Hay varias piezas que chirrían del mecanismo de Mustang que no permiten mirarla como una reflexión compleja y rica sobre la situación de la mujer, en este caso en Turquía (recordemos que ha sido un país de tradición laicista, pero que la situación está cambiando actualmente). Puede verse como una especie de fábula simbólica sobre la represión y falta de libertad que asola a las mujeres pero no funciona su denuncia al nivel de otras películas que muestran ese mismo conflicto (en distintos países de Oriente), como puede ser La bicicleta verde de Arabia Saudi, Offside de Irán (que comparte el tema de la pasión futbolera), La piedra de la paciencia de Afganistán o Nader y Simin, una separación, también de Irán. Por otra parte tiene elementos interesantes que hacen que la película deje su reguero y una galería de opiniones encontradas.
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La habitación (Room, 2015) de Lenny Abrahamson
Según el punto de vista, nace una historia. Y el director irlandés Lenny Abrahamson toma una decisión en La habitación. Decide mirar desde los ojos de Jack (Jacob Tremblay), un niño de cinco años. Y una historia oscura, claustrofóbica, que tenía todas las papeletas para caer en la amargura y cruzar la delicada línea entre lo morboso y lo inquietante; se transforma en un relato más luminoso que, sin embargo, no deja de tocar teclas realmente complejas. Pero Abrahamson sigue tomando decisiones, junto a la guionista Emma Donoghue (autora también de la novela), y divide la historia claramente en dos (por lo que cuenta y cómo lo cuenta): cuando los dos protagonistas, madre (Brie Larson) e hijo, están dentro de la habitación; cuando madre e hijo salen de la habitación. Y el encierro que viven los personajes en ambas partes enriquece la complejidad de un relato oscuro.
Ave, César (Hail, Caesar, 2016) de Joel y Ethan Coen
Los hermanos Coen en Ave, César, con mucho desencanto e ironía respecto a la vida, terminan reflexionando sobre la naturaleza del cine como John L. Sullivan (Joel McCrea) después de un largo viaje de descenso a los infiernos y es que el cine, la fe en el cine, tiene su razón de ser porque en momentos determinados de una vida llena de complicaciones, un valle de lágrimas y sufrimiento, puede hacer volar, soñar, reír… Así los Coen, como Woody Allen en La Rosa púrpura del Cairo o en Hannah y su hermanas, encuentran cierto sentido en la vida gracias al cine, a la proyección…, tal y como ya había dejado constancia en pantalla Preston Sturges en Los viajes de Sullivan.
Carol (Carol, 2015) de Todd Haynes
En Carol, una mano sobre un hombro encierra una historia que va a ser desvelada. La película de Todd Haynes es un relato cinematográfico que encierra un círculo perfecto. Nada sobra, nada falta. El director ha construido una trilogía del melodrama moderno, donde dos de sus películas muestran los años 50 en EEUU y su representación en la pantalla de cine y una serie de televisión que hace hincapié en un tipo de películas del Hollywood clásico que se denominaban women films (y cuyo género estrella era el melodrama). A Carol le anteceden Lejos del cielo y la serie de televisión Mildred Pierce. Si en Lejos del cielo elaboraba una nueva lectura de Solo el cielo lo sabe además de homenajear la representación de la vida de los 50 del realizador de melodramas Douglas Sirk; en la serie Mildred Pierce se adentraba en los años de la Depresión (pero se inspiraba en su representación fílmica en un fotógrafo que empezó a brillar en los años 50 y que su huella puede perseguirse también en Carol, Saul Leiter) para presentar un remake (y, otra vez, una nueva lectura) de una popular woman film, Alma en suplicio de Michael Curtiz (y ambas adaptaban con su mirada diferente la novela de James M. Cain). Y en Carol elabora su propio melodrama, arrancando de un material literario, donde busca la aproximación necesaria y personal de unos años 50 (y con distintos referentes) que le permiten contar un encuentro entre dos mujeres.
Tres estrenos: Creed. La leyenda de Rocky, Spotlight, Mia madre
Creed. La leyenda de Rocky (Creed, 2015) de Ryan Coogler
Cuando veo aparecer a un Rocky mayor en el cementerio, coger una silla de un árbol, ponerse frente a dos lápidas, una de su cuñado Paulie y otra de su amada esposa Adrian, y que empieza a charlar con ellos…, entonces no solo me atrapa la película sino que veo a Rocky alias Sylvester Stallone como leyenda. Y me viene a la cabeza otra leyenda, el Duque o John Wayne, en uno de sus personajes con John Ford en La legión invencible (1949), mientras charla también con su esposa fallecida, Mary, frente a su lápida.
La Juventud (Youth, 2015) de Paolo Sorrentino
“Dices que las emociones están sobrevaloradas, pero eso es una gilipollez. Las emociones son lo único que tenemos”. Estas son los palabras que le dice Mick (Harvey Keitel), el director de cine que está erigiendo su testamento cinematográfico, a su amigo Fred Ballinger (Michael Caine), un compositor de música retirado. Y ahí está la clave de La Juventud de Paolo Sorrentino, que filma emociones. Así atrapa al espectador en su universo visual barroco y lo arrastra a un viaje emocional trufado de reflexiones sobre la vida. Lo inunda de belleza. De esta manera Sorrentino ofrece un torrente de imágenes y sonidos hermosos que provocan emociones que llevan a una reflexión catártica sobre el sentido de la vida.
El hijo de Saúl (Saul fia, 2015) de László Nemes
En 2007 el director húngaro László Nemes realizó el cortometraje Türelem (With a little patience. Cortometraje que he podido descubrir y ver a través de la Red gracias a la referencia que realiza Carlos F. Heredero en su crítica sobre la película en la revista Caimán del mes de enero), y ahí ya estaba la semilla de cómo rodar, cómo contar, El hijo de Saúl. En este cortometraje, en el que no hace falta la palabra, el joven director trabaja con el formato cuadrado, sin apenas profundidad de campo, y rodando en plano secuencia. La cámara acompaña el deambular de la protagonista. Una joven oficinista, burócrata, que se encuentra en un bosque donde un hombre le hace entrega de un objeto; ella vuelve a una oficina perfectamente organizada y aséptica y mientras realiza mecánicamente su trabajo no deja de mirar el obsequio, un bonito broche. En la oficina los demás trabajan, se oye una ópera que está poniendo un compañero en un gramófono, y de pronto se acerca a una ventana abierta que da a parar a ese bosque… y el plano secuencia se rompe para filmar lo que allí ocurre: los sonderkommandos dirigen, bajo la mirada de los SS, a un grupo de judíos para que se desvistan… antes de su exterminación inminente… La oficinista cierra la ventana y antes cruza la mirada con un oficial, que es sin duda el hombre que le ha hecho el obsequio. Brutal.
La chica danesa (The danish girl, 2015) de Tom Hooper
Curiosamente La chica danesa de Tom Hooper no ha convencido ni a la crítica especializada ni parece que al público en general, pero aquí Hildy Johnson, con sorpresa, reconoce que disfrutó de su visionado. Porque Tom Hooper construye un elegante melodrama clásico donde la transgresión no se encuentra en contar la historia pionera de una transexual durante los años veinte y principio de los treinta, sino en otro punto clave. En esa época, durante el apasionante y libre periodo de entreguerras, era una transgresión (se puede romper o quebrantar más precisamente en momentos de inestabilidad pero en los que es posible el progreso) no solo formular dichos temas sino también lo relacionado con la investigación y los avances médicos y científicos sobre transexualidad. Sin embargo, Una chica danesa construye una intimidad transgresora que se centra en el amor que se profesan dos personas: Einar y Gerda Wegener. A los dos les conocemos como un matrimonio de jóvenes pintores en Dinamarca… y luego viviremos cómo Gerda se convierte en el bastión imprescindible para la lucha de su marido Einar que descubre que dentro de él habita Lili Elbe, es decir, que se da cuenta que en su cuerpo de hombre vive encerrada su identidad verdadera de mujer. Gerda sigue amando a la persona con la que se casó y apoya en todo momento su andadura porque de ese proceso complejo depende la felicidad de la persona que ama (como se dice en el último relato de la película El placer de Max Ophüls, “la felicidad no es alegre”), y para Lili es fundamental contar con una amiga que no solo conoce toda su vida y en la que confía ciegamente sino que además sabe que siempre será fiel al amor y respeto que se profesan.
La furia (The fury, 1978) de Brian de Palma
Si leemos uno de los artículos de Guillermo Cabrera Infante, “El brillante Brian (De Palma)”, en su faceta de crítico cinematográfico, recopilado en el libro Cine o sardina, nos encontramos con que escribe esto, refiriéndose a La furia: “La factura de este film hermoso visualmente (el mejor que ha hecho De Palma hasta ahora) no solo es impecable sino obra de un virtuoso artístico, de un técnico maestro, de una brillantez rara aun en un cine técnicamente tan perfecto como el cine americano actual”. Y es que, particulamente, De Palma es un director que domina la forma y con el contenido vuela a veces hacia la racionalidad y otras al delirio. La furia es puro delirio dentro de una factura visual brillante. Aunque por ahora, sin ninguna duda, de su filmografía me quedaría con Atrapado por su pasado (Carlito’s Way).
Maratón cinéfilo para recibir con los brazos abiertos 2016: Sufragistas, Macbeth, B, La cueva y En tierra de sangre y miel
Sufragistas (Suffragette, 2015) de Sarah Gavron
La directora Sarah Gavron trata de exponer el movimiento sufragista a través de la historia de una lavandera trabajadora y explotada, Maud Watts (Carey Mulligan), y su despertar o conciencia como mujer con deberes pero también derechos (que durante toda su vida han brillado por su ausencia), entre ellos, el del voto, para de esta manera poder también aspirar a un cambio de su situación en el futuro. Así parte de un personaje de ficción para codearla con personajes y acontecimientos históricos verídicos que tratan de exponer la complejidad del movimiento. Y digamos que con una obra cinematográfica visualmente clásica y correcta y con una galería de actrices femeninas carismáticas (Carey Mulligan, Helena Bonham Carter, Anne Marie Duff…), la directora pone en marcha una introducción válida para empezar a indagar en este grupo de mujeres que lucho por conseguir el voto.









