musarañas

Musarañas es una batidora de referencias que dejan una obra cinematográfica imperfecta pero tremendamente entretenida. Juanfer Andrés y Esteban Roel además de ponerse tras la cámara, son también profesores de cine y se nota. Realizan así una ópera prima que toca las estrellas y se estrella a la vez… pero con un encanto especial de costumbrismo muy de la tierra, un toque de humor negro y un punto de cine de terror psicológico y gore de serie B con un aroma de grand guignol.

Como espectadora no me he tomado en serio Musarañas y ahí es donde la he disfrutado a tope. Puede que esto no sea el mejor de los elogios pero es como he podido sacar todo su jugo. Así me he metido en su juego y en su exceso. Así es como no me han importado todas sus incoherencias, caprichos y carencias además de valorar a tope sus aciertos.

Y así es como he valorado la construcción de personajes y la labor de sus actores que orbitan alrededor de un personaje central y la actriz que lo representa. Musarañas gira alrededor de Montse (Macarena Gómez) y sus miedos. Ahí tiene cabida su hermana (Nadia de Santiago), La Niña que cumple 18 años y se convierte en narradora (… de un cuento de terror); el galán herido que destapa la caja de Pandora, Carlos (Hugo Silva) y un fantasma que representa la figura del padre (Luis Tosar)… Y en toda película de terror gore hacen falta víctimas (pero nos reservamos sus personajes y sus nombres) y una casa con personalidad propia… Una casa que es el ataúd de Montse como ella misma la describe…, Montse encerrada entre sus cuatro paredes, que nunca se quitó el luto por la muerte de su madre y que además padece agorafobia severa… Y si además Montse se convierte en metáfora de un periodo oscuro, de unos años cincuenta de posguerra severa y situaciones de represión social, moral y sexual bajo una marcada moral religiosa… y en el centro de una tragedia familiar con aires de melodrama extremo… entonces se va hilando la esencia de Musarañas.

Con ese personaje central, siempre de negro y con unos ojos tan saltones como los de Bette Davis, con el exceso macabro de una Baby Jane, unas gotas de heroínas dramáticas a lo Lorca (pero más el de Bernarda Alba y Yerma) y con toques buñuelianos a distancia, la película tiene alma. Esa Montse que vive encerrada y reprimida en una casa trampa como aquella de Repulsión de Polanski o con ese costumbrismo tenebroso y tan nuestro encerrado en los hogares de La Comunidad (es inevitable el homenaje o la sombra alargada de Alex de la Iglesia como productor…). Esa mujer agorafóbica que de pronto ve una puerta a su mundo oscuro cuando, además de a su hermana, deja pasar a un príncipe-rana con una pierna rota…, parecido a ese seductor que revolucionaba a toda una escuela de señoritas sureñas en genial película de Don Siegel. Y la relación de ambos se convierte en una relación tan compleja como la de la enfermera fan y el escritor postrado en una cama sin posibilidad de salida en Misery… Con todas estas referencias (y algunas más… es un buen juego) es imposible pensar en el aburrimiento ante el visionado de Musarañas.

Con todo lo anteriormente expuesto, como espectadora echo un tupido velo sobre sus desaciertos. Y es que hay dos puntos fuertes de la historia que se convierten en sus máximas debilidades. No consigue desarrollar dramáticamente y de manera fuerte el vínculo y la relación entre las dos hermanas (son una débil sombra de Baby Jane y Blanche, las hermanas Hudson…), no vives el estado de tensión y horror progresivo de la enfermiza relación de ambas (que si hubiera estado bien dosificado, sin duda hubiese sido potente el mazazo final que se nos tiene reservado…). El personaje de La Niña (bien actuado por Nadia de Santiago) desaprovecha sus sombras a la hora de perfilarlo. Y sobre todo no consigue crear un buen triángulo amoroso con dosis de sensualidad enferma (más bien entrecortado y trompicones) entre Montse, La Niña y Carlos, el galán. Y eso que las hermanas tenían perfectamente construidos sus antecedentes familiares con fantasma incluido.

No obstante, vuelvo a insistir Musarañas se convierte en obra cinematográfica imperfecta con carisma…, tiene alma…, juego y exceso. Y posiblemente no era su intención… pero a mí, como espectadora, me hizo reír. No me queda claro si su humor negro era premeditado… o ha sido un extra adquirido por su imperfecta naturaleza. Pero a mí me ha hecho salvar la película.

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