Entre las dos películas de esta sesión doble pasaron catorce años. Y el rostro de Ava Gardner, como ya mostró Isaki Lacuesta en su documental La noche que no acaba, dialoga de una película a otra. Su rostro da valor a muchas de las películas en las que apareció. Y la historia real (la de la actriz insatisfecha con casi todas las películas en las que tuvo que aparecer) así como la imagen fílmica que se fue construyendo a través de los distintos personajes que encarnó dibujan un rostro en movimiento, con vida. Una mujer de una belleza casi sobrenatural que se convierte en ser solitario e inalcanzable. A veces, siendo consciente y otras sin serlo, se convierte en una mantis religiosa del amor y el deseo. Y se confunde o se funde la ficción con la realidad. Al final el rostro de Ava es un enigma apasionante.

Y ese diálogo sorprendente con el rostro de Ava puede ser entre una de las películas más desconocidas, y por ello menos valoradas, de George Cukor, Cruce de destinos, en la década de los cincuenta. Y con una película oculta y más desconocida todavía, La viuda del diablo, de nacionalidad británica, una rareza dirigida por el actor Roddy McDowall (de niño prodigio en el Hollywood clásico al éxito arrollador en la saga del Planeta de los simios) en el año que inauguraba la década de los setenta.

Durante este mes de diciembre el rostro de Ava ha vuelto con fuerza y es una buena oportunidad para descubrir títulos de su fimografía. Su presencia en los medios de comunicación es de nuevo inevitable porque fue uno de los amores más atormentados de Frank Sinatra, que está protagonizando un centenario lleno de recuerdos y memoria. Sinatra conoció a Ava, vivieron su historia con pasiones y tormentas, luego quedó la amistad, pero entre ellos se topó el magnetismo que sintió la actriz por España, donde se quedó durante años atrapada; abandonó muchas cosas, entre ellas a Frank. Por eso, ahora, Ava es un rostro de actualidad.

Cruce de destinos (Bhowani Junction, 1956) de George Cukor

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El rostro de Ava es totalmente protagonista de este melodrama amoroso con un fondo histórico determinado. Sin su personaje, Victoria Jones, no hay historia… porque todo lo que ocurre gira alrededor de ella. Nos situamos en la India, en los días que preceden a la definitiva declaración de independencia del imperio británico, son tiempos convulsos. La resistencia tiene dos frentes: el movimiento pacífico inspirado por Gandhi y el movimiento a través del terrorismo y la violencia. En medio del dilema una mujer mestiza, de padre británico y madre hindú, Victoria Jones. En esos tiempos convulsos, ella vive una profunda crisis de identidad que además se agrava con un asesinato…

Alrededor de su crisis de identidad pululan tres hombres, que representan tres mundos posibles para Victoria. El mestizo desarraigado, como ella, Patrick Taylor (Bill Travers), el coronel británico Rodney Savage (Stewart Granger) y el líder pacifista hindú pero conectado, a través de su madre, con el movimiento más violento, Ranjit Kasel (Francis Matthews).

La historia está contada desde el punto de vista del coronel británico que en un largo flash back cuenta a un superior la historia de Victoria y los últimos convulsos días antes de la retirada definitiva de los británicos de La India. Y desde el principio hasta el final el rostro bello de Ava es el gran protagonista: Ava, como la bella chica que se despide del soldado; Ava, como la chica uniformada que se responsabiliza de su trabajo en las líneas ferroviarias; Ava, con el miedo en su cara ante la agresión; Ava, vestida con ropas hindúes cuando recibe la llamada de su parte hindú; Ava, con ropa occidental y su melena al viento; Ava, desesperada, cuando por fin decide confesar pero antes se toma una ducha que casi es una medicina…

Siempre se emplea una frase manida para definir a George Cukor y es que era un director de mujeres. Cukor, por supuesto, era mucho más… pero sabía mimar a sus actrices y aquí Ava es cuidada y amada por el objetivo de la cámara. Además Cruce de destinos no deja de ser una rareza dentro de su filmografía donde el director une cine de aventuras con ritmo y tensión, con melodrama y cine histórico.

La viuda del diablo (The Ballad of Tam Lin, 1970) de Roddy McDowall

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Hay varios actores que dirigen una sola película y esta queda como una rareza (a veces absolutamente desconocida como es este caso). Siempre vienen a la cabeza Charles Laughton con La noche del cazador o Marlon Brando y El rostro impenetrable. Pero no son los únicos. Por ahí está el mismo Roddy McDowall o, por ejemplo, Jack Lemmon y su íntima y única película como director, Kotch.

Para llevar a cabo su extraña película, terror psicodélico y mucho más, Roddy McDowall visitó a su amiga Ava Gardner, que se acababa de mudar a Londres. Y la convenció para protagonizar su obra cinematográfica. De nuevo su rostro, de una belleza ya marchita pero con mucha historia detrás, da personalidad y vida a la película.

La viuda del diablo actualiza una vieja historia de hadas escocesa. En la película cuenta la historia de una mujer rica y mayor que quiere huir de la vejez… para ello se enamora de jóvenes amantes a los que no deja huir hasta que ella lo decide y se rodea de chicos y chicas que viven alrededor de ella en continua fiesta… Y para ello se necesitaba el magnetismo del rostro de Ava, todavía muy hermoso pero ajado, que se convierte en una especie de hada (su vestuario contribuye a ello de manera genial como ese traje del color del arcoíris) con un halo de mantis religiosa. Ava logra que esa hada, que no soporta cómo su joven amante (Ian McShane) cae en los brazos de la joven hija de un vicario y que ultima la peor de las venganzas, nos transmita su miedo a la vejez, la pérdida de la belleza y la muerte. Nos haga llegar la vulnerabilidad de la mantis religiosa.

Roddy McDowall crea una extraña y original historia de terror psicodélico, donde sobre todo la persecución final tiene mucho que ver con un viaje alucinógeno (prácticamente toda la película tiene ese aire de alucinación continua pero que va in crescendo…). El rostro de Ava queda como solitario y fuera de un mundo en el que quiere participar pero se le escapa… Lo saben sus ojos. Es una hada sin reino posible, pero todavía tremendamente hermosa… y eso la convierte en una peligrosa e irracional mantis religiosa.

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