater. En ningún momento se me quitó la sonrisa de la boca ante la recreación, según Linklater, del rodaje de Al final de la escapada. La sensación de modernidad, libertad creativa, improvisación e infinito amor al cine se esconden en esos fotogramas vitales.

Un Godard con sus gafas de sol y la seguridad de querer rodar y saltarse todo, pero a la vez amando el medio de expresión elegido y lo que hace. Y un equipo entregado a la causa, aunque no entiendan que están rodando una película que aún vista hoy continua siendo rupturista y un canto de amor al cine.

Después de disfrutar de cada secuencia y cada personaje que iba apareciendo en la pantalla, me fui a casa y no pude evitar ponerme enseguida Al final de la escapada, experiencia que siempre he gozado, pero esta vez la vi además con un cariño infinito. Y me imaginaba el buen rollo entre Jean Paul Belmondo y Jean Seberg o a Raoul Coutard, el director de fotografía, dentro de esa caja rodando encima de una bicicleta por las calles de París.

También Richard Linklater este año me ha hecho feliz con una preciosa sesión doble que ha filmado. Antes de Nouvelle Vague, me encerré en el Sardi con el letrista Lorenz Hart, que hizo un tándem creativo con Richard Rodgers, en Blue Moon. Otro universo especial de artista atormentado, pero que sus canciones habitan todavía en un montón de fotogramas. Las dos películas se ven con gusto y apetece volver a visitarlas. Son un homenaje a los artistas, sus obras y sus maneras de enfrentarse a la vida.

Estar en una sala de cine con Nouvelle Vague en pantalla grande y luego encerrarse en el salón de casa y ver pasar Al final de la escapada es ser testigo de un precioso diálogo entre dos largometrajes. Richard Linklater recrea ese rodaje como un canto de amor al cine y Al final de la escapada es una película que refleja un momento concreto de la historia del cine y que aún hoy sigue siendo fresca, original y rompedora.

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Dos artistas que dan personalidad a una época. Eloy de la Iglesia. Adicto al cine (2025) de Gaizka Urresti / Flores para Antonio (2025) de Elena Molina e Isaki Lacuesta

El cine documental puede, entre otras cosas, descubrirnos a nosotros mismos y el mundo que nos rodea. Puede ser la lectura o la mirada de un periodo de la historia de un país. Esa mirada o recuperación de un pasado a través de las imágenes revela algunas claves para entender aquello que vivimos. Son puntos de vista, reflexiones y caminos para entender un momento. Yo pertenezco a esa generación que vivió su infancia a finales de los setenta y los ochenta y la adolescencia y parte de su juventud en los noventa. Aquellos años, ahora que avanza y avanza el siglo XXI, se están empezando desde la distancia a leer, analizar y reflexionar en imágenes.

Esas lecturas a un periodo pueden ser a través de sus artistas o de un espacio en concreto. Se acaban de estrenar tres documentales que reflejan aquellos años, precisamente, a través de un cineasta, un compositor y cantante y una sala de conciertos.

Eloy de la Iglesia fue un director de cine que a través de su vida y sus películas, adoradas por el público, puso en evidencia cómo el cine también podía reflejar el espíritu de una época convulsa. No solo eso, sino que también reflejaba la vinculación tan fuerte que existía entre la obra del artista y su propia vida. De la Iglesia fue uno de los artífices de un género muy especial y popular en su momento, el cine quinqui.

El otro protagonista es Antonio Flores, alma de un documental que es una carta de amor de su hija Alba a su padre. Alba se quedó huérfana con ocho años y ahora que ha superado la edad en la que murió su padre realiza un precioso ejercicio de tratar de comprender a su progenitor, cómo vivió y por qué falleció, así como valorar su trayectoria artística.

Por último, una sala de música y conciertos en Madrid, templo de la música heavy, se alza como una especie de Edén para una generación que encontró un espacio efímero donde aunar la pasión por la música y un lugar donde sentirse especiales, encontrar amistades y sentirse como en casa: la sala Canciller de Madrid, en la calle Alcalá.

Eloy de la Iglesia. Adicto al cine (2025) de Gaizka Urresti

Uno de los hitos del cine quinqui de Eloy de la Iglesia, Colegas, con Antonio Flores y José Luis Manzano (el primero de la imagen a la izquierda). Dos documentales que dialogan entre sí.

El director vasco Eloy de la Iglesia fue capaz de dirigir un cine tremendamente popular que hacía que el público acudiese a las salas de cine, pero también mostró el espíritu de una época. Ese periodo de transición hacia una democracia donde toda una generación que había vivido bajo la represión en todas las áreas posibles e imaginables, de pronto, sintió la libertad en toda su plenitud. Sin embargo, este camino también tenía sus senderos amargos, que una vez tomados no tenían vuelta atrás e hizo que muchos cometiesen no pocos errores. Y eso es lo que De la Iglesia expresó al final de su vida, que había intentado ser un hombre libre, pese a que no fue precisamente un camino de rosas.

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Un libro soñado. Tiempo de vivir, tiempo de revivir. Conversaciones con Douglas Sirk de Antonio Drove (Athenaica ediciones, 2024)

Douglas Sirk, un hombre sabio y elegante, es el protagonista de este libro. Antonio Drove juega para el título de su libro con el título de una de las películas más bellas del realizador: Tiempo de amar, tiempo de morir.

Si el nombre de Douglas Sirk está en la portada, este libro va llamar mi atención. Ya lo he dicho en otras ocasiones. De pronto, hay libros con los que conecto irremediablemente. Este lo hace de manera inevitable. El cine de Douglas Sirk ha sido importante para mí. Sus películas son una fuente inagotable de maneras de contar. Su dominio del lenguaje cinematográfico es un deleite. Y cómo a través de un género tan denostado como el melodrama hace una interesante lectura de la vida explica su exquisita y elegante personalidad.

En una de esas librerías con encanto, que tanto me gusta visitar por mi ciudad, la persona que me acompaña me dice que me regala un libro. Veo en la estantería un volumen que ya he perseguido varias veces, que ha vuelto a ser reimpreso, Tiempo de vivir, tiempo de revivir. Conversaciones con Douglas Sirk de Antonio Drove (Athenaica ediciones, 2024), y me digo que esa es una buena oportunidad para conseguirlo.

Es una publicación con mucha historia sobre sus hombros. La primera vez que apareció fue en 1995, financiado por la Comunidad Autónoma de Murcia en coedición con la Filmoteca Regional de Murcia y la Editora Regional de Murcia. El director de cine, Antonio Drove (un gran desconocido para mí), lo publica para que no se pierda en el olvido un trabajo que hizo para Televisión Española a principios de los años ochenta. Grabó una extensa entrevista al director Douglas Sirk en Suiza para ilustrar cada una de las películas que se iban a emitir en un ciclo dedicado al realizador. Una entrevista mítica, que por distintos avatares, no volvió a emitirse e incluso el propio Antonio Drove, tras la publicación del libro, no llegó a tener idea alguna de si todavía existía copia en los archivos de Televisión Española.

Años después, en 2019, vuelve a publicarse. El libro ha tenido distintas ediciones y la última reimpresión de 2024 es la que tengo en mis manos. Leo en la última página, en los agradecimientos del editor, que sí han podido constatar que los capítulos de Directed by Douglas Sirk; es decir, los distintos episodios que recogen la entrevista que grabó Drove, no se han perdido. Ahora sí, por líos burocráticos y entre departamentos, permisos audiovisuales y no sé cuántos inconvenientes, no es posible que sea fácil acceder a dicho material. ¿No sería interesante a partir de toda esta historia y todo el material que se pueda recopilar construir y montar un documental? ¿Es misión posible superar todos los obstáculos?

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Sesión doble de documentales. Made in England. The Films of Powell and Pressburger (2024) de David Hinton / Niños de Las Brisas (2022) de Marianela Maldonado

Made in England. The Films of Powell and Pressburger (2024) de David Hinton

The Archers, dos grandes creadores del material del que están hechos los sueños.

Cuando vi que tenía la posibilidad de ver este documental, mi alegría fue inmensa. Desde hace años el binomio de The Archers, Michael Powell y Emeric Pressburger, solo me ofrece alegrías. Cada película que localizo de ellos es un feliz descubrimiento. Estaba deseando comprobar qué me podía desvelar este largometraje y mi fascinación fue en aumento cuando me di cuenta de que el narrador del documental era uno de los mejores guardianes del séptimo arte y un buen director (también amado por mí): Martin Scorsese.

De tal manera que el artefacto que entrega David Hinton es toda una gozada. Y es porque su documental cuenta con varias capas de cebolla que va facilitando una senda de revelaciones: primero Martin Scorsese ofrece una mirada especial sobre cada uno de los largometrajes de Powell y Pressburger, pero también cuenta cómo llegaron a conocerse, a trabajar juntos y describe las peculiariades de cada uno. Así queda totalmente explicado quién hacia qué en el proceso creativo y por qué sus obras eran de una determinada manera así como cuáles iban siendo sus temáticas y los motivos por los que sus obras marcaron a varias generaciones.

Scorsese también explica lo que le llamaba la atención de las películas de The Archers y cómo sus largometrajes influyeron en su manera de rodar ciertas secuencias en sus filmes. Aquí hay otro aspecto interesante del que aprender.

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Historias veraniegas (2). Camelot, un musical extremadamente romántico

Lancelot, Arturo y Ginebra, los tres protagonistas de Camelot. Los reyes de la utopía y el germen de la destrucción…

Sí, Camelot es un musical extremadamente romántico y también amado, porque cada vez que lo revisito me envuelve primero una alegría sin igual para hundirme después en una tristeza trágica. Así he vuelto hacerlo en una calurosa tarde de verano. Y su visionado me hizo llorar. Camelot es una celebración que después se convierte en una sinfonía de traición, muerte y desolación. Solo queda una especie de esperanza final, porque sobrevive la leyenda. La idea de la utopía.

Lo dirigió Joshua Logan en 1967, un director que siempre ha dejado huella de un romanticismo extremo en las pocas películas que dirigió. Imposible no dejarse llevar por el trotamundos y la joven pueblerina en Picnic, por la cabaretera de poca monta y el vaquero paleto en Bus Stop, por el militar estadounidense que se enamora hasta las trancas de una bailarina japonesa en plena guerra de Corea en Sayonara, por la joven del puerto y el marinero que la abandona en Fanny o ese trío especial que logran cierta convivencia pacífica en el lejano oeste en La leyenda de la ciudad sin nombre.

Camelot, el musical, fue todo un éxito en los escenarios de Broadway. Un libreto de Alan Jay Lerner y Frederick Loewe, que arrasó con sus tres protagonistas: la voz maravillosa de Richard Burton, una jovencísima Julie Andrews y el bello Robert Goulet. Ahí estaban el rey Arturo, Ginebra y Lancelot consiguiendo que el público se empapara con cada una de sus canciones y se sumergieran en ese mundo de leyenda que suponía Camelot.

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Don Siegel (Cátedra, 2023) de Joaquín Vallet

El seductor, la obra cumbre de Don Siegel.

«Cuando Don Siegel ponía a rodar las cámaras y gritaba “¡Acción!” siempre cruzaba los dedos. Una costumbre que mantendría a lo largo de su vida profesional y que, en mayor o menor grado, representaba una excepcional inclinación hacia lo fortuito en una persona tan sumamente racional como el cineasta». Me gusta mucho este párrafo, porque define perfectamente la personalidad de Don Siegel. Sí, un tío racional que trabajó toda su vida en un mundo caótico y fortuito como es la realización de películas en los estudios de Hollywood. Nunca se sabía, durante todo el rico proceso creativo de un largometraje, lo que iba a resultar al final ni los obstáculos que encontraría entre medias hasta que el espectáculo pudiese continuar.

La colección de libros de Cátedra, Signo e Imagen/Cineastas (a la que tengo gran cariño), no deja de sacar nuevos volúmenes con interesantes análisis de las filmografías de diversos directores de cine. Distintos autores cinematográficos se ponen frente a un cineasta y sus distintas películas para explicar aquellas características que caracterizan el universo cinematográfico del cineasta. La colección de Cátedra por tanto tiene sentido dentro de la famosa teoría de autor, aquella que pusieron en boga en los cincuenta los críticos de Cahiers du Cinéma, convencidos de que había directores que tenían no solo una manera de rodar, sino que también su obra cinematográfica tenía una coherencia temática, un sentido.

Normalmente, los que he podido leer no solo me han provocado placer, sino que también me han descubierto cosas del realizador en cuestión. No hace mucho salió a la venta el dedicado a Don Siegel y no he podido disfrutarlo más. Su autor, Joaquín Vallet, pasea por la filmografía de Siegel y va buscando con cada largometraje esa coherencia temática. En cada película describe el proceso creativo: por qué Siegel acababa rodándola, el proceso hasta conseguir la versión de guion adecuada, anécdotas del rodaje (muy valiosas para conocer al cineasta), qué aporta esa película al conjunto de la obra del cineasta y características del fondo y la forma que ayudan a entender el valor de dicho largometraje en su filmografía.

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Paul Newman y Joanne Woodward al desnudo. The Last Movie Stars (2022) de Ethan Hawke

Paul Newman y Joanne Woodward en Esperando a Mr Bridge de James Ivory.

The Last Movie Stars es una serie documental de seis capítulos que parte exactamente del mismo material que el libro La extraordinaria vida de un hombre corriente. Una autobiografía (Libros Cúpula, 2022) del que ya escribí en su día. El resultado no puede ser más diferente. Mientras tenía mis «peros» con la publicación, aunque me parecía reveladora en varios aspectos su lectura, la serie ha logrado atraparme totalmente.

Lo que me ocurrió con el libro es que sentía que había material suficiente para haber realizado una publicación muy atractiva e innovadora a la hora de abarcar la vida de un actor. Era necesario abordar un trabajo complejo de selección y estructura de las transcripciones de las entrevistas que grabaron Paul Newman y el guionista Stewart Stern para escribir finalmente una buena biografía del actor. Ahí es donde yo sentí que había predominado quizá la prisa por publicar en vez del cuidado. Había que dar forma a una polifonía de voces de personas que habían acompañado durante toda su trayectoria al actor y conseguir así un libro novedoso, pero ese objetivo a mi parecer no se conseguía del todo.

Con ese material se requería tiempo de reflexión sobre cómo manejar el material y hacía falta mucho cariño. De haber sido así, se podría haber construido un texto de una calidad extraordinaria jugando con el ensayo cinematográfico y la autobiografía. No ocurrió así. Sin embargo, en la serie planteada por Ethan Hawke sí se nota no solo la reflexión para presentar dicho material, sino también el cariño hacia el proyecto. Y no solo eso, también puede advertirse la acertada búsqueda de material audiovisual que acompaña todo este empeño.

Así The Last Movie Stars son seis horas gozosas que giran alrededor de un matrimonio de actores de Hollywood y cómo cada uno abordó su vida y carrera de maneras totalmente distintas: Paul Newman y Joan Woodward. Esa es la idea central de la que parte y así encuentra la estructura perfecta de la historia que quiere contarnos.

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Descubrimientos veraniegos (2). Garcine. 40 años del primer óscar a una película en lengua española

Aquellos maravillosos fotogramas, en este caso uno de Volver a empezar, donde uno se ponía frente la marquesina de un cine y comprobaba  las  ganas o no que tenía de ver determinada película.

«Amigo, somos las películas que hemos visto». Este año ha sido una época de homenaje para José Luis Garci. Su óscar en 1983 por Volver a empezar ha servido de excusa. En la exposición Garcine el discurso expositivo oscila entre la nostalgia, el recuerdo, la emoción, la pasión por el cine de Garci y un retrato íntimo del director, donde la importancia de la familia y la amistad en su vida se pone siempre de relieve. La ejecución de la exposición es sencilla, grandes paneles explicativos en las paredes, con una recopilación de fotografías personales, fotogramas y carteles de sus películas. Una especie de álbum gigante, con todo el material gráfico repartido por temas para ir enfocando la vida y obra del cineasta. Así como varias vitrinas-mesa para mostrar diversos objetos que conforman el universo del autor: guiones originales, premios, máquinas de escribir, tebeos, cromos, publicaciones, cartas…, etcétera.

La carencia de materia audiovisual como entrevistas, making off, determinados momentos de su vida filmados o grabados o intervenciones de televisión y radio se suple con una recopilación muy amplia de frases de Garci que dibujan un retrato interesante. Si ponemos como centro a un hombre que sobre todo ha sabido transmitir su pasión por el cine a través de la palabra, no es mala idea construir ese discurso expositivo a través de ella. José Luis Garci ha escrito y sigue escribiendo libros donde muere por el cine. También ha tenido diversas colaboraciones escritas en diferentes medios. Su labor divulgadora como experto en cine clásico ha estado presente en la radio, ese medio que tanto ama, y también en la televisión. Nunca hay que olvidar además que Garci empezó siendo guionista antes que director.

Al final del recorrido, casi en una especie de capilla cinéfila, el visitante pasa por unas cortinas rojas y, en unas butacas de viejos cines, puede disfrutar de varias secuencias de las películas de José Luis Garci. No hay montaje ni ensayo cinematográfico, ni siquiera están todas sus películas, pero sí una serie de secuencias que dan una idea de la manera de mirar del realizador. De ese mundo clásico, analógico, de otra época, donde sus personajes se van moviendo entre el amor, la nostalgia y el recuerdo. Donde el tiempo pasa con mesura.

Unas películas que reflejan el espíritu de una época concreta bajo su mirada: la transición. O que atrapan también un país lejano encerrado en obras de teatro o novelas de autores variados como Benito Pérez Galdós, ese tándem que formaron María Lejárraga y Gregorio Martínez Sierra, Josep Maria de Sagarra, Miguel Mihura, Ramón Pérez de Ayala… No queda duda de que Garci tiene una visión determinada del mundo.

Este año José Luis Garci no solo ha contado con la exposición en el Conde Duque, que podrá disfrutarse hasta el 15 de octubre, sino que también se han celebrado coloquios, como el que se organizó en Espacio Fundación Telefónica el pasado 11 de abril, rodeado de un montón de amigos. O la Filmoteca Española ha programado sus películas, igual que el Conde Duque (que volverá a proyectarlas en septiembre). Y no solo eso desde la Filmoteca han creado un ciclo donde han dado carta blanca a José Luis Garci para pasar películas de cine clásico imprescindibles para el cineasta.

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