Frank Capra y Barbara Stanwyck, en busca de la esperanza

En su interesante autobiografía, Frank Capra, el nombre delante del título, el director italoamericano se deleita a la hora de contar el descubrimiento de la Stanwyck para una película de Columbia, Mujeres ligeras (Ladies of Leisure, 1930). Y nos descubre varias cosas de los dos. La incombustible energía de Capra, siempre con esa disposición a que reconocieran su trabajo, y la timidez arisca de la corista que se convertiría en una gran estrella de cine, reina de las primeras tomas.

Mujeres ligeras supuso la revelación de una actriz que fue adorada en Hollywood. En la autobiografía, Capra es muy crítico con las dos películas siguientes que hizo con la Stanwyck: La mujer milagro (The Miracle Woman, 1931) y Amor prohibido (Forbidden, 1932). Una, porque no se atrevió realmente a dar todos los matices a su personaje femenino (y con la Stanwyck al frente habría podido perfectamente) y la otra por ser excesivamente melodramática. Sin embargo, la cuarta la menciona entre las favoritas de su filmografía: La amargura del general Yen (The Bitter Tea of General Yen, 1932).

Después, reconoce que con la última película en la cual trabajo con Stanwyck consiguió su reparto soñado. Se trata de Juan Nadie (Meet John Doe, 1941), primera vez que descubrí a este tándem tan especial. Es muy interesante leer cómo Capra explica que para él tenía un arranque brutal, así como un buen desarrollo, pero que tuvieron muchos problemas para encontrar un final a la altura de la historia… De hecho, se pregunta si realmente había un final aceptable para Juan Nadie.

Durante estas Navidades he podido hacer este pequeño ciclo con las cinco películas de este dúo especial. Y ha sido una gozada por dos motivos: ciertamente se ve el nacimiento de una actriz, pero se muestra la versatilidad de un director, que con el cine precode enseña lo que ya sabíamos al analizar sus películas más conocidas, que el director sabe mirar el mundo con todas sus contradicciones y una expresa melancolía. A Frank Capra se le dibuja como un director optimista y dotado para la comedia, pero su filmografía es mucho más versátil y su visión del mundo más compleja de lo que parece. Barbara Stanwyck forjará esos personajes femeninos de fuerte personalidad que se convierten en verdaderas supervivientes de un mundo hostil al que tratan de manejar con mayor o peor fortuna.

Mujeres ligeras (Ladies of Leisure, 1930)

El descubrimiento de una estrella en Mujeres ligeras, Barbara Stanwyck,  por Frank Capra, un director que mostraba todo su oficio para contar historias.

Me encanta cómo el director describe su asociación con la actriz en su valiosa autobiografía: «Así empezó mi larga asociación personal y profesional con Barbara Stanwyck. Debajo de su hosca timidez hervían los fuegos emocionados de una joven Duse, o de una Bernhardt. Ingenua, no sofisticada, sin importarle el maquillaje, el vestuario o la peluquería, aquella chica del coro podía aferrarte el corazón y hacértelo pedazos. No sabía nada de los trucos de la cámara: cómo “engañar” a sus rizos a fin de que se viera bien su rostro, cómo restringir sus movimientos corporales en los planos cortos. Simplemente actuaba…, y todos los demás en el plató se quedaban embobados». A lo largo del libro, Frank Capra siempre añora la aparición de una actriz de ese calibre, de realizar un descubrimiento similar.

En Mujeres ligeras, se describe el encuentro entre una joven prostituta y un pintor en busca de inspiración e hijo de un rico empresario. Los dos han escapado de diferentes fiestas: él de una que ha organizado su novia y un amigo en su estudio de pintor y ella de un evento privado en un barco. Cuando la joven se queda dormida en el coche (pues el rico pintor se ofrece a llevarla de nuevo a la ciudad), él cree ver algo en su rostro y le pide que sea su modelo.

El artista quiere captar su esencia y eliminar todas las máscaras. Quiere que ella sobrepase el techo y mire las estrellas. Pretende dibujar con su rostro algo tan complejo como la esperanza. Dos seres desencantados en busca de una esperanza. Él siente una vida vacía y una inspiración que siente que no le llega para culminar un proceso creativo. A ella la vida le ha dado muchos palos, aun así trata de levantarse una y otra vez.

La película tiene todos los elementos de una película precode. Primero, la profesión de la joven protagonista y su compañera de piso (una maravillosa Marie Prevost, actriz con un final trágico) y las conversaciones que tienen ambas sobres sus servicios en cuestión. Después, siempre hay una oportunidad para que estén ligeras de ropa o tengan que bañarse. En un momento dado no se oculta la desesperación de Barbara por las circunstancias que la van rodeando y que tan solo vea como única salida el suicidio. También, se refleja a la perfección la tensión sexual no resuelta entre la prostituta y el pintor cuando ambos tienen que pasar una noche juntos en el estudio.

Frank Capra consigue momentos brillantes, como todas las relacionadas con Barbara en el estudio, en esa terraza, mirando las estrellas o la noche en cuestión de la tensión sexual. También el director cuida a cada uno de sus personajes secundarios, algo que siempre haría a lo largo de su trayectoria, no solo dando importancia a cada uno de los actores que los representaban, sino dándoles su momento. Así aquí pasa con el amigo alcoholizado que va de fiesta en fiesta y apenas duerme, con la madre del pintor o con la amiga de la prostituta. En esta película se produjo otro encuentro fructífero, el del guionista Jo Swerling con Capra y Stanwyck.

El guionista trabajaría varios libretos con la pareja y buscaría siempre unos puntos políticamente incorrectos en estas películas precode que las rodean de un encanto especial. Mujeres ligeras es deliciosa, curiosamente Barbara Stanwyck mantiene a la perfección el carisma de su personaje, aportándole todos los matices necesarios y una transformación preciosa. Sin embargo, su compañero Ralph Graves, actor que trabajó numerosas veces con Capra, no nos deja un galán atractivo ni se nos hace simpático, aunque en determinados momentos sí consigue esa tensión sexual no resuelta.

Mujeres ligeras tiene el leit motiv de la carrera de Frank Capra, esa complicada búsqueda de la esperanza en un mundo hostil.

La mujer milagro (The Miracle Woman, 1931)

Barbara Stanwyck en otro de sus papeles donde busca la esperanza y la fe de la mano de Frank Capra.

La mujer milagro es una película interesantísima con la religión como tema principal. De nuevo, Barbara Stanwyck nos muestra su versatilidad con una secuencia de arranque arrebatadora. En una iglesia, los feligreses están esperando el último sermón del párroco que ha estado con ellos durante décadas, parece ser que han preferido sustituirle por otro más joven. Quien sale es su hija que se enfrenta a todos de una manera desgarradora, echándoles en cara cómo han tratado a su padre, y totalmente desencantada con la religión para confesarles al final que el párroco, su padre, acaba de fallecer en sus brazos.

Todos se van de la iglesia menos un hombre que la convence para que se alíe con él. Le dice que se aproveche de esa hipocresía de las personas que van a la iglesia. Y vemos como la joven se transforma en la hermana Fallon, una predicadora que da sermones, realiza falsos milagros y enriquece a todos los que la rodean. Lo que no se espera la descreída y desencantada hermana Fallon es que en su camino se cruzará un hombre ciego, que no solo hará que crea en sus palabras y en los milagros, sino que se enamorará profundamente de él. La joven recuperará la fe en manos de un hombre que no ve y que decidió no quitarse la vida al escuchar por la radio uno de sus falsos sermones esperanzadores…

Lo más interesante de esta película es ver todos los puntos de conexión que tiene con El fuego y la palabra (Elmer Gantry, 1960). Curiosamente, la película de Capra adaptaba una obra de John Meehan y Robert Riskin y la de Richard Brook partía de una novela de Sinclair Lewis. Las dos parten de una falsa predicadora y su momento clímax y dramático tiene que ver con un incendio. Pero el personaje de Barbara Stanwyck es una mujer con los pies más en la tierra, consciente de que está estafando y engañando, pero que recupera la fe en sus palabras gracias al amor de un hombre ciego. Poco a poco se va creyendo las palabras que predica. Y el de Jean Simmons es un personaje trágico que se va creyendo su propio papel, vive en otra dimensión y se considera realmente una mujer milagro sin serlo.

Si hay un momento hermoso en esta película es cuando el personaje del hombre ciego trata de hacer creer a la hermana Fallon que ha sido capaz de hacer un milagro, que él puede ver, para devolverle la autoestima, las ganas de luchar y de ser una auténtica predicadora… y fracasar estrepitosamente en el intento. Previamente, ha ido a la habitación con su casera para que ella se convierta en sus ojos y le describa todo el camerino de su amada.

Como siempre ocurre en las películas de Capra hay personajes secundarios maravillosos como precismente esa bondadosa y anciana casera que cuida sin pedir nada a cambio a ese hombre ciego en un principio desesperado. Pero el largometraje también está repleta de momentos curiosos e incluso de lo más extraños, como que el galán ciego (el poco carismático David Manners) vive en su casa con un muñeco de madera. Antes de quedarse ciego, fue piloto y en esos momentos se dedica a componer canciones que no vende, pero lo más inquietante es que es ventrílocuo y que solo expresa ciertas emociones o se atreve a decir sus sentimientos a través del muñeco. Y que seduce a la hermana Fallon a través del muñeco… ¡Menuda historia hay ahí detrás!

La mujer milagro no deja de ser una película que de nuevo engancha por la riqueza interpretativa y los matices que regala Barbara Stanwyck a su complejo personaje haciendo creíble su transformación. De nuevo es un personaje en busca de esperanza en un mundo habitado por la falsedad, la hipocresía y el engaño. Además de que como siempre Frank Capra regala momentos cinematográficos contundentes como la despedida de los amantes en la playa o el incendio final.

Amor prohibido (Forbidden, 1932)

Maravillosa Barbara Stanwyck como una mujer que sacrifica su vida por amor. Aquí con un sorprendente Ralph Bellamy (de lo mejor de la función).

El mismo Capra lo reconoce en su autobiografía. Con Amor prohibido quiso hacer su propia versión libre de la famosa novela de Fannie Hurst (que fue llevada también al cine ese mismo año por John M. Stahl en la maravillosa La ursurpadora y que tendría a lo largo de las décadas otras memorables versiones cinematográficas). Fran Capra ofrece también un atractivo melodrama sobre el papel de «la otra», pero mucho más seco, tosco, directo y duro.

Ella será una bibliotecaria que ve que pasan los años y que el amor no llama a su puerta, así que decide sacar todos sus ahorros y viajar en un crucero que va a La Habana. Allí nuestra protagonista (Barbara Stanwyck) se cruzará con un desconocido (Adolph Menjou) e iniciarán una historia de amor sin saber mucho el uno del otro. De hecho, empiezan llamándose por el número de sus camerinos, 66 y 99. Los dos se construyen durantes esos días un mundo propio, ajeno al real.

La historia se prolongará después, pero ya no podrán mantener sus secretos. Los dos continuan tratando de prolongar su mundo propio en la gran ciudad. Ella cambia radicalmente de vida y entra a trabajar en documentación de un periódico y vive esperando las visitas de amado. En una de ellas, tras una pequeña broma, se entera de su condición, solo es «la otra». No solo es amante, sino que él no puede renunciar ni a su esposa ni a su carrera política. Ella le echará de su vida y desaparecerá de su entorno con un secreto en su regazo. Volverán a encontrarse y él además hará el descubrimiento que unirá y cambiará sus vidas para siempre.

El melodrama irá in crescendo (de nuevo en el guion con la mano de Jo Swerling), pues habrá un periodista ambicioso y enamorado (un sorprendente y maravilloso Ralph Bellamy, que por primera vez lo veo en un rol donde no hace de novio soso), sacrificios, un matrimonio anunciado, un asesinato, muerte y mucha soledad.

Frank Capra hace un buen uso de la elipsis, el paso del tiempo y unos maravillosos primeros planos, donde Barbara Stanwyck es capaz de reflejar todos los matices posibles. Otra vez sus dos protagonistas, 66 y 99, han tratado de alcanzar la felicidad sin poder atraparla…

La amargura del general (The Bitter Tea of General Yen, 1932)

En un mundo hostil, el personaje de Barbara Stanwyck trata de aferrarse a un amor imposible.

Si algo engancha este políticamente incorrecto largometraje (por su visión cruda de las diferencias entre Occidente y Oriente, dejando en evidencia un racismo sin máscaras) es su carácter onírico y el erotismo que respira cada una de sus secuencias. Los occidentales viven en medio de una cruda guerra civil en China, menospreciando a las personas y a la cultura del país en el que viven o sacando el mejor provecho de la contienda civil. Los orientales, por su lado, menosprecian también lo occidental, conscientes de la mirada que tienen sobre ellos, aprovechan lo que les conviene para su cruda guerra y no dudan tampoco en engañarlos, pues les respetan muy poco. En este ambiente caótico y hostil, Frank Capra hace florecer un extraño amor interracial que trata de romper barreras.

La protagonista es una joven que llega a un país que desconoce y totalmente hostil para casarse con un misionero, que por lo menos sí se preocupa de las víctimas de la guerra (los niños de un orfanato que está bajo su cargo). De hecho, la ceremonia de la boda se suspende para salvar a dicho niños. Pero eso supondrá la separación de la pareja, pues el enfrentamiento civil se recrudece y en una estación de tren son golpeados y separados por la multitud. Ella es secuestrada por el general Yen, uno de los líderes de dicho enfrentamiento, que a su vez es asesorado económicamente por un norteamericano (interesante personaje secundario, de esa galería que tanto cuidaba Frank Capra en sus largometrajes).

Y en ese encierro comienza la película y toda su belleza, porque la cautiva irá cayendo en la sensualidad y violencia de ese espacio donde está encerrada y se verá envuelta en la atrayente personalidad de un hombre elegante y violento. Así asistirá a fusilamientos sin piedad alguna, pero también a hermosos rituales bajo la luz de la luna. De tal manera, que el personaje de Barbara Stanwyck irá sucumbiendo al misterio, la crueldad, la belleza y el erotismo de un mundo desconocido y caótico. E incluso entre sueños deseará caer en los brazos del misterioso general Yen (con los rasgos del actor sueco Nils Asther).

La amargura del general Yen construye una trágica historia de amor entre dos personas condenadas a no encontrarse. Y, de paso, se convirtió, como dice Capra en su autobiografía, en una de su favoritas. Como escribe con ímpetu el director: «Tampoco recibió ninguna mención para los premiso de la Academia. ¡Malditos fueran aquellos votantes de la Academia! ¿Acaso no sabían reconocer una obra de arte cuando veían una? Pese a todo, La amargura del general Yen seguirá siendo siempre una de mis películas preferidas».

Es cierto que La amargura del general Yen posee una belleza onírica e hipnótica. De nuevo, los protagonistas son dos personas muy diferentes que tratan de encontrar la esperanza y el amor en un mundo caótico y violento.

Juan Nadie (Meet John Doe, 1941)

Una despedida maravillosa a los personajes luchadores y en busca de esperanza de Barbara Stanwyck en una de las películas más personales de Frank Capra, Juan Nadie.

Se pueden hacer muchos análisis de Juan Nadie e incluso hablar de si es fallida o no, pero toma una dimensión perfecta si se mira como la culminación de la colaboración entre Frank Capra y Barbara Stanwyck. Nueve años después de su último trabajo juntos, Frank Capra tiene claro que cuenta entre las manos con una gran película y piensa en un reparto ideal. Por supuesto, su heroína es Barbara Stanwyck. Todos aceptaron participar en esta película sin haber leído ni siquiera el guion.

Frank Capra ofrece a Barbara un papel a medida de los que había hecho anteriormente: un mujer luchadora y superviviente, que se equivoca, que se cae y vuelve a levantarse y protagonista de un amor trágico pero también redentor. Una mujer en busca de la esperanza, esa esperanza que ya buscaba en Mujeres ligeras. Esa mirada que trata de traspasar los techos y alcanzar las estrellas.

Su Ann es una mujer que no está dispuesta a perder su trabajo, porque lo necesita para mantener a su madre viuda y sus dos hermanas pequeñas. Ella es una columnista de un periódico que cambia de dueño y su puesto de trabajo peligra. El nuevo editor le dice que quiere algo que haga hervir las páginas de ese nuevo periódico. Y ella se inventa a Juan Nadie, un hombre que refleja el espíritu de una época, de hombres desesperados que como protesta ante un mundo hostil va a tirarse por la azotea del ayuntamiento en Nochebuena. Es tal el impacto, que Ann no solo consigue el empleo de nuevo, sino que tiene que dar vida y encontrar a un Juan Nadie de carne y hueso. Ahí está el apuesto sin hogar con cara de Gary Cooper que asume ese nuevo rol.

Ann moldea a Juan Nadie e imprime en él las ideas idealistas de su padre. Y Ann y Juan Nadie se terminan creyendo lo que dicen, creen en las ideas de un hombre bueno y contagian a un montón de gente… Les dan esperanza. Sin embargo, Ann llega un momento en que es consciente de que empezó todo por ambición, por sobrevivir, por escalar puestos y estar al lado del nuevo magnate del periódico…, y se siente atrapada, en un callejón sin salida.

El magnate, además, decide aprovechar tal movimiento popular con fines políticos y populistas con la sombra del fascismo alrededor. Ann no quiere sucumbir a la idea del gran magnate. Todo se ha vuelto tan gigante que es difícil frenarlo. Al final, Juan Nadie se rebela contra sus creadores y trata de decir la verdad, pero es vapuleado, de nuevo manipulado y rechazado salvajemente. Parece el fin de los dos amantes y de la esperanza que llegaron a creerse.

Y entonces Ann, muy enferma y postrada por lo que ha ocurrido, vuelve a levantarse de la cama y va al encuentro de ese Juan Nadie que ahora sí está dispuesto a tirarse por la azotea. Y le pide que luchen juntos por la idea que se ha vuelto real y en la que ambos creen… Se desmaya en sus brazos.

Y la película nos deja un futuro incierto para ambos, pero los dos han hecho revivir una bonita idea. Me parece una bella despedida entre creador y musa…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

16 comentarios en “Frank Capra y Barbara Stanwyck, en busca de la esperanza”

  1. Empezar el año 2025, querida Johnson, ,leyendo los estupendos comentarios sobre películas que tú nos descubres, es todo un privilegio. Mil gracias

  2. Hola Hildy
    También es reseñable lo bien «engrasados» que estaban los estudios; acababa de comenzar el sonoro y podían «poner voz» a todos los argumentos anteriores y tampoco tenían mayor problema en sumar «elementos prestados» como esa prota «ingenua», casi siempre a punto de tocar fondo, que es trasportada por el potentado a una nueva vida; debía ser una asignatura oficial en primero de estrella.
    Abundando en lo bien que «vestían» aquellas pelis recuerdo que cuando vi, recientemente, «Ladies of Leisure» -que me perdone el espiritú Stanwyk- me quedé enganchado de la «novia». Suelen ser superficiales o estúpidas -o las dos cosas- pero la de esta peli era muy bella y con un vestido muy sexy. Creo que sólo sale en la escena de la fiesta al principio… y me quedé «compuesto y sin novia».
    Un saludo, Manuel.

  3. ¡Qué curioso, Hildy! Algunos de los momentos más mágicos de esta Navidad, supuestamente la época más mágica del año, ha sido descubriendo la colaboración pre-code de Frank Capra y Barbara Stanwick. Sabía que ella había sido descubierta como actriz por el director italoamericano o cuando menos, él fue el primero que percibió y ayudó a sacar a la luz el portentoso talento de la actriz de Brooklyn, por cierto ¿Qué había de malo en su nombre auténtico Ruby Stevens? A mi me parece que podría ser el de cualquiera de las protagonistas de sus películas.
    La única de sus colaboraciones que había visto era “Juan Nadie” que me parece maravillosa y me emociona siempre tanto como la primera vez que la vi. Ellos dos están maravillosos, con una química espectacular. Y los fantásticos secundarios (Arnold, Brennan, Gleason, Lockhart, Byington…) ayudan para que sea una película redonda. Para mí no tiene nada de fallida. Ya sé que muchos critican su final. Los finales trágicos siempre tienen más prestigio, pero a mi el parlamento de ella y la mirada de él, su desamparo, me llegan al alma. Sin duda es una película con mensaje y comprometida con su época. Sé que eso es lo mismo que muchas le critican, pero es que el cine de Capra, además de ser cine puro, nunca teatro filmado (él y más tarde Hawks fueron los primeros que se dieron cuenta que la forma de decir los diálogos, era esencial para que las películas tuvieran ritmo) tiene un compromiso con su tiempo, unos ideales. Se podrán compartir o no, pero la manera de enseñarlos es a través de todos los recursos del cine. Me hace gracia que muchos de los que critican el cine de Capra con tono condescendiente (recuerdo a su muerte las criticas despectivas de Vicente Aranda y displicentes de Fernando Trueba en la prensa) valoran como obras maestras (cada semana según algunos críticos de nuestro país, se estrenan como mínimo dos obras maestras en salas, ¡Jesús y yo sin enterarme!) películas muchos más panfletarias y maniqueas que las de Capra (porque a diferencia de las de Capra no tiene ideales, sino ideología) y mucho menos entretenidas y emocionantes. Un diez para “Juan Nadie”. En mi corazón.

  4. Me queda por ver “Mujeres ligeras”, pero he visto “Amor prohibido”, “La mujer milagro”, y “La amargura del general Yen”. De las tres “La amargura” (por supuesto, mucho mejor el título original, ya lo sabes) es la que tiene más prestigio por lo que comentas de rareza en la filmografía de Capra y porque seguramente lo apartó de un camino “más artístico” (para mis sus obras posteriores también son arte, pero entendámonos) “menos “político” y más barroco, más von Sternberg. La película es fascinante. Te lleva a un mundo desconocido y peligroso que descubrimos con la protagonista. El compromiso humanista está presente como en todas sus obras y la pasión se impone, aunque, desgraciadamente, no se consuma. Escenas, frases, imágenes, decorados (todo es maravillosamente artificioso, pero que nos aportan una verdad estilizada, la verdad del cine) y secuencias maravillosamente excéntricas como esa pesadilla en la que Yen se convierte en una especie de Nosferatu chino. Prefiero esa versión a la de Roger Eggers mil veces.
    “La mujer milagro” me encantó. Barbara vuelve a estar maravillosa como esa mujer que ha perdido la fe (más en la gente que en Dios) y la recupera a través de la que despierta en un joven ciego. Las escenas entre los dos me parecieron llenas de ternura, casi son como dos niños jugando en su propio mundo. Es esa inocencia que redime a la hermana Fallon de su cinismo, haciéndola ser consciente de la sordidez de la que está rodeada. Es cierto que, con esas elipsis tan propias del cine de los primeros años 30, no acabas de entender como se libra de la situación tan peliaguda en la que estaba metida, para llegar a ese final de redención, pero aun así disfruté muchísimo del film. Y, disiento contigo. Me encanta David Manners. Yo lo conocía sobre todo de las pelis de terror de la Universal y ya me parecía guapísimo y elegantísimo, pero aquí está, a mi juicio, estupendo. Conmovedor y luminoso ¿Cómo es que no tuvo una carrera más larga? Tantos galanes insípidos de esa época que tuvimos que aguantar (Robert Montgomery, George Brent, Pat O’Brien) Manners me parece mil veces mejor actor y más guapo.
    Pero mi favorita es “Forbidden” (lo prefiero al demasiado evidente “Amor prohibido”) ¡Cómo me gustó! Disiento con el maestro Capra. No es demasiado melodramática: es maravillosamente melodramática. Aquí si que las elipsis son perfectas, la historia no para de avanzar (la narración no para en ningún momento. Cada secuencia aporta y enriquece la historia a diferencia del dilatadísimo cine actual, donde en tres horas te han contado menos de la mitad de lo que te cuenta esta en 83 minutos) hacia direcciones que en muchos momentos, sorprenden. La historia está contada en imágenes y montaje, a parte de con palabras, buscando siempre extraer puro cine de cada escena, de cada situación. Ya conocemos al personaje de ella, por como se nos presenta, recibiendo las burlas de unos niños, trabajando rodeada de ancianos, y con una lánguida mirada a una pintura de un soldado y una chica. Entendemos qué desea y qué le falta: pasión y romanticismo. Y por conseguirlo siempre ella toma las decisiones sobre su vida (no es un personaje pasivo ni débil, en absoluto) y se juega el todo por el todo. Para empezar sus ahorros. Momentos tan maravillosos como el encuentro de los protagonistas en el camarote, el reencuentro en la escalera, la secuencia del asesinato…¡Qué maravillosa actriz y qué combinación de madurez emocional y ternura casi adolescente muestra nuestra Barbara en esta película! Y un diez también para Adolphe Menjou. Tenía todo para caernos mal: hombre casado y notablemente mayor que ella, que no es sincero en un primer momento sobre su situación. Pues no lo hace en ningún momento. Vemos que es un hombre que sufre, que no quiere herir a nadie y quiere hacer las cosas bien, (pero acaba hiriendo a quién más ama) y sobre todo que es un hombre profundamente enamorado. Las escenas en las que están juntos (tanto en la Habana, como esa maravillosa cotidianidad que tienen en el piso de ella, la citada de la escalera, la pelea y reconciliación bajo la lluvia, la acongojante escena final…) las voy a recordar durante mucho tiempo, a diferencia de los que me pasa con el 90% del cine que veo en salas. Oro puro en forma de celuloide.
    Viéndola me recordó a “Stella Dallas” (pero esta puede que aún me guste más) y ciertamente a “Back Street” (me niego a llamarla con el título en español. Es un insulto moralista hacia la protagonista, que no “usurpa” nada, pobre)
    Quizá no sea muy recordada hoy en día por su final, desolador. Stella Dallas tiene un final agridulce. Vemos a la protagonista profundamente emocionada, contemplando la boda de su hija y se aleja triunfante. La Ray de “Back Street” muere en paz, porque no tiene ningún interés en vivir sin su amado Walter, pero recibe el cariño y el agradecimiento del hijo de aquel. Nuestra pobre Lulu marcha sola, rompiendo el papel que le podría haber dado el reconocimiento en la vida del hombre que amaba y de su hija, pero lo rompe para no herir a nadie y camina despacio hasta ser engullida por la multitud. Sin futuro. Es sin duda “la mejor perdedora del mundo”

  5. María Rosa, preciosa, para mí es un placer escribirlos y si alguien los disfruta leyendo, entonces me quedo supercontenta. Y si a alguien le recuerdo la película en cuestión o si no la conocía se anima a verla, la satisfacción es más enorme todavía.

    Beso
    Hildy

  6. ¡¡¡Manuel, amigo mío!!!, la novia en cuestión sale en la fiesta del principio y luego regresa al estudio del pintor para conocer a la modelo en cuestión (jajaja, la tengo muy reciente en mi memoria). He indagado y su novia (Barbara era una tipa genial y no se enfadaba si una compañera del reparto recibe elogios) era Juliette Compton. He visto fotos y era una dama bastante atractiva y elegante. También he indagado su filmografía y ¡cuántas películas me quedan por ver!
    Yo tengo especial debilidad por la Stanwyck y he disfrutado mucho de este ciclo. Me parece una gran actriz cinematográfica, ¡era buenísima delante de la cámara! E indagar en sus comienzos ha sido una gozada.
    Beso
    Hildy

  7. Querida Lilapop, como siempre es un disfrute leer tus comentarios.
    Venga, vale, me pienso lo de Manners, jajaja. Pobrecillo, le he juzgado sin tener un conocimiento total de su filmografía. Su personaje sobre todo me convence en el momento que quiere demostrarle a la falsa predicadora que ha hecho un milagro de verdad.
    A mí también me fascinó Forbidden y tampoco estoy de acuerdo con Capra. Además me encantó descubrir a otro Ralph Bellamy. Y, sí, Adolphe Menjou logra que conectes con su personaje y la secuencia de él en el banco bajo la lluvia es tremenda.
    Qué buenas secuencias nos ha regalado la lluvia.
    ¡¡¡Amoooo Stella Dallas!!! Y ahí Barbara en esa secuencia final también bajo la lluvia mirando a través de la ventana es magistral.
    … Sí, Juan Nadie también es una de mis películas, le tengo un cariño muy especial, y me marcó mucho en su día. La adoro de principio a fin y, como señalas, este final que conocemos me emociona muchísimo.
    Ayyyy, ese sueño con el general Yen, cuánto erotismo onírico… Esa película es una gozada porque hace flotar al público en un ambiente de caos y ensueño.
    Beso
    Hildy

  8. ¡Queridísima Hildy, no puedo creer que aparezca esta entrada en tu blog justo cuando yo misma estoy ideando un proyecto que tiene a Capra por protagonista y que espero concretar en el mes de febrero! ¡Qué coincidencia!
    De estas películas no he visto todavía Ladies of Leisure. El resto, con sus más y sus menos, las he adorado (bueno, Meet John Doe bastante menos que el resto, a decir verdad, pero no deja de despertar gran interés).-
    Mi favorita sin dudas es The Bitter Tea. No la he visto en mil años pero recuerdo bien (al menos eso creo) su enorme carga de erotismo, las imágenes impecables que nos regala Capra (soy muy pero muy amante de sus escenas nocturnas y aquí hay muchas), ese amor imposible y (si no recuerdo mal) nunca consumado… todo me gustó en esta película, incluido Asther haciendo de general chino, para qué ocultarlo. ¡Ay, qué ganas de volver a verla!
    Forbidden también me encanta, aunque disiento en relación a Ralph Bellamy, a mí me resultó insoportable. Lo prefiero mil veces como el agente de seguros de Albany o el millonario de Hands Across the Table (también aparece en una de las sonoras de nuestro mimado John Gilbert). En otro orden de cosas, Forbidden haría una buena sesión doble con Jennie Gerhardt con otra actriz que nos gusta mucho, Sylvia Sydney. ¿La has visto?
    The Miracle Woman tendría que revisitarla, no la he visto en mucho tiempo pero, dicho sea de paso, a mí también me parece guapísimo David Manners. Recuerdo que también aparecía en Man Wanted, una linda comedia precode con Kay Francis.-
    ¡Qué lujo recorrer tantas películas de tu mano en una sola entrada! Te mando un abrazo enorme, Bet.-

  9. Mi amiga y adorada Bet, no, no he visto Jennie Gerhardt y tiene una pinta estupenda. Como bien dices está la maravillosa Sylvia Sidney y en buena compañía junto a Arnold y Astor, guauuuu.
    Jajajaja, definitivamente tengo que volver a dar una oportunidad a David Manners.
    Te explico lo de Ralph Bellamy, siempre le he visto en papeles de novio insípido y segundón y me encantó verlo en otro rol. El personaje que realiza en esta película tiene un montón de matices y una evolución compleja.
    ¡¡¡Qué ganas de leer tu proyecto sobre Frank Capra en febrero!!! Me chifla este director así que será una de mis lecturas deseadas.
    Beso
    Hildy

  10. ¡Ah sí, ciertamente su rol en Forbidden es diferente! Creo que hay una película en la que se queda con la chica, pero yo no la he visto jaja.-
    Más abrazos, Bet.-

  11. Excelente repaso, mi querida Hildy. En esta línea continua se ven dos evoluciones paralelas, muy interesantes. Primero, la de Stanwyck, creciendo con cada película, a golpe de carisma, construyendo esa imagen de fortaleza y temperamento que la hizo característica. La segunda, totalmente diferente, la de Frank Capra hacia lo que Berlanga denominaba con sorna «la abuelita Capra». Y es que el tufillo -y, a veces, tufarrina- de sensiblería liberal explícita que termina copando las películas de esa etapa central de su filmografía, justo antes, durante e inmediatamente después de la guerra, las hace para mí más cuestionables y menos interesantes que los títulos de su primera época. Da la impresión de que en un momento dado puso su pericia narrativa, que nunca perdió del todo, al servicio de las moralejas de la historia más que, como hasta entonces, en la historia en sí. Siempre me ha parecido un director que saboteó su propio potencial.

    Besos

  12. Mi querido Alfredo, no sabes cómo he disfrutado el ciclo.
    A mí ya sabes que Capra es un director que me gusta.
    Detrás de su optimismo o moralejas hay una visión mucho más melancólica y realista del mundo. Es como si él mismo quisiera creerse sus historias, pero deja pinceladas de melancolía y tristeza.
    Pero como ciertamente dices es una gozada analizar la evolución de ambos, de Capra y de Stanwyck, en estas películas precode y su despedida creativa en Juan Nadie.
    Beso
    Hildy

  13. Hola Hildy. Bonito ciclo el que has podido disfrutar estas navidades. Son peliculas que me gustaria ver, algun dia. Juan nadie la vi hace años, las otras no lo se la verdad. Barbara Stanwyck es una presencia recurrente del cine de los años treinta y cuarenta, y una actriz que tenia un carisma especial que demostro en clasicos de grandes directores.
    Con Frank Capra me sucede algo parecido. Hace mucho que no veo sus peliculas. Tengo en casa su autobiografia El nombre delante del titulo, que lei cuando yo tenia veintipico años, y que entonces me influyo bastante a la hora de replantearme algunas cosas sobre la vida en general. Recuerdo la idea de luchar por hacer realidad nuestros propios sueños, algo que a veces puede parecer utopico. Y las utopias pueden parecer algo lejano o irrealizable.
    En ese sentido Capra seguramente era un soñador, y algunas de sus peliculas eran mas deseos o esperanzas que reflejos exactos de la realidad. Pero como tu misma señalas en tu comentario detras de su optimismo y moralejas hay una vision mucho mas melancolica y realista del mundo.
    Por otro lado, un exceso de realidad humana quizas no sea saludable para nuestro equilibrio emocional.

    Un beso.

  14. Querido Luis, qué bonito es leerte siempre.
    Yo siento una debilidad especial por la filmografía de Barbara Stanwyck, qué buenos títulos tiene.
    Y siento también una debilidad especial por Frank Capra y sus películas, por lo que tú has explicado también. Capra era un soñador peculiar. Un hombre idealista y práctico a la vez. Una hombre que parece alegre, pero esconde tristeza. En sus películas más amables siempre hay un poso de mundo cruel. Creo que es un cineasta muy rico para analizarle tanto en su uso del lenguaje cinematográfico como en sus líneas narrativas.
    ¡¡¡Yo también tengo esa autobiografía!!! Merece la pena leerlas por muchos motivos.
    Sigamos soñando con los pies en la tierra, jajaja
    Beso
    Hildy

  15. Muy buen post con Frank Capra y Barbara Stanwyck en el centro de atención. He visto todas y cada una de las películas que comentas (en realidad, he visto toda la filmografía de Capra), también he leído y releído la biografía del director, que recomiendo. De todas esas películas me quedo con tres: La mujer milagro, La amargura del general Yen y Juan Nadie. La primera y la última con elementos en común, la segunda un fracaso de taquilla (inmerecido) que obligó a Capra a cambiar de registro, a volver a las historias de interés social, lo que le reportó fama y premios (sus dos siguientes películas fueron nada menos que «Dama por un día» y «Sucedió una noche»).
    He disfrutado mucho leyéndote y recordando este quinteto fantástico.
    Abrazos!

  16. Querido Ethan, yo también disfruto mucho leyéndote.
    Sí, qué cinco buenas películas. Es un bonito ciclo. Qué interesantes son cada una de ellas. De tu trío la única que no había visto nunca era La mujer milagro, película que me ha aportado diversas sorpresas.
    Qué rica es la filmografía de Capra y qué interesante su análisis.
    Beso
    Hildy

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