Diccionario cinematográfico (202)

lajovendelaperla

Joyas: son muchas las joyas que vienen a mi cabeza que adornaron y adornan los fotogramas de una galeria de películas… Sólo una muestra de pendientes, collares y anillos para elegir…

Pendientes: Madame M… gira alrededor de unos pendientes que pasan de mano en mano y cambian drásticamente el destino de su dueña…

Mamá Joad se despide de su hogar mirándose al espejo mientras se coloca unos pendientes. Es como si fuera el último momento para sí misma. El último momento de coquetería… algo que nunca se ha podido ni podrá permitirse. Todo en la tremenda Las uvas de la ira.

La joven de la perla, un cuadro tiene un matiz distinto si la modelo finalmente se perfora la oreja y se pone una perla…

Collares: Pretty Woman se convierte definitivamente en Cenicienta vestida de medianoche cuando a su traje rojo y a su elegante peinado para acudir a la Ópera (destino que ella no sabe hasta el final de la secuencia), el millonario empresario aporta un detalle más, un increíble collar de brillantes.

Sin embargo Satine nunca se siente tan cortesana cuando tiene que aceptar el laborioso collar que le ofrece el hombre al que no ama, el duque malvado y ridículo. Y ese collar-regalo no puede aceptarlo. Le quema el cuello. Moulin Rouge ha dejado tiempos alegres y locos para convertirse en un melodrama romántico.

Me entero de que uno de los relatos más impresionantes para servidora de Guy de Maupassant fue llevado a la pantalla de cine en una película sueca que era un trabajo colectivo de varios directores… y el episodio de El collar fue rodado por Gustav Molander y protagonizado por Ingrid Bergman (¡tengo que verlo!).

Anillos: Una de las escenas más divertidas de Cuatro bodas y un funeral tiene que ver con los anillos. Por otra parte los anillos de boda siempre están presentes. Aquí a los protagonistas, encargados de los anillos de los novios, se olvidan de ellos. Y en la Iglesia y en plena ceremonia tienen que conseguirlos… y los consiguen… pero ¡menuda cara que ponen los novios al ver sus ‘alianzas’! Bisuteria pura junto a un anillo heavy metal.

Una de las trilogías de los últimos tiempos, que adaptaba el universo de Tolkien, no hubiera podido existir sin un anillo…

… Todavía no he visto Las brujas de Zugarramurdi pero creo que todo arranca por un botín de miles de anillos…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Vivir (Ikiru, 1952) de Akira Kurosawa

vivir

Un hombre anciano y enfermo se balancea en un columpio en la soledad de una noche nevada mientras canta una canción tradicional sobre lo efímero de la vida y que invita a aprovechar el tiempo para vivir con intensidad. El rostro del hombre muestra una tímida sonrisa. Ésta es la imagen icónica y recordada de una película de emociones que reflexiona sobre el tiempo y la muerte… sobre la vida, a través de la historia de un funcionario gris, Watanabe (Takashi Shimura, uno de los actores fetiche del director).

Un cine de emociones pero perfectamente elaborado y pensado que tras su significado trascendente muestra también un realismo y una crítica social. Como es habitual en el cine de Akira Kurosawa, arriesga en su puesta en escena y en la forma de contar esta historia. Vivir se convierte en una película aparentemente sencilla, un canto a la vida poético y con una belleza que convierte la experiencia de su visionado en especial.

La historia de Watanabe comienza mostrando una radiografía de su estómago enfermo y una voz en off (omnisciente) que nos informa de que un hombre va a enterarse de que tiene un cáncer mortal de estómago. Sólo le quedan unos meses de vida.Watanabe es el jefe de la oficina de atención a los ciudadanos, una oficina tan gris como él. Una oficina que acumula expedientes, que manda a los ciudadanos a otras secciones, que no se implica en absolutamente nada y es consumida por la burocracia, la apatía, el aburrimiento y el dejar pasar la vida disimulando que se trabaja. Watanabe es un muerto en vida o como le describe una joven y vital compañera de trabajo es La momia (el mote que ella misma se ha inventado). Lleva treinta años muerto… y todo comenzó empezó cuando su esposa falleció y se quedó solo con su hijo pequeño. Watanabe no ha levantado la cabeza y ha dejado pasar el tiempo sentado en una mesa entre papeles y sellos. Digamos que el único motor que le mantenía vivo era el amor hacia su hijo pero ahora éste lleva otra vida y padre e hijo se han distanciado de tal manera que la incomunicación es lo que define su relación a pesar de que viven juntos (el padre llama al hijo… pero no se escuchan, no se entienden). Así, inesperadamente, hay un punto de inflexión en la vida de Watanabe que le permite que se remueva por dentro… y es precisamente cuando se entera de que va a morir. Así reflexiona y se da cuenta de que ha dejado pasar la vida y que quiere buscar una manera para remediarlo, quiere dejar huella, que su vida adquiera un sentido.

Watanabe empieza dando tumbos, se siente perdido (se da cuenta o se siente incapaz de establecer la vía de comunicación con su hijo y la esposa de éste o con sus familiares más cercanos…), trata de encontrar el placer y la alegria de vivir pero siente que eso no es lo que va a llenar los últimos días de su existencia (asistimos a una noche larga de placeres junto a un escritor de novelas baratas)… hasta que por fin encuentra lo que le va a colmar (de la mano de la joven empleada que en un triste diálogo, donde ella se siente ya desconcertada por la necesidad de Watanabe de estar junto a ella, le da la clave). Realizar algo que sea un beneficio para la comunidad, para los ciudadanos. Es decir, trabajar, pasando por encima de burocracias, intereses y política… por el bien común. Trabajar para transformar los entornos sociales. Y su empeño en los últimos meses que le quedan es crear en una zona deprimida un parque infantil tal y como piden un grupo de mujeres que no se cansan en su lucha hasta que topan (de nuevo, pues ya había acudido a su oficina) con Watanabe que pone en marcha la maquinaria…

Entonces en este momento empieza la segunda parte de la película (tan hermosa e intensa pero narrada cinematográficamente de una manera distinta y arriesgada pero para mí atrayente, aunque he podido comprobar y leer que gusta bastante menos). El narrador omnisciente nos informa de que después de cinco meses (elipsis temporal) nuestro protagonista ha muerto y nos sitúa en el velatorio donde se encuentra su familia, el teniente de alcalde y otros cargos políticos y los funcionarios de otras oficinas y sus propios compañeros de trabajo. Esta larga escena (con distintos y breves flashbacks) es presidida por una fotografía, la imagen del propio Watanabe.

La larga velada (y las distintas visitas que recibe Watanabe) donde los asistentes van ‘soltando su lengua’ con el sake que van bebiendo (al final tan sólo quedan sus familiares y los demás funcionarios) se nos va narrando a base de puntos de vista diferentes los últimos días de Watanabe y su empeño en llevar la empresa del parque infantil a buen puerto. Su lucha infatigable y la libertad que siente para actuar (siempre desde la humildad) pues no tiene miedo a ningún obstáculo (pues sabe próxima su muerte). La ‘narración’ de su hazaña se va transformando a lo largo de la velada hasta que se le reconoce como un héroe cotidiano y un ejemplo a seguir por los demás funcionarios que ante la euforia del sake y la emoción que sienten por otros acontecimientos narrados por diferentes ‘testigos’ prometen continuar la lucha, no malgastar los días entre papeles y sellos, y seguir llevando a cabo proyectos que beneficien a los ciudadanos, actuar y no quedarse sentados frente a miles de expedientes. Uno de los asistentes pronuncia una frase clave que explica en parte la apatía de estos funcionarios, dice que si alguien de la compleja administración burocrática quiere llevar a cabo algo o se le ocurre sacar adelante un proyecto o idea, es tachado de inmediato de revolucionario y radical…

Sin perder esa triste melancolía que acompaña toda la película… las últimas escenas nos muestran cómo las palabras que pronunciaron los funcionarios en el funeral se han quedado en palabras. La cotidianeidad gris, la desesperanza, la apatía y la burocracia vuelve a campar a sus anchas en la oficina de Watanabe… pero no todo está perdido. Hay un funcionario que trata de rebelarse, que no está conforme con la realidad que le rodea y que todavía no se atreve a dar el paso pero que ahí sigue su mecha sin apagar… y que sin duda pondrá en marcha en un futuro y otro buen proyecto se hará realidad. Mientras, visita ese parque infantil que le hace no olvidar que es posible transformar los entornos, que es posible hacer algo desde la oficina gris…

Vivir nos deja tristeza pero también una sonrisa en el rostro y el recuerdo de un hombre en un columpio… satisfecho en los últimos momentos de su vida. Ha reaccionado a tiempo, ha podido vivir con intensidad…, dejar de ser una momia enterrada entre papeles…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Mujeres silenciadas: La piedra de la paciencia (Syngué Sabour, 2012) de Atiq Rahimi/La maleta de Marta (Marta’s Suitcase, 2013) de Günter Schwaiger

El rostro de la mujer afgana (Golshifteh Farahani) y el de Marta. Un personaje de ficción y una mujer que ofrece su rostro y su voz a un documental. La primera vomita sus sufrimientos, sentimientos, frustraciones, dolor, angustias y miedos a una ‘piedra de la paciencia’ que cuenta la leyenda (según le narra su tía) que una vez que rebosa de secretos y dolor se rompe… y libera de todas la penas. Esa ‘piedra de la paciencia’ es su marido en coma con el que lleva casada diez años. La segunda es Marta que muestra la maleta que arrastra llena de vivencias, sufrimientos, dolor y miedos y es testimonio vivo de cómo la violencia de género es un fenómeno mundial que crea una legión de mujeres heridas…

Y las voces de estas mujeres ponen en evidencia lo que es ser mujer silenciada. Yo, como Hildy Johnson, no me he sentido discriminada por ser mujer, es más me gusta ser mujer. No me he sentido invisibilizada ni silenciada, no he sentido el yugo del poder bajo mi persona por ser mujer. Los hombres que me han rodeado creen en la igualdad de derechos y deberes, no se sienten superiores en su condición de hombres, no han empleado el poder ni la violencia sobre mi persona sino que más bien la convivencia ha sido posible y plácida. Y los roces y problemas han surgido como seres humanos que se relacionan y por eso pueden chocar o no. Si alguna vez he visto o vivido una situación ‘machista’ sobre mi persona no ha quebrado mi seguridad sino que lo he vivido como pura anécdota, como una excepción en mi vida, y además he contado con las herramientas suficientes cómo para que no me afecte en absoluto. Pero esto no me vuelve ciega y sé que la situación que vivo no es la habitual, no está normalizada (cuando debería serlo) y que sigue siendo necesario visualizar la situación de un gran número de mujeres y luchar por los derechos de las mujeres. No es una lucha obsoleta e innecesaria, más bien al contrario. No deja de dar cierto miedo vislumbrar un retroceso (un retroceso que se está dando en muchas áreas como la laboral) a las ‘conquistas’ ya realizadas en ciertos lugares respecto a la situación de las mujeres (y su libertad) y  el estancamiento, silenciamiento e invisibilización del problema en gran parte del mundo. El tema es preocupante.

Y así lo muestra la película de ficción La piedra de la paciencia y el documental La maleta de Marta. Ambas son testimoniales y ahí radica su fuerza. En el reflejo de dos rostros femeninos y en sus palabras. Dos mujeres silenciadas que hablan y se exponen… Sencillez cinematográfica y contundencia testimonial.

La piedra

lapiedradelapaciencia

La interpretación de Golshifteh Farahani es La piedra de la paciencia y a través de su monólogo (y de los distintos estados que va viviendo) nos deja al descubierto su historia íntima, su retrato. Se visibiliza como mujer y se muestra su verdadero rostro: su manera de pensar, sus sentimientos, sus secretos, su sexualidad, sus dolores…

Según va confesando a su marido en coma su vida en común, ella se va liberando de su carga, de su prisión. Por primera vez siente que puede hablar sin miedo y que el depositario solitario de sus confesiones, su piedra de la paciencia, escucha. Así esta mujer afgana universaliza lo que es ser mujer pero silenciada. Expresa lo que es sentirse encarcelada en la intimidad, la imposición del matrimonio sin posibilidad alguna de elección, el miedo a ser estéril y sufrir el repudio, la imposibilidad de sentir placer compartido en la cama, el miedo al rechazo social, el yugo del poder y la violencia siempre presente, el sentirse un trozo de carne…

Pero además toda esta confesión se da también en un ‘estado anormal’ (que se convierte en cotidiano, como su situación de mujer silenciada e invisible. Por ejemplo Golshifteh Farahani muestra lo cotidiano y la naturalidad de una acción: el uso del burka) que es el de la guerra y el horror… donde no sólo se sufre una convivencia diaria con la muerte, la violencia irracional y el miedo sino que además por el hecho de ser mujer continuamente se enfrenta con la amenaza de un arma de guerra atroz: la violación… que es llevar al extremo ese poder del hombre sobre la mujer invisible y silenciada.

La piedra de la paciencia es una adaptación cinematográfica a la novela del propio director Atiq Rahimi (que no es la primera vez que se pone tras la cámara). También él coescribe el guion junto a Jean-Claude Carrière (que fue uno de los guionistas de Luis Buñuel). La película no es ni plana ni maniquea sino inteligente con unas frases para enmarcar. Y donde la protagonista no es la víctima doliente sino una mujer que empieza a hablar sin miedo e inicia un camino duro hacia su liberación de una cárcel íntima… Es cierto que tiene una llave, su tía, un personaje que ya ha vivido su propia liberación. A la vez esta dura historia trata también de entender (no de justificar, cuidado) el comportamiento masculino de ese héroe de guerra en coma (por una reyerta con los suyos… por un insulto a su madre) y muestra que tampoco es fácil ser hombre en un lugar donde prima la guerra y la violencia como elementos cotidianos así como una estricta e inamovible educación religiosa que se emplea como arma de dominación y poder. De esta manera surge un tercer personaje y es ese joven soldado tartamudo que como dice la protagonista puede que se transforme en un futuro en un ser monstruoso pero de momento no lo es, sólo es un chico joven que sufre, al que dañan cada día con violencia y que tiene miedo… y solo busca alguien que le escuche o le dé una muestra de cariño. Otro tema interesante que plantea la película es como ambas mujeres (tía y sobrina) encuentran un camino hacia la liberación por varios caminos: en el cuidado del otro, en la consumación del deseo, en la solidaridad femenina y sobre todo en poder hablar y contar.

La maleta

lamaletademarta

El documentalista austriaco Günter Schwaiger aporta un testimonio contundente de la violencia de género en las palabras que vomita su protagonista, Marta. Marta al desnudo. Un desnudo descarnado donde cuenta una historia escalofriante, su historia. Una historia muy cercana. Marta, una mujer andaluza, va haciendo una maleta de sentimientos y dolores. Plantea interrogantes. El testimonio brutal y desnudo de Marta deja al descubierto una realidad preocupante que hay que denunciar y sobre todo trabajar en su erradicación. Y muestra que el camino todavía es muy largo y complejo. Deja claro que es necesaria la implicación del Estado en esta situación facilitando unas leyes eficaces, unos dispositivos sociales reales (y con recursos) y que trabaje tanto con la mujer afectada (que no sienta abandono ni desamparo, ni soledad ni miedo, ni que tenga que renunciar a su vida y vivir oculta) como con el hombre que ejerce esa violencia (una vez detenido que se trabaje con él para que se dé cuenta de lo que ha hecho, por qué lo ha hecho y que realmente se rehabilite, que realmente entienda que ese comportamiento es anómalo).

Así deja al descubierto otra realidad (a mi parecer igual de importante e interesante pero menos logrado, documentalmente, que el testimonio de Marta): poco se puede hacer si no se empieza a trabajar con el hombre que maltrata, si no se empieza a indagar en sus motivos y no se le facilitan las herramientas sociales que le hagan comprender que su comportamiento es anómalo y hacerle ver que debe luchar contra él. Para ello el director, de origen austriaco, se traslada a su país de origen, en concreto a Salzburgo, donde contacta con un centro de prevención que entre otras cosas desarrolla un programa con los hombres que practican la violencia de género para tratar de paliar estos comportamientos haciendo que sean ellos mismos los que se enfrenten al problema y lleguen a la raíz de por qué se comportan así.

Lo que está claro es que en situaciones de violencia de género se han creado relaciones dañinas, insanas y de dominación en un entorno que las permite. Y que llegar al origen y a la raíz de este problema es una tarea necesaria pero muy compleja pero que hay caminos que tomar y en los que avanzar (no se puede retroceder).

Así el documental es contundente porque trata de pintar un mapa de la violencia de género más completo donde da paso a reflexiones importantes:

-La violencia de género es un problema universal. No tiene que ver con una zona o un país determinado. La violencia de género existe tanto en España como en Austria. Tanto en México como en Noruega. No está unido ni a la pobreza, ni a la educación ni al entorno social. La violencia de género puede ocurrir tanto en una chabola como en un palacio.

-La violencia de género es un problema preocupante (y muy extendido) y es necesario la implicación de todos los elementos sociales, políticos y jurídicos para poder luchar y que sea posible la erradicación.

-La violencia de género tiene que ver con el desarrollo de entornos donde evolucionan relaciones dañinas e insanas donde la dominación, el poder y la violencia va minando a las personas. Hay un verdugo y una víctima y un entorno que permite que se desarrollen estos comportamientos anormales. Romper estos entornos, hacer ver estos comportamientos insanos, cambiar y crear otras relaciones donde el poder y la dominación no tengan sitio son las claves para empezar a avanzar.

Escuchar a Marta rompe por dentro. Su historia, su maleta, es un mazazo continuo… que sin embargo es necesario que sea abierta, descubierta, revelada… y de ahí quizá encender una mecha que haga posible una reacción.

Tras las cámaras, dos hombres

Los rostros son de dos mujeres… pero quienes filman son dos hombres. Y me parece importante. Porque como he dicho esto no es sólo cuestión de mujeres. Para que se produzca el cambio y para que la lucha sea efectiva es necesaria la implicación de las mujeres y de los hombres. Es necesario escuchar la voz de las mujeres y su mirada pero también que haya hombres que entiendan la necesidad de esta lucha y que sean también portavoces (y actores) del cambio de mirada y la transformación de las relaciones donde exista la igualdad, la libertad, el respeto y la tolerancia.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Dos damas, Julie Harris y Angela Lansbury: una despedida y un reconocimiento

Hoy me entero de dos noticias cinematográficas. En una, no había reparado cuando ocurrió. A finales de agosto nos dejó la actriz Julie Harris. Y la otra, anuncia un reconocimiento: la entrega del Oscar por toda su trayectoria cinematográfica a Angela Lansbury.

julieharris

Julie Harris pisó más los escenarios de teatro que los platós de cine. Pertenece a la galeria de actores que pasaron por el Actor Studio’s. Yo siempre recuerdo a la Harris como Abra, la mujer que se encuentra en medio de la relación feroz entre dos hermanos, que tienen reminiscencias bíblicas en Cain y Abel, y que ambos además mantienen un extraño vínculo emocional con un padre estricto. Ella es novia de Abel… pero siente un cariño que se va transformando en amor hacia Cain. Y la fragilidad pero a la vez fuerza y cariño que desprende su personaje hace que su interpretación esté llena de matices. Además de tener una química especial con James Dean que se desborda en todas sus escenas juntos: sus diálogos, encuentros y paseos son uno de los motivos por los que esta película merece la pena seguir viéndose. Los dos tumbados en el campo, los dos en una noria, los dos preparando una fiesta sorpresa, los dos en una escena de balcón… Así Julie Harris trabaja con uno de los directores de cine que aplicaba el Método del Actor Studio’s en su cine, Elia Kazan, en una película que recreaba las últimas páginas de la novela de John Steinbeck, Al este del Edén.

El otro papel en el que la recuerdo es en el de la desequilibrada esposa que se crea su propio mundo para poder vivir su decadente día a día en uno de los dramas sureños de Carson McCullers dentro del mundo sobre el fracaso reflejado por el cineasta John Huston… Julie Harris se enfrenta a otro papel complejo y extraño lleno de matices donde su personaje oscila entre la locura, la fragilidad y una inteligencia creativa y sensible. Todas las relaciones que mantienen los protagonistas son extrañas, unas más dañinas que otras… Especialmente su personaje crea un vínculo especial con su sirviente filipino, los dos huyen de la realidad que les rodea a través de una relación de dependencia en la que se crean un mundo propio extravagante que les sirve a ambos de huida.

No era la primera vez que visitaba el universo de McCullers. Precisamente Julie Harris consiguió primero el éxito en los escenarios con la puesta en escena de dos obras: The Member of the Wedding y Soy una cámara. Ambos éxitos teatrales se adaptan al cine en los años cincuenta. El primero supone el debut de la actriz en el cine, donde Fred Zinemann se atreve también con el universo de McCullers y Julie Harris se mete en la piel de una adolescente torturada. Soy una cámara supone la aparición de la primera Sally Bowles cinematográfica que no es otra que la propia Harris donde se recrean los recuerdos del escritor Christopher Isherwood. La Harris cae en olvido como Sally porque años después un musical y Liza Minnelli se apoderan del personaje. Estas dos películas de Harris no he podido todavía verlas pero siempre han llamado siempre mi atención. Se encuentran en mi viejo baúl de películas pendientes.

angelalansbury

Angela Lansbury está unida a mi infancia por dos motivos: me recuerdo frente al televisor viendo otro de los casos resueltos por Jessica Fletcher… viene a mi memoria la melodía de la serie y esa máquina de escribir siempre activa. Recuerdo que mi hermana y yo nos moríamos de la risa diciendo que si te tocaba de compañera de viaje la Fletcher era para temblar un poquito… porque era bastante gafe, ahí donde ella está, ahí donde se comete un crimen. De eso precisamente versaba la serie Se ha escrito un crimen que empezó su andadura en los 80 y continuó hasta finales de los noventa… y más.

El otro es que varias películas que están unidas a mi infancia (y por ello a mi amor al cine) se encontraba como intérprete Angela Lansbury. Así recuerdo esa bruja novata que trataba de aprender a volar en una escoba, aunque también lo hacía comodamente en una cama y podía visitar un mundo animado. También me encantaban Los tres mosqueteros pero la versión de los cuarenta donde D’Artagnan tenía el rostro de Gene Kelly, la mala con lunar era Lana Turner y la reina una Lansbury totalmente en su papel. Otra película que me gustaba mucho era Sansón y Dalila, recuerdo que alucinaba con esa Dalila (Hedy Lamarr) malvada que cortaba la cabellera a Sanson (Victor Mature) y luego sufría cuando éste totalmente ciego muestra su fuerza y rompe los decorados de carton piedra (que yo como siempre me lo tragaba como algo realísimo)… pues bien la buena de la película era una Lansbury ejerciendo de actriz secundaria… Y tampoco la olvido en una de las primeras películas de suspense que me entusiasmó, la maravillosa Luz que agoniza de George Cukor que no me cansaba de ver y donde la pobre Bergman tenía que vérselas no sólo con el rancio de su marido con rostro de Charles Boyer sino con una antipática sirvienta con el rostro de Angela Lansbury absolutamente estupenda.

Años después cuando ya era más mayor la disfruté en tres papeles donde estaba increíble mostrando su versatilidad como actriz: en el melodrama de Martin Ritt, El largo y cálido verano, donde era la amante eterna del terrateniente interpretado por Orson Welles. O en sus dos papeles de madre compleja, complejísima… y dominadora emocional. En dos películas de los años 60 del realizador John Frankenheimer: Su propio infierno y El mensajero del miedo…

Así que me parece que es un oscar muy pero que muy merecido…, un reconocimiento necesario.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

De cine. Aventuras y extravíos de Eugenio Trías (Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores, 2013)

decineaventurasextravios

Apenas acabo de cerrar las páginas del último libro que escribió el filósofo Eugenio Trías. Un libro sobre cine. Un libro donde se despliegan ocho interesantísimos ensayos sobre la obra cinematográfica de ocho directores. Ocho ensayos en los que Trías decide reflexionar sobre lo que convierte a estos directores en creadores de un universo propio. Ocho ensayos donde Trías comparte su ‘mirada’ y aporta ventanas y puertas para acercarse de nuevo a las películas de estos creadores.

Si el libro me llegó el jueves hasta hoy no he parado de inmiscuirme en sus páginas. Y lo he disfrutado. No había leido nada de Eugenio Trías, filósofo… pero el cinéfilo me abre puertas. Y sí que sabía que una de las cosas sobre lo que reflexiona es sobre lo bello, lo siniestro, la pasión… y todo esto lo vuelca en su visión al universo de estos creadores.

Como bien explica Trías en el prólogo se deja llevar por su canon personal para elegir a los directores. “… Aquellos que mejor corresponden a mi mundo personal”. Y después comparte un hermoso epílogo en el que propone su propio canon de películas imprescindibles “que en este momento osaría fijar” y expresa que va a señalar “diez constelaciones” cada una con su película predominante. Y la primera es Vértigo, para él la más hermosa y compleja de todas las que nombra.

Así Eugenio Trías acerca su mirada personal a Fritz Lang, Alfred Hitchcock, Stanley Kubrick, Orson Welles, Francis F. Coppola, Andréi Tarkovski, Ingmar Bergman y David Lynch. Desde los títulos de los ensayos (¡ay, el importante arte de titular! Que cómo se descuida a veces), Trías trata de plasmar lo que significa el universo creativo de cada director que analiza. Y de cada uno, para ir construyendo su tesis, destaca una galería de películas que complementan sus reflexiones.

De Fritz Lang (Fritz Lang: Naturaleza y ciudad) toca varios elementos como el reflejo de la ciudad (la ciudad de la superficie y la de los fondos como se plasma en Metrópolis) y la naturaleza a lo largo de su filmografía. Cómo afecta y repercute el destino en los personajes de su obra cinematográfica. La plasmación del hombre-medio, del Juan Nadie. El comportamiento de las masas. Las reflexiones sobre el totalitarismo… Y las ganas de ver una de las pocas películas que me quedan por conocer de su filmografía, Más allá de la duda.

Respecto Hitchcock (Alfred Hitchcock: Grandes mansiones e historias de amor), además de mostrarse absolutamente enamorado y apasionado por Vértigo, hace hincapié en que en sus historias no es importante el suspense sino las historias de amor que las sustentan. Y también hace énfasis en el entorno donde se desarrollan muchas de ellas, la importancia de las mansiones, las casas.

Con Kubrick (Stanley Kubrick: La inteligencia y sus fantasmas) realiza un interesante estudio en el que señala cómo todo tiene un porqué en el cine del realizador que construye obras perfectas donde suelen reflejarse mentes poderosas que sufren algún tipo de alteración. Y esa alteración puede conducir al desastre y a la locura. Las miradas del filósofo dejan puertas abiertas a interpretaciones muy interesantes para volver a visionar El resplandor (y la importancia de los fantasmas) o Eyes wide shut (convirtiéndose en un ferviente defensor de la obra póstuma de Kubrick).

Con Welles (Orson Welles: Hombres huecos) me abre los ojos sobre una realidad que une gran parte de la filmografía del director (y de la cual no había sido consciente hasta que la he visto escrita), la presencia como protagonistas de “hombres huecos” (y mujeres también) refiriéndose a toda una galería de personajes “vacíos por dentro, helados en su temperatura emocional y moral, nihilistas convictos, basculando entre un toque de maldad y una conducta decididamente asesina”… Y reivindica como película de cabecera de Welles, El cuarto mandamiento.

De Coppola (Francis F. Coppola: Mundo aparte) señala la capacidad de éste para en cada película crear un mundo aparte: desde el universo de Corazonada (con el que se arruinó) hasta la bajada a los infiernos, al horror, en Apocalypse Now. Realiza análisis ricos e interesantes de Drácula, de Bram Stoker (que reivindica frente al mal acogimiento que tuvo en su momento de la crítica y la defiende como una historia de amor fou), se muestra partidario (y estoy totalmente de acuerdo) de mostrar El Padrino III como pieza muy importante y cierre perfecto de la trilogía y despierta las ganas de volver a disfrutar de la riqueza y complejidad de La conversación.

Del cine del ruso Tarkovski (Andréi Tarkovski: Evidencia de los sueños) hace un canto a su manera de emplear el tiempo en sus largos planos y centra la peculiaridad de su cine en la manera de presentar los sueños o lo onírico en sus películas sin que el espectador llegue a distinguir de manera clara dónde empieza el sueño y termina lo real o viceversa. Y la angustia que puede crear (o el extasis y entrega a su obra cinematográfica) no saber si lo que se está viendo es el mundo del sueño o el mundo real.

Con Ingmar Bergman (Ingmar Bergman: catástrofes y contratiempos) se realiza un recorrido por muchas de sus películas para demostrar su versatilidad para contar sus historias y temáticas. Su ‘dedicación’ a las trilogías… y el gran leitmotiv de su obra, para el filósofo: en todos los géneros que toca sus personajes rondan o actúan ante una catástrofe (amenaza) o un contratiempo que da un giro a sus vidas… Así habla de desdoblamientos, espejos, marionetas, locuras, sueños y otros asuntos que pasean por cada una de sus películas.

Y, por último, escribre sobre el universo de David Lynch (David Lynch: Ciudades y avenidas de la libido). Trías reconstruye su obra cinematográfica dando marcha atrás. Parte de su último largometraje, Inland Empire hasta llegar a Cabeza borradora (y más atrás) para reconstruir el puzle de la creación artística del director que pulula entre lo bello y lo siniestro. Y realiza una defensa a una de las películas más denostadas de Lynch, Twin Peaks, fuego camina conmigo (1992) y me despierta las ganas de verla (algo que nunca he hecho… fui una de las seguidoras de la serie).

Cierro las páginas de un libro que he disfrutado. Y pienso en cómo Trías sigue ahí en su última obra proporcionando a sus lectores un montón de aventuras y extravíos que conducen a otros universos, creaciones, posibilidades y mundos.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

La mirada inquietante de André de Toth. Aguas turbias (Dark Waters, 1944) y Combate decisivo (Monkey on my back, 1957)

André de Toth es de esos directores que se encontraban en nómina en el sistema de estudios. Y estaba especializado sobre todo en películas de bajo presupuesto y de los géneros más dispares. Es de esos directores con parche en el ojo como Lang, Ford o Ray… pero de películas de serie B. Y es de esos directores caídos en olvido pero que de pronto pueden ser descubiertos. Yo tan sólo había visto Los crímenes del museo de cera…, una película de terror de Vicent Price de los años cincuenta que tuvo el aliciente en el momento de su estreno del empleo del 3D. Y sin dejar de lado esa mirada inquietante, que suele dominar el terror, descubro en una sesión doble a un director en el que quiero bucear. Porque entre esas películas de serie B hay un montón de buen cine como han demostrado Edgar G. Ulmer,  Joseph H. Lewis, John Farrow, Allan Dwan o  Jacques Tourneur. Así en Aguas turbias nos deja una atmósfera y un ambiente que roza la locura y lo onírico con unos personajes incómodos… Y en Combate decisivo se vuelca en un drama realista y deja el retrato de un hombre desesperado que cae continuamente en el abismo que debe enfrentarse a sí mismo y a su adicción más letal, su dependencia a la morfina.

Aguas turbias (Dark Waters, 1944)

aguasturbias

Aguas turbias entra dentro de la tradición de un cine con tintes góticos donde una dama va perdiendo la cordura o la hacen creer que pierde la razón… La dama en cuestión es encerrada-atrapada en una mansión que se convierte en una cárcel.

Merle Oberon es una heroína hermosa y solitaria que ha vivido una experiencia traumática (un ataque marítimo donde ha perdido a sus padres y donde apenas ha habido supervivientes) y por tanto se encuentra en un estado de debilidad mental. En el hospital le dicen que contacte con sus tíos, a los que no conoce. Ella los escribe a la dirección que tiene en New York pero recibe una contestación desde una plantación de Lousiana donde se han trasladado… y le dicen que la recibirán con los brazos abiertos. Cuando sale del hospital llega a la estación de tren y nadie la espera. Ante el calor, la angustia y la desesperación por la soledad, tiene un desmayo… y es ayudada por el médico de la zona (Franchot Tone) quien la lleva a la mansión familiar y de paso se enamora de ella. Allí la reciben sus tíos que viven con dos hombres siniestros, el administrador y el capataz de la plantación. Y ahí la pesadilla de la protagonista continúa que vive aterrorizada porque siente que poco a poco va perdiendo la razón.

Todo en la casa es extraño e inquietante. Oye voces que la llaman. Las lámparas se apagan solas. Y tanto sus tíos como el capataz parece que no mueven un dedo sin que el administrador ejerza su poder… De pronto la protagonista empieza a crearse una extraña historia en su cabeza y los únicos momentos que vive sin sobresaltos es cuando el doctor la saca fuera de la mansión. Pronto va sintiendo el hogar familiar (junto a sus habitantes) y sus alrededores donde acechan peligros como aguas turbias y pantanosas como una cárcel… o como una amenaza para su vida.

Pero nada es lo que parece…

Y lo que más merece la pena de la película es precisamente la mirada inquietante de la protagonista, la atmósfera asfixiante y los personajes siniestros con los rostros de dos maravillosos secundarios Thomas Mitchell y Elisha Cook Jr.

Combate decisivo (Monkey on my back, 1957)

combatedecisivo

En Combate decisivo se continúa la veda abierta por Otto Preminger para tratar el tema de las drogodependencias (El hombre del brazo de oro, 1955). Así el director se enfrenta a la historia real de Barney Ross, un famoso boxeador que después se convirtió en un héroe de guerra para finalmente librar una batalla contra su dependencia a la morfina. Y surge una película muy interesante e intensa donde se refleja perfectamente el deterioro de un hombre dependiente. Barney Ross está perfectamente interpretado por Cameron Mitchell… la película empieza cuando entra voluntariamente en un hospital para someterse a una cura. Se abre una verja y nuestro protagonista se enfrenta en la soledad de su cuarto a los recuerdos, y una flashback recrea su caída. Su deteriodo. Y la película termina cuando esa verja vuelve a abrirse… y el protagonista empieza una nueva vida de la que ya no seremos testigos.

André de Toth, como buen artesano, nos sabe contar perfectamente esta historia donde maneja el lenguaje cinematográfico y los códigos del cine sobre boxeo (casi un género en sí mismo), realismo social, cine negro y cine bélico (sorprendente la crudeza de las escenas que transcurre en Guadalcanal).

Así se va desarrollando la caída al abismo del protagonista… un boxeador que triunfa y se engancha (es lo que le da seguridad) tanto al triunfo como al mundo del juego y las apuestas. Hasta que es vencido y entonces deja el boxeo para dedicarse a llevar un negocio pero sin dejar de jugar ni de recibir malas influencias. Sin embargo es un buen tipo, con buen fondo, pero que sus miedos e inseguridades van minando su personalidad. A pesar de tener una madre que le adora, una mujer que le quiere (a pesar de que sabe que el hombre al que ama no va a poder proporcionarle felicidad, ve su fragilidad desde el principio y trata de huir pero siempre regresa…) y amigos fieles su caída es imparable. Y él es consciente. Cuando pierde su negocio, decide alistarse como marine y durante la Segunda Guerra Mundial, en un combate duro donde se convierte en héroe, padece malaria. Para tratar de frenar sus dolores y malestares le suministran morfina y termina volviéndose dependiente. Por eso su regreso y adaptación a su nueva vida (donde siempre trata de ser un triunfador y de formar una familia junto a la mujer amada) fracasan continuamente. Porque necesita la morfina… y vuelve a contactar con malas influencias que le amargan la vida y él no sabe cómo gestionar su caída ni pide ayuda a la gente que le quiere.

Cuando ya la vida parece que le cierra todas las puertas y la desesperación casi le lleva al suicidio… el nuevo regreso de su mujer hace que quiera ingresar voluntariamente en el hospital para detener su deteriodo… y emprender ese combate decisivo (del título en castellano) contra sí mismo.

Las escenas en el ring, las bélicas y ese destino negro del personaje que va cayendo en los bajos fondos urbanos donde se encuentra entre callejones donde hay otros dependientes, traficantes y un mundo oscuro, decadente ofrecen un relato potente que engancha al espectador y no le suelta en ese viaje ‘al abismo’ que emprende el protagonista…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

La gran familia española (2013) de Daniel Sánchez Arévalo

lagranfamiliaespanola

Sentí una enorme conexión con La gran familia española sin necesidad de que esa familia que se refleja en la pantalla se identifique con la mía…, sentí una conexión emocional. Cuando era pequeña, muchos domingos por las mañanas, mis padres nos despertaban (a mis hermanos y a mí, somos cuatro) con un disco de vinilo a todo volumen: Siete novias para siete hermanos (Seven brides for seven brothers, 1954) de Stanley Donen. Además de levantarnos con un buen rollo increíble, olía a desayuno rico, tortilla francesa con bonito… Mis padres, mis hermanos y yo vimos en un montón de ocasiones este musical. Y a mí me gustaba muchísimo. Secretamente me gustaban uno o dos hermanos a los que veía guapísimos… Me daba una alegría increíble… Cuando ya fui algo más mayor me siguió fascinando pero me sorprendió que me creyera los escenarios de cartón piedra, que no me diera cuenta de lo artificial. Recuerdo que en varias ocasiones, cuando no me quería ir de un sitio o que unas vacaciones terminasen (o cuando quería huir y que no me encontrasen) siempre pensaba: ojalá caiga una avalancha o que nieva mucho y nos quedemos incomunicados… recordando esos hermanos que secuestraban a las novias y se quedaban allí en la montaña, incomunicados del mundo… buscando su propia felicidad.

Así que ya desde el principio La gran familia española me tenía ganada… porque Siete novias para siete hermanos juega un gran protagonismo. Es de esas películas que generan buen rollo… es como si Daniel Sánchez Arévalo dijera que a pesar de que estemos hechos una mierda y vivamos en un mundo que se derrumba, no perdamos la oportunidad de vivir momentos felices y alegres…, de reírnos y de querer a la gente cercana que nos hace sufrir (porque los amamos con locura) pero también nos ofrecen buenos momentos. La familia de la película siempre está a punto de derrumbarse pero a la vez se reinventa sus lazos. Así La gran familia española es una tragicomedia con unas gotas de screwball comedy con su locura correspondiente.

Y ésa es su única función… que sigamos las alegrías y desgracias de cinco hermanos (que se llaman como los personajes de la película favorita del padre, el musical de Donen… por orden alfabético y nombres bíblicos) y salgamos con una sonrisa entre tierna y melancólica pero con unas ganas increíbles de seguir en el día a día con nuestras alegrías y penas.

Es de esas películas vitalistas que sirven de medicina para pensar que merece la pena seguir intentándolo. Como cuando el personaje de Woody Allen entra en la sala de cine desesperado y termina disfrutando de una película de los hermanos Marx en Hannah y sus hermanos desapareciendo su angustia vital. O como ese O’Sullivan que después de su viaje más duro es consciente de lo importante que es hacer películas que tan sólo hagan reír… O esa pequeña mujer desgraciada en la depresión de los 30 que solo encuentra consuelo y un poco de felicidad refugiándose en la sala de cine (de nuevo Allen).

Daniel Sánchez Arévalo contagia buen rollo con las vicisitudes de esa familia disfuncional que a la vez está unida por lazos fuertes… y que se enfrentan al amor, la depresión, la huida, la vida, la muerte, las discusiones, las envidias, las alegrias, desgracias y la desesperación con un punto de locura, una boda que nunca se termina y una reunión muy especial con una película de las de siempre…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Diccionario cinematográfico (201)

salvaje

Chicos de la moto: el último chico de la moto que se ha subido al pódium de los moteros cinematográficos ha sido Luke El Guapo en Cruce de caminos de Derek Dianfrance. Pero son muchos los que pueblan una alfombra de celuloide que no acaba. Los chicos de la moto suelen ser perdedores en busca de una libertad que normalmente no encuentran y que van directos a un único final…

Los chicos de la moto suelen ir envueltos en leyenda… No son malos chicos, sí llevan vidas perras.

A Luke El Guapo le acompañan como viajeros de carretera cinco chicos de la moto (tres de ellos en la misma película)…

Al primero, los muchachos del barrio le llaman así, El chico de la moto. Ve la vida en blanco y negro. Vivió el periodo idílico de las bandas… y después no regresó nunca más de un viaje que le llevó a los golpes y las drogas. Ahora está más allá que acá y filosofa sobre la vida, la mala vida. Tampoco es que hable demasiado. Su hermano menor le admira y le quiere. El chico de la moto (un Mickey Rourke con personaje de mitología callejera) deambula y un día regresa al barrio…, está obsesionado con dejar en libertad a unos peces de colores… La ley de la calle hace tiempo que terminó, él ya está cansado.

Después nos topamos con dos moteros y un abogado alcohólico que se les une al viaje. El abogado les habla del miedo que provocan los hombres libres… Son los chicos de Easy Rider que buscan su destino por la América de 1969. Y se encuentran con distintas personas y duermen en la siguiente parada… y sus motos cruzan las carreteras a un destino final. Así Peter Fonda, Dennis Hopper y Jack Nicholson emprenden un viaje en el que descubren que el miedo campa a sus anchas, el miedo al otro, al distinto, al que no piensa igual, al que vive de otra manera… Y que ese miedo genera rechazo y violencia.

Y por último el chico de la moto mítico. El que llega con su pandilla a un pueblecillo de la América profunda y asusta a sus habitantes. El que al final es no sólo expulsado sino también rechazado y no bien recibido. El rebelde que sólo consigue que le entienda la camarera de un bar. Y a ella le dedica una sonrisa final que no se olvida. Es Marlon Brando en Salvaje.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Cruce de caminos (The place beyond the pines, 2012) de Derek Cianfrance

crucedecaminos

Cuando ya se me presenta un personaje de una manera tan brillante en una película, que logra atraparme desde el primer instante, entonces ya sé que puede ofrecerme una buena narración cinematográfica, y así ocurre con Cruce de caminos… que está pasando discretamente (e inexplicablemente para la que esto escribe) por las salas de cine. Cruce de caminos es la segunda obra cinematográfica que se estrena de Cianfrance que tuvo que esperar bastante para que pudiéramos centrarnos en su particular disección de un matrimonio que se rompe en Blue Valentine, su primer largometraje. Si en aquella analizaba, dando saltos al pasado y al presente, la ruptura de una pareja; en Cruce de destinos reflexiona sobre padres e hijos y redenciones. Sobre lo que pesa la paternidad, sobre lo que marcan las relaciones con los padres y sobre cómo existen distintas formas de canalizar y vivir una redención: la del eterno perdedor y la del que triunfa…

Así Derek Cianfrance forma parte de una generación de directores americanos que siguen alentando una tradición: la buena narración cinematográfica. Mirar y dirigir con ojos de cine historias adultas. Se une a una cantera de directores que se mueven en el cine independiente pero que continúan la tradición de los cineastas clásicos y su uso del lenguaje cinematográfico que se vuelca en buenas historias. Recordemos estos nombres: James Gray (Cuestión de sangre, La noche es nuestra, Two Lovers), Paul Thomas Anderson (Magnolia, Pozos de Ambición, The Master), Jeff Nichols (Take Shelter, Mud), Kelly Reichardt (Wendy y Lucy, Meek’s Cutoff)… y el propio Cianfrance.

… Vemos  a un tipo tatuado en una caravana que juguetea con un cuchillo. Siempre de espaldas. Oímos que le avisan de que en cinco minutos debe actuar… y así comienza un plano secuencia de ese tipo que se dirige, a través de una feria, al lugar de su actuación: una bola metálica donde se introducirá con otros dos compañeros en una moto. Él es Luke El guapo (Ryan Gosling, siempre carismático), motorista acrobático y errante perdedor. Y ya nos ha atrapado.

Este chico de la moto (siguiendo la tradición de otros míticos moteros con carisma y etiqueta de perdedores…, que serán protagonistas de la sección Diccionario cinematográfico) se reencuentra con Ro (Eva Mendes), una chica con la que mantuvo una corta relación, y descubre que ha sido padre. De pronto decide asumir su rol de padre… ya que él está convencido de que arrastra una vida perra por el abandono del suyo. Y no piensa emularle. Pero pronto se chocará con una realidad: una cosa es lo que sueñes y otra que puedas realizar lo soñado. Su sueño se materializa en una fotografía…, un instante que se convierte en algo efímero. Y éste es el motor de la historia para una tragedia en tres actos… Cada acto termina con un momento catártico que no conviene desvelar.

crucedecaminos1

Tres actos donde los protagonistas de esta tragedia varían pero a la vez dan un único significado a la historia. Una historia de padres e hijos. De redención y perdón. En el primer acto, la acción se centra en el motorista. El segundo acto cede el protagonismo a un joven policía (un cada vez más sorprendente Bradley Cooper) que en un acto de servicio algo confuso se convierte en héroe local pero también se enfrenta a la corrupción de la comisaría donde trabaja y a su propia ambición para prosperar dentro del mundo de la ley. Y en el tercer acto en el que transcurren quince años, la acción se centra en dos adolescentes problemáticos que se encuentran en un instituto. Y en este cruce de caminos… más allá de los pinos (escenario de varios momentos importantes), se cuenta una única trama sobre los lazos, que pesan y marcan, entre padres e hijos. Y sobre la capacidad de redención del ser humano.

Dianfrance no sólo tiene fuerza en la forma de estructurar, contar y narrar cinematográficamente su historia sino que se rodea de dos actores carismáticos que logran crear dos personajes potentes que enganchan al espectador. Así tanto Ryan Gosling como Bradley Cooper dominan y se adueñan de una historia poderosa que te ata al asiento. Además recupera la potencia de la tragedia clásica en tres actos (o los tres actos para contar un relato, cuento o novela… presentación, nudo y desenlace) y convierte un recurso simple en una forma moderna y dinámica para contar una historia cinematográfica.

Cruce de caminos cuenta con una buena historia, bien contada y con un grupo de intérpretes que se creen esa historia (y una galería de secundarios donde se encuentra un Ray Liotta que da miedo con su sola presencia)… además de una banda sonora con más de una sorpresa donde Gosling vuelve a llamar la atención con su interpretación de una canción que nos sonará mucho por estos lares…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

La usurpadora (Back Street, 1932) de John M. Stahl

laursupadora

Si a principios de este año escribí que la característica del melodrama La calle de atrás de David Miller en los años sesenta era el paroxismo emocional que culminaba en un desatado triple final, sorprende cómo la primera adaptación de la novela de Fannie Hurst, Back Street, dirigida por John M. Stahl en 1932 sea un melodrama contenido y por eso emocionante. Contiene verdad. Porque se acerca más a la premisa del amor sin condiciones. Se entiende perfectamente el drama de Ray (Irene Dunne), una mujer que asume, con dolor y sacrificio, ser ‘la otra’ sin querer serlo… cuando además tiene varias oportunidades de acabar con ese papel pero ya se sabe que a veces no se puede controlar al destino… ni de quién te enamoras. El espectador se da perfecta cuenta a qué se refiere el título original, qué significa vivir siempre en la calle de atrás. Y curiosamente mientras La calle de atrás de Miller se queda como un disfrute total del melodrama desatado pero a la vez algo trasnochado y pasado de moda, La usurpadora se convierte en una película por la que no pasa el tiempo, moderna y transgresora que además supone otra obra cinematográfica a tener en cuenta de un periodo rico en posibilidades, el pre code. Y esa modernidad se debe a la sinceridad, el realismo y los matices que plantea en un tema muy cinematográfico, el adulterio… y sobre todo el personaje que sale ganando es Ray, muy por encima de su oponente masculino que sí se rige por los cánones de la época, ese principio de siglo XX entre la tradición y el modernismo.

Muchas de las películas de los años treinta de John M. Stahl tuvieron su remake en los cincuenta y en los sesenta. Digamos que Douglas Sirk convirtió a Stahl en una sombra. Por eso su obra es bastante más desconocida pero cada nueva incursión en sus películas se desvela a un director sensible y pausado capaz de construir melodramas mucho más racionales y coherentes que sus hermanas de los cincuenta y sesenta (que es su locura, colorido y exageración emocional lo que por otra parte les convierte en especiales). Es descubrir a un director con un trazo suave al realizar narración cinematográfica de calidad.

Así La usurpadora presenta escenas de puro cine sin exaltación y sí mucha emoción además de reflejar cómo el destino interviene en las vidas de sus protagonistas (como en tantas películas de romanticismo exacerbado… y siempre viene a la cabeza, Tú y yo). El que Ray llegue tarde a la cita de un concierto al aire libre con su enamorado y su madre (cuando éste aún no se ha casado oficialmente con su prometida y puede parar, quizá, el enlace) supone el momento en que sus vidas cambian para siempre. Ella convirtiéndose en ‘la otra’ cuando años después vuelve a encontrarse con él. Y él en un hombre ‘condenado’ a una vida de apariencias (y también bastante egoísta porque no renuncia a la posición social y laboral que le da su matrimonio pero no deja que Ray reconstruya su vida y se aleje de él).

La usurpadora es Irene Dunne y recorre toda una vida… desde una joven llena de vitalidad y libertad que decide por sí misma (y muy válida profesionalmente) hasta una mujer anciana y madura que ha sacrificado (porque lo ha querido así, también ha sido libre) todo por amor a un hombre que vive una doble vida… pero la confina a ella a la calle de atrás (por las presiones sociales). Así Ray no se realiza ni en el mundo laboral, en el trabajo. Ni tampoco puede ser madre. Ni puede tampoco relacionarse y crearse su propio círculo de amistades, no puede prosperar socialmente… Ella se sabe mujer enamorada y decide ser ‘la otra’, asumir ese papel con todas las consecuencias. Asumir el egoísmo del amado. Y asumir la soledad y el rechazo.

Así Stahl cuenta con elegancia una historia que transcurre en el tiempo y que tiene como protagonista a una mujer que asume su papel de ‘la otra’ sin reprochar ni pedir nada a cambio. Sin exigir. Una historia construida a través de esperas, silencios, miradas y conversaciones cruciales. Y además una historia inteligente porque no estamos hablando de una mujer sumisa sino de una mujer que decide libremente o que no ve otra salida para estar con el hombre que realmente ama en esos momentos. Ella tiene oportunidad de irse con un amigo que siempre la ha querido, de trabajar y de realizarse como madre… pero sabe que se engañaría porque todo eso lo hubiera querido con el hombre que no puede estar a su lado.

En muchos momentos sientes la soledad de Ray… la mujer en la sombra. En ese transatlántico donde todo el mundo se relaciona menos ella que pasea por la borda y mira el mar, mientras espera que el hombre que ama pueda hablarla o acercarse a escondidas. Que sufre la mirada de odio y rechazo de unos hijos que ven como su padre engaña a su madre… y no saben toda la versión.

No hay ningún momento de paroxismo emocional o exaltación exagerada y sin embargo los momentos finales te tienen sin respiración y te trasladan también a una catarsis emocional… triste, real, creíble…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.