mustang

Hay varias piezas que chirrían del mecanismo de Mustang que no permiten mirarla como una reflexión compleja y rica sobre la situación de la mujer, en este caso en Turquía (recordemos que ha sido un país de tradición laicista, pero que la situación está cambiando actualmente). Puede verse como una especie de fábula simbólica sobre la represión y falta de libertad que asola a las mujeres pero no funciona su denuncia al nivel de otras películas que muestran ese mismo conflicto (en distintos países de Oriente), como puede ser La bicicleta verde de Arabia Saudi, Offside de Irán (que comparte el tema de la pasión futbolera), La piedra de la paciencia de Afganistán o Nader y Simin, una separación, también de Irán. Por otra parte tiene elementos interesantes que hacen que la película deje su reguero y una galería de opiniones encontradas.

El relato sobre la represión y pérdida de libertad que sufren cinco hermanas turcas empieza de manera brusca e inverosímil. La directora Deniz Gamze Ergüven empieza su primer largometraje con las hermanas terminando un curso escolar y adentrándose en el verano. El último día en el que “gozan de libertad”, las vemos jugueteando con otros muchachos en la playa y corriendo por los bosques en busca de frutos prohibidos (roban manzanas al vecino). Y sin comerlo ni beberlo cuando entran a la casa familiar donde viven con su abuela y su tío… empieza su calvario. La abuela y el tío explican que llevan diez años con ellas, que las han maleducado, que son la vergüenza del lugar… y que a partir de ese momento va a cambiar su educación. Así el hogar se convierte en fortaleza-cárcel que encierra a las cinco princesas para convertirlas en buenas esposas musulmanas.

El punto de vista empleado es el de la más pequeña de las hermanas, una niña viva y despierta con una personalidad arrolladora, que va interiorizando la situación “anormal” a la que están siendo sometidas ella y sus hermanas y que va guardando todas sus energías para trazar un plan de huida hacia la libertad, hacia Estambul. La hermana pequeña es todo acción y rebeldía. Se niega a vivir el destino de sus hermanas.

Quizá sus principales debilidades sea, por una parte, la construcción de los antagonistas: la abuela y sobre todo el tío. Se limitan a ser los guardianes malvados, solo mostrando sombras, sobre todo las del tío que, de repente, además se convierte además de carcelero en un ser de conducta despreciable (¿en diez años no se había revelado esa conducta?). También se desperdicia a personajes secundarios: como esa tía (que como aparece, desaparece) que tiene una de las mejores escenas de la película, cuando trata por todos los medios de que los hombres no se enteren de la escapada de las hermanas al campo de fútbol o ese camionero de cuento que aparece justo en el momento adecuado…

Y por otra, dentro de la fábula simbólica, presenta a las cinco hermanas como bellas princesas o ninfas danzantes con largos cabellos y hermosos cuerpos, etéreas. Esto marca la parte formal y estética de la película que resta complejidad y denuncia. Así como sí funcionaba (y de hecho recuerda bastante) para las cinco hermanas Lisbon, porque además en esa estética se reflejaba también de alguna manera los años setenta, de Las vírgenes suicidas de Sofia Coppola; en Mustang se queda en lo formal, sumando superficialidad a la historia, el espectador no logra acompañar en sus desventuras a las hermanas turcas (tan solo a la pequeña y creo que tiene más que ver con la chispa que imprime su joven actriz), e incluso las escenas más dramáticas dejan al espectador con una dulce indiferencia.

No obstante la película tiene ritmo y un relato fácil de seguir y con el que empatizar además de mostrar con luminosidad de cuento cómo se va apagando la alegría de cinco princesas danzarinas que viven un encierro similar al de la protagonista de Barba Azul (no se les permite la curiosidad) o la de Rapunzel que se ha de servir de su larga trenza…

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