Las furias (Las furias, 2016) de Miguel del Arco

Las furias

Las furias es el debut de Miguel del Arco en el cine. El hombre del teatro deja esta vez los escenarios y se sube a la pantalla blanca. Y desata toda una lluvia catártica, una tragedia familiar que termina de manera singular: la familia como cárcel y liberación. Los Porto Alegre se reúnen un fin de semana en la casa veraniega y empieza la tormenta, se desatan las furias y después… la calma. Es curioso, porque podría haber empezado el post igual que el de Agosto (adaptación cinematográfica de la obra de teatro de Tracy Letts, que también ilustra una reunión familiar tormentosa): “Ya lo dijo Tolstoi en Ana Karenina, ‘todas las familias felices se parecen, y las desgraciadas, lo son cada una a su manera’”… y es que muchos de los actores que construyen los personajes de los Porto Alegre también tienen su recorrido en otras familias trágicas de ficción (bien del mundo del teatro, bien del mundo del cine). Lo hermoso es que Miguel del Arco ha dado rienda suelta a sus inspiraciones, y si conoce bien los mecanismos del teatro y se nutre además de la mitología, la tragedia griega y shakesperiana, se empapa también del melodrama cinematográfico desatado. Y crea una película tan especial como Las furias, con voz y personalidad propia, que deja además al descubierto un abanico de buenos actores.

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Historia de una pasión (A quiet passion, 2016) de Terence Davies

Historia de una pasión

La primera vez que escuché el nombre de Emily Dickinson y algunos de sus versos fue en una película que me impactó en mi adolescencia: La decisión de Sophie. La triste historia de Sophie y Nathan, que crean un universo particular en la habitación de la casa rosa, se abre y se cierra con unos versos de Dickinson: «Haz amplia esta cama, / haz esta cama con prudencia;/ espera en ella el postrer juicio,/ sereno y excelente./ Que sea recto su colchón/ y redonda sea su almohada,/que ningún rayo dorado de sol/ llegue jamás a perturbarla».

Y ya se me quedó el nombre de esta mujer en la memoria. Ahora muchos años después Terence Davies me trae de nuevo a Emily Dickinson (1830-1886) en Historia de una pasión. Y lo que hace es captar a una mujer que ejerció una rebeldía silenciosa hasta terminar confinada en su cuarto vestida de blanco. Porque su alma no era más que suya, de nadie más. Y su alma se expresaba a través de los versos. Emily Dickinson se desnudaba a través de la poesía. Terence Davies logra atrapar la esencia de esta mujer y crea su propio poema en imágenes. En el siglo XX una escritora británica diría: “Una mujer debe tener dinero y una habitación propia si desea escribir ficción”…, esta es una de las citas más famosas de Virgina Woolf (1882-1941) de su ensayo (a partir de varias conferencias de la autora) Una habitación propia. Y es una frase que podría haber escrito siglos antes Dickinson… porque fue en la intimidad de su cuarto en la casa familiar (nunca se casó) donde elaboró su obra y donde ejerció su independencia espiritual (la económica no la consiguió). No fue fácil. Llevó al extremo tener una habitación propia… y no salir de ella.

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Mujeres patológicas. La envidiosa (Harriet Craig, 1950) de Vincent Sherman / Madame Marguerite (Marguerite, 2015) de Xavier Giannoli / Elle (Elle, 2016) de Paul Verhoeven

Tres mujeres patológicas emocionales protagonistas de tres películas que adquieren su personalidad por los magníficos personajes que desempeñan tres actrices que se arriesgan, hasta el límite: Joan Crawford, Catherine Frot y Isabelle Huppert. Y además tres películas que tienen mucho que analizar tanto en la forma como en el contenido. Tres mujeres encerradas en sus personalidades… y donde las casas adquieren un protagonismo importante. Son sus refugios, tanto para lo bueno como para lo malo…

La envidiosa (Harriet Craig, 1950) de Vincent Sherman

La envidiosa

Joan Crawford es la Harriet Craig del título. Y no la importa crear un personaje desagradable y antipático, pero además conseguir entenderla y compadecer su soledad. Más que envidiosa (título poco afortunado), Harriet es una personalidad femenina compleja que busca con brazo de hierro una seguridad férrea en el hogar conyugal. Dominar el hogar, la casa, que todo esté impoluto, ordenado, milimétricamente colocado y ella perfecta… en cada instante. Que ese hogar no lo visite nadie que ella no controle. Y un marido que trabaje, que llegue a casa, que esté tranquilito y que no necesite nada más que una esposa perfecta. Todo bajo control, que nada se resquebraje. Y si algo atenta contra esa seguridad, ella será capaz de la manipulación y la mentira, de todo lo que sea necesario.

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Jesús (Jesús, 2016) de Fernando Guzzoni

Jesús

Jesús parte de una historia real, el caso Zamudio, que conmocionó a la opinión pública chilena. El 2 de marzo de 2012 cuatro jóvenes atacaron, golpearon y torturaron a Daniel Zamudio, un joven homosexual, en el Parque San Borja en Santiago de Chile y le abandonaron en estado de coma. Pero como últimamente pasa con la cinematografía que viene de Chile, su director y guionista Fernando Guzzoni ofrece una mirada, un punto de vista, que incomoda, que hace reflexionar y que es muy compleja. Lo que une a toda una generación de cineastas chilenos muy distintos en sus trayectorias es atreverse con miradas y puntos de vista que inquietan, remueven y golpean. Miradas que ofrecen otras perspectivas de la realidad. Y Fernando Guzzoni tiene esa mirada. Ya golpeó en su primer largometraje, Carne de perro, donde se metía en el mundo interior de un extorturador con ataques de ansiedad. Y ahora en Jesús su cámara se pone en el lado más incómodo y vomita una realidad más difícil de “leer”, comprender e interpretar.

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Los ojos sin rostro (Les yeux sans visage, 1960) de Georges Franju

Los ojos sin rostro

Cuando Almodóvar estrenó La piel que habito, fueron varias las voces de críticos que nombraron una referencia: Los ojos sin rostro de Georges Franju. Así se volvió de nuevo a hablar de ella, y a recuperarse en ediciones cuidadas. La película de este cineasta francés es un referente del cine de terror europeo, pero, sin duda, lo que fascina es esa mirada especial de Franju que consigue una historia extraña, violenta, inquietante… y absolutamente poética. Así el espectador se ve empujado por esa mirada triste de una chica desgraciada, delicada y frágil encerrada en su mansión… y que cubre su rostro con una máscara. Un rostro sin expresión, pero que sufre. Y ese sufrimiento permite que otros cometan actos reprobables y salvajes, se salten todo atisbo de moral, por una única finalidad: devolverle su cara. Y ella asiste egoísta y pasivamente a la crueldad ajena, hasta que reacciona (pero por el fracaso continuo del padre y por una pérdida absoluta de la esperanza). De nuevo una femme fatale con máscara de ángel. Su padre es un cirujano plástico capaz de todo tipo de experimentaciones y de practicar trasplantes faciales, sin importarle en absoluto los métodos que debe emplear para conseguirlo; todo para devolver la felicidad y el rostro a su hija (hubo un accidente fatal, del que además se siente culpable). Para ello cuenta con la ayuda de una paciente agradecida (porque sí que la devolvió un rostro bello), tan agradecida que es capaz de todo, que sirve para atraer a jóvenes víctimas, para estar al lado del doctor en cada una de sus intervenciones, para deshacerse de los cuerpos y para estar veinticuatro horas pendiente de la niña triste con máscara.

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Sunset song (Sunset song, 2015) de Terence Davies

Sunset song

El verano pasado el director danés Thomas Vinterberg adaptó para el cine una novela de finales del XIX del inglés Thomas Hardy, Lejos del mundanal ruido (que ya tenía una adaptación cinematográfica de los años sesenta de John Schlesinger). Este verano el director inglés Terence Davies adapta una novela escocesa de Lewis Grassic Gibbon de principios del siglo XX, Sunset song. Sin tener conocimientos de los universos de las dos novelas, sí hay un diálogo estrecho entre ambas películas. En la película de Vinterberg se veía que lo que había llamado la atención del director para plasmar esa novela (y tener coherencia con su trayectoria anterior) en la pantalla eran: “las emociones fuertes. La tragedia que persigue a algunos seres humanos y les marca. La dificultad de las relaciones humanas… La familia como sello. La violencia emocional”. Y todo eso está presente en Sunset song de Terence Davies, y también tiene que ver con su trayectoria cinematográfica. Los dos directores, innovadores en el aspecto formal, se dejan llevar en estas adaptaciones por un hermoso clasicismo cinematográfico, que acerca estas películas a otro tema que ambos tocan: el ciclo de la naturaleza, los paisajes rurales, el apego a la tierra y los rituales. Y el diálogo sigue en varios asuntos: las protagonistas son dos mujeres que trabajan y se aferran a su tierra. Hay escenas fundamentales y rodadas con una belleza especial en ambas: los estragos de la tormenta y la celebración de una boda. Y en las dos los cánticos populares son protagonistas. Es como si hubiera una vuelta a una narración pausada y clásica que refleja un mundo que se ha ido, pero ha dejado profundas huellas.

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10 razones para amar Matar a un ruiseñor (To Kill a mockingbird, 1962) de Robert Mulligan

matar a un ruiseñor

Razón número 1: una caja de secretos

Porque desde los títulos de crédito de Matar a un ruiseñor te sumerge en una atmósfera especial; no solo es la melodía delicada de Elmer Bernstein, sino las imágenes y el sonido de fondo. Las manos de Scout Finch (estoy segura que son las de ella) abren una vieja caja, mientras tararea una canción. Esa caja que todos tuvimos en nuestra infancia con tesoros maravillosos. La cámara se acerca a los objetos ocultos, que las manos infantiles van tocando: primero coge una cera y va pintando en un folio el fondo, del cual va surgiendo el título de la película. Después la cámara sigue recorriendo los tesoros, un viejo reloj sin agujas, un imperdible, unas monedas, un portaminas, una canica… Después de nuevo vemos las manos de la niña que realiza un dibujo infantil, una especie de pájaro…, vuelta a la caja para coger más pinturas, y una de las canicas se desplaza, hasta chocar con otra. De nuevo volvemos a una panorámica de toda la caja, donde además claramente se ven unos muñequitos tallados de una niña y un niño. Y la niña sigue dibujando unas ondas, quizá una representación del cielo o una nube, y de vuelta a la caja, donde hay recambios de plumas estilográficas, la canica, el reloj, más canicas, puede que una especie de pequeña armónica, un silbato… Y la niña terminando su dibujo. Tira la cera a la caja y oímos su risa ante su creación terminada… y de pronto rasga el papel. ¿Hay manera más hermosa de introducirte en el universo infantil y en el punto de vista que se va a tomar?

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El mundo sigue (1963) de Fernando Fernán Gómez

elmundosigue

Hay acontecimientos cinematográficos que ponen a la vista del espectador un descubrimiento, una revelación que impacta. Así ha ocurrido con la iniciativa de estrenar en sala de cine El mundo sigue de Fernando Fernán Gómez, una película a la cual era casi imposible acceder a ella. Tuvo un estreno prácticamente fantasma a los dos años de realizarse (en 1965), apenas se ha proyectado en salas y se ha emitido en muy contadas ocasiones en televisión. Tuvo diversos encontronazos en su momento con la censura, se vio perjudicada por intereses políticos y fue vedada, muerta en vida. Fue una película silenciada. Sus pocos espectadores fueron y son unos privilegiados. Ahora cincuenta años después de su estreno mínimo y con una copia restaurada, vuelve con fuerza a los cines y nos devuelve una película perdida en la memoria. Así como se brinda la oportunidad de que su número de espectadores crezca. Con este reestreno se recupera una pieza que permite estructurar y analizar ese cine español que, a veces, tanto desconocemos. El descubrimiento merece la pena.

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Reflexiones alrededor de Gordon Gekko. Wall Street (Wall Street, 1987) de Oliver Stone/ Wall Street. El dinero nunca muere (Wall Street 2. Money never sleeps, 2010) de Oliver Stone

¿Por qué Gordon Gekko (Michael Douglas) es el personaje recordado de aquella película de los ochenta y por qué el mismo director le recupera en 2010? Porque los Gekko del mundo se reinventan, se multiplican, hunden, se hunden y vuelven a resurgir con fuerza, como si no hubiese pasado nada. Y vuelta a empezar.

Y sin embargo para mí el gran personaje, el verdadero héroe, de Wall Street (primera parte) es Carl Fox (Martin Sheen)… ¿alguien se acuerda del padre del protagonista, Bud Fox?¿Alguien recuerda a ese hombre fiel a sus principios, trabajador, honrado, buen compañero, sin pelos en la lengua, carismático, luchador…? Él no se merece una secuela…

He tenido la oportunidad de ver estas dos películas seguidas, una detrás de otra (una un lunes, otra un martes), y es un díptico perfecto con un gran pero. El gran pero es el final de Wall Street 2. Termina como una absurda fábula con final feliz, ¡si tenía el final perfecto con Gordon Gekko en Londres… resurgiendo de las cenizas habiendo pasado totalmente de su hija y futuro yerno…! A no ser que ese absurdo final lo tomemos como una ironía, un juego de Oliver Stone… como diciéndonos: en un mundo en crisis ganan los de siempre, perseveran los mismos. Y las niñas pijas con web de izquierdas siguen felices entre tiburones en su cárcel de cristal…, las pobres no saben nada y son muy atormentadas (los tiburones: su marido vengador pero moderno porque quiere sacar beneficios –pero con paciencia– de las energías renovables y su papá que efectivamente no ha cambiado nada pero bien poco que le importa… aunque queda bien tener una familia y encontrar un sucesor). Quizá, entonces, el final no sea tan malo, incluso puede que sea una buena bofetada.

Wall Street (Wall Street, 1987) de Oliver Stone

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El conflicto de esta película está perfectamente servido: el joven cachorro entre dos figuras paternas. Uno le lleva por la codicia y el dinero fácil, el otro por la vida honrada, con principios, con la regla del trabajo bien hecho y el valor del esfuerzo. Ahí se construye un drama. El joven cachorro renuncia al padre biológico y se va corrompiendo a buen ritmo por el protector sin escrúpulos… hasta que se da cuenta de que es un mero instrumento, que le han utilizado y que además va a perjudicar a la persona que más quiere, su padre. Entonces el camino de la redención es duro: es detenido y no puede evitar llorar y sin duda terminará pisando la prisión aunque se lleve por delante, en el camino, a Gekko. El joven Bud Fox en su bajada a los infiernos está acompañado por compañeros pesados, compañeros ancianos y sabios, compañeros fracasados y otros tiburones de la misma escuela que Gekko. Y también diversas mujeres floreros sin relevancia alguna en sus vidas… De fondo la bolsa, Wall Street, los tiburones que compran, venden, devoran, ejecutan, refunden empresas sin importarles en absoluto el capital humano, los años de trabajo, el producto que se elabora, los ciudadanos… Manejan el mercado sin escrúpulos, mienten, rumorean, tumban, perjudican… sin responsabilidad alguna. A veces les pegan un sustito, les pillan (después de haber hundido a los países y sus economías)… como mucho unos añitos de cárcel y vuelta a empezar en una segunda parte.

Oliver Stone deja sin embargo enfrentamientos y escenas memorables para dibujar perfectamente a sus personajes. La discusión en el ascensor y en la calle entre padre e hijo, la reconciliación en el hospital, el discurso sobre la codicia de Gekko ante una de las empresas que se va a comer sin piedad alguna o el mismo personaje, que se cree invencible (y casi lo es) y que mueve los hilos, admirando un amanecer mientras habla con un pedazo móvil dinosaurio.

Wall Street. El dinero nunca muere (Wall Street 2. Money never sleeps, 2010) de Oliver Stone

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Y Oliver Stone no deja ni un cabo suelto en esta segunda parte… hasta el pedazo móvil dinosauro sale… Esta vez lo que nos cuenta es que Gekko sale de la cárcel y vuelve a encontrarse super a gusto en el mundo que maneja porque nada ha cambiado. El hombre empieza a ganarse la vida escribiendo libros, dando conferencias y aconsejando a los demás. Y hay otros tiburones que se comen entre sí y manejan como quieren el mercado, y sin caérseles los anillos, provocan crisis económicas desastrosas… y luego son los únicos que saben beneficiarse y enriquecerse de ellas. La recuperación de los ciudadanos y países les trae totalmente al pairo. Ellos se hunden y vuelven a resurgir cual ave fénix y crean alianzas según les conviene.

El director vuelve a crear una ópera trágica de padres e hijos, de protectores y protegidos, de rumores y venganzas… Pero esta vez se permite un irónico (u horrible, según se mire) final feliz. Incluso puede que Gekko se enamore de nuevo de otra mujer florero, la mamá de su yerno. Todo queda conectado con la primera parte hasta Bud Fox que hace patética y triste aparición en la secuela. Queda claro que no siguió las enseñanzas de su padre…, se quedó en el mundo de Gekko, y este le niega hasta el protagonismo en su detención y encarcelamiento, le convierte en pura anécdota.

Esta vez Oliver Stone crea a un personaje plano (no tiene evolución alguna) que se llama Jake Moore (Shia LaBeouf) que se enfrenta a tres padres adoptivos: Louis Zabel (un banquero de la vieja escuela que no se maneja bien en los nuevos tiempos. No le pasa lo mismo a otro viejo banquero con la anciana cara de Eli Wallach), Bretton James (un banquero depredador y motero con rostro de Josh Brolin), y su futuro yerno Gekko. Los tres personajes más potentes de esta secuela. A Jake Moore parece que le mueve la venganza (pero también el ansia de vivir muy bien y feliz, el ser pragmático, vamos), cuando hunden a su mentor, Louis Zabel (un magnífico Frank Langella), se pone en marcha. Antes vemos la caída de Zabel que Stone cuenta con maestría y con una narrativa cinematográfica que atrapa. Después vemos la caída del rey depredador de ese momento, Bretton James (que seguro resurgirá de las ceniza) y el nuevo nacimiento de Gekko, que se siente de nuevo a sus anchas mientras el mundo se derrumba a su alrededor…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Busca tu refugio (Run for cover, 1955) de Nicholas Ray

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Entre Johnny Guitar y Rebelde sin causa, Nicholas Ray realizó un western que enlazaba muy bien estas dos películas, Busca tu refugio. En esta película del Oeste sigue transgrediendo el género, profundizando en el intimismo y psicología de los personajes, y al héroe sin hogar, desencantado y con experiencia, con pasado en los hombros (James Cagney), como Guitar…, le pone como compañero a un joven, un joven que será rebelde (John Derek) con más causa que Jim Stark. Así una película aparentemente menor, muestra al Ray creador de un universo lírico y triste.

Un western, que como Johnny Guitar muestra la facilidad de la masa con cabecilla descerebrada para arrasar, ser injusta, acusar y linchar al forajido; sin juicio justo, sin ni siquiera dar oportunidad a la defensa. Pero también deja la difícil radiografía de un joven rebelde que nunca llega a encontrar un camino por el que avanzar, un joven complejo y ambiguo. En su camino, se cruza el héroe forajido desencantado que ve la oportunidad de actuar como el padre que nunca pudo ser (pues arrastra una historia triste y entre varios desafortunados eventos, uno es la pérdida del hijo).

Y es que las películas del Oeste, sin leyendas, generan historias tristes porque no fue un momento idílico ni aquellas tierras el paraíso, sino que fue un momento duro y las tierras, a veces un infierno. Así Busca tu refugio empieza con un encuentro. Entre el forajido con pasado y el joven inexperto deseoso de ver mundo. Y enseguida empieza el conflicto.

Pasa un tren y el joven cuenta al mayor que la semana pasada robaron las nóminas y que nunca llegaron a su pueblo. Desde el tren los que guardan las nóminas ven a dos forajidos y temen que de nuevo vuelvan a robarles. Los dos vaqueros apuntan con sus pistolas a un pájaro y prueban su destreza. Los encargados del tren creen que el robo va a ser inminente, y tiran el dinero para no tener complicaciones. El hombre mayor no tiene ninguna duda de enmendar el error, al joven se le ve con la duda en los ojos…, una duda que ya no le abandona nunca. A partir de ese momento, todo se precipita. Los encargados del tren cuentan en el pueblo que les han vuelto a robar, el sheriff sangriento y deseoso de venganza con otros hombres del pueblo salen en busca de los forajidos. Los vaqueros regresan al pueblo para devolver el botín. El sheriff los ve de lejos y no pide explicación ni los hombres tampoco. Un disparo y el chico cae moribundo; al hombre que le acompaña tratan de lincharle ahí mismo. Pero uno de los del pueblo reconoce al chico… Y todos se dan cuenta del error. El chico es huérfano y todos los del pueblo se habían ocupado de su cuidado, lo trasladan a la granja de unos inmigrantes suizos. Aclarado el asunto, el hombre forajido pide ir a cuidar al chico a la granja. El conflicto está servido.

De pronto se crea una compleja relación paterno-filial que genera fuertes lazos de dependencia por ambas partes, sobre todo cuando el médico informa de que el chico jamás podrá recuperar una de sus piernas. El forajido encuentra un techo, algo parecido a un hogar, con los inmigrantes suizos, sobre todo con una bella mujer que le brinda una segunda oportunidad para ser feliz. El chico no encuentra su lugar en ninguna parte, quizá solo la seguridad de saber que haga lo que haga siempre tiene la confianza del forajido…

Nicholas Ray rodea a sus personajes de momentos cotidianos e íntimos (sobre todo en la bonita, tierna e inocente relación que se establece entre James Cagney y Viveca Lindfors) pero tampoco faltan persecuciones, indios, robos y asaltos. Y tampoco la melancolía, la tristeza y el desencanto que se posa en las películas de Nicholas. Porque ese hombre que intenta ser un buen padre, que trata de construir una relación de confianza, que siempre da una y otra oportunidad al joven rebelde…, fracasa… porque en el último momento ya no se fía de él. Se rinde un solo instante… y esto supone el fracaso y de nuevo la ausencia… Menos mal que al menos le queda otra oportunidad en el amor, hay una bella suiza que le espera y cree en él, y quizá puedan construir algo parecido a un hogar.

Nicholas Ray puebla sus películas de perdedores desencantados que buscan un refugio, que tratan de no fracasar en una segunda oportunidad, y que a veces son capaces de, con sus actos, una palabra, o una mirada, hacer un poema visual…

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