Cuatro reflexiones alrededor de La guerra de los Rose (The War of the Roses, 1989) de Danny DeVito

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1.- El momento de la ruptura. Sin duda el momento clave de La guerra de los Rose ocurre en el dormitorio conyugal, cuando Barbara Rose le dice a su esposo Oliver (él acaba de pasar el susto de creer que perdía la vida con unos síntomas similares a un infarto y está molesto porque su mujer no ha acudido ni a verle ni a cuidarle) que cuando iba en el coche para ir al hospital de pronto tuvo miedo de lo que podía pasar en el futuro. Oliver (Michael Douglas) cree que su esposa va a decir que tuvo miedo a su pérdida, a su ausencia, y comienza a acercarse de nuevo a ella. Y de pronto Bárbara (Kathleen Turner) confiesa, fría, que se sintió liberada, que se dio cuenta de que todo le iría mejor que nunca si él no estaba en su vida. Finalmente le pide le divorcio. Y él se siente humillado, apaleado.

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Distrito Apache, el Bronx (Fort Apache, the Bronx, 1981) de Daniel Petrie

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Hace poco apareció por el blog una desconocida película de Petrie, La tercera víctima, con Kirk Douglas y Jean Seberg, y ahora el mismo director se encuentra detrás de Distrito Apache, el Bronx. Siendo las dos de una temática diferente hay algo que las une: un aire de desencanto y melancolía. Daniel Petrie se mete en una comisaria del Bronx, un barrio difícil y marginal, que los agentes apodan Distrito Apache, como si fuera un fuerte contra un mundo hostil. En el interior los agentes hacen lo que pueden, algunos caen en corrupciones y otros trapicheos, otros se limitan a realizar su trabajo sin que les molesten mucho y otros tratan de ejercer correctamente su profesión, como el agente Murphy (Paul Newman) y su joven compañero y amigo Corelli (Ken Walh).

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¡Qué ruina de función! (Noises off, 1992) de Peter Bogdanovich

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Peter Bogdanovich ama el cine y uno de sus amores es un género: la comedia y si es posible screwball… con unas gotas de slapstick, por favor. Si encima unes cine y teatro…, solo hay una salida: el espectáculo debe continuar. Así surge ¡Qué ruina de función!, película donde el director cinéfilo logra que el espectador llore de la risa y sus carcajadas no puedan reprimirse. Bogdanovich mima sus comedias y bebe de un lenguaje cinematográfico complejo que se fue forjando con los grandes cómicos de cine mudo americano y continuó con el género screwball durante los años treinta y cuarenta…, de esta manera las comedias de Bogdanovich son evoluciones y homenajes al género que ponen de relieve la importancia que tiene un buen director de comedias. No hace más que seguir la premisa que nos descubrió Preston Sturges en Los viajes de Sullivan: lo importante que es dirigir buenas comedias y provocar simplemente la risa. Porque la risa termina siendo terapéutica y relajante cuando realmente surge del alma.

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Compañeros mortales (The Deadly Companions, 1961) de Sam Peckinpah

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Compañeros mortales es el primer largometraje de Sam Peckinpah. Y como todos los primeros largometrajes esconde ya claves para reconocer a su director en su obra cinematográfica posterior. Y es bastante normal que empezara con el western, pues sus primeros trabajos televisivos iban orientados hacia este género. Precisamente Brian Keith, el actor principal de una de las series de televisión donde había trabajado como director, The Westerner, recomendó a Sam como director de esta película. Y también en este rodaje comenzó la lucha de Peckinpah contra los productores, o hacia aquellos que consideraba frenaban su espíritu creativo. En su primera película ya aparece una violencia, de momento contenida, que iría estallando a lo largo de su filmografía. Así como un tono crepuscular y desencantado… con la construcción de una historia de amor de dos personajes al margen. Personajes tan queridos por el director, que vivió en sus entrañas el desarraigo, autodestruyéndose poco a poco con el alcohol y las drogas.

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Llamada para un muerto (The deadly affair, 1966) de Sidney Lumet

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… Con El topo de Tomas Alfredson quedó claro que el mundo de la Guerra Fría y los espías no es apasionante sino gélido, desencantado y con toda la gama de grises entre los seres humanos que convierten el mundo en un tablero de ajedrez. Ahí hay dobles agentes, traiciones, funcionarios con cara triste en sus oficinas y otros a pie de calle para los trabajos sucios. Lo malo es que ese mundo helado mueve los hilos… Pero no fueron los espías de El topo los que mostraron ese universo frío, antes lo había hecho ya Sidney Lumet con Llamada para un muerto. Y tanto Alfredson como Lumet habían tomado como fuente la literatura de John Le Carré y la serie del espía George Smiley (aunque en la película de Lumet le cambia de nombre).

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Siempre nos quedará el western. El Dorado (El Dorado, 1966) de Howard Hawks/La venganza de Ulzana (Ulzana raid’s, 1972) de Robert Aldrich

El western es un género que siempre me depara buenas sorpresas. Un género con historia, con evolución e innovación. Un género que sigue vivo, que tiene muchas miradas que ofrecer. Que cuenta entre sus títulos con clásicos, con westerns crepusculares, otros increíblemente modernos u otros críticos con la historia que reflejan. Algunos directores se dedicaron de lleno al género e incluso crearon variaciones de una misma historia; como es el caso de Hawks, que aunque vienen de fuentes literarias diferentes, tanto Río Bravo como El Dorado forman una dupla de oro del western intimista, aunque por separado ambas son mucho más que puro entretenimiento. Y otros directores se dedicaron menos pero sin embargo sus westerns supusieron una evolución en el género, como Robert Aldrich, que encauzó el género a una mirada menos poética e idealista y sí a una mirada más violenta, crítica y realista, de perdedores supervivientes con una vuelta de tuerca a los estereotipos. Otra lectura a la historia del salvaje Oeste.

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El rostro de Ava Gardner. Cruce de destinos (Bhowani Junction, 1956) de George Cukor /La viuda del diablo (The Ballad of Tam Lin, 1970) de Roddy McDowall

Entre las dos películas de esta sesión doble pasaron catorce años. Y el rostro de Ava Gardner, como ya mostró Isaki Lacuesta en su documental La noche que no acaba, dialoga de una película a otra. Su rostro da valor a muchas de las películas en las que apareció. Y la historia real (la de la actriz insatisfecha con casi todas las películas en las que tuvo que aparecer) así como la imagen fílmica que se fue construyendo a través de los distintos personajes que encarnó dibujan un rostro en movimiento, con vida. Una mujer de una belleza casi sobrenatural que se convierte en ser solitario e inalcanzable. A veces, siendo consciente y otras sin serlo, se convierte en una mantis religiosa del amor y el deseo. Y se confunde o se funde la ficción con la realidad. Al final el rostro de Ava es un enigma apasionante.

Y ese diálogo sorprendente con el rostro de Ava puede ser entre una de las películas más desconocidas, y por ello menos valoradas, de George Cukor, Cruce de destinos, en la década de los cincuenta. Y con una película oculta y más desconocida todavía, La viuda del diablo, de nacionalidad británica, una rareza dirigida por el actor Roddy McDowall (de niño prodigio en el Hollywood clásico al éxito arrollador en la saga del Planeta de los simios) en el año que inauguraba la década de los setenta.

Durante este mes de diciembre el rostro de Ava ha vuelto con fuerza y es una buena oportunidad para descubrir títulos de su fimografía. Su presencia en los medios de comunicación es de nuevo inevitable porque fue uno de los amores más atormentados de Frank Sinatra, que está protagonizando un centenario lleno de recuerdos y memoria. Sinatra conoció a Ava, vivieron su historia con pasiones y tormentas, luego quedó la amistad, pero entre ellos se topó el magnetismo que sintió la actriz por España, donde se quedó durante años atrapada; abandonó muchas cosas, entre ellas a Frank. Por eso, ahora, Ava es un rostro de actualidad.

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La fortaleza escondida (Kakushi Toride no San-Akunin, 1958) de Akira Kurosawa

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A unos días de que se estrene La guerra de las galaxias: el despertar de la fuerza, séptima entrega de la saga que inauguró en 1977, George Lucas; recuperamos La fortaleza escondida. Pues una de las miradas sobre esta película de Akira Kurosawa es buscar las fuentes de inspiración de Lucas (pues reconoció que era uno de sus referentes) para su primera película en las galaxias. Sin embargo, La fortaleza escondida se mantiene ella sola, sin negar cómo dialoga con la película de George Lucas, como una entretenida y divertida película japonesa dentro del género de aventuras. Akira Kurosawa no solo domina el género sino que sigue tendiendo ese puente entre Oriente y Occidente (él era un gran amante del cine americano) que hacía que sus películas llegaran al otro lado del océano con un entendimiento de sensibilidades.

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Banquete de bodas (The catered affair, 1956) de Richard Brooks

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Banquete de bodas dentro de la historia del cine tiene un contexto claro. Sí, durante los años cincuenta, en el seno de Hollywood, nacieron varios largometrajes con un acusado realismo social, que bebían de fuentes inspiradoras ubicadas en el cine europeo (ese afán por estar cerca de las personas más humildes, de sacar la cámara a las calles o estar inmersa en la intimidad de las cuatro paredes, esas ganas de contar historias relevantes sobre dramas sociales y sobre temas controvertidos…) y en la televisión americana (curiosamente nuevos cineastas se formarían en este medio y serían conocidos como la Generación de la televisión). Fuentes inspiradoras que tuvieron su cordón umbilical en el Neorrealismo italiano. Estos largometrajes americanos se alejaban del glamour, algunos estaban protagonizados por estrellas que se borraban de golpe esa imagen y se convertían en ciudadanos de a pie, en vecinos. Curiosamente, antes estas historias se habían filmado para la televisión (en ese momento era un medio que se acercaba más al mundo real) y funcionaban de tal manera que los estudios decidían convertirlos en películas. Esta corriente ha seguido teniendo su evolución y su diálogo con otras películas más contemporáneas. En concreto Banquete de bodas haría una buena sesión continua con uno de los exponentes del cine social británico, Ken Loach, y su película Lloviendo piedras. En vez de un banquete de bodas, se cambia el conflicto por un vestido y una buena ceremonia de Primera Comunión.

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Romeo y Julieta (Romeo and Juliet, 1936) de George Cukor

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… érase una vez un hombre, productor de cine, que le llamaron niño prodigio de Hollywood (uno de muchos), y que para siempre literariamente quedó como personaje trágico, como el último magnate (en la inacabada novela de Fitzgerald). Siempre de delicada salud, murió a los 37 años… y creyó poseer una sensibilidad especial y concebía el cine como arte de calidad pero también como industria, las películas tenían que ser rentables (así los outsiders como Erich von Stroheim no hicieron buenas migas con el joven y fiero capitalista con aires refinados). Olfateaba entre guiones y elegía estrellas. Era la sombra alargada tras películas que llenaban salas de cine. Él fue uno de los que fueron dando personalidad propia y un sello de calidad a las producciones de la Metro-Goldwyn-Mayer. Cómo no, se enamoró de una estrella, se casó y se obsesionó con ella. Ahora ella es una sombra olvidada pero durante los años treinta era una de las reinas, Norma Shearer. Su marido, el productor, se ocupó de ello.

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