Diccionario cinematográfico (241). Ginny Moorhead

Ginny rompe cada fotograma con esos ojos azules y tristes que traspasan y cuentan toda su historia.

Ginny Moorhead mira a ese hombre que es un escritor atormentado y que la está gritando porque no es capaz de comentarle nada sobre una obra que le ha leído. Y solo le dice: «Te quiero, pero no te comprendo». Hay personajes que se adueñan de una película y además en cada aparición te rompen.

Eso ocurre con esta chica de pelo corto, rostro exageradamente maquillado, ojos azules, andares torpes en un cuerpo escultural que envuelve con vestidos estrechos de colorines.

La primera vez aparece en un autobús desde Chicago totalmente dormida. Luego nos enteramos que se ha subido para seguir al hombre del que se ha enamorado. Un hombre atormentado, que ha vagado por el mundo, un veterano de guerra que no ha dejado de leer y escribir en todo su periplo. A veces es noble y otras mezquino. Solo cuando bebe es cariñoso con Ginny y le dice cosas bonitas.

Sigue leyendo →

Cuando cae el otoño (Quan vient l’automne, 2024) de François Ozon

François Ozon nos vuelve a regalar una buena historia en Cuando cae el otoño.

François Ozon arranca Cuando cae el otoño de una manera absolutamente certera y que define el tono de la película. En una pequeña iglesia, un cura está explicando el pasaje leído, pero el relato de lo que está contando y la explicación es de lo más sensual. Narra cuando María Magdalena se acerca por primera vez a Jesucristo. Y este último dice que a ella le serán perdonados todos sus pecados, porque sabe y es capaz de amar demasiado. La cámara recorre los bancos hasta que se para en el rostro de una anciana, que escucha atentamente las palabras y luego toma la comunión. Una vez termina la película, el pasaje adquiere todo su significado.

Me gusta mucho la capacidad de contar de François Ozon. Cómo según la historia que le late, elige una manera visual de plasmar la trama o emplea un género o varios que encajen para desarrollar todas las claves. Ozon es elegante narrando sus historias y en su última película acentua esta cualidad, además siempre sabe rodearse de una galería de actores que le permiten el desarrollo perfecto de su historia.

Sigue leyendo →

Frank Capra y Barbara Stanwyck, en busca de la esperanza

En su interesante autobiografía, Frank Capra, el nombre delante del título, el director italoamericano se deleita a la hora de contar el descubrimiento de la Stanwyck para una película de Columbia, Mujeres ligeras (Ladies of Leisure, 1930). Y nos descubre varias cosas de los dos. La incombustible energía de Capra, siempre con esa disposición a que reconocieran su trabajo, y la timidez arisca de la corista que se convertiría en una gran estrella de cine, reina de las primeras tomas.

Mujeres ligeras supuso la revelación de una actriz que fue adorada en Hollywood. En la autobiografía, Capra es muy crítico con las dos películas siguientes que hizo con la Stanwyck: La mujer milagro (The Miracle Woman, 1931) y Amor prohibido (Forbidden, 1932). Una, porque no se atrevió realmente a dar todos los matices a su personaje femenino (y con la Stanwyck al frente habría podido perfectamente) y la otra por ser excesivamente melodramática. Sin embargo, la cuarta la menciona entre las favoritas de su filmografía: La amargura del general Yen (The Bitter Tea of General Yen, 1932).

Después, reconoce que con la última película en la cual trabajo con Stanwyck consiguió su reparto soñado. Se trata de Juan Nadie (Meet John Doe, 1941), primera vez que descubrí a este tándem tan especial. Es muy interesante leer cómo Capra explica que para él tenía un arranque brutal, así como un buen desarrollo, pero que tuvieron muchos problemas para encontrar un final a la altura de la historia… De hecho, se pregunta si realmente había un final aceptable para Juan Nadie.

Durante estas Navidades he podido hacer este pequeño ciclo con las cinco películas de este dúo especial. Y ha sido una gozada por dos motivos: ciertamente se ve el nacimiento de una actriz, pero se muestra la versatilidad de un director, que con el cine precode enseña lo que ya sabíamos al analizar sus películas más conocidas, que el director sabe mirar el mundo con todas sus contradicciones y una expresa melancolía. A Frank Capra se le dibuja como un director optimista y dotado para la comedia, pero su filmografía es mucho más versátil y su visión del mundo más compleja de lo que parece. Barbara Stanwyck forjará esos personajes femeninos de fuerte personalidad que se convierten en verdaderas supervivientes de un mundo hostil al que tratan de manejar con mayor o peor fortuna.

Mujeres ligeras (Ladies of Leisure, 1930)

El descubrimiento de una estrella en Mujeres ligeras, Barbara Stanwyck,  por Frank Capra, un director que mostraba todo su oficio para contar historias.

Me encanta cómo el director describe su asociación con la actriz en su valiosa autobiografía: «Así empezó mi larga asociación personal y profesional con Barbara Stanwyck. Debajo de su hosca timidez hervían los fuegos emocionados de una joven Duse, o de una Bernhardt. Ingenua, no sofisticada, sin importarle el maquillaje, el vestuario o la peluquería, aquella chica del coro podía aferrarte el corazón y hacértelo pedazos. No sabía nada de los trucos de la cámara: cómo “engañar” a sus rizos a fin de que se viera bien su rostro, cómo restringir sus movimientos corporales en los planos cortos. Simplemente actuaba…, y todos los demás en el plató se quedaban embobados». A lo largo del libro, Frank Capra siempre añora la aparición de una actriz de ese calibre, de realizar un descubrimiento similar.

En Mujeres ligeras, se describe el encuentro entre una joven prostituta y un pintor en busca de inspiración e hijo de un rico empresario. Los dos han escapado de diferentes fiestas: él de una que ha organizado su novia y un amigo en su estudio de pintor y ella de un evento privado en un barco. Cuando la joven se queda dormida en el coche (pues el rico pintor se ofrece a llevarla de nuevo a la ciudad), él cree ver algo en su rostro y le pide que sea su modelo.

El artista quiere captar su esencia y eliminar todas las máscaras. Quiere que ella sobrepase el techo y mire las estrellas. Pretende dibujar con su rostro algo tan complejo como la esperanza. Dos seres desencantados en busca de una esperanza. Él siente una vida vacía y una inspiración que siente que no le llega para culminar un proceso creativo. A ella la vida le ha dado muchos palos, aun así trata de levantarse una y otra vez.

La película tiene todos los elementos de una película precode. Primero, la profesión de la joven protagonista y su compañera de piso (una maravillosa Marie Prevost, actriz con un final trágico) y las conversaciones que tienen ambas sobres sus servicios en cuestión. Después, siempre hay una oportunidad para que estén ligeras de ropa o tengan que bañarse. En un momento dado no se oculta la desesperación de Barbara por las circunstancias que la van rodeando y que tan solo vea como única salida el suicidio. También, se refleja a la perfección la tensión sexual no resuelta entre la prostituta y el pintor cuando ambos tienen que pasar una noche juntos en el estudio.

Frank Capra consigue momentos brillantes, como todas las relacionadas con Barbara en el estudio, en esa terraza, mirando las estrellas o la noche en cuestión de la tensión sexual. También el director cuida a cada uno de sus personajes secundarios, algo que siempre haría a lo largo de su trayectoria, no solo dando importancia a cada uno de los actores que los representaban, sino dándoles su momento. Así aquí pasa con el amigo alcoholizado que va de fiesta en fiesta y apenas duerme, con la madre del pintor o con la amiga de la prostituta. En esta película se produjo otro encuentro fructífero, el del guionista Jo Swerling con Capra y Stanwyck.

El guionista trabajaría varios libretos con la pareja y buscaría siempre unos puntos políticamente incorrectos en estas películas precode que las rodean de un encanto especial. Mujeres ligeras es deliciosa, curiosamente Barbara Stanwyck mantiene a la perfección el carisma de su personaje, aportándole todos los matices necesarios y una transformación preciosa. Sin embargo, su compañero Ralph Graves, actor que trabajó numerosas veces con Capra, no nos deja un galán atractivo ni se nos hace simpático, aunque en determinados momentos sí consigue esa tensión sexual no resuelta.

Mujeres ligeras tiene el leit motiv de la carrera de Frank Capra, esa complicada búsqueda de la esperanza en un mundo hostil.

Sigue leyendo →

Descubrimientos veraniegos (1). Le soldatesse (Le soldatesse, 1965) de Valerio Zurlini

Este verano viajaremos por distintos descubrimientos cinematográficos que nos hagan viajar por películas, libros, exposiciones y alguna que otra curiosidad.

Le soldatesse, una triste historia de guerra.

Hay películas inexplicablemente en el olvido y no solo eso, sino que también es difícil acceder a ellas. Eso es lo que pasa con la película italiana Le soldatesse del realizador Valerio Zurlini, poco prolífico, pero con obras extremadamente bellas y delicadas como La chica con la maleta y Crónica familiar.

Le soldatesse narra un viaje muy especial en plena Segunda Guerra Mundial. Se centra en uno de esos episodios de los que poco se habla: la invasión italiana en Grecia. Y en algo mucho más concreto, chicas griegas en situaciones extremas de supervivencia buscan salida como prostitutas para subir la moral de los soldados italianos. La película narra el viaje en camión de tres militares de distintos rangos que tienen que asegurarse de que quince prostitutas vayan llegando a los distintos destacamentos. El territorio clave de esta invasión fue Albania.

El material del que parten el director y los guionistas es la adaptación de una novela con el mismo título de un escritor y también guionista, que además fue soldado durante la Segunda Guerra Mundial, Ugo Pirro, guionista de películas como Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha y El jardín de los Finzi-Contini.

Sigue leyendo →

Universo western (I). El árbol del ahorcado (The Hanging Tree, 1959) de Delmer Daves / Monte Walsh (Monty Walsh, 1970) de William A. Fraker

El árbol del ahorcado y Monte Walsh inauguran un nuevo ciclo de películas del Oeste: Universo western. Según voy leyendo el ensayo El universo del western, de Georges Albert Astre y Albert Patrick Hoarau, me ha apetecido ir viendo mientras tanto largometrajes de este género que no han pasado todavía por este blog. Los westerns me gustan mucho, tanto disfrutarlos como analizarlos.

Y es que es cierto, hay un universo western especial y unas historias que hablan de un mundo determinado, entre la idealización y la realidad. Los westerns son complejos, contradictorios, hermosos y terribles a la vez, duros, tristes, alegres, con momentos delicados y otros violentos… y llenos de seres humanos con todos sus defectos y virtudes. En estas películas fluye la vida, con toda su dureza, pero también su belleza. Para esta primera entrada me decanto por dos western intimistas. Uno, de Delmer Daves, uno de los nombres clásicos del género; y otro de un buen director de fotografía, William A. Fraker, que decidió pasarse a la realización, y debutó con un hermoso western crepuscular.

El árbol del ahorcado (The Hanging Tree, 1959) de Delmer Daves

Universo western: El árbol del ahorcado, una película del Oeste con mucha sensibilidad.

Una muchacha al borde de un precipicio con miedo a mirar, un hombre que la acompaña le dice que tiene que superar ese miedo, que no aconseja ir por la vida con los ojos cerrados. Ella es una inmigrante suiza que busca una oportunidad en la tierra prometida. Él es un curtido doctor que arrastra un pasado y va por distintos poblados ejerciendo su profesión.

Delmer Daves realizó el último western de su carrera e hizo que sus personajes deambularan en una historia intimista y emocionante. La acción arranca con la llegada a una nueva aldea, durante la fiebre del oro, a finales del siglo XIX, de Joseph Frail (Gary Cooper) para ejercer como doctor. Como él, llegan otros nuevos habitantes, y uno de ellos, desde el carro, observa un árbol con una cuerda colgando y dice que es bueno que exista un árbol del ahorcado para que haya un cierto respeto. Así ya se nos habla de una sociedad dura, de un relato de frontera, de sociedades que se construyen y que imparten justicia de una manera arbitraria y brutal. La llegada del héroe, con su pasado a cuestas, es envuelta por una hermosa canción, que ya nos cuenta en su letra la esencia de la historia.

Sigue leyendo →

Sesiones dobles para tardes de verano (5). Kenji Mizoguchi y la prostitución: Los músicos de Gion / La calle de la vergüenza

Kenji Mizoguchi quedó muy marcado por ciertas vivencias de la infancia y por el comportamiento de su padre ante los problemas económicos, el maltrato que sufrió su madre y la venta de su hermana mayor como geisha. Por otra parte, a principios de los años veinte, uno de sus primeros trabajos dentro del cine fue el de oyama, un joven varón que interpretaba papeles femeninos tanto en los escenarios teatrales como en la pantalla de cine. Sin embargo, en cuanto se levantó la prohibición y las mujeres pudieron interpretar en la pantalla distintos papeles, Mizoguchi perdió su trabajo y se dedicó a otras labores cinematográficas hasta que llegó a la dirección. Siempre estuvo muy unido a la sensibilidad femenina.

Conocía el mundo de los burdeles, no solo porque vivió en un barrio rodeado de estos locales y porque estaba muy unido a su hermana, sino porque también él acudía a los servicios de las geishas. Tuvo una vida sentimental turbulenta. No obstante, en sus películas logra reflejar un mundo femenino especial y contar la situación de las mujeres en Japón. Varios de sus personajes, como en las dos películas que vamos a analizar en esta sesión doble, eran prostitutas.

Desde su juventud simpatizó con la revolución rusa y los principios comunistas. De alguna manera en su cine se une una sensibilidad poética especial con un realismo crudo. No era amante del montaje y, por eso, prefería un buen plano secuencia o una escena larga y estática, llena de detalles (su famosa máxima: una escena, un plano). Así la pantalla a veces se convertía en un lienzo donde Mizoguchi creaba con su cámara un cuadro en movimiento. Así se convirtió en un buen retratista de mujeres y reflejó un periodo determinado en varias películas: el de la posguerra. Después de la Segunda Guerra Mundial se iba desmoronando poco a poco un Japón tradicional para dar entrada a otro más moderno, y las mujeres también eran protagonistas de este cambio, en un mundo lleno de contradicciones.

Los músicos de Gion (Gion bayashi, 1953)

Con una sensibilidad especial, Kenji Mizoguchi refleja un mundo que conoce. Parte de la sencillez para presentar todos los matices posibles de un tema complejo: el de las geishas. Cuenta con dos protagonistas, que solo encuentran su libertad en su apoyo mutuo. La película se convierte en un temprano relato cinematográfico de sororidad. Las dos realizan un viaje emocional para descubrir que están en un callejón sin salida, pero son conscientes de que deben sobreponerse y sobrevivir en un mundo donde su única salida es ayudarse la una y la otra y donde siempre van a estar sometidas al poder de los hombres que las rodean y donde sus derechos van a estar comprometidos.

Sigue leyendo →

Sesión doble de Peter Bogdanovich y Ben Gazzara. Saint Jack, el rey de Singapur (Saint Jack, 1979) / Todos rieron (They All Laughed, 1981)

Un momento del rodaje de Todos rieron en el documental One day since yesterday: Peter Bogdanovich & the Lost American Film.

Resulta curioso que en varias entrevistas, Peter Bogdanovich exprese que dos de las películas que más valora en su filmografía son tanto Saint Jack como Todos rieron. Y es curioso porque ambas se han convertido en las más desconocidas de su trayectoria cinematográfica. Enfrentarme a ellas ha sido un descubrimiento gozoso ya que son dos películas totalmente de director-autor, y muy en sintonía con ese cine del Nuevo Hollywood que se cultivó durante los años setenta. Dos películas muy libres e independientes del realizador, al margen de los grandes estudios. De hecho, la última de ellas sufrió además un revés por un acontecimiento trágico antes de que se estrenara, que hizo que Bogdanovich tuviera que asumir totalmente su distribución, y que supuso un batacazo final para la película.

Las dos comparten al mismo actor, Ben Gazzara, con un carisma brutal, y que además había dejado ya su huella especial y naturalidad en las películas independientes de su amigo John Cassavetes. Y también el mismo director de fotografía: Robby Müller, este logra que tanto Singapur como Nueva York estén envueltas en una luz y un halo muy especial. Por otro lado, tanto Saint Jack como Todos rieron se dejan llevar por un mismo tono: el de la melancolía. Así la primera, que es una adaptación literaria de una novela de Paul Theroux, es un lienzo complejo de un personaje controvertido. Y la segunda es una comedia romántica y de enredos con la tristeza de fondo.

En esta sesión doble especial que propongo, sugiero un colofón final con un estupendo documental: One day since yesterday: Peter Bogdanovich & the Lost American Film (2014) de Bill Teck. Que no solo da un paseo por la filmografía de Bogdanovich sino que se centra sobre todo en lo que significó en su carrera Todos rieron, además de contar la tragedia que rodeó la película. Bogdanovich estaba viviendo un romance con una de las actrices principales, Dorothy Stratten, playmate del momento. Ella estaba empezando a dar sus primeros pasos en el mundo del cine y esperaba divorciarse de su marido, Paul Snider, que hasta ese momento había llevado su carrera. Cuando se acercó a casa de Snider, precisamente para ultimar asuntos sobre su próximo divorcio, este la recibió con un disparo de escopeta, terminando con su vida. Ante tal horror, ningún distribuidor quiso arriesgarse con una comedia romántica protagonizada por la víctima de un asesinato horrible.

No hace poco escribí en otro blog en el que colaboro que al estudiar la fecha de defunción del Nuevo Hollywood surge como indicador el fracaso de tres largometrajes: La puerta del cielo (1980), de Michael Cimino; Corazonada (1981), de Francis Ford Coppola; y Todos rieron (1981). Estas tres películas supusieron el desastre para los directores que se vieron implicados en ellas, y el pistoletazo de salida para que los grandes estudios ya no confiaran en estos directores, autores y creadores, los bajaran poco a poco del podio y elevaran a los altares a los directores que prometían dividendos en taquilla. Peter Bogdanovich dejó de ser un director estrella y se ha convertido en un realizador superviviente y en el margen. Hace relativamente poco volvió a las pantallas con un documental sobre Buster Keaton, recuperando una faceta que nunca ha abandonado: la de crítico e historiador de cine.

Sigue leyendo →

Delicatessen francés (IV). Yoshiwara (Yoshiwara, 1937)/Suprema decisión (Sans lendemain, 1940) de Max Ophüls

Cada descubrimiento de una película de Ophüls, me hace amar más su obra

La representación del amor según Max Ophüls (I). Yoshiwara (Yoshiwara, 1937)

Yoshiwara

Yoshiwara es un barrio de geishas, tras sus muros se esconde el placer. Ahí van a parar los marineros que bajan de sus barcos. Así ocurre con un barco ruso, bajan varios hombres y, entre ellos, el teniente Serge Polenoff (Pierre Richard-Willm), encargado de que los demás no cometan ningún exceso y vuelvan a su hora al barco. Yoshiwara es una tragedia de finales de siglo XIX. Una historia de amor desgarrada. Un triángulo de amor que acaba con el peor de los destinos. Serge no busca el amor y lo encuentra. Lo encuentra en una triste y bella geisha, Kohana (Michiko Tanaka), justo en la noche que tiene que ejercer por primera vez como tal, pues no ha tenido más remedio que tomar ese camino. Los dos sin esperarlo se unen en una historia de amor trágica, pero con un momento de ilusión.

Serge y Kohana fantasean sobre su futuro en Rusia. Él le da a ella un vestido de fiesta. Y se miran felices frente un espejo. A partir de ahí empiezan a imaginar una noche en la ópera, un paseo en trineo… Es la felicidad más absoluta en el interior de una habitación en Japón. Max Ophüls representa en la imaginación de los amantes ese día futuro que nunca llegará y lo convierte en el más hermoso de los días. Ya solo por esa secuencia merece la pena el visionado de Yoshiwara.

Sigue leyendo →

Kenji Mizoguchi. Cuentos de la luna pálida de agosto (Ugetsu monogatari, 1953) / El intendente Sansho (Sansho Dayu, 1954)

En el universo cinematográfico de Kenji Mizoguchi, sus historias nos las cuenta desde una distancia prudencial, pero que cala. La vida de sus personajes pasa por nuestros ojos en elaborados planos secuencia con infinidad de detalles, como en un buen cuadro. En sus películas sobre historias del pasado, no solo habla de su presente (y de este presente también), sino que vierte además gotas de su propia biografía. Kenji Mizoguchi murió joven de una leucemia en 1956 y podría haber seguido rodando y rodando… o quizá su fantasma no haya parado de contar historias y también haya recuperado aquellas películas perdidas de su filmografía que ya no podremos ver. Su espíritu de joven luchador fue alcanzado por los ecos de la revolución rusa y posteriormente su visión política y social del mundo la vertió en sus fotogramas. Pero si algo le marcó en su infancia dura y pobre fue el maltrato de su madre y la venta de su hermana mayor como geisha, convirtiéndole en un director que no solo cuidaba a sus personajes femeninos, sino que daba voz a la realidad de la mujer japonesa (y del mundo), a cómo se silenciaba su papel, a las injusticias que aguantaba y a la desigualdad de derechos y oportunidades que sufría a diario. Le gustaban las mujeres en su vida privada y en la pantalla de cine, la turbulenta y agitada vida sentimental de sus personajes no le era ajena.

Cuentos de la luna pálida de agosto (Ugetsu monogatari, 1953)

Cuentos de la luna pálida de agosto

… Hombres y fantasmas… un tenue límite

Mizoguchi recrea un mundo de leyenda en el Japón del siglo XVI y esos cuentos de luna pálida narran las vicisitudes de dos campesinos con ambiciones, Genjuro y Tobei. Uno piensa en enriquecerse con su trabajo como alfarero y el otro quiere ser un samurái; son tiempos de guerra y violencia. Los dos están casados y sus mujeres siempre tratan de que bajen a la tierra y valoren y cuiden lo que tienen. Pero es un cuento trágico y en un río cubierto de tiniebla, mientras todos viajan en una humilde embarcación, les envuelve una premonición oscura sobre el destino. Además se separan en ese instante. La esposa de Genjuro deja la barca con su hijo pequeño para volver a la aldea ante el miedo de que sean atacados y robados con toda la mercancía que llevan a vender a la ciudad. Una vez en la ciudad, Genjuro, Tobei y su esposa empiezan a vender con éxito la mercancía. Pero a la vez todo cambia y se transforma. Genjuro conoce a una bella mujer noble, lady Wasaka, y se ve atrapado en un paraíso de placer y sensualidad. Y Tobei con el dinero ganado compra su uniforme de samurái, abandonando a su esposa para conseguir, cueste lo que cueste, su sueño.

Sigue leyendo →

10 razones para amar La puerta del cielo (Heaven’s Gate, 1980) de Michael Cimino

Me regalé la víspera de mi cumpleaños, el sábado por la noche, el visionado de La puerta del cielo en la edición de blu ray. Había sido uno de mis regalos de Navidades, pero no había encontrado el momento de verla entera, sin cortes. Me sirvió para darme cuenta de que la seguía amando…

La puerta del cielo

Ella y James, un amor libre

Razón número 1: … incluso las sombras

Hay toda una leyenda y unas cuantas certezas detrás de La puerta del cielo… Se puede bucear por la historia tras las cámaras en varias fuentes. Desde el documental que aporta los extras del blu ray, Final Cut: cómo se hizo y se deshizo La puerta del cielo. Hasta la descripción del tormentoso rodaje que proporciona Moteros tranquilos, toros salvajes de Peter Biskind. O también los datos que proporciona sobre el rodaje Juan Tejero en el primer volumen de ¡Este rodaje es la guerra!

La puerta del cielo se señala como el ocaso de lo que supuso el Nuevo cine americano o Nuevo Hollywood. Una segunda etapa dorada de Hollywood donde el director se convirtió en autor y estrella, donde se apostó por el cine más como arte que en su faceta de entretenimiento e industria. Su fracaso de público y crítica también marcó la caída de los grandes estudios de la época dorada (lo pasó realmente mal y fue crítica la situación en que se quedó United Artists). Por otra parte, tiñó de director maldito a Michael Cimino que había sido encumbrado con El cazador y hundido con La puerta del cielo… y nunca volvió a levantar totalmente la cabeza. La cantidad de celuloide filmado y una obra final de cinco horas hizo que ante el terror de la hecatombe el propio director cortara y cortara…, así exhibió en los cines una versión de 148 minutos. Ahora la del blu ray es bastante más extensa, sin llegar a las cinco horas. Estos cortes y montajes hace que el espectador tenga que hacer un esfuerzo intelectual para reconstruir la historia… para soñarla. Para entender relaciones y personajes.

Así se convierte en apasionante el análisis entre bambalinas de la película. Y entender qué supuso realmente y que pasó para que se percibiese como una película mala y descabellada… Pero lo que se vislumbra finalmente es una de las obras imperfectas e inacabadas más hermosas. La puerta del cielo es melancólica, incómoda, nostálgica, romántica y tremendamente triste.

Sigue leyendo →