Till We Meet Again (1944) de Frank Borzage

La novicia y el aviador, una historia de amor imposible que toca el cielo del director Frank Borzage.

Frank Borzage es capaz de emocionar con tan poco… Tan solo con una cámara que enfoca una mano que desfallece y se abre dejando a la vista un crucifijo. Cada vez estoy más enamorada de su filmografía. Y Till We Meet Again se ha puesto en mi camino para siempre. Hacía tiempo que iba detrás de esta película y todas mis expectativas se han cumplido con creces. Ochenta y ocho minutos de puro cine. Una historia en tiempos de guerra que Borzage sabe contar con una sensibilidad muy especial.

Nos deja una de esas relaciones de amor imposible que tocan el cielo y que pueblan muchas de sus obras. La protagonista es una joven novicia que vive aislada del mundo desde los ocho años. Su hogar es un convento de clausura al lado de un pequeño pueblo francés. Allí entró herida del alma y con miedo. Es más, Clothilde (Barbara Britton), que así se llama la protagonista, no quiere saber nada del mundo exterior, un mundo que en ese instante arde y que está en guerra. Solo quiere proteger a las niñas a las que cuidan en la congregación, como la acogieron a ella cuando solo era una cría asustada, y dedicarse a la contemplación de Dios. El convento es su hogar, su refugio.

Nada tiene que ver su actitud con la de la madre superiora (Lucile Watson), una mujer anciana y creyente, pero que presta toda su ayuda a la Resistencia francesa, permitiendo que varios fugitivos se escondan allí e impidiendo siempre el paso al oficial nazi (Konstantin Shayne) de la zona. Quien organiza toda la logística de la Resistencia francesa y con quien la superiora colabora es el jardinero del lugar.

Y aquí surge el conflicto: un día llega un aviador estadounidense (Ray Milland) que debe escapar a Inglaterra y que lleva una documentación valiosa para los aliados. A la primera que se encuentra es a una asustadiza Clothilde que da aviso a la madre superiora, no quiere implicarse en absoluto. Al aviador le han dicho que los de la Resistencia le ayudarán. Y así será.

Cuando tienen todo preparado para que este huya con una mujer del pueblo, una imprudencia de Clothilde, ante una visita inesperada del oficial nazi con el alcalde colaboracionista (Walter Slezak), hace que la vida de varios personajes pegue un vuelco.

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Sesiones de verano (1). Cónclave (Conclave, 2024) de Edward Berger

Cónclave, un thriller religioso de lo más emocionante.

La muerte del papa Francisco el 21 de abril hizo que Cónclave fuera una de las películas más visionadas en plataformas. Volvió a generar el mismo entusiasmo que durante su estreno. Y es que Edward Berger construye alrededor de esta reunión milenaria de cardenales un buen thriller religioso que al final habla de una cuestión ineludible para el ser humano: el poder.

Lo atractivo de esta reunión a puerta cerrada en la Capilla Sixtina que se celebra cada vez que muere un papa y que sirve para la elección del nuevo pontífice es que no puede haber rito más antiguo y tradicional en todos los sentidos, y en un edificio tan histórico, para dejar ver cómo la Iglesia continua siendo una institución poderosa y representativa en pleno siglo XXI. Y ahí están esos cardenales con sus teléfonos móviles, sus cigarrillos y ordenadores, pero teniendo que aislarse del mundo para cumplir el rito de elegir al candidato. Con su vestimenta ceremonial para cada momento (las sotanas, las fascias, los solideos, las mucetas…) se refleja el rito y la tradición de siglos y siglos en un mundo de redes sociales y tecnología punta. Es como algo anticuado y arcaico que sigue mostrando su fuerte presencia. Y todo eso deja unas imágenes tremendamente potentes.

Durante varios días, en que tienen que encerrarse en la capilla y votar de la manera más tradicional (con una papeleta y un boli, el conteo a mano y en directo), hablarán entre ellos, conspirarán, tratarán de recopilar votos de unos y otros, guardarán secretos, se traicionarán o se afianzarán más los lazos de amistad. Sí, es una cuestión de poder, como durante todos los siglos que la Iglesia ha permanecido como institución. Y no solo eso, sino que claramente existen dos facciones: una iglesia más cercana a la teoría de la liberación, más progresista, o una iglesia que impone sus creencias con mano férrea, como la época oscura de la Edad Media o de la Inquisición.

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Frank Capra y Barbara Stanwyck, en busca de la esperanza

En su interesante autobiografía, Frank Capra, el nombre delante del título, el director italoamericano se deleita a la hora de contar el descubrimiento de la Stanwyck para una película de Columbia, Mujeres ligeras (Ladies of Leisure, 1930). Y nos descubre varias cosas de los dos. La incombustible energía de Capra, siempre con esa disposición a que reconocieran su trabajo, y la timidez arisca de la corista que se convertiría en una gran estrella de cine, reina de las primeras tomas.

Mujeres ligeras supuso la revelación de una actriz que fue adorada en Hollywood. En la autobiografía, Capra es muy crítico con las dos películas siguientes que hizo con la Stanwyck: La mujer milagro (The Miracle Woman, 1931) y Amor prohibido (Forbidden, 1932). Una, porque no se atrevió realmente a dar todos los matices a su personaje femenino (y con la Stanwyck al frente habría podido perfectamente) y la otra por ser excesivamente melodramática. Sin embargo, la cuarta la menciona entre las favoritas de su filmografía: La amargura del general Yen (The Bitter Tea of General Yen, 1932).

Después, reconoce que con la última película en la cual trabajo con Stanwyck consiguió su reparto soñado. Se trata de Juan Nadie (Meet John Doe, 1941), primera vez que descubrí a este tándem tan especial. Es muy interesante leer cómo Capra explica que para él tenía un arranque brutal, así como un buen desarrollo, pero que tuvieron muchos problemas para encontrar un final a la altura de la historia… De hecho, se pregunta si realmente había un final aceptable para Juan Nadie.

Durante estas Navidades he podido hacer este pequeño ciclo con las cinco películas de este dúo especial. Y ha sido una gozada por dos motivos: ciertamente se ve el nacimiento de una actriz, pero se muestra la versatilidad de un director, que con el cine precode enseña lo que ya sabíamos al analizar sus películas más conocidas, que el director sabe mirar el mundo con todas sus contradicciones y una expresa melancolía. A Frank Capra se le dibuja como un director optimista y dotado para la comedia, pero su filmografía es mucho más versátil y su visión del mundo más compleja de lo que parece. Barbara Stanwyck forjará esos personajes femeninos de fuerte personalidad que se convierten en verdaderas supervivientes de un mundo hostil al que tratan de manejar con mayor o peor fortuna.

Mujeres ligeras (Ladies of Leisure, 1930)

El descubrimiento de una estrella en Mujeres ligeras, Barbara Stanwyck,  por Frank Capra, un director que mostraba todo su oficio para contar historias.

Me encanta cómo el director describe su asociación con la actriz en su valiosa autobiografía: «Así empezó mi larga asociación personal y profesional con Barbara Stanwyck. Debajo de su hosca timidez hervían los fuegos emocionados de una joven Duse, o de una Bernhardt. Ingenua, no sofisticada, sin importarle el maquillaje, el vestuario o la peluquería, aquella chica del coro podía aferrarte el corazón y hacértelo pedazos. No sabía nada de los trucos de la cámara: cómo “engañar” a sus rizos a fin de que se viera bien su rostro, cómo restringir sus movimientos corporales en los planos cortos. Simplemente actuaba…, y todos los demás en el plató se quedaban embobados». A lo largo del libro, Frank Capra siempre añora la aparición de una actriz de ese calibre, de realizar un descubrimiento similar.

En Mujeres ligeras, se describe el encuentro entre una joven prostituta y un pintor en busca de inspiración e hijo de un rico empresario. Los dos han escapado de diferentes fiestas: él de una que ha organizado su novia y un amigo en su estudio de pintor y ella de un evento privado en un barco. Cuando la joven se queda dormida en el coche (pues el rico pintor se ofrece a llevarla de nuevo a la ciudad), él cree ver algo en su rostro y le pide que sea su modelo.

El artista quiere captar su esencia y eliminar todas las máscaras. Quiere que ella sobrepase el techo y mire las estrellas. Pretende dibujar con su rostro algo tan complejo como la esperanza. Dos seres desencantados en busca de una esperanza. Él siente una vida vacía y una inspiración que siente que no le llega para culminar un proceso creativo. A ella la vida le ha dado muchos palos, aun así trata de levantarse una y otra vez.

La película tiene todos los elementos de una película precode. Primero, la profesión de la joven protagonista y su compañera de piso (una maravillosa Marie Prevost, actriz con un final trágico) y las conversaciones que tienen ambas sobres sus servicios en cuestión. Después, siempre hay una oportunidad para que estén ligeras de ropa o tengan que bañarse. En un momento dado no se oculta la desesperación de Barbara por las circunstancias que la van rodeando y que tan solo vea como única salida el suicidio. También, se refleja a la perfección la tensión sexual no resuelta entre la prostituta y el pintor cuando ambos tienen que pasar una noche juntos en el estudio.

Frank Capra consigue momentos brillantes, como todas las relacionadas con Barbara en el estudio, en esa terraza, mirando las estrellas o la noche en cuestión de la tensión sexual. También el director cuida a cada uno de sus personajes secundarios, algo que siempre haría a lo largo de su trayectoria, no solo dando importancia a cada uno de los actores que los representaban, sino dándoles su momento. Así aquí pasa con el amigo alcoholizado que va de fiesta en fiesta y apenas duerme, con la madre del pintor o con la amiga de la prostituta. En esta película se produjo otro encuentro fructífero, el del guionista Jo Swerling con Capra y Stanwyck.

El guionista trabajaría varios libretos con la pareja y buscaría siempre unos puntos políticamente incorrectos en estas películas precode que las rodean de un encanto especial. Mujeres ligeras es deliciosa, curiosamente Barbara Stanwyck mantiene a la perfección el carisma de su personaje, aportándole todos los matices necesarios y una transformación preciosa. Sin embargo, su compañero Ralph Graves, actor que trabajó numerosas veces con Capra, no nos deja un galán atractivo ni se nos hace simpático, aunque en determinados momentos sí consigue esa tensión sexual no resuelta.

Mujeres ligeras tiene el leit motiv de la carrera de Frank Capra, esa complicada búsqueda de la esperanza en un mundo hostil.

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Historias veraniegas (3). Las películas que marcaron a mamá

La película favorita de mamá: 12 hombres sin piedad.

El otro día, mamá y yo tuvimos una charla larga. Muy larga. Últimamente estamos pasando más tiempo juntas, momentos de calidad y de aprendizaje. No está siendo un año fácil para ella, pero tira con fuerza del carro. No se rinde, porque ella es de naturaleza optimista. Como dice ella, estamos disfrutando a tope del presente. Me apetecía que recordara conmigo aquellas películas que por cualquier motivo le hubiesen marcado a lo largo de la vida. Mamá fue desgranándome un listado valioso y precioso y de cada película me decía un motivo por el cual se quedó en su memoria.

Era por la tarde y yo no dejaba de preguntarle. Primero, le dije que diez y luego la lista fue creciendo y creciendo. Algunas las vio de niña, otras de joven y las de más allá de más mayor. Esos largometrajes siguen dando vueltas en su cabeza, aunque no haya vuelto a enfrentarse a ellas o si las vuelve a ver, las disfruta como nadie, como si las descubriese por primera vez. De hecho, entre película y película pasaron las horas y lo pasamos muy bien, porque además yo iba preguntándole, insistiéndole y apuntando todo. Casi se nos hizo de noche.

Mamá vio cine desde que era muy niña. A mis abuelos les gustaba mucho, a los dos. Era un momento de ocio importante en sus vidas en un Madrid en blanco y negro. Mamá nació a principios de los años cuarenta… Así que son muchas décadas disfrutando de historias proyectadas en la pantalla. De hecho, seguimos yendo juntas a la sala de cine o a veces nos hemos pegado maratones de tardes cinéfilas. En un principio, la charla fue algo espontánea, pero según me iba contando y contestando; de pronto, me dije que sería una historia veraniega bonita para el blog.

Porque a través de las películas que vemos se pueden contar muchas historias, se entiende mucho de lo que somos. La mirada de mamá sobre ellas me hace comprenderla mejor. Con un listado de películas que nos marcan se puede contar toda una vida o saber la esencia de aquellos a los que amamos.

Las películas que marcaron a mamá me acercan a ella y también su mirada sobre los fotogramas me dice muchas cosas. Las historias que nos marcan y el porqué lo hacen revelan muchos aspectos o son una radiografía de aquello que nos mueve o remueve. La lista fue totalmente aleatoria, pero como todas las listas, reveladora. Esa tarde me habló de los siguientes largometrajes (aunque estoy segura de que en otro momento hubiesen sido otros y descubriría otras cosas de ella), aquí los comparto sin orden alguno, el único orden fue el de su memoria:

La primera que le vino cuando le pregunté fue Lo que el viento se llevó (Gone with de wing, 1939) de Victor Fleming (bueno, ya sabemos que hubo otras manos como George Cukor o Sam Wood). Y curiosamente por una escena épica. No se decantó por ningún momento romántico. Ella recordó la huida en el carro a través del incendio de Atlanta. Un momento límite en que los personajes no se amilanan, sino que hacen todo lo posible por salvarse, por salir entre las llamas. En el carro van Rhett Butler, Scarlett O’Hara, Melanie, su bebé y Prissy. Ninguno de ellos se rinde.

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Ráfaga de películas que no tuvieron un texto propio

Siempre hay una alfombra roja de películas que una va viendo y se quedan sin texto propio. En un verano que no he parado, también he sacado tiempo para ver largometrajes que me apetece confesar qué huella me han dejado. He decidido ir nombrándolas e ir destacando algo de ellas para que no caigan en olvido en mi memoria. Tal vez alguna de ellas en un futuro tenga su propio texto. Pero por si acaso, aquí va una breve presencia en el blog. No voy a seguir orden alguno, iré escribiendo sobre ellas según las vaya recordando.

Nop de Jordan Peele, con un héroe de rostro inmutable (un estupendo Daniel Kaluuya).

La primera es para recordarme que tengo que volver al ritmo habitual de pisar la sala de cine, pues además hay varias que espero no perderme próximamente. Me apetecía ver Nop de Jordan Peele, ya que no me he perdido las dos anteriores: Déjame salir y Nosotros. Pues bien en ese cine espectáculo donde hay idas de olla, fuerza visual, amor al cine, un héroe en estado de shock con rostro imperturbable (un estupendo Daniel Kaluuya), influencias de cine de terror, de western, de cine serie B, de aventuras, de ciencia ficción…, yo me lo pasé de miedo. No buscaba más, por cierto. Lo mejor para mí es lo que más controversia genera: el chimpacé Gordy.

Una de las películas que me faltaba para completar la filmografía de Ingrid Bergman era Las campanas de Santa María (Bells of St. Mary’s, 1945) de Leo McCarey. Después del éxito de Siguiendo mi camino (Going My Way, 1944), sobre las aventuras del padre padre O´Malley (Bing Crosby) en una parroquia, McCarey decide continuar sus andanzas con una secuela. Dicho padre llega a un colegio de monjas, donde la madre superiora es ni más ni menos que Bergman. Leo sabía filmar con emoción, y esta película tiene una secuencia reveladora de este arte: el ensayo de una representación navideña alrededor del portal de Belén por un grupo de pequeños alumnos, que terminan cantando el cumpleaños feliz alrededor del nacimiento.

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El ángel vestido de rojo (The Angel Wore Red, 1960) de Nunnally Johnson

El ángel vestido de rojo o el amor imposible entre un cura y una prostituta en la Guerra Civil española.

El ángel vestido de rojo supuso un rodaje tan sumamente conflictivo que supuso la última película como director del también guionista y productor Nunnally Johnson. Es uno de esos largometrajes que he perseguido por múltiples motivos durante años, y, por fin, ha caído en mis manos. Tengo tres motivos principales por los que quería localizar esta cinta, pero el análisis de esta película irregular es gozoso por muchas otras vertientes que iré desglosando en el texto. Es una de las más desconocidas de la filmografía de Ava Gardner, poco se escribe de ella y normalmente de pasada o proporcionando información que conduce al equívoco. Forma parte de esa colección de producciones del Hollywood clásico que trató el tema de la Guerra Civil Española desde diferentes miradas. Y tiene uno de esos rodajes infernales con un anecdotario amplio alrededor de él.

Como explicaba Javier Coma, en su libro La brigada de Hollywood. Guerra española y cine americano (Flor del Viento, 2002), no era la primera vez que en una película de Ava Gardner salía la Guerra Civil: no hay más que visitar Las nieves del Kilimanjaro (The Snows of Kilimanjaro, 1952) de Henry King o La condesa descalza (The Barefoot Contessa, 1954) de Joseph L. Mankiewicz. Para Coma la película que nos ocupa «quedó muy lejos de la valía creativa de las dos anteriores y es recordada preferentemente porque toda la acción se desarrolló en España desde los mismos comienzos de las hostilidades».

Los despropósitos vividos durante el rodaje; la poca confianza de la MGM en el proyecto y sus continuas intervenciones; la compleja coproducción con Italia; la desilusión que fue arrastrando Nunnally Johnson, al verse totalmente ninguneado y no contar nada con él durante el proceso de montaje y posproducción, que terminó contagiando también a los actores principales: Ava Gardner y Dick Bogarde… perjudicó no solo el resultado final, sino que ni siquiera se hizo el más mínimo esfuerzo en la distribución.

El ángel vestido de rojo es un largometraje que también hay que contextualizarlo en la guerra fría en Hollywood, donde coleaban todavía las listas negras y la caza de brujas, y donde muchas películas explicitaban su anticomunismo. No obstante, en un principio para Nunnally Johnson fue un proyecto ilusionante, al igual que para sus intérpretes, pues pensaba acercarse a la historia bajo los postulados neorrealistas.

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Belfast (Belfast, 2021) de Kenneth Branagh

Belfast es la reconstrucción de los recuerdos de la infancia y un canto de amor al cine.

Belfast no es solo una ciudad de Irlanda del norte, sino un lugar mítico del que hay que irse para siempre. Hay películas en las que un corazón late y se nota en cada fotograma. Una de ellas es Belfast. Kenneth Branagh bucea en el niño que fue y reconstruye el pasado que dejó en Belfast, su ciudad natal, el país de su infancia. Pero escoge un camino para ello y toma una decisión de puesta en escena determinada.

La reconstrucción de sus recuerdos, del espíritu de una época de su vida, los filma como si de una película clásica se tratase. Rescata en Belfast una de las pasiones de niño, la cual no solo la ha conservado toda su vida, sino que ha moldeado su camino: ir a ver películas a la sala de cine. Branagh propone un juego: la mirada de su alter ego, Buddy (Jude Hill), observa la vida a su alrededor como una película clásica de Hollywood.

El conflicto político y religioso no es el tema principal, sino lo que supone la situación y la violencia que brota en la calle donde vive Buddy para que su familia tome una decisión que cambiará el rumbo de su existencia: abandonar o no Irlanda del Norte. El punto de vista es además el de Buddy, un niño de nueve años, que no analiza ni entiende del todo lo que está pasando, solo se da cuenta de cómo cambia su vida, la de sus seres queridos y la de los vecinos de su calle.

Todo empieza durante una apacible tarde de verano en 1969 en una calle de la ciudad irlandesa. Buddy es un niño feliz que juega con sus vecinos cuando, de pronto, oye la llamada de su madre para que vuelva a casa, mientras regresa al hogar, en unos segundos su tranquila calle cambia y se ve sumergida en una ola de violencia que el niño mira con horror, sin entender nada. La convivencia pacífica entre vecinos católicos y protestantes salta por los aires. Su vida pega un giro de 180 grados.

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Diccionario cinematográfico (236). Monja

Monja de celuloide. Nos ha dejado un montón de protagonistas de una larga y variada filmografía.

«Monja», cuando miramos el significado en la RAE nos dice que es una persona que pertenece a una orden religiosa y vive en un monasterio o bien que es una religiosa de una orden o congregación. Si nos vamos a la pantalla de cine, hay muchas monjas de celuloide para recordar que viven en monasterios o en otros lugares y que pertenecen a una orden o congregación. Incluso alguna falsa monja, que utiliza los hábitos como disfraz.

Hay actrices que han hecho varias veces de monjas, y han protagonizado historias difíciles de olvidar. Por ejemplo, Deborah Kerr se puso los hábitos en la maravillosa y extraña Narciso negro (Black Narcissus, 1947) de Michael Powell y Emeric Pressburger. Una congregación de monjas viven en un templo del Himalaya y se ven envueltas en un clima de sensualidad que las atrapa. Deborah es la madre superiora. Por otro lado, nos encontramos en otra emocionante película a la hermana Ángela, la única habitante de una isla del Pacífico. En su camino se cruza un marine estadounidense con cara de Robert Mitchum. Para colmo los japoneses invaden la isla. Al final, queda una historia de amor imposible entre una monja y un marine. Me estoy refiriendo a Solo Dios lo sabe (Heaven Knows, Mr. Allison, 1957) de John Huston.

También Audrey Hepburn vistió los hábitos en dos películas: por un lado, Historia de una monja (The Nun’s Story, 1959) de Fred Zinnemann. Interesante biografía de una joven belga que se mete a monja, y se cuenta todo lo que le ocurre desde 1927, cuando entra como novicia a la estricta orden Hermanas de la Caridad de Jesús y María, hasta 1944, año en que en plena Segunda Guerra Mundial decide abandonar la orden, después de múltiples experiencias, por ejemplo, en el Congo. La otra ocasión en que Hepburn se vistió de monja fue para poner punto final a una historia de amor mítica: la de Lady Marian y Robin Hood. Una mujer, abadesa, y un hombre ya cansado de tanta aventura ponen punto final a un romance que nunca se ha extinguido. “Te amo más que al amor”.

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Valhalla Rising (Valhalla Rising, 2009) de Nicolas Winding Refn

En Valhalla Rising lo más poderoso es el vínculo entre el niño y el guerrero,

El rostro petreo de Mads Mikkelsen domina Valhalla Rising. Su personaje, One eye, no dice una sola palabra en toda la película. Y no hace falta. La fuerza que emana y la mirada de su único ojo construye un personaje poderoso. Nicolas Winding Refn se va a una Edad Media salvaje donde, como dice una cita al principio de la película, solo está el hombre y la naturaleza. El instinto de supervivencia lo domina todo. One eye es un guerrero esclavizado en tierras nórdicas al que sus dueños utilizan para luchar a muerte con otros esclavos. Vive como un animal, encadenado y en una jaula. Lo único parecido a un vínculo lo tiene con un niño que le lleva la comida y le pone las cadenas.

Valhalla Rising la han vuelto a estrenar en cines y es una película para ver en pantalla grande y sala oscura. Su planteamiento es sencillo: es el viaje físico y espiritual de One eye. Al conseguir deshacerse de aquellos que habían anulado su libertad y dignidad inicia un viaje junto al niño. Durante la huida conocen a un grupo de vikingos cristianos que quieren ir a Tierra Santa. Y embarcan con ellos. Pero el barco navegará en una especie de niebla eterna que pone a prueba la fe de todos, el recorrido se transforma en fantasmal y onírico, donde la locura y la superstición invade el entorno, y cualquier atisbo de fe no tiene lugar. Los únicos que se mantienen fuertes y unidos son One eye y el niño.

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De un homenaje a un descubrimiento. El cine de Basil Dearden (I)

Basil Dearden ha sido todo un descubrimiento feliz. El día que falleció Sean Connery buscaba una película para homenajearlo y que supusiese descubrirlo en una historia menos conocida que las del agente 007 u otros trabajos cinematográficos recordados del actor. Me acordaba de que me había llamado la atención una película en el blog de 39 escalones, y me dispuse a verla; se trataba de La mujer de paja. Me lo pasé tan bien con ella que indagué en la filmografía del director. Apenas conocía su obra, más allá de ser uno de los directores de Al morir la noche (1945), de la productora británica Ealing. Me di cuenta de que en una plataforma digital habían subido bastantes títulos del director y decidí hacerme un ciclo. Así fui de sorpresa en sorpresa topándome con un realizador británico con una filmografía compacta de títulos muy potentes. De hecho, voy a analizarlos en dos post, siguiendo el orden en que fui viéndolos.

Basil Dearden parte de historias sólidas con conflictos dramáticos complejos o peliagudos problemas sociales que permiten una construcción psicológica profunda de los personajes y de la sociedad. En su cine no todo es blanco o negro, sino que se abre un amplio abanico de posibilidades y de distintas posturas ante ciertos temas. Nunca busca el camino fácil. Es un director británico que merece la pena ser rescatado y que desde los cuarenta hasta los setenta filmó varias películas que no pueden caer en olvido. Por otra parte, en el aspecto formal cuida mucho las atmósferas y los espacios donde desarrolla sus historias, además de dominar tanto el color como el blanco y negro en beneficio del argumento.

La figura de Dearden está muy unida a la del productor y director de arte Michael Relph. A finales de los cincuenta realizaron una cadena de películas británicas con fondo social, centrándose en temas polémicos como el racismo, la homosexualidad o la religión, con puntos de vista diferentes y complejos. También varias de sus películas más redondas cuentan con la presencia en el guion de Bryan Forbes o de Janet Green. Además su filmografía permite disfrutar de una buena galería de actores británicos como Patrick McGoohan, Richard Attenborough, Betsy Blair, Ralph Richardson, Dirk Bogarde, Jean Simmons, Celia Johnson, Yvonne Mitchell o Michael Craig.

La mujer de paja (Woman of straw, 1964)

La mujer de paja es una buena película de intriga psicológica alrededor de un magnate británico, anciano y en silla de ruedas. Un hombre que se muestra desagradable con cada persona que se cruza a su lado. Con el desprecio dirige su vida. Y este desprecio afecta al servicio, a su sobrino, a los perros… La humillación le divierte, tan solo parece amar la música de Beethoven que pone a todo volumen en su gramófono y a su mujer fallecida. Pero la presencia de una nueva enfermera en su vida lo cambiará todo.

Así se construye un triángulo ambiguo y una venganza cerebral…, pero La mujer de paja entra dentro de las películas “nada es lo que parece” o “vamos a quitar máscaras”. Y no solo eso, sino que se construye a base de giros argumentales que buscan dejar fuera de juego al espectador. Los protagonista son un solvente trío de intérpretes: Ralph Richardson, Gina Lollobrigida y Sean Connery.

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