Diccionario cinematográfico (211)

her

Ordenadores: Hay objetos que su uso es tan habitual o está tan unido a la vida del ser humano que es difícil que su asociación con el cine no sea fructífera. Así ocurre con los ordenadores… y desde la revolución de las nuevas tecnologías ya es un instrumento indispensable para muchos seres humanos.

… hasta tal punto que Spike Jonze crea una historia de amor entre un hombre solitario y la voz femenina de un sistema operativo que instala en su ordenador (y en otros dispositivos, claro). De eso trata Her (que me muero de ganas por ver).

Pero la relación entre los ordenadores y el cine empezó a ser fuerte en los años 80. Aunque hubo un antecedente inolvidable en el año 1968 cuando Kubrick mostró en 2001, odisea en el espacio a un ordenador inteligente a bordo de la nave espacial Discovery. Un ordenador encargado de controlar las funciones de dicha nave… Tenía un nombre Hal 9000 y habla diariamente con los astronautas como un compañero más. Todo es armonía hasta que empieza a tener ‘fallos’ informáticos que hacen peligrar la misión…

Durante los ochenta vimos películas como Juegos de guerra donde un jovencísimo Matthew Broderick era un experto en informática que armaba una buena cuando conectaba sin querer su ordenador al del Departamento de Defensa…, y ahí se encontraba desesperado por impedir una guerra nuclear… O no olvidamos Tron, donde Jeff Bridges era un hacker que se metía en el interior de un ordenador para enfrentarse a un programa peligroso… (hace poco han resucitado de nuevo la idea en forma de saga…).

En los noventa nos encontramos con Sneakers sobre expertos en ordenadores, intrigas, robos y un reparto con muchos nombres encabezado por Robert Redford. O los ordenadores y los e-mails nos sirven para contar una historia de amor de la pareja de moda en esos momentos, Tom Hanks y Meg Ryan, en Tienes un e-mail. La pobre Sandra Bullock lo pasaba mal en La Red. Ella era una mujer solitaria experta en virus informáticos y otros desperfectos de los sistemas. La intriga comienza cuando descubre un programa que permite acceder a bases de datos secretas…

En las películas del siglo XXI los ordenadores están presentes y son fundamentales en algunos argumentos. Por ejemplo La red social de David Fincher cuenta la historia del creador de Facebook… y claro los ordenadores son elemento fundamental de la película. O es imposible imaginar a la hacker Lisbeth Salander sin un ordenador… tanto la actriz de las versiones cinematográficas suecas (Noomi Rapace) como la actriz de la versión norteamericana (Rooney Mara) están unidas a su portátil.

Y las películas de Millenium permiten contemplar cómo han cambiado, por los ordenadores, las comisarias, las agencias de inteligencia o las redacciones de un periódico. Y cómo este cambio se ha trasladado al mundo del cine. Por ejemplo, en cuanto la metamorfosis de la redacción de un periódico se refleja perfectamente en una película protagonizada por Russell Crowe, un periodista de la vieja escuela. La película se titulaba La sombra del poder.

En las películas de intriga, el ordenador puede ser un elemento fundamental… Internet es una herramienta de búsqueda de información y de descubrimientos. Ahí se pueden encontrar fotografías, datos perdidos u ocultos o imágenes inquietantes… como ocurre en la interesante Enemy del canadiense Denis Villeneuve.

No hay duda: el ordenador se está convirtiendo en un objeto tan imprescindible en el cine como lo fue el teléfono…

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Diccionario cinematográfico (210)

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Funerales: … así el primero que me viene a la cabeza es el de Cuatro bodas y un funeral. Y es en ese funeral donde se recita un maravilloso poema W. H. Auden. Ya solo por esta escena merece la pena ver más de una vez este ya clásico de la comedia romántica.

Otro funeral en el cual no puedes evitar una emoción catártica es en Imitación a la vida. Melodrama puro y duro donde asistimos al funeral de una mujer humilde (el personaje de Juanita Moore) que alcanza sólo pleno protagonismo el día de su muerte. El momento gospel de Mahalia Jackson en la iglesia alcanza un alto grado emocional.

Imposible no sobrecogerse con el funeral de Denys Finch Hatton en Memorias de África… y esa Karen Blixen que trata de tirar arena…, su mano tiembla y no puede.

Por otro lado están esas películas de reencuentro o reuniones de amigos en el que uno fallece. Y el entierro sirve de punto de encuentro entre recuerdos y tristezas o de momento de catarsis final. Así nos encontramos en los funerales de Reencuentro de Lawrence Kasdan o en el de Pequeñas mentiras sin importancia de Gillaume Canet.

En algunos funerales, en los momentos previos cuando se vela al muerto, ocurren milagros o fenómenos extraños como demostraron Theodor Dreyer con La palabra, Carlos Reygadas con La luz silenciosa y Manoel de Oliveira en El extraño caso de Angélica.

Familias rotas por la muerte… y funerales que son puro grito. Como el de una madre que no entiende la pérdida de su hija. Que le parece lo más injusto. Así tenemos monólogo escalofriante después del funeral, delante de la tumba, de Sally Field en Magnolias de acero. O en otros casos el consuelo es recordar al ser amado a través de sus momentos felices en fotografías y con anécdotas felices como hace el personaje de Liam Neeson en el funeral de su esposa en Love Actually.

Como digo la muerte de un ser querido puede hacer pedazos una familia y que cada uno viva de manera muy distinta la ausencia. Que cada uno sufra su dolor como puede… Así Nanni Moretti nos muestra un entierro durísimo (y sus consecuencias) en La habitación del hijo.

También en los funerales pueden empezar extrañas historias de amor y amistad. Sus protagonistas tienen afición por acudir a funerales de desconocidos… Se encuentran y unen sus destinos así como sus gustos por asistir a estos actos. Acordémonos de Harold y Maude de Hal Ashby o de Restless de Gus van Sant.

… Hay personas que trabajan en una funeraria y la muerte es algo cotidiano en sus vidas. Estos trabajadores también han sido protagonistas de películas (incluso series). A principios de los años noventa conocimos a un director de funeraria con cara de Dan Aykroyd que tenía una hija casi en la adolescencia obsesionada con la muerte (no podía ser de otra manera)… en Mi chica. En esa misma película una experta maquilladora  (Jamie Lee Curtis) sin trabajo busca empleo… y en la funeraria lo encuentra. Encuentra empleo y el amor de Dan. También un director japonés, Yojiro Takita, contó la historia de un violoncelista en paro que encuentra trabajo en una funeraria limpiando los cuerpos y preparando a los fallecidos. Su vida dará un vuelco… Hablo de Despedidas.

Y aunque parezca imposible un funeral también genera buena comedia… Así una comedia británica gira en torno a un entierro delirante. Y la risa está servida en Un funeral de muerte de Frank Oz. O Shirley McLaine protagoniza al principio de Ella y sus maridos un funeral absurdo… donde los hombres que bajan un ataúd rosa por unas escaleras pierden el equilibrio y…

Otros permiten la fantasía… como la despedida deseada y el funeral alternativo de un cuentacuentos con el rostro Albert Finney en Big Fish.

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La palabra es vida. Ruby Sparks (Ruby Sparks, 2012) de Jonathan Dayton, Valerie Faris / La ladrona de libros (The book thief, 2013) de Brian Percival

Tanto en la Torá como en los Evangelios existen alusiones sobre que la palabra es vida. Así la palabra (el verbo) toma un significado trascendente y espiritual. Y aquel que domina el arte de la escritura o la oratoria logra ‘trascender’ porque transmite. Posee un poder. El poder de comunicar o de emocionar y por lo tanto de crear una reflexión, una idea, una sensación, un sentimiento en el otro. El que posee el don de la palabra, posee un don que le permite crear. Por eso la palabra y su buen uso suponen no sólo conocimiento sino libertad y amplitud de miras. Pero la palabra y su buen uso dan miedo en muchos ámbitos y en vez de fomentar su conocimiento se prefiere la existencia del analfabetismo y la ignorancia. Por eso se prefiere un conjunto de ciudadanos pobres en palabras y lecturas porque será más llevadero, más fácil de manipular y someter… más sencillo el arraigo de una simple frase (orden o prohibición) sin posible reflexión…

El axioma La palabra es vida (¿realmente se admite sin necesidad de demostración?) puede ser el hilo conductor de una buena programación cinematográfica donde la palabra es la protagonista porque da vida… Y podríamos empezar este ciclo con dos estrenos recientes (uno del año pasado y otro actualmente en cartelera).

Ruby Sparks (Ruby Sparks, 2012) de Jonathan Dayton, Valerie Faris

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Ruby Sparks es una interesantísima película que juega al género de comedia romántica (otra demostración de las valiosas variantes y evoluciones que están produciéndose en dicho género) para hablarnos de cómo la palabra genera vida. Y lo lleva hasta sus últimas consecuencias. Así toma por otra parte un argumento universal (poderosa herramienta la que proporcionaron los profesores J. Balló y X. Pérez): Pigmalión, y crea un relato cinematográfico original que lleva a la reflexión continua. Recordemos el mito: el artista Pigmalión busca a la mujer perfecta… así que va esculpiendo esculturas hasta que crea a Galatea y se enamora de ella. Por obra de Afrodita, diosa de amor, Galatea cobra vida…

En Ruby Sparks nos encontramos a un joven escritor que en su adolescencia escribió la gran novela pero que ahora se encuentra en una situación en la que es incapaz de escribir una sola línea. Está llevando a cabo un tratamiento psicológico y su estado emocional es frágil. Es un creador de éxito solitario e incapaz de relacionarse con los demás. Su mundo se limita a las conversaciones con su hermano, su psiquiatra y un chucho muy feo pero tierno… Un día su psiquiatra le hace una sugerencia. Y su máquina de escribir empieza a teclear. El joven escritor crea a una joven, Ruby Sparks, que le encanta tal y como es su feo chucho. A partir de ahí no deja de crear un personaje… y un día, de la noche a la mañana, de una manera simple, Ruby Sparks se materializa en su vida. Ahí está la joven… de carne y hueso.

Así el joven escritor pretende que su ‘creación’ sea libre hasta que siente el temor de perderla. Y entonces no puede evitar su intromisión como creador. Y seguir escribiendo y moldeando… pero esto no le hace feliz porque Ruby le ama porque él lo escribe, no por la propia libertad del personaje de amarle a él como persona. Y esto termina convirtiéndose en una tremenda encerrona y una triste jaula. La culminación llega cuando el joven escritor confiesa a Ruby su procedencia y ante una máquina de escribir y con ella presente la ‘somete’ a su poder ante la impotencia del personaje femenino… Impresionante.

La ladrona de libros (The book thief, 2013) de Brian Percival

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Hay algunas películas que tienen una cualidad en sí mismas: son contadoras de historias. Y como tales hay que vivirlas. Y esa es la máxima cualidad de La ladrona de libros: que narra muy bien una historia. Y esa historia transcurre en un periodo de tiempo determinado de 1938 hasta el final de la segunda guerra mundial en una pequeña localidad alemana (que hablan en inglés con algún término en alemán… una de las maravillas de la inverosimilitud en el cine que nada importa cuando te mece en una historia). Una historia que ilustra el poder de la palabra y que cuenta cómo la palabra es vida. Así el narrador irónico y tierno de esta historia es ni más ni menos que la muerte, una muerte cercana, que a todos nos llega. Y él es el cuentacuentos. Nos acerca a la historia de una niña, Liesel, y su relación con las palabras. La muerte es la que mantiene el equilibrio de esta historia, entre lo sublime y lo mundano sin tocar la fina línea del ridículo o de lo cursi, porque su narrador es inteligente.

Así nos cuenta el paso a la madurez de Liesel en un mundo complejo, de prohibición de libros y palabras… para sepultar la humanidad, lo humano. Y ese paso a la madurez será a través de la palabra, de la lectura, de la escritura, del poder de contar historias y mantener viva la memoria (y con ella a las personas). Del poder de las palabras para reflexionar, para dudar, para ser más libres, para cuestionar y criticar (pero crítica constructiva). Contará con varios maestros: su padre adoptivo (que le enseñará a leer y creará para ella un diccionario muy especial en las paredes del sótano), una mujer triste por la ausencia del hijo que abrirá las puertas de una biblioteca llena de libros y un joven judío que se oculta en casa de sus padres adoptivos que la animará a que ‘mire’ con las palabras. Que cuente. Que escriba… y será el que le diga un secreto de la Torá, la palabra es vida. Así le proporcionará un valioso regalo: un libro con las páginas en blanco… en espera de ser creado.

La muerte así sigue la trayectoria de Liesel para realizar la confesión de que conociendo a personas como ella… a veces le entra cierta nostalgia por entender la vida…

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Reflexiones sobre la comedia romántica contemporánea: Crazy, stupid, love (Crazy, stupid, love, 2011) de Glenn Ficarra y John Requa/Don Jon (Don Jon, 2013) de Joseph Gordon-Levitt

Estas dos comedias románticas no sólo reflexionan sobre este género a la hora de desarrollar sus historias sino que además comparten a una de sus actrices: Julianne Moore. Las dos películas son conscientes de su condición de comedia romántica (y ambas realizan el rizo de hablar sobre cine en el cine y cómo este arte afecta a nuestras vidas y forma de relacionarnos) y además aunque no sean redondas se convierten en obras con un halo especial y extraño que las hace únicas y frescas. De ambas surgen cuestiones sobre los caminos que recorre dicho género. Y las dos saben a lo que están jugando. No proponen una nueva formulación o un paso más innovador, sino que reflexionan sobre el propio género (a este dúo sumaría Con derecho a roce pero me parece la propuesta más floja de las tres… aunque tiene esa cualidad de frescura y reflexión).

Crazy, stupid, love (Crazy, stupid, love, 2011) de Glenn Ficarra y John Requa

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Cine dentro del cine o influencia de dicho género en la propia narrativa de la película. En la escena romántica entre los personajes de Ryan Gosling (un conquistador musculitos de una chica para cada noche) y Emma Stone (chica seria e inteligente que enamora al musculitos), ésta le pregunta que qué hace antes de llevarse a su conquista femenina a la cama. El personaje de Ryan Gosling le dice que emplea una fórmula que jamás le falla. Y es decirle a sus conquistas que es capaz de realizar el paso de baile de Dirty Dancing. Les reta a que prueben el salto y que él logrará sostenerlas… y después directos a la cama. Obviamente terminan ensayando el salto… pero precisamente lo romántico en esta escena es el grado de confianza que alcanzan los dos personajes que en un principio iban simplemente a pasar una noche de sexo (uno por costumbre, y la otra por despecho) y al final se quedan toda la noche dale que te pego a golpe de charla y risas. Cine dentro del cine y además comedia romántica al cien por cien…

Llevaba tiempo detrás  de esta película, pues ambos directores ya me llamaron la atención con otra propuesta cinematográfica imperfecta pero distinta que no me dejó indiferente y me desconcertó bastante, Phillip Morris, ¡te quiero! (otra comedia romántica-onírica-dramática sobre una pareja de homosexuales que se enamoran en la cárcel)… Con Crazy, stupid, love disfruté de una comedia romántica que trata de romper con los estereotipos del género para finalmente construir una comedia romántica… parece un rompecabezas absurdo pero funciona (lo mismo pasa con Don Jon). Y la premisa de la que parte es que tanto los espectadores que ven la película como los propios personajes son consumidores de comedia romántica (y ésta influye en sus vidas y en sus relaciones personales… más bien en sus ensoñaciones personales). Y jugando con esta premisa y rompiendo los estereotipos… finalmente se construye una película de género. Así se forma una especie de bucle cinéfilo… la comedia romántica tiene unos códigos y se puede jugar a romperlos pero lo que tiene que resultar al final es una película con los ingredientes del género… Los personajes tratan de huir de los estereotipos pero finalmente viven una comedia romántica. Estas dos películas rompen y reconstruyen a la vez… y el resultado funciona.

La película empieza por donde ninguna comedia romántica lo hace (y no me estoy refiriendo a Dos en la carretera u otras comedias clásicas sino al género de comedia romántica como se conoce ahora y que indagamos sus orígenes a partir de Cuando Harry se encontró a Sally…). Se muestra un local pero sólo vemos los pies bajo las mesas… que se interrelacionan y comunican. Hasta que llegamos a una mesa con unas playeras y unos tacones distanciados, sin comunicación… después nos ponen los rostros a los que pertenecen dichos pies. Un matrimonio formado por Steve Carell y Julianne Moore. Ésta le comunica, en un momento cómico y brusco, que quiere el divorcio… Y el título de la película hace su aparición.

Crazy, stupid, love resulta porque no esconde lo que es pero a la vez es como si quisiera romper los códigos del género al que pertenece y demostrara que no es posible porque lo que quiere contar es una historia de amor con gotas de humor. Así a través de tres generaciones distintas construye lo que sabemos desde el principio, una comedia romántica de la que terminamos disfrutando sin complejos (y por unas buenas interpretaciones de actores con química y buenos momentos tanto humorísticos como románticos). El matrimonio maduro a punto de romperse por la monotonía donde muestra la vida del uno sin el otro y cómo encaran la ruptura de muy diferentes maneras… para darse cuenta (de algo que ya sabíamos) que terminarán juntos de nuevo (con la aparición estelar de un personaje secundario genial con el rostro de Marisa Tomei). Después la historia de dos jóvenes con distintas concepciones del amor (el don juan musculitos y la tía seria que busca el hombre ideal) que terminarán en el mismo barco (Ryan Gosling y Emma Stone) y por último el amor adolescente, platónico y no correspondido: el que siente el hijo del matrimonio, de 13 años, por su joven canguro, de 17.

Don Jon (Don Jon, 2013) de Joseph Gordon-Levitt

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El debut de Joseph Gordon-Levitt propone una película aparentemente superficial con una pareja de lo menos romántico: un musculitos adicto a la pornografía, católico hasta la médula, que sólo le interesa su coche, su familia, sus amigos, su gimnasio, una limpieza meticulosa y sus salidas nocturnas… y una choni adicta a las comedias románticas que busca ser una princesa con el príncipe azul perfecto según su cabeza. Y he de decir que Joseph Gordon-Levitt y Scarlett Johansson están perfectos en sus roles. Así oímos la voz del protagonista que explica por qué es mejor el porno que una relación sexual real y por qué merece más la pena que una comedia romántica… mientras su choni pierde el norte ante una de esas películas y se esmera por cambiar a su novio al tipo de príncipe que busca. Mientras ninguno de los dos consigue comunicarse, los dos tratan de presentarse como una pareja ideal y maravillosa ante los demás.

Y tras estos personajes superficiales surge su incomunicación, insatisfacción, miedo y vacío. La comedia esconde un drama. Y aparece así el tercer personaje en cuestión… la mujer con rostro de Julianne Moore que se acerca a musculitos en unas clases nocturnas (impuestas por la choni para que su príncipe encuentre un trabajo mejor y con futuro). Y en ese personaje surge lo que Joseph Gordon-Levitt nos quiere contar (y lo que a muchos espectadores les ha decepcionado… a mí me parece un giro brillante): desmonta una comedia romántica con una historia de amor imposible (y más bien trágica) para finalmente reconstruir ante nuestra mirada una comedia romántica que devuelve una dimensión a un mito: la redención de un Don Juan con más músculo que cerebro.

Y ese personaje es el que logra que una espectadora se acerque también a Don Jon y su princesa choni y empatice con ellos. Los entienda. Es ella la que saca la ternura y la vulnerabilidad del personaje. Y es ella la que después de dinamitar los fundamentos del género, los restablece. Pero lejos de verlo como un giro conservador y moral (como lo han vivido muchos), creo que Gordon-Levitt lo que quería era construir una comedia romántica pura que hablara sobre la incomunicación, la soledad, la frustración, la evasión para evitar el dolor… Y cómo el enamorarse, escuchar y respetar al otro puede ser también una evasión compartida, una huida del dolor, y un intento en construir relaciones y destruir soledades e inseguridades.

El personaje de Julianne Moore no está metido con calzador sino que surge en el momento preciso. Muchos ven imposible que se interese o se fije en Don Jon… precisamente creo que es posible porque ella lo que busca en ese momento de su vida es la evasión, alejarse lo más posible de su realidad cotidiana. Siente que con alguien como Don Jon podrá evadirse pero ella no es egoísta como lo es Don Jon (que lo es como estrategia de supervivencia y por miedo) sino que quiere compartir esa evasión con él… Y así es la única que se acerca a la esencia del personaje de Don Jon y que logra un clic en su persona, una vía para la transformación y el cambio. No es el príncipe azul de la princesa choni pero sí puede ser alguien con quien compartir una huida, un dolor. No es más que otra comedia romántica… y a mí eso me atrapó…

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Diccionario cinematográfico (202)

lajovendelaperla

Joyas: son muchas las joyas que vienen a mi cabeza que adornaron y adornan los fotogramas de una galeria de películas… Sólo una muestra de pendientes, collares y anillos para elegir…

Pendientes: Madame M… gira alrededor de unos pendientes que pasan de mano en mano y cambian drásticamente el destino de su dueña…

Mamá Joad se despide de su hogar mirándose al espejo mientras se coloca unos pendientes. Es como si fuera el último momento para sí misma. El último momento de coquetería… algo que nunca se ha podido ni podrá permitirse. Todo en la tremenda Las uvas de la ira.

La joven de la perla, un cuadro tiene un matiz distinto si la modelo finalmente se perfora la oreja y se pone una perla…

Collares: Pretty Woman se convierte definitivamente en Cenicienta vestida de medianoche cuando a su traje rojo y a su elegante peinado para acudir a la Ópera (destino que ella no sabe hasta el final de la secuencia), el millonario empresario aporta un detalle más, un increíble collar de brillantes.

Sin embargo Satine nunca se siente tan cortesana cuando tiene que aceptar el laborioso collar que le ofrece el hombre al que no ama, el duque malvado y ridículo. Y ese collar-regalo no puede aceptarlo. Le quema el cuello. Moulin Rouge ha dejado tiempos alegres y locos para convertirse en un melodrama romántico.

Me entero de que uno de los relatos más impresionantes para servidora de Guy de Maupassant fue llevado a la pantalla de cine en una película sueca que era un trabajo colectivo de varios directores… y el episodio de El collar fue rodado por Gustav Molander y protagonizado por Ingrid Bergman (¡tengo que verlo!).

Anillos: Una de las escenas más divertidas de Cuatro bodas y un funeral tiene que ver con los anillos. Por otra parte los anillos de boda siempre están presentes. Aquí a los protagonistas, encargados de los anillos de los novios, se olvidan de ellos. Y en la Iglesia y en plena ceremonia tienen que conseguirlos… y los consiguen… pero ¡menuda cara que ponen los novios al ver sus ‘alianzas’! Bisuteria pura junto a un anillo heavy metal.

Una de las trilogías de los últimos tiempos, que adaptaba el universo de Tolkien, no hubiera podido existir sin un anillo…

… Todavía no he visto Las brujas de Zugarramurdi pero creo que todo arranca por un botín de miles de anillos…

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Ella y sus maridos (What a way to go!) de J. Lee Thompson

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Una viuda, toda de negro, baja las escaleras de una mansión pintada toda ella de rosa. Detrás seis hombres de negro desciende un ataúd rosa… uno de ellos tropieza y el ataúd primero y los hombres después o viceversa resbalan por las escaleras… así empieza Ella y sus maridos, una agradable comedia con suaves tintes negros, una cuidada estética y una original estructura. Una comedia caída en olvido por su complejidad y extraña mezcla de estilos visuales que logra sin embargo un equilibrio final… Es de esas historias que o bien entras en el juego o te quedas fuera. Y si entras el disfrute está asegurado.

La viuda es Louisa May Foster (Shirley MacLaine)… su siguiente paso es querer donar al Estado toda su fortuna. Obviamente la toman por loca y la llevan a un psiquiatra (Robert Cummings) que escuchará su historia. Louisa cree que es bruja pues siempre se ha querido casar por amor… pero, sin embargo, siempre propició que sus esposos, cuatro, se hicieran asquerosamente ricos (excepto uno que ya lo era pero sí logra dar un giro en su vida…) y ella se quedará como una esposa solitaria florero y posteriormente viuda.

El poder de esta viuda negra comienza cuando es una joven a la que su contradictoria madre (una divertida Margaret Dumont sin los Marx) la insta a que se case con el millonario del pueblo, Leonard Crawley (Dean Martin)… pero ella tiene los ojos puestos en el sensible, fracasado, pobre y lector de Henry David Thoreau, Edgar Hopper (Dick Van Dyke… no sólo fue deshollinador y fiel compañero de Mary Poppins)… todo lo contrario al prentendiente ideal.

… El primero que fallece por exceso de trabajo es Edgar Hopper (tras una humillante visita de su contrincante Crawley… al que decide desbancar de su puesto de hombre más rico de la localidad)… y luego todos los demás irán encadenados. Un pintor americano bohemio de París (divertida crítica a los artistas vanguardistas con un Paul Newman delirante), un súper millonario solitario que echa de menos sus raíces granjeras (elegante Robert Mitchum) y un mediocre artista de vodevil que termina convertido en una súper estrella de Hollywood (Gene Kelly).

Entre los divertimentos de esta película, además del sugerente reparto, está que cada historia —cada matrimonio de Louise— forma parte de un género o una forma de emplear el lenguaje cinematográfico. Siempre que narra sus cuatro matrimonios al ‘alucinado’ psiquiatra lo compara con un tipo de película (y así queda reflejado): una película de cine mudo, una película intelectual francesa en el periodo de Nouvelle Vague, una película glamurosa hollywoodiense emulando los lujosos melodramas o un musical…

La película también es una rareza dentro de la filmografía irregular del británico J. Lee Thompson donde la comedia no sería su género. Es recordado por producciones como Los cañones de Navarone o la interesante El cabo del miedo… y terminó sus días dirigiendo a un Charles Bronson justiciero. El guion estuvo en manos de dos especialistas en musicales, Betty Comden y Adolph Green (por ahí anda Gene Kelly… y una parte bastante musical con reminiscencias a Cantando bajo la lluvia). Este proyecto estaba pensado para Marilyn Monroe (que la verdad no hubiera estado nada mal en el papel) pero debido a su trágica muerte no pudo ser y el relevo fue para una McLaine pizpireta y divertida. También la película es puro lucimiento para el trabajo en vestuario de la famosa Edith Head… la viuda negra sale con un montón de vestidos, bañadores y complementos (y también peinados) según los maridos que tiene y sus ensoñaciones de película.

Inolvidable una Louisa May Foster feliz, por fin, con un hombre (no digo quién), besándole y abrazándole y diciéndole: mi querido fracasado…

Así no está mal en este verano que finaliza disfrutar de una extraña comedia con estética, glamour y una gran galeria de actores.

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Tres comedias y una tragicomedia: Llévame a la luna (Un plan parfait, 2012) de Pascal Chaumeil / Una mujer difamada (Libeled lady, 1936) de Jack Conway / La comedia de los horrores (The comedy of terrors, 1963) de Jacques Tourneur /Una canción para Marion (Song for Marion, 2012) de Paul Andrew Williams

El cine puede proporcionarnos unas vacaciones inolvidables. Y esta vez me voy a la risa. Tres comedias y una tragicomedia (como la vida misma). Grandes estrellas, glamour, viajes a lugares lejanos… incluso a la luna (o algo parecido con escala en África), amor mucho amor (con alguna lagrimilla), alguna que otra canción y ocio (especialmente pesca)… y unas dosis de humor negro (con homenaje a Richard Matheson).

Llévame a la luna (Un plan parfait, 2012) de Pascal Chaumeil

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A veces me pasa que sólo pido evasión y risas cuando entro en la sala de cine. Sí, soy así de simple. Así que cuando me sirven una buena comedia romántica con toques clásicos de screwball comedy y guerra de sexos me siento contenta. Y así me ocurrió la tarde de Llévame a la luna, comedia francesa, con una pareja insólita pero que funciona muy bien: Diane Kruger y Danny Boon (nuevo rey de la comedia francesa). Pero ¿quién da la sorpresa?: la hermosa y gélida Diane Kruger que posee una magnífica vis cómica (que ya dejaba intuir en Malditos bastardos).

Llévame a la luna es previsible (pero no importa) y quizá olvidable (tampoco importa) pero tiene varias escenas que provocan la carcajada y deja buen sabor de boca. A Diane y Danny siempre les quedarán sus aventuras africanas. Y Pascal Chaumeil emplea correctamente los mecanismos de la comedia romántica con dosis suaves de locura y mala leche.

Una mujer difamada (Libeled lady, 1936) de Jack Conway

Ahora nos vamos a una screwball comedy de los años 30. Ya sólo por su increíble reparto merece la pena inmiscuirse en Una mujer difamada de Jack Conway. Tenemos un cuarteto de oro y el secundario imprescindible: Myrna Loy y William Powell (actuaron juntos en un montón de películas y siempre proporcionaban una sensación de elegancia, glamour, risas —y a veces, las menos, drama— y burbujas…), Spencer Tracy y Jean Harlow. Del cuarteto la sorpresa es disfrutar de una Harlow en su papel de rubia tonta, descarada y sensual pero sensible y mujer enamorada. Además el secundario de oro es Walter Connolly, en un papel de millonario excéntrico.

La trama es compleja y enrevesada pero llena de encanto donde todo el lío ocurre a partir de una noticia falsa en un periódico y una demanda millonaria. Jack Conway sabe imprimir un ritmo trepidante y unos diálogos chispeantes así como varias escenas delirantes. Lo que más me ha llamado la atención es que quizá a Howard Hawks le vino la inspiración, si vio en su momento esta película, para una de sus más delirantes y divertidas comedias, Su juego favorito. Tanto William Powell como Rock Hudson regalan escenas divertidísimas como pescadores ‘expertos’.

La comedia de los horrores (The comedy of terrors, 1963) de Jacques Tourneur

Otra sorpresa inesperada ha sido toparme con La comedia de los horrores y disfrutarla en cada momento con un divertidísimo guión repleto de humor negro de Richard Matheson (que nos dejó hace poco y está siendo recordada su contribución al mundo del cine… así que ahí va mi homenaje). Así Tourneur crea un divertimento de humor negro lleno de encanto con una genial galería de actores y un gato inolvidable.

Así nos topamos con el enterrador borracho y su ayudante (Vincent Price, Peter Lorre), la esposa frustrada cantante de ópera (Joyce Jameson) o el padre anciano y sordo (Boris Karloff)… pero la sorpresa es ese muerto ‘tan especial’, el papel que me produjo más carcajadas en cada una de sus apariciones (¡Basil Rathbone a tus pies!).

Una película artesanal, realizada con cariño y mucho buen humor (aunque sea negro), donde todo provoca sonrisa y carcajada. ¡Y qué bueno volver a encontrarse con la cara especial de Joe E. Brown (… que alcanzó la inmortalidad con su ‘Nadie es perfecto’)! Así esta vez en la intimidad del hogar el espectador va de la funeraria al cementerio o a mansiones de hombres solitarios con carcajadas en el recorrido.

Una canción para Marion (Song for Marion, 2012) de Paul Andrew Williams

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Película británica sencilla, tragicomedia amable que deja ver el buen trabajo de dos intérpretes que son leyendas del cine. Buen cine británico con fondo social con momentos musicales para el recuerdo. Y sólo por los dos ancianos actores protagonistas merece la pena disfrutar de Una canción para Marion. Ellos son Vanessa Redgrave y Terence Stamp. Ambos se convierten en un matrimonio: ella, enferma de cáncer; él, abuelo cascarrabias con pánico a perderla. Ella consigue sacar fuerzas para acudir a un coro de personas mayores muy especial… y él encontrará ahí la energía para seguir adelante. Una pieza clave será la joven profesora (Gemma Arteton). Una canción para Marion es la versión en ficción del documental Corazones rebeldes. El documental mostraba un coro muy especial de abuelos que interpretaban canciones muy pero que muy rockeras.

Y a mí me ganó por los solos musicales que tienen en distintos momentos de la película Vanessa Redgrave y Terence Stamp. Momentos filmados con sencillez y elegancia y que ambos son capaces de que el espectador más exigente llegue a echar una lágrima, aunque sea disimuladamente. Paul Andrew Williams guarda bien el equilibrio entre comedia, tragedia y emoción. Así la película fluctúa entre la melancolía, la tristeza y la sonrisa tranquila de que la vida a pesar de los pesares continúa… y puede guardar momentos bonitos. En varias reseñas se ha señalado que Una canción para Marion es el reverso amable (y no tiene por qué ser peyorativa esta visión) de Amor de Michael Haneke. Y estoy muy de acuerdo.

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Candidata a millonaria (Hands across the table, 1935) de Mitchell Leisen

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Mi idilio con Mitchell Leisen continua y cada nuevo descubrimiento de su filmografía es una absoluta fiesta. Así de nuevo me ocurre lo mismo con Candidata a millonaria. Una mezcla de screwball comedy con toques suaves de realismo social, comedia romántica y un poco de melo.

Leisen como la vida misma mezclaba drama y comedia, su ejemplo más radical ocurre en Adelante mi amor. Y también llevó a cabo melodramas como Si no amaneciera o La vida íntima de Julia Norrism (todas estas películas ya las he comentado). Así que sabe mostrar las dos máscaras: comedia y tragedia y hacer que funcione.

Candidata a millonaria no es tan recordada como Medianoche ni tan redonda como Una chica afortunada pero está llena de encanto y de hallazgos que merecen la pena. Es una película que es bueno rescatar del olvido porque esconde muchas riquezas y aspectos que merece la pena analizar.

Un trío de intérpretes acostumbrados a estas lides: Carole Lombard, Fred MacMurray y Ralph Bellamy (el eterno el tercero en discordia y que casi nunca lograba quedarse con la chica…) y una historia que vista ahora a mí me sigue resultando muy moderna con diálogos chispeantes. De nuevo Leisen muestra su sabiduría a la hora de emplear el lenguaje cinematográfico. Además refleja ese cine cómico (con mucha ironía) con crítica social de fondo que surgió a partir del crack del 29 de ricos que se arruinan y pobres que siguen sobreviviendo y el encuentro entre dos mundos que suelen colisionar… pero siempre con las dosis de locura suficiente como para presentar un mundo al revés donde a través del caos surge la posibilidad de cumplir sueños… aunque sea con el mundo patas arriba. Así que estas películas son una medicina recomendable en estos tiempos.

La historia que nos presenta es simple (o compleja según se mire): una manicura, que trabaja en un gran hotel, tiene un sueño: ser una de las millonarias que ocupa las habitaciones del lugar donde trabaja. Quiere casarse con un millonario. De momento es una mujer independiente, con trabajo y casa, que vive el día a día. Ella se llama Regi Allen y tiene el rostro de una de las reinas del screwball comedy: Carole Lombard (en su filmografía tiene personajes inolvidables pero yo siempre reseño mi personaje favorito de esta rubia irrepetible, Irene Bullock, de Al servicio de las damas… ¡por favor que alguien saque una edición en dvd o blu ray decente, la película lo merece y siempre la he visto en copias malísimas!).

Así que esta manicura conoce a la vez a dos hombres: un millonario que tuvo un accidente de aviación y ahora se encuentra postrado en silla de ruedas y un playboy que perdió toda su fortuna en la crisis del 29 y ahora lo único que desea es casarse con una millonaria (dentro de sus planes no entra encontrar un trabajo). El azar le pone en bandeja dos posibilidades de futuro: el aviador (Ralph Bellamy) se convierte en su mejor amigo y podría ser un buen matrimonio de conveniencia y el playboy (Fred MacMurray, jovencísimo y con sus buenos inicios en el mundo screwball comedy) le promete toda una vida de incertidumbres pero con pasión y enamoramiento.

Durante todas las mañanas, desde que se conocen, el aviador pide que a su habitación suba la manicura para arreglarle las manos y de paso animarle y alegrarle el día con sus conversaciones, sueños y confesiones y durante varios días el playboy se instala en casa de la manicura porque tiene que simular frente a su futura esposa que se ha ido unos días a las Bahamas.

El aviador avisa a la manicura que contra el amor nada se puede… que si aparece alguien en su camino sin dinero pero con mucho amor que ofrecer, ése será el elegido. Ella lo niega una y otra vez. Y con el playboy, cuando descubren que ambos tienen el mismo objetivo: casarse con un millonario/a… saben que son de la misma calaña, unos canallas y que entre ellos no puede surgir el amor… pero se lo pasan tan bien juntos…

Así Mitchell Leisen, como es habitual, se mueve maravillosamente en los espacios cerrados y la historia transcurre entre los aposentos del hotel y el hogar de la manicura… con espacios de diversión como restaurantes y salas de baile (y no puede faltar un taxi) para la primera noche de la manicura y el playboy juntos. Todos los personajes secundarios tienen su función y su historia detrás de un gesto (aunque apenas tengan diálogo) como el personal de servicio de la futura esposa del playboy o el encantador mayordomo del aviador. Además Leisen siempre se rodeaba de buenos (pero muy buenos) guionistas que consiguen entre otras cosas diálogos con chispa que da gusto escucharlos y desentrañarlos. Siempre descubres algo nuevo. Y por último Leisen filma comedia romántica por eso regala un beso en primer plano precioso entre Lombard y McMurray (trabajaron en cuatro películas juntos y dos de Leisen, ésta y Comenzó en el trópico, película que todavía no he visto).

Y Candidata a millonaria muestra cómo la felicidad puede encontrarse en un colchón en una terraza mirando las estrellas…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Bajo los techos de París (Sous les toits de Paris, 1930) de René Clair

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… los tejados de un barrio de París… y una escena en un callejón. Un cantante callejero, acompañado por un acordeonista ciego, entona una canción popular, del momento, y vende a la vez la letra de la canción con la partitura. Los vecinos se reúnen alrededor de él e improvisa un coro en medio de la calle. De pronto René Clair consigue atrapar algo de manera sencilla y preciosa: un momento, un instante efímero pero lleno de vida. Los vecinos entonan la canción, hay distintas acciones y miradas… y presentaciones de los personajes. Puro cine.

Ahí nos encontramos a casi todos los protagonistas de esta sencilla, nostálgica y poética narración cinematográfica sobre los bajos fondos parisinos. Un universo poblado por callejuelas estrechas, bailes populares, bares o cafés, peleas nocturnas junto a las farolas y a las vías del tren, pequeñas habitaciones, reuniones de vecinos, escaleras donde habitan bohemios, carteristas, artistas, artesanos, ladrones de poca monta, inmigrantes…

En esta primera escena aparece la joven inmigrante Pola, el cantante callejero Albert, su amigo el carterista y Fred, el jefe de una banda de ladrones. Más tarde en la barra de un bar aparece también el mejor amigo de Albert, Louis. Una amistad en la que siempre se están divirtiendo, compitiendo, jugando y peleándose… Así la película mezcla situaciones de comedia sentimental, con gotas de melodrama y cine de gánsteres. Pero el cóctel es tan sencillo y poético que funciona.

Lo poético se encuentra en los detalles y matices: un espejo roto que se convierte en un símbolo del amor imposible que siente Albert por Pola o los tejados de París o el reflejo de la vida de los vecinos a través de sus ventanas…

Y con esa plasmación de los instantes y la vida, René Clair nos habla de las complejidades del amor. Así la dulce Pola se convertirá en la mujer deseada por tres hombres y el destino construirá una historia donde también intervendrá el azar y la amistad. Así Pola se encontrará en los brazos del mafioso Fred, del romántico Albert y del más pragmático Louis.

Después de una historia de vidas cruzadas donde alguno saldrá con el corazón partido y otro conseguirá el corazón de la chica… y alguno que otro terminará en prisión así como otros afianzarán sus lazos de amistad, no queda otro modo de terminar la historia que de nuevo mostrando un coro callejero… porque la vida continúa y los techos de París.

René Clair se enfrenta así a su primer largometraje con éxito internacional (aunque el mayor éxito fue en su país de origen Francia) y además emplea por primera vez el sonido en el periodo en que las películas habladas empiezan a dejar atrás el cine silente. Pero el uso del sonido es para ayudarle a contar la historia, se sirve del sonido pero todavía realizando un uso preciso del lenguaje puramente visual del cine mudo. Así no hay largos diálogos o conversaciones, la mayoría de las veces no escuchamos esos diálogos tapados por la vitrina de un cristal o por el sonido de un tocadiscos…o por el jaleo de una trifulca. Muchas de las situaciones Clair las sigue solucionando de una manera visual y el sonido sólo es un pretexto para contar algo más o para que en los barrios de París se oiga cantar a sus vecinos o se les vea bailar al son de la música. A pesar de la ausencia de diálogos la historia puede seguirse perfectamente pues sigue siendo puro cine silente con acompañamiento de sonido.

Bajo los techos de París es una recreación nostálgica y poética de un París de los bajos fondos donde los artistas conviven con los carteristas y con los que menos tienen junto los inmigrantes y bohemios en una armonía ideal. Y como siempre es el amor el motor de las vidas de muchos de sus personajes. El amor por una chica o la camaradería entre amigos o la solidaridad entre vecinos…

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Hermanos en el cine: dos o más… (y tercera parte)

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Muchas son las películas donde los protagonistas son hermanos. Y protagonizan todas las modalidades y todos los géneros posibles. Hay hermanos que dan risa, otros nos hacen llorar. Algunos se aman, otros se hacen daño y otros se aman y se odian a la vez. Algunos se admiran entre sí o se decepcionan los unos con los otros. El de más allá recuerda y el de más acá siente nostalgia. Protagonizan cine negro, cine cómico, cine musical, melodrama… Y muchos se han convertido en inolvidables.

Así de manera desordenada vienen un montón de hermanos de ficción a mi cabeza. Los más recientes que habitan en mi cabeza son dos hermanos de vidas complejas y torturadas. No pueden evitar hacerse muchísimo daño porque habitan en un ‘sitio oscuro’ pero también se quieren y por ello sufren más el uno por el otro. Ninguno de los dos puede ser feliz y sobrevive cada uno como puede. Los dos son autodestructivos e incapaces de llevar las riendas emocionales de sus vidas. Se llaman Brandon y Sissy y vivimos con ellos unos días en Nueva York en Shame de Steve McQueen.

O también reciente es el retrato de dos hermanas que esperan de maneras muy diferentes el fin del mundo. El planeta Melancolía se estrella contra el mundo. Y es muy diferente, la fragilidad y vulnerabilidad de Justine, que desde su continua depresión y desorden emocional ya lo da todo por perdido luego se hace fuerte ante el final y el caos, y la seguridad y vida controlada de Claire que de pronto ve como toda su vida ordenada se desmorona y se le escapa todo de las manos.

Siguiendo con Kirsten Dunst que era el rostro de una de las hermanas ficticias que Lar von Triers llevó a las pantallas, vemos como también su rostro acompañaba a una de las hermanas de la familia Lisbon. Cinco hermanas perfectas y bellas de las que se enamoraban todos los chicos de barrio… pero que se convertían, sin explicación alguna, en las vírgenes suicidas.

Pero siguiendo también la estela del cine danés recuerdo la penúltima película de Thomas Vinterberg, Submarino, donde el director diseccionaba la dura historia de dos hermanos que viven un hecho traumático en su infancia que marca sus vidas para siempre. Impresionante. Por otra parte la realizadora Susanne Bier nos también la historia de dos narra en Hermanos. Uno de ellos, con su vida organizada y feliz tiene que irse a la guerra de Afganistán y el otro que llevaba una vida sin rumbo, el hermano pequeño, ante tal situación se responsabiliza de la familia de su hermano. Cuando el hermano, roto por una experiencia traumática en la guerra, regresa al hogar… estalla el conflicto.

Pero quiero ahora marcharme a la comedia. Y entonces la última comedia romántica que me ha gustado y mucho es El amigo de mi hermana. Donde se nos cuenta un fin de semana de enredos en una casa en la montaña. Los protagonistas son dos hermanas y el amigo de una de ellas.

Y siguiendo la estela de la alegría recuerdo uno de los musicales que más vi cuando era pequeña y que más me gustaba: Siete novias para siete hermanos. Me parecía el colmo de lo divertido esa casa en la montaña con siete rudos hermanos pero encantadores y cómo secuestran a las chicas de sus sueños y además las enamoran… Y mientras números musicales y canciones que me encantaban. Tanto es así que mis padres casi todos los domingos me despertaban con un disco de vinilo con la banda sonora de la película.

El cine clásico, el de blanco y negro, también nos regaló retratos inolvidables de hermanos. Recuerdo una de mis películas favoritas La ley del silencio y una de las tramas que más me gustan: la relación entre Terry, el boxeador fracasado, con su hermano mayor, Charlie, que trabaja para el gánster más poderoso del puerto. O me viene a la cabeza una cinta de cine negro La fuerza del destino donde Joe Morse, abogado que trabaja para un mafioso, tiene que perjudicar a su hermano mayor que lleva una pequeña casa de apuestas.

Otro filón para películas de distinta índole, normalmente de terror o misterio pero también para la risa son los hermanos gemelos. Así Robert Siodmak nos dejó A través del espejo con una Olivia de Havilland desdoblada en dos hermanas gemelas muy diferentes. O Cronenberg nos dejaba la inquietante Inseparables con dos hermanos gemelos pero antagónicos en sus personalidades. O la película de Walt Disney Tú a Boston y yo a California donde dos hermanas gemelas, que no se conocían porque al divorciarse sus padres cada uno se comprometió con el cuidado de una de sus hijas, se reencuentran en un campamento de verano y deciden que tienen un único objetivo: que sus padres vuelvan a enamorarse. En el terreno de comedia Fernando Trueba rizó el rizo y cuenta en Two Much la historia de un hombre que decide inventarse un gemelo para así poder seducir a dos hermanas (una es su novia y de la otra está enamorado).

Tampoco se olvidan las películas que rememoran la historia bíblica de Caín y Abel y uno de sus mejores ejemplos sin duda es Al este del edén de Elia Kazan donde vemos la compleja historia entre Cal y Aaron. El momento del conflicto estalla en un momento histórico convulso, antes de la intervención de EEUU en la Primera Guerra Mundial. Y esa relación es compleja porque ni Caín es tan malo ni Abel tan bueno, son dos jóvenes con sus partes luminosas y sus partes oscuras. Y para entender esa relación hay que comprender su infancia y la relación de ambos con su estricto padre.

Y otra forma de contar una historia es el de un hermano, normalmente el pequeño, que rememora su relación con el hermano más mayor (o también puede ser al contrario pero no es lo más normal). Así hace poco rescatamos del viejo baúl de películas Su propio infierno de John Frankenheimer donde nos cuenta cómo un joven adolescente va descubriendo el rostro oscuro de su hermano mayor al que admira desde siempre. También recuerdo otra película que me fascina La ley de la calle de Francis Ford Coppola donde un adolescente siempre habla con admiración de su hermano mayor, el chico de la moto y líder de las pandillas del barrio. Robert Redford dirigió la nostálgica El río de la vida donde somos testigos de la vida de dos hermanos, hijos de un pastor protestante, que llevan vidas bien diferentes pero unidos por una afición: la pesca. Malick dirigió Días del cielo narrada desde el punto de vista de una niña, Linda, que viaja con su hermano mayor Bill y la pareja de éste durante los duros años de la Depresión. O recuerdo también Propiedad condenada donde la narradora es otra niña que rememora la trágica historia, también en tiempos de Depresión, de su hermana mayor. Edward Furlong protagonizó dos películas como hermano pequeño que admira a su hermano mayor pero en unos contextos muy complejos. Una fue American History X donde su hermano mayor era un neonazi que termina en prisión y cuando regresa no quiere que su hermano pequeño siga sus mismos pasos. La otra se trata de Cuestión de sangre donde su hermano mayor es un asesino profesional.

Los hermanos de ficción dan para muchas buenas historias… y las que quedan por contar…

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