undiaperfecto

Un día perfecto de Fernando León de Araona es una película imperfecta, aunque ahí reside parte de su encanto, su acierto y desacierto. Al final puede dejar una sensación de frialdad… pero con un poso. Su indefinición en el tono proporciona una ristra de temas interesantes que también se esbozaban en la novela corta en la que se inspira, Dejarse llover de Paula Farias. Entre las breves páginas de la novela se dejaba caer más pesimismo, crudeza y amargura y el director Fernando León en su conversión a fotogramas trata de exacerbar el humor negro, dejar paso a cierta luz o idealismo y restar crudeza de una interesante premisa que esboza: la dificultad de alcanzar una situación de paz y normalidad después de un conflicto bélico especialmente duro y violento (la guerra de los Balcanes).

Los personajes que no existían en papel, los femeninos, son decididamente los más flojos en la ficción cinematográfica, sobre todo bastante más el personaje de Olga Kurylenko (el que pretende pintar un conflicto amoroso-emocional con el protagonista, Mambrú) que el de Mélanie Thierry. Mientras la novela de Paula Farias implica al lector en un monólogo interior de Mambrú, el personaje principal, que deja paso a la lírica y a la metáfora continua; Fernando León opta por el distanciamiento con el espectador, mirar como si fuera un narrador omnisciente pero desapegado, objetivo. La indefinición en el tono es lo que no redondea la película pues León no vuela libre hacia lo irreverente sino que se contiene en todo momento… pero a la vez la dota de un distanciamiento y una frialdad especial que invita a una fría catarsis.

Pero los dos enfoques, el literario y el cinematográfico, pretenden lo mismo: los difíciles caminos para establecer la paz nada más terminar un conflicto. Las huellas del dolor, las heridas abiertas, el miedo, los reveses de violencia, la lista inacabable de víctimas, los intereses de unos y otros, la burocracia kafkiana y los obstáculos para la resolución de los tratados y el desgaste tanto de la gente que ha sufrido la violencia continuamente como de aquellos que tratan de establecer la normalidad (como pueden y con su carga de humanidad, con sus virtudes y defectos, con su mochila de errores y aciertos), la paz.

Para ello se sirve de un grupo de cooperantes formado por Mambrú (Benicio del Toro), B. (Tim Robbins), Damir –el traductor– (Fedja Stukan), Katya (Olga Kurylenko), Sophie (Mélanie Thierry) y el niño tras un balón, Nikola (Eldar Residovic). Un pozo, un cadáver de un hombre orondo y anónimo, una cuerda, un perro furioso, una casa en ruinas con una fotografía y un crudo secreto tras sus muros, vecinos de la zona, dos land rover, dos vacas muertas, un rebaño vivo y la lluvia más canciones y música de fondo son los elementos que redondearán la historia.

Así Fernando León nos sumerge en un día de los cooperantes protagonistas y sus vicisitudes al tratar de sacar un cadáver de un pozo de agua, agua que tienen que emplear las gentes de las localidades cercanas. Y convierte Un día perfecto en una road movie bélica cargada de humor negro (que refleja, como otras veces ha hecho el cine, algo que ocurre en la vida real: cómo el humor es una vía de escape y una especie de medicina en las situaciones más crudas, conflictivas y estresantes). Los personajes se encuentran inmersos en la continua sensación de que poco pueden hacer ante la cadena de obstáculos que se cruzan en su día a día, como si todo su esfuerzo fuera inútil… pero para redondear un “día perfecto” queda una lluvia catártica que ordena el caos ante la ignorancia de sus cansados protagonistas pero que cuenta con la complicidad distante de un espectador que observa… acompañado por las notas musicales de Peter Seeger y su canción Where have all the flowers gone…

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