… esta adaptación cinematográfica de El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde de Robert Louis Stevenson transforma esta novela de interpretaciones complejas en un cuento visual de terror victoriano. Pero además su director Rouben Mamoulian realiza una película formalmente innovadora y convierte en un deleite su visionado.
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Su milagro de amor (The enchanted cottage, 1945) de John Cromwell
Son diversos los caminos que pueden llevar a una película. Uno de ellos puede ser la lectura de una novela, El beso de la mujer araña de Manuel Puig. Ahí, en una celda, Molina, un preso común y homosexual, trata de crear un universo propio y un espacio especial con su compañero, preso político, Valentín. Molina se sirve de argumentos de viejas películas que les haga evadirse de una realidad cruda… pero a la vez está tejiendo una historia real de amor y tragedia. Hay una que recuerda pero no cuenta a su compañero de celda, y no es más que una especial declaración de amor (y una explicación de lo que en realidad está haciendo con sus narraciones). Molinita trata de transformar la realidad en la que vive, conseguir transfigurar la mirada. La suya y la de Valentín. Y para ello se sirve de los recuerdos que tiene (perfectos) de una película de John Cromwell, Su milagro de amor. Una historia sobre un pianista ciego que a través de una pieza musical que ejecuta con su piano… trata de contar la extraña y hermosa historia de Laura y Oliver… en una casa encantada.
Centenario de Orson Welles (7). El extraño (The stranger, 1946) de Orson Welles
… El extraño puede ser la historia de un reto. Orson Welles quiso demostrar que podía llevar a cabo una película de encargo, con el presupuesto y el tiempo estipulado. Ya cargaba sobre sus hombros la fama de niño terrible que había hecho una ópera prima brillante (Ciudadano Kane), había tenido problemas y conflictos para llevar a cabo El cuarto mandamiento (y no pudo realizar la película soñada por él…, otra de las tragedias de su filmografía) y además ya tenía un proyecto cinematográfico inacabado (la eterna desgracia de su obra fílmica), It‘s All True. Así que ahora le tocaba una película que siguiera los estándares del sistema de estudios. Que demostrase que podía ser un director dentro de la industria hollywoodiense. Y ese fue el encargo de un productor, que por otra parte siempre arriesgaba, Sam Spiegel. La película fue El extraño. No solo tenía un productor, sino un presupuesto, unos tiempos estipulados, unas estrellas impuestas (y una de esas estrellas sería él mismo en el papel protagonista)…
Conspiración de silencio (Bad Day at Black Rock, 1955) de John Sturges
Un tren en un paisaje casi desértico que se para en un pequeño pueblo, como abandonado a su suerte. Un hombre mayor y de negro con un solo brazo que desciende (Spencer Tracy)… Así empieza Conspiración de silencio de John Sturges. Con ingredientes de western (en una película que pronto descubrimos que no es puramente de este género). Los primero que sabemos es que hace unos cuatro años que el tren no para en esa estación, que el hombre manco solo va a estar 24 horas, que busca a un granjero japonés que se llama Komaco y que no es nada bien recibido… Nos enteramos también que acaba de terminar la Segunda Guerra Mundial… Así los ingredientes de western tardío se van tintando de suspense e intriga. Y todo con buen ritmo y pulso, no dejando descanso a la atención del espectador.
Amor al cine. Lejos del cielo (Far from heaven, 2002) de Todd Haynes / Yo, él y Raquel (Me & Earl & the dying girl, 2015) de Alfonso Gómez-Rejón
A qué me refiero con amor al cine. Hay obras cinematográficas que cuentan historias pero a la vez son un homenaje explícito a las películas, una canción de amor al cine. A continuación en esta sesión doble (con propina-sorpresa) se proponen tres maneras de amar distintas pero que emocionan.
Para explicarme mejor, algunos ejemplos. En Voces distantes o El largo día acaba de Terence Davies vemos cómo el director recrea y ficciona sus recuerdos infantiles a través del cine. Así en ambas películas son de suma importancia la sala, como vía de escape; las bandas sonoras que también forman parte de la memoria sentimental o aquellos documentos sonoros de diálogos de películas que podían marcan para siempre o aquellos carteles en las marquesinas que ya contaban una historia… Woody Allen es otro director que refleja varias veces su amor al cine. Siempre en sus películas hay una proyección, una sala de cine, una cola delante de un cine, una emisión de una película clásica en televisión…, e incluso a veces los personajes cinematográficos cobran vida y salen de sus pantallas… Así el cine en Allen impide suicidios, da sentido a la vida y se convierte en refugio… Son distintas maneras de hacer una película, contar una historia y además realizar también una declaración de amor al cine.
La propina-sorpresa viene de la mano de Stanley Donen y su Movie, movie (1978) que canta su amor a aquellas sesiones dobles de los años treinta que hacían más fácil la Depresión en EEUU.
Ran (Ran, 1985) de Akira Kurosawa
Ran de Akira Kurosawa es de esas películas que permiten un análisis profundo y rico. El director japonés se inspiró en una obra de teatro occidental (El rey Lear de William Shakespeare) y la tiñe de su universo de cultura e historia japonesa. Kurosawa consigue una interesante y extraña fusión (cine, teatro shakesperiano, teatro japonés y un estudio pormenorizado y detallista de la historia de Japón del siglo xvi) para crear, a través del reflejo del caos, las consecuencias nefastas del poder, la violencia y la venganza. Kurosawa convierte la tragedia shakesperiana en más extremista…
Voces distantes (Distant voices, still lives, 1988) de Terence Davies
Cómo construir el recuerdo y la memoria… Terence Davies recrea, fantasea y convierte en ficción su universo familiar de manera especial y personal en Voces distantes. Retazos e impresiones. Reconstruye a través de las dos pasiones que le aferraron a la vida en momentos duros (como a muchas personas de su generación): las canciones y el cine. La memoria nunca es cronológica. Años 40 y 50 de una familia obrera católica en Liverpool a través de momentos, de retazos… Contrastes. Un cuadro que sufre innumerables alteraciones que manifiestan recuerdos de los protagonistas. Pentimento, arrepentimientos…
Buscando chispas en estrenos de cine descafeinados…
Ristra de estrenos veraniegos… y la cartelera ha sido algo descafeinada (seguro que me he perdido tesoros que no he podido abarcar). He visto bastantes películas pero ninguna redonda. He tenido que buscar las chispas. No he vibrado ante ninguna de las que he visto. Pero en todas…, algo se vislumbraba. Estas son las chispas. Animales de compañía que significan mucho más, familias desestructuradas que se estructuran, soledades, amores tardíos, segundas oportunidades, supervivencia, miedos profundos, muerte, luz al final del túnel, actores que iluminan o llenan la pantalla, directores que siguen su estela… Y de propina dos antecedentes.
Vivamos de nuevo (We live again, 1934) de Rouben Mamoulian
Ochenta y cinco minutos de película logran traer a la memoria la esencia de una novela de seiscientas cincuenta y siete páginas (la leí hace unos cinco años y los fotogramas han logrado devolverme algunas ideas olvidadas). Vivamos de nuevo es la adaptación cinematográfica de la última novela de Tolstói (y también una de las más desconocidas del autor), Resurrección. Igual de olvidada se encuentra esta interesante y sorprendente película de Rouben Mamoulian. Director de una elegancia visual especial y también relegado a los últimos puestos en el olimpo de grandes realizadores, bien al fondo…
Terror cotidiano. La tercera víctima (Cat and mouse, 1974) de Daniel Petrie
Hace poco comentando El héroe anda suelto de Peter Bogdanovich, exponía cómo el cine de terror (más expresamente según el modelo Hollywood) había ido evolucionando de aquellos monstruos entrañables de los años treinta –que poblaban nuestros sueños pero eran claramente pesadillas lejanas, podíamos incluso tomarles cariño porque eran las representaciones de nuestros miedos más profundos–, hasta llegar a un terror cotidiano más esquivo, irracional, amenazante, inevitable e incomprensible que empezó a vislumbrarse a principios de los sesenta con continuación en los setenta. Era una especie de reflejo del desencanto de una época con convulsiones políticas, sociales y bélicas, del fin de la inocencia de esa artificial american way of life y la inmersion en la cara oscura, de cambios en la vida cotidiana y en la forma de mirar y entender el cine así como el fin de la censura. Así La tercera víctima, interesante thriller con gotas de terror de los años setenta (en algunas fuentes he visto que se realizó para televisión pero también que se estrenó en algún que otro cine y es una coproducción con Gran Bretaña), sigue dibujando ese terror cotidiano que tiene como protagonista a una persona cercana. Esta vez un introvertido profesor de Biología, con el rostro de Kirk Douglas.







