Después de la tormenta… viene la calma. O en el caso de Ryota (Hiroshi Abe), protagonista de la nueva película de Hirokazu Koreeda, asume el deambular de su vida, su realidad. Y eso le proporciona paz, un camino. Pero Koreeda lo cuenta con tranquilidad, sin prisa. Y con un humanismo que emociona. Una película sencilla sobre sentimientos y emociones complejas. Además Koreeda sigue con uno de los leitmotiv de su trayectoria: la familia. Así se construye una preciosa senda desde Still Walking, que además contaba también con los rostros de Kirin Kiki y Hiroshi Abe (y además como madre e hijo), con paradas en De tal padre, tal hijo, Nuestra hermana pequeña… hasta desembocar en Después de la tormenta. Películas envueltas en melancolía, humor, tristeza, felicidad…
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Las furias (Las furias, 2016) de Miguel del Arco
Las furias es el debut de Miguel del Arco en el cine. El hombre del teatro deja esta vez los escenarios y se sube a la pantalla blanca. Y desata toda una lluvia catártica, una tragedia familiar que termina de manera singular: la familia como cárcel y liberación. Los Porto Alegre se reúnen un fin de semana en la casa veraniega y empieza la tormenta, se desatan las furias y después… la calma. Es curioso, porque podría haber empezado el post igual que el de Agosto (adaptación cinematográfica de la obra de teatro de Tracy Letts, que también ilustra una reunión familiar tormentosa): “Ya lo dijo Tolstoi en Ana Karenina, ‘todas las familias felices se parecen, y las desgraciadas, lo son cada una a su manera’”… y es que muchos de los actores que construyen los personajes de los Porto Alegre también tienen su recorrido en otras familias trágicas de ficción (bien del mundo del teatro, bien del mundo del cine). Lo hermoso es que Miguel del Arco ha dado rienda suelta a sus inspiraciones, y si conoce bien los mecanismos del teatro y se nutre además de la mitología, la tragedia griega y shakesperiana, se empapa también del melodrama cinematográfico desatado. Y crea una película tan especial como Las furias, con voz y personalidad propia, que deja además al descubierto un abanico de buenos actores.
Doblete de cine español. Un monstruo viene a verme (2016) de J.A. Bayona/Que Dios nos perdone (2016) de Rodrigo Sorogoyen
Un monstruo viene a verme (2016) de J.A. Bayona
Patrick Ness partió de una idea original de la escritora Siobhan Dowd para crear una novela corta infantil: Un monstruo viene a verme, que publicó en 2011. La escritora había fallecido en 2007…, tenía cáncer. Los buenos cuentos infantiles son aquellos que transmiten herramientas para que los niños se enfrenten a un mundo adulto duro, y para que puedan entender la realidad que les rodea… a través de la imaginación. Por eso en los cuentos hay miedo, terror, soledad, tristeza, crueldad…, pero también todos sus contrarios. Porque así es la vida. Y a través de los cuentos se crea un camino para entender el mundo en el que se vive. Una de las cosas a las que se enfrentan los niños es a los conceptos de la muerte y de la ausencia, y los sentimientos confusos y contradictorios que estos provocan. Y de eso trata precisamente Un monstruo viene a verme.
Historia de una pasión (A quiet passion, 2016) de Terence Davies
La primera vez que escuché el nombre de Emily Dickinson y algunos de sus versos fue en una película que me impactó en mi adolescencia: La decisión de Sophie. La triste historia de Sophie y Nathan, que crean un universo particular en la habitación de la casa rosa, se abre y se cierra con unos versos de Dickinson: «Haz amplia esta cama, / haz esta cama con prudencia;/ espera en ella el postrer juicio,/ sereno y excelente./ Que sea recto su colchón/ y redonda sea su almohada,/que ningún rayo dorado de sol/ llegue jamás a perturbarla».
Y ya se me quedó el nombre de esta mujer en la memoria. Ahora muchos años después Terence Davies me trae de nuevo a Emily Dickinson (1830-1886) en Historia de una pasión. Y lo que hace es captar a una mujer que ejerció una rebeldía silenciosa hasta terminar confinada en su cuarto vestida de blanco. Porque su alma no era más que suya, de nadie más. Y su alma se expresaba a través de los versos. Emily Dickinson se desnudaba a través de la poesía. Terence Davies logra atrapar la esencia de esta mujer y crea su propio poema en imágenes. En el siglo XX una escritora británica diría: “Una mujer debe tener dinero y una habitación propia si desea escribir ficción”…, esta es una de las citas más famosas de Virgina Woolf (1882-1941) de su ensayo (a partir de varias conferencias de la autora) Una habitación propia. Y es una frase que podría haber escrito siglos antes Dickinson… porque fue en la intimidad de su cuarto en la casa familiar (nunca se casó) donde elaboró su obra y donde ejerció su independencia espiritual (la económica no la consiguió). No fue fácil. Llevó al extremo tener una habitación propia… y no salir de ella.
La estación de las mujeres (Parched, 2015) de Leena Yadav
Cuatro mujeres circulan por una carretera desierta en un motocarro imposible decorado con alas de mariposa. Sonríen y se sienten libres de ataduras. Y esta es la imagen icónica que deja La estación de las mujeres de la realizadora hindú Leena Yadav. Cuatro mujeres en la India rural con vidas muy perras, que, sin embargo, no dejan de buscar una posible salida o huida de un mundo con unas reglas que no han pedido. Así el resultado es una película que transita con tino y equilibrio entre un melodrama desatado, una película de denuncia y una película-medicina, donde finalmente prevalecen unas reflexiones sobre la situación de la mujer (en este caso concreto en la India rural, pero habla de cosas que pueden encontrarse todavía, por desgracia, en todas las sociedades) y lo necesario que siguen siendo tanto la lucha como la transgresión para impedir no solo comportamientos violentos, sino la perpetuidad de un sistema que desprecia y somete a las mujeres. Y el equilibrio no era fácil, Leena Yadav (que también es co-guionista) logra trascender el tópico y, a través de una correcta y clásica dirección, consigue momentos auténticos con sus cuatro protagonistas. Es decir consigue que no sea una historia plana, sino que plantee temas complejos, y también dejar una puerta abierta para las protagonistas.
Julieta (Julieta, 2016) de Pedro Almodóvar
No es de extrañar que en un principio Julieta fuera a llamarse Silencio. Los tres relatos de Alice Munro que Almodóvar convierte en su película Julieta son Destino, Pronto y Silencio. Y precisamente este tercer cuento es el que le sirve para arrancar su película (el encuentro de Julieta con una amiga de su hija, Antía) y el que se convierte en el motor del conflicto desarrollado. Así también el silencio es lo que destroza a madre e hija durante años. Pero lo realmente sobresaliente de Almodóvar es que logra ser fiel a los relatos de Munro, pero lo que hace es ofrecer su mirada personal del subtexto que siempre sobrevuela sobre los relatos de la escritora. Lo que quiere Almodóvar es entender a la Juliet y a la Penélope canadienses de Munro, con sus Julieta y Antía españolas. Lo que la magistral Munro deja entre líneas, Almodóvar quiere plasmarlo, entenderlo, hacer su propia interpretación personal de los tres relatos protagonizados por Juliet, toda una vida. Así Julieta se empapa a la vez del universo cinematográfico almodovariano, no pierde su identidad, y ofrece además uno de sus melodramas más redondos y contenidos (… y silenciosos), pues parte de muy buen material literario que además ha sabido emplear con matices y cuidado.
Venganza, pasado e infancia. La modista (The Dressmaker, 2015) de Jocelyn Moorhouse / El regalo (The gift, 2015) de Joel Edgerton
Venganza, pasado e infancia, tres ingredientes que no faltan en dos películas muy diferentes. Una viene desde Australia (pero su directora y guionista ha trabajado en EEUU), la otra de EEUU (pero su director y actor secundario también es australiano). Una, disfrazada de melodrama extremo con gotas de exageración, sin miedo al ridículo. La otra, de thriller con susto sobre vecino de pesadilla que invade la intimidad de una pareja a historia con un complejo giro moral. Y las dos con los suficientes ingredientes como para no pasar desapercibidas, pese a ser irregulares (aunque ahí también radique parte de su encanto).
Dos buenas sorpresas. Diggers (Diggers, 2007) de Katherine Dieckmann/Lou (Lou, 2010) de Belinda Chayko
Diggers y Lou. Dos directoras, una película americana y otra australiana, las dos de cine independiente. Dos historias cotidianas…, mientras la vida va pasando… Dos buenas sorpresas, que esperan que las carreras de estas directoras tengan una continuidad y tristemente, de momento, parece que esa continuidad no llega. En una un Paul Rudd bien acompañado muestra que hay más vida tras sus roles para comedia, y en otra John Hurt sigue siendo grande.
La habitación (Room, 2015) de Lenny Abrahamson
Según el punto de vista, nace una historia. Y el director irlandés Lenny Abrahamson toma una decisión en La habitación. Decide mirar desde los ojos de Jack (Jacob Tremblay), un niño de cinco años. Y una historia oscura, claustrofóbica, que tenía todas las papeletas para caer en la amargura y cruzar la delicada línea entre lo morboso y lo inquietante; se transforma en un relato más luminoso que, sin embargo, no deja de tocar teclas realmente complejas. Pero Abrahamson sigue tomando decisiones, junto a la guionista Emma Donoghue (autora también de la novela), y divide la historia claramente en dos (por lo que cuenta y cómo lo cuenta): cuando los dos protagonistas, madre (Brie Larson) e hijo, están dentro de la habitación; cuando madre e hijo salen de la habitación. Y el encierro que viven los personajes en ambas partes enriquece la complejidad de un relato oscuro.






