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El blog de Hildy Johnson

Simplemente, un blog "de cine"

A mi hermana Mónica

Mandarinas

Mandarinas, una película estonia en coproducción con Georgia, se enmarca en la guerra civil georgiana (en concreto la guerra de Absajia, 1992-1993). Zaza Urushadze, de Georgia, ejerce de director y guionista para crear formalmente una película sencilla pero perfectamente construida. Mandarinas es una película de personajes y con una tesis muy clara y humanista: los seres humanos no tenemos fronteras. Aunque seamos de distintas religiones o nacionalidades, no necesariamente tenemos que ser enemigos. En palabras del propio director en un texto para explicar su película lo deja muy claro: “En las guerras desencadenadas por políticos irresponsables, la gente ordinaria que ama la vida acaba muriendo. La muerte de una persona es la muerte de un mundo único pero para los políticos tan solo es una cuestión de estadística. Las fronteras dividen a la gente de manera artificial. Esta película debería ser un intento de destruir los límites artificiales. Los héroes que recientemente, por alguna razón, eran enemigos, derribarán esas fronteras artificiales. Serán capaces de perdonar, ayudar y protegerse unos a otros, incluso protegerse de su misma gente y llegando a pagar hasta con sus propias vidas”. Y eso es Mandarinas… presenta “mundos únicos” y la capacidad del ser humano para liberarse de las fronteras y acercarse al otro.

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Las flores de la guerra

Regreso a casa y Las flores de la guerra conforman un díptico del cineasta Zhang Yimou que parte de argumentos que surgen del universo literario de la escritora china Geling Yan. Y aunque no conozco sus novelas, sí me resulta interesante señalar, después de haber indagado en la Red, que es una escritora exiliada, después de la matanza de de Tiananmen, y que actualmente vive en Berlín. También que su vida le ha servido como fuente de inspiración de su obra: su padre fue una de las víctimas de las purgas en tiempos de la Revolución Cultural y ella se convirtió en una niña marcada que formaba parte del Ejército Popular de Liberación y que tuvo que luchar para no ser siempre relegada por su herencia intelectual paterna (si habéis visto Regreso a casa os sonará de algo este pasado)… Así Yimou ha encontrado en las líneas de dicha autora (que no es precisamente una voz del Gobierno chino) claves para continuar con su trayectoria cinematográfica y la plasmación de su mundo visual. También ha supuesto la vuelta del director al intimismo de sus primeras obras y a ese leit motiv de la mirada femenina sobre el mundo. Si en Las flores de la guerra parte de un acontecimiento histórico brutal para vomitar un melodrama épico-íntimo, con Regreso a casa se mete de lleno en la intimidad de una familia que ve afectada su vida por la situación política e histórica. La primera va de lo épico a lo íntimo y la segunda navega en la privacidad de unas vidas marcadas por la Historia.

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El nuevo mundo

No sería mala idea analizar las películas de Terrence Malick fijándose tan solo en el empleo de las voces en off en sus historias. Esas voces que vomitan reflexiones sobre las imágenes y van creando ondas rítmicas, como las que crea una piedra que se lanza a un lago. Voces que ahondan todavía más en el universo visual de este cineasta-poeta. Y lo que es cierto es que o se conecta o no se conecta con su mundo, su mirada…, con su manera de contar. En El nuevo mundo el cineasta da su visión de la colonización de América centrándose en un personaje histórico: Pocahontas. Y las voces en off, que hunden al espectador en la subjetividad de los sentimientos, cuentan los secretos más íntimos de Pocahontas, John Smith y John Rolfe.

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regresoacasa

Regreso a casa permite varias maneras de enfocar su análisis: un rostro de una actriz que cuando aparece, bien sonriendo bien llorando o desorientada, transforma y traspasa la pantalla blanca. Ese rostro corresponde a Gong Li, actriz china y musa de las primeras película del realizador Zhang Yimou. Otra mirada es situarla dentro de la trayectoria del realizador, un regreso a las historias intimistas pero visualmente potentes de sus inicios, siempre con Gong Li como protagonista. Zhang Yimou es un realizador brillante, pero su carrera y su obra cinematográfica ha ido evolucionando de tal manera que no solo se mira su valía a la hora de manejar el lenguaje cinematográfico, sino también su papel como realizador dentro de su país, China. A Zhang Yimou se le han criticado varias de sus últimas obras cinematográficas (las realizadas sobre todo durante el siglo XXI), sin negar su maestría y su fuerza visual, por considerar que es el director oficial chino… (por ahí se podría realizar un interesante ensayo con el visionado exhaustivo de toda su obra, para determinar si exactamente esta afirmación es cierta totalmente. Sus primeros films contenían una crítica al gobierno chino hasta que el realizador fue virando a un cine épico y de evasión), que tiene el beneplácito del gobierno. O por último dejarse llevar por la sensibilidad a la hora de contar una triste historia de amor con una secuencia final muy hermosa y melancólica, con la nieve cayendo (curiosamente, la nieve es el nexo de unión también con la última y bella escena de otro magnífico melodrama chino, realizado por un director que está alejado de la China oficial; me refiero a Más allá de las montañas de Jia Zhang Ke).

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Pre code RKO

Antes de que entrara en vigor el código Hays o el código de censura en 1934 (su redacción fue en 1930), Hollywood mantuvo un combate férreo entre seguir las medidas de la censura o continuar rodando libremente: sin necesidad de ser políticamente correctos o mostrando un abanico amplio de dilemas morales, sociales, políticos… Así durante este periodo, conocido como pre code, se rodaron películas que reflejaban que todavía el sexo y la dropodependencia no eran temas tabú o que una escena violenta o un desnudo podía enseñarse en la pantalla blanca. Además era un periodo fructífero y experimental en Hollywood: acababa de llegar el cine sonoro y por lo tanto el lenguaje cinematográfico y la puesta en escena estaba en pleno proceso de evolución hacia una nueva época, que dejaba atrás la perfección alcanzada con el cine silente. La incorporación del sonido ampliaba las posibilidades para el séptimo arte, pero también abría un periodo de adaptación y de aprendizaje de las oportunidades que ofrecían el sonido y la imagen juntos. Por otra parte, el público tenía hambre de cine, un hambre que aumentó ostensiblemente con el crack del 29. El cine era una posibilidad de ocio, que no era muy cara y que el público, de momento, se podía permitir… y permitía que ese mismo público pudiera evadirse en la sala de cine de la oscura y aciaga realidad o, por otra parte, sentirse reflejado e identificado y crear otros héroes anónimos o ánimos para la lucha.

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Sunset song

El verano pasado el director danés Thomas Vinterberg adaptó para el cine una novela de finales del XIX del inglés Thomas Hardy, Lejos del mundanal ruido (que ya tenía una adaptación cinematográfica de los años sesenta de John Schlesinger). Este verano el director inglés Terence Davies adapta una novela escocesa de Lewis Grassic Gibbon de principios del siglo XX, Sunset song. Sin tener conocimientos de los universos de las dos novelas, sí hay un diálogo estrecho entre ambas películas. En la película de Vinterberg se veía que lo que había llamado la atención del director para plasmar esa novela (y tener coherencia con su trayectoria anterior) en la pantalla eran: “las emociones fuertes. La tragedia que persigue a algunos seres humanos y les marca. La dificultad de las relaciones humanas… La familia como sello. La violencia emocional”. Y todo eso está presente en Sunset song de Terence Davies, y también tiene que ver con su trayectoria cinematográfica. Los dos directores, innovadores en el aspecto formal, se dejan llevar en estas adaptaciones por un hermoso clasicismo cinematográfico, que acerca estas películas a otro tema que ambos tocan: el ciclo de la naturaleza, los paisajes rurales, el apego a la tierra y los rituales. Y el diálogo sigue en varios asuntos: las protagonistas son dos mujeres que trabajan y se aferran a su tierra. Hay escenas fundamentales y rodadas con una belleza especial en ambas: los estragos de la tormenta y la celebración de una boda. Y en las dos los cánticos populares son protagonistas. Es como si hubiera una vuelta a una narración pausada y clásica que refleja un mundo que se ha ido, pero ha dejado profundas huellas.

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Orphanik

Orphanik es un personaje inventor que habita en una novela de Julio Verne, El castillo de los Cárpatos (1892). Y como suele ocurrir con Verne también tuvo una premonición con el cine. Eran tiempos de artilugios y la época fascinante del pre-cine. Y ahí está Orphanik que con un sistema de espejos, iluminación especial y el retrato de la amada muerta del barón de Gortz, una cantante de ópera…, la hace aparecer llena de vida y en el esplendor de su belleza… y cantando otra vez de nuevo… Es como si fuera un espíritu o un fantasma de la mujer amada, eterna. Y esa puede ser una definición de lo que supone el cine: un tren de sombras, de fantasmas. Una manera de inmortalizar historias en una pantalla blanca. Y esas sombras necesitan ser miradas de distintas maneras, analizadas desde distintas perspectivas, descubiertas desde otros ángulos o inspeccionadas desde las mismas entrañas… Y ahí está también el germen de una nueva revista anual de crítica de cine, Orphanik.

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Ciudad de conquista

Un sin hogar (Frank Craven) se convierte en el narrador omnisciente de Ciudad de conquista. Es él quien nos presenta el caos de una gran ciudad como Nueva York para terminar centrándose en pequeñas historias que se desarrollan en sus calles. El sin hogar nos lleva de la mano para que conozcamos la infancia de los protagonistas, y cómo la ciudad marca sus vidas. Este personaje desemboca en un barrio humilde y bullicioso… y nos presenta a los personajes, como niños: Googi, un niño superviviente que tiene hambre y se busca la vida en las calles; Peggy, una niña que tiene claras sus aspiraciones: llegar a ser una gran bailarina; Danny, un niño noble, que ama su barrio, sus amigos y que quiere y protege a Peggy incondicionalmente, sin excesivas aspiraciones, pero que sabe defenderse cuando es necesario; y su hermano Eddie, que desde pequeño trata de formarse para ser un buen músico… Y de pronto una larga elipsis y ya todos los niños son adultos jóvenes. Ahí empiezan sus historias en la ciudad y, de vez en cuando, retomaremos el rostro del sin hogar, ese narrador que siempre está presente, como testigo anónimo… hasta el final, en que todos vuelven a ser engullidos por las calles… pero ya hemos conocido y vivido su historia.

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Money Monster (Money Monster, 2016) de Jodie Foster

Money Monster

Nadie le puede negar a Jodie Foster una película tremendamente entretenida, Money Monster, pero a la vez poniendo sobre la mesa reflexiones interesantes. Reflexiones para estos tiempos, que se repiten una y otra vez pero nunca parece suficiente. El nombre de la película es el mismo que tiene un programa de economía que tiene un presentador estrella de vuelta de todo con cara de George Clooney, que se deja llevar por una directora de programa ya cansada de su monotonía laboral (y de los caprichos del presentador estrella) con el rostro de Julia Roberts. El programa tiene esa mezcla peligrosa de entretenimiento puro y duro, sin responsabilidades en las informaciones y consejos que aporta. Sin profundizar en la verdadera información económica… y entonces les estalla en la cara esa forma de enfocar este tipo de noticias, cuando en pleno programa en directo entra un joven airado (Jack O’Connell), fuera de sus casillas, pidiendo explicaciones…

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El reloj

Aviso de Hildy: Por fin se ha solucionado el problema en los comentarios que impedía poder enviarlos. ¡Qué bueno volver a contar con vuestras imprescindibles aportaciones! Sin ellas este blog pierde mucho de su sentido… Espero que todos podáis seguir escribiendo sin problemas vuestras reflexiones sobre cine.

¿Son tan solo unas horas suficientes para conocer a una persona o encontrar una fuerte química con el otro? El cine sostiene que sí. Y una de sus pruebas es El reloj de Vincente Minnelli. Situaciones tambaleantes, que ponen a hombres y mujeres a prueba, o el futuro incierto hacen vivir el presente con más intensidad a los protagonistas. La incertidumbre de la guerra provoca que los dos días de permiso en Nueva York que tiene el soldado Joe (Robert Walker) sean su oportunidad de aprovechar el momento, más cuando se cruza en su camino Alice (Judy Garland).

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