Paso 1. El día que juntaron a dos actores británicos
Ninguno de los dos fueron las primeras opciones del reparto de La huella, pero lograron uno de los enfrentamientos más exquisitos y perversamente divertidos en una pantalla de cine.
La huella merece la pena, entre otras cosas, por ver en acción a dos actores británicos con sus técnicas interpretativas en acción. Uno, una leyenda de los escenarios teatrales. El otro, todo un vividor que supo ser versátil en su trayectoria cinematográfica.
El actor shakesperiano por excelencia con el actor espontáneo, seductor y natural. Uno con un exquisito inglés, el otro orgulloso del acento cockney y de sus raíces de clase trabajadora.
Laurence Olivier y Michale Caine.
Lo absolutamente maravilloso del asunto es que sus físicos, personalidades y maneras de emplear el idioma definían totalmente a sus personajes: un solitario y elitista escritor de novelas de detectives y un peluquero londinense, hijo de inmigrantes italianos. La lucha de clases entre ambos está servida.
No ocurrió lo mismo entre los actores, que se apoyaron durante el rodaje, además de admirarse mutuamente y respetar sus respectivos trabajos y técnicas. Colaboraron juntos y eso benefició el resultado, su química funciona. Ambos consiguieron ser nominados en la categoría de mejor actor en la ceremonia de los premios Óscar de 1973.
Laurence Olivier es puro teatro, es dueño del espacio y se mueve como quiere. La vida como escenario. Olivier se explaya.
Michael Caine es frescura, naturalidad y verosimilitud. Caine se contiene y cuando es necesario, estalla.
Paso 2. La vida como un juego hasta las últimas consecuencias
Para el aristocrático, elitista y solitario Andrew Wyke la vida es puro juego.
Él mueve los hilos de sus creaciones literarias, él piensa todo tipo de estrategias para el asesinato perfecto, los policías no son muy hábiles en la resolución del delito, pero sus aristocráticos e inteligentes investigadores llegan hasta el final. El asesinato como obra de arte literaria.
Vive en una mansión aislada rodeado de muñecos autómatas, todo tipo de juegos de mesa y disfraces varios.
Todo vale en los juegos.
Solo hay que conocer unas reglas básicas.
Luego están los trofeos, como su propia mujer o su amante.
A Wyke le gusta ganar, mostrar su astucia y si es necesario humillar al adversario.
Todo es representación en Wyke.
En ese mundo se mueve mejor que nadie, solo que a veces le cuesta encontrar rival.
Alguien que le saque de su propio laberinto y le haga vibrar.
Y eso es lo que ocurre con Milo Tindle, un peluquero metido a empresario y todo un superviviente. Capaz de todo por prosperar, por no acabar en el hoyo y alcanzar la dignidad.
Wyke mete a la fuerza a Tindle en el terreno de juego y hace lo que más le fascina: humillar al adversario. Ese peluquero venido a menos con aires de caballero de pacotilla empieza la partida sin saber que está jugando.
El caballero inglés no puede permitir que un hijo de inmigrantes le arrebate una de sus muñecas, su mujer. Así que se propone aplastar a base de intelecto y mala baba a su contrincante.
Solo que Tindle se convierte en un jugador aventajado. La humillación le hace resurgir de las cenizas y reivindicar que va a ganar la partida a ese petulante intelectual que le hizo caer al abismo y desnudar su propia naturaleza.
No parará hasta vencer, hasta sacar de las casillas al aristócrata y hacer que la venda caiga de sus ojos.
Tindle lo tiene claro, apuesta todo a una carta y se arriesgará a muerte por mostrar con orgullo que el hijo del inmigrante puede desarmar intelectualmente al aristócrata rancio.
No, la vida no es solo representación, también es realidad.
Y ahí Wyke está perdido.
Todo es juego en La huella.
Sí, todo es juego incluso sus títulos de crédito, que juegan también al engaño.
Todo es representación.
Paso 3. De los escenarios al cine
A Joseph L. Mankiewicz le encantaba jugar en sus películas con los límites entre la representación y la realidad. Y quiso retirarse del cine con osadía, con el disfrute del juego puro y el enfrentamiento entre dos personalidades carismáticas. El público lo iba a pasar bien con sus gotas de humor negro y vitriolo. Sí, se retiraba pero por la puerta grande.
Su vehículo: la obra de teatro de Anthony Shaffer que triunfaba en los escenarios desde 1970. El propio dramaturgo se ocupó del guion cinematográfico.
Los ingredientes eran pura dinamita y además Mankiewicz aprovechó al máximo el lenguaje cinematográfico. No, La huella no es teatro filmado. Es una cámara que también juega y aprovecha los espacios y los rostros de los protagonistas.
Enfrentamiento psicológico y verbal entre dos hombres.
Lucha de clases en plena efervescencia de aquellos años setenta que presentaba y ponía en la palestra nuevos escenarios sociales, que daban paso a una diversidad arrolladora que rompían los encorsetamientos.
Mucho humor negro.
Más de dos horas de entretenimiento puro e inteligente en tres actos.
Humillación de Milo.
Humillación de Wyke.
El final de la partida y del juego.
Paso 4. Las mujeres
Sorprendentemente las mujeres están muy presentes aunque no ocupan ni un solo fotograma.
Sin embargo, ellas son el motor de la trama.
Y ellas activan todas las debilidades y mezquindades de los dos hombres.
La película asume otra lectura interesante.
No solo hay lucha de clases, sino también una crítica a cierto tipo de masculinidad.
Al patriarcado puro y duro.
Ellas están fuera del juego, pero juegan su partida en la realidad.
Son los trofeos que se escapan.
Por una parte, la esposa, Marguerite.
Por otra, la amante de Wyke, Teya, una masajista.
Marguerite vuela de la mansión y de su estirado caballero y se lía con su peluquero.
Teya utiliza y juega con Wyke y hace lo que él nunca se hubiese esperado: comunica al adversario la máxima debilidad del escritor.
El sexo hace acto de presencia.
El sexo y la virilidad activan el juego.
Dos hombres juguetean en un laberinto y se humillan entre sí, mientras ellas también saben mover lo hilos, descolocan a los protagonistas y saben sobrevivir al juego.
El cuadro de Marguerite siempre presente.
Paso 5. Una casa con carácter y los muñecos autómatas
Pero si algo convierte también en inolvidable esta película de 1972 es sin duda el espacio donde transcurre.
Esa mansión aislada con un enorme jardín.
Lo primero que conocemos es el laberinto donde el autor se aísla para crear.
Y ahí ya comienza el juego.
Milo es incapaz de acceder a Wyke hasta que este le muestra un truco, un atajo.
Una grieta por la que acceder a él y vencerle.
Luego está esa mansión barroca y recargada que es juego puro.
Ese salón recargado de maravillosos muñecos autómatas presididos por el marinero jovial que ríe todas las gracias.
El acróbata, la pianista, el mago…
Ese sótano con los pequeños escenarios-altares que recrean cada una de las novelas de Wyke, con el baúl de disfraces (el de mujer, el fraile o el patético payaso), más juegos y el carbón…
Si la vida es juego, para qué pisar la realidad.
Si la vida es desencanto y vacío por qué dejar de jugar, por lo menos se es creativo.
Los muñecos autómatas están presentes durante toda la función y van cobrando vida, convirtiéndose en testigos de la tragedia de dos hombres que se toman el juego demasiado a pecho.
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No he visto esta película, querida Hildy, pero de tu texto adivino una atmósfera casi de sueño (sea en tono de ensoñación o en tono de pesadilla, eso estará por verse). Ya te contaré si logro verla.-
Te mando un gran abrazo, Bet.-
Hola Hildy
Hace toda una vida que no reviso esta huella y leerte me ha hecho recordar dos cosas:
-lo que se parece el duelo Olivier-Caine al Brosnan-McGregor del Polanskiano «The Ghost Writer, 2010» y
-tengo que «renovar mis votos» con Mankiewicz (o con «los» Mankievicz, que Herman J. también merece su altarcito).
Un saludo veraniego, Manuel.
Queridísima Bet, creo que sería una película que dusfrutarías. Es un juego macabro y exquisito a la vez de dos hombres de los que afloran sus miedos y todas sus oscuridades. Esos muñecos autómatas no veas qué atmófeea extraña crean
Beso
Hildy
Se me han colado dos erratas «disfrutarías» y «atmósfera»
Sorry y otro beso
Hildy
Hola, Manuel
Pues es que Polanski en su filmografía ha jugado mucho al juego, el enfrentamiento y la representación. La película que mencionas la vi cuando se estrenó y tengo en mente su atmósfera malsana. Pero se me ha venido a la cabeza en cuanto juego y representación una de sus últimos trabajos: La venus de las pieles.
Y si esos hermanos creo que tienen una filmografía con buenas huellas…
Beso
Hildy
Es una obra de orfebrería fina. Muy buen texto que abre el apetito de verla una vez más. Esa partida de ajedrez con jaque mate es absolutamente seductora. Les envidio cada vez que se dicen otra copa? Maravillosa y retorcida….da igual que la hayas visto seis veces….funciona siempre como un reloj. Un abrazo
¡Víctor, qué alegría, como siempre, leerte!
Has dado con una palabra buena para definir el trabajo de todos en esta película, pura orfebrería.
Todo encaja. Y, es verdad, da igual las veces que la veas, uno se sigue metiendo en el juego.
Beso
Hildy
Buenos pasos para recorrer esta obra maestra del guiñol. Y no, tienes razón, no es teatro filmado, la cámara de Mankiewicz juega también con los dos actores, unas veces ayudando a uno y otras al contrario. Excelente película y estupenda reseña, como siempre.
Abrazos!
Queridísimo Ethan, qué maravilla cuando una cámara juega con los espacios y con los actores y cuenta también la historia. Y qué gozada perderse en «La huella» de Mankiewizcz y disfrutar cada fotograma.
Es cierto que es bueno verla cada x años, cuando algunas cosas ya no las recuerdas tan nítidas, porque enseguida vuelves a meterte en el juego propuesto y se disfruta hasta el final… con esos muñecos autómatas, dueños de la función.
Beso
Hildy
Una adaptación brillantísima de una exitosa pieza teatral (el que suscribe pudo verla representada hace muchos años en un teatro madrileño) que Mankiewicz modificó lo suficiente para ajustarla a su universo personal, habitado casi siempre por algún personaje que desde una superioridad intelectual o perceptiva pretende asumir un papel de demiurgo engañando, dominando, utilizando y, en ocasiones, humillando a otros seres a los que supone inferiores o simplemente “manejables”, en un milimétrico juego de apariencias. Unos diálogos de una causticidad e inteligencia solo comparable a los del binomio Diamond-Wilder, una soberbia dirección de actores y una puesta en escena de soluciones exactas y funcionales, no exentas de brillantez, dieron como resultado una apasionante obra maestra. Lo que me deja perplejo es que pese a la buena acogida que obtuvo esta película por parte de público y crítica, Mankiewicz permaneció lamentablemente inactivo hasta su muerte, veinte años después. No lo entiendo, o me faltan datos.
P.D.– Dos cositas: juraría que la Marguerite del cuadro es ¡Joanne Woodward! y el recargado decorado de la mansión de Andrew Wyke repleto de utensilios antiguos, objetos extraños y muñecos autómatas que de vez en cuando entran en movimiento ¿no fue «copiado» por Ridley Scott y sus diseñadores para la mansión de Sebastian en BLADE RUNNER?
Un abrazo.
Queridísimo Teo, tienes toda la razón con lo de Blade Runner y la mansión de Sebastián.
¿Será la Marguerite del cuadro Joanne Woodward?
Cómo siempre es un placer leerte.
Y efectivamente llama la atención que se convirtiese en la última película de Mankiewicz. Quizá prefirió retirarse antes de que le retiraran.
Beso
Hildy
Querida Hildy,
como siempre una bella reseña que me hizo rememorar una cinta que ví una sola vez hace muchos. No cuerdo muchos detalles argumentales pero tu reseña destaca lo fundamental y que es ese duelo actoral entre el veterano Olivier y el emergente Caine.
Mankiewicz era un gran diector de actores, como en ALL ABOUT EVE o SUDDENLY LAST SUMMER
Sé que se hizo un remake de esta peli ya en el siglo 21 ,pero me parece absolutamente innecesario.
Besos,IVÁN
P.S.Muy buena tu serie sobre el centenario de Marylin..estuve muy ocupado para leerla en su momento y no sé si te parece oportuno hacer comentarios con tanto desfase
Queridísimo Iván, para mí será un placer como siempre leer tus comentarios sobre la serie de Marilyn. Siempre aportas mucho.
Yo no he visto el remake de La huella. Lo que me parece curioso es que Michael Caine haga el papel que en su día hizo Olivier. Solo por eso tal vez algún día caiga en sus garras, jajaja.
La huella de Mankiewicz, nunca mejor dicho, es un intenso duelo de principio a fin. Merece mucho la pena disfrutarla.
Beso
Hildy
Mi querida Hildy, una de las películas de mi vida, como puede verse en mi dirección de correo electrónico… Muchos de esos autómatas los aportó el propio Mankiewicz, gran aficionado a tales chismes. Seguí la pista además al marinero jovial, que en su momento fue subastado por una pasta, y que me habría gustado tener en el salón de mi casa para que me ría las gracias de vez en cuando… En fin, la relación de Olivier y Caine también dio su juego.
En fin, volvemos a la carga, mi querida Hildy. Otra temporada por delante… para quejarme de todo.
Besos de vuelta
Mi querido Alfredo, qué bueno tenerte de nuevo de vuelta.
Ya sé yo tu amor por La huella… y el marinero jovial.
Y es que efectivamente alguien que nos ría las gracias de vez en cuando y cuando queramos es de lo más agradecido, jajaja.
Los autómatas que salen en la película son flipantes, que interesante que fuesen del propio Mankiewicz.
Me encanta lo que he leído sobre la relación que mantuvieron Olivier y Caine para ilustrar otra película de cine dentro del cine o que formase parte de un relato o novela corta.
¡¡¡Me encanta que vuelvas a la carga!!!
Te leeré como siempre, con deleite y calma
Beso
Hildy