companerosmortales

Compañeros mortales es el primer largometraje de Sam Peckinpah. Y como todos los primeros largometrajes esconde ya claves para reconocer a su director en su obra cinematográfica posterior. Y es bastante normal que empezara con el western, pues sus primeros trabajos televisivos iban orientados hacia este género. Precisamente Brian Keith, el actor principal de una de las series de televisión donde había trabajado como director, The Westerner, recomendó a Sam como director de esta película. Y también en este rodaje comenzó la lucha de Peckinpah contra los productores, o hacia aquellos que consideraba frenaban su espíritu creativo. En su primera película ya aparece una violencia, de momento contenida, que iría estallando a lo largo de su filmografía. Así como un tono crepuscular y desencantado… con la construcción de una historia de amor de dos personajes al margen. Personajes tan queridos por el director, que vivió en sus entrañas el desarraigo, autodestruyéndose poco a poco con el alcohol y las drogas.

Compañeros mortales cuenta un extraño viaje de personajes marginales y unidos en un principio tanto por la fuerza como por oscuros motivos de venganza y pasado. Tres hombres, una mujer y el ataúd de un niño se dirigen a un fantasmal pueblo a través de un paisaje desértico con amenazas externas (los apaches) además de lidiar con las heridas internas…

El conflicto arranca a través de un enfrentamiento violento en un pueblo que termina con la muerte accidental de un niño de nueve años, hijo de una de las chicas del Saloon. Esta anteriormente en una misa, celebrada en el bar, ha sido menospreciada por las demás mujeres, que la acusan de ser madre soltera, de desconocer quién es el padre del pequeño y por el trabajo que ejerce. Así sumida en el dolor, decide que no quiere enterrar allí a su hijo, sino llevarle al cementerio donde su marido está enterrado…, una historia que nunca nadie quiso creer. Nadie quiere acompañarla en su travesía, solo tres forasteros que han llegado al pueblo con la intención de robar el banco. Uno de ellos es el que accidentalmente mató al muchacho. Los otros dos se unen, uno porque se siente atraído físicamente por la mujer y el otro porque va donde este vaya.

Compañeros mortales tiene un tono de desencanto y elegía que va narrando con calma una historia de amor entre dos personajes rotos y frágiles, la chica de saloon y el forajido que nunca se quita su sombrero y que lleva cinco años tratando del culminar una venganza. Ella tiene el rostro de Maureen O’Hara (la gran dama del western y de aventuras exóticas) y él es Brian Keith, un tipo duro. Es curioso que ese mismo año la misma pareja triunfaría con otra película totalmente diferente y muy popular, Tú a Boston y yo a California. Lo que demostraron en ambas es que había una química especial.

La violencia siempre está presente a lo largo de todo el camino… pero todavía no estalla como en las obras posteriores de Peckinpah. En el modo en que Brian Keith, un héroe solitario que arrastra un pasado doloroso que se oculta bajo su sombrero, conoce a sus dos compañeros de andanzas (luego se va revelando que se une a ellos para culminar una venganza que le hace sobrevivir en su día a día). Dos compañeros rudos y violentos, un pistolero sin escrúpulos (Steve Cochran) y un hombre mayor que va arrastrando su locura (Chill Wills). En la manera en que transcurre el tiroteo en el pueblo adonde llegan que culmina con la muerte del pequeño. En sus encuentros con los apaches (los indios aparecen de manera estereotipada y sin personalidad alguna, solo hay uno que se distingue respecto a los demás pero apenas tiene identidad dramática, solo actúa como amenaza)… y en la resolución final del relato (que es donde más se contiene… y parece ser que por imperativos de producción) donde prima la historia de amor para poder dotar a sus dos personajes de un posible futuro común.

Es muy interesante el visionado de esta película porque aunque no es redonda pueden verse las semillas cinematográficas del futuro realizador Sam Peckinpah (y el principio de su autodestructiva personalidad) y permite descubrir un western desesperanzado y trágico que logra describir una sensible relación entre dos personas rotas.

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