Diferencias entre La seducción (The beguiled, 2017) de Sofia Coppola y El seductor (The beguiled, 1971) de Don Siegel

La Seducción

El bello universo de unas damas sureñas…

1. Títulos en castellano. No ocurre así con el título original (que es el mismo en ambas), pero sus traducciones en castellano ya dan matices. La de Don Siegel se centra en la figura del cabo John McBurney… En castellano se titula El seductor. Un lobo feroz que pretende manipular a su gusto a las damas-cordero. Y el espectador se sitúa al lado del seductor manipulador para ser testigo de cómo se va convirtiendo en un cordero sacrificado por unas mantis religiosas. Sin embargo, la película de Sofia Coppola se ha titulado La seducción, luego el foco de atención se va al grupo de las damas sureñas (profesoras y alumnas). El grupo femenino acoge a un cabo John McBurney que se convierte en ese oscuro objeto del deseo, pero pronto pasará a ser un juguete roto, y las damas se unen para manejarlo a su antojo y después deshacerse de él, limpia y fríamente.

2. Flashbacks y voces interiores. Don Siegel hace uso en su película de varios flashback u otro tipo de imágenes (como una escena onírica) que hacen hincapié en el ambiente enfermizo y represivo. Y sobre todo acompañan a los personajes de Martha y McBurney, los dos personajes que quieren detentar el poder y los que más chocan y se enfrentan entre sí. Los flashbacks al lado de McBurney le dibujan como mentiroso y manipulador. El cabo quiere seducir a todas las mujeres por supervivencia pura y dura. Y los flashbacks que acompañan a Martha la muestran como una mujer reprimida y con secretos ocultos y moralmente prohibidos (una relación incestuosa con su hermano). Además hay un sueño onírico donde no solo da rienda suelta a una relación sexual con McBurney, sino que también dibuja una atracción de Martha hacia la joven y dulce profesora Edwina. El otro flashback que se ve en la película acompaña al personaje de Hallie e ilustra por qué nunca se ha unido y ha formado piña con McBurney (lo explicaré mejor en el siguiente punto). También en la película de Don Siegel, los personajes piensan en alto, es decir, permite escuchar las voces interiores y las reflexiones, por ejemplo, de las niñas, esto aumenta el ambiente represivo, enfermizo y oscuro… la tensión.

Sin embargo, todos estos flashbacks y voces interiores desaparecen en la película de Sofia Coppola, de tal manera que deja más libre al espectador para las interpretaciones sobre lo que ve en la pantalla, todo más limpio y menos oscuro además de aumentar una sensación elegante de ambigüedad durante todo el metraje.

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Sesión doble de cine español. Verano 1993 (Estiu 1993) de Carla Simón / Abracadabra (2017) de Pablo Berger

Verano 1993 (Estiu 1993) de Carla Simón

Verano 1993

Miradas de la infancia

Verano 1993 tiene una mirada especial: la de una niña de 6 años, Frida. Una niña que precisamente en ese verano de 1993 tiene que enfrentarse a muchas cosas que no son fáciles: a la muerte de su madre; a entender qué es exactamente lo que ha pasado; a asimilar que no la verá más, ni podrá hablar con ella; a dejar su ciudad, Barcelona; a la vida en un pueblo; a ver a sus tíos y a su pequeña prima como su nueva familia; a conseguir nuevos amigos; a encontrar su lugar en su nuevo mundo… Y Carla Simón consigue una mirada que toca y trastoca, una mirada impregnada de verdad. Pues es una mirada empapada de memoria y recuerdos. Simón rescata la niña que fue y crea una película de sensaciones. Y, sí, nos metemos en el universo de Frida.

Y es el primer largometraje de Carla Simón, otro nombre a añadir a esa lista de cineastas, muchas de ellas de Cataluña, que están ofreciendo un mapa cinematográfico especial con voces de mujer. Al ver Verano 1993, me vino a la cabeza enseguida, sin poder evitarlo, François Truffaut, y sobre todo dos de sus películas: Los 400 golpes y La piel dura. Por dos motivos: Como Truffaut, Carla Simón se expresa y cuenta con la cámara sus sensaciones, recuerdos y pinceladas de la infancia. La cámara es un apéndice de su forma de expresarse, de su memoria, de la forma de entender el mundo… No escribe diarios…, filma películas. Y como en La piel dura, Carla Simón dibuja niños reales y habla de que la infancia puede ser un periodo duro…, es como si dijera en alto a sus protagonistas niñas las palabras del profesor Richet: “La vida no es fácil, es dura, y es importante que aprendáis a endureceros para que podáis enfrentaros a ella, ojo, endureceros no ser insensibles”.

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De Dunkerque a la soledad de un corredor de fondo (destellos veraniegos de celuloide)

Dunkerque

Corre, Tommy, corre…

Fionn Whitehead es Tommy en Dunkerque de Christopher Nolan… y fue quién más me llamó la atención en esta película. “Corre, Tommy, corre… y vuelve a casa” es el leitmotiv que envuelve cada uno de los fotogramas. Le conocemos corriendo… y no para. Y la historia de Tommy es tan potente, que no hacía falta más. Tommy corriendo por las calles, entre balas y bombas. Corriendo en la playa… Corriendo con una camilla. Nadando… y volviendo a correr. Sin respiro. No hacía falta más historias, ni sus tres tiempos para contarlas… tanto es así que abandono hasta los ojos de Tom Hardy en ese avión que surca el cielo. Pero lo que son las casualidades cinéfilas, busco información de Whitehead (que no será la última vez que lo veamos) en Internet y recaigo, cómo no, en Wikipedia… y leo “Nolan comparó a Whitehead con un joven Tom Courtenay” y me llevo las manos a la cabeza: hace dos días he visto por primera vez una de las obras más emblemáticas del Free cinema, La soledad del corredor de fondo de Tony Richardson… y quedo totalmente fascinada por un jovencísimo Tom Courtenay como Colin Smith… que corre y corre sin parar y deja un fascinante retrato sobre la rebeldía, sobre no someterse a nadie.

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Felices sueños (Fai bei sogni, 2016) de Marco Bellocchio

Felices sueños

Momento feliz entre madre e hijo… baile catártico

Valerio Mastandrea es el hijo atormentado por excelencia. El hijo marcado por la madre. Valerio tiene un rostro triste, y construye un personaje que hace que el espectador desee que le vaya bien, que se desprenda de las sombras que le atrapan. Primero fue La prima cosa bella (2010) de Paolo Virzi y después Felices sueños de Marco Bellocchio. La presencia de la madre en el cine italiano da para un buen ensayo. Estas dos películas unidas por Mastandrea presentan a dos madres luminosas con sombras oscuras que marcan para siempre la personalidad de sus hijos. En la primera, Virzi se deja llevar por el por el arte del buen melodrama, por la emoción, por el estallido de la lágrima. En la segunda Bellocchio hace un juego equilibrista complejo… arrastra al espectador por las impresiones emocionales del hijo, pero con mucha cabeza y análisis, dejando un complejo tapiz. Y en ambas, no faltan los momentos catárticos.

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Su mejor historia (The finest, 2016) de Lone Scherfig

Su mejor historia

… en la sala de cine

La señora Miniver, película americana de 1942, de William Wyler contaba la historia de los Miniver una familia británica que trataba de sobrevivir día a día, sin desfallecer, a los bombardeos alemanes. La señora Miniver intentaba mantener el hogar y la unidad familiar, pero también esperaba el regreso de su esposo y su hijo del frente de batalla. Cuando la gente veía La señora Miniver en las pantallas de cine, no se sabía todavía cómo iba a terminar la Segunda Guerra Mundial, pero había una identificación con la familia Miniver y con su esperanza y resistencia. Y en el seno de esta película: una reflexión compleja sobre el cine como instrumento de propaganda, pero también como arma para mantener la esperanza en los espectadores. La complejidad viene de que es un cine pensado, dirigido y con un mensaje que transmitir, pero también hace reflexionar sobre qué resortes hacen penetrar en el corazón y la cabeza del espectador y convertir la visión de la película en un momento catártico. Entre los guionistas de esta película había una mujer, Claudine West.

En el mismo año, en Gran Bretaña, el dramaturgo Noel Coward (y de co director un principiante David Lean) narró el hundimiento de un barco británico y los recuerdos íntimos de los supervivientes. Sangre, sudor y lágrimas (In which we serve) fue una película de corte propagandístico importante en aquel momento. Y al año siguiente el peculiar binomio Michael Powell y Emeric Pressburger creó una hermosa y compleja película, pero dentro de esta corriente de películas (para elevar la moral del pueblo británico en tiempos de guerra), Vida y muerte del coronel Blimp donde contaban la historia de Blimp, un anciano en plena Segunda Guerra Mundial, que recordaba toda su vida entre guerras. Eran tiempos donde los británicos necesitaban ir al cine en sus ciudades y pueblos bombardeados y encontrar motivos para seguir adelante. En ese año 1942 una guionista galesa, Diana Morgan, formaba parte del equipo de profesionales que pusieron en pie otra película propagandística de calidad, Went the Day Well?, del director Alberto Cavalcanti. La película adaptaba una obra de Graham Greene y transcurría en una aldea británica. Y precisamente esta guionista de los Estudios Ealing sirve de fuente de inspiración para crear a Catrin Cole, la protagonista de Su mejor historia, de la directora danesa Lone Scherfig.

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Volar con la danza. Dancer (Dancer, 2016) de Steven Cantor

Dancer

Frente al espejo… y después volar

El infierno personal del bailarín de danza clásica llega a su clímax en Dancer durante la representación del ballet Spartacus. Como un semidiós griego de cuerpo perfecto y sudoroso, Sergei Polunin solo en su camerino, agotado y con cara de sufrimiento y un primer plano de unos pies y unos tobillos destrozados tras la función… Poco después viene el momento de la redención: de disfrutar con su cuerpo y con su baile para liberarse de sus fantasmas en ese vídeo rodado por el fotógrafo David LaChapelle que se convirtió en viral, donde el bailarín ucraniano totalmente iluminado, en un escenario privilegiado, y con solo unas mallas color carne, con todos sus tatuajes a la vista, danza y vuela con la canción Take me to church, de Hozier. Hasta llegar a la imagen desnuda de un hombre rapado enfrentado a su imagen en un espejo. Así Steven Cantor va edificando una dramática historia familiar que marca la personalidad de un joven con arte para bailar y un carisma que traspasa la pantalla.

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Chavela (Chavela, 2017) de Catherine Gund, Daresha Kyi

Chavela

Chavela, el desgarro como arte…

Hay personas como Chavela, con voz desgarrada, capaz de cantar al dolor que te rompe las entrañas. Entonar con su voz rota a la soledad, al desamor, al abandono, a la pena, a la desesperación… y a la luz de la luna. Hay personas como Chavela que con su personalidad llena de luces y sombras sobrevuela siempre entre la leyenda y la realidad. Las directoras Catherine Gund y Daresha Kyi dejan un retrato de la cantante y escarban entre las verdades y mentiras que rodean el propio relato oral de Chavela Vargas, que se construyó una identidad a través de los golpes que propina la vida. Chavela escondía a Isabel Vargas Lizano, aquella niña herida que nació en Costa Rica, pero se empapó de México… De un México de cantinas y cabarets, de tequilas y pistolas…, se convirtió en la mujer más dura… y también en la más frágil. Así el documental Chavela recoge el espíritu de una voz ronca que estallaba en dolor y convertía una canción en un ritual íntimo y bello.

Ojalá que te vaya bonito,

ojalá que se acaben tus penas,

que te digan que yo ya no existo ,

que conozcas personas más buenas…

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Marie Curie (Marie Curie, 2016) de Marie Noëlle

Marie Curie

Últimamente hay títulos en la cartelera con nombre de mujer… Mujeres de ficción o mujeres de las que se reivindica su historia real. Hay como un deseo en el aire de escribir la Historia con protagonistas femeninas. Películas que resaltan la modernidad de ciertas mujeres en el momento en que aparecieron y su tesón para cumplir sus sueños. Algunas desconocidas u olvidadas y otras, como en el caso de Marie, muy conocidas, pero que también nadan en el olvido algunos aspectos de sus vidas. Por ejemplo, además de Marie Curie, ahora está en la pantalla Paula (sobre una pintora alemana) y hace poco también se repasó la vida de Loïe Fuller en La bailarina (que curiosamente está presente de una forma muy especial en los créditos finales de Marie Curie). Si pongo estas tres películas juntas es por algo: las tres sirven para descubrir a tres mujeres pioneras; las tres tienen una buena ambientación y formalmente están muy cuidadas; las tres buscan y consiguen una actriz protagonista carismática que está brillante en su papel y recreación; las tres contienen momentos de gran belleza, pinceladas, ráfagas; las tres demuestran un trabajo de documentación y de conocimiento de la figura biografiada brillante; las tres tratan de captar la parte íntima de la protagonista; las tres muestran a mujeres que tuvieron que luchar por conseguir su puesto en un mundo de hombres… pero las tres terminan siendo películas preciosistas, frías, que no hacen vibrar… pese a tener ráfagas de alma.

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Un paseo por la cartelera. Déjame salir/Paraíso/Paula/Parque Jurásico

Déjame salir (Get Out, 2017) de Jordan Peele

Déjame salir

… una mirada distinta

Los tiempos no han cambiado tanto, pero la mirada es diferente. En 1967 Stanley Kramer filmaba el siguiente argumento: una joven de buena familia se presenta en casa de sus padres liberales con su novio negro, un médico. Y estos se muestran incómodos ante la situación planteada. La película fue Adivina quién viene esta noche. Ahora el actor de televisión, y debutante director, Jordan Peele dirige el siguiente argumento (del que también es guionista): una joven de buena familia se presenta en casa de sus padres liberales con su novio negro, un fotógrafo. Y estos se muestran con normalidad ante la situación planteada… pero esa “normalidad” es inquietante. La película es Déjame salir, de terror con gotas de thriller, que plantea cómo en la América de Obama el racismo sigue perpetúo aunque a veces se oculte tras una sonrisa. Pero también Peele muestra cómo en el espectador funcionan estereotipos de cómo se ha reflejado al protagonista negro, por ejemplo, en las películas de terror… y dinamita esa mirada. Déjame salir funciona por todo lo dicho anteriormente además de ser una entretenida película de terror, suspense y sustos. Donde inquieta una mujer negra en la ventana o que simplemente sonríe, estremece el ruido de una cucharilla en una taza de té o el juego de un bingo sin palabras, mudo.

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Documentamadrid 2017. Los niños (Los niños, 2016) de Maite Alberdi

Los niños

… con ganas de salir de la escuela, de conocer otros mundos.

Los niños es un título irónico para presentarnos a un grupo de personas con Síndrome de Down con más de 40 años… Y Maite Alberdi de nuevo refleja una historia triste, pero bajo una mirada sensible empapada de humor. La realizadora chilena posee un universo visual especial, una firma, como ya ha mostrado en documentales anteriores. Para reflejar la vejez, la memoria, la amistad, las ausencias y muchos otros temas subterráneos, seguía a un grupo de amigas (una de ellas la abuela de Alberdi) que no abandonaba el ritual de reunirse mes a mes, año tras año, a tomar el té. Esto ocurría en su documental La once. También realizó el retrato de una mujer que iba perdiendo cada vez más los recuerdos de su vida en una residencia de ancianos chilena; a Josebe en Ya no soy de aquí solo le quedaba la certeza de que era de Rentería y de que hablaba el euskera de su alma, pero era un espacio mítico en su mente, el de su infancia y juventud… ahora vivía continuamente el día de la marmota. Lo demás estaba borrado. Y en Los niños presenta un grupo de personas con Síndrome de Down que llevan más de cuarenta años en un colegio y como cualquier grupo establecen relaciones de amistad y enemistad, de amor y desamor. Como todas las personas y todos los grupos de amigos tienen aspiraciones, sueños… quieren vivir solos, casarse, formar una familia, encontrar un trabajo… y luchan por conseguir sus aspiraciones, pero no pueden. La sociedad les sigue viendo como niños (y la legislación también) y aunque en el centro les preparan para ser adultos conscientes e independientes, su contacto con la realidad está llena de obstáculos y frustraciones. Los tres documentales (que han visitado distintas ediciones de Documentamadrid) tienen un color y una luz especial.

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