Voces distantes (Distant voices, still lives, 1988) de Terence Davies

vocesdistantesI

Cómo construir el recuerdo y la memoria… Terence Davies recrea, fantasea y convierte en ficción su universo familiar de manera especial y personal en Voces distantes. Retazos e impresiones. Reconstruye a través de las dos pasiones que le aferraron a la vida en momentos duros (como a muchas personas de su generación): las canciones y el cine. La memoria nunca es cronológica. Años 40 y 50 de una familia obrera católica en Liverpool a través de momentos, de retazos… Contrastes. Un cuadro que sufre innumerables alteraciones que manifiestan recuerdos de los protagonistas. Pentimento, arrepentimientos…

Sigue leyendo →

Buscando chispas en estrenos de cine descafeinados…

Ristra de estrenos veraniegos… y la cartelera ha sido algo descafeinada (seguro que me he perdido tesoros que no he podido abarcar). He visto bastantes películas pero ninguna redonda. He tenido que buscar las chispas. No he vibrado ante ninguna de las que he visto. Pero en todas…, algo se vislumbraba. Estas son las chispas. Animales de compañía que significan mucho más, familias desestructuradas que se estructuran, soledades, amores tardíos, segundas oportunidades, supervivencia, miedos profundos, muerte, luz al final del túnel, actores que iluminan o llenan la pantalla, directores que siguen su estela… Y de propina dos antecedentes.

Sigue leyendo →

Amy, la chica detrás del nombre (Amy, 2015) de Asif Kapadia

amy

La Rosa (The Rose, 1979) de Mark Rydell es una película de ficción que contaba el declive, cansancio y fallecimiento de una roquera con rostro de Bette Midler y que se inspiraba a su vez o tenía ecos de una desaparecida Janis Joplin (también fallecida a los 27 años en 1970). Aquella película de ficción reflejaba perfectamente la vulnerabilidad y el sufrimiento de una mujer rota que solo encontraba cierta luz en su abismo autodestructivo a través de su voz y sus canciones… Ahora Asif Kapadia, con material de archivo tanto íntimo y personal como de medios de comunicación a las que añade entrevistas de fondo (en off) con personas cercanas a la cantante, construye el declive, cansancio y fallecimiento de Amy Winehouse, una cantante británica que siguió dibujando un mapa de jazz y soul… y que con solo dos discos dejó un legado y las huellas de las canciones que ya no cantaría nunca más.

Sigue leyendo →

Musarañas (Musarañas, 2014) de Juanfer Andrés, Esteban Roel

musarañas

Musarañas es una batidora de referencias que dejan una obra cinematográfica imperfecta pero tremendamente entretenida. Juanfer Andrés y Esteban Roel además de ponerse tras la cámara, son también profesores de cine y se nota. Realizan así una ópera prima que toca las estrellas y se estrella a la vez… pero con un encanto especial de costumbrismo muy de la tierra, un toque de humor negro y un punto de cine de terror psicológico y gore de serie B con un aroma de grand guignol.

Sigue leyendo →

Comedia con fantasmas de Marcos Ordóñez (Libros del Asteroide, 2015)

comediaconfantasmas

Un viaje a través de la memoria de Pepín Mendieta, el rey de la comedia. Comedia con fantasmas es una novela que rescata el espíritu de los escenarios de teatro españoles en un largo periodo histórico: de 1925 a 1987. Pero también está bien presente el mundo del cine. Cine y teatro de la mano para unas páginas apasionantes pobladas de recuerdos y fantasmas. Pues eso es rememorar, mirar una vieja fotografía o una película lejana… traer a la vida aquellos fantasmas que formaron parte de nuestra existencia y nos hicieron tal y como somos. Marcos Odóñez te sumerge en un mundo de fantasmas que cobran vida… y, como lector, no quisieras que bajase nunca el telón.

Sigue leyendo →

Cinefilia. Mi familia italiana (Latin Lover, 2015) de Cristina Comencini / Lío en Broadway (She’s Funny that Way, 2014) de Peter Bogdanovich

Cinefilia, pasión por el cine… Cristina Comencini, hija de Luigi, lleva el cine italiano en sus venas y Peter Bogdanovich ama y siente el cine en cada uno de sus latidos. Los dos acaban de estrenar películas de la temática cine dentro del cine. Cada una con un estilo diferente. La primera homenajea al cine italiano y al cine en sí y el segundo hace una película llena de referencias cinéfilas, de citas cinematográficas y de amor a raudales a la comedia clásica americana. Y ¿son Mi familia italiana y Lío en Broadway dos buenas películas? No son brillantes ni redondas (además están pasando con más pena que gloria…) pero tienen un toque mágico: se nota que sus creadores aman el cine y que los implicados en ellas (los actores) están disfrutando una barbaridad. Y el espectador durante una hora y media, si quiere y puede, logra olvidar los problemas, el mal rollo y sumergirse en historias ligeras, alegres y elegantes con lluvia de estrellas y burbujas de champán.

Sigue leyendo →

Amenaza en la sombra (Don’t look now, 1973) de Nicolas Roeg

amenazaenlasombra

La Venecia de Amenaza en la sombra de Nicolas Roeg poco tiene que ver con ese halo romántico de ciudad para el amor y el despertar de Locuras de verano y sí, tiene más que ver con la Venecia decadente, melancólica y triste de Muerte en Venecia… e incluso es mucho más tenebrosa e inquietante. Nicolas Roeg, que irrumpió en el panorama del cine a finales de los sesenta como un cineasta rompedor, polémico y extraño, se deja llevar por una historia de misterio, terror y psicología. Como argumento toma las líneas de Daphne Du Maurier, una escritora varias veces adaptada por Alfred Hitchcock (La posada de Jamaica, Rebeca y Los pájaros).

Sigue leyendo →

El mundo sigue (1963) de Fernando Fernán Gómez

elmundosigue

Hay acontecimientos cinematográficos que ponen a la vista del espectador un descubrimiento, una revelación que impacta. Así ha ocurrido con la iniciativa de estrenar en sala de cine El mundo sigue de Fernando Fernán Gómez, una película a la cual era casi imposible acceder a ella. Tuvo un estreno prácticamente fantasma a los dos años de realizarse (en 1965), apenas se ha proyectado en salas y se ha emitido en muy contadas ocasiones en televisión. Tuvo diversos encontronazos en su momento con la censura, se vio perjudicada por intereses políticos y fue vedada, muerta en vida. Fue una película silenciada. Sus pocos espectadores fueron y son unos privilegiados. Ahora cincuenta años después de su estreno mínimo y con una copia restaurada, vuelve con fuerza a los cines y nos devuelve una película perdida en la memoria. Así como se brinda la oportunidad de que su número de espectadores crezca. Con este reestreno se recupera una pieza que permite estructurar y analizar ese cine español que, a veces, tanto desconocemos. El descubrimiento merece la pena.

Sigue leyendo →

Nuestro último verano en Escocia (What we did on our holiday, 2014) de Andy Hamilton, Guy Jenkin

nuestroultimoveranoenescocia

Así dejaba caer en un whattapp lo que me había gustado esta película a un grupo de amigos: “Nuestro último verano en Escocia tiene un punto vikingo, bajo el mandato de Odin, con notas armónicas sobre la muerte y la vida… y lo ridículos pero tremendamente humanos que podemos ser… A veces los niños en sus mundos lo tienen todo mucho más claro. A mí me ha sorprendido gratamente…”. Y todo empezó porque tuvimos un suculento debate en una cena sobre qué es una película de buenos sentimientos, o como yo suelo llamar películas medicinas, al mostrar mis ganas e interés por ver esta película. Debatíamos sobre su verosimilitud o no, sobre si son falsas o no lo son, sobre si son maniqueas o no, sobre si hay una buena película de buenos sentimientos, sobre cuál es la definición exacta y qué películas entrarían dentro de esta denominación. Fue un debate encendido y apasionado. Se habló también de dónde estaban los límites de este subgénero y si era uno de esos subgéneros que pueden volar o se queda en lo políticamente correcto…

Después de disfrutar en la sala de cine, pensándola me di cuenta de que, mientras me dejaba arrastrar por paisajes que hicieron que nacieran en mí unos deseos inmensos de regresar a Escocia (fui en dos momentos muy especiales y siempre me genera bonitos recuerdos), me venían a la cabeza dos películas: una americana y otra británica. Pequeña Miss Sunshine y Un funeral de muerte. Sentí un fino hilo que unía estas tres películas, familias normales en un momento crítico de su existencia que nos las devuelven como familias disfuncionales; la vida y la muerte dándose la mano de manera natural, las máscaras de la comedia y la tragedia enlazadas; lo ridículo de los seres humanos pero también el eterno lado tierno oculto en cada uno y la infancia como mirada que observa el mundo de manera, cercana, especial; así como la cercanía de comunicación entre el niño que le queda todo por vivir y aquel que ya apenas le queda un tiempo por estar…

Nuestro último verano en Escocia es una película con encanto de personajes y situaciones (con una buena galería de actores, desde el más mayor hasta el más pequeño). La premisa es sencilla (tanto como su dirección): unos padres que están en proceso de separación van con sus tres niños a una gran fiesta de cumpleaños en Escocia. El cumpleaños es del abuelo (por parte paterna). Los niños, a pesar de que viven en sus mundos, se dan cuenta de que no encajan en un mundo de adultos que no entienden. El que mejor se explica es el abuelo. Sus padres están en una discusión eterna. Sus tíos son personas que hablan un lenguaje extraño, y su primo está demasiado perdido. Unas horas antes de la gran macro fiesta con más de doscientos invitados, el abuelo decide ir a su playa favorita con sus tres nietos… Nuestro último verano en Escocia te deja con la sonrisa asomando en la boca… la vida es tan sencilla y tan compleja a la vez. En la vida ríes y lloras… y existe también el humor suave, el tierno y el negro. Y como dice el abuelo a una de sus nietas: “¡Tienes que vivir más y pensar menos!”… y dejarte llevar por un amanecer en una playa y desconectar del sonido del móvil, y saber que las personas que quieres, como tú a ellos, a veces te ponen de los nervios…, y darte cuenta de que puedes equivocarte o estallar… En fin, me he ido a gusto a Escocia. Me sentó bien la medicina, con niños incluidos. Nuestro último verano en Escocia es una película de buenos sentimientos con un punto vikingo que la distingue y deja que te sorprenda como espectador.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

DocumentaMadrid 15 (y cuarta parte). Flotel Europa (Flotel Europa, 2015) de Vladimir Tomic/ La mirada del silencio (The look of silence, 2014) de Joshua Oppenheimer

Flotel Europa (Flotel Europa, 2015) de Vladimir Tomic

floteleuropa

Vladimir tenía doce años cuando con su hermano mayor y su madre llegaron a Dinamarca en 1992 para pedir asilo político. Dejaban Sarajevo, a su padre, a sus abuelos, a sus tíos, el colegio, los amigos, la infancia… y una guerra despiadada. Con los campos de refugiados repletos, Cruz Roja proporciona un enorme barco, Flotel Europa, que se convirtió en su hogar durante dos años junto a un montón de personas que esperaban un futuro incierto y que veían cómo su país amado se consumía en una guerra de odios, irracionalidad, violencia y nacionalismos exacerbados.

Vladimir combina las imágenes de vhs que grabaron varios refugiados –que se convirtieron en cartas ilustradas para enviar a Bosnia y que sus familias supieran cómo estaban y vieran su día a día–, y su narración en off de cómo vivió esos dos años como adolescente. Y de esa combinación surge un documental no solo interesante (porque documenta una experiencia y un momento de la historia así como otra cara de la guerra de Bosnia Herzegoviana) sino que surge un relato oral, desde la mirada de un adulto que recupera su mirada adolescente, donde se va desvelando entre sus amistades, sus fiestas, su cotidianidad, su primer amor, sus peleas, su observación hacia los más mayores…, la tragedia y la incertidumbre de los refugiados que vivieron como una especie de paréntesis extraño donde no podían pisar Dinamarca pero tampoco regresar a su tierra, donde el tiempo y el espacio se transformó, donde su vida se cortó de golpe y la espera de la nueva se hizo eterna. Algunos esperaron hasta que la nueva vida se hizo posible y otros se rompieron, se quebraron en el Flotel Europa.

La voz de Vladimir Tomic construye un relato de paso de la adolescencia a la madurez en un entorno extraño. Y con este relato concreto y personal, construye la historia de todos los refugiados que rodearon su vida durante estos dos años. Así se mezcla la ternura del adolescente que descubre, que tiene sus propios problemas, con su toma de conciencia de su situación extraña, de la comprensión de la guerra y el odio que se trasladan al barco, de la nostalgia, la pérdida, la tristeza y la incertidumbre. El Flotel Europa es un microcosmos, un universo concreto que toma vida a través de las palabras de Tomic que con sencillez, desnudez (acompañado de un inteligente montaje de las imágenes) así como con unas gotas de lírica triste, a veces de derrota, otras de esperanza y más allá de angustia, describe dos años cruciales de su vida y de los suyos.

Al importante documento visual que suponen esas grabaciones caseras, que con el relato oral toman significados diferentes, Flotel Europa se convierte en una íntima confesión de los sentimientos íntimos de un muchacho. Así primero vive con curiosidad y novedad su vida en un barco y después, instalado en la rutina, empieza a analizar y a despertar y a entender su tragedia y la de los demás. Pero entre medias descubre el amor y el desamor con Melissa (otra joven refugiada), la amistad y también las peleas con los niños de su edad, su admiración por un grupo de chicos jóvenes y vitales que se van quebrando poco a poco en el barco entre desencantos, drogas y alcohol, el aprendizaje ante la fuerza y el empuje de su madre (que solo se quiebra en la soledad de la música clásica)…

Esos vídeos caseros recogen cómo se organizaban, la personalidad de cada camarote, los lugares comunes y compartidos, las actividades, las fiestas, la celebración de la música y el baile pero también, por el relato de Tomic y algunas imágenes, se vislumbran las reivindicaciones, los momentos tensos, la tristeza y la desesperanza (sobre todo en esa sala de televisión)…, las imágenes muestran el intento de normalizar una situación que no es normal, de conservar la dignidad y la esperanza… aunque la división y las tensiones de la guerra terminan instalándose también en el barco, haciendo más insoportable la espera y quebrando más todavía a las personas.

Así las imágenes y la narración de Tomic van creando metáforas fuertes. Cuando el director cuenta cómo se despiden de sus abuelos, que habían sido partisanos durante la Segunda Guerra Mundial, antes de ir a Dinamarca, el abuelo le dice que sea tan fuerte y valiente como el joven Bosko Buha, un niño héroe partisano, que refleja lo que era una Yugoslavia sin aparentes grietas…, así en momentos determinados de Flotel Europa, aparecen imágenes de una película yugoslava de 1978 que narra la historia de este niño. Pero también es un reflejo de un Vladimir que deja a un lado su infancia para enfrentarse a la madurez…, ese niño que llegó al barco, muere… como Bosko Buha… O cómo se emplea de manera maravillosa la música, las canciones y el baile para reflejar los sentimientos así como el ambiente del barco pero también ilustra la quiebra de la unidad. O cómo toma fuerza la metáfora del Flotel Europa como un acuario con peces de especies exóticas o la metáfora de una televisión que acaba flotando en el agua, que refleja la rabia contenida y el dolor ante las imágenes recibidas de un país roto.

La mirada del silencio (The look of silence, 2014) de Joshua Oppenheimer

lamiradadelsilencio

The act of killing y La mirada del silencio forman un díptico impresionante, una obra única que encuentra una manera chocante de reflejar el horror de una situación histórica concreta. El exterminio a partir de 1965, tras el golpe de Estado del Ejército en Indonesia, de comunistas, simpatizantes y sospechosos… El Ejército lideró la masacre como cabeza pensante y se sirvió del brazo ejecutor de paramilitares y gánsteres. La gran tragedia de Indonesia es que los asesinos siguen en el poder, y son celebrados como héroes, y las víctimas siguen en silencio cruzándose cada día con los asesinos de sus familiares. Pero su acercamiento a esa realidad histórica y las reflexiones que surgen son bofetadas visuales para aquel que observa. Los documentales de Joshua Oppenheimer golpean, remueven y provocan… y hacen reflexionar. Los documentales de Joshua Oppenheirme realizan planteamientos complejos y construye un discurso que perturba.

Si en The act of killing entraba de lleno en la vida de los escuadrones de la muerte y les hacía un planteamiento insólito que ellos ejecutaban con placer: que ellos mismos realizasen una película escenificando aquellos días en que asesinaron a un número enorme de seres humanos, de maneras horribles…, en La mirada del silencio pone a un familiar de una víctima (su hermano) ante la imagen de sus asesinos y su representación de la muerte y hace que este se encuentre directamente con ellos para ver si atisba algo parecido a la asunción de responsabilidad y al arrepentimiento. Si en The act of killing, cada uno de los miembros de los escuadrones de la muerte reaccionaba ante el encargo de maneras distintas y al verse también reaccionaban de manera sorprendente haciendo que incluso uno de ellos tuviese algo parecido a una revulsión catártica ante su propia brutalidad…, en La mirada del silencio también la reacción de los asesinos ante el familiar de la víctima pintan un abanico de comportamientos esperados e inesperados… Si en The act of killing se llegaban a momentos de delirio y absurdo en “esa representación cinematográfica” que realizaban los propios asesinos, en La mirada del silencio vemos el dolor que provoca ese delirio en aquellos que aguantan y callan…

Si nos centramos en La mirada del silencio es un documental rico en significados y en la construcción de su discurso. Con un ritmo mucho más pausado, la cámara sigue la personal odisea de Adi, un hombre de 44 años que se enfrenta a las imágenes de los asesinos de su hermano Ramli. Un asesinato que quebró por la mitad a su familia. Una madre y un padre que tienen que convivir en silencio, porque sus vecinos son los asesinos de su hijo. Entonces, Adi empieza a visitar a los asesinos de su hermano y a confrontarse con ellos buscando que se responsabilicen de sus actos o que muestren algún tipo de arrepentimiento.

Joshua Oppenheirme plantea lo difícil que es luchar contra una propaganda que difunde otra historia muy diferente a la que contarían las víctimas. Y esa propaganda no solo se difunde en la televisión sino que también se imparte en las escuelas, afectando a los hijos del propio Adi. Por otra parte refleja la quiebra de la familia de las víctimas reflejando la dureza de la vejez de los padres de Adi. Su padre refleja el olvido, la ceguera y el miedo que envuelve un pasado doloroso; su madre, la memoria silenciosa y el odio que esconde la víctima cuando no puede gritar y expresarse, contar su historia, llorar a su hijo muerto y restablecer su imagen… Por otra se sirve del título de su documental, la mirada del silencio, potente metáfora. Su protagonista, Adi, es oftalmólogo y va graduando la vista a algunos abuelos en su localidad, mientras les pregunta sobre el pasado. Todos se sienten incómodos, bien porque guardaron y guardan silencio y prefieren el olvido, bien porque son los asesinos… Pero también esa mirada del silencio se instala cuando Adi mira el televisor y ve y oye a los asesinos de su hermano (cómo representan, cómo ríen, cómo no ven el horror con el que actuaron) o esa misma mirada del silencio está presente cuando Adi confronta con los asesinos y estos en un principio callan…, antes de saber cómo va a reaccionar cada uno. No solo reaccionan con incomodidad, enfado e incluso amenaza, sino otros negando su responsabilidad, dando argumentos hilarantes o absurdos y ninguno mostrando su arrepentimiento, sino respondiendo con más violencia. También sorprende (donde se genera un débil halo de esperanza o la misma brutalidad y negación) la reacción de alguno de los familiares de los asesinos.

Las metáforas siguen siendo sutiles y empapando el documental, como esa especie de semillas que se mueven y saltan… queriendo sacar todo lo que llevan dentro, como les ocurre a las víctimas ante su silencio eterno. Y nos preguntamos ante la valentía de Adi (los responsables pensantes de la masacre siguen en el poder y son los que se muestran más agresivos y amenazantes con él)… y su esfuerzo por querer desvelar la verdadera historia de la muerte de su hermano Ramli: ¿Tiene sentido arriesgar así su vida, estando todavía los asesinos en el poder? Su esposa nos pone en evidencia que ella no está muy de acuerdo con la determinación de su marido. Pero ¿tiene sentido consumirse como su padre, roto por el dolor, o sentarse bajo el tamarindo como su madre, impotente ante la injusticia sufrida? ¿Tiene sentido que los hijos de Adi escuchen más mentiras? ¿Tiene sentido la impunidad de los responsables de una masacre y que sigan en el poder? ¿Tiene sentido la manera en la que enfoca estas cuestiones el documentalista Joshua Oppenheimer? Solo hay que ponerse frente el díptico The act of killing y La mirada del silencio y como espectador intentar encontrar respuestas…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.