
Los dos protagonistas de Un elenco de asesinos cuando trabajaron juntos durante los años 20: King Vidor y Colleen Moore.
De pronto hay buenos amigos que llevan años recomendándome dicha novela, porque sabían que iba a disfrutarla al máximo, pero no había tenido oportunidad o momento para leerla con calma. Y ahora así ha sido y no solo la he devorado, sino que es de esos libros que me provocan una envidia sana, porque cuentan algo que justo no me hubiera importado poder narrar yo de alguna manera. Su autor ya lo dice en el Prefacio, que King Vidor es el sueño de todo biógrafo, porque lo guardaba absolutamente todo. Y él, Sidney Kirkpatrick, tuvo acceso a ese todo.
Curiosamente lo que al autor le llamó la atención fue un año de ausencia de todo lo recopilado: 1967. Lo que descubrió, una vez investigó un poco, le proporcionó el material para una buena novela de detectives. En Un elenco de asesinos el detective es un director del Hollywood clásico, ya septuagenario, en busca de una buena película cuando la industria ya no es la que él conoció ni muchos consideran su carrera.
La demolición de una mansión es el pistoletazo de salida para una investigación apasionante no resuelta. King Vidor se traslada a tiempos lejanos, a tiempos de gloria: a febrero de 1922. Tan solo hacía unos meses había saltado a la palestra uno de los mayores escándalos de ese Hollywood silente, el fallecimiento de Virginia Rappe, que señaló como máximo culpable a una de las mayores estrellas del cine cómico mudo de aquellos momentos, Fatty Arbuckle, acusándosele de una agresión sexual violenta. Posteriormente, el actor fue absuelto, pero su carrera cayó absolutamente en picado. Pues bien, ese febrero se encuentra el cuerpo del director de cine William Desmond Taylor en su mansión. Su asesinato no solo es un nuevo escándalo, sino que también salta a los medios y se señala durante la larga investigación a todo un elenco de asesinos.
En 1967, una vez King Vidor se puso a investigarlo, pues además había vivido esa etapa silente y conocía a muchos de sus protagonistas, el caso todavía no estaba resuelto. Así que el director se dispuso a buscar en archivos policiales, judiciales y periodísticos, a entrevistar a policías, detectives, fiscales o al entorno del propio Desmond Taylor; es decir, compañeros y compañeras de la época que seguían viviendo… para reconstruir los hechos y encontrar al verdadero asesino. Su investigación fue tan absolutamente certera, exhaustiva y exacta que al llegar al final se dio cuenta de que ese caso todavía podía afectar a varias personas vivas y elegantemente todo volvió a quedar archivado.
De esta manera, Sidney Kirkpatrick escribe una novela documental apasionante con un protagonista de lujo, King Vidor, como detective privado. Este director de cine cuatro décadas después reconstruye un true crime en el corazón de Los Ángeles de los años 20.
Y a ese septuagenario no le hace falta a finales de los años 60 ni internet, ni redes sociales, ni IA ni demás gaitas. Tira de memoria, de entrevistas personales, de periódicos, de archivos policiales y jurídicos a los que puede acceder, de intuición, psicología y un cerebro privilegiado para estructurar historias para reconstruir, atar y encontrar todas las pruebas para resolver un asesinato en el que no se había detenido al culpable.
Como un buen guionista y director de cine, King Vidor va elaborando y estructurando su historia y analizando cada una de las piezas y descubriendo el papel de cada uno en el elenco que va surgiendo. Y revela una trama realmente buena donde una periodista de aquellos tiempos, Adela Rogers St. Johns, le aporta las tres M claves para entenderla: Millones, Muerte y Miseria.

King Vidor contaba buenas historias en una pantalla y sabía que siempre habría un público con hambre de cine.
Lo hermoso de Un elenco de asesinos es que a las puertas de ese Nuevo Hollywood, todavía quedaban los grandes pioneros de la industria con un espíritu creativo en plena ebullición, pero sin un hueco en ese Hollywood que nada tenía que ver con la etapa que ellos conocieron, del sistema de estudios. Y ahí está el creador de … Y el mundo marcha, Stella Dallas, Duelo al sol o Pasión bajo la niebla, que había rodado su última película, Salomón y la la reina de Saba, en 1959, pero tenía todavía muchas ganas de ponerse tras una cámara de cine y sabía dónde buscar buenas historias.
Y encuentra una fuente de inspiración en ese Hollywood pionero que conoció bien, durante el periodo de entreguerras. Escándalos, represiones, secretos, corrupciones, drogas, sexo, éxitos, fracasos, silencios y demás, pero que era también la cuna de los sueños de celuloide que alimentaban a muchos espectadores del mundo. En ese Hollywood que tan bien conocía King Vidor ocurrió el asesinato de un colega, William Desmond Taylor. Y en el corazón de ese asesinato giran un montón de vidas, secretos y dramas.
Tan solo un año antes del asesinato, King Vidor trabajaría y se enamoraría de la actriz Colleen Moore, con la que rodaría La fe de los valientes (The Sky Pilot, 1921), y no solo eso sino que, décadas después, recuperaría su amistad y una relación basada en la confianza. La Moore es otra de las protagonistas de Un elenco de asesinos, quien apoya el proyecto de Vidor, le ayuda en su investigación y le proporciona contactos de aquellos años. Dos septuagenarios en busca de revelar una verdad, que tienen ese pasado con tantos recuerdos a sus espaldas, pero también muchas ganas de futuro.
El lector va de la mano de un King Vidor que se mueve en ese Hollywood a punto de inaugurar una nueva etapa de nuevos realizadores y relevarle al olvido, pero que recuerda ese otro Hollywood de los locos años 20 que guardaba un montón de historias para buen cine negro o escondía dramas y melodramas familiares escalofriantes con los que Vidor también jugó en alguno de los argumentos de sus películas.
Un elenco de asesinos es una novela delicatessen para todo aquel lector ávido de una buena historia, pero con ganas de sumergirse también en el corazón de ese Hollywood clásico que a la vez que era una auténtica Babilonia creaba un montón de buenas historias en kilómetros y kilómetros de fotogramas.
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