El tiempo de los amantes o retrato de una dama al borde del precipicio. Y es que el director francés Jérôme Bonnell pega su cámara junto a su protagonista Alix (Emmanuelle Devos) y ya no la abandona en aproximadamente unas 24 horas intensas. Alix vive uno de esos días en que una persona se siente en un momento de catarsis donde o bien se tira a la aventura y abandona todo lo vivido o trata de restablecer de nuevo el equilibrio. Y todo es contado con una delicadeza y una sensibilidad que conmueve, que toca.
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Langosta (The Lobster, 2015) de Yorgos Lanthimos
Langosta sigue la senda del especial universo de Yorgos Lanthimos. El director griego indaga sobre los seres humanos y sus relaciones en realidades cotidianas: en Canino se metía en la intimidad familiar; en Alps, analizaba cómo encajar la muerte y la ausencia de la persona cercana y en Langosta sobrevuela sobre las relaciones de pareja. Sus películas son fábulas absurdas con dosis de humor negro, violencia y mucha tristeza para reflejar cómo entiende al ser humano en el mundo contemporáneo. En el universo Lanthimos, existen personajes aquejados de autismo emocional; su forma de moverse, sus cuerpos nos cuentan muchas cosas. El lenguaje y su uso tienen otras reglas. La música, las canciones y las películas nombradas (normalmente de Estados Unidos) merodean alrededor de los personajes y crean relaciones extrañas, adquieren otros significados. Normalmente los personajes en las películas de Lanthimos carecen de nombre propio. En Langosta solo tendrá nombre David (Colin Farrell), el personaje principal. Tanto en Canino, como en Alps y Langosta, el director griego no prescinde de su actriz fetiche, la griega Angeliki Papoulia.
Una pastelería en Tokio (An, 2015) de Naomi Kawase
Mientras escucho la filosofía de vida de la anciana Tokue, protagonista de Una pastelería en Tokio, me viene a la cabeza otro personaje cinematográfico, Gesolmina. Ella, cara de alcachofa, encuentra en las palabras del loco equilibrista el sentido de la vida. Este dice que cada persona, cada objeto tiene una función en la tierra. Nada no vale nada… hasta un pequeño guijarro o una judía sirve para algo. La mujer payaso está ahí para dar cariño, sin pedir nada a cambio, al bruto de Zampanó. Y este solo se da cuenta cuando es demasiado tarde… pero se da cuenta y termina siendo consciente de su terrible soledad. La anciana Tokue añade a la filosofía que el loco susurra a Gesolmina que todas las cosas esconden una historia y hay que oírlas detenidamente y mirarlas. Con calma. De pronto, dialoga el cine de Fellini con el de Naomi Kawase… desde dos ópticas totalmente diferentes pero que confluyen en una misma filosofía de vida.
Dheepan (Dheepan, 2015) de Jacques Audiard
Un guerrillero de Sri Lanka deja su país, abandonando un paisaje de guerra eterna, violencia, desolación y muerte, junto a una mujer y una niña que no conoce pues así, con una familia, tiene más posibilidad de conseguir asilo político en París. Jacques Audiard empieza con una impresionante elipsis: de la cola para subir a un barco a Dheepan (el guerrillero con nuevo nombre e identidad) en la noche parisina iluminándola con una diadema de luces, como vendedor ambulante. De pronto le vemos enfrentado a la violencia de una ciudad fría que no solo le ignora sino que le persigue. En un momento dado tiene que huir con su mercancia de la policía y se esconde en una esquina. Entonces Dheepan dice: “¡No puedo más!”. Y ese grito sirve como motor de la película pero también es como si el propio director se dijera que a pesar de inicio tan potente (y de tener perfilados los personajes) no puede seguir más con el nivel que podría haber alcanzado esta película.
Truman (Truman, 2015) de Cesc Gay
Truman es auténtica. Y me refiero a la autenticidad que se siente al compartir los mismos sentimientos y emociones que tan bien describe la película. Cesc Gay ha vivido lo que narra y su mirada cuenta con la experiencia, se nota. Truman habla de despedidas. De cómo afrontar la muerte, tanto el que se va como los que se quedan. Truman es sencilla, directa. Pero toca.
Amor al cine. Lejos del cielo (Far from heaven, 2002) de Todd Haynes / Yo, él y Raquel (Me & Earl & the dying girl, 2015) de Alfonso Gómez-Rejón
A qué me refiero con amor al cine. Hay obras cinematográficas que cuentan historias pero a la vez son un homenaje explícito a las películas, una canción de amor al cine. A continuación en esta sesión doble (con propina-sorpresa) se proponen tres maneras de amar distintas pero que emocionan.
Para explicarme mejor, algunos ejemplos. En Voces distantes o El largo día acaba de Terence Davies vemos cómo el director recrea y ficciona sus recuerdos infantiles a través del cine. Así en ambas películas son de suma importancia la sala, como vía de escape; las bandas sonoras que también forman parte de la memoria sentimental o aquellos documentos sonoros de diálogos de películas que podían marcan para siempre o aquellos carteles en las marquesinas que ya contaban una historia… Woody Allen es otro director que refleja varias veces su amor al cine. Siempre en sus películas hay una proyección, una sala de cine, una cola delante de un cine, una emisión de una película clásica en televisión…, e incluso a veces los personajes cinematográficos cobran vida y salen de sus pantallas… Así el cine en Allen impide suicidios, da sentido a la vida y se convierte en refugio… Son distintas maneras de hacer una película, contar una historia y además realizar también una declaración de amor al cine.
La propina-sorpresa viene de la mano de Stanley Donen y su Movie, movie (1978) que canta su amor a aquellas sesiones dobles de los años treinta que hacían más fácil la Depresión en EEUU.
Buscando chispas en estrenos de cine descafeinados…
Ristra de estrenos veraniegos… y la cartelera ha sido algo descafeinada (seguro que me he perdido tesoros que no he podido abarcar). He visto bastantes películas pero ninguna redonda. He tenido que buscar las chispas. No he vibrado ante ninguna de las que he visto. Pero en todas…, algo se vislumbraba. Estas son las chispas. Animales de compañía que significan mucho más, familias desestructuradas que se estructuran, soledades, amores tardíos, segundas oportunidades, supervivencia, miedos profundos, muerte, luz al final del túnel, actores que iluminan o llenan la pantalla, directores que siguen su estela… Y de propina dos antecedentes.
Gloria (Gloria, 2013) de Sebastián Lelio
… Y entonces Rodolfo lee a Gloria un poema: “Me gustaría ser un nido si fueras un pájaro / me gustaría ser una bufanda si fueras un cuello y tuvieras frío / si fueras música yo sería un oído / si fueras agua yo sería un vaso / si fueras luz yo sería un ojo / si fueras pie yo sería un calcetín / si fueras el mar yo sería una playa / y si fueras todavía el mar yo sería un pez / y nadaría por ti / y si fueras el mar yo sería sal / y si yo fuera sal / tú serías una lechuga / una palta o al menos un huevo frito / y si tú fueras un huevo frito / yo sería un pedazo de pan / y si yo fuera un pedazo de pan / tú serías mantequilla o mermelada / y si tú fueras mermelada / yo sería el durazno de la mermelada / y si yo fuera un durazno / tú serías un árbol / y si tú fueras un árbol / yo sería tu savia y correría / por los brazos como sangre / y si yo fuera sangre / viviría en tu corazón”. Y estos versos son de Claudio Bertoni, un artista chileno. Todos los versos forman “Poema para una joven amiga que intentó quitarse la vida”. Pero no hay poema más vital que este. Rodolfo tiene 65 años y ganas de huir de su rutina familiar en la que se siente encerrado pero también acomodado y dependiente. De pronto ve una posibilidad de huida o escape con Gloria. Ella tiene 58 años y pocas ganas de rendirse. Gloria no quiere bajar el telón. Digamos que le pasa lo mismo que a otro personaje de ficción, Evelyn, que tan bien se expresa en Tomates verdes fritos: “Soy demasiado joven para ser vieja y demasiado vieja para ser joven”.
Ramillete de minicríticas. Dos americanas y dos españolas
Jurassic world (Jurassic world, 2015) de Colin Trevorrow
Hay un cine al que te acercas de vez en cuando y si hay niños en tu vida diaria más (en mi caso una sobrina de 5 años que ama a los dinosaurios desde los 3 y le encanta toda película en que salga uno o una manada). Entonces Jurassic world se convierte en una experiencia con un halo de tu pasado infantil. Te descubres de nuevo en la sala de cine enorme con pantalla gigante, con chuches y palomitas y un poquito de bebida refrescante… para sorprenderte con una historia entretenida que alimenta tu imaginación. Y mi sobrina me dice todo el rato en bajito: “No me da nada de miedo. Es que esta no es de miedo como la primera, es más de aventura”. Y ahí que nos sumergimos en la aventura del domador de velociraptores, de la estirada con tacones pero con un corazoncito, de los hermanos que viven una situación familiar vulnerable pero que van a vivir toda una aventura inolvidable… en un enorme parque temático de dinosaurios. Y en el plácido lugar todo se pone patas arriba cuando un dinosaurio modificado genéticamente y muy enorme y fiero además de inteligente se convierte en el terror de la zona. Da igual todo tipo de incoherencias, de personajes planos, de secundarios poco dibujados casi inexistentes, de injusticias hacia la heroína (que a pesar de mostrarse brava y con tacones…, sus sobrinos solo tienen ojos para su novio domador y motero)… todo te lleva a una trepidante batalla final entre los velociraptores, el dinosaurio inteligente, el T-Rex y el mosasaurio, un gigantesco dinosaurio marino… donde los humanos son meras hormigas, que emplean un poquillo su cerebro para no perecer bajo uñas o colmillos gigantes. Así vas viviendo continuos guiños nostálgicos a la primera parte (camiseta de uno de los técnicos o encontrarse entre las ruinas del primer parque con sus coches de safari…) con homenajes evidentes a películas como Los pájaros en ese ataque que sufren los pobres e inocentes visitantes de los amenazantes pterosaurios… mientras bebes y comes palomitas y disfrutas con la mirada de una niña que se lo está pasando en grande…
El niño 44 (Child 44, 2015) de Daniel Espinosa
El niño 44 toca demasiados frentes para una película que podría haber sido realmente interesante y brillante. Y ahí quedan sus continuas huellas. La película fluctúa entre el género histórico y político que recrea el periodo más duro de la Rusia stalinista durante los años cincuenta y las purgas y el thriller más inquietante de investigación ante un asesino en serie, que deja un recorrido de niños muertos en el mapa. La investigación de este asesino ocurre en un país que dice ser un paraíso donde no hay sitio para el capitalismo ni sus enfermedades (que provoca, entre otras cosas, que surjan los asesinos en serie) lo que provoca distintas y variadas reflexiones. También es una película psicológica sobre vivir continuamente bajo el yugo del miedo y una emocionante e intensa historia de amor. Son tantos los frentes que finalmente no desarrolla ninguno del todo ni logra por ello cierto equilibrio. Pero la película, sin embargo, se mantiene por el magnífico trabajo de su pareja protagonista (también presentes en La entrega) el carismático Tom Hardy y una brillante Noomi Rapace ganando peso la trama amorosa. Otro pero a esta película es que se desaprovechan los personajes secundarios que cuentan con los rostros de Vincent Cassel o Gary Oldman (y que desde sus apariciones prometen mucho más peso en la trama… y se quedan en meras intuiciones)… Su director Daniel Espinosa cuida la ambientación y también la atmósfera, el tono oscuro y gris de la época además de resolver algunos momentos con un buen uso del lenguaje cinematográfico pero no es suficiente para realizar una obra redonda. El material de partida es un best seller, la inspiración en un asesino en serie ruso de los años 70 (que tuvo su propia película, Ciudadano X) y un fallido y evidente eco a M, el vampiro de Düsseldorf de Lang. El niño 44 es la película que pudo ser y no fue…
Requisitos para ser una persona normal (2015) de Leticia Dolera
La actriz Leticia Dolera (que ya se había entrenado con sus cortos) se lanza a su primer largometraje como directora con Requisitos para ser una persona normal. Toma los elementos de la comedia romántica chica encuentra chico y los rocía con aires indies así como con un cuidado estético en la presentación de su obra cinematográfica. De esta manera Dolera sigue la estela de comedias románticas independientes tipo Beginners o (500) días juntos donde a la importancia de lo estético también eligen el tono tragicómico y melancólico, todo rociado con un aire de imagen de publicidad chic y moderna (convierte en escenario romántico y del clímax de la historia a una marca de muebles sueca que uniforma todos los hogares… y con unas campañas de publicidad muy características, muy bien hechas). Leticia Dolera también protagoniza su película, ella es María de las Montañas… una treintañera en crisis que se elabora una lista con los requisitos que tiene que cumplir para ser considerada una persona normal. Con las etiquetas que debe uno tener para la representación de una persona feliz y triunfadora. En su camino se cruza con Borja, un dependiente gordito de una tienda de muebles con aires hipster, y ambos construyen una amistad a base de conseguir objetivos: hacer de María una persona normal y de Borja un hombre contento por poseer un cuerpo delgado y atlético. Lo que es cierto es que Dolera consigue meter al espectador en el universo creado para María de las Montañas y Borja (con un montón de personajes secundarios, algunos muy bien construidos, con caras de Miki Esparbé, Alexandra Jiménez, Silvia Munt…) y es posible empatizar y coger cariño a sus personajes así como creerte y desearles un final feliz, como se merece toda comedia romántica normal. Todo rociado con momentos entre divertidos y entrañables con unas gotas de melancolía.
Hablar (2015) de Joaquín Oristrell
Hablar es una interesante experiencia cinematográfica. Sus 75 minutos transcurren en un plano secuencia en el barrio de Lavapiés donde se suceden varias historias de los más variopintos personajes. Oristrell y sus actores tratan de conseguir captar la vida en un barrio madrileño en un periodo concreto, ahora. Y hay momentos en que el espectador se cree esa ebullición de vida y otros que se los cree menos. El recorrido de la cámara comienza en la boca del metro, de la cual surgen varios de los personajes, y termina en una sala de teatro… creando un juego de metaficción. En realidad Hablar es un buen recital de intérpretes (unos te hacen vibrar más que otros) donde la comunicación-incomunicación, la palabra y la soledad son las herramientas de trabajo. Es prácticamente un proyecto cinematográfico colectivo donde se implicaron un montón de personas. Algunos actores improvisaron directamente tras unas pautas y otros se escribieron y se construyeron un personaje. Es de esas películas irregulares que merecen la pena y que arrastran encanto. Una calle viva donde se suceden historias trágicas y otras cómicas o tragicómicas, donde se reconoce el momento histórico, social y político que se está viviendo. Está muy presente la crisis tal y como ha ocurrido en otras películas españolas recientes. Y el gran atractivo de una galería de buenos actores que regalan buenos momentos como Sergio Peris Mencheta, María Botto, Juan Diego Botto, Antonio de la Torre, Raúl Arévalo, Alex García, Petra Martínez, Juan Margallo, Goya Toledo, Secun de la Rosa, Marta Etura, Melanie Olivares, Miguel Ángel Muñoz, Carmen Balagué, Mercedes Sampietro, Nur Al Levi… y un largo etcétera. Un paseo por Lavapiés donde seguimos a dos barrenderas con el desencanto a cuestas, a un chico que tiene una cita a ciegas, a un empresario que tiene que pagar a su empleada, a una mujer en crisis pegada a su móvil, a una joven que no encuentra trabajo pese a estar altamente cualificada, a un iluminado que recorre las calles, a una mujer que ahoga las penas en alcohol, una madre con su bebé que tiene hambre, un joven enganchado al porno e intentando explicárselo a su madre… Un recorrido donde en una esquina nos aguarda un escaparate con una televisión que pasa un anuncio o un rincón donde un hombre canta un fandango para finalmente adentrarnos a un escenario donde hay dos actores y…
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Diccionario cinematográfico (217)
Ascensor: el ascensor, ese aparato que traslada a unas personas de un piso a otro en un edificio… es de lo más cinematográfico. Sirve tanto para presentar o despedir a un personaje tan potente como la señora Violet Venable (Katherine Hepburn) en De repente el último verano, hasta mostrar la naturaleza de humano y bestia que tiene un personaje con rostro de Ryan Gosling en Drive. Así en De repente el último verano vemos descender a una “cuerda” Violet Venable de un pequeño ascensor, una mujer que quiere ocultar la enfermiza relación con su hijo y la verdad de su muerte haciendo que se practique una lobotomia a su sobrina, única testigo de ese acontecimiento y, al final, la vemos desaparecer en ese mismo ascensor ascendiendo a su universo de locura y desconexión con la realidad… después de la revelación de la verdad. Mientras en Drive, el ascensor se convierte en el espacio donde en breves segundos se vive el momento más romántico y más violento de la película.
En ese espacio también se puede cometer el más tremendo de los asesinatos o puede ser el lugar donde ocurra una de las escenas más divertidas. Así no hay más que visitar el ascensor de Charada de Stanley Donen… donde aparecerá muerto de forma violenta uno de los perseguidores de Audrey Hepburn. O no podremos parar de reír con la claustrofobia (y muchas cosas más que pasarán en ese lugar estrecho y pequeño) que sufre el personaje de Woody Allen junto a su esposa en la ficción (Diane Keaton) en Misterioso asesinato en Manhattan.
También será el lugar terrorífico donde grandes damas de la pantalla sufrirán sus más tremendas pesadillas. Así le ocurrirá a Doris Day en Un grito en la niebla de David Miller, que teme por su muerte y vivirá lo que es el miedo en un ascensor. También veremos los sufrimientos de Olivia de Havilland cuando se queda atrapada en el ascensor de su hogar… y sabe que va a estar varios días sola, sin que nadie acuda en su ayuda en la siniestra Una mujer atrapada de Walter Grauman.
Como no, también pueden transcurrir bonitas historias de amor… como el que se da entre una ascensorista y un oficinista gris, que encuentra un aliciente todos los días en subir o bajar al ascensor en su trabajo… Así ocurre en El apartamento con la señorita Kubelik (Shirley MacLaine) y el señor Baxter (Jack Lemmon) y el romanticismo según Billy Wilder.
O momentos tremendos de suspense…, donde nos mordemos las uñas, como cuando se queda encerrado Julien (Maurice Ronet) en un momento crucial donde empieza a escribirse su destino fatal en Ascensor para el cadalso de Louis Malle. Y tampoco podemos olvidar un padre de familia angustiado (James Mason) y secuestrado que trata de escapar a través del hueco del ascensor en Cautivos del terror de Andrew L. Stone.
Tampoco olvidar cómo el ascensor es un aparato fundamental para presagiar catástrofes y accidentes tremendos. Así en los ascensores ocurren momentos angustiosos en esa película clásica del cine de catástrofes que se llama El coloso en llamas. Y también es el sitio donde se pilla desprevenido o es la última oportunidad de un personaje para sobrevivir a la muerte al abrirse sus puertas…, así puede verse en Infiltrados de Scorsese. Así como un espacio ideal para tórridas escenas de sexo como las que viven Michael Douglas y Glenn Close en Atracción fatal.
No hay duda de que el ascensor y el cine mantienen un buen idilio. ¿Cuál es tu ascensor favorito?
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