El banquete de los genios. Un homenaje a Luis Buñuel de Manuel Hidalgo (ediciones Península, 2013)

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El periodista y escritor Manuel Hidalgo ‘conversa’ con una fotografía y cuenta una historia. Y a partir de una imagen articula un libro ameno y original lleno de llaves, pasillos y recovecos… La fotografía es obra de Marv Newton y fue atrapada por su objetivo en noviembre de 1972. Recogía una instantánea irrepetible, un grupo de hombres frente a la camara. Todos reunidos en un banquete en el 9166 de Cordell Drive, en Beverly Hills. Ése era el hogar del anfitrión, el director de cine George Cukor. La razón del almuerzo: la presencia de Luis Buñuel en Hollywood. El director de Historias de Filadelfia aprovecha esta situación para invitar a otros colegas de la profesión. Luis Buñuel se encontraba en esos momentos en Hollywood porque su película El discreto encanto de la burguesía clausuraba el Festival Internacional de Cine de Los Ángeles (y  posteriormente ganaría el oscar a la mejor película de habla no inglesa).

En esa fotografía (si la miras de frente y como se puede ver en la portada del libro) se encuentra en el centro Luis Buñuel sentado y a su derecha Alfred Hitchcock y Rouben Mamoulian y a su izquierda George Stevens y Billy Wilder. Detrás de pie, de izquierda a derecha, Robert Mulligan, William Wyler, George Cukor, Robert Wise, Jean-Claude Carrière (guionista) y Serge Silberman (productor). También se encontraba en la comida pero tuvo que irse antes de la fotografía de grupo porque no se encontraba bien del todo (aunque existen otras imágenes que certifican su asistencia), John Ford. Y estaba invitado pero no puedo acudir por problemas de salud, Fritz Lang. ¿Quién no hubiese deseado estar ahí y poder charlar de cine sin parar?

Manuel Hidalgo encuentra así un punto de vista diferente para hablar de la figura y obra del director aragonés. Y consigue unas páginas amenas y un acercamiento singular a Luis Buñuel. Finalmente queda un homenaje (como señala el subtítulo del libro) que puede ser un buen principio para aquellos que no conozcan demasiado al director y una guinda perfecta y curiosa para aquellos que conocen y exploran tanto su obra como su personalidad.

El periodista no solo recrea y cuenta lo que se sabe sobre esa reunión (incluyendo menú, posibles bebidas y conversaciones) sino que crea también un perfil de cada uno de los asistentes y las posibles conexiones con el director español construyendo una interesante red. Por otra parte, también imagina los diferentes motivos para celebrar dicha reunión y las sensaciones que pudo tener tanto el protagonista como los demás asistentes.

La obra cinematográfica de Buñuel y su esencia la examina a través de un exhaustivo análisis del argumento de El discreto encanto de la burguesía. A partir de un paseo por las imágenes de la película (por cierto película que aún no he visto… pero ya imaginada fotograma a fotograma) va extendiendo distintos brazos que van formando un armazón que recoge su legado cinematográfico. Además trata de valorar realmente qué significó esta película dentro de la obra del director. Qué supuso cuando se estrenó, cuál fue el secreto de su posible éxito y cómo puede interpretarse en la actualidad.

También especula con que hubiese sido posible la presencia en dicha comida de Truffaut que elevó a casi todos los presentes a la categoría de autores cinematográficos… y que también poseía varias conexiones con Buñuel (entre otras haber trabajado con actrices como Catherine Deneuve o Jeanne Moreau…).

O finalmente descubre también la presencia de varios ausentes de la fotografía: Rafael Buñuel, uno de los hijos del director, el propio fotógrafo y un periodista que recogió y fue testigo del ‘inmortal’ encuentro.

Y señala las influencias de la figura de Luis Buñuel en otros cineastas del mundo y lo que cuesta bucear esas influencias en los cineastas españoles. Así como la escasa bibliografía escrita por estos lares sobre él… o cómo esa misma fotografía que sirve de portada para su libro, fue empleada para una retrospectiva en el Festival de cine de San Sebastián…

Pero también realiza otra crónica interesante. En qué momento se encontraban estos cineastas ya mayores… (excepto Robert Mulligan el benjamín del grupo), cuál era su situación, si estaban rodando o no, sus últimas películas… Cómo era un grupo de creadores que conformó la Edad de Oro de Hollywood pero que ya estaba pasando el relevo a los directores que estaban conformando el Nuevo cine americano. O explica cómo Buñuel se encontraba en ‘una nueva etapa dorada creativa’ que permitió que pudiera trabajar hasta al final con un productor que le apoyaba y un guionista que trabajaba codo con codo con él. Y narra cómo algunos de los protagonistas de este almuerzo murieron relegados en el olvido, retirados o con muchas complicaciones para realizar sus últimas aportaciones cinematográficas. Y también la confrontación entre cineastas europeos y cineastas de Hollywood. Una confrontación de amor-odio, de admiración y animadversión, de te quiero lejos pero también cerca… Así como un nuevo mapa político y social que también afectaba al mundo del cine y a los temas reflejados y tratados…

Lo dicho, las fotografías hablan, cuentan y Manuel Hidalgo sabe cómo narrar una historia a partir de una imagen congelada. Nos convierte a todos los lectores en ese posible ausente —que no aparece en la fotografía pero que estaba allí— de un banquete de genios…

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Las estrellas de Hollywood. Retratos y conversaciones de Peter Bogdanovich (T&B)

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Desear volver una y otra vez a sus páginas y detenerse en su lectura…, poder leer este libro de Peter Bogdanovich ha sido un goce continuo. Bogdanovich, que además de director ha ejercido de historiador y crítico de cine, deja un documento imprescindible sobre una galeria de actores de Hollywood.

Con  respeto y sinceridad crea veinticuatro retratos de actores y actrices que son una gozada. El secreto está en que a la vez refleja su imagen pública (la que tenemos la mayoría de los cinéfilos), describe la importancia y la incidencia de la ‘mitología’ de la estrella de cine  y los dota de su dimensión más humana (la experiencia que vivió junto a ellos). Así estos retratos son un documento imprescindible para completar nuestra visión de ciertos actores.

Bogdanovich además de escribir y describir con un respeto absoluto a cada una de las ‘estrellas’, ofrece un testimonio personal que enriquece la figura de cada uno de los retratados. Un testimonio lleno de sinceridad que esconde descubrimientos que llegan a emocionar. Proporciona de muchos de estos actores sus últimos días… y a veces es difícil contener la respiración porque Bogdanovich transmite de tal manera que hace que ‘vivamos’ junto a esas ‘estrellas’.

Cuenta y desgrana un anecdotario al que no hubiesemos tenido acceso… Y es cierto que es desde ‘su mirada’ y sus vivencias pero es la mirada de una persona que adora el cine y respeta y conoce el trabajo del actor… Y esa persona, Bogdanovich, decide compartir sus recuerdos personales con las ‘estrellas’ y analizar también sus figuras cinematográficas, sus proyecciones en la pantalla. Así, con un pincel certero, pinta unos retratos donde vierte conocimiento, cariño, respeto y emoción. Por otra parte también capítulo a capítulo se va construyendo otro puzle, el retrato del propio Bogdanovich, su filmografía, su forma de trabajar, su vida privada, sus amores, sus traumas, sus miedos, sus pasiones, su filmografía, sus éxitos, sus amistades y fracasos.

Sumergirse en los retratos de Bogdanovich es un placer cinéfilo para desgustar con tiempo y tranquilidad. A algunos (los menos) no los conoció directamente, pero en esos casos, sí que cuenta con los ‘trazos impresionistas’ de aquellos que sí conocieron a la estrella y las propias impresiones del director-escritor. De otros (los que más) le unió una intensa amistad a lo largo de los años. Y de los de más allá, a lo mejor solo les vio una vez… pero a partir de ahí crea retratos certeros y a otros pudo conocerlos a través de varios encuentros motivados por alguna entrevista que tenía que llevar a cabo o bien para medios escritos o para elaborar un documental…

A través de pinceladas nos enteramos de la amistad que unía a James Stewart y Henry Fonda (que eran tan distintos en la mayoría de los aspectos de su vida) desde que eran muy jóvenes y que duró toda la vida. Nos sorprendemos con la historia compleja que vivieron juntos Jerry Lewis y Dean Martin (una auténtica gozada conocerla a través de sus protagonistas). Nos emocionamos con los últimos días y la profesionalidad de Boris Karloff. Entendemos la tristeza que acompañó siempre a Montgomery Clift. Analizamos más el gancho que poseía Cary Grant o el encanto que derrochaba Audrey Hepburn. Nos enteramos de la fuerza y el carisma de Bogart, Wayne (que era un niño grande), Marlon Brando o el vital Cagney. Vemos su acercamiento personal, a través de las palabras de Miller, a la tragedia de Marilyn Monroe. Vivimos y nos emocionamos con sus amistades profundas con John Cassavettes y Ben Gazzara. Nos descubre otra cara de Sal Mineo,  Anthony Perkins o Sidney Poitier. Descubrimos el encanto especial de algunas personas como Lillian Gish. Nos cuenta los amores tristes de algunas estrellas como Frank Sinatra y su amor a Ava. Escribe retratos absolutamente especiales donde nos deja una imagen desconocida, por ejemplo, de Jack Lemmon. Nos acerca personalidades más olvidadas o desconocidas como Stella Adler. Recrea retratos tristes como el de Charlie Chaplin. Describe cómo trabajaba con alguno de ellos que protagonizó alguna de sus películas como River Phoenix. Cuenta anécdotas impagables como una Marlene Dietrich convencida de que si hubiera accedido a acostarse con Hitler, la historia hubiese sido distinta, hubiera podido frenar el horror…

Finalmente estos retratos cuenta también lo que significa ser actor, los métodos de trabajo de cada uno, su concepción sobre la actuación y el cine, cómo encaraban sus trabajos, qué era lo que les hacía especiales, cómo era su imagen proyectada, qué era lo que reflejaban y transmitían a los espectadores (y qué significaban para ellos esos espectadores y ellos para los espectadores) así como quién era la persona que se descubría detrás del actor. Y también cuenta a través de los actores, de una manera muy especial, la historia del cine norteamericano.

Las estrellas de Hollywood. Retratos y conversaciones es una lectura no solo recomendada sino un libro a tener en cuenta porque lo escribe ‘un buen pintor’ que da trazos maestros en las páginas en blanco para retratar de manera original y escribir algo distinto y especial sobre personalidades sobre las que se ha derramado ya (y lo que queda) litros y litros de tinta.

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Europa de Luis López Carrasco (Gollarín, 2014)

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… los directores de cine son creadores de historias… en imágenes. Por eso no es extraño que los creadores de historias empleen otras formas de expresión para narrar, como la escritura. Así puede darse el caso de un joven cineasta, cofundador del colectivo audiovisual Los Hijos (tres son sus integrantes) que experimentan con el lenguaje cinematográfico, que toca un teclado para plasmar su universo en las páginas de un libro de relatos. Siete relatos… que ‘crean’ un futuro.

A Luis López Carrasco le conocía por leer su nombre relacionado con Los Hijos. No había visto nada del colectivo hasta que hace poco vi dos de sus obras: Ya viene, aguanta, riégueme, mátame y El sol en el sol del membrillo. Ambos cortometrajes arrastran reflexiones sobre el cine dentro del cine, sobre lo que vemos reflejado y cómo lo vemos reflejado, sobre qué es rodar, qué es el montaje, qué es realidad o ficción, cómo se manipula a través de las imágenes…Son dos ensayos cinematográficos.

Su nombre me empezó a sonar a partir del largometraje Los materiales (que está en mi baúl de películas pendientes) y ahora acaban de presentar Árboles (que espero poder ver en breve en sus proyecciones en la Filmoteca). Esta nueva obra del colectivo es un ensayo histórico-social-político donde se realiza una reflexión sobre la presencia colonial en África y también crea un paralelismo con las ‘colonias’ residenciales en las periferias de las grandes ciudades españolas.

Pero también Luis López Carrasco ha presentado su primer largometraje en solitario, que pude visionar en una sesión de la Cineteca en el Matadero, El Futuro. A partir de la ‘proyección’ de una fiesta de jóvenes (que puede enmarcarse poco después de las primeras elecciones ganadas por el PSOE), se crea toda una reflexión política sobre ese momento en que nacía una incipiente democracia y que parecía que había todo un futuro por delante por construir… El efecto de ver esa fiesta, con su música de fondo, rostros, algunos diálogos sueltos… en el desolador tiempo presente genera (o por lo menos a mí me ocurrió) una tristeza enorme. El Futuro es como el ‘rescate’ de una vieja cinta de cine donde se atrapa una fiesta. La vieja cinta está deteriorada. El sonido no es bueno. En las imágenes ya hay huellas del paso del tiempo, agujeros negros que tapan rostros, saltos, cortes. Se escuchan algunos diálogos. Y todo este material, junto con al principio, el discurso radiofonico de Felipe González tras la victoria en las elecciones… crea un discurso oculto y y pesimista sobre un periodo determinado y su posterior evolución.

Y aquí, en esa fiesta, esa capsula de pasado vista ahora, en el futuro… puedo empezar a hablar de Europa y de su tercer relato Todos los finales posibles. Dos científicos al límite, al borde del fin del mundo, tienen que decidir el destino de un viaje en el tiempo que les permita escapar de la situación apocalíptica en el que está inmerso el mundo. Uno de ellos es español y termina diciendo que quiere volver a los setenta en su país de origen. “Quiero volver a la época en que nací. Quiero volver a mi casa, a mi ciudad de origen, quiero recobrar todos mis recuerdos. Quiero ver a mis padres, a mis familiares, de jóvenes, en el clima de la energía e ilusión que acaeció al final de la dictadura franquista, el inicio torpe de una democracia. Volvemos a la ilusión, me dirás. Quizá sí, quizá no. Porque esa efervescencia duró muy poco, el sistema se integró a plena velocidad en los rigores del contexto internacional. Se mistificó, se conjuró y eliminó un periodo muy corto. Con todo, no podré soportar el optimismo de esas gentes, mis compatriotas, me dirás”. El otro científico le dice que es como si quisiera regresar a una grabación ininterrumpida de vídeos domésticos familiares…

De pronto en los siete relatos de Europa, no sólo hay un futuro donde hay hueco para lo inquietante y lo desasosegante sino también para los recuerdos, la memoria y la nostalgia…, para las relaciones humanas, entre familiares o desconocidos, entre dos personas que se gustan o entre amigos… La tristeza que acompaña El futuro sigue y se alarga en los relatos de Europa. Relatos que además muestran un mundo complejo, un universo visual complejo, donde los personajes se mueven entre sueños, realidades virtuales, planetas lejanos, atrapados en viejos videojuegos, páramos solitarios… y en ese extrañamiento que sufren, por distintos motivos, en un mundo hostil (o extraño, distinto) en el que sobreviven, se aferran a sentimientos absolutamente humanos, donde siempre acuden a la nostalgia, el recuerdo y la memoria.

El teclado de Luis López Carrasco genera ese futuro incierto y nos hace caer en el abismo y la angustia de muchos de sus personajes. Acompañamos en el salto al vacío al personaje de El caminante. Si solo me dieran la oportunidad de quedarme con uno de los relatos quizá optaría por llevarme Bajo el mismo cielo… y ese grupo de personas que proyectan sus vídeos al cielo, no sabemos qué es lo que proyectan ni qué significa para ellos ese acto… “Los proyectores disparan al cielo oscuro su mensaje de luz”. De pronto el narrador de la historia, el protagonista, nos cuenta su propia “no película”. Una proyección que no existe pero que él tiene en su cabeza (y que forma parte de sus recuerdos de infancia) e imagina cómo quedaría reflejada en el cielo… y crea una emoción difícil de describir.

Luis López Carrasco no solo logra crear un mundo de sensaciones, reflexiones y miedos sino que la forma en que narra esos relatos también atrapan. Genera ambientes y un mundo visual muy potente pero también provoca, mientras te sumerges en su lectura, momentos de catarsis… Logra principios y finales impactantes y un desarrollo que suscita emociones pero a la vez todo ‘pintado’ con el distanciamiento y el extrañamiento tanto de los personajes como de las situaciones que viven.

… un primer libro de relatos que muestra que Luis López Carrasco es un creador de historias. Puede utilizar la cámara (una mirada) o el teclado (la palabra) y empezar a contar…

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Karoo de Steve Tesich (Seix Barral, 2013)

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Karoo es una novela póstuma de un guionista de cine y ha sido toda una sorpresa para la que escribe estas líneas. Steve Tesich crea un personaje que navega por un humor cínico, desencantado y negro para contar una tragedia que congela la sonrisa. Karoo es la Odisea interior de un personaje que camina hacia una redención imposible pero que no se da por vencido.

Saul Karoo es un reescritor de guiones (y a veces también vuelve a montar películas) en Hollywood. Sabe que a lo largo de su carrera ha ‘destrozado’ buenas obras cinematográficas y con otras ha hecho lo que ha podido… Él es millonario, alcohólico, mentiroso compulsivo y su vida emocional y personal es un auténtico desastre. Tiene unos cincuenta años, un hijo adoptivo al que no puede evitar hacer daño y una mujer de la que se está separando. Un productor al cual odia le hace un encargo: tiene que volver a montar entera una película de un prestigioso director que se está muriendo. Karoo sabe que es una obra maestra… pero mientras la está viendo escucha la risa de un personaje secundario, una camarera… Y entonces un recuerdo regresa a su mente. Ahí arranca esta novela que engancha desde las primeras páginas y que cuya trama es mejor no desvelar… pero está ¡tan bien contada!

… Saul Karoo es el narrador pero una cosa es lo que él nos va contando… y otra es la historia ‘oculta’ que el lector va descubriendo entre líneas. Y esa doble lectura es desgarradora y ahí se va construyendo una tragedia humana y personal que abofetea. Tras la risa, la bofetada. La sonrisa se va congelando. La dimensión que van alcanzando todos los personajes, que en esa doble mirada, se van humanizando dolorosamente (como le ocurre al propio Karoo) convierten la lectura de la novela en una buena experiencia. El lector descubre cómo ante un personaje con un humor cínico, a veces cruel, se va desvelando otra historia que te hace emocionarte y llegar a una catarsis desoladora donde nos enfrentamos a una soledad y un desarraigo brutal, a una búsqueda de un sentido de la vida con angustia… y a unas páginas finales que te dejan mudo porque te rompen. Porque Karoo además es un  ‘canto de sirena’ al acto doloroso y maravilloso de la creación, del arte de contar historias, de entender la vida, de cómo actuamos, de cómo amamos y nos relacionamos.

Y se nota cómo Steve Tesich sabía construir personajes, crear historias y cómo conocía el mundo del cine, de Hollywood, del que también ofrece un retrato entre divertido y amargo en Karoo… Tesich ganó un Oscar al mejor guion en 1979 con una película de Peter Yates, ahora olvidada (yo no la he visto), El relevo. Otro de sus guiones fue el El mundo según Garp, una adaptación de la novela de John Irving. Y dejó una novela que te sumerge en el arte de crear buenas historias con buenos personajes, historias que llevan a la cartarsis, que te hacen sentir…

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De cine. Aventuras y extravíos de Eugenio Trías (Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores, 2013)

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Apenas acabo de cerrar las páginas del último libro que escribió el filósofo Eugenio Trías. Un libro sobre cine. Un libro donde se despliegan ocho interesantísimos ensayos sobre la obra cinematográfica de ocho directores. Ocho ensayos en los que Trías decide reflexionar sobre lo que convierte a estos directores en creadores de un universo propio. Ocho ensayos donde Trías comparte su ‘mirada’ y aporta ventanas y puertas para acercarse de nuevo a las películas de estos creadores.

Si el libro me llegó el jueves hasta hoy no he parado de inmiscuirme en sus páginas. Y lo he disfrutado. No había leido nada de Eugenio Trías, filósofo… pero el cinéfilo me abre puertas. Y sí que sabía que una de las cosas sobre lo que reflexiona es sobre lo bello, lo siniestro, la pasión… y todo esto lo vuelca en su visión al universo de estos creadores.

Como bien explica Trías en el prólogo se deja llevar por su canon personal para elegir a los directores. “… Aquellos que mejor corresponden a mi mundo personal”. Y después comparte un hermoso epílogo en el que propone su propio canon de películas imprescindibles “que en este momento osaría fijar” y expresa que va a señalar “diez constelaciones” cada una con su película predominante. Y la primera es Vértigo, para él la más hermosa y compleja de todas las que nombra.

Así Eugenio Trías acerca su mirada personal a Fritz Lang, Alfred Hitchcock, Stanley Kubrick, Orson Welles, Francis F. Coppola, Andréi Tarkovski, Ingmar Bergman y David Lynch. Desde los títulos de los ensayos (¡ay, el importante arte de titular! Que cómo se descuida a veces), Trías trata de plasmar lo que significa el universo creativo de cada director que analiza. Y de cada uno, para ir construyendo su tesis, destaca una galería de películas que complementan sus reflexiones.

De Fritz Lang (Fritz Lang: Naturaleza y ciudad) toca varios elementos como el reflejo de la ciudad (la ciudad de la superficie y la de los fondos como se plasma en Metrópolis) y la naturaleza a lo largo de su filmografía. Cómo afecta y repercute el destino en los personajes de su obra cinematográfica. La plasmación del hombre-medio, del Juan Nadie. El comportamiento de las masas. Las reflexiones sobre el totalitarismo… Y las ganas de ver una de las pocas películas que me quedan por conocer de su filmografía, Más allá de la duda.

Respecto Hitchcock (Alfred Hitchcock: Grandes mansiones e historias de amor), además de mostrarse absolutamente enamorado y apasionado por Vértigo, hace hincapié en que en sus historias no es importante el suspense sino las historias de amor que las sustentan. Y también hace énfasis en el entorno donde se desarrollan muchas de ellas, la importancia de las mansiones, las casas.

Con Kubrick (Stanley Kubrick: La inteligencia y sus fantasmas) realiza un interesante estudio en el que señala cómo todo tiene un porqué en el cine del realizador que construye obras perfectas donde suelen reflejarse mentes poderosas que sufren algún tipo de alteración. Y esa alteración puede conducir al desastre y a la locura. Las miradas del filósofo dejan puertas abiertas a interpretaciones muy interesantes para volver a visionar El resplandor (y la importancia de los fantasmas) o Eyes wide shut (convirtiéndose en un ferviente defensor de la obra póstuma de Kubrick).

Con Welles (Orson Welles: Hombres huecos) me abre los ojos sobre una realidad que une gran parte de la filmografía del director (y de la cual no había sido consciente hasta que la he visto escrita), la presencia como protagonistas de “hombres huecos” (y mujeres también) refiriéndose a toda una galería de personajes “vacíos por dentro, helados en su temperatura emocional y moral, nihilistas convictos, basculando entre un toque de maldad y una conducta decididamente asesina”… Y reivindica como película de cabecera de Welles, El cuarto mandamiento.

De Coppola (Francis F. Coppola: Mundo aparte) señala la capacidad de éste para en cada película crear un mundo aparte: desde el universo de Corazonada (con el que se arruinó) hasta la bajada a los infiernos, al horror, en Apocalypse Now. Realiza análisis ricos e interesantes de Drácula, de Bram Stoker (que reivindica frente al mal acogimiento que tuvo en su momento de la crítica y la defiende como una historia de amor fou), se muestra partidario (y estoy totalmente de acuerdo) de mostrar El Padrino III como pieza muy importante y cierre perfecto de la trilogía y despierta las ganas de volver a disfrutar de la riqueza y complejidad de La conversación.

Del cine del ruso Tarkovski (Andréi Tarkovski: Evidencia de los sueños) hace un canto a su manera de emplear el tiempo en sus largos planos y centra la peculiaridad de su cine en la manera de presentar los sueños o lo onírico en sus películas sin que el espectador llegue a distinguir de manera clara dónde empieza el sueño y termina lo real o viceversa. Y la angustia que puede crear (o el extasis y entrega a su obra cinematográfica) no saber si lo que se está viendo es el mundo del sueño o el mundo real.

Con Ingmar Bergman (Ingmar Bergman: catástrofes y contratiempos) se realiza un recorrido por muchas de sus películas para demostrar su versatilidad para contar sus historias y temáticas. Su ‘dedicación’ a las trilogías… y el gran leitmotiv de su obra, para el filósofo: en todos los géneros que toca sus personajes rondan o actúan ante una catástrofe (amenaza) o un contratiempo que da un giro a sus vidas… Así habla de desdoblamientos, espejos, marionetas, locuras, sueños y otros asuntos que pasean por cada una de sus películas.

Y, por último, escribre sobre el universo de David Lynch (David Lynch: Ciudades y avenidas de la libido). Trías reconstruye su obra cinematográfica dando marcha atrás. Parte de su último largometraje, Inland Empire hasta llegar a Cabeza borradora (y más atrás) para reconstruir el puzle de la creación artística del director que pulula entre lo bello y lo siniestro. Y realiza una defensa a una de las películas más denostadas de Lynch, Twin Peaks, fuego camina conmigo (1992) y me despierta las ganas de verla (algo que nunca he hecho… fui una de las seguidoras de la serie).

Cierro las páginas de un libro que he disfrutado. Y pienso en cómo Trías sigue ahí en su última obra proporcionando a sus lectores un montón de aventuras y extravíos que conducen a otros universos, creaciones, posibilidades y mundos.

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Jean Seberg, la cazadora solitaria…

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… érase una niña de cabellos dorados de Iowa que se convirtió en Santa Juana de Hollywood y terminó siendo mártir muriendo sola y olvidada en un coche…

Apenas acabo de volver a leerme Diana o la cazadora solitaria de Carlos Fuentes (Punto de lectura, 2006) donde el novelista se desnuda al completo y narra los dos meses pasados junto a la actriz a la que convierte en personaje literario. Jean Seberg es Diana Soren.

… es una novela que me apena y fascina a la vez pero donde Carlos Fuentes es tan transparente que me parece cruel. No tiene reparo alguno en escribir todos sus defectos como persona por eso su relato exuda autenticidad. Por eso Diana Soren se convierte en personaje triste y atrayente. No sé si a Jean Seberg le hubiesen gustado estas páginas… pero lo que es cierto es que Fuentes logra plasmar la radiografía de una época de desencanto que fue del mayo del 68 cuando parecía que el mundo podía cambiar a la muerte de las revoluciones con la destrucción de una mujer contradictoria, vulnerable y frágil, Diana Soren. Convierte a Jean Seberg en símbolo y leyenda trágica.

La novela transcurre en el tiempo de un rodaje… cuando Jean Seberg se encontraba en México rodando un western. En el libro no viene de qué película se trata. Y a los integrantes del reparto los cambia de nombre. Pero indagando en su filmografía la película que rodó en México fue Macho Callahan y el actor mayor y desencantado que acompaña algunas noches de Soren y Fuentes puede ser Lee J. Cobb.

Entre las páginas queda el retrato de Seberg, un triste retrato, de una mujer que quiso luchar contra titanes y éstos la rompieron en mil pedazos sin piedad alguna… Y que irremediablemente todos los hombres con los que se relaciona terminan haciéndola daño… y ella también (porque a todos les asusta una mujer libre). Quiso volar con los nuevos tiempos pero el viejo orden siempre gana.

… Ficción y realidad. Su relación con los Panteras Negras, con su esposo el novelista Romain Gary, con su amante Carlos Fuentes, la persecución que sufrió por parte del FBI (no todo eran paranoias), con otros hombres entre ellos un Clint Eastwood que terminó desencantándola… Su mirada como actriz fracasada. Jean Seberg, cazadora trágica además de solitaria. Exiliada de la vida.

Pero Fuentes también se desnuda. Y ahí hay que reconocer cierta justicia poética. La desnuda a ella pero se desnuda él. Y el relato es desgarrador. Pero a mí se me hace un hombre duro, a veces injusto… pero desde luego sincero y con sentido de autocrítica. Así sale reflejado su México, sus pensamientos e ideologías, sus reflexiones, su relación con la literatura y con otros intelectuales (surge en un momento dado hasta Luis Buñuel)…

Buenos días, Jean

… No tiene una filmografía amplía ni todos los títulos son reseñables. Algunas de sus películas son difíciles de ver. Aunque empezó de la nada, sin apenas preparación, como una estrella… la crítica no fue muy amable. Surgió de un casting de miles y miles de muchachas para alzarse con el papel de Santa Juana, quemada en la hoguera y para trabajar con un director que era muchas cosas menos dulce… pero confió en el pontencial de su cara de ángel. Después sus problemas emocionales y mentales hicieron que rechazara muchas oportunidades que le hubiesen permitido una carrera llena de buenos títulos. Aun así los tuvo. La rubia de Iowa destacó… y se convirtió en leyenda al otro lado del charco por obra y gracia de un grupo de cineastas franceses apasionados, de la nueva ola.

Así de ser Santa Juana pasó a ser la heroína joven y trágica de otra película de Otto Preminger que a mí me gusta mucho, Buenos días, tristeza. La adaptación cinematográfica de la novela de François Sagan. Jean Seberg se convirtió en Cécile, la adolescente que siembra la discordia con gotas de maldad inconsciente por miedo a crecer y perder el amor y el tipo de vida que lleva con su padre…

Más tarde Jean Luc Godard la convirtió en leyenda como reina del Nouvelle Vague en Al final de la escapada. Y ya es icónica esa imagen de una rubia con pelo corto, pantalones de pitillo negro y niki blanco vendiendo el periódico por las calles de París.

Después en 1964 realiza la única película de la que se sintió orgullosa en Hollywood. Una trágica y hermosa historia de una esquizofrénica, Lilith de Robert Rossen. Ahí Lilith hermosa y creativa con problemas de salud mental se rompe más en pedazos cuando establece una relación con un hombre más fragmentado y roto que ella, un jovencísimo Warren Beatty. Al final se convierte en un amor destructivo… para ambos.

También guardo cariño del extraño trío que protagoniza La leyenda de la ciudad sin nombre, un extraño musical que de extraño se convierte en especial con Seberg entre Lee Marvin y Clint Eastwood, dos hombres libres (pero asustados ambos al descubrir a alguien más libre… ella).

Su filmografía tiene más títulos pero señalo sólo los que he visto… y ya a través de sus películas se descubre a la frágil chica de cabello rubio de Iowa que quiso volar y no pudo…

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La escandalosa señorita Pilgrim de Frederica Sagor Maas (Seix Barral, 2013)

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George Seaton dirigió en el año 1947 un musical que contaba con el beneplácito del productor todo poderoso de la 20th Century Fox, Darryl Zanuck, deseoso de proporcionar vehículos a su nueva mimada estrella y mina para las taquillas, Betty Grable, una rubia pizpireta y nueva reina de los musicales. Entre los argumentos originales que pululaban por sus archivos acumulaba polvo uno de los “Peces Globos” (“obras creativas que nunca vieron la luz del día”) del matrimonio formado por los guionistas Frederica Sagor Maas y Ernest Maas. Una historia que habían trabajado y mimado sobre una mujer que entra en el mundo de los negocios, un terreno dominado por los hombres, una tragicomedia como la vida misma. El argumento nació en 1941 y vio la luz años después en una sala de cine donde el matrimonio comprobó desolado lo que era una práctica habitual de Zanuck: tomaba un argumento original de los archivos y lo ‘reescribía’ a su gusto. Lo que quedaba era otra cosa que nada tenía que ver con la idea original. Un musical con una historia poco original y sí muy convencional para exclusivo lucimiento de la estrella. Una nueva desilusión para el matrimonio Maas. Sí, aparecían en los créditos de La escandalosa señorita Pilgrim (The Shocking Miss Pilgrim, 1947) “basada  en una historia de Ernest y Frederica Maas” pero no reconocían nada de su idea original…

El título de esta película es también el título de las memorias de Frederica Sagor Maas (1900-2012). Ya anciana contó sus vivencias en Hollywood desde el periodo mudo hasta el final de los años cuarenta cuando su esposo Ernest y ella (sobre todo ella) abandonan de manera desoladora y dramática el mundo del cine totalmente arruinados (también mentalmente). Y son unas memorias que presentan una mirada desencantada, cínica y sagaz de una mujer que conoce bien las entrañas de la industria de las estrellas y cómo devora un montón de personas y sueños sin compasión alguna.

Con un estilo directo Frederica repasa su vida en Hollywood y deja una radiografía apasionante pero desoladora. Cuando cierras el libro, al lector le queda un poso de melancolía porque Sagor Maas no escatima información valiosísima que muestra el otro Hollywood, un Hollywood cruel y devorador que condena al olvido a aquel que fracasa o bajan del carro sin miramientos porque no sigue ciertas premisas. Un Hollywood lleno de sacos rotos de sueños que se desprenden. Pero el valor además es que en sus páginas no hay lamento o victimismo sino un relato perfectamente objetivo y periodístico (deja entre sus páginas un maravilloso argumento para una buena película, un guion maravilloso, para dar otra vida a un ‘argumento robado’, La escandalosa señorita Pilgrim). Un relato a ratos divertido, chispeante, en otros cruel y dramático y entre líneas la historia de un desencanto continuo y la narración de una historia de amor entre Frederica y su esposo, con sus altos y bajos. Un hombre y una mujer que se convirtieron en cómplices, en compañeros de trabajo y que lucharon ambos toda la vida por hacerse valer en un mundo laboral que les tendía continuas trampas, pero era el trabajo que amaban… una declaración de amor con sus luces y oscuridades. Es imposible que no toque la fibra sensible del lector apasionado por el cine.

Por las páginas de La escandalosa señorita Pilgrim, Sagor Maas nos habla de cómo se construían las carreras de Clara Bow y Norma Shearer. De la transformación de una chica vulgar en Joan Crawford. De los inicios de directores como William Wyler o Josef von Sternberg. De las dificultades de Erich von Stroheim. De estrellas que cayeron en olvido y miseria como Mae Murray. En las encarnizadas luchas entre estudios y también en la escala de poder de algunos productores y su caída al vacío. De las rencillas, envidias y zancadillas en un competitivo ambiente laboral. De las adicciones al alcohol y las drogas. De las fiestas que terminaban en orgías. De las promesas rotas. De los proyectos que no llegaban nunca a ver la luz. De cómo un Hollywood intelectual y comprometido con distintas causas terminó en una lista negra… Y de fondo su historia íntima y familiar pasando por acontecimientos históricos como el crack del 29 y los años de la Depresión, la muerte de Rooselvet o cómo afectó la Segunda Guerra Mundial.

Las memorias de Frederica Sagor Maas se convierten en una lectura apasionante. Son la crónica oscura de un Hollywood que fabrica sueños pero que devora muchas vidas para ello… Así en ese musical en que se convirtió La escandalosa señorita Pilgrim se esconden las luces y las sombras de ese Hollywood. La estrella mimada Betty Grable cedería pocos años después su trono de rubia sexi a Marilyn Monroe en Cómo casarse con un millonario en el año 1953. Grable no tuvo precisamente una vida de color de rosa ni fue un paraíso su paso por la 20th Century Fox como tampoco lo fue el de su sucesora. Nada de esto sabían ambas cuando una era la primera estrella de La escandalosa señorita Pilgrim y la otra, sin acreditar, aparecía en un pequeño rol en dicha película.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

10 razones para amar Atrapado por su pasado (Carlito’s way, 1993) de Brian de Palma

… siempre vuelvo una y otra vez a la historia de Carlito Brigante

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Razón número 1: flash back antes de morir

… Carlito’s way comienza con una secuencia en blanco y negro donde vemos cómo disparan a un hombre al intentar subirse a un tren. Así le acompañamos en su agonía. Sabe que ha llegado la hora. Que va a cerrar los ojos para siempre. Y piensa. En todo el traslado a urgencias, donde van pasando frente a sus ojos distintas personas, su mirada se fija en un cartel a todo color con un mensaje, escapar al Paraíso. Así empieza uno de los flash backs más largos y melancólicos del cine de los años 90. Carlito’s way es un flash back antes de morir de un mafioso que recuerda cómo trató de redimirse, de huir de su vida pasada, de escapar al paraíso. Cuenta la historia de una redención.

Razón número 2: Carlito Brigante

Carlito Brigante es Al Pacino… y es imposible (o por lo menos para la que esto escribe) imaginar otro. Con su gabardina de cuero negro, sus gafas oscuras, su barba y su pelo negro. Su voz susurrante. Su sonrisa y su mirada. Su manera de andar. Sus botas con un poco de tacón, a la moda de los setenta. Su aire hortera. Sus cicatrices. Sus silencios. Su código de la calle y la supervivencia. Su cansancio. Sus ganas de seguir soñando. El mafioso convertido ahora en un héroe perdedor traicionado por todos. Su lucha por aferrarse a un sueño a toda costa. Su instinto de supervivencia. El hombre enamorado. Amigo de sus amigos. Carlito que renuncia a un pasado que se niega a despegarse de él. Su vida convertida en una carrera vertiginosa hacia la muerte…su conciencia de que alguna vez tiene que dejar de correr porque se está quedando sin batería… Mirar a un joven capo, Benny Blanco del Bronx (su desgracia), saber qué es él cuando tenía menos años y menospreciar ese pasado y esa forma de ser… (a nosotros, los espectadores, también nos cuesta pensar que fue alguna vez así…, lo fue). Encontrarse en la oficina de su discoteca, mirando todo lo que ocurre, y venirle a la cabeza al héroe cinematográfico representado por Humphrey Bogart, como si se encontrara de nuevo en el Rick’s café.

Carlito Brigante es un personaje de novela que nació de la mente de un juez de la corte suprema de Nueva York, Edwin Torres. Su familia llegó de Puerto Rico y vivió en barrios marginales de Manhattan. Se sirvió de sus conocimientos y experiencia en el mundo criminal para escribir dos novelas donde su protagonista de ficción era Carlito Brigante… que en pantalla adquirió los rasgos de Al Pacino que corría y corría en un universo creado por un vertiginoso Brian de Palma.

Razón número 3: Una historia de amor

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Y todo héroe perdedor que  se precie oculta un hombre enamorado. Se aferra al rostro de la mujer amada. A aquella que le mirará siempre igual. Que le conoce y le espera. Aquella a la que alguna vez rompió el corazón… pero por él mismo. Porque no podría soportar estar encerrado en una prisión (treinta años de condena, aunque al final se quedan en cinco) y no saber dónde se encuentra ella.

Carlito Brigante, el mafioso, el hombre duro de las calles, antes de ir a prisión anduvo enamorado de una bailarina que soñaba con triunfar en Broadway, Gail (una dulce Penelope Ann Miller). Después de cinco años vuelve a buscarla porque en la discoteca se fija en una chica que baila igual que ella. Y ahí está Gail que vuelve a mirarle igual. Con sus sueños rotos pero luchando… y que como Carlito, vuelve a ilusionarse

Brian de Palma nos regala una escena de amor, de esas que son dignas de una colección. Carlito sigue a su bailarina en un día de lluvia. Ésta entra en un portal para dirigirse a una clase de ballet clásico. Carlito ve que hay una azotea en el edificio de enfrente y que además están entrando unos vecinos y va corriendo. Sube a la azotea y se cubre de la lluvia persistente con una tapa de basura… y mira en el edificio de enfrente a través de la ventana a Gail bailando… suena El diálogo de las flores de Lakmé. Pero ésta no será la única escena donde hay un romanticismo latente y doloroso abocado al fracaso.

Razón número 4: Los amigos de Carlito Brigante

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El abogado amigo de la juventud del mafioso que ahora se ha convertido en otro gánster adicto a la heroína y que ha perdido la cabeza y el norte. Carlito sería capaz de todo por él. Capaz de todo por ese abogado judío (increíble Sean Penn) al que quiere con todo el alma pues le siente como mejor amigo. Le agradece estar fuera (pues ya se sentía un muerto en vida en prisión)… pero todo el mundo traiciona. Pachanga (Luis Guzman), el guardaespaldas, el chaval que siempre ha habitado en el barrio y que también tiene un exaltado instinto de supervivencia…, trabaja para quien tiene poder porque ese poder le va a mantener vivo. Lalin (hermoso Viggo Mortesen), un antiguo compañero de andanzas en los buenos tiempos de la heroína (ahora el reino de la droga es para la cocaína), que terminó con una bala en la espalda, la cárcel y una silla de ruedas… convertido en un chivato porque en silla de ruedas en la cárcel no eres nadie. Benny Blanco del Bronx (John Leguizamo), un joven puertorriqueño que sueña con ser otro Carlito Brigante al que admira como una leyenda pero termina odiándolo pues su sueño no sólo reniega de él sino que le humilla constantemente… Y él también sabe de supervivientes, de la ley del más fuerte, de luchas de poder y traiciones… El joven primo Guajiro, que estudia pero también trapichea que quiere presumir de tío que es una leyenda con unos ‘que son amigos de verdad’, unos amigos que no dudan en exterminarle de manera brutal y que no respetan ni leyendas ni pasados. Viejos gánsteres y esbirros que se encuentran al acecho de Carlito, vigilando todos sus movimientos, que no tendrán reparo alguno en eliminarle para seguir vivos en la jungla de asfalto…

Razón número 5: You are so beautiful

Joe Cocker canta con su voz rasgada y grave You are so beautiful… que suena entera en créditos finales y nos deja con un triste sabor de boca. Porque a Carlito sólo le queda soñar con un futuro que no vivirá donde Gail y su hijo quizá hayan alcanzado el Paraíso. Le hubiera gustado estar con ellos. Y la melancolía se apodera de toda la narración cinematográfica porque no deja de ser la historia sobre un sueño que se escapa para siempre… You are so beautiful…

Razón número 6: Años 70…

Y Carlito’s way nos trae los años setenta norteamericanos de los bajos fondos. Unos setenta plagados de desencantos, sueños rotos, drogas, sexo, alcohol, supervivencia y música para olvidar un mundo donde campa la delincuencia. Unos años setenta que llevan sus protagonistas tatuados en la indumentaria, en la discoteca Paraíso, en la música que escuchan y en la que bailan…

Razón número 7: Corre, Carlito, corre

Brian de Palma vuelve a hacerlo. Rueda cine. Domina el tempo, el ritmo y se muestra virtuoso y brutalmente visual en sus escenas de acción. Juega de manera magistral con el suspense y nos graba sus escenas en la memoria. Así la carrera con final trágico que hace correr a Carlito no cesa. Desde que entra con su primo Guajiro en ese billar de mala muerte al principio de la película, pasando por el rescate al mafioso en la cárcel- isla (que es prácticamente una pesadilla) a ese final magistral que comienza en el momento que Carlito vuelve a la discoteca Paraíso para recuperar su dinero y poder llegar a coger el tren con Gail para huir definitivamente del barrio… Toda esa secuencia final se encuentra llena de momentos geniales, no deja descanso ni a Carlito ni al espectador, para llegar al principio de la historia y devolvernos toda la tragedia de esa primera secuencia en blanco y negro.

Razón número 8: La redención de un perdedor…

Porque Carlito’s way no es más que la historia de un perdedor que reflexiona en los últimos momentos de su existencia. Y que envuelve toda su historia en un halo de melancolía, tristeza y desesperanza. Porque sabemos que no alcanzará su sueño… Y eso hace que su historia sea especial y que sepamos desde el principio que Brigante pierde. Que no llega a la meta…

Razón número 9: El Paraíso

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Y el sueño de Brigante siempre está presente. Desde ese cartel publicitario que dice o anuncia una escapada al paraíso. O cómo bautiza a la discoteca que le conseguirá el dinero para alcanzar su sueño, El Paraíso. Y ese sueño que siempre que lo cuenta provoca risa, el irse a una isla y alquilar coches. Un sueño que comparte y que imagina al lado de esa mujer soñada que no es otra que una bailarina… Y esa bailarina se cree el sueño porque ella ya odia el suyo porque la vida golpea. El mafioso y la bailarina se unen para escapar al paraíso y casi lo consiguen. Ahí está esa puerta con cadena que romperán para estar juntos o esos espejos que los reflejan… y los convierten en sueños inalcanzables.

Razón número 10: Sueños rotos

Pero al final toda la narración cinematográfica se convierte en un sueño roto de un hombre al que han disparado a muerte y se debate entre mantenerse lúcido o cerrar los ojos para siempre. Está tan cansado… La carrera ha terminado y se ha quedado sin batería.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Una película para mi amigo Juantxu

 

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Siempre digo que no creo en milagros ni en cielos… que sólo me los creo en el cine. Ahora me viene a la cabeza una olvidada película, Liliom de Fritz Lang, donde su protagonista va al cielo. En ese cielo, quien llega puede ver la historia de su vida en una película y también la de los seres queridos en una enorme pantalla blanca.

En ese cielo está mi amigo Juantxu. Ahí se marchó el 15 de mayo. Siempre protector nos mira a cada uno de nosotros que todavía no nos creemos su pérdida y como espectador sabio va reconduciendo nuestras emociones. Así buscamos fotografías y recuerdos. Rebobinamos la película y vamos creando una donde el único protagonista es él.

Una película que podremos ver una y otra vez. Rebobinar hacia delante y hacia detrás. A Juantxu le gustaba el optimismo, la risa, los buenos momentos… por eso se rodeaba de buena literatura, buen cine, buena música (y si había posibilidad de baile mejor que mejor), buena comida con tertulia… Yo creo que querría que todos dirigiéramos una película donde rebosase la risa, la buena gente, los proyectos bonitos, los animales de compañía fieles, amigos incondicionales, la familia querida, fiestas apoteósicas, los viajes a lugares hermosos…

Lola, su perra fiel, corre por la playa de los Genoveses (su Almería amada)… detrás aparece mi amigo Juantxu… como en una escena que él amaba. La de Omar Sharif acercándose a lo lejos en ese desierto inmenso en Lawrence de Arabia.

Juantxu, el hombre discreto, íntimo y protector. Era de los que sabía escuchar. Amigo fiel también sabía de silencios. Le gustaba el recuerdo y la memoria. El hombre con paciencia. El que siempre cuidaba y quizá olvidaba que también podía ser cuidado.

En uno de sus últimos whatsapps me escribió “vete seleccionando películas que merecen la pena para cuando salga del hospital”. Así que yo sigo seleccionando películas que merezcan la pena… porque en ese cielo que él está, me he enterado que llegan todos los estrenos.

Recuerdo en varias de las últimas conversaciones que mantuvimos, intensas, que me decía que para su larga espera para recuperar su salud (tenía un corazón con una dolencia anómala… pero el otro —el que su familia y sus amigos conocen— lo tenía enorme y rebosante de salud, se le salía por los cuatro costados y no le cabía en el pecho) la sala de cine había sido uno de sus refugios favoritos. Que había sido muy feliz viendo historias a través de imágenes. Porque a mi amigo Juantxu le encantaba que le contaran historias y también contarlas él.

Cinco de sus amigas fuimos a una fiesta que él por supuesto estaba requeteinvitado (la fiesta memorable era el cumpleaños de mi señora madre que cambiaba de década… y eso siempre hay que celebrarlo). El gran evento se celebró a principios de abril. Pero le ingresaron en el hospital y no pudo acudir. Nos dijo que quería estar presente. Y con los whatsapps hubo intercambio de fotografías y frases. Elaboramos una película especial donde no hubo ausentes. Y como siempre cuidando y protegiendo: “Mis niñas, qué alegres están. El solecito lo he puesto yo”. Y os juro que yo me lo creo. El sol lo puso él.

Me viene a la cabeza la última película que vimos juntos. Aunque no se encontraba muy bien, él seguía luchando siempre optimista (valiente muy valiente), sin quejarse nada, y disfrutando al máximo de aquellas pasiones que amaba. Y compartiéndolas. Porque se comía la vida a bocados. Así que los dos nos fuimos a ver Los Croods (adoraba el cine de animación) y nos lo pasamos tan bien… Le encantó. Y yo siempre recordaré a su protagonista Grug… creativo, tierno, dulce, cuidando siempre de los suyos, protegiendo, con mucho carácter y personalidad, divertido… con las mismas cualidades que me entusiasmaban de él.

Así que mi amigo Juantxu nos dejó el día 15 de mayo… pero su película continúa y no hay títulos de crédito finales… Su película continúa porque no hay olvido. A lo mejor se ha encontrado ya con mi padre (Juantxu también me contó que se acordaba de mi padre y una conversación que tuvieron los dos cuando mi padre sabía que se marchaba a ese cielo inventado) y están ahora riéndose a carcajadas viendo alguna película divertida o disfrutando alguna de hombres duros y mamporros.

Sus niñas, como nos llamaba, nos hemos quedado un poco huérfanas pero estamos dirigiendo esa película que no termina… Ahora mismo estamos con él, al solecito. Con gafas oscuras. Nos reímos bastante.

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Amistad, el último toque Lubitsch de Samson Raphaelson (Intermedio, 2012)

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¿Cómo llegas a un libro? Este mes de abril me compré como todos los meses la revista Caimán. Cuadernos de cine. Me la leo poco a poco. La saboreo. El otro día 23 de abril fue el día del libro y me dije que me apetecía regalarme uno. Y entonces acudí a la revista a su sección de libros de cine, y ahí estaba una reseña pequeñita que enseguida llamó mi atención.

Ayer estaba en una libreria y me acordé del libro. Pero no me acordaba del título ni la editorial. Sólo que en la portada salía la palabra Lubitsch. Me dije: voy a intentarlo. Pregunté a una librera y le comenté que si conocía un libro pequeñito que había salido hace poco sobre Lubitsch. No dudó ni un instante (me encantó) y me dijo solícita: sí, un libro pequeñito y azul. Sííí. Se fue a la estantería adecuada y me lo dio.

Y el enamoramiento fue inmediato.

Ayer paseé mucho. Y en mi paseo, con el peligro evidente de chocarme con farolas, personas, otro tipo de mobiliario urbano…, me metí de lleno en la lectura. Y ya no pude parar. Llegué a casa, me senté y seguí hasta el final.

Amistad, el último toque Lubitsch de Samson Raphaelson se convierte así en un libro imprescindible. En un testimonio fascinante. Según iba leyéndolo, iba imaginándome una película genial en la pantalla blanca.

Y ¿qué nos cuenta este libro? realizado, sin duda, con dosis cariño. Una historia emocionante entre dos personas: el director Ernst Lubitsch y el dramaturgo y guionista Samson Raphaelson. Su relación profesional y personal comenzó a principios de los años treinta y terminó cuando Lubitsch murió. Durante su relación profesional surgieron los guiones de Remordimiento, El teniente seductor, Una hora contigo, Un ladrón en la alcoba, La viuda alegre, Angel, El bazar de las sorpresas, El diablo dijo no y La dama de armiño. Y de esa relación profesional mágica surgió una de mis películas favoritas del realizador y película favorita en general, El bazar del las sorpresas.

Así que sumergirse en ese retrato sencillo y sincero que realiza Samson Raphaelson (en el momento que lo escribió era ya un hombre anciano) de su relación con el director es una auténtica gozada. Porque surge una radiografía con mucha alma de dos hombres. Como si se tratara de un relato corto surge genial ese último toque Lubitsch… porque a partir de una anécdota Raphaelson cuenta las claves de su relación. Y nos deja a un Lubitsch humano, tremendamente humano.

No quiero destripar (porque creo que es más bonito leerlo desde la sorpresa) cuál es la anécdota narrada, ese último toque pero sí advertir que seguro se convierte en un libro de cabecera. Y que los que amábamos a Lubitsch le amaremos más a partir de este momento y los que le desconocen me parece una manera maravillosa de encontrarse con él.

También es un descubrimiento precioso de otra persona, el propio guionista Sam Raphaelson (responsable de la obra teatral que sería la base argumental para la primera película sonora de la historia, El cantor de jazz).

El libro está acompañado además de un revelador y original Glosario innecesario escrito por Pablo García Canga (responsable también de la traducción del texto de Raphaelson) que está lleno de historias de ese Hollywood pionero y apasionante.

… Con Amistad, el último toque Lubitsch de Samson Raphaelson me hice un buen regalo.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.