Frantz (Frantz, 2016) de François Ozon

Empiezo el año cinéfilo con alegría desbordante… Cómo me ha gustado la nueva película de Ozon

Frantz

Una joven alemana, Anna, se dirige al cementerio en su pequeña ciudad. Y una vez allí, ve con extrañeza que hay flores frescas en una tumba que ella visita cada día, y no son las suyas. Así empieza la delicada y bella historia que cuenta François Ozon. Después nos enteramos de que Anna vive con los padres de su novio, Frantz, y que este ha fallecido recientemente en la Primera Guerra Mundial. Y que esas flores pertenecen a un misterioso y joven francés, Adrien… Cuando este se encuentra con la familia, un tsúnami emocional golpeará a todos los personajes. Y Ozon bebe de una película que ya rodó Ernst Lubitsch en 1932, Remordimientos (The Broken Lullaby, muy pronto también en este blog…). Pero Ozon no trata de alcanzar ni de imitar el toque Lubitsch, sino que él busca su particular forma de llevarla de nuevo a la pantalla. La historia está contada prácticamente desde la mirada de Anna, pero en toda la película vuela el personaje ausente, Frantz. Así el realizador francés no solo deja un relato cinematográfico que habla sobre las heridas de la guerra, sobre la sinrazón de enviar a hombres a morir, sino que además aborda una historia compleja sobre la búsqueda del perdón y la dificultad de concederlo.

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Regalo de Navidad. Decálogo cinéfilo para la vida

Este es un regalo (un decálogo cinéfilo) y un deseo de unas felices fiestas, que además van a dar paso a un nuevo año, 2017, donde la vida sigue… y quizá, solo quizá (adoro este adverbio), pueda ser un poco más hermosa. Por lo menos ahí seguirán las películas…

Paterson

1. Hacer del día a día un poema cotidiano

Y esto es posible tal y como demuestra el Paterson de la película de Jim Jarmusch (que a su vez crea un poema visual urbano). Un conductor de autobús que vive su día a día y rutina, pero con una mirada muy especial. Lo cotidiano se convierte en verso. Cada gesto tiene su variación, y significado. Tiene un cuaderno secreto donde extrae poesía de una caja de cerillas, de un recuerdo de infancia, del sonido del agua cuando cae de una cascada o del amor que siente hacia su compañera de vida, Laura.

2. Extraer la belleza… de un mundo cada vez más hostil

Parry, el sin hogar, protagonista de El rey pescador vive rodeado de hostilidades. Un mundo duro, que no solo no lo mira o lo rechaza, sino que lo deja continuamente al margen con su locura. Sin embargo, él se empeña día a día en extraer la belleza. Un día paseando con su amada (una tímida editora de novelas baratas) en su primera cita, Parry coge un alambre del suelo (chatarra, basura)… y con sus manos nerviosas le regala una preciosa y pequeña silla. O en un manicomio o en una sala de urgencias donde solo hay desolación, él reúne a todos, con grandes dosis de energía y entusiasmo, para que canten I like New York in june, how about you?

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Diccionario cinematográfico (222). Familias

La familia

Familias: palabra inabarcable en el mundo del cine. Las hay de todos tipos, felices e infelices. Locas y cuerdas. Divertidas y tristes… Buenas y terroríficas. De policías y de mafiosos. Ricos y pobres… Algunas veces sabemos la historia de generaciones y otras veces acompañamos a una familia por unos cuantos días, o incluso tan solo unas horas.

De las más actuales tenemos, desde Francia, a La familia Bélier, donde todos los miembros son sordos excepto la hija mayor, que además tiene una bella voz para el canto. También está la familia Weston con los que vivimos unos días calurosos de verano en la América profunda, en concreto del mes de Agosto (antes de verlos en la pantalla, los disfrutamos en los escenarios teatrales). Imposible olvidar el almuerzo después de un entierro, y cómo madre e hija acaban de los pelos y todos intentando separarlas. En el cine patrio no solo está la saga de La gran familia ni tampoco únicamente los Panero (que además poca ficción hay en ellos) y El desencanto… que arrastraban por una España en blanco y negro. No hace mucho apareció por este hogar del ciberespacio la familia Porto Alegre que influenciada por Las furias llega a momento catártico al lado del mar… después de varios ataques de nervios. Y también tan solo hace unos tres años estuvimos de celebración, entre risas y lágrimas, digo, con siete novias para siete hermanos, con la familia Montero, o como gustan llamarse: La gran familia española. Ay, también Almodóvar tiene una colección de familias especiales, siempre con fuerte presencia femenina. Y es que el director en Volver regresa a sus raíces familiares manchegas en compañía de Raimunda y toda su estirpe de mujeres.

Pero hay familias de celuloide míticas. Así, de repente, me vienen a la cabeza una ráfaga. Los Corleone nunca faltan a una cita de familias y nadie olvida un regalo para El padrino. Tampoco podemos olvidarnos de las desgracias de la familia Joad en esa camioneta desvencijada, porque Las uvas de la ira caen por una carretera interminable. Y por estas fechas, Qué bello es vivir, todos recordamos a la familia Bailey, que aunque no lo tiene fácil y a veces las cosas se les ponen muy complejas, como dice el ángel Clarence cuentan con muchos amigos. O alrededor de torres de petróleo, aunque ellos siempre prefirieron el ganado, se encuentran los Benedict, protagonistas de una historia Gigante. Y no podemos dejar de nombrar a los Amberson… El cuarto mandamiento de Orson Welles: dejarás la historia por décadas y décadas de una familia y su decadencia.

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El discreto encanto de William Castle en tres películas

Homicidio

William Castle y su discreto encanto. Todo un personaje que durante finales de la década de los cincuenta y los sesenta se especializó en películas de terror de bajo presupuesto. Como director y productor creía en sus películas y organizaba unas promociones de lo más originales. Al igual que Alfred Hitchcock, utilizaba su imagen para publicitar las películas, pero con un sentido del espectáculo tan elevado que incluso intervenía en medio de la película (con su voz en off) para advertir al espectador que tal vez debía marcharse de la sala porque a lo mejor no aguantaba lo que iba a ver a continuación. O se inventaba mil y un artilugios en la propia sala de cine para dar más emoción a su obra… Prometía momentos tremendos, espeluznantes. Y hoy sus películas tienen un encanto y una candidez especial. William Castle sabía cómo contar sus historias, entretener, a pesar de no emplear grandes presupuestos. Si algo tenía era sentido del espectáculo.

Las tres que voy a comentar son historias bien construidas, donde curiosamente lo más caducado (sobre todo en dos de ellas), pero a la vez con gran encanto, son los efectos especiales para provocar los momentos de máximo terror. En las tres cuenta con la colaboración del guionista Robb White, famoso novelista de aventuras. La mejor de las tres y más sorprendente es sin duda Homicidio (Homicidal, 1961). Esta sigue la senda abierta por Hitchcock y su Psicosis (1960). Después La mansión de los horrores (House on Haunted Hill, 1959), que posee un encanto especial pues bajo la apariencia de película sobrenatural, de terror y de fantasmas se esconde una película de suspense y crimen perfecto. Y, por último, con una inocencia y una candidez que desarma (no obstante el máximo protagonista es un niño), así como un sentido del espectáculo genial (casi de feria), Los 13 fantasmas (13 ghosts, 1960).

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Coctelera de películas. La bailarina (La danseuse, 2016) de Stéphanie Di Giusto / Eden Lake (Eden Lake, 2008) de James Watkins / Las dos vidas de Audrey Rose (Audrey Rose, 1977) de Robert Wise / Las furias (The furies, 1950) de Anthony Mann

La bailarina (La danseuse, 2016) de Stéphanie Di Giusto

La bailarina

La bailarina, ópera prima donde se nota la investigación alrededor de un personaje: Loïe Fuller. Aquellos que buscan primeras imágenes filmadas recordarán a una mujer con un enorme traje blanco y realizando movimientos que asemejan a una mariposa que serpentea con sus alas. Loïe Fuller patentó (y la costó casi la vida) un baile-espectáculo que fue muy imitado, donde era importante el traje blanco, los efectos de iluminación y el movimiento de dos varillas. Pero además Fuller era todo un personaje.

De mujer de vida compleja en el lejano oeste a mujer que salta al otro lado del océano para llegar a ser bailarina del popular cabaret Folies Bergère, y que logra pisar el escenario del Teatro de la Ópera de París. Fuller se construyó a sí misma, y creo con sumo cuidado su baile-espectáculo. Stéphanie Di Giusto se decanta por la forma y crea imágenes de una belleza casi onírica: tanto los ensayos, como los propios bailes, tienen un halo especial. Hay un momento en que Fuller y sus bailarinas parecen ninfas del bosque. La máxima rival de Fuller fue Isadora Duncan, con la cual estableció una compleja relación además de un posible enamoramiento. Si una era todo telas y efectos especiales. La otra era poca tela, la desnudez del cuerpo y su movimiento…

La bailarina es una película imperfecta, pero tiene imágenes de gran belleza, casi onírica. Además está rodeada de un halo de decadencia que cubre la historia y a los personajes. Y que muestra el final de un siglo y el principio de otro lleno de incertidumbres. Una decadencia que va de un lejano oeste en el ocaso a un París donde se va apagando una aristocracia que ya no encuentra lugar (con ese personaje oscuro del conde Louis d’Orsay)… y donde destaca una atormentada (mental y fisícamente) y vanguardista Loïe, tanto en su arte como en sus relaciones personales.

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Después de la tormenta (Umi yori mo mada fukaku, 2016) de Hirokazu Koreeda

Después de la tormenta

Después de la tormenta… viene la calma. O en el caso de Ryota (Hiroshi Abe), protagonista de la nueva película de Hirokazu Koreeda, asume el deambular de su vida, su realidad. Y eso le proporciona paz, un camino. Pero Koreeda lo cuenta con tranquilidad, sin prisa. Y con un humanismo que emociona. Una película sencilla sobre sentimientos y emociones complejas. Además Koreeda sigue con uno de los leitmotiv de su trayectoria: la familia. Así se construye una preciosa senda desde Still Walking, que además contaba también con los rostros de Kirin Kiki y Hiroshi Abe (y además como madre e hijo), con paradas en De tal padre, tal hijo, Nuestra hermana pequeña… hasta desembocar en Después de la tormenta. Películas envueltas en melancolía, humor, tristeza, felicidad…

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Las furias (Las furias, 2016) de Miguel del Arco

Las furias

Las furias es el debut de Miguel del Arco en el cine. El hombre del teatro deja esta vez los escenarios y se sube a la pantalla blanca. Y desata toda una lluvia catártica, una tragedia familiar que termina de manera singular: la familia como cárcel y liberación. Los Porto Alegre se reúnen un fin de semana en la casa veraniega y empieza la tormenta, se desatan las furias y después… la calma. Es curioso, porque podría haber empezado el post igual que el de Agosto (adaptación cinematográfica de la obra de teatro de Tracy Letts, que también ilustra una reunión familiar tormentosa): “Ya lo dijo Tolstoi en Ana Karenina, ‘todas las familias felices se parecen, y las desgraciadas, lo son cada una a su manera’”… y es que muchos de los actores que construyen los personajes de los Porto Alegre también tienen su recorrido en otras familias trágicas de ficción (bien del mundo del teatro, bien del mundo del cine). Lo hermoso es que Miguel del Arco ha dado rienda suelta a sus inspiraciones, y si conoce bien los mecanismos del teatro y se nutre además de la mitología, la tragedia griega y shakesperiana, se empapa también del melodrama cinematográfico desatado. Y crea una película tan especial como Las furias, con voz y personalidad propia, que deja además al descubierto un abanico de buenos actores.

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Historia de una pasión (A quiet passion, 2016) de Terence Davies

Historia de una pasión

La primera vez que escuché el nombre de Emily Dickinson y algunos de sus versos fue en una película que me impactó en mi adolescencia: La decisión de Sophie. La triste historia de Sophie y Nathan, que crean un universo particular en la habitación de la casa rosa, se abre y se cierra con unos versos de Dickinson: «Haz amplia esta cama, / haz esta cama con prudencia;/ espera en ella el postrer juicio,/ sereno y excelente./ Que sea recto su colchón/ y redonda sea su almohada,/que ningún rayo dorado de sol/ llegue jamás a perturbarla».

Y ya se me quedó el nombre de esta mujer en la memoria. Ahora muchos años después Terence Davies me trae de nuevo a Emily Dickinson (1830-1886) en Historia de una pasión. Y lo que hace es captar a una mujer que ejerció una rebeldía silenciosa hasta terminar confinada en su cuarto vestida de blanco. Porque su alma no era más que suya, de nadie más. Y su alma se expresaba a través de los versos. Emily Dickinson se desnudaba a través de la poesía. Terence Davies logra atrapar la esencia de esta mujer y crea su propio poema en imágenes. En el siglo XX una escritora británica diría: “Una mujer debe tener dinero y una habitación propia si desea escribir ficción”…, esta es una de las citas más famosas de Virgina Woolf (1882-1941) de su ensayo (a partir de varias conferencias de la autora) Una habitación propia. Y es una frase que podría haber escrito siglos antes Dickinson… porque fue en la intimidad de su cuarto en la casa familiar (nunca se casó) donde elaboró su obra y donde ejerció su independencia espiritual (la económica no la consiguió). No fue fácil. Llevó al extremo tener una habitación propia… y no salir de ella.

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Sing Street (Sing Street, 2016) de John Carney

Sing Street

John Carney va in crescendo en su reinterpretación del cine musical. Música y realidad, y un poco de fantasía. En Once (2006) dos espíritus solitarios encontraban momentos de felicidad y música en Dublín, aunque todo terminaba complicándose. Un amor efímero con varias canciones. Y una secuencia maravillosa en una tienda, mientras los dos protagonistas tocan y cantan Falling Slowly. Después salió de Dublín y saltó a EEUU con Begin again… y con grandes estrellas contó una historia sencilla de dos corazones rotos, fracasados, que resurgen a través de la música, pero fuera de las grandes discográficas. Con emoción. Ahí hay una escena donde los protagonistas se cuentan el uno al otro cómo son y cómo sienten escuchando sus playlists. Y ahora en su tercera incursión en el musical crea su obra más redonda: regresa a Dublín, a los años ochenta, y cuenta la formación de un grupo musical de un grupo de adolescentes. Y ahí hay un ensayo de una canción, Drive it like you stole it, en el gimnasio…, con un aire triste, y de pronto el protagonista imagina un baile de instituto americano de los años cincuenta todo felicidad, donde las personas que él ama encuentran la felicidad. Y las tres tienen en común el convertir en la música en tabla de salvación de sus personajes o de un alivio ante las desgracias que les golpean.

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Regreso a casa (Gui lai, 2014) de Zhang Yimou

regresoacasa

Regreso a casa permite varias maneras de enfocar su análisis: un rostro de una actriz que cuando aparece, bien sonriendo bien llorando o desorientada, transforma y traspasa la pantalla blanca. Ese rostro corresponde a Gong Li, actriz china y musa de las primeras película del realizador Zhang Yimou. Otra mirada es situarla dentro de la trayectoria del realizador, un regreso a las historias intimistas pero visualmente potentes de sus inicios, siempre con Gong Li como protagonista. Zhang Yimou es un realizador brillante, pero su carrera y su obra cinematográfica ha ido evolucionando de tal manera que no solo se mira su valía a la hora de manejar el lenguaje cinematográfico, sino también su papel como realizador dentro de su país, China. A Zhang Yimou se le han criticado varias de sus últimas obras cinematográficas (las realizadas sobre todo durante el siglo XXI), sin negar su maestría y su fuerza visual, por considerar que es el director oficial chino… (por ahí se podría realizar un interesante ensayo con el visionado exhaustivo de toda su obra, para determinar si exactamente esta afirmación es cierta totalmente. Sus primeros films contenían una crítica al gobierno chino hasta que el realizador fue virando a un cine épico y de evasión), que tiene el beneplácito del gobierno. O por último dejarse llevar por la sensibilidad a la hora de contar una triste historia de amor con una secuencia final muy hermosa y melancólica, con la nieve cayendo (curiosamente, la nieve es el nexo de unión también con la última y bella escena de otro magnífico melodrama chino, realizado por un director que está alejado de la China oficial; me refiero a Más allá de las montañas de Jia Zhang Ke).

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