Una frase, una película. Viaje cinéfilo por el 2014 (primera parte)

Viajo por todas las películas que se han estrenado este año en las salas de cine y que he podido ver. Y observo que 2014 ha sido un buen año (más todo lo que me queda por descubrir). Como siempre ha habido grandes sorpresas y profundas decepciones. Pero a mí me han ganado las buenas imágenes. Directores de siempre, nuevas generaciones y promesas futuras. Actores que siempre sorprenden y otros que surgen con fuerza. Ausentes. Risa y tragedia. Y muchas, muchas historias… El viaje ha sido placentero…, incluso de las decepciones algo se saca. En vez elaborar un listado de lo mejor o de lo peor, se me ocurre una frase por cada película vista este año en una sala de cine.

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1. Sueño de invierno de Nuri Bilge Ceylan

… sueño que veo a un caballo correr libre por Capadocia, mientras vivo encerrada en mi propia cárcel en las habitaciones de un cómodo hotel; todo cambia cuando un niño silencioso tira una piedra con furia a la ventanilla de un coche… Entonces despertamos.

2. Jauja de Lisandro Alonso

Cuentan que todo el mundo se pierde en Jauja, que nunca se regresa, tan solo puede que un perro fiel te encuentre, más allá del tiempo y el espacio.

3. Mr Turner de Mike Leigh

… El sol es Dios, dice el pintor mientras espera la muerte; en otra casa una mujer invisible y rota siente su ausencia.

4. Retrato de Aida de Antonio Gómez-Olea

… y el pintor atrapó el rostro de la actriz; antes jugó con las formas, los volúmenes y el color… y mientras fueron descubriéndose.

5. La señorita Julia de Liv Ullman

El universo de Strindberg con mirada de una mujer comprensiva que ama y conoce a sus complejos personajes…, al final solo un río, unos pétalos de flores y un reguero de sangre.

6. Magia a la luz de la luna de Woody Allen

Miramos las estrellas con la persona amada y nos puede pasar dos cosas: empequeñecernos ante su inmensidad y tener miedo o empaparnos en su belleza y vivir un romántico momento.

7. Jimmy’s Hall de Ken Loach

Aunque se pierda una y otra vez, nunca dejar de intentar poner en pie sueños creativos…, eso nos cuenta un hombre tranquilo que regresa a su tierra, Irlanda.

8. El amor es extraño de Ira Sachs

Dejad paso al mañana… el amor a veces no basta cuando llegan penurias económicas y la vejez; las personas más cercanas te echan una mano pero cuando se convive con gente que amas, la conoces demasiado y la convivencia es dura…

9. Intestellar de Christopher Nolan

El amor cruza el espacio y el tiempo…, nos lo han contado muchas veces, es el motor que hace avanzar no solo el mundo sino también el universo…, atraviesa todas las dimensiones y da sentido a todo.

10. Orígenes de Mike Cahill

Debate absurdo y simplista sobre el darwinismo y el creacionismo…, los más bonito: cada uno tenemos una mirada distinta, nuestro iris nos hace también únicos.

11. La sal de la tierra de Win Wenders, Juliano Ribeiro Salgado

… cómo entender la carrera profesional de un fotógrafo y meterse de lleno en cada una de sus imágenes y su significado; vivir y comprender el sentido de su trayectoria y de su trabajo.

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12. El juez de David Dobkin

… melodrama familiar clásico con muchas aristas sueltas que se salva por mirar la profesionalidad de un veterano, Robert Duvall, y el carisma de un buen actor como Robert Downey Jr.

13. Alguien a quien amar de Pernille Fischer Christensen

Melodrama familiar con apuntes musicales desde tierras danesas o un viejo rockero nunca muere aunque se cruce en su camino un nieto que no pide ni exige nada, solo mira, y una hija que sabe destruirse como su padre.

14. Dos días, una noche de los hermanos Dardenne

… carrera desesperada para poder mantener un puesto de trabajo tras una depresión u otra manera de entender los caminos que toma la solidaridad obrera…

15. Magical girl de Carlos Vermut

… en la vida cotidiana, en un país en crisis, la magia no es posible; una niña se muere, su padre hace todo lo que está en su mano para cumplir sus deseos, una mujer tiene su mente fracturada y no puede evitar hacer daño a todo aquel que se cruza en su camino, y un profesor sale de prisión después de muchos años… todo se une para continuar el caos.

16. Relatos salvajes de Damián Szifrón

La vida, aunque mucha veces tratemos de evitarlo, es agresiva y en las situaciones cotidianas se pueden provocar estallidos de violencia que se nos escapan de las manos; a veces llega la calma y otras la tragedia es inevitable… y el humor negro es imprevisible.

17. Perdida de David Fincher

Cómo contar una historia de una mujer-niña rica fatal y llegar al delirio…, cómo convertir el matrimonio en una relación enfermiza, en una cárcel…, cómo mostrar lo diferente que es la imagen que proyectamos a los otros y la que realmente poseemos…

18. La entrega de Michael R. Roskam

Cómo un cachorro de pit bull te puede cambiar la vida y cómo un tipo solitario y silencioso esconde muchas cosas que no podíamos imaginar…

19. La desaparición de Eleanor Rigby de Ned Benson

El fracaso de un proyecto cinematográfico ambicioso pero que esconde destellos de la gran obra que podría haber sido…, una historia sobre cómo una ausencia puede quebrar a una pareja enamorada…

20. La isla mínima de Alberto Rodríguez

Convertir a las marismas del Guadalquivir en un paisaje opresivo donde el tiempo no pasa y se estanca, en un paisaje de relato negro sobre dos policías que se embarcan en una investigación que les transformará para siempre…

21. Boyhood de Richard Linklater

Cómo contar una historia de una familia a través de los tiempos muertos… y reflejar así el paso del tiempo…

22. Locke de Steven Knight

Un coche, un actor, un trayecto… y una historia, suficiente para construir una película viva y con un corazón que late.

23. El niño de Daniel Monzón

De tres niños que juegan a malotes y cómo la situación se les escapa de las manos, tres policías que trabajan como pueden y del mal que todo lo cubre… en una zona fronteriza.

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24. Una cita para el verano de Philip Seymour Hoffman

De dos seres solitarios y desesperanzados que ven una posibilidad de futuro y de un matrimonio que se desintegra en cada segundo… y de un actor que podría haber seguido dejando buenos personajes.

25. Un toque de violencia de Jia Zhang Ke

Sobre la violencia en el día a día, en lo cotidiano, y la imposibilidad de echar el freno… Cuatro historias de impacto en distintos lugares de China.

26. Mil veces buenas noches de Erik Poppe

Sobre la fractura entre norte y sur, oriente y occidente, entre los miembros de una familia y el objetivo de una cámara para que todo quede captado.

27. Las vidas de Grace de Destin Cretton

Sobre niños y niñas maltratados o al margen, en situación de exclusión, y las personas que día a día trabajan con ellos, y que en muchos casos también están heridos, para conseguir que tengan un vida más justa…

28. Viajo sola de Maria Sole Tognazzi

La decepción y el aburrimiento que provoca una mujer solitaria que inspecciona hoteles de lujo.

29. Begin again de John Carney

La alegría que provoca ver la evolución y la vida de un género como el cine musical…, la posibilidad de pasear por Nueva York con un amigo y escuchar las canciones que ‘dibujan’ al otro…

30. Barbacoa de amigos de Eric Lavaine

Los amigos, compañeros de batalla para lo bueno y lo malo, para quererse o discutir sin parar, para compartir miedos y secretos…, cincuentones que cantan a la alegría de vivir.

31. Corazón de León (Corazón de León, 2013) de Marcos Carnevale

La plasmación de cómo convertir una buena idea en una mala película…, y continuamos con el reflejo de amores extraños pero intensos.

32. Las dos caras de enero de Hossein Amini

El universo oscuro de Patricia Highsmith en el cine…, las ruinas griegas esconden las ruinas de un matrimonio y de un joven guía que descubre que no le basta con ser un listillo…

33. Maléfica de Robert Stromberg

… y el cine para niños está acabando con el mito del príncipe azul… Reinterpretación del cuento de la Bella Durmiente… No vale el beso del príncipe.

34. El sueño de Ellis de James Gray

Y el melodrama del cine mudo y las heroínas sufrientes de aquellos tiempos vuelven con intensidad en una historia sobre una inmigrante que llega a la isla Ellis… y se encuentra entre dos hombres.

35. Solo los amantes sobreviven de Jim Jarmusch

La inmortalidad a veces cansa, es el drama de los vampiros amantes, que pululan por mundos a veces más muertos que ellos… pero a veces los destellos les hacen valorar el estar siempre condenados a la vida…

36. Violette de Martin Provost

“Soy un desierto que monologa”, la escritora Violette Leduc nos atrapa a través de su escritura un torrente de palabras y protagoniza un buen biopic que atrapa la vida de un personaje interesante, complejo, sensible y desconocido.

37. Tres instantes, un grito de Cecilia Barriga

Un documental que atrapa un año de reivindicaciones, el 2011, y de mostrar que otro mundo es posible: a través del grito de los indignados en la Puerta del Sol, la toma de Wall Street y la rebeldía espontánea de los adolescentes chilenos que ocuparon las escuelas públicas.

38. Mejor otro día de Pascal Chaumeil

Buena idea, película fallida: ¿qué pasa cuando cuatro personas coinciden en una azotea en fin de año para suicidarse?

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Joan Crawford y amores otoñales desgarrados. De amor también se muere (Humoresque, 1946) de Jean Negulesco/ Hojas de otoño (Autumn Leaves, 1956) de Robert Aldrich

Los ojos de Joan Crawford tienen vida propia. Basta mirarlos para caer en un abismo de sentimientos expresados. Su rostro fue reinventando durante décadas diferentes tipos de mujer. Así se mantuvo al otro lado de la pantalla de los años 20 hasta los 60. Crawford, desde su juventud en el cine silente, fue reina de heroínas protagonistas de los amores más complejos. Porque el amor no es fácil. Porque el amor puede transformar pero también desgarrar, provocar dolor infinito. En esta sesión doble, con diez años de diferencia, Joan Crawford protagoniza dos melodramas de amores otoñales desgarrados. Dos melodramas apasionantes llenos de detalles y matices… y los ojos expresivos de la actriz.

De amor también se muere (Humoresque, 1946) de Jean Negulesco

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Si en Melancolía, Lars von Triers comenzaba su película con un poema visual sobre la muerte, la melancolía y el amor con el rostro de Kirsten Dunst, impasible, y de fondo una parte musical de la ópera Tristán e Isolda de Richar Wagner, y lograba así hundirnos en el tono trágico de la película; Jean Negulesco se sirve de la misma música para llegar al máximo clímax final de Humoresque con los ojos y el rostro de una Joan Crawford que expresa todo su sufrimiento de amor y delirio en un acto final redondo. Contención y explosión y una misma melodía.

De amor también se muere emplea su banda sonora de manera brillante para contarnos una historia compleja sobre un amor trágico. La historia se centra en un famoso violinista atormentado, con cara de boxeador (como le dicen en un momento de la película… y no es otro que un carismático John Garfield), que vuelca su vida en convertirse en uno de los mejores violinistas. Pero esto supone sacrificar distintas facetas de su vida. El violinista de Garfield es como una estrella de rock de los setenta con aires de genio artístico, con dilemas y tormentos, arrastrando el peso de la fama. Un muchacho humilde que se aferra al violín para lograr llegar a ser alguien. Y en este camino obsesivo (en el que le acompaña sobre todo su madre y un irónico e incondicional amigo pianista) se cruza una mecenas millonaria (nuestra Joan Crawford), alcohólica, maravillosamente miope (memorables las escenas de la protagonista con las gafas) y aburrida de la vida loca que cae sucumbida a los pies del artista.

Los obstáculos de su amor son muchos, no solo la diferencia de edad o la clase social y los ambientes diferentes. Pero el obstáculo más importante e insuperable para la heroína que sufre es el siguiente: si el violinista tiene que elegir entre el amor y la música… claramente se decanta por la música. Ella tampoco está dispuesta a ser la mujer a la sombra del artista o la que cuida al guerrero porque no está ni en su naturaleza ni en su carácter. Su amor está condenado a la pasión desgarrada y al conflicto continuo. Y el personaje de Crawford, como una diosa, necesita que la adoren incondicionalmente… como eso no es posible y es mujer eternamente insatisfecha solo encuentra un camino para terminar con una historia que la devora… Ella sabe que el personaje de John Garfield nunca va a postrarse a sus pies, ni va a perder su libertad artística… Así que un día mientras escucha al amado en la radio interpretar un concierto, se acerca a la orilla del mar…

Humoresque hace gala de melodrama desaforado pero magníficamente contado e interpretado.

Hojas de otoño (Autumn Leaves, 1956) de Robert Aldrich

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Robert Aldrich imprime su firma en todas las películas que interviene. Hasta un melodrama sin mayores ambiciones es capaz de convertirlo en una retorcida, asfixiante y agobiante historia de amor otoñal. Un melodrama que pilló a Aldrich en un momento que no sabía muy bien qué iba a ser de su futuro como realizador. Así el director toma esta historia, que podría haber sido rutinaria, y quiere como protagonista a una diva, Joan Crawford (que luego se convertiría también en personaje fundamental en uno de los éxitos del director, Qué fue de Baby Jane). Así se convierte en una atormentada y solitaria mecanógrafa que ha sacrificado su juventud y la posibilidad de ser amada por cuidar a su padre enfermo. Ahora sola se vuelca en el trabajo para no pensar en su soledad que por otra parte le da menos miedo que darse una nueva oportunidad para encontrar el amor.

Un día acude a un concierto y después a un restaurante… y allí se sienta en su mesa un joven desconocido con mucho encanto (Cliff Robertson). A pesar de sus miedos (sobre todo la diferencia de edad) y obsesiones, la mecanógrafa inicia una historia de amor y termina casada con casi un desconocido joven que la cuenta mil y una anécdotas… Casi desde el principio empieza a chocarse con pequeñas contradicciones en la vida que le cuenta su joven amante hasta que un día se presenta en su nuevo hogar alguien inesperado: la joven y hermosa esposa de su marido para que firme los papeles del divorcio.

A partir de ese momento la mecanógrafa se convierte en una detective y psicóloga enamorada que se descubre casada con un mentiroso compulsivo con graves problemas de salud mental… que, sin embargo, se aferra a ella y a su amor como tabla de salvación para no hundirse en el abismo.

Así Robert Aldrich logra un tortuoso melodrama donde una Joan Crawford con su ojos siempre abiertos (como de no salir del asombro) crea una compleja heroína otoñal enamorada que al final tiene miedo infinito a ser tan solo una “necesidad psicológica” de su joven y solitario amado. Es decir, llega a temer que si su amante logra curarse de su enfermedad deje de quererla y necesitarla… Puro Aldrich. Puro Crawford.

Y como siempre, Aldrich logra sorprender con la forma de contar la historia. Llama la atención cómo se mete en la psicología del personaje femenino con un maravilloso flash back (por cómo está rodado) en el concierto al que acude para explicar totalmente su soledad. Deja escenas sorprendentes como la del primer encuentro de los amantes en el restaurante o su escarceo en la playa. Muestra inquietud, desasosiego y deja una ya clásica galería de personajes opresivos y desagradables memorable. Y llama la atención cómo muestra, de manera directa, agresiva y fría, la “curación” del protagonista masculino en una clínica psiquiátrica. Así como también acierta en la elección de una canción preciosa de Nat King Cole como leitmotiv de los amantes que es a la vez, según el momento que se escuche, preciosa o inquietante.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Cadeneta de películas que se quedaron en el tintero…, más la propina

Las he ido viendo poco a poco y en cascada… películas todas ellas irregulares pero con un componente que las hace atractivas, extrañas, apetecibles… que bien merecen un visionado, dos o tres. Que te dejan pensando. O que alguno de sus fotogramas se te queda fijo en la retina. No son ni redondas ni perfectas… pero algo en ellas hace que no las olvides, que las razones y las pienses. Todas muestran un director detrás de sus imágenes. La propina es más que olvidable, la más rutinaria, la menos extraña y creativa (el director es invisible pero porque no crea) que no merecería la pena si no fuera por dos interpretaciones (me atrevería a decir tres) que dejan una huella o que permite al menos pasar una tarde amena.

Tenemos que hablar de Kevin (We need to talk about Kevin, 2011) de Lynne Ramsay

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La directora Lynne Ramsay refleja un mundo de sensaciones, emociones y caos para reflejar el complejo universo de una madre que trata de entender qué es lo que le ha pasado a su hijo. Emplea el color, la música y el rostro increíble de Tilda Swinton. Presenta una narración descolocada que como las piezas de un puzle van tomando sentido en los ojos del espectador para contarnos una historia terrorífica y muy difícil de asimilar. Ninguno de los personajes de esta familia disfuncional ni sus relaciones, formas de ser o comportamientos son sencillas o fáciles de entender. Juega también con lo inquietante y lo incómodo. El espectador sabe en todo momento que ha ocurrido algo horrible o que va a ocurrir algo tremendo… pero ese instante siempre se retrasa…, hasta que llega la explosión de violencia, como una verdad revelada. Y te quedas absorto y te fundes con el rostro compungido de Tilda.

Solo Dios perdona (Only god forgives, 2013) de Nicolas Winding Refn

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El director Nicolas Winding Refn construye una historia negra y violenta a través de la imagen, la estética, los ambientes y los rostros de sus personajes. No necesita apenas diálogos. Su película es pura coreografía y puesta en escena. Y desencadena una historia familiar de odios y venganzas en Bangkok. La destrucción de una familia mafiosa americana en un país lejano… Todo empieza por un asesinato y un policía jubilado que actúa como si fuera un dios vengativo. En el tablero del destino juega una especie de femme fatale convertida en madre vengativa, una Kristin Scott Thomas maravillosa e irreconocible; un hijo silencioso que arrastra la culpa y el silencio (el impasible Ryan Gosling); un hermano e hijo muerto que desata la violencia; una joven prostituta humillada y un extraño policía que desata su ira allá por donde pasa y que tiene querencia por cantar canciones tristes en los karaokes…

La mosquitera (La mosquitera, 2010) de Agustí Vila

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El director Agustí Vila crea una extraña fábula sobre una familia que dinamita con sus comportamientos extraños la normalidad. No existe este concepto en La mosquitera que se termina convirtiendo en película incómoda sobre la incomunicación y la incapacidad del ser humano para vivir en estos tiempos duros. Con una cuidada puesta en escena, sencilla y efectiva, crea un mundo entre absurdo y agobiante donde una familia actúa con normalidad pero todos sentimos que nada lo es. Su forma de actuar, de comunicarse y hablar es distinta, no entendemos en ningún momento sus códigos y eso acrecienta la incomodidad del espectador. Es como si estuviesen atrapados en una mosquitera y todo lo viéramos a través de esa fina tela, desde la distancia. Los actores, especialmente Emma Suárez, se tiran en plancha en interpretaciones de riesgo. Los perros son más coherentes y normales que cualquiera de los personajes que se presentan en esta trama. Curiosamente realizaría una sesión doble con la griega Canino de Giorgos Lanthimos. Y terminaríamos realmente incómodos…

Polisse (Polisse, 2011) de Maïwenn Le Besco

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A la realizadora y actriz Maïwenn Le Besco no le funciona del todo su fórmula entre realismo documental y ficción pero regala buenos momentos (lo que menos funciona es su personaje, aunque la idea podría no haber sido mala, y su historia de amor). Momentos de verdad que hacen lamentar que Polisse no sea una película más redonda. La película trata de reflejar la cotidianidad y el día a día de la unidad infantil del Departamento de Policía de París. Así deja una radiografía de las relaciones entre los miembros de la unidad, compartiendo sus momentos en las comidas, en las actuaciones, sus discusiones, sus celebraciones de alegría, su desesperación, la dificultad de sus vidas privadas, sus obstáculos para llevar a cabo su trabajo y cómo va haciendo mella en ellos su duro trabajo… Así nos estremecemos ante el lloro desconsolado de un niño al que deja su madre en la comisaria porque no puede hacerse cargo de él y la impotencia de uno de los policías que ha intentado por todos los medios encontrar un albergue que les acoja a los dos… O nos reímos con estos policías cuando ante duras situaciones surge el humor, un humor sano y seco, para suavizar o poder sobrellevar el momento.

La propina. El juez (The judge, 2014) de David Dobkin

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Un típico melodramón con juicio de fondo muy pero que muy americano con un argumento mal desarrollado donde la labor de dirección apenas llama la atención y que lo que sobrevive es la interpretación del juez del título, un colosal Robert Duvall, que logra conmover (e incluso que la espectadora que esto escribe echara más de una lágrima) y un Robert Downey Jr que consigue que se empatice con abogado agresivo y millonario que vuelve de nuevo a sus raíces familiares para redimirse y arreglarse con un pasado que le duele. Los momentos sensibles más conseguidos son unas grabaciones de super 8, las conversaciones y los momentos entre padre e hijo y las relaciones de Downey con sus hermanos de ficción, personajes que hubieran merecido ser más mimados pues están magníficamente interpretados por dos actores: Vincent D’Onofrio y Jeremy Strong.

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Alguien a quien amar (En du elsker, 2014) de Pernille Fischer Christensen

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Solo el gesto de una mano sobre otra es suficiente para contar una historia que nunca existió, que pudo haber sido. Ese gesto y una mirada. Solo esa mano sobre otra puede transmitir que un padre entiende lo que esta pasando su hija drogodependiente porque él también lo fue. Solo ese gesto y esa mirada basta para que los dos se entiendan como perdedores emocionales. Y aunque jamás tuvieran un atisbo de comunicación y aunque siempre hayan vivido en la distancia porque se hacían demasiado daño, un solo gesto y una mirada sirve para contar toda su historia. Para redimirse, para perdonarse, para despedirse. Un padre con una hija y una hija con su padre. Y solo por esa escena ya merece la pena meterse una tarde en un cine y dejarse llevar por un melodrama de familia disfuncional danesa. Esa escena y una historia contenida con canciones de fondo que hablan de desgarros y amores. Canciones con la voz grave de un personaje que es un hombre que se va haciendo viejo y que encuentra la oportunidad, al final del camino, de sentir plenamente lo que es amar a alguien: sin prisas, sin drogas, sin alcohol, sin divismos, sin máscaras, sin caretas, de manera incondicional e irracional…, aunque para ello tenga que volver a romperse, tenga que volver a sentirse vulnerable y frágil. Herido.

Pernille Fischer Christensen deja un melodrama elegante donde el protagonista es un cantautor rockero danés que ha arrastrado siempre mala vida y muchos tormentos interiores. Ahora es un muerto en vida, solitario, que trata de no sentir. No ser herido. Lo único que le calma es su música. Afincado en EEUU, regresa a su tierra fría y distante para grabar un nuevo disco. Él se llama Thomas Jacob (Mikael Persbrandt) y solo quiere encerrarse en un castillo y en su cabina de grabación con su mejor amiga y además arreglista, cantante y también compositora (Trine Dyrholm). También se deja cuidar por su manager (Eve Best) que le va solucionando todos sus problemas, y trata de que no caiga de nuevo. Pero esa rutina es rota por la aparición de su hija a la que apenas ha visto, y solo alguna vez ha extendido algún cheque para ella, y su nieto de 11 años, Noa. Y a partir de ese momento, la línea equilibrada que ha tratado de trazarse se hace trizas.

Someonew You Love

Fischer Christensen se va a la senda de la redención del cantante de éxito que vuelve a su tierra, a sus raíces. Y mientras graba su disco, y las canciones acompañan sus emociones, su mundo frágil se derrumba pero también se reconstruye. Es consciente de su fracaso como padre pero su nieto se convierte en una bomba emocional que le rompe por dentro porque le hace sentir pero también plantearse sus miedos y sus errores.

Así esta directora danesa opta por la contención en el melodrama. Por el frío de su tierra. La elegancia que permite ese frío, el blanco de la nieve y la luz que desprende. Opta por las miradas y los gestos para conseguir una emoción latente. Por el silencio para hablar de relaciones que se rompen y otras que nacen. Por sonrisas furtivas. Y, bueno, Pernille Fischer Christensen no transgrede el género del melodrama ni su historia de una familia disfuncional es de las más originales, pero logra momentos de emoción, de elegante belleza, de melancolía, de ternura e incluso alguna risa. Además de poder dejarte llevar por dúos o canciones en solitario… y la interpretación de un carismático Mikael Persbrandt que se transforma en un cantante cansado que arrastra sus años de sexo, drogas y alcohol… y que se siente desarmado ante la mirada de un niño, su nieto, que no le pide nada.

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Violencia y cotidianidad. Magical girl (Magical girl, 2014) de Carlos Vermut/Relatos salvajes (Relatos salvajes, 2014) de Damián Szifrón

Durante el verano se estrenó la película china Un toque de violencia de Jia Zhang Ke que contaba cuatro historias con estallido de violencia final en cuatro provincias distintas de China. Su director se inspiraba en casos reales que se habían difundido a través de las redes sociales. Y versaba sobre la crispación real del momento. Pero esa crispación no solo está presente en China. Así como esa reflexión sobre la violencia en el día a día, en la cotidianidad del ser humano, no es la primera vez que es representada en la pantalla blanca. Y me viene a la cabeza esa pesimista filosofía de que la violencia se encuentra agazapada en cada una de las personas, en cada uno de nosotros, es instinto animal, y el paso de la calma a la barbarie no es tan lejano. Pura cotidianidad. A veces vivir en sociedad, en la civilización, es camuflar el instinto violento. En cualquier momento puede estallar.

Cuando escribí sobre Un toque de violencia especifiqué: “Y cada historia tiene una reflexión diferente sobre ciudadanos atrapados en diferentes violencias que finalmente estallan (pero esos estallidos se reconocen, desgraciadamente, no solo en China y eso universaliza la película)”. Así a continuación una sesión doble impactante y que sorprende de una película española y otra argentina (con presencia en la producción de los hermanos Almodóvar) que ilustran esa violencia y cotidianidad.

Magical girl (Magical girl, 2014) de Carlos Vermut

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Con solo dos largometrajes en su filmografía, Carlos Vermut, joven realizador español, ha creado un universo propio. Primero fue Diamond flash y ahora Magical girl. Mi entusiasmo y sorpresa ha ido en aumento, si Diamond flash me pareció una obra interesante para el análisis, Magical girl me ha removido. No se entiende ninguna de las dos sin un contexto social y político determinado: la crisis económica, política y social en la que estamos inmersos desde 2007. Magical girl es un puzle donde entre el melodrama, el folletín, el cine negro con perdedores de fondo y una femme fatale rota en el infierno, el mundo del cómic y el destino haciendo de las suyas, queda como resultado una obra cinematográfica redonda.

Y es que Carlos Vermut crea una identidad para su cine y lo desarrolla muy bien. En un momento dado de la película, un personaje secundario y siniestro trata precisamente de explicar una identidad española que no se decanta ni por la racionalidad absoluta o la emoción total y para desarrollar esta idea se sirve de la tauromaquia. Por qué gustan las corridas de toros y por qué causa tanta controversia: técnica y emoción. Así Magical girl, la película de Carlos Vermut, es un mecanismo cinematográfico perfecto con una puesta en escena muy cuidada y planificada que deja momentos visuales de impacto e hipnóticos pero además el espectador puede alcanzar cierta catarsis emocional dejándose arrastrar por este melodrama de destino trágico con tintes negros.

Hay un cuarteto de personajes unidos por el deseo de una niña que se muere de leucemia. Y ese deseo no es más que poseer un caro traje de un personaje de cómic, con un complemento indispensable. Así la película danza entre tres historias (con denominaciones diferentes Mundo, Demonio y Carne) que confluyen en tragedia. Cada una de ellas tiene su claro protagonista. Mundo, un profesor de literatura en paro (Luis Bermejo) con una hija enferma de leucemia. Demonio, una joven con problemas de salud mental (Barbara Lennie) que vive su propio infierno cada día y que uno de esos días en su camino se cruza el profesor de literatura en paro. Y por último Carne, un profesor de matemáticas sale de la cárcel (José Sacristán, que sigue sorprendiendo en esta fase de su carrera cinematográfica con apuestas tan atractivas como Madrid 1987, El muerto y ser feliz, Magical girl o esperando verle en Murieron por encima de sus posibilidades) y desconocemos tanto de su pasado como el de su antigua alumna, la joven con problemas de salud mental (de ambos solo tenemos pistas que nos permiten construir un puzle oscuro… donde hay piezas que desaparecen), pero vuelven a contactar en trágicas circunstancias.

Tres historias protagonizadas por tres actores carismáticos (destacar a un Luis Bermejo que se sale) y el rostro de una niña (Lucía Pollán) con el fondo de una copla de Manolo Caracol, La niña de fuego. Toda una tragedia melodramática en una España en crisis. Magical girl atrapa por lo racional (cómo está hecha, sus referentes continuos, sus metáforas, su puesta en escena…) y por lo emocional (los personajes nos arrastran a un melodrama trágico con tintes negros).

Relatos salvajes (Relatos salvajes, 2014) de Damián Szifrón

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Como bien dice el título, el director Damián Szifrón ofrece seis relatos cinematográficos salvajes y de este modo pinta un mapa político, social y económico de su país absolutamente pesimista. Pero su forma de presentarlo es a base de relato que estalla con un humor negro exultante. Szifrón no deja respiro y construye a la perfección cada una de sus historias, desde la que encabeza la colección, antes de los títulos de crédito hasta la catarsis final que cierra la película. Szifrón cuenta además con un buen reparto de actores y cuida la forma de contar cada una de las historias, la puesta en escena.

El espectador sale con la adrenalina disparada tras una reflexión bastante pesimista (pese la carcajada) de la condición humana y sus estallidos de violencia (por motivos económicos, burocráticos, sociales, políticos…). Presenta un mundo donde campa la injusticia, la corrupción, la desigualdad social, la penuria económica, la impotencia, el mundo de la hipocresía y las apariencias, la competitividad… y donde sus protagonistas pierden la cabeza, estallan.

Empezamos por un vuelo donde sus pasajeros se van dando cuentan de que hay demasiadas coincidencias entre ellos. A todos les une que han conocido en un momento de sus vidas a una persona… Seguimos por un bar de carretera y un día lluvioso donde va a parar un comensal, un político corrupto, al que atiende una camarera que le reconoce y esta comenta a la cocinera cómo este tipo arruinó a su familia. Y la vieja cocinera le hace a la camarera una proposición. Volamos a una carretera solitaria y nos cruzamos con un ejecutivo con su coche de lujo que ve cómo un viejo coche con conductor de otra condición social le impide el paso… y empieza así una discusión… Acompañamos a un ingeniero especialista en explosiones que ve cómo la burocracia del día a día va destruyendo su vida: todo empieza cuando un día una grúa se lleva su coche. Pasamos por la historia más escalofriante sobre un muchachito de familia bien que despierta aterrorizado a sus padres porque se ha dado a la fuga después de atropellar a una mujer embarazada. Y terminamos en una boda de un matrimonio joven donde ella realiza un descubrimiento que la hace perder los estribos en plena celebración. Seis estallidos que dejan sin respiro. Carcajada y catarsis.

Entre los rostros de actores, una cantera de categoría, podemos encontrarnos con Dario Grandinetti, Ricardo Darín, Leonardo Sbaraglia, Rita Cortese o una sorprendente Érica Rivas, como novia despechada. Szifrón se convierte en un cronista contemporáneo muy eficaz que logra remover a través de la carcajada y el estallido. Después reflexionas, y llega el pesimismo y una tristeza ante un mundo reconocible y salvaje.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Perdida (Gone girl, 2014) de David Fincher

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Nota: Si todavía no la has visto, no leas este post pues desvelo partes de la trama. Y esta película es para verla sin saber absolutamente nada.

Los géneros se van alimentando y van evolucionando así como los arquetipos. El melodrama, cine negro y el thriller han sido buenos compañeros de viaje y de esta mezcla de géneros se han conseguido resultados que han quedado en la memoria cinéfila. Un personaje que ha hecho las delicias de los cinéfilos ha sido la femme fatale que ha ido desarrollando distintos caracteres a lo largo de su historia. Una de sus muchas variantes ha sido la perversa niña rica que lleva a la perdición a todos aquellos que la rodean. Y a lo largo de la historia del cine podemos recordar unas cuantas: en los años cuarenta nace Stanley (Bette Davis) en ese melodrama desconocido, con dosis de intriga, de John Huston (conocedor de géneros como el cine negro y el thriller), Como ella sola. Diez años después conocemos a Diane (Jean Simmons) en otro melodrama con gotas de cine negro, Cara de ángel de Otto Preminger. En los sesenta no puede faltar una Lana Turner como esposa con posibles melodramática y manipuladora en una película oscura, Retrato en negro de Michael Gordon. Seguimos en los setenta con nuestro recorrido de perversas niñas ricas y nos quedamos con Evelyn Cross (Faye Dunaway), una de las más tristes femme fatales, que va sorteando su papel de verdugo y víctima en Chinatown. En los años ochenta la niña rica tiene el rostro de ejecutiva agresiva capaz de todo por tener a su lado al hombre que desea y ese rostro era el de Glenn Close, lo más recordable de esta intriga, Atracción fatal de Adrian Lyne. Y así podemos llegar a Amy (Rosamund Pike), niña rica perfecta y suficientemente retorcida tirando a lo delirante en Perdida de David Fincher. Pero esta delirante femme fatale ‘sobrevive’ en una arquitectura argumental llena de giros y plantea varias reflexiones para este siglo XXI. Y esta arquitectura argumental se construye bajo la batuta de un David Fincher, experto en arquitecturas fílmicas complejas y barrocas poniendo su firma (guste o no guste) a su obra cinematográfica, y con la colaboración de la guionista y novelista Gillian Flynn, que adapta su propio best seller.

David Fincher construye así una película que logra atrapar al espectador y se suelta la melena con Amy, haciéndola rozar el cielo del delirio. Un delirio que termina provocando un humor negro. Perdida es un melodrama con matrimonio disfuncional con gotas de intriga, tensión e investigación policial. Parte de la premisa: nada es lo que parece. Premisa muy del melodrama de los cincuenta (siendo quizá pieza fundamental Vidas borrascosas) que evolucionó hasta llegar, por ejemplo, a un David Lynch, rey de esas corrientes oscuras en ambientes idílicos (recordemos Twin Peaks o Terciopelo azul).

Perdida puede leerse como una arquitectura de espejos enfrentados que disecciona un matrimonio. Un matrimonio frente a varios espejos deformantes. Lo forman Amy y Nick (Ben Affleck) y la imagen que proyectan es de perfecto matrimonio pijo, bello y triunfador. Ante el espectador se va deconstruyendo esta imagen idílica a partir de la desaparición de Amy. La primera parte de la película está contada en dos tiempos: el presente, ante un desconcertado Nick que va viendo cómo todo se va poniendo en su contra y cómo se convierte en el primer sospechoso; y un tiempo subjetivo, la voz en off y flash back de Amy y su diario íntimo. Esta primera parte se va alimentando de un tipo de película que también ha funcionado en el Hollywood clásico casi como un género único: película con esposa asustada, atrapada en un matrimonio que no solo la hace infeliz e insatisfecha sino que la convierte en víctima de un marido manipulador. Pero nada es lo que parece. Y en un giro argumental nos damos de bruces con la segunda parte de la película y el delirio con una sucesión de clímaxs que no dejan respiro. Y esta vez se muestra el presente de Amy y Nick pero de forma paralela. Nos topamos con la verdadera cara de Amy y con una intriga y tensión que va en ascenso… hasta llegar al punto en que descubrimos a un Nick atrapado y dependiente irremediablemente en el matrimonio perfecto.

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Pero a su vez la radiografía de este complejo matrimonio y su disección funciona porque está sumergido en una sociedad donde el mundo de la imagen y las apariencias dominan el mundo de los medios de comunicación. Así Perdida deja también un análisis bastante cercano a cómo los medios actuales tratan ciertos temas y la facilidad con la que se crean juicios paralelos y manipulación de sucesos (basta con encender una televisión y ver cómo se tratan distintos temas de actualidad). Así como, un reflejo también de una sociedad enferma que no solo se deja manipular sino que tiene reacciones igual de delirantes que las de Amy o que las del propio Nick (esa ‘fan’ que quiere colgar una foto en las redes sociales con el máximo sospechoso o el éxito que empieza a tener el bar que regenta el protagonista junto a su hermana según se va complicando la trama). Una sociedad que vive en nada es lo que parece…

A la propia Amy se la construye una personalidad de una complejidad maravillosa nada más descubrirnos a sus padres (¡qué suegros, Dios mío!) e intuir el tipo de educación y herencia recibida. Siempre ha vivido con una imagen y una identidad que no es la suya. Sus padres se han enriquecido convirtiéndola en una personaje de ficción infantil en una serie de novelas famosísimas, la asombrosa Amy, niña y adolescente perfecta. Así ella se mueve perfectamente en las apariencias y en personalidades diferentes. No la cuesta mostrar distintas caras y encontrar la suya propia le crea un desequilibrio mental y emocional.

Así Fincher creo que se lo ha pasado muy bien en Perdida y lo transmite. No es una película redonda ni perfecta pero con estos espejos enfrentados, construye una de sus películas más entretenidas y delirantes de su filmografía con su sello de arquitectura fílmica siempre barroca y compleja. Rodea a sus dos personajes de una galería de secundarios que completan esta arquitectura de espejos deformantes: periodistas agresivas, hermana testigo y voz de la conciencia de Nick, padres monstruosos de Amy, abogado astuto, policía intuitiva, vecina ‘me meto en todo’, amante despechada…

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El pasado (Le passé, 2013) de Asghar Farhadi

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… la incomunicación y la culpa, el peso del pasado, la complejidad de las relaciones humanas y familiares. El pasado del director iraní Asghar Farhadi muestra otro laberinto difícil y un mapa apasionante de emociones que se van desvelando a lo largo del metraje. Algo que ya hizo en la película que permitió que muchos espectadores empezaran a interesarse por su cine: Nader y Simin, una separación. Un difícil puzle impecablemente construido deja al descubierto un melodrama familiar apasionante y con una cuidada y maravillosa puesta en escena.

Asghar Farhadi rueda su primer trabajo en Europa y sitúa a los personajes en París, pero un París que no visitan los turistas. Desde la primera escena notamos la mano de un artista con una sensibilidad especial para contar sus historias en imágenes. Nada es lo que parece, la primera impresión que nos hacemos de esta historia nada tiene que ver con la concatenación de hechos que se nos van narrando construyendo el mapa sentimental de varios personajes.

La película se construye a base de silencios, malentendidos e incomunicaciones entre personajes que se aman, pero a veces amar duele demasiado y pone a sus personajes en dilemas morales complejos que quiebran sus almas. Y vuelvo a esa primera escena. Aparece una mujer con una venda en la muñeca en un aeropuerto esperando tras un cristal, por fin ve a la persona a la que aguarda: un hombre. Ella trata de que él sea consciente de su presencia, finalmente es una mujer la que avisa al hombre de que una mujer le saluda al otro lado del cristal. Ambos se miran y sonríen. Y empiezan a realizar gestos y hablar con el cristal de por medio. El espectador no escucha nada… Y ya empieza a imaginar: ¿es su pareja, su marido, quién es él, de dónde viene, quién es ella, dónde está, se quieren, no se quieren, por qué se reúnen?

Poco a poco se nos van desvelando la historia de esta pareja y el motivo del viaje. Se va armando un complejo drama sentimental donde las piezas van moviéndose y donde se van desvelando secretos ocultos. Precisamente el personaje que servirá de motor para el paulatino desvelamiento será el viajero: el iraní Ahmad (Ali Mosaffa) que ha ido a encontrarse con su exmujer Marie (Bérénice Bejo) para firmar el divorcio. Marie vive con sus dos hijas (ambas fruto de un primer matrimonio anterior al de Ahmad) y con Fouad, el hijo pequeño de su actual pareja (Tahar Rahim), Samir. Samir vive su propio drama pues su anterior mujer vive en coma en un hospital, esta intentó quitarse la vida…

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Pero lo que atrapa definitivamente de El pasado es la forma que tiene de contar Asghar Farhadi. Cómo utiliza los espacios, los marcos de puertas y ventanas, las miradas, los puntos de vista que ofrece…, todo danza para ir desvelando poco a poco el interior de cada uno de los personajes y las complejas relaciones que les unen. Así como una galería de actores que dan vida a esos personajes con absoluta entrega y forman parte de esa cuidada puesta en escena que practica Farhadi. También muestra la sensibilidad especial que tiene el director de trabajar con niños e integrarles en la trama como piezas fundamentales. La sorpresa en El pasado es doble. Por una parte el rostro y la mirada de la adolescente Lucie (Pauline Burlet) y por otra parte la verdad que rezuma de la interpretación del hijo de Samir (un maravilloso Elyes Aguis). Y los dos son piezas fundamentales para que la trama avance y los dos tienen una relación especial con Ahmad, el recién llegado, que les hace comunicar sus miedos.

Asghar Farhadi muestra la continuidad de una obra cinematográfica que merece la pena ir descubriendo poco a poco y que deja al espectador con ganas de más. El pasado es una radiografía de la complejidad del ser humano y sus relaciones interpersonales. Y un documento sobre el cine como creación artística y forma de expresión. Solamente un ejemplo. Distanciamiento e incomunicación de una pareja: él conduce el coche y tiene la mano derecha en el cambio de marchas, ella tiene su mano sobre la suya. Suavemente cuando él va a cambiar de marcha, retira la mano de la mujer… Y todo esto en primer plano. Ahí tenemos con una economía narrativa increíble, un conflicto sentimental.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Clásicos desconocidos. Corrientes ocultas (Undercurrent, 1946) de Vincente Minnelli / Cautivos del terror (Cry Terror!, 1958) de Andrew L. Stone

Una sesión doble de clásicos olvidados y desconocidos. Ninguna de las dos películas es redonda pero tienen varias bazas para no dejarlas escapar. Primero descubrir a un Minnelli que está experimentando más allá del musical por el camino del melodrama y el delirio. Segundo adentrarse en la obra de un director desconocido para mí en un relato cinematográfico donde se maneja la tensión y el suspense. Y tercero descubrir y disfrutar en las dos de unos repartos maravillosos.

Corrientes ocultas (Undercurrent, 1946) de Vincente Minnelli

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Corrientes ocultas permite esos privilegios (por lo menos para la que esto escribe) de ir conociendo toda la filmografía de un autor cinematográfico e ir viendo su evolución y sus riesgos. Sus aciertos y sus desaciertos hasta alcanzar obras absolutamente redondas. Vincente Minnelli se prodigó sobre todo en tres géneros: el musical, el melodrama y la comedia elegante y sofisticada. Adoro al Minnelli desatado que dejó cumbres tan perfectas como Con él llegó el escándalo, Como un torrente, Dos semanas en otra ciudad… En ellas alcanzaba altas cotas de melodrama desatado donde las emociones de los personajes superaban cualquier tipo de racionalidad… y Minnelli pintaba un lienzo perfecto y colorido de los sentimientos extremos, sin pudor ni vergüenza.

Corrientes ocultas preludia el delirio emocional pero Minnelli todavía se contiene racionalmente con su paleta en blanco y negro. Así sentimos esas corrientes ocultas, que hacen a esta película muy interesante, pero el lienzo no es perfecto. Por el ritmo fallido, el espacio entre cada estallido y las pinceladas confusas de los personajes (sobre todo de nuestra protagonista)… Precisamente son las corrientes ocultas y la ambientación de algunos momentos lo que termina enganchando al espectador así como la fuerza de una historia de amor latente con un ‘desaparecido’… lo más irracional de todo es lo más atractivo.

La película de Vincente Minnelli, que ya empieza a experimentar con el melodrama y que pronto haría piezas fundamentales en blanco y negro como Madame Bovary (que defiendo a capa y espada…) o esa radiografía de un Hollywood con su cara y su cruz… Cautivos del mal, indaga en un subgénero especial que ha dejado obras inolvidables: esposas enamoradas (o no) en el borde del peligro y el abismo. Y donde el marido es ese ser lejano y misterioso que no llega a hacerlas felices y que alrededor de su figura hay demasiadas incógnitas. Estas atribuladas esposas pueden vivir en una América sureña, habitar mansiones góticas o estar atrapadas en una gran ciudad. Así se nos vienen a la cabeza: Rebeca, Sospecha, Luz de gas, Luz en el alma, Secreto tras la puerta, Un grito en la niebla… Para Corrientes ocultas, Minnelli adapta una novela de una popular escritora, Thelma Strabel, y cuenta para la atribulada esposa con Katherine Hepburn.

El primer tropezón es no saber muy bien cómo dar con el género adecuado: comedia amable, drama, intriga, melodrama desatado… Así esto afecta a nuestra heroína (que gracias a los esfuerzos de una Hepburn carismática, logramos no caer con ella en la indefinición). Mujer joven independiente, culta y espontánea que vive felizmente con su padre científico en una pequeña localidad… a la cual no la interesan mucho sus pretendientes, fuente de preocupación para la mujer que atiende la casa de padre e hija. De pronto aparece un hombre de negocios con el rostro de Robert Taylor (que desde el principio notamos que no es hombre para nuestra Kate…, qué antipático y soso es…). Ambos se enamoran en plan flechazo y Kate se convierte en esposa, la trasladamos a la ciudad y se convierte en una mujer provinciana, dependiente, que no sabe moverse en sociedad (¡ni vestirse!) y totalmente entregada a su esposo (¿?)… Menos mal que le entra la vena investigadora (pues no entiende por qué su marido oculta la existencia de un hermano y además es un tema que le pone de los nervios) y también empieza a alimentar un interés y una afinidad con el desaparecido de lo más interesante. Esta es la corriente oculta que más engancha de la película. El enamoramiento de una mujer por un desconocido del que solo escucha cosas o conoce su casa u objetos personales… El marido es Robert Taylor que pasa de ser un soso pijo a un hombre malhumorado que esconde secretos y que empieza a desarrollar un extraño sentido del amor: su esposa le pertenece… y ya sabemos que eso nunca funciona. Los actores secundarios son desaprovechados en la trama porque desarrollan interesantes personajes pero no se les deja aparecer en todo su esplendor como un ya carismático y maravilloso Robert Mitchum o un entrañable (pero efímero) Edmund Gwenn.

Así Vincente Minnelli demuestra y va experimentando y demostrando en lo que brilla… en las emociones en las que la razón no cabe, en la recreación de ambientes y momentos muy conseguidos de tensión. Así los ataques de furia de Robert Taylor en instantes inesperados, los descubrimientos o inquietudes de Kate como, por ejemplo, lo que significa en la casa de su esposo una melodía clásica tocada en el piano, el uso de las escaleras, las escenas de tensión en la cuadra con un caballo indomable que solo dominaba el hermano desaparecido, un encuentro clave entre dos personajes en esa misma cuadra, el tenso paseo por el bosque a caballo del matrimonio con una amiga… Minnelli deja entrever ese pincel que le permitirá seguir en las corrientes ocultas de las emociones humanas para dejar que se derramen en sus coloridos melodramas con un sentido del ritmo y sin ningún miedo en desatarse y así hacer llegar al espectador a la catarsis. En Corrientes ocultas… casi lo consiguió pero se contuvo demasiado… es como si estuviera en periodo de prueba.

Cautivos del terror (Cry Terror!, 1958) de Andrew L. Stone

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Empiezo a leer en la caratula su reparto y de pronto no me contengo…, decido que tengo que verla: James Mason, Rod Steiger, Neville Brand, Angie Dickinson, Kenneth Tobey, Jack Klugman y descubro además la triste historia de su coprotagonista (que podría haber sido actriz brillante pero falleció demasiado pronto), Inger Stevens. Al director no le conozco de nada pero leo que también fue productor y guionista (en esta película mismamente) y repaso títulos de su filmografía que no me importaría rescatar. Y me alegro de haberme animado con la que hoy comentamos.

Cautivos del terror es un tenso thriller de familia unida secuestrada por una panda de malvados terroristas que quieren intimidar a una compañía de aviación colocando bombas en sus aviones de pasajeros a cambio de dinero. Pero toda la trama ocurre en las calles de la ciudad…, utilizan a la familia secuestrada para primero, con engaño, la fabricación de las bombas y después para extorsionar a la compañía y que sea a través de ellos que entreguen el dinero y amenazando continuamente con su muerte (son padres de una linda niñita).

El matrimonio en peligro son un siempre efectivo James Mason y una magnífica Inger Stevens (actriz que prometía pero se quitó la vida muy pronto…) antes mencionada, en su papel de sufridora nata pero también intrépida y valiente. Y los secuestradores no tienen desperdicio: el frío y calculador, carismático y jefe de la banda, Rod Steiger. El joven sin escrúpulos pervertido sexual que hará sufrir de lo lindo a la joven esposa, Neville Brand. La que actúa por dinero, fría y hermosa, Angie Dickinson. Y el que se muestra más normal y sobrepasado por la situación, un mandado con escrúpulos, Jack Klugman.

¿Cuál es el mayor pero de esta película que, sin embargo, ofrece buenísimos momentos de tensión? Pues además de no salirse ni un centímetro de los tópicos de este tipo de películas, Andrew L. Stone, ni como guionista ni como director, no se decanta por un punto de vista para contar esta historia. Cambia continuamente, creando un baile incómodo que elimina emoción e impacto. Primero parece que los protagonistas van a ser los de la compañía de aviones y el FBI. Después la pandilla de terroristas, más tarde va contando distintas escenas desde el punto de vista de ella, la esposa, y desde el punto de vista de él, el esposo… con voces en off… Sin embargo los peros se compensan por escenas de tensión como los enfrentamientos entre la esposa y el joven secuestrador (bastante perturbado) o la persecución del líder de la banda a la esposa por la estación de metro o el intento de fuga del marido por el hueco del ascensor… Y sobre todo por ver toda una galería de actores no solo buenos sino también muy carismáticos…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

María Candelaria (Xochimilco, 1944) de Emilio Fernández

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Continuo indagando muy poco a poco en la cinematografía mexicana y le ha tocado el turno a todo un clásico de la época de oro del cine mexicano, María Candelaria. Era la segunda vez que se reunía un equipo que ‘definiría’ este periodo. El director Emilio El Indio Fernández, el director de fotografía Gabriel Figueroa, el guionista Mauricio Magdaleno y la pareja de actores Dolores del Río y Pedro Armendáriz. Todos se unen para crear una hermosa película que cuenta la trágica historia de una mujer indígena a principios del siglo XX. La película adquiere tintes de leyenda y presenta la esencia y una simbología determinada de la indígena mexicana: una mujer muy bella pero ultrajada y sometida, de pobreza extrema, que arrastra su sufrimiento pero no pierde su idealismo e inocencia.

El Indio convierte a María Candelaria en una narración oral que cuenta un hombre mexicano culto, un pintor, a una periodista frente al cuadro de una hermosa mujer, una indígena. Así convierte el relato cinematográfico en una leyenda. Reviste la obra de un halo trágico. Melodrama, injusticia social, folklorismo, creencias… en un paraje especial e inconfundible, la zona de Xochimilco con sus barcas y canales. El Indio junto a Gabriel Figueroa alcanzan imágenes bellísimas, depuradas y extremadamente poéticas.

La protagonista es María Candelaria, una indígena rechazada por todos pues es fruto del pecado. Su madre era una prostituta. No vive ni un momento de paz y solo cuenta con el amor de un campesino, Lorenzo Rafael. Cada día de su vida es un problema más, al rechazo hay que unir la pobreza, la injusticia y la enfermedad. Sin embargo, María Candelaria no se rinde y no quiere marcharse de su tierra. Sin embargo los dos amantes tienen un triste destino escrito y ningún momento de paz. Solo cuentan con el apoyo del párroco (que trata de evitar el rechazo de los suyos pero bajo una mirada caritativa y que a veces solo les ofrece la oración como remedio y la iglesia como refugio… no llega a expresar y apoyar una rebeldía en acciones hacia las injusticias que viven) y de un pintor, hombre culto, que está interesado egoístamente en María Candelaria como modelo perfecta para un cuadro (precisamente será el cuadro, la perpetuación de su desgracia -de esos pecados que nunca ha cometido-, el clímax final). En contra, tienen a todos los suyos que son los más intransigentes, al cacique que les oprime por un dinero que le deben (y porque ella nunca se ha entregado a él) y una pobreza de la que no pueden salir. Cuando María Candelaria enferma, Lorenzo, que no consigue que el cacique le facilite las medicinas ni que se olvide de las deudas, entra a robar en su tienda. Se lleva la medicina que cure a su amor y un traje para poder casarse ambos. El drama está servido.

El Indio conforma una leyenda y una imagen del México rural y los indígenas que traspasa fronteras… y llega hasta Cannes para alzarse con la Palma de Oro en 1946. Así la cinematografía mexicana empieza a demostrar al mundo que existe y uno de sus rostros más universales será sin duda Dolores del Río, que ya era toda una leyenda. Pues Dolores primero cimentó su carrera en el Hollywood silente (y primeros años del cine hablado) y después se instaló en la industria cinematográfica mexicana para convertirse junto con María Félix en dos de los rostros mexicanos más universales.

María Candelaria tiene escenas cinematográficamente hermosas: a los primeros planos de una Dolores del Río bellísima (los más recordados son aquellos en los que mira la luna llena), se unen secuencias inolvidables como la primera vez que vemos al pueblo rechazar a la protagonista cuando esta intenta vender flores en su barca y la terminan rodeando o las que transcurren en la celda donde encierran a Lorenzo Rafael (Pedro Armendáriz fue una de las estrellas masculinas más importantes de esta época de oro), que siente en todo momento cómo la desgracia se cierne sobre ellos y ya no hay vuelta atrás. Así como toda la secuencia de la persecución cruel que sufre al final María Candelaria a través del agua y de la tierra, por la noche, bajo la luz de las antorchas.

María Candelaria se une a esa galería de películas que cuentan con el retrato de una mujer, una pintura hermosa… y detrás de ese retrato una historia. En este caso una triste historia…

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El palacio de las maravillas (The Show, 1927) de Tod Browning

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Hay directores-creadores que imprimen a sus películas ambientes y atmósferas especiales. Tod Browning fue uno de ellos. Sus películas más distribuidas y por tanto más populares son su Drácula, con Bela Lugosi, y Freaks, convertida en obra cinematográfica de culto. Ambas películas son de su etapa sonora, de 1931 y 1932. Pero Browning durante la etapa de cine mudo fue un realizador bastante popular sobre todo cuando dirigió una serie de películas con el actor Lon Chaney (de momento, solo he visto una pequeña joya que se llama Garras humanas, junto a una Joan Crawford silente y estoy a punto de descubrir otra que pronto aparecerá por aquí).

Browning conocía bien el mundo del circo y el espectáculo de variedades. De hecho siempre había sentido fascinación por estos ambientes y siendo muy joven se fue de su hogar para dedicarse a recorrer mundo con distintos espectáculos de farándula. Hasta que un teatro de Nueva York conoció a aquel que le introduciría en el mundo del cine: David W. Griffith. Así estas breves pinceladas biográficas me sirven perfectamente para poder empezar a escribir sobre El palacio de las maravillas, una obra a tener en cuenta y que me ha hecho descubrir algo más a Browning.

Como varias de sus obras (por ejemplo, las ya nombradas Freaks y Garras humanas), El palacio de las maravillas está ambientada en el mundo de las variedades, de las ferias de espectáculos y variedades… Un mundo que mezcla la maravilla (se muestra cómo el espectador es ‘engañado’ mediante la ilusión y cómo siente atracción por lo extraño, por lo distinto, por lo inesperado) con los bajos fondos, las relaciones y los sentimientos oscuros, complejos y soterrados de los artistas. Y de esa mezcla surge un ambiente onírico con aires de pesadilla.

Así Browning imprime una mirada especial en el cine que se realizaba en Hollywood. En distintos análisis de su obra se habla de mirada subversiva y subvertir quiere decir “trastornar, revolver, destruir, especialmente en lo moral”. Así el director se une a la cantera de directores subversivos del Hollywood silente: con Erich von Stroheim o Josef von Sternberg. Directores de los bajos fondos tanto del mundo físico como del moral. Pero a la vez directores con una poética especial de la imagen, mostrando con una belleza especial la parte oscura del alma del ser humano.

Y además Browning en El palacio de las maravillas hace el más difícil todavía… y es de repente imprimir progresivamente a una obra en un principio oscura, de bajos fondos, otro aire catártico… De pronto el espectador se ve arrasado por un desgarrador melodrama silente, como los de su maestro David W. Griffith. Así esta obra llega a una poética visual similar al romanticismo trágico y trascendental de otro maestro del melodrama silente, Frank Borzage.

Otro aspecto clave para disfrutar del visionado de El palacio de las maravillas es su trío de actores protagonistas. La pareja principal y el antagonista tienen los rostros de John Gilbert, Renée Adorée y Lionel Barrymore. En aquel momento Gilbert y Adorée eran una pareja romántica recordada por uno de los éxitos mudos de King Vidor, El gran desfile. Ya es subversiva la mirada de estos dos amantes: del romanticismo de El gran desfile, se nos presentan de una manera muy diferente y oscura en El palacio de las maravillas.

Él es Cock Robin, un maestro de ceremonias y mago de un espectáculo de variedades. Embauca al público con su encanto y además seduce, se aprovecha y engaña a todas las espectadoras que puede. Es timador y ruin. Del show que presenta, el momento culminante es la recreación del baile de Salomé ante Herodes y la ejecución de Juan el Bautista (siendo él precisamente este personaje). Ella es precisamente Salomé, presentada en un principio como femme fatale que se encuentra en los brazos del temible dueño del espectáculo, el Griego, pero que sin embargo no deja de seducir a Robin. Browning termina dando la vuelta a la tortilla a esta oscura historia de amor de una manera elegante y sutil. Y Robin se ve transformado por el amor verdadero que le ofrece Salomé, que de femme fatale termina convertida en damisela en apuros de vida familiar desgraciada, Salomé no es más que una superviviente.

En la historia oscura de Hollywood cuentan que el personaje de Cock Robin (que realmente se hace desagradable pues es oscuro, oscuro…) suponía un castigo a John Gilbert, el galán más exitoso de la MGM. El público no estaba acostumbrado a verle en un papel tan vil y podía sentir repulsión ante este nuevo matiz. Así su participación en esta película formaba parte de la campaña de desprestigio que emprendió el estudio contra el actor por sus desavenencias con el máximo jefe, Louis B. Mayer, que llegaría a su culminación con el cine hablado (y la repetición de que el actor no contaba con la voz adecuada… algo que se ha ido desmintiendo con el tiempo –basta con escucharle en La reina Cristina de Suecia–). Con el paso del tiempo lo que se demuestra es que Gilbert era capaz de funcionar en otros registros y hacerlo muy bien.

Y el Griego es el malo, malísimo de esta historia, la representación del mal en los bajos fondos. Y no es otro que un magnífico (¿cuándo ha estado mal este hombre?) Lionel Barrymore que en todo el metraje se muestra oscuro y malvado.

El palacio de las maravillas es de esas obras cinematográficas que afianzan la admiración por un director-creador y sigue generando muchas ganas de indagar más en su filmografía.

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