“… Y tu hijo era un poquito de agua de la que yo esperaba hijos, tierra, salud; pero el otro era un río oscuro, lleno de ramas, que acercaba a mí el rumor de sus juncos y su cantar entre dientes”, así dice la novia en el cuadro último del tercer acto de Bodas de sangre de Federico García Lorca. Y así decide prácticamente empezar Paula Ortiz su película La novia basada en esa misma obra. La novia se convierte así en una propuesta cinematográfica muy arriesgada y bella donde Paula Ortiz, que denota su conocimiento sobre la fuente literaria, se tira sin paracaídas. Sin embargo, a pesar de sus logros y aciertos, no se alcanza la catarsis de la tragedia poética de Lorca. Todo es más fantasmal, distante y frío. Un poquito de agua…, el río oscuro desaparece.
Archivo de la categoría: Críticas para el siglo XXI
Langosta (The Lobster, 2015) de Yorgos Lanthimos
Langosta sigue la senda del especial universo de Yorgos Lanthimos. El director griego indaga sobre los seres humanos y sus relaciones en realidades cotidianas: en Canino se metía en la intimidad familiar; en Alps, analizaba cómo encajar la muerte y la ausencia de la persona cercana y en Langosta sobrevuela sobre las relaciones de pareja. Sus películas son fábulas absurdas con dosis de humor negro, violencia y mucha tristeza para reflejar cómo entiende al ser humano en el mundo contemporáneo. En el universo Lanthimos, existen personajes aquejados de autismo emocional; su forma de moverse, sus cuerpos nos cuentan muchas cosas. El lenguaje y su uso tienen otras reglas. La música, las canciones y las películas nombradas (normalmente de Estados Unidos) merodean alrededor de los personajes y crean relaciones extrañas, adquieren otros significados. Normalmente los personajes en las películas de Lanthimos carecen de nombre propio. En Langosta solo tendrá nombre David (Colin Farrell), el personaje principal. Tanto en Canino, como en Alps y Langosta, el director griego no prescinde de su actriz fetiche, la griega Angeliki Papoulia.
Cóctel de películas de estreno: The diary of a teenage girl, V Festival Márgenes y El puente de los espías
The diary of a teenage girl (The diary of a teenage girl, 2015) de Marielle Heller
Dos maneras muy diferentes de contar una misma historia por dos directoras de cine con voces y miradas reveladoras: despertar sexual femenino con los mismos ingredientes (madre, hija adolescente, novio de la madre). Una sesión continua interesante: Fish tank (2009) de Andrea Arnold y The diary of a teenage girl de Marielle Heller. La primera nos traslada a un barrio obrero británico del siglo XXI y su joven adolescente, además de cabreada con el mundo trata de expresar su pesar a través del cuerpo y el baile (no controla ninguno de los dos), ofrece una relación conflictiva con la madre y una idealización del novio (Michael Fassbender) de su madre hasta que este va desvelando su parte más oscura y mezquina. Andrea Arnold nos cuenta un drama seco y narra con dolor y desgarro ese despertar.
Spectre (Spectre, 2015) de Sam Mendes
¿Por qué el agente 007, Bond, James Bond, con rostro de Daniel Craig ha hecho avanzar y dar nueva vida a la saga? ¿Por qué Spectre es un colofón redondo a las aventuras de este agente rubio en su cuarta y puede que última aparición? El Bond de Daniel Craig es presentado como una máquina de matar (al igual que esos villanos-sicarios despiadados y silenciosos de las anteriores sagas, que ponen las cosas difíciles al agente británico), sin eufemismos emplea el doble cero: licencia para matar. Bond es un asesino financiado por el Estado y contratado para mantener el equilibrio frente a los posibles caos que pueden provocar en el orden establecido los villanos. Así el James Bond de Craig es un hombre duro, solitario, y que solo está preparado para ese oficio en el que ha estado toda su vida y que no abandona su ironía y sentido del humor (siempre está ahí la frase certera, breve y concisa del hombre duro). Tiene un sentido elevado de la elegancia, jamás descuida su aspecto físico, se trabaja su aspecto, su personalidad. Sus trajes forman también parte de su identidad creada. Y este agente 007 tiene precisamente algo de lo que carecían los demás y enriquece su esencia: pasado y tormentos. Ese pasado y esos tormentos pulen su personalidad y explican muchos de sus comportamientos. Y por último, lo convierten en un hombre que nunca ha podido enamorarse porque cuando lo ha hecho… sus amores han sido objetivos de los villanos y han dejado más sombras en su alma atormentada.
Paulina (La patota, 2015) de Santiago Mitre
El director Santiago Mitre parte de una película ya realizada, es decir, Paulina es un remake de La patota de Daniel Tinayre en el año 1960. Pero lo que hace el director argentino es cambiar el posicionamiento desde el que la protagonista, llamada Paulina, decide actuar ante un acto violento que da un giro a su vida. La Paulina (Mirtha Legrand) de Tinayre se mueve por motivos distintos que la Paulina (Dolores Fonzi) de Mitre. La patota (que así se llama el original y también el remake pero aquí se ha preferido emplear el nombre de la protagonista como título) es un término lunfardo que se refiere a una pandilla de muchachos marginales o que realizan actos vandálicos y estos muchachos son los que motivan el dilema moral, el conflicto. Paulina no es una película cómoda en su planteamiento porque para el espectador no es fácil posicionarse con ninguno de los protagonistas de esta historia.
Una pastelería en Tokio (An, 2015) de Naomi Kawase
Mientras escucho la filosofía de vida de la anciana Tokue, protagonista de Una pastelería en Tokio, me viene a la cabeza otro personaje cinematográfico, Gesolmina. Ella, cara de alcachofa, encuentra en las palabras del loco equilibrista el sentido de la vida. Este dice que cada persona, cada objeto tiene una función en la tierra. Nada no vale nada… hasta un pequeño guijarro o una judía sirve para algo. La mujer payaso está ahí para dar cariño, sin pedir nada a cambio, al bruto de Zampanó. Y este solo se da cuenta cuando es demasiado tarde… pero se da cuenta y termina siendo consciente de su terrible soledad. La anciana Tokue añade a la filosofía que el loco susurra a Gesolmina que todas las cosas esconden una historia y hay que oírlas detenidamente y mirarlas. Con calma. De pronto, dialoga el cine de Fellini con el de Naomi Kawase… desde dos ópticas totalmente diferentes pero que confluyen en una misma filosofía de vida.
El clan (El clan, 2015) de Pablo Trapero
Tanto El clan de Pablo Trapero como El secreto de sus ojos de Juan José Campanella narran de manera muy diferentes los recovecos oscuros de la dictadura. Si en la segunda todo se centraba en un thriller con intriga y de fondo una historia de amor imposible que abarcaba desde 1974 hasta 1999; en la película de Pablo Trapero se mete en las entrañas de una familia acomodada que bajo su aparente cotidianidad oculta entre las paredes de su casa el horror, en los años posteriores a la dictadura, de 1983 a 1985. Y en estas dos películas hay un denominador común: Guillermo Francella, un popular actor cómico argentino. En la de Campanella descubrió su vena dramática con el personaje secundario sorpresa, el amigo alcohólico que comete un acto de valentía y se redime de su condición de perdedor perpetuo y de su desencanto vital. Y en la de El clan pone rostro al horror cotidiano, a la violencia subterránea, a la parte oscura de una frágil democracia que se está construyendo, tras una dura dictadura. Se transforma en un protagonista que remueve y perturba. Él es Arquímides Puccio, el patriarca del clan.
Sicario (Sicario, 2015) de Denis Villeneuve
Hay un planteamiento, que se encuentra en Sicario de Denis Villeneuve, al que se le puede seguir la huella en distintas películas: y es cómo para que haya un cierto orden dentro de un caos y una violencia desatada, hay que cruzar la línea oscura… para que luego la gente de bien viva con relativa y falsa tranquilidad. Hay un equilibrio que no debe romperse. Hay cosas que la gente de bien nunca debe saber cómo se llevan a cabo. Debe pillarles fuera de campo… Y entre medias de esa línea ya no se sabe ni está tan claro quién es el bueno y quién es el malo. Quién es el verdugo y quién es la víctima. Así como tampoco se sabe de justicia o legalidad. No valen las leyes. En ese terreno hay individuos que se dedican a los trapos sucios. Y pierden vida e identidad. A veces hay testigos en ese “territorio” que forman parte de esa gente de bien que pierden la inocencia en el camino o aprenden las reglas del juego o no soportan lo que descubren (y solo pueden rebelarse, retirándose). O a veces son los propios individuos que sobreviven en ese espacio de violencia los que desean esa relativa y falsa tranquilidad. Los conflictos y los dilemas están servidos. Y la incomodidad del asunto también.
Dheepan (Dheepan, 2015) de Jacques Audiard
Un guerrillero de Sri Lanka deja su país, abandonando un paisaje de guerra eterna, violencia, desolación y muerte, junto a una mujer y una niña que no conoce pues así, con una familia, tiene más posibilidad de conseguir asilo político en París. Jacques Audiard empieza con una impresionante elipsis: de la cola para subir a un barco a Dheepan (el guerrillero con nuevo nombre e identidad) en la noche parisina iluminándola con una diadema de luces, como vendedor ambulante. De pronto le vemos enfrentado a la violencia de una ciudad fría que no solo le ignora sino que le persigue. En un momento dado tiene que huir con su mercancia de la policía y se esconde en una esquina. Entonces Dheepan dice: “¡No puedo más!”. Y ese grito sirve como motor de la película pero también es como si el propio director se dijera que a pesar de inicio tan potente (y de tener perfilados los personajes) no puede seguir más con el nivel que podría haber alcanzado esta película.
Truman (Truman, 2015) de Cesc Gay
Truman es auténtica. Y me refiero a la autenticidad que se siente al compartir los mismos sentimientos y emociones que tan bien describe la película. Cesc Gay ha vivido lo que narra y su mirada cuenta con la experiencia, se nota. Truman habla de despedidas. De cómo afrontar la muerte, tanto el que se va como los que se quedan. Truman es sencilla, directa. Pero toca.









