Sesiones de verano (II). Espejo de sombras de Felicidad Blanc (Cátedra, Letras Hispánicas, 2026)

Felicidad Blanc, la mujer del pelo blanco, entre sus hijos Leopoldo María y Michi.

Felicidad Blanc se convirtió en un símbolo durante la transición, representando a tantas mujeres que vivieron sus matrimonios bajo el yugo del régimen franquista y luego tuvieron una voz propia que escuchar y donde trataban de encontrarse entre las palabras.

El desencanto, el innovador documental en su momento de Jaime Chavarri, dio a conocer a la familia Panero con todas sus oscuridades incluidas. El largometraje se centraba en las conversaciones entre ellos y en las entrevistas individuales con cada miembro de la familia. Todo formaba un mosaico de una familia que se caía a pedazos pero con momentos de lucidez. Bajo la sombra del fallecido poeta Leopoldo Panero, un poeta de la Generación del 1936 e identificado con el régimen franquista, desfilan su viuda Felicidad Blanc y sus tres hijos Juan Luis Panero, Leopoldo María Panero y Michi Panero.

Para muchos este documental fue el descubrimiento de una mujer peculiar, Felicidad Blanc, con una historia a sus espaldas y una personalidad misteriosa y contradictoria. Una extraña y bella mujer de pelo blanco termina centrando todas las miradas y eclipsando la verborrea culta e incansable de sus tres acelerados hijos.

Un año después de la proyección y del tsunami cultural que supuso dicho documental, Felicidad Blanc dictó sus memorias y surgió un libro autobiográfico tan especial como ella, Espejo de sombras. Ahí la personalidad arrolladora y extraña de Blanc vuela libre por sus páginas. Por una parte, su voz y por otra las imágenes de su familia que conforman un álbum de fotos revelador con unos pies de foto que cuentan también varias historias.

Unas memorias que desarman por la sinceridad de su autora que no tiene pudor en desnudarse emocionalmente y revelar las luces y oscuridades de su personalidad herida y contradictoria en todos los sentidos. Espejo de sombras es sentimiento y emoción en estado puro, como una madame Bovary del Barrio Salamanca o una heroína romántica de alguna de sus lecturas de esos adorados libros que forman parte de la biblioteca personal. Una mujer con espíritu del romanticismo del XIX, pero anclada en un convulso siglo XX que a veces no entiende o prefiere no entender. Una madame Bovary que también desciende a las oscuridades más profundas y se mueve por ellas sin remedio.

Felicidad Blanc da un paseo por toda una vida hasta el momento en que protagoniza El desencanto y, justo también, cuando por primera vez en su vida trabaja como recepcionista en el Ministerio de Cultura. Esa mujer misteriosa y contradictoria vive su vida como una heroína romántica que se ve sumida y encerrada en una sociedad conservadora y en blanco y negro que frustra y entierra todos sus sueños, aunque tiene momentos en los que resurge como un ave fénix. Todo nos lo cuenta a través de su voz transcrita.

Lo que más llama la atención es cómo Felicidad Blanc se crea su propio mundo fantástico, pero es capaz de leer la realidad con una lupa que puede ser cruda e incluso hiriente. Que desvela sus sentimientos más íntimos y ocultos con elegancia, pero que dejan al descubierto una mujer mucho más dura en su aparente fragilidad.

Así habla de su infancia, de las relaciones con sus padres y hermanos, de sus amistades, con un capítulo revelador sobre cómo vivió la guerra civil en Madrid. Y luego una crónica gris de su matrimonio con Leopoldo Panero. Ella no encaja en ningún mundo. Todo es sorprendente en ella, la forma de vivir la maternidad, su relación con la familia del esposo, con su propia familia, con las casas de su vida o ese amor platónico en Londres con el poeta homosexual Luis Cernuda.

En ese libro, Felicidad Blanc no deja de mostrar su extrañeza con la actitud de su marido Leopoldo Panero hacia ella. En muchas páginas, va describiendo cómo se siente un cero en la izquierda en la relación con su marido, cómo este no solo la ignora sino que ella muchas veces se siente invisible. Además Leopoldo muestra su crueldad en momentos críticos que está viviendo su esposa, como en los partos o durante la enfermedad de su padre. Todo es así de una tonalidad gris para luego descolocarla con unos poemas de amor en los que ella es una musa que no se reconoce, como tampoco entiende la historia que parece reflejarse entre esos versos, porque en nada se parece a su realidad.

Un hombre que le escribía: «Lo más mío que tengo eres tú. Tu palabra va haciendo débilmente mi soledad más pura. ¡Haz que la tierra antigua del corazón se abra y que sientan cerca la muerte y la hermosura!». Luego era el gran ausente, el que tenía más tiempo para sus amigos y borracheras y alguna que otra infidelidad.

Otro de los puntos sorprendentes de Felicidad Blanc es su relación con la locura y la salud mental. Profundamente marcada por la inestabilidad mental de su hermana Eloísa, que terminó encerrada en distintos centros psiquiátricos, luego ve muchos de sus comportamientos reflejados en su hijo Leopoldo María Panero.

Por este último, la madame Bovary del Barrio Salamanca irá de psiquiátrico en psiquiátrico y también paseará por distintos centros penitenciarios para visitar a Leopoldo María. Ese hijo creativo, imaginativo, inteligente y sensible que se mete en política y consume sustancias que su madre desconocía… Y por ese hijo se enterará de la existencia de las drogas y de la dependencia que provocan. No es ajena a la dependencia. El alcohol siempre estará muy presente en la vida de su marido y de sus hijos. Al igual que la frustración que les provoca unas existencias que no son las que quieren vivir.

Felicidad Blanc esa mujer contradictoria que también se atrevió a escribir varios cuentos y publicarlos, a ser musa de varios poetas y pintores, fue capaz también de dictar sus memorias y a partir de El desencanto, hacer sus pinitos como actriz.

Espejo de sombras no solo es el testimonio de una época, la vida de una mujer casada durante el franquismo con unas raíces determinadas y un bagaje cultural variado a sus espaldas, sino también un relato original, valiente y sincero de una mujer en busca de su identidad a través de las palabras. Primero fueron los cuentos, después escribió su propia vida. Esa vida tocada con la varita de la soledad y el desencanto.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

8 comentarios en “Sesiones de verano (II). Espejo de sombras de Felicidad Blanc (Cátedra, Letras Hispánicas, 2026)”

  1. Hola Hildy. Por lo que escribes en tu comentario deduzco que la vida de esta mujer debio ser dificil y con una familia complicada. Parece que su marido escribia unas cosas bonitas pero luego en lo personal con ella era muy distinto. Esa dualidad, mostrar una imagen idealizada de puertas para afuera pero en casa ser un cabron esta muy presenta en muchos hogares. Lo he visto en la ultima pelicula que he visto en el cine, Un taxi en Tokio. Tambien lo he vivido en mi propia familia, alguien que se muestra muy simpatico con los de fuera de casa pero en la intimidad te hace la vida imposible. Si, es cierto que las mujeres sufren mucho esta falsedad de los hombres y tambien un hombre puede caer y sufrir esta situacion.
    De todos modos Felicidad Blanc no tiene mucha relacion con el cine, ¿no? Mas alla del documental de Chavarri. Bueno, no se, no conozco nada de su vida mas alla de tu interesante comentario.

    Un beso Hildy.

  2. Hola HIldy
    Creo que vi «El desencanto» en una de aquellas sesiones nocturnas de la u-hache-efe (lo que ahora es «la 2») y, efectivamente, desencanto es una buena definición. Ya había visto, en cine, la siguiente de Chávarri «A un Dios desconocido» y me parecía que era demasiado críptico. Justo lo contrario que el documental, tan descarnado.
    Otro detalle tonto: el documental se desarrolla en Astorga, ciudad de la que, con mucha mala baba, se decía que sólo tenía soldados y curas; desde su estreno la ciudad también tiene un puestecito en el mundo cultural.
    Un saludo, Manuel.

  3. Vaya, leí este libro hace años y se convirtió en una de las crónicas personales mas relevantes de mi vida, por la manera de contar y, sobre todo de contarse. Un retrato inquietante de una mujer diferente e infeliz, pero un relato libre como pocos. Me hace gracia, ¿sabes que poca gente conoce este libro? O es posible que no lo valoren. Desde luego ella tenía todo en su contra: la época que vivió, su género (claro, por supuesto) la clase de la que provenía y el peso de todos esos hombres, disfuncionales, pero creativos y seductores. Su hijo Leopoldo se ganó el ser uno de los mejores poetas de su tiempo en este pais, también el tipo más descabalado y a cuestas con su (mala) salud mental y por él llegué al Desencanto y de ahí al libro de Felicidad. Todo un hallazgo, comparto contigo, y me encanta hacerlo . Esa sorpresa de compartir algo extraño y que casi nadie valora. Feliz verano, Hildy

  4. Querido amigo Luis, una de las cosas que más llama la atención de la autobiografía de Felicidad es justamente lo que mencionas. Esa disociación que ella sentía entre lo que escribía su esposo y lo que realmente vivía y lo que era su relación. ¡Y es tan interesante cómo lo cuenta!
    Tienes toda la razón, no es algo extraño vivir algo similar y cuando lo lees, lo piensas y te das cuenta. Pero ella lo expresa tan claramente.
    Me apunto, por supuesto, «Un taxi en Tokio».
    Felicidad Blanc logró voz porque se la pudo escuchar y ver su imagen en este descarnado e interesante documental, que atrapa las vidas en blanco y negro de una etapa de nuestra historia. Y se convirtió en una especie de fantasma o imagen interesante para entender un periodo. Un documental que todavía hoy sorprende.
    Curiosamente a raíz de su aparición en este documental, hizo sus pinitos en el cine, pues actuó en dos películas de ficción: Los restos del naufragio de Ricardo Franco y Calé de Carlos Serrano.
    ¡Es un libro que merece mucho la pena!
    Beso
    Hildy

  5. ¡¡¡Amigo Manuel, qué bien has definido el documental con esa palabra «descarnado»!!!
    Ay, me ha encantado recordar lo de UHF, recuerdo una televisión pequeñina en blanco y negro que tenía los botones de UHF y VHF en el comedor de casa, cuando era una cría.
    Sí, la familia de Leopoldo vivía en Astorga y allí había una de esas casas que va describiendo Felicidad, donde iba transcurriendo su vida. Tal y como habla de Astorga parece una regenta en Vetusta…
    Beso
    Hildy

  6. Margaaaa, qué alegría leerte en una mañana de verano.
    Qué bonito dices lo especial del libro, «esa manera de contar y, sobre todo de contarse».
    Totalmente de acuerdo relato inquietante y libre.
    Recuerdo el impacto que supuso ver por primera vez hace años El desencanto y cómo me llamó la atención Felicidad Blanc a la que es imposible de definir o explicar.
    Llevaba tiempo detrás de este libro y ante esta nueva edición de Cátedra, me animé a su lectura. Y cómo me ha fascinado, volviendo al principio, su manera de contar. Y esa sinceridad para mostrarse con todo lo bueno y lo malo. Un hallazgo maravilloso.
    Beso enorme mirándome en un espejo
    Hildy

  7. Deseando leerlo y darte las gracias por el fragmento sobre él. Conocí más detalles de ella después de leer el libro del amigo de sus hijos que es como una continuación del documental. Luis Antonio de Villena; Lúcidos bordes de abismo. Memoria personal de los Panero.

  8. Querida Eugenia, pues yo por mi parte me apunto el libro de Luis Antonio de Villena que mencionas tan amablemente en el comentario, porque no lo he leído.
    El libro de Felicidad Blanc, como explico en post, tiene valor por lo que cuenta y por cómo lo cuenta. Esa voz que toma vida en sus recuerdos y en esa reconstrucción que hace de su propia persona a través de emociones y sentimientos, sin ocultar luces y sombras, momentos felices y sombríos.
    Para mí ha sido un placer leerlo.
    Beso
    Hildy

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