Desde allá (Desde allá, 2015) de Lorenzo Vigas

Desde allá

Desde allá. El título de la ópera prima del director venezolano Lorenzo Vigas es la esencia de su película y la mirada de uno de sus protagonistas. Armando (Alfredo Castro) se posiciona en la vida desde allá. Él mismo, por traumas que arrastra desde su infancia de las cuales solo se dan pinceladas, decide instalarse como espectador al acecho, como voyeur, y llevar una vida cuadriculada dentro de una estricta rutina. En una posición de clase media alta, y con un trabajo rutinario y artesanal pero que deja dinero (elaboración de prótesis dentales), sus necesidades básicas están cubiertas, otro cantar son sus necesidades emocionales, ahí por pura supervivencia se quedó atrofiado.

En su camino se cruza, en circunstancias violentas y adversas (esa violencia que acecha cada rincón, que se intuye en cada esquina de las calles de Caracas), un joven que vive en los márgenes, Elder (Luis Silva), y que sobrevive por instinto. Y Armando siente curiosidad (conecta por caminos extraños con el muchacho) y se aproxima a él, e incluso tira muros de su aislamiento, se resquebraja su atrofia… pero todo queda en un espejismo brutal: se vive más cómodamente y lo tiene todo más controlado desde allá… la contención de sus emociones le hace más fuerte. Y actúa creando un abismo más profundo y una incomunicación más cruel entre las distintas clases sociales. Es más fácil la atrofia de las emociones, duele menos.

Sigue leyendo →

Whisky a gogó (Whisky Galore, 1949) de Alexander MacKendrick

Inauguro también alegremente la temporada en el cine Doré, Filmoteca Española, con una proyección dentro del ciclo Tiempo de comedia.

Whisky a go-go

Whisky a gogó es el primer largometraje de ficción de Alexander MacKendrick en los Estudios Ealing y forma parte de ese tipo de comedia elegante, inteligente, sutil, satírica y, a veces, teñida con pinceladas negras que se daría en dicha compañía después de la Segunda Guerra Mundial. De esas comedias que no quitan la sonrisa de la boca. Y con este largometraje empezaría la andadura de un perfeccionista de carrera breve pero con títulos mayúsculos, MacKendrick, que al no encontrar la libertad artística que deseaba durante su carrera (sobre todo cuando regresó de nuevo a EEUU), prefirió terminar dedicándose a la enseñanza de cine.

El argumento de Whisky a gogó parte de una premisa sencilla: en una pequeña isla escocesa sus habitantes, sobre todo los hombres, están deprimidos y con tristeza perpetua, no solo por los últimos coletazos de la Segunda Guerra Mundial, sino porque una de las consecuencias es que no llega whisky a la isla. Esa bebida, de tradición gaélica y con muchos ritos a su alrededor… casi sagrada, es su elixir de la vida. Sin embargo, el día a día continúa: con sus peticiones de mano, sus reuniones, su trabajo en el mar… Entonces un barco naufraga, el Cabinet Minister, y su tripulación abandona dicho barco antes de que se hunda, pero antes informa a uno de los habitantes de su carga: 50.000 cajas de whisky.

Sigue leyendo →

Las inocentes (Les innocentes, 2016) de Anne Fontaine

Las Inocentes

Hay una escena muy breve que simboliza el momento histórico que se refleja en Las inocentes. Final de la Segunda Guerra Mundial, Polonia. La nieve cubre todo el paisaje y unos niños de la calle juguetean revoltosos y con alegría encima de un ataúd. La vida y la muerte, el fin y la velada posibilidad de futuro.

La directora Anne Fontaine narra cinematográficamente uno de los muchos horrores de la guerra… y en ese mundo oscuro y cruel deja otra huella: una ayudante de medicina de la Cruz Roja francesa con educación comunista, una monja polaca y un doctor judío, todos con heridas y mucho desencanto a cuestas, terminarán unidos para buscar una salida a una situación complicada. Fontaine se inspira en las vivencias de la doctora Madeleine Pauliac (1912-1946). Y esas vivencias de las que parte recogen cómo atendió a las monjas de un convento polaco que habían sido sistemáticamente violadas por miembros del Ejército Rojo. Además varias de ellas no solo arrastraban traumas psicológicos, sino que además se habían quedado embarazadas.

Sigue leyendo →

Remordimiento (The Broken Lullaby, 1932) de Ernst Lubitsch

Remordimiento

Entre medias de sus comedias musicales (alguna de ellas con la mítica pareja de Maurice Chevalier y Jeanette MacDonald) y una de sus primeras comedias románticas y sofisticadas (Un ladrón en la alcoba)… se encuentra una película antibélica, una perla extraña en su filmografía, Remordimiento. Un intento en periodo de entreguerras, con una Europa tan crispada que iría de cabeza a la Segunda Guerra Mundial, de hablar sobre las heridas de la guerra, la unión entre los pueblos y la posibilidad de perdón. Es interesante analizar cómo el año en que la rodó (realizó cinco películas), 1932, fue un año de transición en su filmografía. Remordimiento ha tenido su libre remake en 2016 con la película Frantz de François Ozon. Con su toque y su excepcional empleo del lenguaje cinematográfico crea un relato cinematográfico emocionante con un final hermosísimo… y en solo setenta y siete minutos. A su vez Lubitsch estaba adaptando una obra de teatro del autor francés Maurice Rostand, L’homme que j’ai tué.

En su primera secuencia ya cuenta el horror de la guerra, las heridas e incluso también emplea un humor sarcástico mostrando galones, barbas y espadas impolutas en una ceremonia religiosa. Sin embargo, hay un plano demoledor al principio… el desfile de la victoria en París a través de la pierna amputada de un soldado… Y cuando esa iglesia, con una celebración de la victoria, se queda vacía… solo se ve entre los bancos unas manos de súplica y después el rostro de un joven atormentado, el francés Paul Renard (Phillips Holmes, un joven actor que, ironías de la vida, moriría en la Segunda Guerra Mundial), que necesita una confesión pues busca el perdón. Y decidirá entonces ir a Alemania…

Sigue leyendo →

Frantz (Frantz, 2016) de François Ozon

Empiezo el año cinéfilo con alegría desbordante… Cómo me ha gustado la nueva película de Ozon

Frantz

Una joven alemana, Anna, se dirige al cementerio en su pequeña ciudad. Y una vez allí, ve con extrañeza que hay flores frescas en una tumba que ella visita cada día, y no son las suyas. Así empieza la delicada y bella historia que cuenta François Ozon. Después nos enteramos de que Anna vive con los padres de su novio, Frantz, y que este ha fallecido recientemente en la Primera Guerra Mundial. Y que esas flores pertenecen a un misterioso y joven francés, Adrien… Cuando este se encuentra con la familia, un tsúnami emocional golpeará a todos los personajes. Y Ozon bebe de una película que ya rodó Ernst Lubitsch en 1932, Remordimientos (The Broken Lullaby, muy pronto también en este blog…). Pero Ozon no trata de alcanzar ni de imitar el toque Lubitsch, sino que él busca su particular forma de llevarla de nuevo a la pantalla. La historia está contada prácticamente desde la mirada de Anna, pero en toda la película vuela el personaje ausente, Frantz. Así el realizador francés no solo deja un relato cinematográfico que habla sobre las heridas de la guerra, sobre la sinrazón de enviar a hombres a morir, sino que además aborda una historia compleja sobre la búsqueda del perdón y la dificultad de concederlo.

Sigue leyendo →

Un libro sobre Fritz Lang, dos momentos y una reflexión sobre una película

El sitio de Viena. Huellas de Fritz Lang, de Carlos Losilla (Notorius ediciones)

Secreto tras la puerta

A veces caen libros en tus manos con los que te llevas gratas sorpresas. Esta vez estaba buscando información sobre Fritz Lang (y en concreto de una de sus películas, Las tres luces), y consultando en el ordenador los libros sobre este director que tenían en mi biblioteca pública más cercana… me topé con este título: El sitio de Viena. Huellas de Fritz Lang. Cuando vi el nombre de su autor me dije: “Mira, este libro me lo llevo a casa”. De Carlos Losilla leo mensualmente sus críticas de cine en Caimán y me gusta cómo desentraña las películas. Así que no lo dudo y una vez en mi casa con él, lo disfruto.

Porque El sitio de Viena es un análisis laberíntico lleno de pasillos, senderos, caminos y carreteras alrededor de Fritz Lang. Más bien de lo que significa Fritz Lang y su cine… y las huellas de una Europa que se cae en pedazos. Buscar raíces y huellas. Y esas raíces y huellas se buscan tanto en las entrañas de sus películas como en los datos biográficos que se han ido recopilando de Lang… En la documentación, en los libros que se escribieron sobre él tanto en su vida como posteriormente, en las distintas interpretaciones de su obra tanto la de la etapa alemana como de la americana, en sus testimonios, entrevistas, en sus fotografías, incluso en sus apariciones cinematográficas (… en El desprecio de Jean-Luc Godard)… Huellas que se encuentran también en las incógnitas de su vida, en sus contradicciones, en el papel de las mujeres de su vida…, en sus misterios. En la figura privada y en la figura pública…, ¿cuál es la real?¿Hay un Fritz Lang inventado, creado?

Pero sorprendentemente El sitio de Viena no es solo sobre el director… sino sobre la cultura europea y su declive hasta la actualidad. Qué es lo que el bagaje cultural puso en las espaldas del cine Lang. Cuáles fueron sus influencias. Qué acontecimientos históricos arrastraba. Cuál era la complejidad que reflejaba. Qué otros nombres del pasado y del futuro giran alrededor de Lang y su obra.

Y El sitio de Viena sigue siendo un laberinto porque también es una especie de autobiografía sobre el propio Carlos Losilla que habla de sus recuerdos, de su infancia y de su presente, de su trayectoria profesional, y de la cultura que iba absorbiendo, donde también entraban los secretos tras las puertas del cine de Lang.

Entonces el libro se convierte en la historia de una investigación donde no faltan los misterios, las coincidencias, las historias paralelas, los lazos inesperados o los azares del destino. El encuentro con eruditos, la resolución de enigmas, el transcurrir de anécdotas que le llevan siempre a Lang y a su cine con un fondo complejo como el de cada una de sus películas. Donde el propio libro es un enigma a descubrir lleno de intrigantes fotogramas-palabras y donde el lector no puede evitar pasar una página y otra para ver dónde le conduce la siguiente… hasta el final. El sitio de Viena es un viaje apasionante.

Sigue leyendo →

Regalo de Navidad. Decálogo cinéfilo para la vida

Este es un regalo (un decálogo cinéfilo) y un deseo de unas felices fiestas, que además van a dar paso a un nuevo año, 2017, donde la vida sigue… y quizá, solo quizá (adoro este adverbio), pueda ser un poco más hermosa. Por lo menos ahí seguirán las películas…

Paterson

1. Hacer del día a día un poema cotidiano

Y esto es posible tal y como demuestra el Paterson de la película de Jim Jarmusch (que a su vez crea un poema visual urbano). Un conductor de autobús que vive su día a día y rutina, pero con una mirada muy especial. Lo cotidiano se convierte en verso. Cada gesto tiene su variación, y significado. Tiene un cuaderno secreto donde extrae poesía de una caja de cerillas, de un recuerdo de infancia, del sonido del agua cuando cae de una cascada o del amor que siente hacia su compañera de vida, Laura.

2. Extraer la belleza… de un mundo cada vez más hostil

Parry, el sin hogar, protagonista de El rey pescador vive rodeado de hostilidades. Un mundo duro, que no solo no lo mira o lo rechaza, sino que lo deja continuamente al margen con su locura. Sin embargo, él se empeña día a día en extraer la belleza. Un día paseando con su amada (una tímida editora de novelas baratas) en su primera cita, Parry coge un alambre del suelo (chatarra, basura)… y con sus manos nerviosas le regala una preciosa y pequeña silla. O en un manicomio o en una sala de urgencias donde solo hay desolación, él reúne a todos, con grandes dosis de energía y entusiasmo, para que canten I like New York in june, how about you?

Sigue leyendo →

Diccionario cinematográfico (222). Familias

La familia

Familias: palabra inabarcable en el mundo del cine. Las hay de todos tipos, felices e infelices. Locas y cuerdas. Divertidas y tristes… Buenas y terroríficas. De policías y de mafiosos. Ricos y pobres… Algunas veces sabemos la historia de generaciones y otras veces acompañamos a una familia por unos cuantos días, o incluso tan solo unas horas.

De las más actuales tenemos, desde Francia, a La familia Bélier, donde todos los miembros son sordos excepto la hija mayor, que además tiene una bella voz para el canto. También está la familia Weston con los que vivimos unos días calurosos de verano en la América profunda, en concreto del mes de Agosto (antes de verlos en la pantalla, los disfrutamos en los escenarios teatrales). Imposible olvidar el almuerzo después de un entierro, y cómo madre e hija acaban de los pelos y todos intentando separarlas. En el cine patrio no solo está la saga de La gran familia ni tampoco únicamente los Panero (que además poca ficción hay en ellos) y El desencanto… que arrastraban por una España en blanco y negro. No hace mucho apareció por este hogar del ciberespacio la familia Porto Alegre que influenciada por Las furias llega a momento catártico al lado del mar… después de varios ataques de nervios. Y también tan solo hace unos tres años estuvimos de celebración, entre risas y lágrimas, digo, con siete novias para siete hermanos, con la familia Montero, o como gustan llamarse: La gran familia española. Ay, también Almodóvar tiene una colección de familias especiales, siempre con fuerte presencia femenina. Y es que el director en Volver regresa a sus raíces familiares manchegas en compañía de Raimunda y toda su estirpe de mujeres.

Pero hay familias de celuloide míticas. Así, de repente, me vienen a la cabeza una ráfaga. Los Corleone nunca faltan a una cita de familias y nadie olvida un regalo para El padrino. Tampoco podemos olvidarnos de las desgracias de la familia Joad en esa camioneta desvencijada, porque Las uvas de la ira caen por una carretera interminable. Y por estas fechas, Qué bello es vivir, todos recordamos a la familia Bailey, que aunque no lo tiene fácil y a veces las cosas se les ponen muy complejas, como dice el ángel Clarence cuentan con muchos amigos. O alrededor de torres de petróleo, aunque ellos siempre prefirieron el ganado, se encuentran los Benedict, protagonistas de una historia Gigante. Y no podemos dejar de nombrar a los Amberson… El cuarto mandamiento de Orson Welles: dejarás la historia por décadas y décadas de una familia y su decadencia.

Sigue leyendo →

El discreto encanto de William Castle en tres películas

Homicidio

William Castle y su discreto encanto. Todo un personaje que durante finales de la década de los cincuenta y los sesenta se especializó en películas de terror de bajo presupuesto. Como director y productor creía en sus películas y organizaba unas promociones de lo más originales. Al igual que Alfred Hitchcock, utilizaba su imagen para publicitar las películas, pero con un sentido del espectáculo tan elevado que incluso intervenía en medio de la película (con su voz en off) para advertir al espectador que tal vez debía marcharse de la sala porque a lo mejor no aguantaba lo que iba a ver a continuación. O se inventaba mil y un artilugios en la propia sala de cine para dar más emoción a su obra… Prometía momentos tremendos, espeluznantes. Y hoy sus películas tienen un encanto y una candidez especial. William Castle sabía cómo contar sus historias, entretener, a pesar de no emplear grandes presupuestos. Si algo tenía era sentido del espectáculo.

Las tres que voy a comentar son historias bien construidas, donde curiosamente lo más caducado (sobre todo en dos de ellas), pero a la vez con gran encanto, son los efectos especiales para provocar los momentos de máximo terror. En las tres cuenta con la colaboración del guionista Robb White, famoso novelista de aventuras. La mejor de las tres y más sorprendente es sin duda Homicidio (Homicidal, 1961). Esta sigue la senda abierta por Hitchcock y su Psicosis (1960). Después La mansión de los horrores (House on Haunted Hill, 1959), que posee un encanto especial pues bajo la apariencia de película sobrenatural, de terror y de fantasmas se esconde una película de suspense y crimen perfecto. Y, por último, con una inocencia y una candidez que desarma (no obstante el máximo protagonista es un niño), así como un sentido del espectáculo genial (casi de feria), Los 13 fantasmas (13 ghosts, 1960).

Sigue leyendo →

Aliados (Allied, 2016) de Robert Zemeckis

Aliados

… Dos seres bellos y glamurosos, con sus metralletas, abandonan un edificio. De fondo fuego. Los dos aliados, cogidos de la mano, perfectamente vestidos, maquillados, peinados… fríos. Y eso que acaban de vivir un momento de adrenalina total. Ese es el fotograma que acompaña este texto (y el que ilustra también el cartel del film) y resume muy bien la nueva película de Robert Zemeckis. Perfecta en su realización, impoluta en sus secuencias de acción y también en las intimistas, todo dirigido a que el espectador no se despiste ni un momento, todo señalado, sin que este pueda despegarse ni un milimetro del guion. Sin perdida, todo bien atado. Aquí tiene que emocionarse. Aquí tiene que notar el sufrimiento del protagonista ante el dilema. Aquí tiene que notar el horror de la guerra. Aquí un momento de mucha acción y adrenalina. Aquí otro emotivo. Y para ayudar aún más la música irá reforzando todo. Al espectador todo bien masticado. Romance glamuroso, vestuario glamuroso, estrellas glamurosas, ambientación glamurosa… Robert Zemeckis presenta un producto cinematográfico perfectamente acabado… pero se olvidó de meter alma y corazón a la película. Y él sabe hacerlo: yo solo por Forrest Gump sé que Zemeckis puede hacer latir un corazón dentro de una película.

Sigue leyendo →