Header image alt text

El blog de Hildy Johnson

Simplemente, un blog "de cine"

Joan Crawford como Sadie McKee, toda una heroína pre code en una buena película de Clarence Brown.

Hay infinitos caminos para llegar a una película y verla. ¿Cómo he llegado a Así ama la mujer? A través de un título de culto, mítico: ¿Qué fue de Baby Jane? (1962), de Robert Aldrich. En la primera secuencia, después del prólogo donde se nos presenta a las hermanas Hudson, Blanche (Joan Crawford) mira emocionada en la televisión una reposición de una de sus películas. Justo cuando era una estrella dorada del Hollywood de los años treinta y no estaba postrada en una silla de ruedas. Ahora, durante los sesenta, Blanche vive aislada en una mansión junto a su hermana Jane (Bette Davis), una antigua niña prodigio. Baby Jane, este fue su apodo, posee una frágil salud mental, que además se agrava por el alcohol.

En unos momentos frente al televisor, Blanche vuelve a revivir sus momentos de gloria. Incluso expresa en voz alta algunas cosas que hubiese mejorado de su actuación, pero está satisfecha porque ve una buena película. Pues bien, los fragmentos de ese largometraje corresponden al largometraje pre code de Clarence Brown que hoy reseñamos, protagonizado por una joven y vital Joan Crawford, ya con todos los ingredientes que la harían famosa.

Y es que Clarence Brown ya ha visitado más de una vez este blog, pues cuenta con títulos de lo más interesante en su filmografía. Si bien pueden no ser redondos del todo, como este que estamos analizando, presentan motivos argumentales para pararse en ellos despacio. Además cuenta con algunas secuencias que dejan patente el domino de Brown para el lenguaje cinematográfico. Por otro lado mira a sus heroínas de forma especial al representarlas en pantalla, y en este caso es evidente con Joan Crawford. Con unos primeros planos que realzan su rostro especial, y que actúa como una especie de faro luminoso que hace posible la identificación con el personaje además de construir la imagen de una diva del cine dorado.

El título original se refiere al nombre propio y el apellido de mujer en concreto, Sadie McKee, poniendo el énfasis en un carácter concreto. Sadie es la hija de una cocinera de la adinerada familia Alderson. Esta, mientras les sirve durante una comida, se rebela cuando Michael (Franchot Tone), el hijo de los Alderson, que acaba de regresar después de estudiar derecho y que va camino de convertirse en un prestigioso profesional, menosprecia delante de todos a su novio Tommy (Gene Raymond). Sadie escucha cómo dudan de su honradez como trabajador en la empresa familiar, además ha sido recientemente despedido. Antes de este incidente, sin embargo, hemos sido testigos de la complicidad existente desde la infancia entre Michael y Sadie, que vuelve a renacer cuando se reencuentran después de unos años.

No obstante, Sadie dolida por cómo han dudado del hombre que ama, y que en concreto haya sido atacado con frialdad por su amigo de la infancia, toma una decisión: huye con Tommy a Nueva York para buscarse la vida allí y casarse. Pero las cosas no salen como Sadie espera. Su novio la abandona en cuanto le sale la oportunidad de trabajar como cantante con una artista de variedades que conoce en la pensión donde se hospedan la primera noche. Sin embargo, Sadie decide no regresar a casa, y gracias a una nueva amiga, consigue un trabajo como bailarina en un club nocturno. A los pocos días conoce a Brennan (Edward Arnold), un millonario alcohólico, que se queda prendado de ella y que además, casualmente, tiene como abogado a Michael.

Así iremos conociendo las vicisitudes de Sadie con los tres hombres de su vida: Tommy, Brennan y Michael. Y como ella no se amilana para hacer lo que realmente piensa, para ser independiente en sus decisiones y equivocarse o acertar. Al final, lo que tiene claro es que hay que salir adelante en la vida, así como ser absolutamente sincera con sus sentimientos, aunque no sea fácil.

Read more

Casi nada más empezar Los paraguas de Cherburgo, un joven mecánico opina sobre el ocio de sus compañeros de trabajo: uno, el protagonista, ha dicho que va a ir al teatro a ver Carmen y otro, que no va a parar de danzar en una sala de baile. El muchacho les dice: “No me gusta la ópera, prefiero el cine” y, poco después, vuelve a insistir: “Tanta gente cantando no me gusta, prefiero el cine”. Más adelante una desolada Geneviève (Catherine Deneuve) le confiesa a su madre que quiere morirse, pues su amado va a partir a la guerra de Argelia. Y la mujer sonríe, acaricia a su hija y le susurra: “Solo en el cine se muere de amor”. Jacques Demy, su director, juega con estas citas en su película. Por una parte, todos los actores cantan, más bien recitan, contradiciendo al joven mecánico en un punto. Sin embargo, le da la razón en algo, Demy prefiere el cine entre todas las artes, porque puede conjugar todo lo que ama escribiendo con su cámara. De tal manera, que finalmente hace llegar al público de una sala de cine una tragedia romántica, como si fuese una ópera vanguardista. Por otra, demuestra a la madre de la protagonista que en el cine, en el género romántico, una enamorada desgraciada no tiene por qué morir de amor. Y que una película musical puede no tener un final feliz, a pesar de estar envuelto en colorines.

No solo eso sino que Demy también homenajea a uno de sus géneros más amados, el cine musical de Hollywood. Refina la paleta de colores y dibuja sin miedo una obra reveladora y original. El rodaje de Los paraguas de Cherburgo fue ir contra viento y marea. El director francés apostó por un proyecto cinematográfico de riesgo, y el esfuerzo mereció la pena. Es más, a punto de cumplir sesenta años, sigue siendo una propuesta fresca, que además continua como modelo de varias obras cinematográficas actuales. No hace mucho por estos lares, no tanto en el aspecto formal, pero sí en el tratamiento e idea fondo, se estrenó Cerca de tu casa, de Eduard Cortés. Ahí se contaba, con todos sus actores cantando, el drama de los desahucios, a través del desmoronamiento de una pareja.

Read more

El hombre de La Mancha es uno de los musicales más tristes que uno puede ver. Detrás de la realidad más negra, surge una canción hermosa. En 1965 Broadway estrenó este musical creado por Dale Wasserman; siete años después Arthur Hiller convirtió el espectáculo en película. Los protagonistas fueron Peter O’Toole como Cervantes, que consigue perpetuarse en el caballero de la triste figura, y Sophia Loren como Aldonza, una prostituta desencantada por la dureza de la vida que se transforma en la señora enamorada del Quijote, Dulcinea.

Ambos personajes cantan a los sueños imposibles, esos que hacen avanzar y levantarse del barro, aunque a veces todo se vea borroso. La película refleja la importancia de la mirada, y como el arte puede contribuir a mirar el mundo con otros ojos. Si se mira de determinada manera la vida puede ser más llevadera. Mejor la luz que la oscuridad. O, mejor dicho, a través de la oscuridad, un rayo de luz es más hermoso. Como dice el caballero de la triste figura a una Dulcinea rota: Vengo a un mundo de hierro para hacer un mundo de oro.

La canción más bonita sin duda es The impossible dream, su letra me parece un buen regalo de Reyes, y también una manera certera de empezar el año en este blog.

Read more

Nancy y Bill, y entre medias de los dos Fagin, su socio en fechorías en Oliver, de Carol Reed. Los dos son protagonistas de una tremenda historia de violencia de género.

Varias obras de Charles Dickens han sido adaptadas al cine, y Oliver Twist en concreto ha tenido varias versiones, quizá las más conocidas sean la de David Lean y Roman Polanski, pero también existió una versión muda con Jackie Coogan, el niño inolvidable en El chico de Charlie Chaplin. Otra de ellas fue este elegante y sobrio musical de Carol Reed que regala momentos inolvidables. Esta película convertía en puro cine el musical de Lionel Bart, que tuvo la osadía de subir a los escenarios y convertir en éxito un drama de Dickens, con canciones y bailes, durante los sesenta tanto en Londres como en Broadway.

Como musical tiene momentos con una enorme fuerza visual, un elegante equilibrio y una belleza especial, como el momento de trabajo y comida de los niños en el orfanato y que sirve además como presentación del personaje de Oliver. Mark Lester se puso en su piel, un actor infantil con una sensibilidad especial que tan solo un año antes había sido uno de los niños de esa película inquietante en su forma de presentar el universo infantil que es A las nueve cada noche, de Jack Clayton. Pero, sobre todo, el número más hermoso es el que acompaña a la canción coral Who will buy?, que representa cómo despierta el barrio rico donde Oliver ha encontrado cierta paz y tranquilidad junto al señor Brownlow (Joseph O’Conor).

Pero durante todo el largometraje mi mirada se ha centrado en dos de sus personajes secundarios y su historia. Lo cierto es que Oliver, de Carol Reed, muestra una historia de violencia de género desgarradora, brutal y triste. Así se ve desde el principio la relación dañina y tóxica entre Nancy (Shani Wallis) y Bill Sikes (Oliver Reed). Ella, dulce, inteligente y vital, está atrapada en una relación que la daña, pero lo ama a pesar de que se sabe maltratada cada día. Así después de un puñetazo de Bill, que la tira al suelo delante de Fagin (Ron Moody), el socio en robos de su amado, y los niños que roban para ellos, cobra un doloroso sentido la canción que canta, una vez que se levanta y sale sola a la calle, As long as he needs me, donde justifica estar junto a él, pues cree que este la necesita. Nancy piensa que nadie podrá quererlo como ella lo hace.

Read more

Irakli y Merab, amor y sensualidad en Solo nos queda bailar

Merab (Levan Gelbakhiani) está enamorado de Irakli (Bachi Valishvili), y, en un momento de felicidad, reacciona como un Gene Kelly en Cantando bajo la lluvia, saltando de alegría. Toda la atracción sensual y sexual se nota cuando bailan juntos. El erotismo se percibe, se respira. Y es tan bello. Los dos están dentro de una compañía nacional de danza georgiana donde no hay sitio para la homosexualidad. Como dice un maestro: “La danza georgiana se apoya en lo masculino. Aquí no hay espacio para la debilidad”, y otro, guardián de la tradición, suelta: “La danza georgiana no son solo pasos. Es la expresión de la sangre de nuestra nación”. Merab descubre tanto el amor como su sexualidad, y con su cuerpo se siente libre de amar a Irakli. Tan libre como cuando baila. También posee la capacidad para apasionarse y respetar la danza georgiana y su tradición…, y lucha por conseguir una plaza importante como bailarín.

Solo nos queda bailar da a conocer al director y guionista Levan Akin con su tercer largometraje. Akin es sueco pero sus orígenes están en Georgia, de hecho de pequeño veraneaba allí. La película empezó a gestarse en su cabeza cuando en 2013 vio por televisión cómo unos cincuenta chicos fueron atacados violentamente por un montón de personas, con el apoyo de la Iglesia Ortodoxa y grupos conservadores. El motivo: habían intentado organizar en Tiflis, capital de Georgia, el primer desfile del orgullo gay.

Desde la vergüenza que le produjeron esas imágenes, sintió la necesidad de volver a su tierra y contar una historia. Así nació el germen de Solo nos queda bailar. Allí no pusieron fácil las cosas a su director durante el rodaje, incluso cuando pidió la colaboración a un famoso grupo de ballet tradicional, estos explicaron que no existía la homosexualidad en sus filas, y alertaron a las demás compañías. Tuvieron que rodar con sumo cuidado, y recibieron presiones y amenazas. Solo nos queda bailar se convierte así en una historia de amor y baile, pero que cuenta también una realidad social y política. No se ha recibido con mucha alegría en Georgia el éxito internacional de la propuesta.

Read more

Semana de cine chileno

Semana chilena

Una oportunidad para ver buen cine.

Una de las cinematografías más emergentes de los últimos años está siendo la chilena. Chile está ofreciendo un cine innovador, inquietante, interesante y con una mirada distinta, renovadora. Así que Cinemachile, el organismo que está promocionando alrededor del mundo el cine patrio, lanza una iniciativa para celebrar su décimo aniversario: la proyección de las diez mejores películas chilenas de esta década según la selección de diez programadores de distintas partes del mundo. Este evento se celebrará en Madrid, París, Berlín y Los Ángeles. Y las salas Golem serán las que acojan esta iniciativa en Madrid. Diez películas que se concentran entre los días 30 de mayo hasta el 2 de junio y que proporcionan la oportunidad de volver a ver algunas obras potentes de directores como Pablo Larraín (No y El club) o Sebastian Lelio (Una mujer fantástica y Gloria) o películas que sorprendieron en la cartelera como La nana o Violeta se fue a los cielos. También recupera algunas películas que se pudieron escapar entre los estrenos como Jesús, Lucía o Matar a un hombre. Y, por último, incluso se proyecta una película no estrenada todavía en España, Tarde para morir joven, de Dominga Sotomayor. También como aliciente, algunas proyecciones contarán al final con coloquios donde estarán presentes los protagonistas, actores chilenos que ya son rostros referentes, como Paulina García, Daniela Vega, Antonia Zegers y Alfredo Castro.

Read more

Dobles vidas (Doubles vies, 2018) de Olivier Assayas

Dobles vidas

Entre conversación y conversación… la vida pasa.

Los cuatro protagonistas de Dobles vidas no paran de hablar en toda la película. Pero no solo eso sino que de diálogo en diálogo se articula una estructura que muestra que la vida va pasando. Entre conversación y conversación suceden cosas que cambian el devenir de la existencia de cada uno de ellos. Olivier Assayas construye un artefacto cinematográfico inteligente, una manera de contar que además hace reflexionar sobre el devenir cultural de los nuevos tiempos, esa revolución digital que está cambiando los hábitos, la percepción del mundo… Pero se detiene en otros temas: en la política, en el mundo editorial, en la interpretación o en la creación literaria y los límites de la realidad y la ficción. Entre debate y debate, discusión y discusión, somos testigos además de las dobles vidas de los cuatro personajes, de sus juegos de seducción, del mundo de las apariencias, de sus relaciones sentimentales e impulsos emocionales… Oliver Assayas capta el tsunami emocional de los personajes que viven en un mundo de cambios y revoluciones culturales… para mantener finalmente la máxima de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, que no solo sigue vigente sino que se ha convertido en un lugar común (como se discute en un momento dado en la película), “Hace falta que algo cambie para que todo siga igual”.

Un editor (Guillaume Canet), una actriz (Juliette Binoche), un escritor (Vincent Macaigne) y una asesora política (Nora Hamzawi) son los cuatro personajes centrales que van saltando de fotograma en fotograma, mostrando a los espectadores sus dobles vidas y ese paso del tiempo a través de la palabra para que al final todo siga su curso. Un reflejo del transcurrir del tiempo y  de cómo pasamos la mayoría de los días rodeados de palabras… o de los cambios que alteran nuestra vida poco a poco y las estrategias para que todo siga igual…

Read more

El regreso de Mary Poppins (Mary Poppins Returns, 2018) de Robert Marshall

El regreso de Mary Poppins

La bicicleta, un transporte muy especial en El regreso de Mary Poppins

Al final de El regreso de Mary Poppins, la institutriz protagonista se mira en un globo y vuelve a decir una frase que ya decía en la versión de 1964, que ella es “casi perfecta”. Y esta frase se puede emplear como metáfora para la secuela de Robert Marshall, que se esfuerza tanto en ser “casi perfecta”, en no defraudar a los que son amantes de la película de Walt Disney y Julie Andrews y en gustar a las nuevas generaciones, que se convierte en una película enjaulada, sin la espontaneidad y frescura de su predecesora. Pero, sí logra ser un continuo homenaje, y si uno olvida antecedentes, y recupera los ojos de un niño, puede hundirse en su encanto (recomendación: huir de la versión doblada… ¡se doblan hasta las canciones!). Robert Marshall y compañía realizan una película prácticamente paralela a la anterior en su estructura, pero deja patente que es una secuela.

Emily Blunt crea una Mary Poppins con mucho encanto, recta y exigente, pero siempre con una sonrisa que muestra a una mujer mágica que soluciona problemas, pero haciendo que cada uno de los personajes se enfrente a ellos, quizá desde otro punto de vista, buscando siempre una puerta que se abra. Las canciones y los números musicales lucen perfectos, pero en ninguno se alcanza el éxtasis o la sensación de que seguirán brillando en la posteridad. Los disfrutas mientras los ves, pero ninguno se graba en la memoria o hace que repitas una y otra vez la melodía. Es una auténtica gozada disfrutar de toda una galería de viejas glorias que siguen traspasando la pantalla: David Warner, Julie Walters, Dick Van Dyke, Angela Lansbury…, junto a dos actores maduros y muy en activo, como Meryl Streep (que no pierde oportunidad de pasárselo bien) y Colin Firth, y con una nueva hornada de intérpretes prometedores: una chispeante Emily Blunt, reina de la función, junto a Ben Whishaw y Emily Mortimer, como los crecidos hermanos Banks. Desde Broadway se rescata al actor de musicales, Lin-Manuel Miranda, como el farolero Jack, recuperando otra profesión del mundo analógico, así como hacía Van Dyke con la de deshollinador en la versión de los sesenta. Y, como no, para él y los otros faroleros será uno de los momentos más espectaculares de la película. Jack tendrá la misma función que Van Dyke en la anterior versión, ser introductor de la historia y acompañante de las aventuras de Mary Poppins con la nueva generación de niños Banks, pero para bien o para mal, su rostro y comportamiento es más anodino y menos histriónico que el de su predecesor.

Read more

Hioliday inn

Feliz Navidad…

Y esta vez toca pasearnos por los fotogramas de Quince días de placer (Holiday Inn, 1942). Es una película navideña de 1942. No es ni de las más recordadas ni de las más conocidas, ni siquiera es redonda ni perfecta y contiene ingredientes para criticarla negativamente, pero tiene otros muchos rescatables… Esto es lo que pasa con la vida de muchos de nosotros: no seremos ni conocidos ni recordados, nuestras existencias no serán ni redondas ni perfectas, probablemente haremos muchas cosas mal, pero muchas otras merecerán la pena… En fin, viviremos, que de eso se trata. Pero la película posee un montón de ingredientes que me sirven para desearos el mejor de los años. La dirigió Mark Sandrich, director que se puso al servicio de Ginger y Fred y dejó obras cumbre de la pareja como Sombrero de copa. Música, danza, burbujas y champán.

En Quince días de placer no falta Fred Astaire. Y a ritmo de claqué es todo más fácil, pese a la complejidad de la danza. Y es que Astaire hace fácil lo difícil. Eso es una buena premisa para la vida y para todo lo que uno se disponga a llevar a cabo. En la película, se disfruta del Fred más elegante, que baila como quiere con sus paterneires (Marjorie Reynolds y Virginia Dale) o que en solitario salta entre petardos como si nada o que muy bebido por pena de amores se marca un gran número de baile, semiinconsciente. A veces la vida es una danza que no para, el cuerpo se mueve, habla y cuenta…

Read more

Ha nacido una estrella

Un momento íntimo de Ha nacido una estrella.

Como una fan fatal esperaba yo este estreno. Iba detrás del proyecto desde que Clint Eastwood dijo que lo iba a llevar a cabo junto a Beyoncé. Me entusiasma esta historia, y sus tres versiones anteriores las tengo a buen recaudo en mi deuveteca. Ilusionada, el sábado por la noche, me metí en el cine. Ha nacido una estrella ha sido realizada en distintas décadas, por diferentes parejas de actores y con directores y guionistas que nada tienen que ver entre sí. Cada una tiene su aire y su estilo…, pero todas tienen secuencias que van pasando de unas a otras. Y una frase que nunca falta: “Solo quería verte otra vez”. Sabía a lo que iba… y sospechaba también lo que me iba a encontrar. Disfruté con lo que quería ver… y las sombras no me amargaron el espectáculo, pero no puedo evitar contarlas.

Antecedentes

Mientras que la versión de 1937 y la de 1954, son cine dentro del cine; las de 1976 y la que ahora nos ocupa se centran en el mundo de la música. Si bien ya en la de 1954, la actriz principal era además cantante, y la película contaba con números musicales espectaculares. William A. Wellman, George Cukor y Frank Pierson rodaron las anteriores versiones. Aquí un actor, Bradley Cooper, hace su debut detrás de las cámaras y además se convierte en protagonista masculino. William A. Wellman se ponía al frente de un melodrama clásico y contenido que era una disección crítica del Hollywood de los años 30, del sistema de estudios, donde todavía estaba reciente el espíritu pionero de los primeros creadores que pusieron en marcha la industria de los sueños. George Cukor entregaba una película elegante donde alcanzaba el éxtasis de los melodramas de los cincuenta con el alma del mejor musical. Y el desencanto hacia la industria era más exacerbado y amargo. Un desconocido Frank Pierson se empapaba del espíritu de los macroconciertos de los setenta y de las estrellas atormentadas del rock… para, de nuevo, vomitar una historia de amor trágica. Y Bradley Cooper se estrena ahora como director, que posee una mirada personal, con un melodrama triste ambientado también en el mundo de la música, un universo con luces y sombras además de nuevas tecnologías.

Read more