Nuevo libro: Cuando la devastación nos alcanza. Un recorrido por el cine de catástrofes (Applehead Team, 2026)

Huracán, un melodrama maravilloso de John M Stahl con catástrofe de fondo, ha sido uno de los más bellos descubrimientos que he tenido para la elaboración del capítulo que me correspondía.

Muy feliz de anunciaros un libro colectivo donde servidora escribe un capítulo. Esta nueva publicación es un recorrido breve, pero de lo más intenso, a un género que ha dejado una filmografía de lo más extensa, sobre todo en Hollywood. Y que a su manera cuenta también una historia muy especial del cine y es un reflejo también de la época en que se rodaron.

El libro en tapa dura tiene una sencilla estructura: entre el prólogo y el epílogo de Santiago Alonso (coordinador y editor del libro), donde explica los códigos del género, cuatro capítulos de distintos autores con un bagaje cinematográfico variado: Raúl Álvarez, Yago Paris, Álvaro Peña y la que escribe estas líneas.

En ese recorrido que anuncia el subtítulo, cada capítulo se centra en una época determinada. No hay más que leer los títulos para saber lo que se encuentra en el interior de cada uno. El primero, Desastre y caos, más allá del espectáculo. Antecedentes del género de catástrofes en Hollywood. El segundo, Hollywood ha muerto, ¡viva el cine de catástrofes! La edad de oro. El tercero, La década bisagra. El cine de catástrofes estadounidense de los años noventa. Y, por último, el cuarto, Temblores digitales en la zona cero. El cine de catástrofes después del 11-S.

Como bien se explica en la contraportada del libro, «la sala de cine siempre ha sido un espacio seguro donde podemos enfrentarnos a nuestros miedos, porque nos sabemos a salvo, e incluso nos permitimos disfrutar de ellos. Pocas categorías de películas se ajustan tanto a este hecho como las que cuentan grandes desastres sin escatimar en esplendorosos detalles y medios para plasmarlos, elevando el catastrofismo a la categoría de bella arte.

Cuando la devastación nos alcanza repasa cómo se ha conjugado destrozo, miedo y supervivencia desde los inicios del cine hasta la actualidad, principalmente en Hollywood, ya que ha sido la industria con más capacidad para crear asombrosas imágenes de volcanes en erupción, terremotos que derrumban edificios, aviones de pasajeros en peligro, océanos que arrasan ciudades y demás tragedias colectivas provocadas por el planeta Tierra, la acción del hombre o una combinación letal de ambos».

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Sesiones de verano (II). Espejo de sombras de Felicidad Blanc (Cátedra, Letras Hispánicas, 2026)

Felicidad Blanc, la mujer del pelo blanco, entre sus hijos Leopoldo María y Michi.

Felicidad Blanc se convirtió en un símbolo durante la transición, representando a tantas mujeres que vivieron sus matrimonios bajo el yugo del régimen franquista y luego tuvieron una voz propia que escuchar y donde trataban de encontrarse entre las palabras.

El desencanto, el innovador documental en su momento de Jaime Chavarri, dio a conocer a la familia Panero con todas sus oscuridades incluidas. El largometraje se centraba en las conversaciones entre ellos y en las entrevistas individuales con cada miembro de la familia. Todo formaba un mosaico de una familia que se caía a pedazos pero con momentos de lucidez. Bajo la sombra del fallecido poeta Leopoldo Panero, un poeta de la Generación del 1936 e identificado con el régimen franquista, desfilan su viuda Felicidad Blanc y sus tres hijos Juan Luis Panero, Leopoldo María Panero y Michi Panero.

Para muchos este documental fue el descubrimiento de una mujer peculiar, Felicidad Blanc, con una historia a sus espaldas y una personalidad misteriosa y contradictoria. Una extraña y bella mujer de pelo blanco termina centrando todas las miradas y eclipsando la verborrea culta e incansable de sus tres acelerados hijos.

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Reflexión a partir de Hamnet o cómo El blog de Hildy Johnson siempre ha sucumbido a la influencia de William Shakespeare

Hamnet es el principio de todo este sendero de William Shakespeare por el blog.

Soy Hildy Johnson y me declaro culpable por mi total devoción hacia William Shakespeare y todo lo relacionado con su persona. Una de las lecturas más emocionantes del año pasado fue Hamnet de Maggie O’Farrell. El otro día fui a ver la película de Chloé Zhao, que por suerte atrapa la esencia de esta obra literaria: cómo a través del arte, el proceso de creación del artista y la catarsis que puede provocarnos una interpretación cuando somos público se puede superar el duelo por la ausencia de un ser querido.

Y me viene a la cabeza otra de las películas que este 2025 me ha tocado muy fuerte: Ghostlight de Alex Thompson y Kelly O’Sullivan, precisamente porque toca exactamente lo mismo. Como una familia herida por una ausencia logra comprender lo que ha pasado cuando el padre por hilos del destino termina en un grupo de teatro amateur que pretende poner en pie un peculiar montaje de Romeo y Julieta.

A raíz de estas propuestas artísticas alrededor del bardo me doy cuenta de cómo este blog siempre ha estado empapado por lo shakesperiano y también mi vida. Más de una vez he contado y aquí va de nuevo (cual abuela Cebolleta) que mi puerta de entrada al señor William Shakespeare fue siendo niña cuando me sentí totalmente hipnotizada por un cómic de ediciones Deana (1982) de El sueño de una noche de verano. La adaptación que me cautivó por sus dibujos fue del historietista Miguel Quesada Cerdán.

Me enganché fuerte a esa noche mágica de seres fantásticos que se mezclaba con la historia de esos jóvenes que se enamoraban, perdidos en el bosque, y que les pasaban cosas que les nublaban el juicio y con esos personajes del pueblo que querían ensayar una obra para representar ante los poderosos.

A partir de ahí el idilio con Shakespeare aún no ha terminado. Nunca he podido desprenderme de esa noche de verano. En el blog he nombrado alguna vez mi fascinación por un montaje que realizó la compañía Ur Teatro en Sala Cuarta Pared de Madrid durante los años noventa. Y también mi felicidad cuando Tim Robbins presentó dicha obra en 2015 en Teatro Salón Cervantes en Clásicos en Alcalá. Con la emoción de Hildy por ver a Robbins cerquita, cerquita, disfrutando de su propio montaje desde un palco del teatro.

Si bien las distintas adaptaciones cinematográficas de El sueño de una noche de verano en el cine que he podido ver a mi parecer no logran captar la magia de los escenarios (me refiero a la de Michel Hoffman o la de William Dieterle y Max Rinhardt), nunca puedo olvidar la importancia de esta obra en El club de los poetas muertos y sobre todo para uno de los personajes más carismáticos de la película de Peter Weir, Neil Perry (Robert Sean Leonard).

Hay mucho del espíritu shakesperiano en la representación que realiza Neil de Puck, personaje clave de El sueño de una noche de verano, así lo escribí en su momento: «Un personaje que es una criatura nocturna, un ser creativo e imaginativo, que no pertenece a un mundo gris. De pronto, Neil no solo es feliz actuando, sino que se siente Puck, habitando un mundo mágico donde él se siente dueño de su destino, donde puede expresarse y sentir, donde huye de la realidad gris en la que sus padres quieren hundirle. Cuando ese sueño de una noche de verano se aleja, entonces Neil se hunde. No encuentra su sitio en ese futuro que le están construyendo».

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Sesiones de verano (y 6). Días de canícula y películas

Mi postre favorito, una película iraní que ha servido para una buena sesión de verano en una sala de cine.

Durante este mes de verano, he disfrutado de buen cine. Llevo unos años que no salgo fuera en agosto, sino que me quedo en mi ciudad. Casi todos los días suelo ver una película y como siempre trato de ser lo más ecléctica en mis elecciones. No he dejado de recuperar producciones de los ochenta y noventa de las que tengo un buen recuerdo, pero también intento ver aquellas que se me pasaron en la época. Por supuesto, no faltan los clásicos (he revisitado y he descubierto alguno que nunca había visto). Tampoco he desperdiciado alguna visita a la sala de cine (aunque no han sido todas las que hubiese querido)… Y también procuro visionar aquellos estrenos (que son muchos) que se me escaparon durante este año.

Por otro lado, intento disfrutar con otra de mis pasiones, como leer libros sobre cine. Esta vez con placidez y lentitud estoy leyéndome un libro exquisitamente documentado y que me está proporcionando conocimientos sobre un director inédito para mí: Hiroshi Teshigahara. A raíz de su lectura, he visto la única película a la que de momento he podido acceder, La mujer de arena. De su autor, Antonio Santos, ya había leído dos ensayos que me emocionaron sobre la utopía y distopía en el cine.

El libro en cuestión es Jardines de piedra. Hiroshi Teshigahara. Cine, roca y bambú, que muy pronto visitará de nuevo este lugar. Estoy ya a punto de adquirir dos libros de amigos blogueros y empaparme de ellos. No he tenido tiempo hasta ahora, pero me hace muchísima ilusión: desde Tren de sombras, un libro sobre Ozu; desde El gabinete del doctor Mabuse, un buen listado con reseñas estoy segura que brillantes de cine mudo.

Abordo ya la última semana de agosto, con este texto que supone el final de estas sesiones de verano con un resumen de casi todo lo vislumbrado desde finales de junio. En cuanto películas, además de las señaladas en las distintas sesiones de verano, la variedad de propuestas es la clave. Desde que empecé con Cónclave, he visto casi cincuenta películas. Ahora como usuaria de Letterboxd (Hildy_Johnson_) y su diario no se me olvida ninguna. Me encanta poder acceder al listado de todo lo visto.

Había varias que las tenía muchas ganas: la misma Cónclave (Edward Berger, 2024), Heretic (Scott Beck, Bryan Woods, 2024), Anora (Sean Baker, 2024), Being Maria (Jessica Palud, 2024), Ghostlight (Alex Thompson, Kelly O’Sullivan, 2024), Sorda (Eva Libertad, 2025), Riefenstahl (Andres Veiel, 2024), Maria (Pablo Larraín, 2024), Materialistas (Celine Song, 2025), Mi postre favorito (Maryam Moghadam, Behtash Sanaeeha, 2024) y Weapons (Zach Gregger, 2025). Procuraré dedicar una frase a cada una (sin incluir las ya reseñadas) que resuma que han supuesto para mí.

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Sobre Nora Ephron: de libros, anécdotas, películas y otras recetas

Nora Ephron deja su huella en una de las musas de la comedia romántica, Meg Ryan, y que fue la protagonista de varios de sus guiones.

Estas Navidades decidí hacerme a mí misma un regalo de Reyes. En uno de esos días en que me hago una ruta de pequeñas librerías que me fascinan, en una de ellas un libro me llamó, ya lo había hecho en otras ocasiones, pero me había resistido. Un libro de tapa dura, perfectamente editado e ilustrado con cuidado y cariño. Dicho volumen recogía dos de los últimos libros de Nora Ephron, periodista, guionista, novelista, dramaturga y directora de cine. Estos libros son No me gusta mi cuello y No me acuerdo de nada (Libros del Asteroide, 2024). Los dos recopilan una serie de textos con reflexiones, anécdotas, opiniones, recetas, listados…, que dejan al descubierto el personal universo de Ephron, su filosofía de vida. No me pude hacer mejor regalo. Los devoré y de alguna manera noté una fuerte conexión con esas palabras.

También curiosamente durante esas fechas vi la última película de Meg Ryan, también dirigida por ella, que ha pasado sin pena ni gloria y como todo comedia romántica que se precie, mirada por encima del hombro. Yo no solo la disfruté, sino que al final me fijé que Ryan se la dedicaba, y no podía ser de otra manera, a Nora. La película en cuestión se titula Lo que sucede después (What Happens Later, 2023).

Así que como no hace mucho he terminado el libro en cuestión, me he visto pensando en Ephron y en por qué me ha gustado su lectura. Y también he reflexionado sobre su herencia cinematográfica y por qué me gustó Lo que sucede después. Nora Ephron practicaba en su vida algo que creo que es muy sano: reírse de sí misma; convertir en humor las desgracias de la vida. Su propia experiencia vital se convierte en material literario. En ambos libros recoge anécdotas de su trayectoria laboral, de la familia, de sus amores, de sus amistades, de sus gustos culinarios… y por muy dramáticos que sean algunos de estos pedazos cotidianos al final es capaz de que el lector puede dejar asomar una sonrisa e incluso una risa. Siempre se dice que en la mejor comedia hay dolor.

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Historias veraniegas (4). Por qué el cine me sigue gustando

 

Por qué me gusta el cine: A Gena Rowlands, igual la admiro en cine independiente puro y duro como Una mujer bajo la influencia que en un cine más comercial como El diario de Noa.

A veces una necesita seguir reforzándose y preguntarse una y otra vez por qué le gusta el cine. Y, bueno, hoy se me ocurren diez puntos.

1. Me entero de la muerte de la actriz Gena Rowlands a sus 94 años. Musa de su esposo y de su hijo. La intérprete fue el rostro del cine independiente puro y duro de la mano de John Cassavetes. Y también fue el rostro de uno de los títulos más taquilleros de su hijo Nick Cassavetes, un drama romántico alejado totalmente del cine que hacía su padre. Pues bien, soy capaz de deleitarme con la Rowlands maravillosa de Una mujer bajo la influencia, una intérprete que arriesga en cada secuencia.

Y derretirme y emocionarme con esa mujer aquejada de alzhéimer (lo que finalmente padeció en la vida real) en El diario de Noa, protagonizando un drama romántico en El diario de Noa. Me gusta el cine que arriesga y el que forma parte de lo que llaman cultura popular, que también hay de la buena. Me gusta acercarme a las películas sin prejuicio alguno y solo a partir de ahí analizarlas.

2. El otro día me apetecía desconectar totalmente del mundo y pude hacerlo a través de dos películas que me hicieron recordar lo que me entusiasma el género de aventuras cuando está bien hecho. Así me ocurrió ante Los tres mosqueteros: D’ Artagnan y Los tres mosqueteros: Milady de Martin Bourboulon. Cómo me gusta el cine de género, cuánto puedo disfrutar de él y qué maravilla cuando se hace bien. Aventuras, buena ambientación, una galería de actores de esas que no dejas de decir: «¡Anda!, pero mira quién está aquí»…

En el momento del estreno, se decía que sí que eran buenas, pero que Bourboulon no aportaba nada al género y, qué queréis que os diga, en este caso no me importó en absoluto la no innovación, solo buscaba pasármelo bien. En este doblete además también uno puede analizar ese complejo mundo que es el de las adaptaciones literarias a la pantalla. ¿El director capta el espíritu del libro? ¿Qué aporta? ¿Y si aporta, merece la pena? De nuevo, como ocurre en otras versiones cinematográficas, el personaje más atractivo y con el que más se atreve a innovar esta adaptación cinematográfica es con Milady… No solo desconecté, sino que no respiré durante horas enganchada a la historia que me estaban contando en la pantalla.

3. Últimamente no estoy pudiendo ir mucho a la sala de cine a ver producciones de estreno. El otro día me acerqué a un cine y decidí apostar por un director al que suelo ser fiel siempre que puedo: Robert Guédiguian. Le prometí fidelidad eterna cuando le descubrí con Marius y Jeanette en 1997. Pues bien ha estrenado Que la fiesta continúe. Es una de las películas que rueda en su adorada ciudad de Marsella sobre la buena gente que sigue creyendo en cambiar el mundo, en vivir en comunidad y en las virtudes de la militancia social.

Durante décadas lleva trabajando con su esposa Ariane Ascaride y sus amigos Jean-Pierre Darroussin y Gérard Meylan como intérpretes, así como una troupe de actores que se van incorporando en las distintas producciones. ¿La disfruté? Sí, mucho. Bajo esa columna donde descansa el busto de Homero (el leitmotiv de su nuevo largometraje), Guédiguian es otro poeta épico de los que normalmente no suelen ser portada de los periódicos ni encabezan las noticias a no ser que formen parte de las estadísticas.

Por qué me gusta el cine: Dadme una buena película de aventuras (como la última versión de Los tres mosqueteros) que me desconecte del mundo y hacedme feliz.

4. Durante este mes de agosto, estoy escribiendo distintos textos de cine, si no es para el blog para otros proyectos que van surgiendo o para la única red social donde se me puede encontrar. Siempre por placer. Y aunque a veces sufro o me agobio, porque me gustaría que los días tuviesen más horas y los años más meses, cuando estoy en el proceso de escribir un texto de cine es cierto que lo disfruto a tope. Me encanta desde la concepción de la idea hasta su plasmación en papel y el proceso creativo para ir dándole forma.

Y sea cual sea el resultado: unas veces, bueno; otras, regular y otras, malo…, esas horas que estoy concentrada en la creación soy feliz. Y si tiene que ver con el cine y todo lo que le rodea más aún. Sí, el cine me inspira y me hace escribir. Y eso para mí es bueno. Además sé que todavía no he hecho ese texto o ese libro que diga esto es el top, es realmente bueno. Bastante suerte he tenido con haber podido publicar (siempre intentando hacerlo lo mejor que puedo y tomándomelo muy en serio), porque solo escribiendo y escribiendo, se aprende. Estoy orgullosa de muchas cosas de las que he escrito, pero sé que todavía puedo dar mucho más.

5. Sigo la estela del punto anterior. Casi el mismo placer que me provoca escribir sobre cine, me lo provoca leer un buen ensayo, reportaje, entrevista, texto, novela, cuento que trate este tema en cuestión. Hay textos de cine que para mí han supuesto no solo un disfrute, sino pequeñas revelaciones. Sería capaz de realizar una enorme lista con literatura cinéfila u obras cinematográficas que me han hecho pasar buenos momentos. Todo empezó hace muchísimos años cuando disfruté de un coleccionable de Diario 16 sobre la historia del cine o mi madre me conseguía los artículos que escribía cada semana Terence Moix sobre actores y sobre historia del cine. Estos textos fomentaron mi gusto por leer todo lo que cayera en mis manos relacionado con el séptimo arte.

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Sobre libros, últimas películas, ciclos y muertes de actores míticos

Más libros de cine, por favor. Me estoy leyendo varios a la vez. Tres en concreto y disfrutándolos a tope. Un ensayo, otro de textos breves que mezcla recuerdos y celebración por la existencia del cine (este repito de nuevo lectura) y, por último, un libro precioso de pura literatura.

El ensayo tuvo la culpa de que viese y disfrutase de Brighton Rock de John Boulting. Se trata de El cine de Graham Greene (Ediciones Internacionales Universitarias, 2008) de Enrique Fuster Cancio. El libro analiza sobre todo las películas que adaptan sus novelas católicas: Brighton Rock, El poder y la gloria, The heart of the matter y El fin del romance. También incorpora un análisis de El tercer hombre (que nació primero como tratamiento y guion cinematográfico), que aunque no admite exactamente el apelativo de católica, sí muestra constantes de la obra de autor, que camina entre el pecado y la redención.

Después estoy volviendo a leer un libro que me agrada por la idea y por cómo está escrito. Juan Marsé escribió Momentos inolvidables del cine (Carroggio/Scrinium, 2004) donde dejaba cien textos breves en los que quedaba constancia de su gusto cinéfilo o de las películas que le marcaron durante su vida. Estos textos breves también son una original biografía del autor, donde se recoge cómo el cine se enreda con la vida y viceversa. También su escritura es una manera de descubrir una sensibilidad a través de la mirada que tiene sobre las películas, sus opiniones sobre los intérpretes o la captura de la anécdota determinada sobre cierto rodaje que le deja realizar certeras reflexiones.

Y mi más reciente adquisición (un regalo hecho con sumo cariño, me consta) es El limbo de los cine (Nórdica, 2023) de Luis Mateo Díez, con ilustraciones de Emilio Urberuaga. Son doce cuentos sobre distintas salas de cine como espacios ficticios. Cada uno de ellos con la riqueza gozosa del lenguaje que tiene el autor. Luis Mateo convierte el espacio de la sala de cine en un universo literario con vida propia. Cada sala es un mundo, nunca mejor dicho. Es un libro delicatessen, todo un disfrute.

El protagonista, el dueño del pub El viejo roble, con su perrilla Marras.

2. La última película de Ken Loach. Me perdí El viejo roble cuando se estrenó en sala de cine. El otro día tuve oportunidad de verla. Y qué queréis que os diga, me gustan las historias que cuenta y cómo las cuenta. El octogenario hace una oda sobre la vida comunitaria y la buena gente. Una oda a la gente trabajadora y a los que vienen de fuera porque no les queda otra.

Me gustan los personajes que muestra. Y hay una perrita, Marra, que aparece en el momento oportuno en la vida del protagonista. Me gusta Marra y el significado de su nombre…, que hace referencia a los amigos que son más que eso. Me gusta cómo la película canta al poder de la reunión, de realizar un objetivo común entre varias personas, de la convivencia, del intercambio, de lo que une una buena comida, de la riqueza de las distintas culturas…

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Mes de mayo, mes de cine

El cine que no falte…, en la vida, como dice la película italiana en su título, Siempre nos quedará mañana.

Sí, los últimos días de abril y este mes de mayo están siendo de cine. Madre mía, la cantidad de cosas que me están pasando. Sin parar, con visita de otros lares incluida, con accidente doméstico con fractura de ser querido y con cuidados intensivos necesarios por inmovilidad, con la maleta de un lado a otro (de una casa a otra), con viaje a Zaragoza, dos presentaciones y sin parar de teclear. Así que escribir con calma en el adorado blog ha sido más o menos misión imposible.

Por tanto, he decidido contaros estos días a través de las películas vistas. Cine y vida, vida y cine. Antes de la revolución doméstica con accidente y rotura, para tener más aventura en los días cotidianos y no aburrirnos, tuve la oportunidad de pasar un precioso día del libro en la Filmoteca Española de Madrid. En el hall del cine Doré, presentamos Prisioneros del bucle (sí, ¿os acordáis que os dije que había escrito un nuevo libro y que analizo en profundidad junto a Santiago Alonso la película de Bill Murray y el día de la marmota eterno?) y luego en la sala 1 se proyectó Atrapado en el tiempo de Harold Ramis. Fue una tarde bonita. Además al día siguiente nos llegaba una visita esperada del otro lado del océano.

Durante los primeros días de mayo pudimos ir a una sala de cine de estreno para viajar hasta Italia con Paula Cortellesi y su Siempre nos quedará mañana (C’è ancora domani, 2023). Mira que amo el cine italiano y un buen melodrama, así como los aires neorrealistas que se quieran desparramar por los fotogramas, el buen blanco y negro y aquellos que se arriesgan al tomar ciertas decisiones en la puesta en escena, pero este largometraje en cuestión no me hizo vibrar. Ahora sí, es carne de cinefórum, precisamente para analizar todo esto que estoy intentando explicar en unas pocas líneas. Cortellesi dirige demasiado las emociones del espectador para apoyar una tesis (bastante necesaria en estos tiempos que corren, también es verdad)… y eso creo que fue lo que no me dejó disfrutar al cien por cien de la propuesta.

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Descubrimientos veraniegos (8). Firmin (Seix Barral, 2007) de Sam Savage

Firmin, una rata de ciudad, ama con locura a Ginger y Fred.

Gracias, Mónica

Firmin es una rata. Su peculiaridad respecto a las demás es que nació, pues su madre no encontró un sitio mejor, en una librería. Mientras que para sus hermanos y su madre esto no tuvo la menor relevancia, a Firmin le marcó un destino. Descubrió la sabiduría de los libros y que no solo servían para roerlos y hacerse una cama o distraer el hambre, sino que le abría un mundo de posibilidades y sueños. Firmin tiene un gran mundo interior y una imaginación desbordante, gracias a los libros, pero tan solo es una rata. Y muchas veces esa es su gran desgracia. Mirarse al espejo y ver su cuerpo peludo, sus dientes amarillentos, o desear fervientemente comunicarse con los humanos y fracasar en el intento, la convierten en un ser triste y tierno a la vez.

Sí, la librería en la plaza Scollay de la ciudad de Boston a punto de desaparecer por un ambicioso plan urbanístico (y no es un sitio ficticio, dicha plaza existió y también su demolición en 1962) es su hogar y nada desea más que ser el mejor amigo de su dueño, el librero Norman. Pero pronto sufrirá un desengaño con él. Claro, es una rata y así lo ve Norman. No obstante, siempre sentirá un especial amor por la librería y nunca perderá el interés por las acciones del librero.

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Descubrimientos veraniegos (6). El otro Oeste. Siete ensayos desde las fronteras del wéstern (Episkaia, colección Veredas, 2021)

El wéstern Los odiosos ocho de Quentin Tarantino está presente en uno de los análisis del libro.

Sí, hace dos años que me habían regalado este libro y ha sido ahora en verano cuando por fin no solo lo he leído, sino que también lo he disfrutado. Como apasionada del wéstern soy consciente de que es un género que ha «mitificado» la historia de un país. En un principio, las películas del Oeste dejaron una historia con muchas omisiones, injusticias y silencios. Pero también es cierto que según han ido pasando los años también ha habido grandes wésterns que se han ido acercando más a la realidad de los hechos y a la complejidad histórica de dicho periodo.

Ha sido un género que ha ido evolucionando desde el nacimiento del cine hasta la actualidad. Y no solo eso, sino que como demuestra este interesante libro quedan aún muchas historias que contar. De hecho, estamos a la espera de un wéstern que va a contar uno de los asuntos que más se han ocultado (y que ha sido tratado poco en películas del Oeste, aunque hay ilustres excepciones), que los indios fueron eliminados sistemáticamente, que se ejerció sobre ellos una violencia calculada, organizada y brutal. Me estoy refiriendo a la última película pendiente de estreno de Martin Scorsese, Los asesinos de la luna.

Volviendo a El otro Oeste, cuatro autores estadounidenses y tres españoles se enfrentan a textos de distinta índole para contarnos otras historias posibles para un wéstern u otras visiones sobre el género. Historias protagonizadas por personajes que o bien apenas han aparecido en los wésterns clásicos o si bien lo han hecho tan solo como personajes secundarios o de reparto y análisis de distintos fenómenos como la literatura popular o la música country.

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