Los condenados no lloran (The Damned Don’t Cry, 1950) de Vincent Sherman

Joan Crawford en los brazos de Steve Cochran.

Joan Crawford en los brazos de Steve Cochran.

Los condenados no lloran gira alrededor del rostro de Joan Crawford. Y ese rostro tiene dos momentos clave en esta película que revolotea entre el buen cine negro y el gran melodrama con una enorme sombra de pesimismo envolviéndolo todo. El primer rostro es el de una madre que ve cómo su vida se parte en dos, cuando pierde a la persona que más quiere en este mundo. Es el rostro del desgarro. A partir de ese momento, abandona una vida de sometimiento y decide subir escalones sociales y una posición sea como sea… Aunque tenga que perder su nombre y su origen. Y el segundo rostro es el de una mujer golpeada con violencia, que es consciente de que ya todo está perdido, que de nada le ha servido la huida. Que estaba siendo igualmente sometida. Que sabe que volverá otra vez a sus orígenes y que recupera su identidad a golpes. Es el rostro de la derrota.

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¡Madre! (Mother!, 2017) de Darren Aronofsky

Madre!

… una casa con vida, y una mujer que lo siente…

Madre! de Darren Aronofsky sigue la senda de su filmografía, tanto en el aspecto formal como en el contenido. El cineasta pone en pie su propio universo de leyendas y metáforas, pero además en sus dos últimos largometrajes (su anterior película fue Noé) emplea visiblemente una fuente para reflejar su visión pesimista del mundo: el Antiguo Testamento. Su forma de contar y lo que cuenta no deja al espectador indiferente tanto para denostarlo como para alabarlo. En Madre! hay tres niveles para el análisis de la película. Por una parte, se nos encierra en un hogar, que parece que tiene vida, donde una joven esposa vive impotente una serie de acontecimientos tensos y agobiantes, sin entender el comportamiento de su esposo, escritor. Por otro, un mundo simbólico en el que se puede leer el Antiguo Testamento. Y, por último, un relato doloroso sobre la creación artística y la inspiración.

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Detroit (Detroit, 2017) de Kathryn Bigelow

Detroit

… sueños rotos en un escenario vacío

En las películas corales, cada espectador tiene un personaje con el que se identifica o el que le ayuda a conectar y entender la historia. En Detroit de Kathryn Bigelow, Larry (Algee Smith) puede ser el punto de partida para exponer las claves de dicha película. Es joven, con ilusiones, y con un camino claro: triunfar en la música con su grupo The Dramatics. Una noche está a punto de alcanzar su sueño, de cantar en un gran escenario, y de que les fiche la discográfica Motown. 25 de julio de 1967, la fecha en que su vida puede dar un vuelco. Cuando está a punto de salir a actuar, se suspende el evento por los disturbios raciales de Detroit, la ciudad es un polvorín. Finalmente, canta él solo en una sala fantasma, sin público, y ve cómo su sueño se desvanece. Lo que no sabe es que en unas horas, el sueño se transformará en su peor pesadilla. Él es uno de los jóvenes que vivirá el dramático incidente del Motel Algiers. Un grupo de policías cree que desde dicho motel se oculta un francotirador y torturan durante la noche a doce jóvenes, diez muchachos negros y dos chicas blancas. Al final del motel saldrán tres cadáveres… y, también, un Larry que ya no quiere que su música la escuchen o la bailen los blancos, que abandona el grupo, que tiene dolor en la mirada, que ve cómo no hay justicia para lo que pasó aquella noche y que busca refugio, finalmente, en el coro de una iglesia. Pero sin dejar nunca de cantar.

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Píldoras de películas clásicas: Ello, Salve, héroe victorioso, El milagro de Morgan Creek, Vinieron las lluvias, El despertar, Soy Cuba, El déspota y El día de los forajidos

Recuperar a Antonio Moreno (y II). Ello (It, 1927) de Clarence G. Badger

It

El it boy y la it girl… de los años 20

El término it girl está en cualquier revista de moda actual. Pero, sin embargo, tenemos que irnos a principios de siglo para saber realmente qué significa. Y fue Elinor Glyn, novelista y guionista, quien popularizó el término. “It” era aquella cualidad que poseía una persona, de manera inconsciente, que irremediablemente provocaba atracción física y mental. Y, fue tal la popularidad de dicha palabra, que Hollywood quería llevar el término “it” a la pantalla… Y nació una película donde incluso la propia Glyn hizo de ella misma. ¿Y quién podía ser la pareja que tuviera Ello? ¿Quiénes tenían esa cualidad innata de atraer, de manera inconsciente… por su forma de ser, de actuar, de comportarse…? ¿Cuál sería la pareja de moda? La primera it girl en la pantalla sería Clara Bow. Y el primer it boy en el cine tendría el rostro de Antonio Moreno. Y los dos son los protagonistas de una película divertida… una comedia de equívocos y con ritmo… una comedia de los locos años 20… It de Clarence G. Badger. Supuso la consagración definitiva de Clara Bow. Es curioso descubrir la vida trágica de la flapper del cine, de la mujer que representó los despreocupados y divertidos años 20. Por cierto, entre los figurantes de esta película se ve un actor que hace de reportero que apenas sale un minuto…, pero ya se ve que tiene Ello. Ese figurante será toda una estrella en el futuro: Gary Cooper.

Preston Sturges y la guerra. Salve, héroe victorioso (Hail the Conquering Hero, 1944) / El milagro de Morgan Creek (The Miracle of Morgan’s Creek, 1944)

Es un lujo darse una sesión doble con estas dos películas dirigidas y escritas por Preston Sturges y como actor protagonista de ambas, el olvidado Eddie Bracken, un actor cómico, y también en las dos aparece como secundario de lujo, William Demarest. Durante la Segunda Guerra Mundial, nadie osaba reírse de los soldados o representar en la pantalla blanca una imagen negativa. Normalmente eran tratados como héroes o como personajes trágicos… Preston Sturges crea, sin embargo, dos comedias donde se ríe de ellos y con ellos y de mil cosas más, pero con elegancia y ternura… y soltando de todo por su boca. En Salve, héroe victorioso, el protagonista, Woodrow Truesmith, no puede ser marine por una enfermedad absurda y se avergüenza del volver a su hogar. Se encuentra en un bar, desolado, cuando entra un grupo de marines que necesitan dinero para beber… y los invita, y ellos se inventan una historia para que este regrese a casa. Y se arma tal revuelo en su localidad que ¡lo reciben como el mayor de los héroes de guerra! Y el pobre Woodrow Truesmith no sabe cómo salir de esta aventura, cómo decir la verdad… Sus compañeros no hacen más que liar las cosas… Y en El milagro de Morgan Creek… milagrosamente la película pasó la censura pues trata ni más ni menos de una inocente, pero algo alocada, muchacha que se va de juerga con un montón de soldados una noche y al día siguiente no solo no se acuerda de nada, sino que aparece con un anillo de casada, y pronto se entera de que además está embarazada. Quien estará a su lado y tratará de ayudarla por todos los medios será un muchacho, que no ha podido alistarse, y que está locamente enamorado de ella desde que eran niños. También forman parte de la aventura el duro padre (pura máscara) de la muchacha y su hermana pequeña.

Las dos películas son tremendamente divertidas y muy locas… Preston Sturges se ríe con elegancia de muchísimas cosas y llama la atención cómo pudo sacar adelante ambos proyectos cinematográficos en aquellos tiempos y con tan buena fortuna. Además es una gozada disfrutar de toda una galería de actores secundarios realmente graciosos. Y también encontrarse con dos actrices que merece la pena seguir sus pasos: Ella Raines y Betty Hutton.

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El amante doble (L’amant double, 2017) de François Ozon

El amante doble

… la mirada de Chloé

Si en El perro andaluz, Buñuel rasgaba un ojo para indicar con ímpetu y violencia otra mirada sobre la pantalla; Ozon en El amante doble comienza con un primer plano explícito de una observación vaginal que se funde con el ojo de la protagonista, Chloé (Marine Vacth), una joven con una inestabilidad emocional evidente. Y así queda dicho que iremos unidos a su mirada y a sus entrañas, a lo más profundo de su ser. Además Ozon vuelve a trabajar con Marine Vacth, que si en Joven y bonita revelaba el difícil autodescubrimiento sexual de su protagonista, convertida en una belle de jour adolescente; en El amante doble enmarca su rostro bello en un museo de arte contemporáneo para ponerla en el centro de la trama de un thriller psicológico. Y en las dos, Marine Vacth es la representación del deseo y la seducción, siempre con un punto de inestabilidad o distanciamiento emocional.

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Recuperar a Antonio Moreno (I). Mare nostrum (Mare nostrum, 1926) de Rex Ingram / Tierra de todos (The Temptress, 1926) de Fred Niblo

Una de las apasionantes tareas de una filmoteca es rescatar del olvido. Y recuperar joyas ocultas; y rebuscar y encontrar películas perdidas; y difundir la historia del cine. Todo esto, más un cariño y cuidado que se nota en la elaboración del ciclo, lo encontramos en la Filmoteca Española este mes en su retrospectiva sobre Antonio Moreno (1887-1967). Digamos que Antonio Moreno: Made in Hollywood logra reunir y recuperar la memoria de un actor que nació en Madrid y que sus pasos acabaron en Hollywood, convirtiéndose en un actor silente de prestigio. Luego posteriormente también dirigió películas y en la era del cine sonoro fue un secundario de lujo. Todas sus facetas se contemplan en este ciclo. Como marco de la retrospectiva, el documental The Spanish dancer de Mar Díaz, que a su vez está presentando cada una de las películas de este olvidado actor aportando interesantes datos e información del material proyectado. Toda la obra silente de Antonio Moreno se está viendo con música en directo, gracias a la sensibilidad del pianista Marcos Ortiz (es todo un placer escuchar las composiciones musicales que acompañan cada proyección; un trabajo, sin duda, serio y laborioso).

Descubrí a Antonio Moreno por dos vías distintas (pero comunicadas, Álvaro Armero está presente en las dos) hace años, pero nunca, nunca había tenido oportunidad de ver alguna de sus películas del periodo mudo: el libro de Álvaro Armero, Una aventura americana. Españoles en Hollywood (y descubro en una entrevista que Mar Díaz también se fijó en Moreno a través de esta publicación) y el número 22 de la revista Poesía, dedicada a El cine. Después, de algunas de sus películas del periodo mudo he leído una y otra vez bien por los directores o por sus compañeras de rodaje. No voy a poder acercarme a todo lo que quisiera, pero ya he empezado el aperitivo del ciclo con dos de sus más famosas películas silentes y que sí se han conservado. Las dos son adaptaciones cinematográficas de novelas del escritor valenciano Vicente Blasco Ibáñez, cuyos libros se convirtieron en verdaderos best sellers al otro lado del charco. De tal modo, que Hollywood adquirió sus derechos y muchas de sus obras tienen su adaptación cinematográfica (incluso varios remakes). Y en dos de ellas: Mare nostrum y La tierra de todos… Antonio Moreno era el protagonista.

Mare nostrum (Mare nostrum, 1926) de Rex Ingram

Mare nostrum

— En Pompeya, camino a la perdición. Entre ruinas…

Mare nostrum es una superproducción de la Metro Goldwyn Mayer (si hubiera sido por Ingram, como dijo Mar Díaz en la presentación, la palabra Mayer desaparecería del texto… pues no se llevaba nada bien con el productor Louis B. Mayer… y en los créditos de sus películas se negaba a que se pusiera Mayer) dirigida por uno de sus directores estrellas, pero también rebelde: Rex Ingram. El director ya había llevado al cine otra famosa novela de Blasco Ibáñez, Los cuatro jinetes del Apocalipsis, y le gustaba el proyecto de Mare nostrum, al igual que a su esposa, la actriz Alice Terry. Así que se embarcó en un rodaje de meses y meses, con el apoyo del escritor… y en las tierras del Mare nostrum: España, Francia e Italia. Así la película nos lleva a Pompeya, Marsella o Barcelona.

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Kenji Mizoguchi. Cuentos de la luna pálida de agosto (Ugetsu monogatari, 1953) / El intendente Sansho (Sansho Dayu, 1954)

En el universo cinematográfico de Kenji Mizoguchi, sus historias nos las cuenta desde una distancia prudencial, pero que cala. La vida de sus personajes pasa por nuestros ojos en elaborados planos secuencia con infinidad de detalles, como en un buen cuadro. En sus películas sobre historias del pasado, no solo habla de su presente (y de este presente también), sino que vierte además gotas de su propia biografía. Kenji Mizoguchi murió joven de una leucemia en 1956 y podría haber seguido rodando y rodando… o quizá su fantasma no haya parado de contar historias y también haya recuperado aquellas películas perdidas de su filmografía que ya no podremos ver. Su espíritu de joven luchador fue alcanzado por los ecos de la revolución rusa y posteriormente su visión política y social del mundo la vertió en sus fotogramas. Pero si algo le marcó en su infancia dura y pobre fue el maltrato de su madre y la venta de su hermana mayor como geisha, convirtiéndole en un director que no solo cuidaba a sus personajes femeninos, sino que daba voz a la realidad de la mujer japonesa (y del mundo), a cómo se silenciaba su papel, a las injusticias que aguantaba y a la desigualdad de derechos y oportunidades que sufría a diario. Le gustaban las mujeres en su vida privada y en la pantalla de cine, la turbulenta y agitada vida sentimental de sus personajes no le era ajena.

Cuentos de la luna pálida de agosto (Ugetsu monogatari, 1953)

Cuentos de la luna pálida de agosto

… Hombres y fantasmas… un tenue límite

Mizoguchi recrea un mundo de leyenda en el Japón del siglo XVI y esos cuentos de luna pálida narran las vicisitudes de dos campesinos con ambiciones, Genjuro y Tobei. Uno piensa en enriquecerse con su trabajo como alfarero y el otro quiere ser un samurái; son tiempos de guerra y violencia. Los dos están casados y sus mujeres siempre tratan de que bajen a la tierra y valoren y cuiden lo que tienen. Pero es un cuento trágico y en un río cubierto de tiniebla, mientras todos viajan en una humilde embarcación, les envuelve una premonición oscura sobre el destino. Además se separan en ese instante. La esposa de Genjuro deja la barca con su hijo pequeño para volver a la aldea ante el miedo de que sean atacados y robados con toda la mercancía que llevan a vender a la ciudad. Una vez en la ciudad, Genjuro, Tobei y su esposa empiezan a vender con éxito la mercancía. Pero a la vez todo cambia y se transforma. Genjuro conoce a una bella mujer noble, lady Wasaka, y se ve atrapado en un paraíso de placer y sensualidad. Y Tobei con el dinero ganado compra su uniforme de samurái, abandonando a su esposa para conseguir, cueste lo que cueste, su sueño.

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Feliz 100 cumpleaños, Robert Mitchum (y IV). El póker de la muerte (Five Card Stud, 1968) de Henry Hathaway

El póker de la muerte

Un predicador con pistolas…

Robert Mitchum recupera, pero con un punto menos profundo y más sarcástico, las reminiscencias bíblicas (de Antiguo Testamento), para encarnar a otro predicador temible. Esta vez el hermano más lúdico de Harry Powell se llama Jonathan Rudd. Su vestuario es muy similar, pero cambia sus tatuajes de Love y Hate, por una biblia de la que no se despega y que entre sus páginas esconde una violenta sorpresa para los que se creen más listos que él. Jonathan Rudd es un carismático y fundamental personaje secundario para un western atípico, El póker de la muerte, justo en un momento de metamorfosis del género donde lo atípico campaba a sus anchas. Y un pionero del cine y buen artesano, Henry Hathaway, construye una muy entretenida historia donde incorpora al western la fórmula del whodunit de las novelas y películas de misterio… Es decir, una galería de personajes… y averiguar quién es el asesino. Aunque la solución es bastante fácil no mina el entretenimiento y disfrute de la película.

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Diferencias entre La seducción (The beguiled, 2017) de Sofia Coppola y El seductor (The beguiled, 1971) de Don Siegel

La Seducción

El bello universo de unas damas sureñas…

1. Títulos en castellano. No ocurre así con el título original (que es el mismo en ambas), pero sus traducciones en castellano ya dan matices. La de Don Siegel se centra en la figura del cabo John McBurney… En castellano se titula El seductor. Un lobo feroz que pretende manipular a su gusto a las damas-cordero. Y el espectador se sitúa al lado del seductor manipulador para ser testigo de cómo se va convirtiendo en un cordero sacrificado por unas mantis religiosas. Sin embargo, la película de Sofia Coppola se ha titulado La seducción, luego el foco de atención se va al grupo de las damas sureñas (profesoras y alumnas). El grupo femenino acoge a un cabo John McBurney que se convierte en ese oscuro objeto del deseo, pero pronto pasará a ser un juguete roto, y las damas se unen para manejarlo a su antojo y después deshacerse de él, limpia y fríamente.

2. Flashbacks y voces interiores. Don Siegel hace uso en su película de varios flashback u otro tipo de imágenes (como una escena onírica) que hacen hincapié en el ambiente enfermizo y represivo. Y sobre todo acompañan a los personajes de Martha y McBurney, los dos personajes que quieren detentar el poder y los que más chocan y se enfrentan entre sí. Los flashbacks al lado de McBurney le dibujan como mentiroso y manipulador. El cabo quiere seducir a todas las mujeres por supervivencia pura y dura. Y los flashbacks que acompañan a Martha la muestran como una mujer reprimida y con secretos ocultos y moralmente prohibidos (una relación incestuosa con su hermano). Además hay un sueño onírico donde no solo da rienda suelta a una relación sexual con McBurney, sino que también dibuja una atracción de Martha hacia la joven y dulce profesora Edwina. El otro flashback que se ve en la película acompaña al personaje de Hallie e ilustra por qué nunca se ha unido y ha formado piña con McBurney (lo explicaré mejor en el siguiente punto). También en la película de Don Siegel, los personajes piensan en alto, es decir, permite escuchar las voces interiores y las reflexiones, por ejemplo, de las niñas, esto aumenta el ambiente represivo, enfermizo y oscuro… la tensión.

Sin embargo, todos estos flashbacks y voces interiores desaparecen en la película de Sofia Coppola, de tal manera que deja más libre al espectador para las interpretaciones sobre lo que ve en la pantalla, todo más limpio y menos oscuro además de aumentar una sensación elegante de ambigüedad durante todo el metraje.

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Sesión doble de cine español. Verano 1993 (Estiu 1993) de Carla Simón / Abracadabra (2017) de Pablo Berger

Verano 1993 (Estiu 1993) de Carla Simón

Verano 1993

Miradas de la infancia

Verano 1993 tiene una mirada especial: la de una niña de 6 años, Frida. Una niña que precisamente en ese verano de 1993 tiene que enfrentarse a muchas cosas que no son fáciles: a la muerte de su madre; a entender qué es exactamente lo que ha pasado; a asimilar que no la verá más, ni podrá hablar con ella; a dejar su ciudad, Barcelona; a la vida en un pueblo; a ver a sus tíos y a su pequeña prima como su nueva familia; a conseguir nuevos amigos; a encontrar su lugar en su nuevo mundo… Y Carla Simón consigue una mirada que toca y trastoca, una mirada impregnada de verdad. Pues es una mirada empapada de memoria y recuerdos. Simón rescata la niña que fue y crea una película de sensaciones. Y, sí, nos metemos en el universo de Frida.

Y es el primer largometraje de Carla Simón, otro nombre a añadir a esa lista de cineastas, muchas de ellas de Cataluña, que están ofreciendo un mapa cinematográfico especial con voces de mujer. Al ver Verano 1993, me vino a la cabeza enseguida, sin poder evitarlo, François Truffaut, y sobre todo dos de sus películas: Los 400 golpes y La piel dura. Por dos motivos: Como Truffaut, Carla Simón se expresa y cuenta con la cámara sus sensaciones, recuerdos y pinceladas de la infancia. La cámara es un apéndice de su forma de expresarse, de su memoria, de la forma de entender el mundo… No escribe diarios…, filma películas. Y como en La piel dura, Carla Simón dibuja niños reales y habla de que la infancia puede ser un periodo duro…, es como si dijera en alto a sus protagonistas niñas las palabras del profesor Richet: “La vida no es fácil, es dura, y es importante que aprendáis a endureceros para que podáis enfrentaros a ella, ojo, endureceros no ser insensibles”.

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