10 razones para amar El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard, 1950) de Billy Wilder

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Razón número 1: Duelo de dúos (I Parte): Billy Wilder y Charles Brackett

¿Qué tienen en común La octava mujer de Barba Azul, Medianoche, Ninotchka, Si no amaneciera, Bola de fuego, Arise, my love, El mayor y la menor, Cinco tumbas al Cairo, Días sin huellas, El vals de emperador, Berlín Occidente y El crepúsculo de los dioses? Pues seguro que se puede jugar bastante y sacar varios elementos en común pero hay uno que con solo mirar los títulos de crédito surge con fuerza: los guiones de estas películas están firmadas por Billy Wilder y Charles Brackett. Y su última colaboración juntos fue precisamente en El crepúsculo de los dioses, una buena rúbrica final para una colaboración que dejó muy buenos frutos.

El crepúsculo los dioses es un guion amargo sobre Hollywood y sobre el oficio de guionista pero también un canto de amor hacia dicha figura dentro del equipo humano necesario para crear una película. Esta historia tal y como está contada y cómo está contada, en primera persona, solo puede llevarla a cabo y manteniendo siempre el interés un buen guionista desencantado, como el protagonista del film, Joe Gillis. Y sólo podía llegar a estar tan bien narrada y tan bien reflejado el oficio de guionista con dos profesionales como eran Billy Wilder (también director) y Charles Brackett (también novelista y productor).

Razón número 2: Duelo de dúos (II Parte): Gloria Swanson y Erich von Stroheim

Pero otro dúo brillante que forma parte de una historia mágica (y decadente) y que da autenticidad a cada fotograma es el formado por Gloria Swanson y Erich von Stroheim o lo que es lo mismo por Norma Desmond y Max von Mayerling.

Y la historia verdadera y la historia de ficción se funden creando autenticidad y verdad. Su huella deja el lado más duro de un Hollywood silente que encumbraba y relegaba al más absoluto de los olvidos cuando salías del todopoderoso sistema de estudios. Pero los dos siguieron con la cabeza alta… No protagonizaron en realidad la tétrica pero a la vez deslumbradora y decadente historia de Norma y Max pero sí la suya propia, la de Gloria y Eirch.

Ambos eran grandes en el cine silente. Pero él se salía tanto de los canones de la industria que le terminaron relegando y no le dejaron terminar muchas de sus obras. Pero siguió en el mundo del cine y no cayó en el absoluto olvido por sus labores como actor. Ella era una de las divas y reinas del cine mudo pero en cuanto llegó otra forma de hacer cine (más su rebeldía) se retiró de la pantalla blanca (y se dedicó a otros terrenos, no la fue nada mal). Los dos coincidieron en un momento que supuso lo sublime y la caída más estrepitosa. Ambos fueron artífices de una obra cinematográfica inacabada llena de historias y con imágenes que preludian lo que podría haber sido: La reina Kelly (1929). No acabaron de la mejor de las maneras. No se vieron más. Pero volvieron a encontrarse, y el encuentro fue dulce, en El crepúsculo de los dioses. Ya en los años cincuenta. Ella como una actriz decadente encerrada en una mansión-cárcel-refugio. Él como un mayordomo eficiente que esconde un pasado como director de cine y primer esposo de la diva caída… Y siguen un ritual, al que ahora se une el joven guionista Gillis, se proyectan en el salón las viejas películas de ella. Las imágenes que se ven en El crepúsculo de los dioses se corresponden a aquella película inacabada… Y es emocionante ver el rostro de ambos mientras miran las escenas silentes.

 Ficción y realidad. Realidad y ficción. Todo se mezcla.

Razón número 3: cameos y apariciones con mucho arte

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… La diva del cine silente se deja acompañar por otras viejas glorias. Igual que Gloria Swanson (como su personaje Norma Desmond) conocía perfectamente esa época porque fue una de las protagonistas… otros rostros silentes salen en esta historia. Así Norma Desmond recibe la visita semanal de tres actores del cine mudo con los que juega interminables partidas de cartas. Ellos son Buster Keaton, Anna Q. Nilsson y H.B.Warner (los dos últimos bastante más relegados al olvido. Tratemos de recordarlos: para los amantes del western ella fue la primera Cherry Malotte, dueña de un Saloon en la Alaska que vive la fiebre del Oro, de las cuatro versiones que tendría The Spoilers. Y H.B. Warner fue el protagonista del Rey de Reyes mudo de Cecil B. DeMille pero luego tuvo papeles secundarios en películas míticas como el alcohólico y triste dueño de la droguería donde trabaja George Bailey en Qué bello es vivir).

También están los que supieron subirse al carro… como un director que hace de sí mismo pero que fue uno de los que dirigió los grandes éxitos mudos de Norma Desmond. Lo vemos en su salsa, siendo él mismo, en un estudio y rodando en la Paramount… ni más ni menos que el ‘rey del espectáculo’, Cecil B. DeMille. Si en tiempos del mudo tuvo éxitos como Juana de Arco,  Los diez mandamientos o Rey de Reyes… en aquellos años seguía dando espectáculo con Sansón y Dalila, El mayor espectáculo del mundo u otra nueva versión de Los diez mandamientos… Precisamente en el cameo le vemos en un estudio de la Paramount, en esos momentos estaba rodando realmente Sansón y Dalila.

Una de las reinas del chisme también hace de sí misma… aquellas columnistas capaces de elevar o hundir carreras… presente y haciendo de ella misma en la última impresionante escena que protagoniza una Norma Desmond trastornada. Hablamos de Hedda Hopper y Billy y Charles nos la presentan en su salsa.

Razón número 4: cine dentro del cine. Hollywood dentro de Hollywood

El crepúsculo de los dioses habla de cine, es sobre cine y emplea de manera brillante todos los recursos del lenguaje cinematográfico. Así es un retrato duro pero a la vez apasionado de la industria cinematográfica en Hollywood. Es una historia del cine desde la época del cine mudo hasta el apogeo del sistema de estudios en los años 50 (a punto de caramelo para la caída). Asistimos a la cara oscura pero también a entender por qué se ama ese mundo, ese mundo de hacer películas.

Nos encontramos con los entresijos de un estudio (La Paramount). Sus estrellas, sus productores, guionistas, directores, técnicos, ayundantes de producción, representantes… que foman parte de una gran plataforma, de un plató gigante, que cuenta historias para que se proyecten en la pantalla blanca. Pero este sistema de estudios es una maquinaria que engulle y tritura. Crea y destroza. Encumbra y olvida. Fama y fracaso. Estrellas y sombras. Pero también creatividad, invención, imaginación, levantar sueños, el gusanillo de escribir, de dirigir, de actuar… La cara y la cruz de Hollywood. Un sitio lleno de claro oscuros. Amanece y lo amas, pasa el día y te vas desesperando, anochece y entre litros de alcohol y rechazos terminas odiándolo… y a dormir… que espera un nuevo día.

Norma Desmond y Joe Gillis son dos personajes complejos pero redimidos, sin embargo, por su entrega absoluta a la pantalla blanca. Es lo que les hace vivir y morir. Aman y odían con intensidad el mundo que les hace personas pero también les destruye.

Razón número 5: la mansión y las escaleras

Cuando el guionista Joe Gillis pisa por primera vez la mansión que se convertirá en su cárcel la describe perfectamente. Le recuerda a la mansión que se cae a pedazos en su decadencia que describe Dickens en su novela, Grandes esperanzas. Y piensa que dentro puede habitar una especie de señorita Havisham… y no se equivoca. Solo que Desmond no se rinde y sigue buscando el amor (o el sentirse deseada) aunque tenga que pagar y retener al bello guionista como sea.

Y esa mansión enorme cobija habitaciones sin cerraduras, decorada de manera barroca, como si se tratara de un artificial decorado de película de lujo, un hogar digno de diva decadente. Un decorado que se va desplomando pero que guarda cierta hermosura. Una piscina sin agua que se llenará con la llegada del aire fresco, Joe Gillis. Y que se convertirá en su tumba. Habitaciones con fotografías antiguas, que se aferran al pasado. Habitaciones con goteras. Un dormitorio con un mono muerto. Un entierro en el jardín salvaje.Y unas escaleras que son el mejor escenario para que una Norma Desmond ofrezca la actuación de su vida mientras las cámaras ruedan.

Recopilando curiosidades me entero de que la misma mansión, antes de que se desapareciera definitivamente, se emplearía también en una película donde se rodarían escenas míticas. Es la mansión abandonada donde se refugian en un momento dado los jóvenes de Rebelde sin causa.

Razón número 6: ¿Cuál es el género?

¿Cine negro? Así parece en las primeras escenas. ¿Terror? Es lo que sentimos nada más pisar la tétrica mansión. ¿Comedia? ¿Drama? ¿Melodrama? ¿Comedia romántica? Todos estos géneros se encuentran encerrados en El crepúsculo de los dioses y ninguno chirría. Es tan brutal y tan claustrofóbico a veces el encierro de Joe Gillis (sobre todo cómo lo vive… recordemos que es él el ‘peculiar’ narrador) que sus escapadas y su historia con la joven guionista (Nancy Olson) se hace necesaria. Porque es una manera de pintar un posible futuro para Gillis. A veces los excesos de Norma nos pueden provocar risa… pero una risa incómoda, como el comportamiento de su fiel mayordomo. Una risa que se transforma en lágrima porque hay tragedia detrás de lo estrafalario. Todo está envuelto en un ambiente de cine negro porque sabemos desde el principio que lo que estamos viendo es la crónica de un crimen y sabemos que no hay salida posible, ni salvación ni redención para su protagonista.

Razón número 7: William Holden, pistoletazo de salida

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En muchas ocasiones he cantado mi amor platónico hacia William Holden. El crepúsculo de los dioses supuso el pistoletazo de salida para una carrera que despegó lentamente (llevaba desde finales de los años 30 apareciendo en pantalla). Joe Gillis funciona porque lo construye un buen actor (además de partir de un buen guion). El guionista gigoló que va mostrando su vulnerabilidad, sus puntos débiles, lo que le hace más humano. Joe Gillis, un personaje tremendamente complejo y muy bien reflejado por un Holden no sólo atractivo sino que muestra toda la ambigüedad del personaje y consigue que finalmente todos los espectadores estén convencidos de que no se merece contarnos esa historia desde el fondo de una piscina, sin posibilidad de futuro.

Y a partir de El crepúsculo de los dioses, vendría el reconocimiento. Y una galería de películas que me hacen ser para siempre espectadora fiel (ya se vislumbraba en Sueño dorado, el violinista boxeador): Nacida ayer, Traidor en el infierno, Picnic, La Colina del Adiós, El puente sobre el río Kwai, El mundo de Suzie Wong, Grupo Salvaje, Network…

Razón número 8: el narrador, un guionista muerto

Y seguimos con Joe Gillis y William Holden. No sólo es guionista de profesión sino que se convierte en narrador omnisciente del relato cinematográfico. Ya sabe todo lo que va a ocurrir puesto que está muerto. Domina la historia. Y nos la cuenta como lo que es, un guionista. Todo lo vemos bajo su mirada. Y los ambientes por los que se desenvuelve. Y las descripciones de los personajes. Quizá esa es la explicación de ese universo de géneros. Según el estado de ánimo del narrador se va hacia el cine negro, hacia el humor negro, hacia el terror, la intriga o el romanticismo exacerbado…

Razón número 9: érase una vez un gigoló y una dama decadente

Érase una vez un gigoló y una dama decadente en una mansión encerrados en una fiesta de fin de año con una orquesta a su servicio… El crepúsculo de los dioses no es un cuento de hadas. Lo triste (y lo humano y esperanzador) de Joe Gillis es que todavía le queda la suficiente humanidad como para entender la decadencia, los miedos y la tristeza que encierra el rostro de Norma Desmond, otro personaje perdido y frágil. Y los dos son capaces de crearse un universo donde tratan curarse de las heridas. Pero un universo artificial que termina resquebrajándose y matándoles a ambos. Norma no puede vestirse siempre de las bañistas de Mack Sennett o hacer reír con una imitación magistral de Charlot… no puede evadirse siempre. Y Gillis no puede estar toda la vida huyendo sin enfrentarse a sus problemas. Cuando ambos tratan de encarrilar sus vidas… ya es demasiado tarde. Gillis muere, y Desmond pierde la cabeza definitivamente, se quiebra.

Razón número 10: Un principio y un final. Historia redonda

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Las películas como las novelas o los cuentos tienen mucho terreno ganado si tienen un principio que atrapa, un desarrollo que mantiene el interés y un final que deja clavado al espectador en el asiento. Y así es El crepúsculo de los dioses. El principio te atrapa y no te suelta: ¡una historia que te está narrando un cuerpo muerto flotando en una piscina de una mansión de Sunset Boulevard! El desarrollo no decae en ningún momento pues se trata de entender cómo se llega a esa situación. Y el final nadie puede olvidar la locura de Norma Desmond bajando por las escaleras cual diva, ante las cámaras, que la están rodando, sin ser consciente de lo que ha hecho… y camino a la detención y reclusión definitiva.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Gravity (Gravity, 2013) de Alfonso Cuarón

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La sensación de estar perdido en el Espacio y condenado a morir irremediablemente así como la belleza que envuelve un ‘ambiente’ ajeno a la mayoría, la personalidad diferente de hombres y mujeres que se entregan a los ‘viajes estelares’ y su ‘enamoramiento’ irreversible hacia esa visión del planeta tierra desde las estrellas… se puede experimentar inmiscuyéndose entre las páginas de los relatos de Ray Bradbury. Así al enfrentarse al visionado de Gravity del director mexicano Alfonso Cuarón el espectador puede sentir esa experiencia visual tal y como lo reflejó Bradbury en los cuentos de Caleidoscopio (varios astronautas en el vacío del espacio en un viaje sin retorno) o El hombre del cohete (las largas ausencias de un astronauta de su hogar y cómo se siente extraño en tierra firme… puede ser la cara b del personaje de George Clooney en la película).

Alfonso Cuarón y su hijo Jonás escriben una trama sencilla pero intensa. Una trama universal: todos los espectadores han pensado alguna vez en la muerte. La película tiene dos dimensiones: una que habla de una ‘odisea’ en el espacio donde los supervivientes de un accidente espacial quieren regresar a su hogar, el planeta tierra… y en el camino encuentran todo tipo de dificultades y obstáculos que dificultan el regreso. Y otra dimensión más espiritual que habla del instinto de supervivencia del ser humano, de cómo enfrentarse a situaciones límites, a la muerte, a la vida, de cómo recuperar fuerzas y no rendirse ante lo irremediable… un viaje espiritual que vive sobre todo la doctora Ryan Stone (Sandra Bullock).

Igualmente que la trama tiene dos dimensiones, la forma que tiene Alfonso Cuarón (que después de su último largometraje cinematográfico, Hijos de los hombres, en 2006, regresa de nuevo a la ciencia ficción) de trasladarla a la pantalla grande ofrece tres vertientes. Se empapa de las claves del género de ciencia ficción y películas de temática del espacio y aventuras, envuelve todo de un perfeccionamiento técnico que da personalidad (y está al servicio de la historia) a la obra cinematográfica y ofrece al espectador una experiencia cercana a un viaje espacial a través del 3D (también al servicio de la historia).

Así el espectador se pone al lado del personaje más inexperto en su primera expedición espacial (la doctora Ryan) y viaja con ella en su aventura límite. Cuarón muestra de manera magistral a través de la cámara subjetiva, la angustia del personaje perdido en el espacio. No sólo emplea lo visual para envolver al que mira y ‘viaja’ sino también adquiere importancia el uso del sonido. Además juega bazas importantes: el público empatiza desde el principio con los dos personajes principales (y únicos) de la trama. No sólo porque son dos rostros absolutamente identificables (Sandra Bullock y George Clooney, el experto astronauta que se encuentra en su última expedición espacial… después el retiro) sino porque tan sólo en unas pinceladas construye a ambos personajes así sus personalidades quedan al descubierto (sus vulnerabilidades, fuerzas y secretos). Son complementarios: el experto que sabe leer el espacio, se desenvuelve como pez en el agua en él y profesional tranquilo y la profesional en otro campo que se enfrenta por primera vez a un mundo desconocido y de pronto se enfrenta a todos sus peligros.

Alfonso Cuarón consigue no sólo una historia que funciona, un viaje espacial emocionante cuyo objetivo es el regreso a la tierra, sino que proporciona un universo atractivo e imágenes llenas de belleza y emociones a través del lenguaje cinematográfico (entre otras cosas con un empleo virtuoso del plano secuencia). Una lágrima que flota, una mujer en la gravedad dentro de una nave que se mueve cómo si fuera un recién nacido en el útero materno… Dos seres en la inmensidad del espacio, mientras amanece en el planeta tierra, unidos por una especie de cordón umbilical, emocionarse ante unas frecuencias de radio que recogen unos ladridos o una nana…

Un viaje espacial y espiritual… con temas tan universales como el enfrentamiento entre la muerte y la vida y el brutal instinto de supervivencia que poseemos los seres humanos que activa un montón de mecanismos para aferrarse a la existencia (incluso si es necesario provocar alucinaciones, enfrentarse a miedos, aferrarse a creencias…), para regresar a casa…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Diccionario cinematográfico (202)

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Joyas: son muchas las joyas que vienen a mi cabeza que adornaron y adornan los fotogramas de una galeria de películas… Sólo una muestra de pendientes, collares y anillos para elegir…

Pendientes: Madame M… gira alrededor de unos pendientes que pasan de mano en mano y cambian drásticamente el destino de su dueña…

Mamá Joad se despide de su hogar mirándose al espejo mientras se coloca unos pendientes. Es como si fuera el último momento para sí misma. El último momento de coquetería… algo que nunca se ha podido ni podrá permitirse. Todo en la tremenda Las uvas de la ira.

La joven de la perla, un cuadro tiene un matiz distinto si la modelo finalmente se perfora la oreja y se pone una perla…

Collares: Pretty Woman se convierte definitivamente en Cenicienta vestida de medianoche cuando a su traje rojo y a su elegante peinado para acudir a la Ópera (destino que ella no sabe hasta el final de la secuencia), el millonario empresario aporta un detalle más, un increíble collar de brillantes.

Sin embargo Satine nunca se siente tan cortesana cuando tiene que aceptar el laborioso collar que le ofrece el hombre al que no ama, el duque malvado y ridículo. Y ese collar-regalo no puede aceptarlo. Le quema el cuello. Moulin Rouge ha dejado tiempos alegres y locos para convertirse en un melodrama romántico.

Me entero de que uno de los relatos más impresionantes para servidora de Guy de Maupassant fue llevado a la pantalla de cine en una película sueca que era un trabajo colectivo de varios directores… y el episodio de El collar fue rodado por Gustav Molander y protagonizado por Ingrid Bergman (¡tengo que verlo!).

Anillos: Una de las escenas más divertidas de Cuatro bodas y un funeral tiene que ver con los anillos. Por otra parte los anillos de boda siempre están presentes. Aquí a los protagonistas, encargados de los anillos de los novios, se olvidan de ellos. Y en la Iglesia y en plena ceremonia tienen que conseguirlos… y los consiguen… pero ¡menuda cara que ponen los novios al ver sus ‘alianzas’! Bisuteria pura junto a un anillo heavy metal.

Una de las trilogías de los últimos tiempos, que adaptaba el universo de Tolkien, no hubiera podido existir sin un anillo…

… Todavía no he visto Las brujas de Zugarramurdi pero creo que todo arranca por un botín de miles de anillos…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Vivir (Ikiru, 1952) de Akira Kurosawa

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Un hombre anciano y enfermo se balancea en un columpio en la soledad de una noche nevada mientras canta una canción tradicional sobre lo efímero de la vida y que invita a aprovechar el tiempo para vivir con intensidad. El rostro del hombre muestra una tímida sonrisa. Ésta es la imagen icónica y recordada de una película de emociones que reflexiona sobre el tiempo y la muerte… sobre la vida, a través de la historia de un funcionario gris, Watanabe (Takashi Shimura, uno de los actores fetiche del director).

Un cine de emociones pero perfectamente elaborado y pensado que tras su significado trascendente muestra también un realismo y una crítica social. Como es habitual en el cine de Akira Kurosawa, arriesga en su puesta en escena y en la forma de contar esta historia. Vivir se convierte en una película aparentemente sencilla, un canto a la vida poético y con una belleza que convierte la experiencia de su visionado en especial.

La historia de Watanabe comienza mostrando una radiografía de su estómago enfermo y una voz en off (omnisciente) que nos informa de que un hombre va a enterarse de que tiene un cáncer mortal de estómago. Sólo le quedan unos meses de vida.Watanabe es el jefe de la oficina de atención a los ciudadanos, una oficina tan gris como él. Una oficina que acumula expedientes, que manda a los ciudadanos a otras secciones, que no se implica en absolutamente nada y es consumida por la burocracia, la apatía, el aburrimiento y el dejar pasar la vida disimulando que se trabaja. Watanabe es un muerto en vida o como le describe una joven y vital compañera de trabajo es La momia (el mote que ella misma se ha inventado). Lleva treinta años muerto… y todo comenzó empezó cuando su esposa falleció y se quedó solo con su hijo pequeño. Watanabe no ha levantado la cabeza y ha dejado pasar el tiempo sentado en una mesa entre papeles y sellos. Digamos que el único motor que le mantenía vivo era el amor hacia su hijo pero ahora éste lleva otra vida y padre e hijo se han distanciado de tal manera que la incomunicación es lo que define su relación a pesar de que viven juntos (el padre llama al hijo… pero no se escuchan, no se entienden). Así, inesperadamente, hay un punto de inflexión en la vida de Watanabe que le permite que se remueva por dentro… y es precisamente cuando se entera de que va a morir. Así reflexiona y se da cuenta de que ha dejado pasar la vida y que quiere buscar una manera para remediarlo, quiere dejar huella, que su vida adquiera un sentido.

Watanabe empieza dando tumbos, se siente perdido (se da cuenta o se siente incapaz de establecer la vía de comunicación con su hijo y la esposa de éste o con sus familiares más cercanos…), trata de encontrar el placer y la alegria de vivir pero siente que eso no es lo que va a llenar los últimos días de su existencia (asistimos a una noche larga de placeres junto a un escritor de novelas baratas)… hasta que por fin encuentra lo que le va a colmar (de la mano de la joven empleada que en un triste diálogo, donde ella se siente ya desconcertada por la necesidad de Watanabe de estar junto a ella, le da la clave). Realizar algo que sea un beneficio para la comunidad, para los ciudadanos. Es decir, trabajar, pasando por encima de burocracias, intereses y política… por el bien común. Trabajar para transformar los entornos sociales. Y su empeño en los últimos meses que le quedan es crear en una zona deprimida un parque infantil tal y como piden un grupo de mujeres que no se cansan en su lucha hasta que topan (de nuevo, pues ya había acudido a su oficina) con Watanabe que pone en marcha la maquinaria…

Entonces en este momento empieza la segunda parte de la película (tan hermosa e intensa pero narrada cinematográficamente de una manera distinta y arriesgada pero para mí atrayente, aunque he podido comprobar y leer que gusta bastante menos). El narrador omnisciente nos informa de que después de cinco meses (elipsis temporal) nuestro protagonista ha muerto y nos sitúa en el velatorio donde se encuentra su familia, el teniente de alcalde y otros cargos políticos y los funcionarios de otras oficinas y sus propios compañeros de trabajo. Esta larga escena (con distintos y breves flashbacks) es presidida por una fotografía, la imagen del propio Watanabe.

La larga velada (y las distintas visitas que recibe Watanabe) donde los asistentes van ‘soltando su lengua’ con el sake que van bebiendo (al final tan sólo quedan sus familiares y los demás funcionarios) se nos va narrando a base de puntos de vista diferentes los últimos días de Watanabe y su empeño en llevar la empresa del parque infantil a buen puerto. Su lucha infatigable y la libertad que siente para actuar (siempre desde la humildad) pues no tiene miedo a ningún obstáculo (pues sabe próxima su muerte). La ‘narración’ de su hazaña se va transformando a lo largo de la velada hasta que se le reconoce como un héroe cotidiano y un ejemplo a seguir por los demás funcionarios que ante la euforia del sake y la emoción que sienten por otros acontecimientos narrados por diferentes ‘testigos’ prometen continuar la lucha, no malgastar los días entre papeles y sellos, y seguir llevando a cabo proyectos que beneficien a los ciudadanos, actuar y no quedarse sentados frente a miles de expedientes. Uno de los asistentes pronuncia una frase clave que explica en parte la apatía de estos funcionarios, dice que si alguien de la compleja administración burocrática quiere llevar a cabo algo o se le ocurre sacar adelante un proyecto o idea, es tachado de inmediato de revolucionario y radical…

Sin perder esa triste melancolía que acompaña toda la película… las últimas escenas nos muestran cómo las palabras que pronunciaron los funcionarios en el funeral se han quedado en palabras. La cotidianeidad gris, la desesperanza, la apatía y la burocracia vuelve a campar a sus anchas en la oficina de Watanabe… pero no todo está perdido. Hay un funcionario que trata de rebelarse, que no está conforme con la realidad que le rodea y que todavía no se atreve a dar el paso pero que ahí sigue su mecha sin apagar… y que sin duda pondrá en marcha en un futuro y otro buen proyecto se hará realidad. Mientras, visita ese parque infantil que le hace no olvidar que es posible transformar los entornos, que es posible hacer algo desde la oficina gris…

Vivir nos deja tristeza pero también una sonrisa en el rostro y el recuerdo de un hombre en un columpio… satisfecho en los últimos momentos de su vida. Ha reaccionado a tiempo, ha podido vivir con intensidad…, dejar de ser una momia enterrada entre papeles…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Mujeres silenciadas: La piedra de la paciencia (Syngué Sabour, 2012) de Atiq Rahimi/La maleta de Marta (Marta’s Suitcase, 2013) de Günter Schwaiger

El rostro de la mujer afgana (Golshifteh Farahani) y el de Marta. Un personaje de ficción y una mujer que ofrece su rostro y su voz a un documental. La primera vomita sus sufrimientos, sentimientos, frustraciones, dolor, angustias y miedos a una ‘piedra de la paciencia’ que cuenta la leyenda (según le narra su tía) que una vez que rebosa de secretos y dolor se rompe… y libera de todas la penas. Esa ‘piedra de la paciencia’ es su marido en coma con el que lleva casada diez años. La segunda es Marta que muestra la maleta que arrastra llena de vivencias, sufrimientos, dolor y miedos y es testimonio vivo de cómo la violencia de género es un fenómeno mundial que crea una legión de mujeres heridas…

Y las voces de estas mujeres ponen en evidencia lo que es ser mujer silenciada. Yo, como Hildy Johnson, no me he sentido discriminada por ser mujer, es más me gusta ser mujer. No me he sentido invisibilizada ni silenciada, no he sentido el yugo del poder bajo mi persona por ser mujer. Los hombres que me han rodeado creen en la igualdad de derechos y deberes, no se sienten superiores en su condición de hombres, no han empleado el poder ni la violencia sobre mi persona sino que más bien la convivencia ha sido posible y plácida. Y los roces y problemas han surgido como seres humanos que se relacionan y por eso pueden chocar o no. Si alguna vez he visto o vivido una situación ‘machista’ sobre mi persona no ha quebrado mi seguridad sino que lo he vivido como pura anécdota, como una excepción en mi vida, y además he contado con las herramientas suficientes cómo para que no me afecte en absoluto. Pero esto no me vuelve ciega y sé que la situación que vivo no es la habitual, no está normalizada (cuando debería serlo) y que sigue siendo necesario visualizar la situación de un gran número de mujeres y luchar por los derechos de las mujeres. No es una lucha obsoleta e innecesaria, más bien al contrario. No deja de dar cierto miedo vislumbrar un retroceso (un retroceso que se está dando en muchas áreas como la laboral) a las ‘conquistas’ ya realizadas en ciertos lugares respecto a la situación de las mujeres (y su libertad) y  el estancamiento, silenciamiento e invisibilización del problema en gran parte del mundo. El tema es preocupante.

Y así lo muestra la película de ficción La piedra de la paciencia y el documental La maleta de Marta. Ambas son testimoniales y ahí radica su fuerza. En el reflejo de dos rostros femeninos y en sus palabras. Dos mujeres silenciadas que hablan y se exponen… Sencillez cinematográfica y contundencia testimonial.

La piedra

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La interpretación de Golshifteh Farahani es La piedra de la paciencia y a través de su monólogo (y de los distintos estados que va viviendo) nos deja al descubierto su historia íntima, su retrato. Se visibiliza como mujer y se muestra su verdadero rostro: su manera de pensar, sus sentimientos, sus secretos, su sexualidad, sus dolores…

Según va confesando a su marido en coma su vida en común, ella se va liberando de su carga, de su prisión. Por primera vez siente que puede hablar sin miedo y que el depositario solitario de sus confesiones, su piedra de la paciencia, escucha. Así esta mujer afgana universaliza lo que es ser mujer pero silenciada. Expresa lo que es sentirse encarcelada en la intimidad, la imposición del matrimonio sin posibilidad alguna de elección, el miedo a ser estéril y sufrir el repudio, la imposibilidad de sentir placer compartido en la cama, el miedo al rechazo social, el yugo del poder y la violencia siempre presente, el sentirse un trozo de carne…

Pero además toda esta confesión se da también en un ‘estado anormal’ (que se convierte en cotidiano, como su situación de mujer silenciada e invisible. Por ejemplo Golshifteh Farahani muestra lo cotidiano y la naturalidad de una acción: el uso del burka) que es el de la guerra y el horror… donde no sólo se sufre una convivencia diaria con la muerte, la violencia irracional y el miedo sino que además por el hecho de ser mujer continuamente se enfrenta con la amenaza de un arma de guerra atroz: la violación… que es llevar al extremo ese poder del hombre sobre la mujer invisible y silenciada.

La piedra de la paciencia es una adaptación cinematográfica a la novela del propio director Atiq Rahimi (que no es la primera vez que se pone tras la cámara). También él coescribe el guion junto a Jean-Claude Carrière (que fue uno de los guionistas de Luis Buñuel). La película no es ni plana ni maniquea sino inteligente con unas frases para enmarcar. Y donde la protagonista no es la víctima doliente sino una mujer que empieza a hablar sin miedo e inicia un camino duro hacia su liberación de una cárcel íntima… Es cierto que tiene una llave, su tía, un personaje que ya ha vivido su propia liberación. A la vez esta dura historia trata también de entender (no de justificar, cuidado) el comportamiento masculino de ese héroe de guerra en coma (por una reyerta con los suyos… por un insulto a su madre) y muestra que tampoco es fácil ser hombre en un lugar donde prima la guerra y la violencia como elementos cotidianos así como una estricta e inamovible educación religiosa que se emplea como arma de dominación y poder. De esta manera surge un tercer personaje y es ese joven soldado tartamudo que como dice la protagonista puede que se transforme en un futuro en un ser monstruoso pero de momento no lo es, sólo es un chico joven que sufre, al que dañan cada día con violencia y que tiene miedo… y solo busca alguien que le escuche o le dé una muestra de cariño. Otro tema interesante que plantea la película es como ambas mujeres (tía y sobrina) encuentran un camino hacia la liberación por varios caminos: en el cuidado del otro, en la consumación del deseo, en la solidaridad femenina y sobre todo en poder hablar y contar.

La maleta

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El documentalista austriaco Günter Schwaiger aporta un testimonio contundente de la violencia de género en las palabras que vomita su protagonista, Marta. Marta al desnudo. Un desnudo descarnado donde cuenta una historia escalofriante, su historia. Una historia muy cercana. Marta, una mujer andaluza, va haciendo una maleta de sentimientos y dolores. Plantea interrogantes. El testimonio brutal y desnudo de Marta deja al descubierto una realidad preocupante que hay que denunciar y sobre todo trabajar en su erradicación. Y muestra que el camino todavía es muy largo y complejo. Deja claro que es necesaria la implicación del Estado en esta situación facilitando unas leyes eficaces, unos dispositivos sociales reales (y con recursos) y que trabaje tanto con la mujer afectada (que no sienta abandono ni desamparo, ni soledad ni miedo, ni que tenga que renunciar a su vida y vivir oculta) como con el hombre que ejerce esa violencia (una vez detenido que se trabaje con él para que se dé cuenta de lo que ha hecho, por qué lo ha hecho y que realmente se rehabilite, que realmente entienda que ese comportamiento es anómalo).

Así deja al descubierto otra realidad (a mi parecer igual de importante e interesante pero menos logrado, documentalmente, que el testimonio de Marta): poco se puede hacer si no se empieza a trabajar con el hombre que maltrata, si no se empieza a indagar en sus motivos y no se le facilitan las herramientas sociales que le hagan comprender que su comportamiento es anómalo y hacerle ver que debe luchar contra él. Para ello el director, de origen austriaco, se traslada a su país de origen, en concreto a Salzburgo, donde contacta con un centro de prevención que entre otras cosas desarrolla un programa con los hombres que practican la violencia de género para tratar de paliar estos comportamientos haciendo que sean ellos mismos los que se enfrenten al problema y lleguen a la raíz de por qué se comportan así.

Lo que está claro es que en situaciones de violencia de género se han creado relaciones dañinas, insanas y de dominación en un entorno que las permite. Y que llegar al origen y a la raíz de este problema es una tarea necesaria pero muy compleja pero que hay caminos que tomar y en los que avanzar (no se puede retroceder).

Así el documental es contundente porque trata de pintar un mapa de la violencia de género más completo donde da paso a reflexiones importantes:

-La violencia de género es un problema universal. No tiene que ver con una zona o un país determinado. La violencia de género existe tanto en España como en Austria. Tanto en México como en Noruega. No está unido ni a la pobreza, ni a la educación ni al entorno social. La violencia de género puede ocurrir tanto en una chabola como en un palacio.

-La violencia de género es un problema preocupante (y muy extendido) y es necesario la implicación de todos los elementos sociales, políticos y jurídicos para poder luchar y que sea posible la erradicación.

-La violencia de género tiene que ver con el desarrollo de entornos donde evolucionan relaciones dañinas e insanas donde la dominación, el poder y la violencia va minando a las personas. Hay un verdugo y una víctima y un entorno que permite que se desarrollen estos comportamientos anormales. Romper estos entornos, hacer ver estos comportamientos insanos, cambiar y crear otras relaciones donde el poder y la dominación no tengan sitio son las claves para empezar a avanzar.

Escuchar a Marta rompe por dentro. Su historia, su maleta, es un mazazo continuo… que sin embargo es necesario que sea abierta, descubierta, revelada… y de ahí quizá encender una mecha que haga posible una reacción.

Tras las cámaras, dos hombres

Los rostros son de dos mujeres… pero quienes filman son dos hombres. Y me parece importante. Porque como he dicho esto no es sólo cuestión de mujeres. Para que se produzca el cambio y para que la lucha sea efectiva es necesaria la implicación de las mujeres y de los hombres. Es necesario escuchar la voz de las mujeres y su mirada pero también que haya hombres que entiendan la necesidad de esta lucha y que sean también portavoces (y actores) del cambio de mirada y la transformación de las relaciones donde exista la igualdad, la libertad, el respeto y la tolerancia.

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Dos damas, Julie Harris y Angela Lansbury: una despedida y un reconocimiento

Hoy me entero de dos noticias cinematográficas. En una, no había reparado cuando ocurrió. A finales de agosto nos dejó la actriz Julie Harris. Y la otra, anuncia un reconocimiento: la entrega del Oscar por toda su trayectoria cinematográfica a Angela Lansbury.

julieharris

Julie Harris pisó más los escenarios de teatro que los platós de cine. Pertenece a la galeria de actores que pasaron por el Actor Studio’s. Yo siempre recuerdo a la Harris como Abra, la mujer que se encuentra en medio de la relación feroz entre dos hermanos, que tienen reminiscencias bíblicas en Cain y Abel, y que ambos además mantienen un extraño vínculo emocional con un padre estricto. Ella es novia de Abel… pero siente un cariño que se va transformando en amor hacia Cain. Y la fragilidad pero a la vez fuerza y cariño que desprende su personaje hace que su interpretación esté llena de matices. Además de tener una química especial con James Dean que se desborda en todas sus escenas juntos: sus diálogos, encuentros y paseos son uno de los motivos por los que esta película merece la pena seguir viéndose. Los dos tumbados en el campo, los dos en una noria, los dos preparando una fiesta sorpresa, los dos en una escena de balcón… Así Julie Harris trabaja con uno de los directores de cine que aplicaba el Método del Actor Studio’s en su cine, Elia Kazan, en una película que recreaba las últimas páginas de la novela de John Steinbeck, Al este del Edén.

El otro papel en el que la recuerdo es en el de la desequilibrada esposa que se crea su propio mundo para poder vivir su decadente día a día en uno de los dramas sureños de Carson McCullers dentro del mundo sobre el fracaso reflejado por el cineasta John Huston… Julie Harris se enfrenta a otro papel complejo y extraño lleno de matices donde su personaje oscila entre la locura, la fragilidad y una inteligencia creativa y sensible. Todas las relaciones que mantienen los protagonistas son extrañas, unas más dañinas que otras… Especialmente su personaje crea un vínculo especial con su sirviente filipino, los dos huyen de la realidad que les rodea a través de una relación de dependencia en la que se crean un mundo propio extravagante que les sirve a ambos de huida.

No era la primera vez que visitaba el universo de McCullers. Precisamente Julie Harris consiguió primero el éxito en los escenarios con la puesta en escena de dos obras: The Member of the Wedding y Soy una cámara. Ambos éxitos teatrales se adaptan al cine en los años cincuenta. El primero supone el debut de la actriz en el cine, donde Fred Zinemann se atreve también con el universo de McCullers y Julie Harris se mete en la piel de una adolescente torturada. Soy una cámara supone la aparición de la primera Sally Bowles cinematográfica que no es otra que la propia Harris donde se recrean los recuerdos del escritor Christopher Isherwood. La Harris cae en olvido como Sally porque años después un musical y Liza Minnelli se apoderan del personaje. Estas dos películas de Harris no he podido todavía verlas pero siempre han llamado siempre mi atención. Se encuentran en mi viejo baúl de películas pendientes.

angelalansbury

Angela Lansbury está unida a mi infancia por dos motivos: me recuerdo frente al televisor viendo otro de los casos resueltos por Jessica Fletcher… viene a mi memoria la melodía de la serie y esa máquina de escribir siempre activa. Recuerdo que mi hermana y yo nos moríamos de la risa diciendo que si te tocaba de compañera de viaje la Fletcher era para temblar un poquito… porque era bastante gafe, ahí donde ella está, ahí donde se comete un crimen. De eso precisamente versaba la serie Se ha escrito un crimen que empezó su andadura en los 80 y continuó hasta finales de los noventa… y más.

El otro es que varias películas que están unidas a mi infancia (y por ello a mi amor al cine) se encontraba como intérprete Angela Lansbury. Así recuerdo esa bruja novata que trataba de aprender a volar en una escoba, aunque también lo hacía comodamente en una cama y podía visitar un mundo animado. También me encantaban Los tres mosqueteros pero la versión de los cuarenta donde D’Artagnan tenía el rostro de Gene Kelly, la mala con lunar era Lana Turner y la reina una Lansbury totalmente en su papel. Otra película que me gustaba mucho era Sansón y Dalila, recuerdo que alucinaba con esa Dalila (Hedy Lamarr) malvada que cortaba la cabellera a Sanson (Victor Mature) y luego sufría cuando éste totalmente ciego muestra su fuerza y rompe los decorados de carton piedra (que yo como siempre me lo tragaba como algo realísimo)… pues bien la buena de la película era una Lansbury ejerciendo de actriz secundaria… Y tampoco la olvido en una de las primeras películas de suspense que me entusiasmó, la maravillosa Luz que agoniza de George Cukor que no me cansaba de ver y donde la pobre Bergman tenía que vérselas no sólo con el rancio de su marido con rostro de Charles Boyer sino con una antipática sirvienta con el rostro de Angela Lansbury absolutamente estupenda.

Años después cuando ya era más mayor la disfruté en tres papeles donde estaba increíble mostrando su versatilidad como actriz: en el melodrama de Martin Ritt, El largo y cálido verano, donde era la amante eterna del terrateniente interpretado por Orson Welles. O en sus dos papeles de madre compleja, complejísima… y dominadora emocional. En dos películas de los años 60 del realizador John Frankenheimer: Su propio infierno y El mensajero del miedo…

Así que me parece que es un oscar muy pero que muy merecido…, un reconocimiento necesario.

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De cine. Aventuras y extravíos de Eugenio Trías (Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores, 2013)

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Apenas acabo de cerrar las páginas del último libro que escribió el filósofo Eugenio Trías. Un libro sobre cine. Un libro donde se despliegan ocho interesantísimos ensayos sobre la obra cinematográfica de ocho directores. Ocho ensayos en los que Trías decide reflexionar sobre lo que convierte a estos directores en creadores de un universo propio. Ocho ensayos donde Trías comparte su ‘mirada’ y aporta ventanas y puertas para acercarse de nuevo a las películas de estos creadores.

Si el libro me llegó el jueves hasta hoy no he parado de inmiscuirme en sus páginas. Y lo he disfrutado. No había leido nada de Eugenio Trías, filósofo… pero el cinéfilo me abre puertas. Y sí que sabía que una de las cosas sobre lo que reflexiona es sobre lo bello, lo siniestro, la pasión… y todo esto lo vuelca en su visión al universo de estos creadores.

Como bien explica Trías en el prólogo se deja llevar por su canon personal para elegir a los directores. “… Aquellos que mejor corresponden a mi mundo personal”. Y después comparte un hermoso epílogo en el que propone su propio canon de películas imprescindibles “que en este momento osaría fijar” y expresa que va a señalar “diez constelaciones” cada una con su película predominante. Y la primera es Vértigo, para él la más hermosa y compleja de todas las que nombra.

Así Eugenio Trías acerca su mirada personal a Fritz Lang, Alfred Hitchcock, Stanley Kubrick, Orson Welles, Francis F. Coppola, Andréi Tarkovski, Ingmar Bergman y David Lynch. Desde los títulos de los ensayos (¡ay, el importante arte de titular! Que cómo se descuida a veces), Trías trata de plasmar lo que significa el universo creativo de cada director que analiza. Y de cada uno, para ir construyendo su tesis, destaca una galería de películas que complementan sus reflexiones.

De Fritz Lang (Fritz Lang: Naturaleza y ciudad) toca varios elementos como el reflejo de la ciudad (la ciudad de la superficie y la de los fondos como se plasma en Metrópolis) y la naturaleza a lo largo de su filmografía. Cómo afecta y repercute el destino en los personajes de su obra cinematográfica. La plasmación del hombre-medio, del Juan Nadie. El comportamiento de las masas. Las reflexiones sobre el totalitarismo… Y las ganas de ver una de las pocas películas que me quedan por conocer de su filmografía, Más allá de la duda.

Respecto Hitchcock (Alfred Hitchcock: Grandes mansiones e historias de amor), además de mostrarse absolutamente enamorado y apasionado por Vértigo, hace hincapié en que en sus historias no es importante el suspense sino las historias de amor que las sustentan. Y también hace énfasis en el entorno donde se desarrollan muchas de ellas, la importancia de las mansiones, las casas.

Con Kubrick (Stanley Kubrick: La inteligencia y sus fantasmas) realiza un interesante estudio en el que señala cómo todo tiene un porqué en el cine del realizador que construye obras perfectas donde suelen reflejarse mentes poderosas que sufren algún tipo de alteración. Y esa alteración puede conducir al desastre y a la locura. Las miradas del filósofo dejan puertas abiertas a interpretaciones muy interesantes para volver a visionar El resplandor (y la importancia de los fantasmas) o Eyes wide shut (convirtiéndose en un ferviente defensor de la obra póstuma de Kubrick).

Con Welles (Orson Welles: Hombres huecos) me abre los ojos sobre una realidad que une gran parte de la filmografía del director (y de la cual no había sido consciente hasta que la he visto escrita), la presencia como protagonistas de “hombres huecos” (y mujeres también) refiriéndose a toda una galería de personajes “vacíos por dentro, helados en su temperatura emocional y moral, nihilistas convictos, basculando entre un toque de maldad y una conducta decididamente asesina”… Y reivindica como película de cabecera de Welles, El cuarto mandamiento.

De Coppola (Francis F. Coppola: Mundo aparte) señala la capacidad de éste para en cada película crear un mundo aparte: desde el universo de Corazonada (con el que se arruinó) hasta la bajada a los infiernos, al horror, en Apocalypse Now. Realiza análisis ricos e interesantes de Drácula, de Bram Stoker (que reivindica frente al mal acogimiento que tuvo en su momento de la crítica y la defiende como una historia de amor fou), se muestra partidario (y estoy totalmente de acuerdo) de mostrar El Padrino III como pieza muy importante y cierre perfecto de la trilogía y despierta las ganas de volver a disfrutar de la riqueza y complejidad de La conversación.

Del cine del ruso Tarkovski (Andréi Tarkovski: Evidencia de los sueños) hace un canto a su manera de emplear el tiempo en sus largos planos y centra la peculiaridad de su cine en la manera de presentar los sueños o lo onírico en sus películas sin que el espectador llegue a distinguir de manera clara dónde empieza el sueño y termina lo real o viceversa. Y la angustia que puede crear (o el extasis y entrega a su obra cinematográfica) no saber si lo que se está viendo es el mundo del sueño o el mundo real.

Con Ingmar Bergman (Ingmar Bergman: catástrofes y contratiempos) se realiza un recorrido por muchas de sus películas para demostrar su versatilidad para contar sus historias y temáticas. Su ‘dedicación’ a las trilogías… y el gran leitmotiv de su obra, para el filósofo: en todos los géneros que toca sus personajes rondan o actúan ante una catástrofe (amenaza) o un contratiempo que da un giro a sus vidas… Así habla de desdoblamientos, espejos, marionetas, locuras, sueños y otros asuntos que pasean por cada una de sus películas.

Y, por último, escribre sobre el universo de David Lynch (David Lynch: Ciudades y avenidas de la libido). Trías reconstruye su obra cinematográfica dando marcha atrás. Parte de su último largometraje, Inland Empire hasta llegar a Cabeza borradora (y más atrás) para reconstruir el puzle de la creación artística del director que pulula entre lo bello y lo siniestro. Y realiza una defensa a una de las películas más denostadas de Lynch, Twin Peaks, fuego camina conmigo (1992) y me despierta las ganas de verla (algo que nunca he hecho… fui una de las seguidoras de la serie).

Cierro las páginas de un libro que he disfrutado. Y pienso en cómo Trías sigue ahí en su última obra proporcionando a sus lectores un montón de aventuras y extravíos que conducen a otros universos, creaciones, posibilidades y mundos.

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La mirada inquietante de André de Toth. Aguas turbias (Dark Waters, 1944) y Combate decisivo (Monkey on my back, 1957)

André de Toth es de esos directores que se encontraban en nómina en el sistema de estudios. Y estaba especializado sobre todo en películas de bajo presupuesto y de los géneros más dispares. Es de esos directores con parche en el ojo como Lang, Ford o Ray… pero de películas de serie B. Y es de esos directores caídos en olvido pero que de pronto pueden ser descubiertos. Yo tan sólo había visto Los crímenes del museo de cera…, una película de terror de Vicent Price de los años cincuenta que tuvo el aliciente en el momento de su estreno del empleo del 3D. Y sin dejar de lado esa mirada inquietante, que suele dominar el terror, descubro en una sesión doble a un director en el que quiero bucear. Porque entre esas películas de serie B hay un montón de buen cine como han demostrado Edgar G. Ulmer,  Joseph H. Lewis, John Farrow, Allan Dwan o  Jacques Tourneur. Así en Aguas turbias nos deja una atmósfera y un ambiente que roza la locura y lo onírico con unos personajes incómodos… Y en Combate decisivo se vuelca en un drama realista y deja el retrato de un hombre desesperado que cae continuamente en el abismo que debe enfrentarse a sí mismo y a su adicción más letal, su dependencia a la morfina.

Aguas turbias (Dark Waters, 1944)

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Aguas turbias entra dentro de la tradición de un cine con tintes góticos donde una dama va perdiendo la cordura o la hacen creer que pierde la razón… La dama en cuestión es encerrada-atrapada en una mansión que se convierte en una cárcel.

Merle Oberon es una heroína hermosa y solitaria que ha vivido una experiencia traumática (un ataque marítimo donde ha perdido a sus padres y donde apenas ha habido supervivientes) y por tanto se encuentra en un estado de debilidad mental. En el hospital le dicen que contacte con sus tíos, a los que no conoce. Ella los escribe a la dirección que tiene en New York pero recibe una contestación desde una plantación de Lousiana donde se han trasladado… y le dicen que la recibirán con los brazos abiertos. Cuando sale del hospital llega a la estación de tren y nadie la espera. Ante el calor, la angustia y la desesperación por la soledad, tiene un desmayo… y es ayudada por el médico de la zona (Franchot Tone) quien la lleva a la mansión familiar y de paso se enamora de ella. Allí la reciben sus tíos que viven con dos hombres siniestros, el administrador y el capataz de la plantación. Y ahí la pesadilla de la protagonista continúa que vive aterrorizada porque siente que poco a poco va perdiendo la razón.

Todo en la casa es extraño e inquietante. Oye voces que la llaman. Las lámparas se apagan solas. Y tanto sus tíos como el capataz parece que no mueven un dedo sin que el administrador ejerza su poder… De pronto la protagonista empieza a crearse una extraña historia en su cabeza y los únicos momentos que vive sin sobresaltos es cuando el doctor la saca fuera de la mansión. Pronto va sintiendo el hogar familiar (junto a sus habitantes) y sus alrededores donde acechan peligros como aguas turbias y pantanosas como una cárcel… o como una amenaza para su vida.

Pero nada es lo que parece…

Y lo que más merece la pena de la película es precisamente la mirada inquietante de la protagonista, la atmósfera asfixiante y los personajes siniestros con los rostros de dos maravillosos secundarios Thomas Mitchell y Elisha Cook Jr.

Combate decisivo (Monkey on my back, 1957)

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En Combate decisivo se continúa la veda abierta por Otto Preminger para tratar el tema de las drogodependencias (El hombre del brazo de oro, 1955). Así el director se enfrenta a la historia real de Barney Ross, un famoso boxeador que después se convirtió en un héroe de guerra para finalmente librar una batalla contra su dependencia a la morfina. Y surge una película muy interesante e intensa donde se refleja perfectamente el deterioro de un hombre dependiente. Barney Ross está perfectamente interpretado por Cameron Mitchell… la película empieza cuando entra voluntariamente en un hospital para someterse a una cura. Se abre una verja y nuestro protagonista se enfrenta en la soledad de su cuarto a los recuerdos, y una flashback recrea su caída. Su deteriodo. Y la película termina cuando esa verja vuelve a abrirse… y el protagonista empieza una nueva vida de la que ya no seremos testigos.

André de Toth, como buen artesano, nos sabe contar perfectamente esta historia donde maneja el lenguaje cinematográfico y los códigos del cine sobre boxeo (casi un género en sí mismo), realismo social, cine negro y cine bélico (sorprendente la crudeza de las escenas que transcurre en Guadalcanal).

Así se va desarrollando la caída al abismo del protagonista… un boxeador que triunfa y se engancha (es lo que le da seguridad) tanto al triunfo como al mundo del juego y las apuestas. Hasta que es vencido y entonces deja el boxeo para dedicarse a llevar un negocio pero sin dejar de jugar ni de recibir malas influencias. Sin embargo es un buen tipo, con buen fondo, pero que sus miedos e inseguridades van minando su personalidad. A pesar de tener una madre que le adora, una mujer que le quiere (a pesar de que sabe que el hombre al que ama no va a poder proporcionarle felicidad, ve su fragilidad desde el principio y trata de huir pero siempre regresa…) y amigos fieles su caída es imparable. Y él es consciente. Cuando pierde su negocio, decide alistarse como marine y durante la Segunda Guerra Mundial, en un combate duro donde se convierte en héroe, padece malaria. Para tratar de frenar sus dolores y malestares le suministran morfina y termina volviéndose dependiente. Por eso su regreso y adaptación a su nueva vida (donde siempre trata de ser un triunfador y de formar una familia junto a la mujer amada) fracasan continuamente. Porque necesita la morfina… y vuelve a contactar con malas influencias que le amargan la vida y él no sabe cómo gestionar su caída ni pide ayuda a la gente que le quiere.

Cuando ya la vida parece que le cierra todas las puertas y la desesperación casi le lleva al suicidio… el nuevo regreso de su mujer hace que quiera ingresar voluntariamente en el hospital para detener su deteriodo… y emprender ese combate decisivo (del título en castellano) contra sí mismo.

Las escenas en el ring, las bélicas y ese destino negro del personaje que va cayendo en los bajos fondos urbanos donde se encuentra entre callejones donde hay otros dependientes, traficantes y un mundo oscuro, decadente ofrecen un relato potente que engancha al espectador y no le suelta en ese viaje ‘al abismo’ que emprende el protagonista…

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La gran familia española (2013) de Daniel Sánchez Arévalo

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Sentí una enorme conexión con La gran familia española sin necesidad de que esa familia que se refleja en la pantalla se identifique con la mía…, sentí una conexión emocional. Cuando era pequeña, muchos domingos por las mañanas, mis padres nos despertaban (a mis hermanos y a mí, somos cuatro) con un disco de vinilo a todo volumen: Siete novias para siete hermanos (Seven brides for seven brothers, 1954) de Stanley Donen. Además de levantarnos con un buen rollo increíble, olía a desayuno rico, tortilla francesa con bonito… Mis padres, mis hermanos y yo vimos en un montón de ocasiones este musical. Y a mí me gustaba muchísimo. Secretamente me gustaban uno o dos hermanos a los que veía guapísimos… Me daba una alegría increíble… Cuando ya fui algo más mayor me siguió fascinando pero me sorprendió que me creyera los escenarios de cartón piedra, que no me diera cuenta de lo artificial. Recuerdo que en varias ocasiones, cuando no me quería ir de un sitio o que unas vacaciones terminasen (o cuando quería huir y que no me encontrasen) siempre pensaba: ojalá caiga una avalancha o que nieva mucho y nos quedemos incomunicados… recordando esos hermanos que secuestraban a las novias y se quedaban allí en la montaña, incomunicados del mundo… buscando su propia felicidad.

Así que ya desde el principio La gran familia española me tenía ganada… porque Siete novias para siete hermanos juega un gran protagonismo. Es de esas películas que generan buen rollo… es como si Daniel Sánchez Arévalo dijera que a pesar de que estemos hechos una mierda y vivamos en un mundo que se derrumba, no perdamos la oportunidad de vivir momentos felices y alegres…, de reírnos y de querer a la gente cercana que nos hace sufrir (porque los amamos con locura) pero también nos ofrecen buenos momentos. La familia de la película siempre está a punto de derrumbarse pero a la vez se reinventa sus lazos. Así La gran familia española es una tragicomedia con unas gotas de screwball comedy con su locura correspondiente.

Y ésa es su única función… que sigamos las alegrías y desgracias de cinco hermanos (que se llaman como los personajes de la película favorita del padre, el musical de Donen… por orden alfabético y nombres bíblicos) y salgamos con una sonrisa entre tierna y melancólica pero con unas ganas increíbles de seguir en el día a día con nuestras alegrías y penas.

Es de esas películas vitalistas que sirven de medicina para pensar que merece la pena seguir intentándolo. Como cuando el personaje de Woody Allen entra en la sala de cine desesperado y termina disfrutando de una película de los hermanos Marx en Hannah y sus hermanos desapareciendo su angustia vital. O como ese O’Sullivan que después de su viaje más duro es consciente de lo importante que es hacer películas que tan sólo hagan reír… O esa pequeña mujer desgraciada en la depresión de los 30 que solo encuentra consuelo y un poco de felicidad refugiándose en la sala de cine (de nuevo Allen).

Daniel Sánchez Arévalo contagia buen rollo con las vicisitudes de esa familia disfuncional que a la vez está unida por lazos fuertes… y que se enfrentan al amor, la depresión, la huida, la vida, la muerte, las discusiones, las envidias, las alegrias, desgracias y la desesperación con un punto de locura, una boda que nunca se termina y una reunión muy especial con una película de las de siempre…

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Diccionario cinematográfico (201)

salvaje

Chicos de la moto: el último chico de la moto que se ha subido al pódium de los moteros cinematográficos ha sido Luke El Guapo en Cruce de caminos de Derek Dianfrance. Pero son muchos los que pueblan una alfombra de celuloide que no acaba. Los chicos de la moto suelen ser perdedores en busca de una libertad que normalmente no encuentran y que van directos a un único final…

Los chicos de la moto suelen ir envueltos en leyenda… No son malos chicos, sí llevan vidas perras.

A Luke El Guapo le acompañan como viajeros de carretera cinco chicos de la moto (tres de ellos en la misma película)…

Al primero, los muchachos del barrio le llaman así, El chico de la moto. Ve la vida en blanco y negro. Vivió el periodo idílico de las bandas… y después no regresó nunca más de un viaje que le llevó a los golpes y las drogas. Ahora está más allá que acá y filosofa sobre la vida, la mala vida. Tampoco es que hable demasiado. Su hermano menor le admira y le quiere. El chico de la moto (un Mickey Rourke con personaje de mitología callejera) deambula y un día regresa al barrio…, está obsesionado con dejar en libertad a unos peces de colores… La ley de la calle hace tiempo que terminó, él ya está cansado.

Después nos topamos con dos moteros y un abogado alcohólico que se les une al viaje. El abogado les habla del miedo que provocan los hombres libres… Son los chicos de Easy Rider que buscan su destino por la América de 1969. Y se encuentran con distintas personas y duermen en la siguiente parada… y sus motos cruzan las carreteras a un destino final. Así Peter Fonda, Dennis Hopper y Jack Nicholson emprenden un viaje en el que descubren que el miedo campa a sus anchas, el miedo al otro, al distinto, al que no piensa igual, al que vive de otra manera… Y que ese miedo genera rechazo y violencia.

Y por último el chico de la moto mítico. El que llega con su pandilla a un pueblecillo de la América profunda y asusta a sus habitantes. El que al final es no sólo expulsado sino también rechazado y no bien recibido. El rebelde que sólo consigue que le entienda la camarera de un bar. Y a ella le dedica una sonrisa final que no se olvida. Es Marlon Brando en Salvaje.

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