laterceravictima

Hace poco comentando El héroe anda suelto de Peter Bogdanovich, exponía cómo el cine de terror (más expresamente según el modelo Hollywood) había ido evolucionando de aquellos monstruos entrañables de los años treinta –que poblaban nuestros sueños pero eran claramente pesadillas lejanas, podíamos incluso tomarles cariño porque eran las representaciones de nuestros miedos más profundos–, hasta llegar a un terror cotidiano más esquivo, irracional, amenazante, inevitable e incomprensible que empezó a vislumbrarse a principios de los sesenta con continuación en los setenta. Era una especie de reflejo del desencanto de una época con convulsiones políticas, sociales y bélicas, del fin de la inocencia de esa artificial american way of life y la inmersion en la cara oscura, de cambios en la vida cotidiana y en la forma de mirar y entender el cine así como el fin de la censura. Así La tercera víctima, interesante thriller con gotas de terror de los años setenta (en algunas fuentes he visto que se realizó para televisión pero también que se estrenó en algún que otro cine y es una coproducción con Gran Bretaña), sigue dibujando ese terror cotidiano que tiene como protagonista a una persona cercana. Esta vez un introvertido profesor de Biología, con el rostro de Kirk Douglas.

Del señor Anderson solo sabemos que se encuentra como en una especie de estado de shock cuando ha sido recientemente abandonado por su esposa (Jean Seberg, en su penúltima aparición cinematográfica) y el hijo de esta (al que siempre había tratado como su propio hijo y por el que está obsesionado). Esta va a empezar su nueva vida al lado de otro hombre, del que no solo está enamorada sino que también cuenta con una buena posición económica, y ha conseguido no solo el divorcio sino quedarse con el niño. También nos informamos de que es un hombre gris al que sus alumnos llaman ratón por su retraimiento, timidez, sensibilidad y posible cobardía. Y de pronto, ante el derrumbamiento de la vida feliz que se había construido (de mutuo acuerdo con su exesposa…, había sido un matrimonio que convenía a ambos), rompe con toda su vida, con todos y con todo, y sigue a su exesposa para convertirse en una aparición no solo molesta sino peligrosa… Como se deduce del título original los roles del ratón y el gato se intercambian a lo largo de la película… hasta concluir de la manera más triste y trágica…

Así este humilde y sencillo pero efectivo thriller juega en tres campos: la representación de un terror cotidiano e irracional en la figura de un ciudadano aparentemente normal, la amenaza exterior de una mujer indefensa (o también pareja) que debe defenderse a toda costa de su acosador (en un espacio normalmente reducido y aparentemente seguro como suele ser el hogar) y el nacimiento de un asesino en serie con visos de tragedia. De esta manera esta película sigue la estela y la tradición cinematográfica de varios títulos estrella que recorren varias décadas (de Voces de muerte, Sola en la oscuridad, La semilla del diablo o Perros de paja, de El coleccionista, El fotógrafo pánico o Frenesí a Taxi driver o El asesinato de Richard Nixon… y un amplio y larguísimo etcétera).

Además el disfrute de una pareja protagonista que eclipsa la pantalla y atractiva como Kirk Douglas (que compone de maravilla su señor Anderson) y Jean Seberg (que deja intuir que no es tan víctima como parece sino que su personaje es bastante más complejo de lo que parece), Daniel Petri, un realizador que sobre todo trabajó en televisión, deja buen ritmo y momentos de suspense muy bien construidos, como el de la malograda chica de la lavandería o toda la parte final en la casa del nuevo matrimonio. Sabe contar esta historia.

Interesa también ver ahondar a Kirk Douglas, actor versatil, en su afán por mostrar la cara oscura de sus personajes. Así el señor Anderson es, en realidad, un riesgo más que asumió el actor en este camino, acostumbrado ya a dibujar las profundidades irracionales de sus personajes en títulos carismáticos como El extraño amor de Martha Ivers, Retorno al pasado, El trompetista, Brigada 21, El gran carnaval, Cautivos del mal, El loco del pelo rojo o El último atardecer.

La tercera víctima deja que el espectador se hunda, incómodo, en una historia de terror cotidiano, tremendamente cercano.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.