Ramillete de minicríticas: un cuento, una de dibujos, una de intriga, un thriller, una comedia musical y una película sobre la crisis económica

Cenicienta (Cinderella, 2015) de Kenneth Branagh

cenicientakenneth

A veces llama la atención la trayectoria de ciertos directores. Así ocurre con Kenneth Branagh, su carrera empezó a finales de los ochenta y se caracterizó por personales adaptaciones cinematográficas de las obras de Shakespeare y largos con firma de autor que reflejaron, por ejemplo, la radiografía de una generación, como Los amigos de Peter. De pronto cuando se traslada a trabajar a Hollywood y deja la cinematografía británica…, se convierte en un director de encargo que no obstante sabe lo que es dirigir. Así entrega una descafeinada Cenicienta sin ninguna imaginación, innovación o novedad en el cuento (todo lo contrario a sus adaptaciones de Shakespeare). La Cenicienta de Branagh, cercano a la imaginería que dejó la adaptación que realizó Disney en su versión de cine animado, sí deja ver su dominio como director en la puesta en escena y en su conocimiento de los recursos teatrales poniendo al servicio de la historia todo el artificio y sorpresa del teatro barroco así como el cuidado en la fastuosidad de los decorados y los vestuarios de los actores. Y consigue de nuevo enganchar al espectador, a través del asombro sobre el escenario de la historia, a un relato que conoce sobradamente.

El capital humano (Il capitale umano, 2014) de Paolo Virzi

elcapitalhumano

Paolo Virzi sigue analizando la evolución de las familias italianas (y las complejas relaciones entre los distintos miembros), y si en La prima cosa bella se centraba en la situación de una familia en los años setenta hasta la actualidad, en El capital humano se sirve del argumento de la novela de Stephen Amidon para realizar una radiografía actual de las familias italianas y cómo ha influido en ellas la crisis económica. Así con el atropello de un ciclista, analiza el comportamiento de una familia de clase alta y otra de clase media en un relato cinematográfico que cuenta con diferentes puntos de vista para llegar al mismo momento (el accidente) y narrar las implicaciones que supone este suceso en cada uno de los personajes. Cada punto de vista revela acontecimientos que no habíamos tenido en cuenta en miradas anteriores construyendo un relato demoledor sobre la Italia en crisis (sobre los que siempre ganan y los que siempre siguen perdiendo). Si bien uno de los puntos de vista es el más débil del relato y el más efectista (los amores adolescentes), la película deja el retrato demoledor de tres personajes interpretados por: Fabrizio Bentivoglio, Valeria Bruni Tedeschi y Fabrizio Gifuni. Como curiosidad comentar que quedaría un ciclo curioso sobre la crisis y el poder del dinero el proyectar El capital humano, Felices 140 y Relatos salvajes.

La familia Bélier (La famille Bélier, 2014) de Eric Lartigau

lafamiliabelier

La familia Bélier sabe dosificar la emotividad, el humor, la ternura, los momentos musicales en su punto justo. El conflicto surge cuando en una familia rural donde todos son sordos (los dos padres y el hermano menor), la hija, la única que oye, tiene un don para la música y decide participar en un concurso que la llevará a París. Tal y como han hecho “el reparto de responsabilidades y trabajo” en esta familia parece insustituible la labor de la joven, más todavía cuando su padre pretende presentarse a la elecciones locales. Así Eric Lartigau (nunca me había llamado la atención como director) construye una película-medicina que no solo deja canciones de Michel Sardou que emocionan (me sorprendí yo misma llorando sin parar mientras escuchaba “Je vais t’aime” y “Je vole”) sino unos personajes con los que es inevitable encariñarse. La familia Bélier es una comedia sensible y sencilla (a la que quitaría tan solo algún que otro chiste de índole sexual que me sobran totalmente en la trama y algún secundario excesivamente caricaturesco) que además cuenta con las buenas interpretaciones de François Damiens, que mantiene una química especial con la debutante y cantante Louane Emera (que cuenta su mejor baza con su naturalidad), Karin Viard y un carismático Eric Elmosnino como profesor de música. El director inserta recursos cinematográficos para “representar” el mundo silencioso o el propio de la protagonista viviendo con todos sus familiares sordos que funcionan, como la presentación de la protagonista dando especial importancia a todos los sonidos que solo ella puede escuchar o el momento en que ofrece “cómo oyen” los padres y su hermano la actuación de la protagonista en un festival escolar.

Odessa (The Odessa file, 1974) de Ronald Neame

Casi es un subgénero aquellas películas que cuentan el paradero de nazis después de la Segunda Guerra Mundial. Así es imposible olvidar títulos como Los niños del Brasil, Maraton Mann, La caja de música o la misma Odessa. Y las más recientes La conspiración del silencio o El médico alemán. Odessa narra la odisea (valga la redundancia) de un joven periodista alemán freelance, con el rostro de Jon Voight, que comienza a investigar el caso de un suicidio, un anciano judío. La casualidad y el destino le llevará a perseguir a un antiguo dirigente nazi, Eduard Roschmann (Maximilian Schell), que ahora vive como un respetable y rico empresario con otro nombre. Así el periodista descubre un movimiento que se dedica, precisamente, a dar otra identidad a nazis y a conseguir que de nuevo se hagan con el poder en Alemania ocupando importantes puestos. La cinta empieza cuando el periodista escucha en la radio de su coche la muerte del presidente de los EEUU, John F. Kennedy, y cómo presencia casi a la vez la salida de un cadáver de un portal, un cadáver al que probablemente ningún medio le dedicará unas líneas. Sin embargo esa muerte le pondrá tras una historia más unida a su pasado de lo que cree (ese pasado que la sociedad alemana quiere enterrar en el olvido y el silencio, algo que aprovechan las personas que ponen en marcha Odessa y que dificulta la lucha de otros por devolver la dignidad a las víctimas de un genocidio y por juzgar a los criminales). Ronald Neame crea un thriller con apasionantes persecuciones, escenas de tensión (como un “falso accidente” en el metro) y desvelos hasta un final inesperado.

Chacal (The Day of the Jackal, 1973) de Fred Zinnemann

chacal

Hay películas que cuentan con un personaje que es capaz de sostener toda una trama. Y esto ocurre con esta eficaz intriga que elabora el veterano Fred Zinneman. Chacal es un asesino contratado para matar al general Charles de Gaulle. Después de contextualizar la narración (explicar brevemente la situación histórica de Francia y que es la OAS), aparece el misterioso Chacal (Edward Fox), del que nadie sabe a ciencia cierta su verdadera identidad, y su laborioso plan para llevar a cabo su encargo: el perfecto asesinato de Charles de Gaulle. Y así se convierte en el rey de la función. Todo gira alrededor de él y su calculada y fría personalidad. Así la película intercala las acciones de Chacal con el proceso de investigación que llevan a cabo las autoridades francesas. El principal responsable de la investigación es un comisario con rostro de Michael Lonsdale, un tipo inteligente con pinta de funcionario gris que seguirá sin descanso a Chacal…

Paprika, detective de los sueños (Papurika, 2006) de Satoshi Kon

La animación japonesa, anime, es un terreno absolutamente rico (y muy desconocido para Hildy… aunque va indagando de vez en cuando en pequeñas dosis a base de recomendaciones de amigos entusiastas) y con una historia intensa. Dentro del anime japonés hay iconos. Algunas de estas películas saltan fronteras. Así las películas de Hayao Miyazaki o de Isao Takahata (ambos fundadores del mítico estudio Ghibli) tienen fieles apasionados más allá de Japón. Otro nombre con largometrajes de anime de culto es el de Satoshi Kon, que crea también su personal universo. Así sorprende la riqueza de Paprika, detective de los sueños que envuelve al espectador en un mundo onírico y sin sentido con un montón de referencias cinematográficas (que mejor representación del mundo de los sueños que una sala de cine). La animación ayuda a verter la imaginación desbordada y extraña por parte de Kon en la pantalla blanca y sus personajes se meten en sueños ajenos o en los propios o llegan momentos en que no sabemos si habitan el mundo real o onírico para desarrollar una complicada historia de detectives, científicos y tecnología punta. Todo entra en Paprika: la inconsciencia de los sueños, los miedos más profundos, el erotismo, la amistad, la fantasía y el amor desbordado y complejo. Este anime ha influido en cineastas como Christopher Nolan que sin duda antes de meterse en Origen, conocía el especial universo onírico de Kon en Paprika.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Orgullo (Pride, 2014) de Matthew Warchus

PRIDE

Uno de los géneros que domina bastante bien el cine británico es la tragicomedia social. Así hay una galería de películas con unos personajes que calan en el imaginario del público. Películas que apelan a la solidaridad en las comunidades de trabajadores. Que hablan de la vida dura pero también de que la unidad hace la fuerza. Y de que los seres humanos pueden unirse en determinados proyectos y conseguir metas inalcanzables. Pride es una de ellas…, son películas que muestran que la vida puede estar compuesta de días de pan pero también de rosas (así se nos recuerda en una escena clave donde en un local obrero se canta una bella canción).

Pride sigue la estela de Tocando el viento, Full Monty, Billy Elliot, La camioneta o más recientemente Jimmy’s Hall. Se inspira en un hecho real: en 1984, bajo el gobierno de la dama de hierro, Margaret Thatcher, el Sindicato Nacional de Mineros convoca una huelga. A un joven activista gay, en plena manifestación del Orgullo Gay en Londres, se le ocurre implicar a un grupo de amigos en la recogida de fondos para ayudar a las familias de los mineros. Unir sus causas como grupos presionados y perjudicados por un Gobierno férreo. Como el sindicato no admite su dinero, deciden dar personalmente su aportación económica a un pueblo minero de Gales, elegido al azar. Así empieza una unión que da frutos.

La fuerza de este tipo de películas suele ser tanto la historia como los personajes… y ahí está la clave de Pride, en los personajes. Es una película coral donde todos (hasta el más secundario) tienen su momento. Hay mucha naturalidad tanto en las interpretaciones de pesos pesados como Bill Nighy, Imelda Staunton, Dominic West o Paddy Considine, como en otras caras menos conocidas como George Mackay, Joseph Gilgun o Jessica Gunning. Ellos logran que esta película se enriquezca con matices y detalles, con relaciones humanas entrañables y momentos sencillos pero emocionantes. No es la película perfecta pero está repleta de instantes mágicos por naturales y auténticos… y con unos personajes a los que no te importaría conocer algún día. El director (en su segundo largometraje) ha trabajado sobre todo en los escenarios y se mueve muy bien en las escenas colectivas y el guionista, Stephen Beresford, crea su primer guion para cine y se aplica en el dibujo de los personajes. Además Pride tiene algo importante: es capaz de dejar una sonrisa perenne al espectador sin eludir en ningún momento que la vida tiene sus días rojos pero también esos días en los que parece que todo va a salir bien…

PD: El sábado después de casi un mes de un paréntesis obligado pero con final feliz (aunque con una agenda con citas médicas para una temporadita)… me acerqué a una sala de cine y lo que me atrajo de Orgullo es que me apetecía salir con una sonrisa y creyendo que hay buenas causas y buenas personas. ¡La película cumplió su objetivo!¡Tenía tanta hambre de cine! Durante este mes no solo no he ido a una sala de cine sino que tampoco pude ver mi amado dvd. Así que este texto (mejor o peor) va por todos.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Amargo silencio (The angry silence, 1960) de Guy Green

amargosilencio

Hay películas que no se sabe muy bien el porqué caen en olvido, son muchos los motivos de análisis. Y otras quizá porque lo que cuentan causa incomodidad también se hunden en la memoria cinéfila, ya se sabe lo incómodo se esconde. Amargo silencio es del segundo grupo y es una película para reivindicar. Cuenta una situación incómoda, no fácil, y cae en olvido. Pero hay varios puntos que hacen de Amargo silencio una película que necesita un rescate. Esta muestra un aspecto del mundo obrero en una fábrica y lo desarrolla a la perfección. Su visionado provoca varias miradas y lecturas… y ninguna deja indiferente.

Primer punto: mundo obrero

La relación entre el mundo obrero y el cine es larga y estrecha. Desde que los hermanos Lumiére grabaran la salida de los obreros de su propia fábrica…, los trabajadores, las fábricas y el cine han estado estrechamente unidos. Y ahora mismo en la actualidad es un tema de máxima vigencia más con la crisis mundial que ha vuelto a remover los cimientos de las fábricas. Así directores como los hermanos Dardenne (Dos días, una noche) o Robert Guédiguian (Las nieves del Kilimanjaro) siguen pintando el mundo de las fábricas en occidente y los conflictos morales mezclados con los laborales.

Amargo silencio toca varios puntos complejos (y por ello incómodos) y también los conflictos fluctúan entre lo moral y laboral. La película plantea una huelga en una fábrica y hace hincapié en que no todas las huelgas son justas y recomendables. Plantea la manipulación del grupo y cómo una huelga puede efectivamente manipularse para llevar a cabo otros intereses y cómo puede que lo que menos importe sean los derechos y los deberes de los trabajadores. Así el conflicto central de la película es cómo la postura de un obrero: Tom Curtis, que ve innecesaria la huelga (que además no ha sido convocada por los sindicatos), y ejerce su derecho a no asistir a ella y trabajar, le convierte en una persona non grata, tanto para sus compañeros como para la dirección de la compañía. Tom Curtis es incómodo. La situación se escapa de las manos de todos y termina en tragedia. A Tom Curtis todo el mundo le retira la palabra. Es un apestado y eso perjudica también a su entorno más cercano, su familia.

Así el planteamiento de la película no es fácil y un análisis no profundo y simple podría quedarse en una lectura superficial: la película va en contra de la colectividad obrera y a favor de la libertad individual. Es decir se haría una lectura de película a favor del capital que desprestigia uno de los instrumentos del mundo obrero: la huelga (otro aspecto que ha sido continuamente reflejado en el cine desde muy distintas ópticas). Y convierte en héroe trágico al esquirol. Pero Amargo silencio plantea algo mucho más profundo y asuntos que no gustan ser mostrados. Y habla de temas tremendamente humanos y que se pueden plantear en los entornos laborales, en las fábricas. La manipulación de los trabajadores para conseguir intereses ajenos a ellos (tanto por la cúpula de la empresa como de algunos representantes de los trabajadores que ‘velan’ porque todo marche), la presión del grupo que puede actuar sin opinión propia y sin tratar de fomentar el acercamiento y el diálogo, el impedir que un compañero opine y actúe distinto, provocar el vacío y el aislamiento de este, el exponer el derecho a no asistir a una huelga si no se está de acuerdo con los motivos… y queda patente lo difícil que es (y lo necesario) construir una fuerte, sólida y justa solidaridad obrera que vele realmente por los trabajadores y donde todos los trabajadores formen parte, tengan voz y voto, y juntos traten de encontrar las mejores soluciones en las situaciones de conflicto.

Hay dos escenas claves que tienen a Tom Curtis como protagonista: una es cuando decide ir solo a trabajar a la fábrica durante la huelga. Se muestra el rechazo de sus compañeros pero también desde lo alto del director de la fábrica que se lo expone al director de personal: no se fía de los lobos que actúan en solitario en uno u otro bando. Y otro momento es una conversación íntima entre Tom Curtis y su propia esposa cuando está viviendo el máximo rechazo por parte de todos. Le dice que lo más irónico es que él entiende a todos. Y que todos creen que están actuando por razones contundentes. También hay otro momento en que reconoce que no sabe cómo ha llegado hasta ese punto ni por qué… pero que seguirá manteniendo su postura.

Hay otros aspectos muy interesantes para seguir indagando en la complejidad de la película: la película empieza y termina con la llegada y la salida en tren de un personaje que viene de fuera: un agente externo a la fábrica pero que es el que trae ‘órdenes desde Londres’ para que se lleve a cabo la huelga y además pone en marcha el aislamiento de Curtis. Este personaje es misterioso y silencioso… y jamás se revela su identidad ni los trabajadores reparan en él. Tan solo se menciona que es el “nuevo” que ha contratado la fábrica. Y este personaje, por supuesto, también puede aportar distintas miradas a la película según el grado de complejidad con el que se mire. En ningún momento sabemos los motivos por los que se convoca la huelga, ni los acuerdos a los que se llega, ni cuáles son las reivindicaciones de los trabajadores… Entre los trabajadores de la fábrica se realiza una rápida radiografía: están los obreros de la vieja escuela, y algunos de ellos muestran su desacuerdo con la nueva huelga, pero no aguantan la presión del grupo y deciden unirse a la ley del silencio, otros que se arrastran porque es más cómodo (el mejor amigo del protagonista) y prefieren no tomar partido aunque les parezca injusto, los que se están dejando manipular por el agente externo y un grupo de jóvenes adormecidos y sin cerebro que tratan de sobrevivir en el día a día… y que van por donde les lleva la corriente y si pueden armar bulla o servir a unos o a otros para sus propósitos ahí están ellos. Por su parte la dirección de la fábrica trata de seguir consiguiendo sus intereses y beneficios… y dispuestos a lo que sea para terminar no solo con la huelga sino con la situación incómoda que ha creado el obrero Tom Curtis. Entre medias de los dos mundos se encuentra el director de personal, otro interesante y complejo personaje. Amargo silencio no es una película fácil.

Segundo punto: alrededor del Free cinema

La película es del año 1960 y se realizó bajo la influencia de una corriente de cine británica que empezó en los cincuenta y que todavía hoy sigue su estela, el Free cinema. Realismo, cotidianidad, compromiso con la realidad social, dar voz a los que no solían tenerla en el cine… Y por supuesto el trabajador, el obrero, se convierte en un personaje cinematográfico. La huella de los jóvenes airados es alargada así la siguiente generación sigue haciendo hincapié en un cine que se compromete con la realidad social. Su estela continúa en Ken Loach o Mike Leigh o actualmente con Paddy Considine o Andrea Arnold.

Amargo silencio además consigue una radiografía de una fábrica británica de los sesenta y de la vida cotidiana de sus trabajadores. Asistimos a la entrada y salida de la fábrica, a las relaciones entre los trabajadores, a los lugares de trabajo y a los de ocio, a su vida privada en los barrios obreros, en sus hogares…

Tercer punto: el director

La película permite conocer a un director interesante, Guy Green, del que llevo tiempo persiguiendo ver algo y esta es la primera película que visiono. Ha sido un grato descubrimiento. Amargo silencio me sitúa ante un director a tener en cuenta del que deseo ver sobre todo dos películas más: Hombre marcado (The mark) y Un retazo de azul (A patch of blue). Por lo menos aquí, por estos lares, no es fácil conseguir su filmografía. Guy Green fue además un prestigioso director de fotografía que trabajó varias veces junto a David Lean. Así se puede ver su magnífica labor como director de fotografía en tres buenas películas del director británico: Cadenas rotas, Oliver Twist y Amigos apasionados.

Lo que intuyo leyendo los argumentos de sus películas como director, es que era un hombre de retos y que reflejaba historias complejas que podían incomodar al espectador pero historias necesarias, posibles y tremendamente humanas. Con Amargo silencio consigue ritmo, envuelve y relata muy bien lo que quiere reflejar, el tono va en crescendo hasta llegar a la tragedia y se nota su buen empleo del lenguaje cinematográfico (por ejemplo, para los momentos más trágicos utiliza contundentes y efectivas elipsis). Además no toma el camino fácil para contar una historia sino que muestra un montón de aspectos y aristas, no es en absoluto un director maniqueo sino que muestra la complejidad del mundo real. A veces no es cuestión de señalar malos y buenos, es todo mucho más difícil.

Cuarto punto: más que actores

Tom Curtis, el obrero protagonista, es Richard Attenborough (otro de nuestros ausentes más recientes, nos dejó en agosto de 2014) que además también trabajó como productor de la película. Richard fue actor, director y productor de cine. Y aquí ha sido todo un descubrimiento para mí como actor (del Attenborough actor me queda mucho por ver) en su elaboración de un personaje atractivo y tremendamente complejo. Le regala a su personaje credibilidad, realismo y vulnerabilidad. Además de intimidad y una bonita química con la actriz que hace de su esposa, Pier Angeli. Esta compone un personaje sensible y fuerte a la vez. Las escenas de ellos dos se convierten en momentos de intimidad, confesiones de miedos, vulnerabilidad y superación de obstáculos de un matrimonio obrero. No era la primera vez que Attenborough trabajaba con Guy Green y con Pier Angeli. Este trío se complementa con otro de los actores que también además sería coguionista de esta película, Michael Craig. Michael Craig compone otro personaje de importancia en Amargo silencio, es el amigo que no se compromete, que prefiere no opinar, no decidir, seguir al grupo y no ponerse al lado del amigo que además le ha ofrecido siempre su casa para vivir…, hasta que abre los ojos.

Quinto punto: clave de cine

Guy Green dominaba el lenguaje cinematográfico. Su experiencia como director de fotografía le había dado muchas claves. Amargo silencio tiene pulso y buenas decisiones de puesta en escena como las antes mencionadas elipsis: el ataque que recibe el hijo pequeño de Tom Curtis y su esposa y el ataque final que sufrirá el propio Curtis. Además proporciona a la película no solo un ritmo adecuado sino que logra credibilidad y realismo, como he dicho antes, en la plasmación de los conflictos en una fábrica británica de los años sesenta así como el mundo íntimo del obrero protagonista.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Tres proyecciones transformadoras en la sala de cine. Sueño de invierno (Kis uykusu, 2014) de Nuri Bilge Ceylan/ Jauja (Jauja, 2014) de Lisandro Alonso/ Mr Turner (Mr Turner, 2014) de Mike Leigh

Sueño de invierno (Kis uykusu, 2014) de Nuri Bilge Ceylan

sueñodeinvierno

… cuentan que Capadocia es territorio de caballos salvajes. En la película Sueño de invierno del director turco Nuri Bilge Ceylan, Aydin –actor y escritor frustrado, dueño de un hotel y terrateniente a su pesar– sale una noche de invierno de su refugio, el hotel, y va a una cuadra donde se encuentra encerrado un caballo salvaje que recientemente ha adquirido y comprado –lo cazaron para él–, lo saca del habitáculo donde está encerrado y deja que se marche, que huya, que vuelva a ser salvaje. Es un gesto simbólico pues él ha descubierto, en poco tiempo, las cárceles interiores que les hacen vivir en un limbo continuamente insatisfecho a él, a su joven esposa y a su hermana… pero son esas cárceles los que les mantienen unidos, dependientes y los que les hacen sobrevivir o buscar motivos para continuar.

Nuri Bilge Ceylan estructura su relato en largos diálogos entre distintos personajes en interiores con ventanas o puertas que dejan descubrir un paraje cubierto de nieve. Aydin con su ayudante o con distintos turistas, Aydin con su esposa o con su hermana, los tres juntos, su esposa y su hermana… Todo parece controlado y tranquilo en el hotel Othello, rústico y hermoso. Aydin es un intelectual con propiedades que tras abandonar su carrera como actor, mientras dirige el hotel y deja en manos de otros sus alquileres y arrendamientos, pretende escribir un libro sobre la historia del teatro turco. Un hecho trastoca la vida tranquila en el hotel Othello (un niño silencioso que lanza una piedra al cristal del todoterreno de Aydin y está a punto de provocar un accidente)… y las máscaras caen y las heridas surgen, el equilibrio se rompe. Nada es tan plácido como parece. Los personajes viven más bien una pesadilla de invierno que estalla en una catarsis etílica que devuelve la calma al caos. Pero ahora todos son más conscientes de sus cárceles interiores…, ahora solo queda seguir viviendo aferrándose cada uno a la máscara que le conviene.

El espíritu de Chejov se expande por el relato cinematográfico de Nuri Bilge Ceylan (él mismo cuenta que la base de su historia, cuyo guion ha trabajado junto a su esposa y colaboradora, se encuentra en tres relatos del autor ruso). Y a mi cabeza regresaron ambientes y catarsis de la dramaturgia de Chejov. Esos ambientes como aquí no pasa nada solo el tiempo y sin embargo dialogando te quito máscaras, te desarrollo conflictos y te muestro la melancolía que arrastra la vida a lo tío Vania o tres hermanas. El director turco desnuda a sus personajes a través del diálogo en un paraje peculiar y hermoso cubierto de nieve y nos lleva con ellos a un desprendimiento de máscaras y a un sentimiento trágico de la vida… Ese niño silencioso y su familia provocan un tsunami en la aparente tranquila vida del hotel Othello… y obliga a despertar a tres personajes de su plácido sueño…

Jauja (Jauja, 2014) de Lisandro Alonso

jauja

Un viaje enigmático es lo que propone Jauja del director argentino Lisandro Alonso. Jauja empieza con un diálogo entre un padre y una hija donde esta expresa su deseo de tener un perro que la siga a todas partes. Después un cartel nos informa de que Jauja es una tierra mitológica y que todos aquellos que intentaron encontrarla se perdieron en el camino. Más tarde conocemos a ese padre que es un militar danés, Gunnar Dinesen (Viggo Mortensen), que parece trabaja para el gobierno argentino que lleva adelante, con crueldad y sin miramientos, la conquista del desierto de la Patagonia contra los indígenas autóctonos, “cabezas de cocos”, a finales del siglo XIX. Gunnar Dinesen ha viajado con su joven hija de 15 años, Ingeborg. Y esta a su vez se enamora de un joven soldado argentino y los dos huyen una noche por un paraje inhóspito.

Gunnar Dinesen emprende entonces un viaje para buscar a la hija perdida y poco a poco ese viaje va teniendo giros sorprendentes donde el elemento fantástico aparece en todo su esplendor cuando termina en la cueva de una anciana danesa con un perro. De pronto se interrumpe brutalmente el viaje iniciático y extraño de Dinesen para trasladarnos a un viejo palacio danés, en pleno siglo XXI, para ser testigos del despertar de una joven con el rostro de Ingeborg pero distinto nombre que tiene un perro (semejante al de la anciana) que ha sufrido su ausencia –parece que ella ha regresado de un largo viaje– y en su paseo por un jardín con inspiración romántica encuentra un soldadito de madera exactamente igual al que en su día encontró Ingeborg junto al soldado argentino, y que también fue el único rastro que pudo hallar Dinesen en su infructuosa (¿o no?) búsqueda y que entregó a la anciana de la cueva, que recibe el presente con inmensa ilusión.

Así Jauja encierra enigma y preguntas sin respuesta. Encierra al espectador en un viaje sin retorno y lo atrapa en la belleza de un espacio y un tiempo misterioso donde nada es lo que parece y donde las explicaciones racionales no tienen sitio. Lisandro Alonso realiza un planteamiento formal que ayuda a crear realmente un espacio mítico. Con un formato cuadrado (académico) con esquinas redondeadas y el color especial que imprime el director de fotografía Timo Salminen (que ha trabajado durante años con Aki Kaurismäki) así como una especie de evocación a viejos westerns con personajes que viajan sobre su caballo a tierras prometidas, Lisandro Alonso crea una enigmática y sugerente obra cinematográfica.

Mr Turner (Mr Turner, 2014) de Mike Leigh

mrturner

Mike Leigh decide llevar a la pantalla la vida de J.M.W Turner, pintor británico del siglo XIX, del que muchos espectadores (incluida la que esto escribe) tienen conocimiento de alguno de sus cuadros y una ignorancia absoluta sobre su existencia, su personalidad, el ambiente en el que se movía, las personas que conocía y las motivaciones de sus trazos. El director británico huye del biopic al uso y sus claves y entrega un retrato de Turner (Timothy Spall) apasionante…, así como también el retrato de uno de los personajes femeninos más tristes que se ha podido ver últimamente en una pantalla de cine.

En un momento, Turner habla con Mary Somerville, una mujer dedicada a la ciencia, sobre el color. Y este le dice que el color es contradicción. Y así realiza Leigh el retrato de Turner sobre las contradicciones que perfilaron su personalidad y su vida. Así refleja, entre otras contradicciones, su comportamiento radicalmente distinto con dos mujeres importantes en su vida: con su fiel ama de llaves, Hannah Danby (sorprendente Dorothy Atkinson) y con una encantadora viuda que vive en una casita frente al mar en Chelsea, la señora Booth (Marion Bailey). Hannah Danby es la mujer invisible y olvidada que vive para Turner sin que este tenga un dulce detalle con una mujer que respira únicamente por él. Mujer insignificante en muchos aspectos y tremendamente afectada (vemos el deterioro de su piel) por las pinturas y los productos que emplea Turner para la elaboración de sus cuadros… queda en el olvido y el dolor, ella se ha quedado con las sombras de Turner y le ha amado. La señora Booth se convierte en la Afrodita del amor, en el descanso del guerrero, en el refugio de un hombre que nunca se había sentido amado… y conoce la parte luminosa del pintor.

Mike Leigh captura a Turner en un momento doloroso de su vida, un momento que le trastocó y le sumió en una crisis personal, la enfermedad y la muerte de su padre. Además de llevarnos de la mano por la intimidad del artista (su compleja vida familiar), realiza una radiografía crítica por los espacios sociales y culturales por los que se movía (por ejemplo, muestra el ambiente y el funcionamiento de la Real Academia de las Artes británica), también despierta el interés hacia personalidades con las que se codeaba como otros pintores, críticos de arte, personalidades del panorama social y real…

Leigh hace hincapié en las sombras… para explicar al pintor de la luz. Con una ambientación detallista, descubrimos el mundo de la pintura y los colores (y la agresividad de los materiales que podía afectar a los pulmones y a las pieles), su universo visual, sus fuentes de inspiración… y un Turner que pincelada tras pincelada agazapaba sus múltiples sombras. También narra con belleza un momento de cambio…, Turner se acerca con curiosidad y suspicacia a un nuevo invento que abre otras posibilidades artísticas, el daguerrotipo… De nuevo el cine y la pintura ofrecen un diálogo rico que no acaba.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Jimmy’s Hall (Jimmy’s Hall, 2014) de Ken Loach

Jimmys Hall

Ken Loach, junto al guionista Paul Laverty, nos está diciendo en sus últimas obras cinematográficas de ficción que pese a que todo esté muy negro y haya que indignarse, que creamos en la gente, y que la lucha es más fácil en comunidad… y alimentando pasiones. Y además está empleando el sentido del humor, muchas veces ausente de sus películas pasadas, Ken Loach se ríe, una risa crítica, y además se nota que se encariña con sus personajes. Así en Jimmy’s Hall nos cuenta una historia real del pasado pero con aires de fábula… y con muchos elementos que podemos trasladar a este presente negro. Nos regala un cuento precioso. Algunos opinan que Ken Loach es maniqueo en el planteamiento de sus películas o que se repite en su visión del mundo y la injusticia; sin embargo creo que Ken Loach quiere a las películas que está haciendo, diría que las ama, y que ahora más que nunca es necesaria su visión. No hay maniqueísmo sino un punto de vista sobre cómo podrían ir un poco mejor las cosas y una exposición de lo que hace que una sociedad sea cada vez más injusta. Y una llamada a no perder la esperanza. A levantarse una y mil veces, aunque siempre pierdan los mismos. Un canto al optimismo y las ganas de hacer cosas.

La película nos sitúa en un país que lo está pasando muy mal, Irlanda en los años 30, un país con una historia triste (como tantos otros países), además en un momento histórico de crisis económica mundial (la crisis del 29). Y nos habla de un héroe anónimo (acompañado por muchos héroes y heroínas de la vida cotidiana), que es un personaje real, James Gralton, un líder comunista. Ken Loach y Paul Laverty nos dibujan a un héroe encantador y carismático (con el rostro de Barry Ward). Un hombre tranquilo que regresa años después a su tierra natal, a sus raíces, para estar en una granja junto a su anciana madre. Él llevaba años en EEUU, como un trabajador más en busca de sustento, y también ha vivido los estragos del 29 en la tierra de las oportunidades. Poco a poco se nos van desvelando –en una ráfaga de flash back-memoria de James– las circunstancias de por qué tuvo que marcharse (circunstancias sociales y políticas) y de su regreso. Y los recuerdos de James tienen un detonante: los jóvenes de la zona rural donde vive con su madre, le exigen que vuelva a abrir el centro cultural que puso en marcha antes de irse a la tierra prometida. Ahora un barracón abandonado. Un centro cultural donde se celebraban bailes, se daban clases de literatura, de canto, de música, un centro de convivencia y reunión… Y un centro que funcionaba sin la influencia castradora de la Iglesia católica y los terratenientes de la zona. Un lugar libre que la gente cuidaba y adoraba. Un centro para aprender, bailar, reír, reunirse, enamorarse, debatir, cantar, razonar… Un centro aparentemente poco dañino pero que sin embargo asustaba a las estructuras del poder establecido (a la Iglesia y a los terratenientes y poderosos de la zona).

Jimmys Hall

Después de los recuerdos, James decide no rendirse, no quedarse en silencio. Y con la ayuda de toda la comunidad vuelve de nuevo a levantar el centro, que de nuevo vuelve a traerle los mismos problemas y complicaciones. Pero en los dos momentos, mereció la pena la lucha de James Gralton a pesar de las consecuencias. A Gralton, el de la ficción, no logran borrarle la sonrisa. Aunque siempre pierda.

Además Ken Loach crea y construye una película bonita en la que se sirve no solo de una Irlanda de paisajes-paraíso sino que puebla su historia con personajes tan maravillosos como la madre del protagonista (una anciana aparentemente servicial y callada que se revela como una luchadora nata y amante de los libros… y su difusión) o con esos momentos, que siempre ha sabido realizar tan bien el director, de reuniones de un colectivo de personas en las cuales exponen sus ideas o denuncian su situación y entre todos elaboran una forma de actuar para salir de una situación injusta. Reuniones que no son fáciles pero en las que se escucha y se trata de llegar a la solución que más agrade a todos.

Jimmys Hall

Pero una de las sorpresas más agradables de Jimmy’s Hall es la narración cinematográfica de una emotiva historia de amor imposible. Una historia delicada contada a base de miradas y despedidas con algún baile en solitario. Además de una ambientación cuidada y plagada de momentos mágicos, sobre todo los transcurridos en el centro (como ejemplo, cuando James les enseña a todos algo que ha traído de EEUU, un fonógrafo y cómo lo primero que pone es un disco de jazz. Todos quieren aprender el nuevo baile y James empieza a danzar y todos a seguirle…). La película logra transmitir alegría y ganas de seguir, a pesar de los tiempos duros. Cuando sales de la sala de cine, quieres leer y bailar, quieres reunirte, reírte, gozar, aprender y tener un sitio, un lugar de reunión apropiado para todo ello… e intentar que esto sea posible y realidad para el mayor número de personas…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Ocho sentencias de muerte (Kind Hearts and Coronets, 1949) de Robert Hamer

ochosentenciasdemuerte

Lo bueno de tener lagunas cinematográficas, es que siempre tienes la seguridad de que vas a ir realizando descubrimientos que van alegrar varios días y momentos de tu vida. Por ejemplo, servidora tiene una laguna importante con los estudios Ealing que surgen inevitablemente si indagas lo más mínimo en la historia del cine británico. Poco a poco trato de solventar esta laguna y voy viendo obras cinematográficas del periodo dorado de la productora, después de la segunda guerra mundial. Ahora ha llegado a mis manos Ocho sentencias de muerte, única película que hasta ahora he visto de Robert Hamer. La sorpresa ha sido grata y un buen inicio para empezar a inmiscuirme en su filmografía donde ya hay por lo menos otros dos títulos que me apetecen: la película de episodios Al morir la noche y El detective que adapta uno de los relatos de El candor del padre Brown.

Ocho sentencias de muerte tiene varios elementos atractivos. Pero son dos los que destacan y hacen que el visionado de esta película pueda ser especial. El empleo sutil del humor negro y la ironía británica que hace que veas toda la película con una sonrisa perenne. No es comedia de carcajada, sino comedia de media sonrisa. De tono burlón elegante y disimulado.

Cada uno de sus personajes perfectamente construidos te enredan y te llevan por todo el metraje. Empezando por el protagonista y terminando por una galería prodigiosa de secundarios protagonizados por un único actor.

Después hay un tercer elemento que resulta atractivo y es la estructura, la arquitectura interna de la película, cómo está narrada y ordenada.

Ocho sentencias de muerte narra las memorias de un asesino en serie muy peculiar. Se trata de Louis D’Ascoyne Mazzini. Joven marcado por las historias continuas y la educación que recibe de su madre. Una aristocrática mujer repudiada por su familia porque se casó con un cantante italiano humilde que murió al nacer Louis. Una mujer que hace ver a su hijo que su vida ha sido una humillación constante y que a pesar de su pobreza inocula a su hijo que proceden de alta cuna y educación exquisita. Al fallecer su madre y volver a ser humillado al no permitir los D’Ascoyne que su madre ocupe un lugar en el panteón familiar…, decide cocinar a fuego lento su venganza.

Y esta venganza se articula mediante la ascensión social desde los puestos más bajos hasta alcanzar el título de duque y casarse con una mujer de posición. Para conseguir esto tiene que ir cargándose uno a uno cada uno de los miembros de la línea sucesoria que le preceden en el cargo… ocho sentencias de muerte.

La historia comienza la noche antes de su ejecución, no sabemos nada del personaje ni por qué se encuentra en esa situación. A través del verdugo (otro personaje secundario genial), sabemos que va a ejecutar a un noble. En su celda, tranquilo, Louis D’Ascoyne Mazzini ultima sus memorias. Nos narra su vida entera en un enorme flash back. Así se sucede su infancia, juventud y la planificación, ejecución de su venganza, detención y juicio (en la cámara de los lores). Así hasta regresar al presente y dejarnos al descubierto un irónico y genial final. A lo largo de esta detallada narración, son sus memorias, también nos destripa su vida sentimental y nos sumerge en un triángulo fascinante entre dos damas: Sibella, la mujer de su vida, y casquivana que desprecia su amor hasta que empieza a subir escalones, y así de manera natural se convierte en amante. Y Edith, mujer moralmente recta y seria, y que será la puerta de Louis para entrar con todos los honores en la familia D’Ascoyne.

Al visionar Ocho sentencias de muerte el espectador disfruta no solo de la elegancia e ironía de sus diálogos sino del avance de una venganza meditada y calculada que a veces deja paso a la improvisación, con sumo cuidado. De hecho, descubrimos finalmente que su detención tiene más que ver con el despecho y la también inteligente venganza de su amante que por su carrera de asesino en serie.

En la película se descubre con gusto una galería de actores británicos que merece la pena su encuentro con ellos. El protagonista lo plasma con exquisitez Dennis Price, actor atormentado (sobre todo porque tuvo que ocultar, como muchos actores de la época, su homosexualidad) y que como el director arrastró problemas con el alcohol (por otra parte, el alcohol está presente en varias partes de la película). También realiza otro personaje en la misma película, a su padre italiano que le conocemos cantando y cantando. Las dos damas son encarnadas a la perfección por dos actrices británicas con carreras bastante olvidadas pero interesantes: Valerie Hobson y Joan Greenwood. Pero la sorpresa, el do de pecho, es sin duda para un joven Alec Guinnes que logra componer ocho personajes diferentes, jóvenes, ancianos e incluso la versión femenina de las víctimas de Louis, los miembros de la familia D’Ascoyne. No solo se ayuda de la caracterización sino también de la voz y de la expresión corporal. Crea ocho personajes distintos e inconfundibles y llega al súmmum con su recreación de la rebelde y sufragista lady Agatha D’Ascoyne.

No se aparta nuestra media sonrisa ante la mala baba, pero elegante eso sí, que se derrama en este largometraje. Ocho sentencias de muerte no ha sido mal paso para empezar a conocer al realizador Robert Hamer, seguro que me esperan gratas sorpresas con él.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

La canción de Carla (Carla’s song, 1996) de Ken Loach

lacanciondecarla

Hay películas que van unidas a un periodo de tu vida. Y precisamente La canción de Carla es una de esas películas. Por aquel entonces estaba con lecturas como Las venas abiertas de América Latina, no me perdía los estrenos de cine latinoamericano, leía novelas de aquellos lares… y escuchaba a un montón de cantautores: desde Victor Jara (que su historia me tenía –me tiene– hipnotizada) hasta Silvio o Pablo Milanés pasando por los tangos de Carlos Montero o Violeta Parra, sin olvidarnos de Chavela Vargas. También era tiempo de las películas de Ken Loach. En un puño. Ladybird, ladybird, Tierra y libertad, La canción de Carla, Mi nombre es Joe, Pan y rosas… Recuerdo la primera vez del Fisahara que tuve oportunidad de ir y ver en una pantalla enorme, bajo el cielo del desierto, Dulces dieciséis. Y hasta ahora he sido fiel (y no desencantada) al cine de Ken Loach. Así no me he perdido Solo un beso, El viento agita la cebada, En un mundo libre o Buscando a Eric… Tengo en espera Route Irish, La parte de los ángeles y su documental El espíritu del 45. Me gusta su cine y su manera de contar historias. Unas me gustan más y otras menos… pero todas tienen algo que me llega, que me toca. Un personaje, una escena o la historia entera…

No había vuelto a ver La canción de Carla y tenía muchas ganas de conseguir el dvd y volver a disfrutarla. Recordaba lo bien que me caía su protagonista, ese conductor de autobuses de vida algo caótica (buena gente) con rostro de Robert Carlyle (y es que fue Ken Loach quien le dio su primer papel protagonista en Riff Raff a este actor al que tengo gran cariño). Y cuando empecé a verla el otro día me di cuenta de lo viva que seguía en mi mente. Y lo bien que me acordaba de ella. Es una historia de amor imposible en dos actos. El primero transcurre en Escocia (cómo me gusta) y el segundo en Nicaragua (Nicaragua, Nicaragüita, la flor más linda de mi querer (…) pero ahora que ya sois libre Nicaragüita, yo te quiero mucho más…).

En el primer acto un conductor de autobuses se enamora de Carla (Oyanka Cabezas), una bailarina callejera nicaragüense que no está pasándolo muy bien. Pero él no puede evitar estar a su lado y tratando de entender la tristeza que arrastra. Y nosotros los espectadores somos como él. Tratamos de entender las causas de la tristeza de Carla. Transcurre el año 1987 y se nos va desvelando que las cosas en su país no fueron ni van nada bien y que huye de un pasado que la duele. George, el conductor, trata de construir una vida con ella, empezar de cero. Pero se da cuenta de que ella tiene que regresar a Nicaragua no solo a ver a su familia y amigos sino encontrar también a su antiguo amor. Saber qué le pasó, qué es de él. Ella tiene que regresar y saber qué queda de ese país por el que luchó… Algo terrible pasó…

El segundo acto transcurre en Nicaragua y nosotros tenemos la mirada de George que intenta entender la situación de ese país cercano y lejano a la vez. Y se nos van desvelando las dificultades, los conflictos, la violencia, los enfrentamientos, la contra… para que no prospere el gobierno sandinista que trata de trabajar por un país más justo y libre. Así como una mano que divide y destroza en forma de Estados Unidos… Los ojos de George se van volviendo tristes y va entendiendo a golpe de violencia el horror de lo que ha vivido su amada y lo que le ocurrió a su compañero en la lucha. Descubre el fuerte vínculo y el compromiso que les unía, la canción que Carla siempre porta y nunca se atrevía a cantar… Y George se da cuenta de que tiene que regresar a Escocia, que esa no es su historia. Y que Carla no puede ir a su lado. Su vida está en Nicaragua. El conductor de autobuses encuentra un aliado inesperado que le termina dando una visión completa (aunque su primer encuentro es nefasto…) con un americano cooperante (Scott Glenn), amigo del grupo de Carla.

Con esta película empieza la colaboración entre Ken Loach y el guionista Paul Laverty…, colaboración que aún hoy continúa… La canción de Carla a la vez que narra una delicada historia de amor imposible, presenta las claves para entender la historia de un conflicto.

Y es que el cine ha dejado películas que recuerdan las dictaduras, las revoluciones y contrarrevoluciones de Latinoamérica que sigue teniendo las venas abiertas (como el mundo)… Así también transcurre en la Nicaragua sandinista, Bajo el fuego de Roger Spottiswoode. Y me vienen a la cabeza películas que me impresionaron como Desaparecido de Costa Gavras sobre la dictadura de Chile, El beso de la mujer araña de Hector Babenco o La muerte y la doncella de Roman Polanski. Ken Loach, junto a su guionista Paul Laverty, se acercan con la mirada del que vive ajeno al conflicto, que vive en otro país distinto y no entiende la situación (solo lo escucha de vez en cuando o lo oye en las noticias… como los demás espectadores)… y le implica en la historia porque conoce a una persona a la que ama y quiere entenderla. Así poco a poco se le va desvelando la historia pasada de su amada, que es la de su país, Nicaragua. Y lo que descubre, le duele en lo más profundo pero termina viendo el rostro real de la amada y su secreto guardado, la canción. Entiende la lucha y la opresión. Y lo que queda aún por hacer… Se da cuenta de que la vida de Carla está en Nicaragua, su país. Escocia solo había sido una huida obligada, un antídoto inútil contra el olvido… que la estaba rompiendo de soledad y desesperación.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Vida y muerte del coronel Blimp (The Life and Death of Colonel Blimp, 1943) de Michael Powell, Emeric Pressburger

vidaymuertecoronelblimp

No había tenido oportunidad de ver Vida y muerte del coronel Blimp hasta ahora… y de nuevo Michael Powell y Emeric Pressburger me han deslumbrado. Me quito el sombrero apasionadamente. Lo que podía haber sido una película más de propaganda bélica británica (está rodada cuando aún estaba en marcha la II Guerra Mundial y no se sabía bien cuál podría ser el resultado final), se convierte en una gran obra cinematográfica donde estos dos autores crean su universo particular y su manera especial y original para contar historias. Con un uso elegante del color (como seguirían demostrando en Narciso negro y Las zapatillas rojas) y un empleo del lenguaje cinematográfico para detenerse en cada momento, logran una película emocionante por muchos motivos… Durante su visionado, he disfrutado cada fotograma, cada momento.

Y lo que quieren decir y lo que cuentan no es fácil (de hecho siempre se suele señalar en distintas fuentes consultadas que fue una película que disgustó bastante a Winston Churchill), con un humanismo similar al que se desprende en La gran ilusión de Jean Renoir (estrenada en el 1937)… Vida y muerte del coronel Blimp va más allá y expone un tema complejo y controvertido: el enemigo a batir no son los alemanes, es el Nazismo. Y en esos momentos que están viviendo, no vale la caballerosidad, ni el honor, ni el valor, ni el respeto al prójimo… No se puede perder en el campo de batalla. Y para frenar a ese enemigo que arrasa sin piedad alguna…, la manera de enfrentarse a él tiene que ser distinto, radical. Así como la manera de gestionar la paz (otro tema siempre difícil y complejo). Y esto no es fácil digerirlo. Además como otras películas del momento, reflejan la importancia de la defensa civil (no olvidemos La señora Miniver que se rodó un año antes). No eran temas fáciles en esos momentos, ni ahora.

El protagonista de la película es un anciano coronel, el coronel Blimp, que recuerda su vida. Desde su intervención en la guerra de los boers, hasta la Primera Guerra Mundial y ahora en plena Segunda Guerra Mundial. Y en esa vida hay dos personas que le acompañan a lo largo del tiempo: su amigo alemán, también militar, Theo Kretschmar-Schuldorf  y el amor de su vida (la manera de plantear esta historia es sorprendente y original). Porque Vida y muerte del coronel Blimp es también una historia de amor, amistad y del paso del tiempo…

Lo maravilloso de Michael Powell y Emeric Pressburger en esta película emocionante es que cuenta la historia de un hombre a través de continuas elipsis. Es tan interesante lo que ven nuestros ojos, como lo ausente —lo que no vemos— pero que sin embargo sabemos que ha ocurrido… Después de una introducción que nos permite saber que la película transcurre durante la Segunda Guerra Mundial, que la contienda continúa, y que nos presenta al coronel; asistimos a un largo flash back y el regreso al pasado sucede de una manera sencilla y a la vez prodigiosa. Al coronel le conocemos en unos baños de un club militar, cae al agua con un joven durante una pelea y se hunden en una piscina y de pronto solo vemos la imagen del agua y la cámara que recorre la piscina que es rectangular. De pronto surge la cabeza de un joven que sale… y es el coronel Blimp muy joven…

Además del siempre llamativo uso del color, destaca el empleo que realizan de los espacios (así como el cuidado de cada uno de los espacios elegidos) y sobre todo la posición de la cámara en algunas de las escenas. Así se convierte en un espectáculo visual el restaurante con orquesta donde se reúnen por primera vez Edith Hunter (el amor de su vida) y el coronel Blimp. O el gimnasio donde tiene lugar el duelo entre Blimp y Theo. Así como la casa británica del coronel, una herencia de su tía, donde siempre regresa (y que será testigo del paso del tiempo).

Un ejemplo del uso genial y continuo que hacen estos creadores de la elipsis para narrar cinematográficamente, lo encontramos en el momento del duelo. Solo nos dejan ver los preparativos del enfrentamiento, después la cámara sale del recinto y penetra en una ventana desde la que se ve el edificio desde el exterior. Ahí está Edith con un amigo del coronel, mirando inquietos y hablando sobre qué será lo que pasará en el interior. De pronto, ven cómo sale una ambulancia del edificio. Y no sabemos nada de lo que ha ocurrido hasta que en el siguiente momento vemos a Edith en el hospital.

vidaymuertecoronelblimpI

Y ¿cómo es el planteamiento de la historia de amor? En el hospital se produce un triángulo entre Edith, Blimp y Theo. Al final Theo se compromete con Edith ante la alegría de Blimp, que de pronto en un instante se da cuenta de que en realidad está enamoradísimo, ella es su mujer ideal. Su vida girará en la búsqueda de ese amor perdido. Así durante la Primera Guerra Mundial, verá en un convento a una enfermera de la Cruz Roja semidormida, que ni repara en su presencia, que le llama poderosamente la atención: es igual que Edith. En otra elipsis genial, descubrimos que no solo vuelve a encontrarse (porque la busca) con esa enfermera sino que además se convierte en su esposa (y ambos protagonizan una declaración de amor de esas que me gusta coleccionar). Y cuando ya es un anciano coronel viudo, encuentra a una joven chófer entre setecientos candidatos, que se hace llamar Johnny, y ambos tienen una relación de camadería y respeto. La chófer es exactamente igual que Edith y su esposa. Tanto Edith, como la enfermera de la Cruz Roja como la chófer tienen el rostro de Deborah Kerr (cuando todavía no ha volado a Hollywood).

La película está llena de momentos mágicos. Me vienen dos a la cabeza. El momento en que termina la Primera Guerra Mundial que pilla al coronel Blimp en un atardecer en coche junto a un fiel amigo y sirviente… Ambos están hablando entre bombardeos y disparos del inminente final de la contienda a una hora establecida. De pronto el silencio. La guerra ha terminado. Y los dos hombres se quedan contemplando el paisaje sin decir palabra…O casi al final de la película, en un momento crucial, el coronel Blimp mira una hoja que se desliza en el agua y esboza una sonrisa llena de significado.

Vida y muerte del coronel Blimp cuenta también la historia de una amistad, llena de momentos íntimos. Con sus encuentros y desencuentros, con la ausencia, con el paso del tiempo, con los consuelos y las confesiones. Con los lazos cada vez más fuertes… Los dos amigos fueron muy bien interpretados por Roger Livesey y el carismático Anton Walbrook. Los dos actores actuarían en otras películas de estos creadores.

Así el visionado de Vida y muerte del coronel Blimp se convierte en una experiencia visual que merece la pena repetirse y compartirse…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

La clave del enigma (Blind date, 1959) de Joseph Losey

laclavedelenigma

Otra película muy interesante e inquietante del realizador norteamericano Joseph Losey por aquello que subyace en sus imágenes y en las relaciones entre los personajes más que por la propia historia. Losey ofrece una película de intriga para mostrar las complejas relaciones humanas y la lucha de clases. Joseph Losey es un cineasta que voy descubriendo poco a poco y del cual me queda mucha filmografía en la que indagar. De momento voy muy poco a poco con El merodeador, El sirviente, El mensajero y la que ahora nos ocupa.

La clave del enigma forma parte de su etapa británica. Losey fue uno de los afectados por la caza de brujas y que optó por el exilio para seguir rodando tras la cámara. Así crea una intriga con todos los ingredientes necesarios (asesinato, falso culpable, investigación policial, mujer fatal…) para en realidad contarnos otra cosa que le interesa más: la lucha de clases.

Hay varios puntos a destacar de esta película: su internacional reparto con tres intérpretes protagonistas olvidados (pero con carreras a sus espaldas para inmiscuirse en ellas al igual que en sus vidas de cine) con una construcción de personajes interesante. El británico Stanley Baker, el alemán Hardy Kruger y la francesa Micheline Presle. El primero es el inspector de policía de origen obrero Morgan, el segundo es el pintor holandés sospechoso de asesinato y la tercera es la víctima en cuestión… De los tres el personaje más complejo y con más matices es el realizado por Stanley Baker y su inspector Morgan. Pero las relaciones que se establecen entre los tres personajes son apasionantes. El centro siempre será el atractivo pintor holandés (también de origen obrero). Él es el nexo de unión. Es continuamente interrogado por el inspector y por otra parte describe y cuenta a través de flash back la relación que mantenía con la víctima.

La película empieza mostrando un tono que nada tiene que ver con lo que luego se irá desarrollando ante nuestros ojos. Los créditos transcurren con una música alegre siguiendo a Hardy Kruger que se baja de un autobús y pasea feliz y alegre por las calles. Va sin duda al encuentro de alguien que le hace feliz, compra un pequeño ramo de flores, parece sin duda un hombre enamorado. Hasta que llega a una casa donde la puerta está abiera. Entra y llama a una mujer “Jacqueline”. No está. Le seguimos en su recorrido por toda la casa. Deja el abrigo en un sillón y va por todos los aposentos. Toca ilusionado los objetos de la mujer amada. De pronto ve un sobre a su nombre con una importante cantidad de dinero dentro, que en un principio deja donde lo ha encontrado. Pone música hasta que de pronto irrumpe una pareja de policías… Y entonces empieza la intriga y la pesadilla del protagonista, que se verá a partir de ese momento encerrado primero en la casa de la víctima y después en la comisaría como principal sospechoso de un asesinato.

En un principio el que toma el mando de la investigación es un rudo inspector de policía (Morgan) que primero se muestra bastante contundente con el sospechoso (le considera culpable) hasta que poco a poco va dejando paso a la certeza de la duda. Por una parte siente la presión de sus superiores y compañeros (de buenas familias y con otros modales) que tratan de proteger a un tercer implicado en el caso (un ‘poderoso’) y que tienen prisa en que se declare culpable el pintor y que no trascienda demasiado lo ocurrido, y por otro, quiere realizar correctamente bien su oficio con un acusado sentido de la justicia aunque sepa que puede suponer una traba para su carrera profesional. En definitiva quiere llegar al final del caso e indagar en todas las dudas que se le presentan. Así se va estableciendo una interesante relación entre el pintor y el inspector porque ambos además actúan bajo presión… y terminan colaborando juntos para la resolución del caso.

Entre medias está la dama en cuestión. La víctima. Para el pintor holandés es una dama importante, casada y con clase, que inicia una tormentosa relación con él. Pero para el inspector (al indagar en su casa y al oír a algunos testigos) no es más que una mujer vulgar de mala vida. Por ahí viene su primera duda y certeza: no casa lo que va descubriendo de la víctima con la descripción que realiza el pintor de su amante. Y esa ambigüedad enriquece cada vez más la trama. A la víctima la vamos conociendo además por los flash back del pintor holandés que nos cuenta su pasional, erótica y compleja relación (no sólo les afecta el factor diferencia de edad —el pintor es bastante más joven— sino también los distintos orígenes y maneras de comportarse en ciertos aspectos cotidianos). La autenticidad bruta del hombre, su naturalidad y su fisicidad ante la sofisticación, apariencia y distancia de la mujer.

Un elemento interesante en el cine de Losey es el empleo de los espacios cerrados como ‘cárceles’ o ‘jaulas’ para los protagonistas y el uso de los espejos en las distintas escenas donde se refleja el estado de ánimo del personaje o las relaciones complejas entre los personajes. Estos dos elementos —espacios cerrados y espejos— son también claves a la hora de analizar El sirviente.

Lo que parece una historia clara y simple. Lo que parece un caso de resolución rápida… va dando paso a otra historia más compleja. Una historia donde choca el amor y la lucha de clases. Y ahí está precisamente la clave del enigma…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Le Week-End (Le Week-End, 2013) de Roger Michell

Le-Week-end

Un momento musical encierra toda la ‘poética’ de Le Week-End: dos hombres y una mujer mayores emulan el baile en el bar de Banda aparte (1964) de Jean-Luc Godard. Un momento lúdico que encierra toda una tragicomedia.

Hemos asistido a un fin de semana en París de un matrimonio británico (de Birmingham para más señas) que llevan treinta años casados… y rememoran su luna de miel. Ésa puede ser una primera lectura (el momento lúdico)… pero con lo que no contamos es con todo el bagaje sentimental que arrastran y la fragilidad (vulnerabilidad) en la que se encuentran en el momento en que deciden emprender el viaje (la tragicomedia). Se encuentran al borde del abismo. Así el espectador danza entre la sonrisa, la amargura y el desencanto de una pareja que lleva años juntos… que son capaces de amarse en un momento y odiarse al siguiente. De ser tiernos en un segundo o convertirse en seres fríos al instante. En consolarse y mirar lo bueno del otro o lanzarse cuchillos. En sostenerse juntos o dañarse con furia…

Así en un París deslumbrante Nick y Meg (emocionantes Jim Broadbent y Lindsay Duncan) arrastran sus inseguridades, amarguras, frustraciones y desengaños… pero también sus sueños, sus desvelos, su amor, sus pasiones, sus recuerdos… Y lo agitan todo mucho y como una botella de champán que se descorcha, sale la espuma, se derrama… y se sinceran. Las cartas sobre la mesa. Y hay amargura pero también ponen muchos recuerdos y sentimientos en la balanza y dan con la medida precisa. Un fin de semana que les sirve para caer al abismo, para creer que todo se ha derrumbado, que aquellos jóvenes rebeldes de los 70 (que querían cambiar el mundo) son ahora dos personas mayores inseguras, temerosas e insatisfechas… y para darse cuenta de que cuando parece que todo está perdido, quizá se pueda empezar de cero…

Y el que derrama la espuma del todo es un amigo de la universidad de Nick (¡bendito Jeff Goldblum) que les invita a una cena parisina… donde se abre la caja de Pandora.

Le Week-End es una película que exuda amargura e ironía y provoca la sonrisa pero también el desencanto. Rodada con una mirada elegante y con clase (como dice en un momento el personaje de Nick a Meg… que es una mujer con clase) somos testigos de la intimidad de un matrimonio. En un fin de semana se condensa toda una vida, tragedia y comedia. Merece la pena escuchar a Nick y a Meg. Así de nuevo el dúo profesional de Roger Michell con el guionista Hanif Kureishi vuelven a sorprender con una historia bien contada, con instantes para recordar (antes ya habían trabajado en dos largometrajes: The mother y Venus —con el recientemente desaparecido Peter O’Toole—) y con otra mirada sobre la vejez.

Escuchemos la ‘banda sonora’ de fondo (Un Claro de luna con canción de Bob Dylan…), tomemos champán en un balcón junto a la torre Effiel o fumemos un porro en compañía de un adolescente tan solitario como nosotros, demos un discurso en un mesa sobre el miedo que tenemos a lo que nos queda de vida y bailemos en un bar… cuando todo esté perdido ¿o quizá no?…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.