Mujeres silenciadas: La piedra de la paciencia (Syngué Sabour, 2012) de Atiq Rahimi/La maleta de Marta (Marta’s Suitcase, 2013) de Günter Schwaiger

El rostro de la mujer afgana (Golshifteh Farahani) y el de Marta. Un personaje de ficción y una mujer que ofrece su rostro y su voz a un documental. La primera vomita sus sufrimientos, sentimientos, frustraciones, dolor, angustias y miedos a una ‘piedra de la paciencia’ que cuenta la leyenda (según le narra su tía) que una vez que rebosa de secretos y dolor se rompe… y libera de todas la penas. Esa ‘piedra de la paciencia’ es su marido en coma con el que lleva casada diez años. La segunda es Marta que muestra la maleta que arrastra llena de vivencias, sufrimientos, dolor y miedos y es testimonio vivo de cómo la violencia de género es un fenómeno mundial que crea una legión de mujeres heridas…

Y las voces de estas mujeres ponen en evidencia lo que es ser mujer silenciada. Yo, como Hildy Johnson, no me he sentido discriminada por ser mujer, es más me gusta ser mujer. No me he sentido invisibilizada ni silenciada, no he sentido el yugo del poder bajo mi persona por ser mujer. Los hombres que me han rodeado creen en la igualdad de derechos y deberes, no se sienten superiores en su condición de hombres, no han empleado el poder ni la violencia sobre mi persona sino que más bien la convivencia ha sido posible y plácida. Y los roces y problemas han surgido como seres humanos que se relacionan y por eso pueden chocar o no. Si alguna vez he visto o vivido una situación ‘machista’ sobre mi persona no ha quebrado mi seguridad sino que lo he vivido como pura anécdota, como una excepción en mi vida, y además he contado con las herramientas suficientes cómo para que no me afecte en absoluto. Pero esto no me vuelve ciega y sé que la situación que vivo no es la habitual, no está normalizada (cuando debería serlo) y que sigue siendo necesario visualizar la situación de un gran número de mujeres y luchar por los derechos de las mujeres. No es una lucha obsoleta e innecesaria, más bien al contrario. No deja de dar cierto miedo vislumbrar un retroceso (un retroceso que se está dando en muchas áreas como la laboral) a las ‘conquistas’ ya realizadas en ciertos lugares respecto a la situación de las mujeres (y su libertad) y  el estancamiento, silenciamiento e invisibilización del problema en gran parte del mundo. El tema es preocupante.

Y así lo muestra la película de ficción La piedra de la paciencia y el documental La maleta de Marta. Ambas son testimoniales y ahí radica su fuerza. En el reflejo de dos rostros femeninos y en sus palabras. Dos mujeres silenciadas que hablan y se exponen… Sencillez cinematográfica y contundencia testimonial.

La piedra

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La interpretación de Golshifteh Farahani es La piedra de la paciencia y a través de su monólogo (y de los distintos estados que va viviendo) nos deja al descubierto su historia íntima, su retrato. Se visibiliza como mujer y se muestra su verdadero rostro: su manera de pensar, sus sentimientos, sus secretos, su sexualidad, sus dolores…

Según va confesando a su marido en coma su vida en común, ella se va liberando de su carga, de su prisión. Por primera vez siente que puede hablar sin miedo y que el depositario solitario de sus confesiones, su piedra de la paciencia, escucha. Así esta mujer afgana universaliza lo que es ser mujer pero silenciada. Expresa lo que es sentirse encarcelada en la intimidad, la imposición del matrimonio sin posibilidad alguna de elección, el miedo a ser estéril y sufrir el repudio, la imposibilidad de sentir placer compartido en la cama, el miedo al rechazo social, el yugo del poder y la violencia siempre presente, el sentirse un trozo de carne…

Pero además toda esta confesión se da también en un ‘estado anormal’ (que se convierte en cotidiano, como su situación de mujer silenciada e invisible. Por ejemplo Golshifteh Farahani muestra lo cotidiano y la naturalidad de una acción: el uso del burka) que es el de la guerra y el horror… donde no sólo se sufre una convivencia diaria con la muerte, la violencia irracional y el miedo sino que además por el hecho de ser mujer continuamente se enfrenta con la amenaza de un arma de guerra atroz: la violación… que es llevar al extremo ese poder del hombre sobre la mujer invisible y silenciada.

La piedra de la paciencia es una adaptación cinematográfica a la novela del propio director Atiq Rahimi (que no es la primera vez que se pone tras la cámara). También él coescribe el guion junto a Jean-Claude Carrière (que fue uno de los guionistas de Luis Buñuel). La película no es ni plana ni maniquea sino inteligente con unas frases para enmarcar. Y donde la protagonista no es la víctima doliente sino una mujer que empieza a hablar sin miedo e inicia un camino duro hacia su liberación de una cárcel íntima… Es cierto que tiene una llave, su tía, un personaje que ya ha vivido su propia liberación. A la vez esta dura historia trata también de entender (no de justificar, cuidado) el comportamiento masculino de ese héroe de guerra en coma (por una reyerta con los suyos… por un insulto a su madre) y muestra que tampoco es fácil ser hombre en un lugar donde prima la guerra y la violencia como elementos cotidianos así como una estricta e inamovible educación religiosa que se emplea como arma de dominación y poder. De esta manera surge un tercer personaje y es ese joven soldado tartamudo que como dice la protagonista puede que se transforme en un futuro en un ser monstruoso pero de momento no lo es, sólo es un chico joven que sufre, al que dañan cada día con violencia y que tiene miedo… y solo busca alguien que le escuche o le dé una muestra de cariño. Otro tema interesante que plantea la película es como ambas mujeres (tía y sobrina) encuentran un camino hacia la liberación por varios caminos: en el cuidado del otro, en la consumación del deseo, en la solidaridad femenina y sobre todo en poder hablar y contar.

La maleta

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El documentalista austriaco Günter Schwaiger aporta un testimonio contundente de la violencia de género en las palabras que vomita su protagonista, Marta. Marta al desnudo. Un desnudo descarnado donde cuenta una historia escalofriante, su historia. Una historia muy cercana. Marta, una mujer andaluza, va haciendo una maleta de sentimientos y dolores. Plantea interrogantes. El testimonio brutal y desnudo de Marta deja al descubierto una realidad preocupante que hay que denunciar y sobre todo trabajar en su erradicación. Y muestra que el camino todavía es muy largo y complejo. Deja claro que es necesaria la implicación del Estado en esta situación facilitando unas leyes eficaces, unos dispositivos sociales reales (y con recursos) y que trabaje tanto con la mujer afectada (que no sienta abandono ni desamparo, ni soledad ni miedo, ni que tenga que renunciar a su vida y vivir oculta) como con el hombre que ejerce esa violencia (una vez detenido que se trabaje con él para que se dé cuenta de lo que ha hecho, por qué lo ha hecho y que realmente se rehabilite, que realmente entienda que ese comportamiento es anómalo).

Así deja al descubierto otra realidad (a mi parecer igual de importante e interesante pero menos logrado, documentalmente, que el testimonio de Marta): poco se puede hacer si no se empieza a trabajar con el hombre que maltrata, si no se empieza a indagar en sus motivos y no se le facilitan las herramientas sociales que le hagan comprender que su comportamiento es anómalo y hacerle ver que debe luchar contra él. Para ello el director, de origen austriaco, se traslada a su país de origen, en concreto a Salzburgo, donde contacta con un centro de prevención que entre otras cosas desarrolla un programa con los hombres que practican la violencia de género para tratar de paliar estos comportamientos haciendo que sean ellos mismos los que se enfrenten al problema y lleguen a la raíz de por qué se comportan así.

Lo que está claro es que en situaciones de violencia de género se han creado relaciones dañinas, insanas y de dominación en un entorno que las permite. Y que llegar al origen y a la raíz de este problema es una tarea necesaria pero muy compleja pero que hay caminos que tomar y en los que avanzar (no se puede retroceder).

Así el documental es contundente porque trata de pintar un mapa de la violencia de género más completo donde da paso a reflexiones importantes:

-La violencia de género es un problema universal. No tiene que ver con una zona o un país determinado. La violencia de género existe tanto en España como en Austria. Tanto en México como en Noruega. No está unido ni a la pobreza, ni a la educación ni al entorno social. La violencia de género puede ocurrir tanto en una chabola como en un palacio.

-La violencia de género es un problema preocupante (y muy extendido) y es necesario la implicación de todos los elementos sociales, políticos y jurídicos para poder luchar y que sea posible la erradicación.

-La violencia de género tiene que ver con el desarrollo de entornos donde evolucionan relaciones dañinas e insanas donde la dominación, el poder y la violencia va minando a las personas. Hay un verdugo y una víctima y un entorno que permite que se desarrollen estos comportamientos anormales. Romper estos entornos, hacer ver estos comportamientos insanos, cambiar y crear otras relaciones donde el poder y la dominación no tengan sitio son las claves para empezar a avanzar.

Escuchar a Marta rompe por dentro. Su historia, su maleta, es un mazazo continuo… que sin embargo es necesario que sea abierta, descubierta, revelada… y de ahí quizá encender una mecha que haga posible una reacción.

Tras las cámaras, dos hombres

Los rostros son de dos mujeres… pero quienes filman son dos hombres. Y me parece importante. Porque como he dicho esto no es sólo cuestión de mujeres. Para que se produzca el cambio y para que la lucha sea efectiva es necesaria la implicación de las mujeres y de los hombres. Es necesario escuchar la voz de las mujeres y su mirada pero también que haya hombres que entiendan la necesidad de esta lucha y que sean también portavoces (y actores) del cambio de mirada y la transformación de las relaciones donde exista la igualdad, la libertad, el respeto y la tolerancia.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

9 comentarios en “Mujeres silenciadas: La piedra de la paciencia (Syngué Sabour, 2012) de Atiq Rahimi/La maleta de Marta (Marta’s Suitcase, 2013) de Günter Schwaiger

  1. No he visto ninguna de las dos, mi querida Hildy, aunque me han llegado ecos muy positivos de ambas.

    Pero en cuanto al tema de fondo, sólo puedo decir que una de las señas más obvias de la estupidez humana consiste en el ninguneo de cualquiera de sus partes por aquello que se considera un todo y realmente no lo es, ya sea en términos de género, de geografía, de economía, de cultura o de sociedad.

    Besos

  2. Pues tampoco las he visto. Ni la de Armendariz que seme escapó.
    En este terreno, y pese a tu estupenda exposición, soy pesimista. O realista, no sé. No creo que pese a las implicaciones sociales esta lacra se pueda erradicar. Me encantaría, que conste, y todos los esfuerzos y medidas son bienvenidas.
    Pero sobre este tema existe un discurso que no existe sobre otros delitos, sobre los cuales no hay duda que siempre existieron y por desgracia siempre existirán.
    Es el caso del asesinato o el robo. Han existido, y pese a todas las medidas que se pongan, seguirán existiendoese tipo de comportamientos. Son propios de la naturaleza humana. La violencia contra el inferior físicamente, sea mujer o niño,es propio de la no escrita ley natural, esa que tan equivocadamente estudió Rousseau.
    Siempre habrá crímenes y siempre habrá algún cafre que pegue a una mujer. Son comportamientos muy complejos y a la vez muy simples en su mecanismo. Ojala este yo equivocado. Un abrazo

  3. Como escribo en un momento dado de ambas obras cinematográficas: sencillez cinematográfica (y en la de La piedra de la paciencia un halo de belleza en territorio de dolor) y contundencia testimonial. Y las dos precisamente por su testimonio inteligente dan para una conversación muy larga… Ninguna de las dos deja indiferente.

    Querido Alfredo, da miedo muchas veces hasta dónde puede llegar la estupidez humana y lo que puede llegar a provocar, ¿verdad?

    Besos
    Hildy

  4. Querido Victor, muy interesante al unir a esta dupla la película de Montxo Armendariz, No tengas miedo (que en su día vi y también provocaba muchas reflexiones).

    Sí, es cierto lo que dices sobre la dificultad de erradicar cierto tipo de comportamientos pero lo que sí creo es que sí se puede intentar crear entornos sociales, políticos, económicos, laborales, educativos, de ocio… mucho mejores donde no se fomentaran o aceptaran u ocultaran estas conductas o comportamientos, donde ‘el clima’ fuera otro (de respeto, de escucha, de entender al otro, de solidaridad…)… y cuando se dieran sí que fueran excepciones y además rechazados por todos. Es díficil transformar los entornos pero creo que no imposible. Creo que igual que se contagia la mala onda, una buena onda tiene también bastante poder de propagación.

    Aunque sí es cierto que cuando lees, ves los informativos o simplemente bajas a la calle… a veces dan ganas de bajarse del mundo…

    Besos
    Hildy

  5. Permíteme que trasplante esa última frase de tu respuesta a Víctor también en ciertos comportamientos, discursos, etc., feministas. Trabajo con unas cuantas, y el nivel de radicalidad de sus planteamientos, además de faltar el respeto en muchas ocasiones a los hombres hasta un grado que no te puedes imaginar (la culpabilización de todos en conjunto, sólo por el hecho de nacer, y te prometo que no exagero) sólo es comparable al desprecio que transmiten hacia mujeres que, por ejemplo, deciden llevar en verano pantalones cortos del tipo mini-shorts. De verdad que cuando escuché el panfleto insultante que se le escapó a una de ellas cuando se cruzó con una por la calle no esperaba oírlo ni en boca del Arzobispo de Alcalá de Henares.
    Mucho ojo, por tanto, porque a veces, cuando se escoge mal el enfoque, las causas nobles y justas pueden ser minadas desde dentro.
    Besos

  6. Mi querido Alfredo… y a lo mejor la chica de los pantalones cortos es más dialogante, más libre, posee más conocimientos y es más coherente (pero en su forma de actuar) en algunos planteamientos. Tendemos (todos, todas) a caer en opiniones o reflexiones equívocas sobre personas tan sólo por la imagen que nos proyectan por su indumentaria o forma de hablar. Las primeras impresiones suelen ser certeras… pero no siempre. A veces he tenido conversaciones mucho más interesantes, por ponerte un ejemplo simple, con alguien que lleva unos pendientes de perlas y ropa impecable que con otra persona que va con indumentaria radical, moderna y con el pelo a colores y rapado. Está claro que la apariencia física no modela a la persona…

    Por otra parte pienso que los enfoques, causas nobles y justas dejan de serlo cuando son excluyentes y no permiten diálogo o debate o aquellas herramientas que permitan avanzar o que permitan un cambio o transformación. Esto no quiere decir que no se defiendan los enfoques con convencimiento siempre que se razonen y se expongan. Ahora todos los caminos están llenos de dificultades, obstáculos, estancamientos, parones, pasos atrás, e incluso incoherencias o equivocaciones… hasta conseguir dar un paso positivo hacia un punto concreto.

    Besos
    Hildy

  7. Muy agudo Alfredo. Y muy observador. Que conste que conozco a pocas personas más intransigentes e intolerantes que algunas (no todas) de las que trabajan en colectivos contra la violencia de género. La monja alferez es una hermanita de la caridad a su lado a la hora de repartir carnets de machismo a diestro y siniestro.
    Pero claro, esto lo dice un hombre, osea yo, osea un ser cuadriculado y por supuesto un potencial discriminador y machista.
    Y eso lo dicen por ejemplo un par de ellas que conozco cuya película de cabecera es «thelma y Louise» paradigma de que una mujer puede hacer las mismas estupideces que un hombre, copiando los peores estereotipos masculinos. Demostrando que ellas también pueden ser muy machos. Pero en fin…Por fortuna hay otros ejemplos que equilibran un tanto la balanza. Un abrazo.

  8. Fundamental, Víctor, ese detalle: la catalogación, a todas luces gratuita, irreflexiva y puramente superficial, de «Thelma y Louise» como una película feminista o «de mujeres» que muchas personas, casi como un lugar común, suelen creerse. Hay pocas películas en los noventa más retrógradas y con más clichés -algunos insultantes- sobre la mujer. Yo es que me quedo patidifuso de cómo en España somos capaces de fundamentar todas las controversias públicas sobre argumentos infantiles, delirantes o simplemente estúpidos. Y, como dices, menos mal que, a pesar de eso, se topa uno de vez en cuando con gente lúcida, que si no…
    Besos & abrazos

  9. Queridos míos, después de estos debates ricos y complejos llenos de matices, creo que lo importante es no olvidarse de encontrar entre todos puntos y espacios de encuentro, de diálogo, de acercamiento… Y fomentar entornos mejores donde no se permitan situaciones y acciones injustas, violentas, de sumisión, de poder o de incidencia de faltas de respeto… etcétera. Entornos donde haya relaciones que no sean dañinas sino tan sólo con las dificultades normales de la convivencia pero que no incida para nada el que una sea mujer u otro hombre sino personas humanas que se relacionan y tienen los mismos derechos y deberes.

    Besos
    Hildy

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