Y va de timadoras ilustres. Fuego en el cuerpo (Body Heat, 1981) de Lawrence Kasdan / Los timadores (The grifters, 1990) de Stephen Frears

No llego a entender o dilucidar muy bien por qué se armó el revuelo que se armó con La última seducción (1994) y el personaje de Bridget Gregory (Linda Florentino). Se habló de la fuerza del regreso del cine negro (neo noir) y de una representación nueva de la femme fatale, que sale victoriosa… Una femme fatale timadora, amiga únicamente del dinero. Y no lo entiendo cuando tiene dos ilustres antecedentes muy cercanos en el tiempo. Dos timadoras tan buenas y tan femme fatales como Bridget, que aparecieron en dos buenas películas que ya son vistas como clásicos modernos. Ellas son Matty Walker (Kathaleen Turner) y Lilly Dillon (Angelica Huston).

Fuego en el cuerpo (Body Heat, 1981) de Lawrence Kasdan

fuegoenelcuerpo

El debut tras la cámara de Lawrence Kasdan fue con una película que retomaba las claves del buen cine negro con la femme fatale de protagonista. Así revisitaba uno de los temas claves de los grandes clásicos del género: la mujer fatal que convence al amante cegado de pasión por ella de asesinar a un tercero, normalmente un marido más anciano y rico, muy rico. Ese asesinato se convierte en un seguro para una vida próspera de dinero y riqueza. Mientras el hombre lo hace arrastrado por el amor y la pasión, ella se muestra siempre más fría, calculadora y práctica (quiere asegurar su futuro) y para ello se sirve de un instrumento, el amante. Kasdan jugaba con dos claves para crear la atmósfera sensual, el calor y el sudor de los cuerpos, envuelto en una música sugerente de John Barry. Atmósfera sensual que se convierte en cárcel eterna para la víctima: un abogado de poca monta con el rostro de William Hurt.

Así Kasdan (también guionista) con Matty Walker crea el antecedente de la mujer fatal y timadora victoriosa. El director y guionista sigue el esquema de grandes clásicos como El cartero siempre llama dos veces y Perdición. Así crea a dos personajes atractivos: el perdedor que lleva su sino fatal en el rostro desde que comienza la historia y la femme fatale como mantis religiosa que envuelve al amante hacia la perdición. El giro y evolución del género que se produce en Fuego en el cuerpo (y posteriormente en La última seducción) es que la femme fatale no es arrastrada por el destino trágico sino que es una mujer que triunfa a pesar del ‘pecado’ y no tiene mala conciencia alguna. Era timadora y reina del juego… y ha jugado bien la partida, ha ganado.

Los timadores (The grifters, 1990) de Stephen Frears

lostimadores

El director británico, en su aventura americana, da un giro más en el neo noir de Los timadores. Crea a una femme fatale victoriosa que no sólo arrastra a la perdición a un perdedor (que además es su propio hijo) sino que vence a otra femme fatale con sus mismas intenciones. Se crea una lucha a tres bandas… a muerte y con aires de tragedia griega. Aquí la femme fatale, Lilly, es además una mujer que se deja arrastrar por un fuerte instinto de supervivencia que arrasa con todo.

El realizador Stephen Frears, que adapta a Jim Thompson, juega con un trío de timadores profesionales. Un joven ambicioso pero con un halo de perdedor en la mirada que va sobreviviendo con pequeños timos y siempre actúa en solitario, su madre —timadora profesional y superviviente— que trabaja para un peligroso mafioso y la novia del hijo, otra timadora profesional de altos vuelos que vivió tiempos de gloria con un compañero sentimental con tan pocos escrúpulos como ella (y envuelto en la locura). Así crea una compleja red de relaciones entre los tres que los lleva a la perdición, la violencia y a la tragedia griega (donde aparece la fatalidad, el destino escrito) donde tan solo puede haber un superviviente: la femme fatale victoriosa… pero con el drama de saberse superviviente, femme fatale y con imposibilidad de redención arrastrando en su furia incluso lo que más ama… Lilly con el fuerte rostro de Angelica Huston deja otra femme fatale icónica, de cuerpo escultural, rubia platino y personalidad arrolladora que no se deja aplastar por una posible discípula aventajada (Annette Bening).

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Tres instantes, un grito de Cecilia Barriga

tresinstantesungrito

Recuerdo  a principios del siglo XXI cómo se me quedó la frase “Otro mundo es posible”… Y es que estos movimientos colectivos (que nacen de la espontaneidad), que muchos dicen son utópicos, de alguna manera transmiten una onda expansiva de que los sueños a veces pueden cumplirse. Y, de fondo, algo más importante…, no hundirse en la apatía, el mal rollo o transitar un camino de no retorno de desencanto. La espontaneidad de estos movimientos colectivos enciende continuamente mechas y supone un paso más a la consecución de un mundo un poco mejor. Algunos viven con tristeza (y con sensación de fracaso) la ‘aparente’ disolución de estos momentos (bien porque son interrumpidos violentamente, bien porque la espontaneidad no es eterna… y entonces empiezan otras ‘fases’ y ‘evoluciones’ en el proceso) y empleo la palabra ‘aparente’ porque sí, se apagan, pero queda la brasa, el fondo o el poso… Queda el testimonio.

También me viene a la cabeza una persona que no olvidaré porque disfruté de su amistad, de sus palabras, de su memoria y recuerdos. Se llamaba el Indio Juan. A un poso de desencanto, siempre surgía la chispa en su mirada. Una de sus pasiones era recorrer las calles, los cementerios, los muros, los edificios, las puertas y paredes… y rescatar en su cuaderno las frases que dejaba la gente. Decía que ahí había poesía y mucha sabiduría. Pienso que hubiese disfrutado mucho del año 2011… y de todos esos movimientos colectivos que se dieron a la vez por el mundo. Y que siguen la senda de Otro mundo es posible. En ese momento era un mundo clamando por un cambio de organización y sistema. Mostrando también que la democracia real es otra cosa. Que el ciudadano puede pensar por sí mismo, que es consciente de que tiene derechos y también deberes y que sabe cuándo le están tomando el pelo o cuándo están abandonados a su suerte. Ciudadanos que claman por una representación real. Ciudadanos que siguen imaginando que las cosas pueden ir y hacerse mejor.

Durante todo el siglo XX y ahora el XXI, hay otra manera de poder dar testimonio de estos movimientos. Otra manera de hacerlos vivos y presentes. De eternizarlos. De preservar que existieron. De plasmar que algo se mueve… Y son las imágenes en movimiento. Es el cine. Una cámara y captar el espíritu de estos movimientos. Y es eso precisamente lo que consigue la realizadora chilena Cecilia Barriga en su documental Tres instantes, un grito. Captar ese grito, que se extendió en distintas partes del mundo y generó movimientos colectivos que provocan creatividad, pensamientos, vitalidad, posibilidad de cambio, debates, coloquios, diálogos y que construyen una generación de personas que tiene presente los sueños de muchos ciudadanos. Y eso no es fácil. Tres instantes, un grito provoca ganas de moverse, genera un sentimiento de esperanza y continuidad, muestra personas con ganas…, todavía algo se mueve, quizá todavía no esté todo perdido…

El documental muestra la esencia de tres de estos movimientos que se dieron en un año vivo, y como dijo uno de los asistentes al coloquio en la Cineteca-Matadero, que creará un fondo de documentación e ideas tan importante como el mayo del 68 (que no solo fue en París sino que tuvo también su efecto onda…). Y también su poso de críticas… pero es que siempre pienso que el que actúa, porque actúa, se equivoca… Y eso es sano, mientras haya un sentido de autocrítica y análisis, de ver qué fue lo válido y qué fue lo que falló.

El viaje de Barriga recoge el espíritu asambleario de los indignados en la Puerta del Sol de Madrid. La espontaneidad colectiva, creativa y multicultural, con presencia continúa de lo musical, de la toma de Wall Street. La filosofía: el 99 por ciento de la población muestra su descontento por el reparto injusto de riquezas y poderes en manos de un 1 por ciento que hace lo que quiere dejándose llevar por la codicia y la corrupción. No existe el axioma: pensar en el otro. Y por último la rebeldía constructiva, potente, valiente, espontánea, alegre e imparable de los adolescentes chilenos que tomaron las escuelas públicas del país exigiendo una educación pública, gratuita y de calidad. Y ese es el mejor aliciente para disfrutar del documental, sientes ese espíritu contagioso.

Movimientos que surgieron a la vez que otros y que serán la mecha para generar otros en un futuro próximo. Como dijo Cecilia Barriga, en el documental se intuye que los próximos movimientos colectivos quizá nos trasladarán a China o a cualquier otra parte donde la gente quiera soñar. Y de alguna manera su existencia permite el contagio… y poco a poco, con obstáculos, dificultades, desencantos, fallos… pero con un continuo movimiento, se pueden ir produciendo cambios que prefiguren otro mundo posible… y ojalá que mucho mejor.

Nota: próximas proyecciones en la Sala Berlanga (jueves 22 de mayo) y en junio en el Zumzeig cinema en Barcelona.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

La noche americana (La nuit américaine, 1973) de François Truffaut

lanocheamericana

… ¿Por qué hoy La noche americana? Ayer pensaba tengo que hacerme un regalo especial e íntimo. Para mí sola. A mí misma. Es importante regalarse uno a sí mismo. ¿Por qué? Ha llegado el día del cambio de década. El reino del 3 termina y empieza la década del 4.

¿Qué me puede gustar más que una película que verse de cine dentro del cine? Y por qué La noche americana es la elegida. Su director François Truffaut amaba el cine… Cine en vena. Y en el momento de dirigir su particular homenaje sobre cine dentro del cine cumplía 40 años. ¿Otro motivo más? La película, después del estreno, recibió múltiples premios… en 1974 fue premiada con el oscar a la mejor película de habla no inglesa. Y ese mismo año, aquí doña Hildy, volvió a reencarnarse… Porque ya saben ustedes que vivimos diversas vidas (algunas paralelas, otras concéntricas e incluso laberínticas). ¿Otra razón más? A pesar de mi ansia por ver películas de cine dentro del cine y de mi amor por François Truffaut… curiosamente esta película continuaba en mi baúl de cintas pendientes… Así que este ha sido mi regalo: ver tranquila esta película que, no podía ser de otra manera, me ha entusiasmado.

Vida y cine, cine y vida. Asistimos al rodaje de una película con una extraña familia que la hace posible. Actores, actrices, técnicos, director, productor, músico (por conversación telefónica), acompañantes… Y asistimos a ese rodaje de manera natural, como la vida. La noche americana fluye…, te dejas llevar. Con alegrías y penas, con tensiones y locuras, con miedos, sueños, pesadillas, e inseguridades, con obstáculos y caprichos, improvisaciones, buenos momentos, con risas y también llanto. Con preguntas sin respuestas, situaciones inconclusas, y siempre la presencia del amor y las relaciones humanas. Y con una premisa, pase lo que pase, la película tiene que terminarse. Y al final: “nos veremos en la cola del paro” y después, probablemente, vuelta a empezar. Y La noche americana se convierte en documento nostálgico de una manera de hacer cine. De una manera especial. Con celuloide. Jugando siempre con un binomio: ficción y realidad, realidad y ficción.

Y también es una película de principios vitales. Tanto del que se dedica a hacer cine como del espectador que lo disfruta. Vivir con el cine siempre presente. Ya lo dice el director de La noche americana, Ferrand (o François Truffaut): “El cine es más bello que la vida, no hay atascos ni tiempos muertos. Avanza como un tren atravesando la noche. Hemos nacido para ser felices con nuestro trabajo, haciendo cine”…, haciendo cine para que otros sean felices, viéndolo.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Ida (Ida, 2013) de Pawel Pawlikowski

ida

Ida es una película sobria tremendamente hermosa. Nada le sobra, nada le falta. A su belleza formal a la hora de contar una historia, se une la propia historia… potente. Dos personajes femeninos, la identidad, la memoria y el peso de la Historia sobre ellas. Cada fotograma destila la composición perfecta de una obra artística. Pawel Pawlikowski cuida cada segundo, cada instante de la puesta en escena y del lenguaje cinematográfico, creando una obra redonda. Polonia, años sesenta, empapada del saxo de John Coltrane y unas notas triste de Bach. Años grises, de blanco y negro, donde los personajes se mueven en un formato cuadrado que da fuerza y relevancia a las figuras femeninas sobre los espacios en los que transcurre su ‘viaje’ vital de descubrimientos… Donde unos ojos y una lágrima que recorre la mitad de un rostro o un paisaje nevado y una figura que camina cobran una fuerza que desarma al espectador.

Anna (Agata Trzebuchowska) es una novicia a punto de hacerse monja, de recibir los votos. Ella es huérfana y siempre ha estado entre las paredes de un convento. Tiene dieciocho años y su mundo siempre ha estado unido a lo espiritual y trascendente. No conoce nada más. La madre superiora le da un aviso inesperado. Su tía, que nunca ha querido conocerla, ahora sí desea verla. Y la recomienda que vaya a visitarla antes de tomar los votos. Así, con una pequeña maleta y su hábito, Anna conoce a su tía Wanda (Agata Kulesza), una mujer aparentemente dura y fuerte. De golpe, la primera información que le suelta Wanda… descoloca el mundo de Anna. “Así que eres una monja judía” y “te llamas Ida”. Así, a lo bruto, Ida… decide encontrar dónde están enterrados los suyos, es la única manera que tiene de expresar que quiere buscar sus raíces. Y en este viaje, le acompaña Wanda… la vulnerable y contradictoria mujer aparentemente fuerte y de hierro.

idaII

Un viaje que altera a ambas que siempre han estado, de distinta manera, privadas de su identidad. Cada una asumirá como puede las consecuencias del encuentro con su memoria, con sus raíces, con sus recuerdos, con su pasado… Con las viejas fotografías que construyen unas vidas sesgadas. A Ida le privan de su identidad, de sus orígenes. Wanda, para combatir el dolor, oculta su identidad y se entrega al Estado socialista polaco. Ella se transforma en Wanda la Roja, una mujer fría que no tiembla en condenar a muerte a todo aquel que no comulgue con las ideas estalinistas… Ida trata de recomponerse, Wanda se sigue fracturando…

Ida descubre con Wanda que existe algo más en la vida que los muros de un convento. Que existen las contradicciones, los placeres, los sacrificios, la culpa… Y vislumbra a lo que renuncia… sobre todo cuando conoce una posibilidad de futuro con un saxofonista (“¿Y luego? La vida, lo normal”… pero es que ni Ida ni Wanda tuvieron posibilidad de una vida normal…). Y Wanda descubre con Ida su alma fracturada, sus heridas apenas ocultadas, su vulnerabilidad, su culpa y caída al abismo, el dolor por la pérdida de lo que más amaba…

IdaIII

Pawel Pawlikowski, director polaco que durante años ha trabajado en Gran Bretaña (y que ha realizado trabajos documentales, televisión… aborda su quinto largometraje y su primera película en Polonia), regresa a su tierra natal con una obra cinematográfica de una belleza tranquila, de ritmo pausado, de planos fijos… donde una joven novicia restaura una estatua de Cristo, una mujer quebrada apura un licor en una mesa de una taberna, solitaria; o una joven de dieciocho años —que quiere sentirse deseada— se prueba unos tacones y un traje negro y se envuelve en una cortina transparente…

Ida es una película que ha hecho que vuelva a nombrarse el cine polaco… y quizá sea el principio de una vuelta del cine de este país al circuito internacional. Pawel Pawlikowski ha despertado la curiosidad sobre qué es lo que está pasando en la cinematografía polaca en la actualidad. Así el realizador puede dar continuidad a nombres como Andrzej Wajda, recorriendo los rostros de Andrzej Zulawski y Roman Polanski y meciéndose en Krzysztof Kieslowski, reconociendo a Agnieszka Holland y desembocando en él mismo y otros compañeros de generación. Me viene a la cabeza una película polaca de los años ochenta nostálgica y tremendamente hermosa que durante años tuve grabada en un vhs… Yesterday de Radoslaw Piwowarski… y la nombro porque como Ida también reflejaba unos años sesenta en Polonia. Unos jóvenes que trataban de buscar salidas al blanco y negro en que estaban inmersas sus vidas a través de los Beatles y la música.

… De momento, recuerdo a una novicia en una sala de fiesta, ahora vacía, escuchando a un saxofonista que toca a Coltrane… O a Wanda colocando fotografías en una mesa, reconstruyendo su pasado y recordando el hermoso pelo pelirrojo de su hermana que ahora esconde tras la toca su sobrina. O esa misma mujer poniendo en su tocadiscos la música de Bach mientras la luz entra por su ventana…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Cuentos de terror de Dario Argento. Suspiria (Suspiria, 1976) / Phenomena (Phenomena, 1984)

suspiria

Adentrándome por fin en la filmografía del realizador italiano Dario Argento, me atrevo con él, por recomendación de un buen amigo, con el visionado de dos cuentos tenebrosos. Suspiria y Phenomena tienen varios paralelismos que hacen interesante y gratificante su análisis. Los que me conocen un poco saben que el cine de terror es una de mis muchas lagunas cinematográficas, pero cada vez es un género que voy visitando más. A diferencia de otros amigos de generación, que se engancharon al cine por este género…, yo durante mi adolescencia y juventud huí de él. Ahora que soy más mayorcita, me voy atreviendo a hundirme en las tinieblas.

De Argento solo había visto, y hace relativamente poco uno de sus giallos, El pájaro de las plumas de cristal (forma parte de la trilogía de los animales junto a El gato de las nueve colas y Cuatro moscas sobre terciopelo gris). El giallo, esa mezcla de thriller y terror, es totalmente desconocido para mí. Solo conocía la teoría y lo que había leído en libros, así que me queda casi todo por descubrir. Es uno de los caminos que abrió la influencia del maestro del suspense por el mundo. Con Psicosis marcó una senda en el cine del suspense y el terror. Hitchcock, innovador y referente de otros realizadores.

Pero Argento, además del giallo, se lanzó a un terror con tintes fantásticos. Y tanto Suspiria (es la primera película de otra trilogía del director, la de las madres) como Phenomena entrarían dentro de esta categoría. Su visionado lo disfruté porque, como he dicho al principio, lo viví como dos cuentos terribles, insanos y enfermizos. Dario Argento, creador de ambientes extraños y tenebrosos, te atrapa por su poder visual y una estética especial. Argento, macabro, realiza verdaderas coreografías a la hora de filmar las muertes de sus víctimas (todavía tengo tendencia a taparme los ojos —modalidad abanico… mirar con repelús entre los dedos abiertos—, pegar brincos y poner caras de asco o de pánico…).

Desde la más absoluta ignorancia del género (y de la figura de Argento), como ya he confesado al principio, tanto Suspiria como Phenomena me han resultado opciones muy ricas a la hora de explayarse en la escritura. Dos películas con paralelismos sugerentes.

Paralelismos

Las dos protagonistas son dos jóvenes norteamericanas, delicadas y blancas como la nieve (Dario Argento ha reconocido la influencia que tuvo en él Blancanieves y los siete enanitos), que llegan a un país europeo (Alemania una, Suiza la otra) y a una residencia hostil. Ambas son extremadamente sensibles y capaces de ‘percibir’ más allá… que cualquier otro personaje de la trama.

Las actrices elegidas dan un toque especial a sus personajes. Indefensas pero fuertes a la vez. Extremadamente sensibles, como de otro mundo. Extrañas, etéreas y delicadas. Ambas habitan un nuevo mundo enfermizo e insano. Ambas viven en una especie de bosque tenebroso o de casa encantada que les depara obstáculos terribles… lleno de criaturas horripilantes. La mirada que las dos depositan al mundo devuelve un universo onírico con gotas de pesadilla y locura. Solitarias, no existe el príncipe azul en estos relatos fílmicos. En uno se convierte en un ser anónimo que solo aporta más inquietud (Miguel Bosé) y en la otra hay una ausencia total (la joven solo recibirá ayuda de los animales…).

En Suspiria, la joven protagonista es Jessica Harper, actriz que había adquirido cierto halo de culto por su aparición en El fantasma del paraíso de Brian de Palma. Harper, delicada y delgada, hace creíble su papel de bailarina exquisita y frágil, casi enfermiza. Mientras en Phenomena continua la carrera de una niña con rostro de Jennifer Connelly, que había demostrado su potencial y belleza desde su debut en Érase una vez en América de Sergio Leone (amigo de Argento). El personaje de Connelly, más complejo que el de Harper, tiene una especie de extraño poder. Ella puede comunicarse mucho mejor con los insectos (y otros animales) que con los seres humanos. Las dos protagonistas tienen problemas con el sueño y eso las hace estar confusas gran parte del tiempo, quizá distorsionando más la realidad que las rodea. ¿Qué es fruto de sus cabezas adormiladas? ¿Qué es real? ¿Qué es pesadilla?  En Suspiria la protagonista se queda dormida por los rincones; en Phenomena además es sonámbula. Ambas muestran una inestabilidad mental y emocional en el momento que se suceden los hechos.

Los paralelismos también se dan en la estructura de la historia. Hay una fugaz voz en off, que amplifica la sensación de cuento, para presentar a las dos protagonistas fuera de su entorno habitual. Las dos películas empiezan con un asesinato iniciático que pondrá en marcha la trama. Asesinatos coreografiados como una danza macabra…, más evidente en Suspiria. El estilo visual de Suspiria está muy elaborado, es casi tan etéreo como su protagonista. La atmósfera extraña es casi otro personaje deslumbrante. En Phenomena su estilo visual es más sobrio y sucio dando a la historia un tono más desconcertante y extraño.

En las dos películas, las protagonistas se rodean de personajes a cada cual más extraño (acariciando siempre lo desagradable) y según va avanzando la historia, se van desarrollando más los hilos fantásticos. En Suspiria la sensación de irrealidad acompaña toda la película y va en crescendo… desde que la protagonista atraviesa la puerta del aeropuerto y se vislumbra una tormenta hasta el final del tenebroso cuento. En Phenomena la irrealidad es más brusca y el ambiente que rodea a la protagonista es extraño y desasosegante. En Suspiria la banda sonora extraña va al ritmo de lo etéreo; en Phenomena la banda sonora desconcierta desde el primer momento, creando una sensación de rechazo y dureza a lo que estamos viendo (hasta Iron Maiden está presentes en una banda sonora que apuesta por el heavy metal para un cuento de hadas tenebroso).

En Suspiria, la academia de baile es otro personaje fundamental de la trama. Un edificio con vida que oculta un misterio terrible. Cada detalle, cada puerta, cada ventana y cristalera, el juego de luces, las escaleras, los vestuarios, las clases…, todo forma parte de una especie de casa encantada, inquietante. En Phenomena juega más con los exteriores, con ese bosque tenebroso que oculta una casa maldita. Y la residencia será un sitio hostil donde la protagonista se siente continuamente fuera de lugar. La joven siempre quiere huir de allí, no se siente cómoda y sufre una especie de mobbing por parte de sus compañeras y de las docentes.

La presencia de insectos u otros seres vivos como pájaros o murciélagos acentúan la presencia continua de la muerte. Una muerte que acecha. Y también alude a la corrupción de los cuerpos sin vida, los cadáveres no descubiertos. También sirven de premonición de algo terrible. Si en Suspiria deparan momentos inquietantes, como la aparición de los gusanos; en Phenomena su presencia es constante y fundamental para hacer avanzar la trama. La protagonista tiene una relación especial con los insectos (como una especie de Carrie, tiene una escena de reina de las moscas que hace que miles de estos insectos rodeen la residencia… y que muestra cómo éstas la defenderían hasta extremos inimaginables) y sus únicos amigos en un país hostil serán un inválido y reputado entomólogo que vive en una casa junto a una mona adiestrada (que vuelve más extraña aún esta película, más fuera de la realidad)…

Finalmente en ambas películas lo terrorífico y fantástico, la presencia del horror que durante todo el metraje se ha intuido y manifestado de manera inquietante, toma forma física en una presencia monstruosa y deforme. En Suspiria tiene rostro de anciana decadente y en Phenomena de niño horrible.

Viejas glorias

Dario Argento se deja seducir, como otros directores de mundos extraños e insanos (y también signo de los últimos ramalazos de la caída del sistema de estudios) como los americanos Robert Aldrich o Curtis Harrington, por viejas glorias de cine de Hollywood y un añejo star system europeo. En Suspiria las damas que dirigen la academia de baile son de lo más siniestras y se esconden tras los rostros de viejas glorias: Joan Bennett y una Alida Valli cuya sonrisa provoca escalofríos. En Phenomena el ‘visitante’, la vieja gloria y uno de los reyes de la serie B, será un hombre que además ejerce como figura no solo sabia sino también protectora, como un hada madrina (pero por desgracia, para él, sin poderes). El entomólogo en silla de ruedas, que es siempre acompañado por una mona que no soporta el mal, tiene el rostro del actor británico Donald Pleasence.

Nuevas influencias

phenomena

Las películas de Argento de aquellos años setenta y principios de los ochenta (que han ido decayendo con el paso de los años incluso para los seguidores que más admiración le profesan) siguen creando escuela (tanto en la estética visual de algunos directores, como en la temática así como en la creación de ambientes enfermizos e inquietantes).

Así, por ejemplo, muchos son los que vieron en su momento la influencia de Suspiria sobre Cisne negro de Darren Aronofsky. No solo porque la protagonista fuera una frágil bailarina sino por muchos aspectos. Tanto la atmósfera inquietante creada a través de la heroína femenina (ese aire onírico y la presencia continua de la pesadilla rozando la locura) como los personajes incómodos que acompañaban su camino.

Una de las cosas que más inquietud me ha causado al ver las dos películas ha sido el empleo del sonido como elemento narrativo y exasperante. El ruido de pasos, los portazos, la ruptura de cristales, las respiraciones extrañas, las voces distorsionadas por la lejanía, el sonido del agua o el que emiten los insectos… Todo envuelto con una música que a veces distorsiona bastante más la historia que se nos está contando. Y este tipo de atmósfera y la importancia de los sonidos en las películas de terror fueron magníficamente reflejados hace muy poco en una película inquietante, Berberian Sound Studio de Peter Strickland.

Tanto Suspiria como Phenomena son un ejemplo de cuentos tenebrosos con una fuerza visual que evita el olvido. Estas películas crean una atmósfera inquietante que deja al espectador con un mal rollo continuo que perdura después de la proyección, que hace que permanezca en un estado como de semiinconsciencia…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Paradiso de Omar A. Razzak

paradiso

Hay proyecciones y momentos con encanto en el cine. Uno lo viví un domingo de abril en la Cineteca de Madrid en el Matadero. Era el último día que se proyectaba el documental Paradiso. Y después tuvimos un coloquio. Toda una sorpresa. Paradiso no solo es un canto de amor al cine y a la sala de cine sino también un canto al trabajo hecho con cariño, respeto y cuidado. Y un canto a los últimos lugares, a aquellos puntos de encuentro de los barrios que de momento las nuevas tecnologías y la vida moderna aún no han desplazado y que sobreviven como islas en las grandes ciudades. Lugares con vida propia, personalidad propia.

Cuatro son los protagonistas de este peculiar documental que me hizo salir con una enorme sonrisa de la sala… y reafirmando mi amor al cine… al cine en la sala. Peculiar porque esta isla en el centro de Madrid es ni más ni menos que un lugar que muchos (y reconozco mi propio prejuicio) lo miramos como un reducto de lo decadente, lo degradante, lo patético y morboso… la única sala x que queda abierta en la ciudad, el cine Duque de Alba. Su acceso es por un largo pasillo (que se convierte en una especie de túnel del tiempo) y en sus laterales están los cárteles hechos a mano por el encargado del cine, Rafael, de las películas que se proyectan en sesión continua. Antes de pasar está la ventanilla de las de toda la vida (ya casi reliquia) de la taquillera, Luisa. Como habréis supuesto esos cuatro protagonistas son: el propio edificio del cine, Rafael, Luisa y los clientes.

Conocer a Rafael y a Luisa es uno de los grandes alicientes del documental. Después de la proyección vimos cómo ambos son tal y como se reflejan en la película. Los dos con su amor al trabajo y a la sala en la que trabajan, así como el respeto que muestran a sus clientes habituales, logran que una sala x se convierta en un lugar entrañable. Un lugar con una decadencia física cuidada (todavía funcionan con calefacción de carbón) que convierte el local en especial, en genuino. Lo que ocurre dentro de la propia sala de cine entra dentro de la privacidad de sus clientes. La cámara nunca entra. Así que solo vemos la sala desde fuera, desde el hall. Y cuando está vacía. En ese hall y en otras dependencias del cine escuchamos los gemidos de fondo… que nunca alteran las conversaciones del encargado y la taquillera o de estos con los clientes habituales o entre los propios clientes.

Luisa dice que sus años de taquillera en el cine Duque de Alba han sido los más bonitos. Y habla con dulzura, y sin juzgar, de sus clientes habituales, que son de lo más educado según su experiencia. Porque entre los clientes, que con tanto cariño son tratados por Rafael y Luisa, se deducen historias de soledad, de desencanto, de desamor, de exclusión y marginación. Muchos de ellos han encontrado en el cine Duque de Alba su refugio, su libertad. Y el realizador novel Omar A. Razzak y su equipo han logrado captar ese universo especial, con muchas dosis de cariño y mostrando una intimidad emocionante, con respeto. Así Luisa, la taquillera, nos decía después de la proyección, que ella estaba contenta por lo bien que iba el documental y lo que estaba gustando por los jóvenes, por ellos que tanto habían trabajado, y miraba feliz a Omar.

Paradiso regala momentos hermosos, otros muy divertidos y destila amor al espectador de toda la vida a través de las conversaciones que mantienen sobre cine (y no pornográfico…, sólo se nos informa en un momento el éxito que tuvo la Cicciolina cuando se proyectaban sus películas en la sala), Rafael, Luisa y algunos de los clientes. Así comentan las películas que más les han gustado como Mejor imposible de James L. Brooks, Los Puentes de Madison de Clint Eastwood o un cliente, que es todo un personaje, confiesa que con la película que más ha llorado es con Tomates verdes fritos (yo comparto su afición por esta historia). También hablan de El gran dictador, de Ciudadano Kane o del cine de Kubrick… pero con una candidez y una inocencia cinéfila con mucho encanto. Curiosamente Rafael tiene todas las habitaciones del edificio decoradas con carteles de cine que no son carteles porno sino de películas recordadas por todos.

Rafael lleva su sala con dedicación y respeto. Dentro de la rutina de cada día, cuida su local con mano experta y detallista. Así en el patio interior crea un espacio, una terracita, para que sus clientes puedan charlar y fumar. Así compra una carpa, unas sillas, unas macetas con flores… También cuida la decoración navideña con distintos artilugios y se piensa un mensaje además de tener un regalo preparado para sus clientes habituales (después de la proyección también llevó con sumo cuidado varios regalos para nosotros, los espectadores). Y siempre pide el consejo de Luisa, la taquillera. La relación que tienen entre ellos queda reflejada con mesura dejando muy buenos momentos.

El documental Paradiso (que se llama así porque a Rafael le encanta la película de Cinema Paradiso) cuenta un año en la vida de esta sala de cine… el último año de Luisa, que se jubila. Ese es el hilo conductor…, el pequeño cambio que va a sufrir esta isla urbana, ese universo propio, la taquillera se va… Paradiso se convierte en todo momento en un documental nostálgico, con una cierta melancolía en cada fotograma. En esas conversaciones entre seres solitarios, en ese abuelillo que lleva una rosa a Luisa, en ese cliente que canta una triste copla, en ese beso furtivo en la mejilla que le da la taquillera en su último día, antes de subirse al autobús, a Rafael, su compañero de trabajo… En esos momentos se encuentra la esencia de este lugar de encuentro que batalla contra viento y marea por sobrevivir.

Pronto saldrá el dvd y nos cuentan que la presentación se hará próximamente (a mediados de mayo) en el propio cine Duque de Alba… Luisa nos dice que lo vamos a pasar bien.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Alrededor de la muerte. El funeral (The funeral, 1996) de Abel Ferrara / El tiempo que queda (Le temps qui reste, 2005) de François Ozon

Muchas son las películas que tocan el tema de la muerte. Cómo enfrentarse a ella o cómo representarla. En la sesión doble que propongo hoy, la muerte se toca de diferente manera. En una se envuelve en todo un ritual, un doble ritual. El de la religión católica. Velatorio y luto. Doliente. Y el ritual por el que funciona la mafia italoamericana. El ritual de la violencia en cadena. En la otra el espectador se convierte en testigo de la intimidad de un personaje que decide enfrentarse a la muerte desde la soledad más absoluta. Al final ese recorrido duro será un canto a ese tiempo que queda lleno de momentos sencillos poblados de recuerdos, sentimientos y belleza.

El funeral (The funeral, 1996) de Abel Ferrara

elfuneral

… Abel Ferrara nos hunde en un relato cinematográfico oscuro, de luto, y de las partes más ocultas e instintivas del ser humano. Un relato cinematográfico contundente, seco. Ni siquiera nos aporta la información suficiente pero nos hundimos en una historia de muerte, venganza y empapado del ritual de la religión católica alrededor de la muerte. El mundo de los hermanos Tempio, un clan mafioso, parece que está impregnado del Dios cruel del Antiguo Testamento. Así solo hay sitio para una historia dolorosa, compleja y con el sentimiento de culpa siempre presente. Solo hay sitio para la tragedia.

La historia comienza con la entrada de un ataúd en el hogar del hermano mayor de los Tempio, Ray (Christopher Walken). El ataúd porta el cadáver del más pequeño de los hermanos, Johnny (Vincent Gallo). A la casa también acude el hermano mediano, Chez (Chris Penn). Todo está preparado para el velatorio. Al día siguiente será el entierro. Mujeres que lloran, mujeres de negro. Y los dos hermanos vivos que asumen de distinta manera la muerte a tiros del pequeño. Recuerdos del pasado. Recuerdos más recientes. El mayor, frío y calculador, solo piensa en la venganza. Y nada va a pararle. Quiere que la venganza tenga lugar esa misma noche. El mediano se hunde en un sentimiento de culpa, obsesiones, recuerdos y locura… Johnny era mafioso como ellos pero más joven y con un halo especial. El joven Johnny además de cinéfilo, no apostaba por el capitalismo salvaje. Él recoge la ideología del comunismo…, él entiende que para llegar a cierta ‘justicia social’ hace falta su ‘trabajo sucio’.

Entre rezos, lloros y comidas… en ese momento de espera donde el cadáver recibe visitas y lágrimas, transcurre la película. Ahí están también las mujeres de negro, las esposas de Ray y Chez (Annabella Sciorra e Isabella Rossellini), ambas conscientes de lo que puede suponer la muerte de Johnny. Una ya agotada de esa vida de venganzas y violencias, la otra intentando contener en cada momento la tortura interior y la locura del esposo.

Y de fondo la historia de tres hermanos unidos por la sangre. Esa unión es en la única que creen y la única que en el fondo les permite un cierto equilibrio. Cuando esa unión quiebra, el caos llega a sus vidas. Al final de la noche, explotará la tragedia por el camino más inesperado… La muerte siempre presente. Después del caos, la calma. Doliente.

El tiempo que queda (Le temps qui reste, 2005) de François Ozon

eltiempoquequeda

Romain es un joven fotógrafo con éxito. Éxito en su trabajo. Éxito en su vida sentimental. Y querido por su familia. Una noticia trastoca todo su mundo. Romain no es perfecto. Le conocemos demasiado seguro de sí mismo pero bastante egoísta, narcisista y muy arrogante. Esa noticia es que le han detectado un tumor maligno muy extendido por todo su cuerpo y con muy pocas probabilidades de ser curado. El mundo de Romain se derrumba. Decide además no someterse al agresivo tratamiento. ¿Cómo enfrentarse a la muerte? Romain se enfrenta a todo y a todos y rompe de manera radical y de malos modos con todo lo que le rodea.

Después de la furia, viene la calma. La aceptación del tiempo que queda. El joven fotógrafo decide no decírselo a nadie de su círculo más cercano…, tan sólo a su abuela (Jeanne Moureau). A ella porque se parece a él. A ella porque está como él cerca de la muerte. Y a su manera, se va despidiendo de los seres queridos. También conoce a otros nuevos, a una joven pareja que le permite una especie de continuidad para cuando desaparezca… Que le permite no desaparecer del todo. Su cuerpo se va deteriorando con la enfermedad, y él, en silencio, y con una pequeña cámara va ‘rescatando’ momentos, personas y objetos que le importan. Vuelve a su cabeza, de manera recurrente, el niño que fue. Recupera una cierta belleza e inocencia, y eso le hace sonreír pero también llorar por el poco tiempo que queda. Recupera fotografías e imágenes del pasado. François Ozon emplea una emoción contenida para contar cada momento o conversación, cada gesto o mirada: con su joven amante, con su abuela, con su padre, con su hermana, con el doctor, con la joven pareja… Romain tiene el rostro de Melvil Poupaud que transmite mucho en cada fotograma (maravilloso también en Laurence Anyways de Xavier Dolan). Su deterioro físico es lento, en calma, casi imperceptible pero evidente… en un movimiento, en un gesto, en un cuerpo que se va quedando sin fuerza, cada vez más delgado.

Y al final, sin nada. Solo con su cámara, va hasta el mar. Solo queda el mar… y el sonido de las olas.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Marnie, la ladrona (Marnie, 1964) de Alfred Hitchcock

marnielaladrona

En más de una ocasión he escrito que me gusta muchísimo ver los trailers de las películas. Disfruto mucho. Y el de Marnie, la ladrona no es una excepción. Nos encontramos con Alfred presentando la película… y dos palabras son las que articulan la pieza: sexo y thriller. Termina con un montón de preguntas: ¿Qué es Marnie? ¿Una película de suspense, una historia de amor, una investigación, la historia de una ladrona…?

A sexo y thriller añadimos la palabra psicoanálisis. Pero Marnie, la ladrona es mucho más. Una película catártica y obsesiva. Enfermiza y extraña. Oscura. Hitchcock como siempre cuida las formas. Y con una sucesión de inverosimilitudes maravillosas crea una atmósfera de pesadilla que acompaña a su retorcida protagonista (no menos que todos los personajes que la rodean). Como siempre deja escenas maestras tanto de suspense como de una sensualidad extrema.

Marnie en el momento de su estreno fue un fracaso de público y crítica. Ya se sabe el amor del maestro del suspense a rodar lo más posible en estudio y no sólo eso sino emplear distintos trucajes técnicos que en ese momento no encandilaron al público ansioso de un nuevo cine que no tardaría en aparecer. Marnie es un artefacto ‘precioso’ de estudio…, un artefacto visual. Puro cine. Pero en el momento de su estreno fue visto como artificioso, falso y poco creíble… Yo hacía tiempo que no veía Marnie y sin embargo tenía muchas ganas de volver a visitarla. Recuerdo que en su momento (¡esas sesiones dobles!) me gustó mucho aunque he de reconocer que nunca se ha encontrado entre mis favoritas pero sí sentía una atracción por ella. Ahora al verla de nuevo, la he disfrutado bastante más. Marnie manifiesta el universo hitchcockiano en todo su esplendor.

Quizá uno de los motivos por los que en su momento (y también ahora) no gozó de la ‘simpatía’ del público es debido a que precisamente ningún personaje es simpático y es difícil sentir empatía por alguno de ellos. Todos son imperfectos, como somos todos los seres humanos. Y además las fobias y obsesiones del director son plasmadas sin pudor. De fondo, por supuesto, la banda sonora de su músico de cabecera, Bernard Herrmann, en la que sería su última colaboración con Hitchcock.

Sin embargo… no podía faltar. Hitchcock filma uno de sus hermosísimos besos… esta vez cargado de sensualidad y electricidad. En un primerísimo plano tan solo vemos la boca de Sean Connery que va recorriendo el rostro de una asustada y hierática Tippi Hedren hasta llegar a su boca y fundirse en un beso…

Paralelismos hitchcockianos

Si me dijeran que buscara un paralelismo, me remontaría a Recuerda. Ahí nos encontrábamos con un atormentado Gregory Peck y una psicoanalista hermosa, Ingrid Bergman. La estructura y el paralelismo de la película son similares. Pero en aquella había menos oscuridad y más afinidad por los personajes protagonistas. Sin embargo el fondo de la historia, los miedos, las obsesiones, los sueños, el psicoanálisis… están también presentes. Hitchcock con el paso de los años se vuelve más oscuro, desencantado y retorcido, menos romántico y más sexual. Los personajes encarnados por Sean y Tippi son mucho más retorcidos y complejos que los de Gregory e Ingrid. No es mala idea proponer esta sesión doble.

También hay una fuerte presencia de un personaje crucial: la madre (Louise Latham). Qué buen y complejo ensayo se podría elaborar sobre las madres en las películas de Hitchcock. Desde el primer momento nos damos cuenta de la relación compleja e insana que mantienen madre e hija. Y todos intuimos que es desde ese ‘accidente’ siempre nombrado.

Como Marion Crane (Janet Leigh), Marnie es una ladrona. Y roba una cantidad elevada de dinero de la oficina donde trabaja. Si Crane lo hacía para labrarse una vida mejor junto al amado… y se arrepentía de su robo (tenía mala conciencia del acto realizado). Para Marnie el robo es una necesidad, roba patológicamente. Y si a Grace Kelly le atraía enormemente en ese divertimento que es Atrapa un ladrón que Cary Grant fuese un ladrón de guante blanco. Al millonario interpretado por Sean Connery le atrae mucho que Marnie sea una ladrona… Mientras en Atrapa un ladrón todo forma parte de un divertido juego de seducción, en Marnie se transforma en un juego oscuro. En una especie de caza salvaje donde la mujer depredadora es atrapada en una jaula por el seductor sin escrúpulos. Y de esa extraña mezcla…, surge una extraña historia de amor.

En un interesante documental que contiene el blu ray, El problema con Marnie, explican que tanto en la novela en la que se inspira como en el primer borrador (el que en un principio iba a interpretar Grace Kelly en ansiado regreso al cine —que nunca se produjo—), se articulaba el conflicto de Marnie a través de un triángulo amoroso como en Encadenados. Pero en el resultado final el rival de Connery quedó eliminado y sustituido por una joven cuñada malévola (que rivaliza con Tippi).

Y los paralelismos siguen siendo evidentes. Como un matrimonio entre dos personas de distintas clases sociales y como no mansión con personalidad propia… En este caso volamos hacia Rebeca o la más desconocida Atormentada. Por continuar con el juego, la rubia hierática llevada al extremo más absoluto. Marnie no sólo es ladrona, mentirosa, fría y manipuladora sino que tiene un odio intenso hacia los hombres. No puede mantener relaciones sexuales y no soporta que la toquen. Así una de sus escenas más oscuras es cuando el millonario en su extraña luna de miel… fuerza a una aterrorizada y paralizada Marnie a mantener relaciones sexuales. Y la maravillosa presentación de una Marnie morena (y sus continuas transformaciones y cambios de personalidad) puede ser una continuación del triste personaje de Kim Novak en Vértigo, esa morena vulgar que se convierte —por dinero— en una elegante y rubia sofisticada con impulsos suicidas (como la propia Marnie).

Formas hitchcockianas

Pero además si por algo ‘enamora’ Marnie la ladrona es, como siempre, por la manera y forma que tenía Hitchcock de rodar. A la escena del beso, con tormenta de por medio y protagonista aterrorizada, podemos señalar varios momentos magistrales. Si se le llama el maestro del suspense, es porque conseguía momentos geniales en cada una de sus películas. En este caso, el robo de Marnie a la empresa del millonario enamorado. Primero ésta se oculta en el cuarto de baño, después la oficina está absolutamente solitaria y lleva a cabo su plan. Mientras vemos como deja la puerta abierta y está abriendo la caja fuerte, observamos como desde el fondo del pasillo aparece la mujer de la limpieza. No hay diálogo durante los minutos que dura la escena… pero la tensión y el suspense está servido… Es también de señalar la importancia que da el maestro del suspense a determinados objetos que van a ser protagonistas de una escena y van a provocar tensión: como una llave o un zapato.

El ambiente de pesadilla y oscuridad, de inestabilidad de la protagonista, es magistral a lo largo de toda la película. En sus pesadillas, sus miedos a las tormentas y al color rojo. Su terror al sexo… Hasta el momento clímax del flash back (recreado como si fuera una pesadilla) que cuenta Marnie con esa voz de niña de una mujer al borde de la locura donde con toda su crudeza y violencia conocemos el origen del miedo de Marnie al color rojo, su terror a las tormentas y su odio hacia los hombres así como la extraña relación con su madre…

Y por último otro momento catártico es esa cacería y esa Marnie desbocada y aterrorizada montando a galope su caballo con el que va saltando obstáculos hasta un peligroso muro final (que además somos conscientes del artificio pero no podemos evitar de nuevo la tensión y la emoción…, en su mayoría fue rodado en estudio y con transparencias)… que lleva al límite al personaje.

Marnie, la ladrona es una película oscura pero puramente cinematográfica que muestra a un Hitchcock obsesivo capaz de levantar una enfermiza historia de amor.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

¿Y si me acerco a ver…?

Ocho apellidos vascos de Emilio Martínez-Lázaro

ochoapellidosvascos

¿Por qué ha funcionado Ocho apellidos vascos? ¿Por qué se ha convertido en un fenómeno? ¿Sólo por su campaña publicitaria? No, únicamente por eso no, algo ha conectado con el público que ha hecho que se propague además el boca a boca. Ocho apellidos vascos ha logrado que hasta personas que hacía años que no se acercaban a una sala de cine (y menos todavía a ver una película de estos lares), fueran…

Yo me acerqué a la sala de cine, curiosa. Muy curiosa. Me pasó lo mismo que con otro fenómeno de taquilla pero de nuestro país vecino, Intocable. Reconozco me reí bastante (incluso alguna que otra carcajada) y que pasé una hora y media entretenida pero cinematográficamente es una película plana que emplea bien una fórmula. No hay más. También es cierto que es una película que no va de nada, no creo que pretendiera más sino que se pasara un buen rato. Y eso lo consigue.

Fórmula: chico encuentra chica, chico se enamora chica, chico sigue chica, chico se marcha sin conseguir chica, chica sigue chico… Fin. Toda esta fórmula se adereza de cine costumbrista, con tópicos regionales (les toca esta vez a los andaluces y a los vascos), humor que nunca se sale de lo políticamente correcto aunque se ríe de asuntos que hasta hace poco era impensable (hasta que surgieron programas televisivos como Vaya semanita), implican además a la familia y a los amigos en la trama y todo lo agitan hasta que surge finalmente una comedia romántica típica y tópica.

Lo que está muy claro es que nos apetece reírnos y mucho. Nos apetece humor y buenas intenciones. Entre todo el elenco de actores, yo no podía más de la risa con Karra Elejalde, el padre de la moza protagonista.

Mejor otro día (A long way down, 2014) de Pascal Chaumeil

mejorotrodia

Mejor otro día parte de una buena premisa. Cuatro personas coinciden en la noche de fin de año en lo alto de un edificio para hacer lo mismo: suicidarse. A partir de este encuentro, deciden darse una tregua y darse de plazo hasta San Valentín. Firman un papel en el que se comprometen a posponer su suicidio hasta esa fecha. Durante este periodo los cuatro protagonistas… tratarán de buscar un sentido a sus vidas.

El director francés Pascal Chaumeil (Llévame a la luna) adapta una de las novelas de Nick Hornby (también guionista) y arranca la película con una escena que engancha: el encuentro entre los cuatro protagonistas. Sin embargo, no consigue que la película vaya in crescendo en risa y emociones. Se mantiene en una línea correcta de sonrisa perenne haciendo equilibrios entre la comedia sentimental y el drama. La banda sonora sirve para guiar al público: ahora ponte triste, ahora hay algo de esperanza, aquí desengaño… y nunca me ha gustado demasiado que eso sea tan evidente. Es una pena porque la estructura de la película permitía un juego interesante: la película está estructurada en cuatro partes y va avanzando en el tiempo, cada una de las partes está contada según el punto de vista de uno de los cuatro protagonistas.

Un buen aliciente para acercarse es la química que se establece entre los cuatro protagonistas, dos actores maduros (Pierce Brosnan y Toni Colette) y dos jóvenes que se están poniendo de moda (Aaron Paul e Imogen Poots) donde destaca una Toni Collette que contiene el personaje más delicado y coherente.

Tren de noche a Lisboa (Night train to Lisbon, 2013) de Bille August

trendenochealisboa

Del director danés Bille August siempre me viene a la cabeza Pelle el conquistador (y su banda sonora) y Las mejores intenciones —dos películas que en su momento me gustaron mucho pero que no he vuelto a revisar—, después su filmografía ha sido bastante irregular pero siempre ha mostrado una narrativa cinematográfica clásica y elegante.  Y así lo demuestra de nuevo en una interesante propuesta, Tren de noche a Lisboa, donde adapta la novela del mismo título (que no he leído) y donde se rodea de un reparto internacional lleno de rostros interesantes.

Tren de noche a Lisboa cuenta una historia donde mezcla la situación política (dictadura de Salazar) con el melodrama sentimental. El tiempo presente y el tiempo pasado se entrecruzan y el puente que los une es la investigación que lleva a cabo un profesor triste y solitario (con el rostro de Jeremy Irons). Así surge un pasado melodramático pero apasionado frente a un presente adormecido poblado por personas con miedo a actuar y aventurarse.

La trama comienza cuando el profesor suizo (nos encontramos en Berna) impide el suicidio de una joven que se va a tirar por un puente. La muchacha desaparece poco después dejándose su gabardina roja. En esa gabardina encuentra el profesor un libro, El orfebre de las palabras de Amadeu de Almeida Prado, y dos billetes de tren a Lisboa. De alguna manera se siente tan identificado con lo que lee que sigue el impulso de dejar todo y marcharse y subirse a ese tren a Lisboa para localizar a la misteriosa chica y enterarse de quién es Amadeu. Una vez en Lisboa empieza a investigar y a encontrarse a personas que le van ayudando a construir una historia del pasado. Amadeu era un médico de la aristocracia portuguesa que abrazó la Resistencia contra la dictadura de Salazar…

Por otra parte dos alicientes más para acercarse a ver Tren de noche a Lisboa: el encuentro con esa ciudad hermosa y que la película capta en todo su esplendor. Quizá tiene que ver con que Lisboa me apasiona y que siempre me ha fascinado en cada viaje que he hecho hasta allí. La película muestra una ciudad que apetece recorrer de nuevo. Pasear por sus calles y rincones, verla desde lo alto…, mirar por uno de sus tantos miradores. Y el otro aliciente es encontrarse no solo con Jeremy Irons que se convierte en un buscador de historias, elegante y sobrio, sino con otros rostros del pasado como Charlotte Rampling, Lena Olin, Christopher Lee, Bruno Ganz o Tom Courtenay o rostros del presente como Mélanie Laurent y Martina Gedeck.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Vida y muerte del coronel Blimp (The Life and Death of Colonel Blimp, 1943) de Michael Powell, Emeric Pressburger

vidaymuertecoronelblimp

No había tenido oportunidad de ver Vida y muerte del coronel Blimp hasta ahora… y de nuevo Michael Powell y Emeric Pressburger me han deslumbrado. Me quito el sombrero apasionadamente. Lo que podía haber sido una película más de propaganda bélica británica (está rodada cuando aún estaba en marcha la II Guerra Mundial y no se sabía bien cuál podría ser el resultado final), se convierte en una gran obra cinematográfica donde estos dos autores crean su universo particular y su manera especial y original para contar historias. Con un uso elegante del color (como seguirían demostrando en Narciso negro y Las zapatillas rojas) y un empleo del lenguaje cinematográfico para detenerse en cada momento, logran una película emocionante por muchos motivos… Durante su visionado, he disfrutado cada fotograma, cada momento.

Y lo que quieren decir y lo que cuentan no es fácil (de hecho siempre se suele señalar en distintas fuentes consultadas que fue una película que disgustó bastante a Winston Churchill), con un humanismo similar al que se desprende en La gran ilusión de Jean Renoir (estrenada en el 1937)… Vida y muerte del coronel Blimp va más allá y expone un tema complejo y controvertido: el enemigo a batir no son los alemanes, es el Nazismo. Y en esos momentos que están viviendo, no vale la caballerosidad, ni el honor, ni el valor, ni el respeto al prójimo… No se puede perder en el campo de batalla. Y para frenar a ese enemigo que arrasa sin piedad alguna…, la manera de enfrentarse a él tiene que ser distinto, radical. Así como la manera de gestionar la paz (otro tema siempre difícil y complejo). Y esto no es fácil digerirlo. Además como otras películas del momento, reflejan la importancia de la defensa civil (no olvidemos La señora Miniver que se rodó un año antes). No eran temas fáciles en esos momentos, ni ahora.

El protagonista de la película es un anciano coronel, el coronel Blimp, que recuerda su vida. Desde su intervención en la guerra de los boers, hasta la Primera Guerra Mundial y ahora en plena Segunda Guerra Mundial. Y en esa vida hay dos personas que le acompañan a lo largo del tiempo: su amigo alemán, también militar, Theo Kretschmar-Schuldorf  y el amor de su vida (la manera de plantear esta historia es sorprendente y original). Porque Vida y muerte del coronel Blimp es también una historia de amor, amistad y del paso del tiempo…

Lo maravilloso de Michael Powell y Emeric Pressburger en esta película emocionante es que cuenta la historia de un hombre a través de continuas elipsis. Es tan interesante lo que ven nuestros ojos, como lo ausente —lo que no vemos— pero que sin embargo sabemos que ha ocurrido… Después de una introducción que nos permite saber que la película transcurre durante la Segunda Guerra Mundial, que la contienda continúa, y que nos presenta al coronel; asistimos a un largo flash back y el regreso al pasado sucede de una manera sencilla y a la vez prodigiosa. Al coronel le conocemos en unos baños de un club militar, cae al agua con un joven durante una pelea y se hunden en una piscina y de pronto solo vemos la imagen del agua y la cámara que recorre la piscina que es rectangular. De pronto surge la cabeza de un joven que sale… y es el coronel Blimp muy joven…

Además del siempre llamativo uso del color, destaca el empleo que realizan de los espacios (así como el cuidado de cada uno de los espacios elegidos) y sobre todo la posición de la cámara en algunas de las escenas. Así se convierte en un espectáculo visual el restaurante con orquesta donde se reúnen por primera vez Edith Hunter (el amor de su vida) y el coronel Blimp. O el gimnasio donde tiene lugar el duelo entre Blimp y Theo. Así como la casa británica del coronel, una herencia de su tía, donde siempre regresa (y que será testigo del paso del tiempo).

Un ejemplo del uso genial y continuo que hacen estos creadores de la elipsis para narrar cinematográficamente, lo encontramos en el momento del duelo. Solo nos dejan ver los preparativos del enfrentamiento, después la cámara sale del recinto y penetra en una ventana desde la que se ve el edificio desde el exterior. Ahí está Edith con un amigo del coronel, mirando inquietos y hablando sobre qué será lo que pasará en el interior. De pronto, ven cómo sale una ambulancia del edificio. Y no sabemos nada de lo que ha ocurrido hasta que en el siguiente momento vemos a Edith en el hospital.

vidaymuertecoronelblimpI

Y ¿cómo es el planteamiento de la historia de amor? En el hospital se produce un triángulo entre Edith, Blimp y Theo. Al final Theo se compromete con Edith ante la alegría de Blimp, que de pronto en un instante se da cuenta de que en realidad está enamoradísimo, ella es su mujer ideal. Su vida girará en la búsqueda de ese amor perdido. Así durante la Primera Guerra Mundial, verá en un convento a una enfermera de la Cruz Roja semidormida, que ni repara en su presencia, que le llama poderosamente la atención: es igual que Edith. En otra elipsis genial, descubrimos que no solo vuelve a encontrarse (porque la busca) con esa enfermera sino que además se convierte en su esposa (y ambos protagonizan una declaración de amor de esas que me gusta coleccionar). Y cuando ya es un anciano coronel viudo, encuentra a una joven chófer entre setecientos candidatos, que se hace llamar Johnny, y ambos tienen una relación de camadería y respeto. La chófer es exactamente igual que Edith y su esposa. Tanto Edith, como la enfermera de la Cruz Roja como la chófer tienen el rostro de Deborah Kerr (cuando todavía no ha volado a Hollywood).

La película está llena de momentos mágicos. Me vienen dos a la cabeza. El momento en que termina la Primera Guerra Mundial que pilla al coronel Blimp en un atardecer en coche junto a un fiel amigo y sirviente… Ambos están hablando entre bombardeos y disparos del inminente final de la contienda a una hora establecida. De pronto el silencio. La guerra ha terminado. Y los dos hombres se quedan contemplando el paisaje sin decir palabra…O casi al final de la película, en un momento crucial, el coronel Blimp mira una hoja que se desliza en el agua y esboza una sonrisa llena de significado.

Vida y muerte del coronel Blimp cuenta también la historia de una amistad, llena de momentos íntimos. Con sus encuentros y desencuentros, con la ausencia, con el paso del tiempo, con los consuelos y las confesiones. Con los lazos cada vez más fuertes… Los dos amigos fueron muy bien interpretados por Roger Livesey y el carismático Anton Walbrook. Los dos actores actuarían en otras películas de estos creadores.

Así el visionado de Vida y muerte del coronel Blimp se convierte en una experiencia visual que merece la pena repetirse y compartirse…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.