DocumentaMadrid 15 (y cuarta parte). Flotel Europa (Flotel Europa, 2015) de Vladimir Tomic/ La mirada del silencio (The look of silence, 2014) de Joshua Oppenheimer

Flotel Europa (Flotel Europa, 2015) de Vladimir Tomic

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Vladimir tenía doce años cuando con su hermano mayor y su madre llegaron a Dinamarca en 1992 para pedir asilo político. Dejaban Sarajevo, a su padre, a sus abuelos, a sus tíos, el colegio, los amigos, la infancia… y una guerra despiadada. Con los campos de refugiados repletos, Cruz Roja proporciona un enorme barco, Flotel Europa, que se convirtió en su hogar durante dos años junto a un montón de personas que esperaban un futuro incierto y que veían cómo su país amado se consumía en una guerra de odios, irracionalidad, violencia y nacionalismos exacerbados.

Vladimir combina las imágenes de vhs que grabaron varios refugiados –que se convirtieron en cartas ilustradas para enviar a Bosnia y que sus familias supieran cómo estaban y vieran su día a día–, y su narración en off de cómo vivió esos dos años como adolescente. Y de esa combinación surge un documental no solo interesante (porque documenta una experiencia y un momento de la historia así como otra cara de la guerra de Bosnia Herzegoviana) sino que surge un relato oral, desde la mirada de un adulto que recupera su mirada adolescente, donde se va desvelando entre sus amistades, sus fiestas, su cotidianidad, su primer amor, sus peleas, su observación hacia los más mayores…, la tragedia y la incertidumbre de los refugiados que vivieron como una especie de paréntesis extraño donde no podían pisar Dinamarca pero tampoco regresar a su tierra, donde el tiempo y el espacio se transformó, donde su vida se cortó de golpe y la espera de la nueva se hizo eterna. Algunos esperaron hasta que la nueva vida se hizo posible y otros se rompieron, se quebraron en el Flotel Europa.

La voz de Vladimir Tomic construye un relato de paso de la adolescencia a la madurez en un entorno extraño. Y con este relato concreto y personal, construye la historia de todos los refugiados que rodearon su vida durante estos dos años. Así se mezcla la ternura del adolescente que descubre, que tiene sus propios problemas, con su toma de conciencia de su situación extraña, de la comprensión de la guerra y el odio que se trasladan al barco, de la nostalgia, la pérdida, la tristeza y la incertidumbre. El Flotel Europa es un microcosmos, un universo concreto que toma vida a través de las palabras de Tomic que con sencillez, desnudez (acompañado de un inteligente montaje de las imágenes) así como con unas gotas de lírica triste, a veces de derrota, otras de esperanza y más allá de angustia, describe dos años cruciales de su vida y de los suyos.

Al importante documento visual que suponen esas grabaciones caseras, que con el relato oral toman significados diferentes, Flotel Europa se convierte en una íntima confesión de los sentimientos íntimos de un muchacho. Así primero vive con curiosidad y novedad su vida en un barco y después, instalado en la rutina, empieza a analizar y a despertar y a entender su tragedia y la de los demás. Pero entre medias descubre el amor y el desamor con Melissa (otra joven refugiada), la amistad y también las peleas con los niños de su edad, su admiración por un grupo de chicos jóvenes y vitales que se van quebrando poco a poco en el barco entre desencantos, drogas y alcohol, el aprendizaje ante la fuerza y el empuje de su madre (que solo se quiebra en la soledad de la música clásica)…

Esos vídeos caseros recogen cómo se organizaban, la personalidad de cada camarote, los lugares comunes y compartidos, las actividades, las fiestas, la celebración de la música y el baile pero también, por el relato de Tomic y algunas imágenes, se vislumbran las reivindicaciones, los momentos tensos, la tristeza y la desesperanza (sobre todo en esa sala de televisión)…, las imágenes muestran el intento de normalizar una situación que no es normal, de conservar la dignidad y la esperanza… aunque la división y las tensiones de la guerra terminan instalándose también en el barco, haciendo más insoportable la espera y quebrando más todavía a las personas.

Así las imágenes y la narración de Tomic van creando metáforas fuertes. Cuando el director cuenta cómo se despiden de sus abuelos, que habían sido partisanos durante la Segunda Guerra Mundial, antes de ir a Dinamarca, el abuelo le dice que sea tan fuerte y valiente como el joven Bosko Buha, un niño héroe partisano, que refleja lo que era una Yugoslavia sin aparentes grietas…, así en momentos determinados de Flotel Europa, aparecen imágenes de una película yugoslava de 1978 que narra la historia de este niño. Pero también es un reflejo de un Vladimir que deja a un lado su infancia para enfrentarse a la madurez…, ese niño que llegó al barco, muere… como Bosko Buha… O cómo se emplea de manera maravillosa la música, las canciones y el baile para reflejar los sentimientos así como el ambiente del barco pero también ilustra la quiebra de la unidad. O cómo toma fuerza la metáfora del Flotel Europa como un acuario con peces de especies exóticas o la metáfora de una televisión que acaba flotando en el agua, que refleja la rabia contenida y el dolor ante las imágenes recibidas de un país roto.

La mirada del silencio (The look of silence, 2014) de Joshua Oppenheimer

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The act of killing y La mirada del silencio forman un díptico impresionante, una obra única que encuentra una manera chocante de reflejar el horror de una situación histórica concreta. El exterminio a partir de 1965, tras el golpe de Estado del Ejército en Indonesia, de comunistas, simpatizantes y sospechosos… El Ejército lideró la masacre como cabeza pensante y se sirvió del brazo ejecutor de paramilitares y gánsteres. La gran tragedia de Indonesia es que los asesinos siguen en el poder, y son celebrados como héroes, y las víctimas siguen en silencio cruzándose cada día con los asesinos de sus familiares. Pero su acercamiento a esa realidad histórica y las reflexiones que surgen son bofetadas visuales para aquel que observa. Los documentales de Joshua Oppenheimer golpean, remueven y provocan… y hacen reflexionar. Los documentales de Joshua Oppenheirme realizan planteamientos complejos y construye un discurso que perturba.

Si en The act of killing entraba de lleno en la vida de los escuadrones de la muerte y les hacía un planteamiento insólito que ellos ejecutaban con placer: que ellos mismos realizasen una película escenificando aquellos días en que asesinaron a un número enorme de seres humanos, de maneras horribles…, en La mirada del silencio pone a un familiar de una víctima (su hermano) ante la imagen de sus asesinos y su representación de la muerte y hace que este se encuentre directamente con ellos para ver si atisba algo parecido a la asunción de responsabilidad y al arrepentimiento. Si en The act of killing, cada uno de los miembros de los escuadrones de la muerte reaccionaba ante el encargo de maneras distintas y al verse también reaccionaban de manera sorprendente haciendo que incluso uno de ellos tuviese algo parecido a una revulsión catártica ante su propia brutalidad…, en La mirada del silencio también la reacción de los asesinos ante el familiar de la víctima pintan un abanico de comportamientos esperados e inesperados… Si en The act of killing se llegaban a momentos de delirio y absurdo en “esa representación cinematográfica” que realizaban los propios asesinos, en La mirada del silencio vemos el dolor que provoca ese delirio en aquellos que aguantan y callan…

Si nos centramos en La mirada del silencio es un documental rico en significados y en la construcción de su discurso. Con un ritmo mucho más pausado, la cámara sigue la personal odisea de Adi, un hombre de 44 años que se enfrenta a las imágenes de los asesinos de su hermano Ramli. Un asesinato que quebró por la mitad a su familia. Una madre y un padre que tienen que convivir en silencio, porque sus vecinos son los asesinos de su hijo. Entonces, Adi empieza a visitar a los asesinos de su hermano y a confrontarse con ellos buscando que se responsabilicen de sus actos o que muestren algún tipo de arrepentimiento.

Joshua Oppenheirme plantea lo difícil que es luchar contra una propaganda que difunde otra historia muy diferente a la que contarían las víctimas. Y esa propaganda no solo se difunde en la televisión sino que también se imparte en las escuelas, afectando a los hijos del propio Adi. Por otra parte refleja la quiebra de la familia de las víctimas reflejando la dureza de la vejez de los padres de Adi. Su padre refleja el olvido, la ceguera y el miedo que envuelve un pasado doloroso; su madre, la memoria silenciosa y el odio que esconde la víctima cuando no puede gritar y expresarse, contar su historia, llorar a su hijo muerto y restablecer su imagen… Por otra se sirve del título de su documental, la mirada del silencio, potente metáfora. Su protagonista, Adi, es oftalmólogo y va graduando la vista a algunos abuelos en su localidad, mientras les pregunta sobre el pasado. Todos se sienten incómodos, bien porque guardaron y guardan silencio y prefieren el olvido, bien porque son los asesinos… Pero también esa mirada del silencio se instala cuando Adi mira el televisor y ve y oye a los asesinos de su hermano (cómo representan, cómo ríen, cómo no ven el horror con el que actuaron) o esa misma mirada del silencio está presente cuando Adi confronta con los asesinos y estos en un principio callan…, antes de saber cómo va a reaccionar cada uno. No solo reaccionan con incomodidad, enfado e incluso amenaza, sino otros negando su responsabilidad, dando argumentos hilarantes o absurdos y ninguno mostrando su arrepentimiento, sino respondiendo con más violencia. También sorprende (donde se genera un débil halo de esperanza o la misma brutalidad y negación) la reacción de alguno de los familiares de los asesinos.

Las metáforas siguen siendo sutiles y empapando el documental, como esa especie de semillas que se mueven y saltan… queriendo sacar todo lo que llevan dentro, como les ocurre a las víctimas ante su silencio eterno. Y nos preguntamos ante la valentía de Adi (los responsables pensantes de la masacre siguen en el poder y son los que se muestran más agresivos y amenazantes con él)… y su esfuerzo por querer desvelar la verdadera historia de la muerte de su hermano Ramli: ¿Tiene sentido arriesgar así su vida, estando todavía los asesinos en el poder? Su esposa nos pone en evidencia que ella no está muy de acuerdo con la determinación de su marido. Pero ¿tiene sentido consumirse como su padre, roto por el dolor, o sentarse bajo el tamarindo como su madre, impotente ante la injusticia sufrida? ¿Tiene sentido que los hijos de Adi escuchen más mentiras? ¿Tiene sentido la impunidad de los responsables de una masacre y que sigan en el poder? ¿Tiene sentido la manera en la que enfoca estas cuestiones el documentalista Joshua Oppenheimer? Solo hay que ponerse frente el díptico The act of killing y La mirada del silencio y como espectador intentar encontrar respuestas…

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DocumentaMadrid 15 (tercera parte). Virunga (Virunga, 2014) de Orlando von Einsiedel/Desde que el mundo es mundo (Desde que el mundo es mundo, 2015) de Günter Schwaiger

Virunga (Virunga, 2014) de Orlando von Einsiedel

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La pesadilla de Darwin (2004) de Hubert Sauper mostraba el daño social y ambiental que provocaba la introducción de la perca del Nilo en el lago Victoria en Tanzania. El realizador creaba un mosaico inteligente donde se denunciaba una situación extremadamente compleja y creaba un buen documental de denuncia que mostraba una realidad concreta con un montaje inteligente, generando a la vez reflexiones e imágenes que construían un discurso y proporcionando una investigación sobre un tema de manera apasionante. Diez años después Virunga se centra en un parque natural del Congo, un paraíso de biodiversidad y hogar de los últimos gorilas de montaña, que corre el peligro de ser destruido ante la presencia de petróleo que despierta oscuros intereses. Otro lago está en peligro, como la comunidad que vive alrededor de él y que se dedica a la pesca, el lago Edward. El realizador, Orlando von Einsiedel, denuncia de una manera muy distinta a Hubert Sauper. Él construye el documental empleando el lenguaje cinematográfico de una película de ficción: ritmo, tensión, intriga, música que “guía” los sentimientos del espectador… Ambos documentales consiguen llamar la atención sobre un hecho concreto, remover, aunque de maneras muy diferentes.

Después de realizar un prólogo donde cuenta brevemente la triste historia de El Congo, un área africana donde siempre ha primado la violencia y la explotación de recursos sin importar el bienestar de sus gentes (para crear un contexto en el que situar la historia que el documentalista quiere retratar)…, empieza una película de intriga, acción y tensión que se centra en cuatro protagonistas: un guardabosques, un cuidador de gorilas, el director de origen belga del parque y una periodista francesa. Así se desarrolla una investigación intensa que habla de un grupo de personas que tratan de salvaguardar un parque natural a pesar de la inestabilidad política y social, de la caza furtiva, de los conflictos bélicos, de la violencia extrema y de la actuación sin escrúpulos de una empresa británica, SOCO International (que ha negado en todo momento las acusaciones que se mostraban en el documental), que trata no solo de comprobar si hay petróleo sino cómo obtener beneficios si se procede a la extracción, sin importarles la zona donde operan (y menos aún las personas) y haciendo lo que sea por no tener obstáculos en su trabajo (incluso fomentar la inestabilidad de la zona).

Descubrimos que el guardabosques tiene un fuerte sentido del trabajo bien hecho, que tiene clara la importancia del parque y su labor, y que el parque supuso una salida a su dura vida como niño soldado. Que el director del parque es un ecologista convencido que respeta la naturaleza y ama El Congo y sus gentes y por eso no se somete a presiones a pesar de que su vida corra peligro. Que el cuidador de gorilas es un hombre entrañable que da sentido a su vida con la entrega total a los gorilas huérfanos que cuida en su día a día y que la joven periodista francesa tiene claro llegar hasta el final de su investigación para que si escribe lo que quiere denunciar, su trabajo sirva para la conservación del Parque y sus gentes. En definitiva, todos son capaces de arriesgarse por preservar la belleza y la biodiversidad de un paraíso natural.

Orlando von Einsiedel emplea los recursos del cine de ficción y del periodismo de investigación para construir su denuncia. Aquí está quizá su mayor pero, conduce al espectador por dónde tiene que ir, qué tiene que reflexionar e incluso cuando tiene que emocionarse o enfadarse (pero, por otra parte, lo hace bien porque lo consigue). Lo que pasa es que en Virunga, en contraste con la investigación y el conflicto que estalla, se muestra la belleza del parque, estalla su riqueza natural y se muestra una verdad cautivadora y auténtica en la mirada, los abrazos, la risa, el miedo, el juego, la protesta, la agonía y el cariño de cuatro gorilas huérfanos.

Desde que el mundo es mundo (Desde que el mundo es mundo, 2015) de Günter Schwaiger

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“La vida es vida desde que el mundo es mundo”, afirma Gonzalo, el protagonista del nuevo documental de Günter Schwaiger. Y el director toma estas palabras al pie de la letra y muestra el ciclo de la vida a través de Gonzalo y su familia. Su cámara los sigue durante un año y documenta, nunca mejor dicho, su manera de vivir, su filosofía, en un pequeño pueblo de la Ribera del Duero, Vadocondes. Y surge un documental realmente hermoso. Desde que el mundo es mundo muestra el ritmo pausado y apasionante del día a día. El que narra, el guía, es el agricultor Gonzalo. El resultado es apasionante porque mientras él relata su vida, como buen castellano, de manera directa, pragmática y realista…, hablando de la vida dura y sin romanticismo de las zonas rurales (azotadas también por la crisis… pero como dice, sabio, como siempre han estado mal están acostumbrados a los reveses), la mirada de Günter Schwaiger sí que nos devuelve una suave poética, no carente de romanticismo y nostalgia, de la vida rural.

Así el espectador penetra en el universo y en los rituales cíclicos de Vadocondes. La vida fluye, la vida pasa y en un año ocurren muchas cosas y otras permanecen…, y las de más allá están condenadas a desaparecer. Así lo vemos en los caminos que seguirán sus tres hijos. El mayor parece que seguirá –aunque no descarta un cambio– los pasos del padre. El pequeño quiere preparse para guarda forestal y el mediano quiere salir del pueblo y ejercer de veterinario. Mientras, todos ayudan al padre en la siembra de los campos (maíz, patata, remolacha…), en la matanza del cerdo, en los viñedos… La economía familiar se mantiene entre la agricultura (con años buenos y años muy malos) y el sueldo fijo de la madre que trabaja como enfermera (además de en el campo y en todas las tareas que sean necesarias). De Navidad a Navidad, Gonzalo y los suyos ritualizan su vida con los giros que depara el destino, con la espontaneidad de la naturaleza. Las comidas alrededor de la mesa, la visita a la panadería del pueblo, la vendimia, el despedazamiento del cerdo y la elaboración de los embutidos, la recogida de las setas, las reuniones en la bodega y en la cocina, el cine de verano, las procesiones, el verano bullicioso en un pueblo donde durante diez meses son tan solo 300 habitantes, las fiestas, el concierto al aire libre, el saludo a la Julia, la mujer más longeva del pueblo con sus 104 años (la mitad de sus habitantes están jubilados)…

Pero Desde que el mundo es mundo toca asuntos reales (y actuales) que afectan a la vida en las zonas rurales. Como vivir de la agricultura es sobrevivir. La dura guerra de los precios que hace casi imposible vivir de la agricultura sostenible, el mercado no deja respiro, no perdona… y hace que la agricultura esté destinada a desaparecer. La generación de Gonzalo parece la última que trata de sobrevivir con la agricultura tradicional, que cuida la tierra como puede (aunque las reglas del mercado le hace emplear sustancias –que preferiría no emplear– para que sus cosechas sean buenas, abundantes y no se pierdan). El despoblamiento de los pueblos que además de las dificultades diarias, suman la crisis que los está minando más, los pocos que pueden trabajar no tienen empleo, los que tienen empleo ganan mucho menos que antes, algunos tratan de sobrevivir, por ejemplo, sembrando marihuana en los campos de otros con las dificultades que eso acarrea, la mayoría de los jóvenes ven la continuidad de sus vidas fuera del pueblo…

O toca otro tema como la importancia de la memoria histórica, Gonzalo ha luchado, como siempre lo ha hecho durante toda su vida por todo, por sacar a su tío de una fosa común donde fue a parar en la Guerra Civil. Y desde ese momento ha seguido colaborando en las excavaciones y en recuperar los cuerpos de otras personas que encontraron la muerte y el olvido, y que a la vez, como dice Gonzalo, fueron tíos de otras personas. Todos son sus tíos. Una historia que ha llamado más la atención, pero como siempre y gracias hay excepciones, a la prensa internacional, así vienen hasta de Japón para realizar un reportaje sobre las excavaciones. Donde hay una excavación cerca de la zona, ahí está Gonzalo y familia con otras gentes de los pueblos y con los arqueólogos, sacando cuerpos, evitando el olvido, recuperando seres queridos y hablando de ellos.

Y Gonzalo cuenta, se convierte en narrador de una forma de vida, una filosofía, y cuenta sentado en una bodega o alrededor de un fuego mientras preparan carne o se fuman un cigarro. Mientras, la vida sigue su curso…, llueve, nieva, el perro tiene cachorros y la gata también, las gallinas corretean junto al pavo, hoy toca matar al cerdo y mañana al pollo, ahora es temporada de setas y cada día, amanece, siempre amanece. Y la gente sigue soñando, hasta el abuelo de la boina. Y la gente sigue aguantando, tiene mucha paciencia, aunque Gonzalo cree que la buena gente también tiene un límite, y si las cosas siguen así puede haber una explosión social. Pero la vida sigue, sigue, sigue…

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DocumentaMadrid 15 (segunda parte). Of men and war (Des hommes et de la guerre, 2014) de Laurent Bécue-Renard/ The seventh fire (The seventh fire, 2015) de Jack Pettibone Riccobono

Of men and war (Des hommes et de la guerre, 2014) de Laurent Bécue-Renard

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Las consecuencias psicológicas de una guerra, las heridas abiertas, quedan muchas veces en el olvido y ocultas. Son complejas y duras, difíciles de entender y de curar. En 1946 John Huston mostraba en un documental, Let there be light, los traumas que provocaba la guerra, la Segunda Guerra Mundial, en un grupo de soldados norteamericanos. Lo que recogía la mirada del realizador hizo que el propio Ejército de los Estados Unidos (que encargó el documental a Huston) no la distribuyese hasta 1980. Porque mostraba heridas mentales, desnudaba a hombres rotos que hacen saltar por los aires el mito del guerrero que regresa a casa dispuesto a llevar las riendas de su vida con fuerza. Porque enseñaba hombres que contaban una verdad, que el Ulises que regresa de La Odisea tiene traumas y que pierde las riendas, y que a veces logra cerrar las heridas y que otras se hunde definitivamente.

Otra de las guerra traumáticas para otra generación de jóvenes norteamericanos fue Vietnam. Y el regreso tampoco fue fácil, no solo no eran héroes sino que estaban tan rotos que no encontraban hueco alguno en una sociedad desencantada que los rechazaba porque no entendían, como ellos tampoco, qué hacían en esa guerra. Así también la ficción golpeaba al espectador mostrando reflexiones incómodas y cómo el horror de una guerra destroza a toda una generación, a los que fueron y a los que se quedaron. Seres humanos rotos en pedazos. Así Elia Kazan en su penúltima película, Los visitantes (1972), cuenta la historia de Bill, silencioso y pasivo, que no vuelve a hablar nunca de su experiencia en Vietnam, cuando un día recibe la visita de dos hombres para devolverle un pasado que no puede enterrar. Tres jóvenes transformados y destrozados por la violencia. Tres hombres que arrastran una contienda en la que se hicieron e hicieron cosas terribles. Uno reacciona sin saber enfrentarse a nada, un muerto en vida, y los otros responden con violencia y caos que fue lo que aprendieron en un campo de locura salvaje… Y mientras una sociedad desencantada que no trata de entender, que rehúye la mirada. Es de las películas más incómodas y pesimistas del realizador.

Y ahora son otras guerras y otras heridas que generan traumas y que hacen regresar a hombres rotos de cuya situación es mejor no hablar mucho. Pero el documentalista Laurent Bécue-Renard sigue mirando y atrapa con su cámara a otro grupo de hombres norteamericanos rotos por la guerra (ahora es Iraq o Afganistan) y asiste durante un tiempo largo a una terapia de grupo para tratar el estrés postraumático en un centro especializado The Pathway home. El terapeuta, un veterano de la guerra de Vietnam, trata de proporcionarles las herramientas para superar el trauma y recuperar sus vidas, levantarse. Así somos testigos de testimonios espeluznantes que les destrozan por dentro pero que también generan una capacidad en cada uno de autodestruirse. Y así caen por un tobogán en que arrastran a padres, hijos, esposas, novias… que son testigos de su hundimiento y que muchas veces no saben cómo actuar, a veces se rompen totalmente los lazos. Unos pierden el control, otros no pueden enfrentarse a los problemas diarios y se ocultan en el alcohol o las drogas, el de más allá no puede dormir, otro solo sabe responder con la violencia, más allá uno no deja de temblar o cuando está estresado le visitan mil tics…

Laurent Bécue-Renard deja fluir el tiempo y los momentos más íntimos entre las terapias de grupo (con las explosiones de ira, con los traumas que les impiden vivir…), la convivencia en el centro terapéutico con pequeños actos cotidianos como la pausa del cigarro o algunas fiestas, excursiones, desfiles y encuentros familiares; y la vida de estos hombres, que están tratando de salir del pozo, con sus hijos, padres, novias o esposos, sus intentos por reconstruir su día a día. Algunos logran sobreponerse, es decir, manejar el trauma; otros se quedan en el camino y otros prefieren desaparecer (y recuerdas ese rostro –y su voz– que trataba de superar el trauma)…

Primeros planos para aquellos que deciden dar el primer paso y expulsar sus miedos, temores y traumas en la terapia con momentos de respiro (con presencia del entorno) que tratan de reflejar el intento continuo de regresar a la vida cotidiana, de enfrentarse a los problemas diarios, de convertirse en hijos, padres, novios o maridos.

Of men and war es el segundo documental de la trilogía “Genealogy of Wrath” donde el director trata de analizar las consecuencias psicológicas de las contiendas bélicas. En el primero, War-Wearied, descubría el impacto de la guerra de Sarajevo en tres mujeres viudas que trataban de superarlo en un centro de terapia rural. Sin duda una genealogía de la ira que muestra heridas de difícil curación. Hal Ashby en El regreso (1978) hacía que unos personajes dijeran a un soldado herido psicológicamente, a punto de perder los estribos: “No somos tus enemigos, el enemigo es esa guerra”, y eso es a lo que se enfrentan los jóvenes de Of men and war, que viven su regreso y todo lo que conlleva como amenaza, la incorporación a la vida cotidiana les mata poco a poco mientras entierran sus traumas y heridas de guerra o se sienten incapaces de salir de ese campo de batalla que les quebró por dentro.

The seventh fire (The seventh fire, 2015) de Jack Pettibone Riccobono

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… Hay un momento en que uno de los protagonistas del documental The seventh fire dice que su nombre nativo es Pájaro de trueno (Thunderbird). Y es como si ese personaje volara a la velocidad de un trueno sobre su realidad en Pine Point, una localidad nativa en el norte de Minnesota en la reserva india de White Heart. Un lugar que atrapa los destinos de Rob Brown, ese pájaro trueno, y del adolescente Kevin, que ante un mundo sin futuro y sin salidas, piensa en convertirse en gánster, en ser un líder de banda como lo es Rob.

Ambos pertenecen a la comunidad ojibwe, comunidad atrapada entre unas bandas que traen más desolación y menos futuro, que llevan droga y alcohol, y un intento de mantener su pasado, raíces y cultura. Pero esas bandas son formadas por personas como Rob y Kevin que han vivido en una situación de exclusión continúa, con unas vidas complicadas donde han recibido más palos que oportunidades. Porque Pine Point no es un sitio fácil en el que vivir, no es un sitio fácil en el que encontrar una salida. Porque a las comunidades nativas norteamericanas se las apartó del mapa y de la historia, se las enterró en el olvido, en un universo sin salida posible y se las robó su identidad.

The seventh fire golpea al espectador y se empapa de la lírica del perdedor en las palabras de Rob, que siempre le gustaron las palabras y que encuentra en la literatura una manera de expresarse y de entender con lucidez su situación, aunque caiga una y otra vez. Pero también es arrastrado por el destino sin esperanzas de Kevin, un adolescente que lucha por no caer pero en la encrucijada de la vida decide seguir los pasos para convertirse en un ideal cinematográfico, ese Tony Montana con cara de Al Pacino, que logra salir del hoyo y la miseria aunque sea delinquiendo…

Además Rob suelta la pulla exacta al espectador cuando se ríe diciendo que sí que la película la verán los europeos y asiáticos que quieren mucho a los indios y así calla que no la verá ni Dios en Estados Unidos. Así dispara que unos verán el documental desde pantallas lejanas simplemente para saciar su curiosidad sobre unas comunidades que han visto reflejadas y han amado y analizado en el género western y otros, ni siquiera se acercarán a su situación, ni les importa. Suavemente duro y… sobre todo cuando está sumergido en una fiesta con droga y alcohol de por medio, cuando da igual callar o no.

Pero en esa lírica del perdedor (un perdedor de dimensiones gigantescas) y en ese destino sin esperanzas (de un adolescente que desciende) surgen imágenes de gran belleza en The seventh fire porque Jack Pettibone Riccobono mezcla las palabras de sus protagonistas con imágenes logrando significados dolorosos. Como ver el mito de Perséfone en el rostro de una niña o sentir la mirada de un pájaro de trueno que mira desde arriba con desolación y belleza, o cómo a pesar de todo tratan de protegerse unos a otros como lobos de una manada como cuentan las leyendas (aunque se rompan poco a poco en los intentos) o sueñan con el regreso de su identidad y orgullo ante imágenes antiguas suyas o de sus ancestros… o corren y se ocultan entre la frondosa vegetación donde pueden perderse a sus anchas, sin que nadie mire, sin que nadie persiga, sin que nadie arrebate su identidad , sin que nadie juzgue…

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DocumentaMadrid 15 (primera parte, sección oficial largometrajes). Chante ton bac d’abord (Chante ton bac d’abord, 2014) de David André/La once (La once, 2014) de Maite Alberdi

Chante ton bac d’abord (Chante ton bac d’abord, 2014) de David André

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La realidad se pone a cantar. Si ya dentro de la ficción se habían dado pasos para llevar la clave de sol a espacios inauditos en el género musical, quedaba que la pura realidad se pasara al musical, y así lo ha hecho el documentalista David André.

Así como en la ficción, George Abbott junto a Stanley Donen llevaron el musical a una fábrica de pijamas donde se preparaba una huelga entre los trabajadores para exigir una subida salarial (The pajama games, 1957) o la rivalidad entre bandas juveniles neoyorquinas hacía que sus protagonistas bailaran en un garaje o en un callejón mientras transcurría un argumento universal con unos nuevos Romeo y Julieta en West side Story (1961) o volando hacia Francia Jacques Demy creaba un melodrama donde sus jóvenes protagonistas en sus vidas cotidianas, con conflictos sociales y bélicos, cantaban sin parar en Los paraguas de Cherburgo (1964) o aterrizando en Gran Bretaña Alan Parker reflejaba la vida dura en un barrio proletario con notas musicales en The Commitments (1991). En el cine documental, se han reflejado momentos de realidad que tenían que ver con la música: unos jóvenes de un instituto en una zona deprimida participaban en la elaboración de una gran coreografía con la música de La consagración de la primavera de Strawinsky en ¡Esto es ritmo! (2004) o unos abuelos formaban un coro donde cantaban rock and roll y se rebelaban contra la enfermedad y la muerte en Corazones rebeldes (2007).

Pero lo que hace David André en Chante ton bac d’abord es contar la historia de un grupo de adolescentes en una localidad deprimida por la crisis económica y que estos expresen sus sentimientos y su manera de sentirse cantando en los sitios más cotidianos, haciendo realidad ese argumento que esgrimen aquellos que no soportan el cine musical: “Nadie está de pronto en la calle y se pone a cantar y la música empieza a sonar a su alrededor”. Y el contraste es interesante porque acorta distancias entre los jóvenes y los espectadores y da más energía y fuerza a lo que quiere contar. Una realidad dramática que reflejaría Ken Loach en uno de sus dramas sociales o que los hermanos Dardenne diseccionarían con su cámara distante, David André da un toque de magia mostrando que los jóvenes protagonistas pueden soñar y alcanzar sus sueños en la realidad gris que les rodea y en un acto de locura y rebeldía cantar sus aspiraciones…, saltarse las reglas de la realidad.

Chante ton bac d’abord recorre un año crucial en la vida de seis amigos adolescentes que viven en Boulogne-Sur-Me. Y es crucial porque es el año en que van a examinarse de selectividad y van a decidir cuál es su futuro profesional. Aun azotados por la crisis económica, y muchos de ellos conviviendo cada día con el drama y los miedos de sus padres, ellos apuestan por soñar y luchar por alcanzar lo que realmente quieren. A base de canciones Gaëlle, Alex, Rachel, Nicolas, Caroline y Alice nos cuentan no solo como son sino cómo se sienten así como describen sus miedos y sus sueños. Mientras ellos cantan, sus padres son reales como la vida misma y les ponen espejos en los que mirarse: unos se rebelan contra esos espejos aunque se preocupan y adoran a sus padres y otros reciben siempre un empujón en el vuelo, incluso uno de los padres pone siempre música en su vida, canta sin parar.

Uno de los grandes aciertos de este documental no es solo que la realidad se ponga a cantar sino el contraste y la química que se establece entre los adolescentes protagonistas y sus padres logrando momentos de emoción. Así el rostro desencantado del padre de Gaëlle contrasta con la energía y ganas de soñar de su hija. Y la fuerza del padre de Alex arrasa cada vez que asoma su rostro en la pantalla y nos traspasa con esa complicidad sincera que establece con su hijo. O nos hace reír el pragmatismo de la madre de Nicolas que piensa que su hijo lee demasiado y eso no lleva a ninguna parte, un genio tiene que comer.

Chante ton bac d’abord experimenta con la realidad y la refleja con corcheas y semicorcheas.

La once (La once, 2014) de Maite Alberdi

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Lo más cercano y cotidiano puede captarse con delicadeza y crear un espacio único repleto de historias. Así Maite Alberdi decide explorar un universo muy cercano y concreto: la hora del té de su abuela María Teresa con sus amigas. Una vez al mes se reúnen alrededor de una mesa y es un ritual sagrado, íntimo, así ha sido durante sesenta años. Pero el tiempo pasa, las ausencias van siendo evidentes y, sin embargo, no reniegan de ese espacio, que es suyo, en el cuál toman té, pastas, bocadillos, deliciosas tartas y se ríen, se pelean, cantan canciones, se cuela algún recuerdo y otro se escapa pero hablan y hablan de lo divino y de lo humano, de los hombres, del sexo, de su educación, de la muerte, de la religión… Todo está perfectamente preparado y organizado y ellas están impecables frente a sus amigas, bien peinadas, bien vestidas y maquilladas. Nada puede faltar en el ritual. Y Maite Alberdi lo capta minuciosamente, con detalle, dejando una mirada cercana y entrañable con unas gotas de humor de estas mujeres que pertenecen a una clase alta chilena.

Las reuniones de las amigas siguen un patrón mes a mes, año a año, un ritual que convierte cada hora del té en un momento mágico donde el tiempo no pasa. Maite Alberdi las capta durante cinco años y en un inteligente montaje (eran horas y horas de material filmado) logra acercarnos ese universo ajeno. Las transiciones ocupadas por fotografías en un álbum y por la preparación minuciosa de la mesa de té: la infusión y los deliciosos postres. Cada año empieza, como cada reunión, con una oración donde se dan gracias por seguir reunidas y juntas. Y después Maite se centra en los rostros de su abuela y sus amigas tanto en las que hablan como en las reacciones de las que escuchan (y condensa todas las reuniones de té del año como si fuera una única cita). Y ahí nos encontramos con otro documental subterráneo… lo que nos dicen y expresan esos rostros que no hablan, que miran. Así nos causa incredulidad y una risa nerviosa cuando vemos los rostros y las reacciones de estas señoras ante una nueva melodía en la flauta de Francisca, una de las hijas de María Teresa. Cuando esto ocurre por primera vez, vemos solo sus rostros en silencio, incómodos, y escuchamos las notas discordantes de la flauta… hasta que la cámara nos sitúa un primer plano de la protagonista, Francisca tiene síndrome de down. O esa otra historia que nos cuentan las breves apariciones de las chicas de servicio que ayudan a preparar la hora del té y sirven la mesa cada vez, en cada encuentro. O también dice mucho cómo apenas salen sus discusiones políticas porque como explicó la directora en una intervención tras la proyección, su extremismo político hacia la derecha y las acaloradas discusiones con su abuela (única de las presentes con una ideología más a la izquierda) iba a alejar al público de esas mujeres y no iba a realizar ese acercamiento para entenderlas en su propio universo, además de perderse todo espectador que no fuera chileno por no conocer la realidad política del país.

Finalmente aunque se suceden las risas y los guiños tiernos, queda en realidad un retrato melancólico de estas mujeres a las que ya les queda poco tiempo de reunión y risas… y que aprovechan su hora del té al máximo. Todo queda como si fuera un álbum de fotografías amarillas, vivir a través de los recuerdos, conocer lo que era un ritual que se está extinguiendo por la ausencia… Así Maite Alberdi atrapa a las protagonistas de esas fotos amarillas y las da vida y voz.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Óperas primas en el Festival de Málaga. El viaje de las reinas (El viaje de las reinas, 2014) de Patricia Roda/El país del miedo (El país del miedo, 2015) de Francisco Espada

Las óperas primas se han convertido casi en una heroicidad en tiempos de crisis y en una industria cinematográfica que está sufriendo transformaciones y cambios, no solo por la situación económica sino por procesos mucho más complejos, es un reto llevar a cabo un primer proyecto cinematográfico y sobre todo poderlo mostrar en los circuitos de exhibición. Y sin embargo estos tiempos son momentos de alzar la voz y también de proporcionar nuevas miradas. El Festival de Málaga es una plataforma idónea y durante estos días ofrece la oportunidad de descubrir nuevas obras cinematográficas de directores que entregan su primer largometraje. En este caso Patricia Roda recibirá la Biznaga de Plata, mañana, por su documental El viaje de las reinas en la sección competitiva “Afirmando los derechos de la mujer”. Y por otra parte Francisco Espada está compitiendo en la sección oficial con su ópera prima El país del miedo.

El viaje de las reinas (El viaje de las reinas, 2014) de Patricia Roda

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¿Es posible un cambio o transformación social a través de un proceso creativo? ¿Por qué lo primero que se prohíbe y se controla en sistemas totalitarios es todo lo relacionado con la cultura? Estas son preguntas que tienen respuestas cada día a través de distintos proyectos. La cultura es abrir puertas y ventanas, hacer volar a las miradas, es aprendizaje de la vida, es acceso al conocimiento a través de la sensibilidad… y es posibilidad de cambio y transformación. El proceso creativo tiene algo que transmite fuerza y energía, un halo mágico que hace poner en pie proyectos imposibles. Y todo esto puede “sentirse” en el primer documental de la aragonesa Patricia Roda, El viaje de las reinas.

“Somos reinas”

Esta simple afirmación significa mucho. Es una afirmación reivindicativa. Las mujeres somos reinas en nuestra propia vida. Y esto lo tienen claro las quince mujeres protagonistas del documental. Todo empezó cuando un grupo de actrices decidió que en vez de lamentarse por su compleja situación laboral, no solo por la crisis sino también por la dificultad de encontrar buenos papeles sobre todo a una determinada edad, debían unirse y poner en pie un proyecto teatral (del que ha nacido además la plataforma Actrices para la Escena). Así surge Reinas. Desde las reuniones en un café de Zaragoza, El Sol, hasta estrenar la obra en el teatro Principal pasa un año de sueños, ensayos, trabajo duro, obstáculos, esperanza, ilusión… y todo lo contrario, incertidumbre, desencanto, dudas…

El alma del proyecto es visibilizar a unas mujeres que también escribieron la historia pero sin embargo se las relega a las sombras o a un segundo plano pero a la vez visibilizar que las mujeres actrices que llevan años en la profesión claman por papeles protagonistas, por las mismas oportunidades que sus compañeros en los escenarios (mismos salarios, mismas oportunidades de acceso, más papeles femeninos –y por tanto más voz–, más capacidad de decisión, más presencia en distintas áreas fundamentales en el mundo teatral…) y por poder seguir trabajando en lo que más aman (muchas de ellas tienen que buscar otras vías y trabajos para poder sobrevivir en el día a día).

Así la esencia de El viaje de las reinas son los rostros, primeros planos, de las quince mujeres que pondrán en pie este proyecto y la cámara de Patricia Roda “captará” todo el proceso creativo hasta el momento del estreno. Ellas son las protagonistas, ellas son las reinas. Así a la vez que ellas darán voz a distintas reinas europeas, el documental visibilizará a las actrices que aportarán su técnica, voz y cuerpos a dichas reinas. La impulsora y directora del proyecto, Blanca Resano, hará especial hincapié en que se las conozca con nombre y apellido.

Así Eva Hinojosa y Susana Martínez plasmarán en papel la obra de Reinas, este proyecto teatral común, y los rostros de las reinas serán los rostros de doce actrices de distintas edades: Laura Plano, Minerva Arbués, Amor Pérez Bea, Inma Chopo, Inma Oliver, Amparo Luberto, Carmen Marín, Ana Marín, Luisa Peralta, Mariles Gil, Nuria Herreros y Marisa Nolla. Y durante el proceso creativo cada una encontrará su voz de reina y en el escenario visibilizarán a Isabel La Católica, María Antonieta, Luisa Isabel de Orleans, Juana la Loca, Catalina la Grande, Isabel Farnesio, María Estuardo, Catalina de Aragón, Cristina de Suecia, Leonor de Aquitania, María Tudor e Isabel I de Inglaterra. Todas mujeres con nombre y apellido… y con un papel en la vida, las actrices y las reinas.

Patricia Roda opta por contar cronológicamente el proceso creativo, entrevistar a sus protagonistas, plasmar los acontecimientos más importantes y puntos culminantes antes del estreno en el teatro Principal (la división de etapas es a través de insertos que recrean conversaciones de Whatsapp o sencillos rótulos) y contextualizar este proyecto de dar voz a las mujeres y en particular a las actrices como un movimiento universal. Así el documental muestra a la plataforma Magdalena Project que nació en Gales en los años ochenta, principal impulsor de otros proyectos de mujeres en el escenario como el Festival A solas de México (quizá se echa en falta saber si realmente las actrices contactaron con esta red internacional y qué lazos o intercambios surgieron). La fuerza del documental son sus actrices, sus rostros. La realizadora dota de un buen ritmo y estructura un documental sencillo y directo que emociona porque capta la energía mágica de un proceso creativo que culmina en el escenario de un teatro.

El país del miedo (El país del miedo, 2015) de Francisco Espada

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El cine y la literatura está reflejando un periodo convulso y de crisis que se evidenció con virulencia a partir de 2008 y que está llevando consigo una transformación trágica del mundo (si ya era de por sí trágico y pesimista). En otro análisis de una película, Mátalos suavemente de Andrew Dominik, además de plasmar la frase clave que suelta el mercenario Jackie Cogan (Brad Pitt) en la barra de un bar: “América no es un país, es un jodido negocio” (cambia simplemente el país), la película me hizo reflexionar así: “ante la doctrina del shock (doctrina del miedo), que tan bien explica Naomi Klein, los ciudadanos del mundo vamos muriendo suavemente ante un sistema que arrasa cualquier atisbo de humanidad y que lo que menos le importa son los ciudadanos libres. En los extremos hay fugas de movimientos e indignaciones pero a los que mueven los hilos no los vemos, son abstractos… Parece o da la sensación de una soledad trágica de David contra Goliat… y parece que Goliat va derribando obstáculos y venciendo”. Y muchas películas de estos años van reflejando este clima de miedo que pone a los ciudadanos en un estado de shock que les impide pensar, les paraliza y de este modo se van introduciendo cambios económicos y sociales que no tienen vuelta atrás y van minando el estado de bienestar y aumentando de manera trágica las fracturas sociales.

Así el director extremeño Francisco Espada adapta a la pantalla la novela de Isaac Rosa, El país del miedo, que como dijo el autor cuando le entregaron en 2008 el premio a la mejor novela que concede la Fundación José Manuel Lara Hernández: “El país del miedo es una novela de miedo, sobre el miedo y contra el miedo. Intenta ser un libro de resistencia, para que rechacemos todas las tentativas para dominarnos”. Y de eso trata la película, del miedo y del negocio que se genera a través del miedo, y de los mecanismos que provoca el miedo…

El país del miedo es una película que incomoda hasta el final y lo que el director plasma (con mayor o menor acierto) es un estado de ánimo: el miedo instalado en un estado de bienestar que se resquebraja y las situaciones de incomunicación y soledad que provoca. Y se centra en una familia de clase media y en concreto en el padre (José Luis García-Pérez), un funcionario que trabaja en una biblioteca y que siempre se ha regido por ideas progresistas y pacifistas, partidario de dialogar y mediar. Y lo que plantea El país del miedo incomoda a todos los niveles.

El conflicto empieza cuando los padres se dan cuenta de que su hijo sufre acoso escolar en el colegio por parte de una niña de 13 años. Entonces el padre trata de solucionar el asunto y entra en contacto con la niña. Esta traslada el acoso del niño al padre y logra intimidarle de tal manera que él no sabe cómo frenar la situación que se le escapa de las manos. En cada paso va traicionando cada una de sus convicciones hasta dar solución por la vía más insólita (una vía externa que él siempre habría rechazado) porque mina toda su coherencia ideológica. De fondo, se refleja cómo en la sociedad en la que habitan prima la desconfianza, la soledad, la incomunicación y, como no, la violencia. Algo que se adhiere en todas las áreas de la vida cotidiana: en las comunidades de vecinos, en los barrios, en los colegios, en los lugares de trabajo y por último en los ámbitos más íntimos. Y todo esto está afectando a cada uno de los miembros de la familia.

Francisco Espada cuenta con un reparto creíble y cuenta con soluciones cinematográficas eficaces (como abrir y cerrar la película con el tema de las puertas blindadas y las llamadas telefónicas como símbolo del miedo y del negocio que genera el miedo) o el inicio con una escena que alcanzará todo su impacto al final del metraje donde las víctimas de la historia se intercambian (porque al final todos actúan de una manera determinada por la conquista de terreno del miedo). Pero a veces otras decisiones de puesta en escena minan el ritmo de la película o sacan de la tensión de la historia como cuando rompe con la cronología de la acción porque en realidad trata de plasmar el estado del miedo del personaje protagonista (esas escenas que cuentan un hecho pasado a través de la mente del protagonista o tal y como teme que va a transcurrir). Porque la mayor dificultad de El país del miedo, y que a veces no se logra, es mezclar la realidad de lo que está realmente ocurriendo con lo que está sintiendo en realidad el personaje protagonista, su estado de pánico, y que provoca que a veces sea poco verosímil lo que estamos viendo cuando lo que se está contando es algo muy real y potente.

Aun así Francisco Espada logra una historia fuerte que incomoda al espectador, le remueve por dentro y le hace reflexionar. La esencia del personaje de José Luis García-Pérez no está tan lejos del David Sumner (Dustin Hoffman) de Perros de paja de Sam Peckinpah, incluso va más lejos y perturba más su forma de actuar, porque incluso delega el uso de la violencia en otro. El país del miedo, ese dibujo que expresa y vomita nuestros miedos más íntimos, mella en lo más profundo al ser humano.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Una frase, una película. Viaje cinéfilo por el 2014 (y segunda parte)

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39. Dallas buyers club de Jean Marc Vallée

De nuevo David y Goliat o el ciudadano contra las grandes corporaciones o multinacionales o también cómo un telefilm puede trascender por dos buenos actores y buen tema de debate…

40. El futuro de Luis López Carrasco

Cine experimental… para repensar de nuevo la Transición…

41. La herida de Fernando Franco

Un rostro de una actriz capaz de mostrar furia contenida o explosiva, sufrimiento, dolor, vulnerabilidad, fragilidad, desvalimiento, dulzura, confusión…; las heridas de la mente son difíciles de curar.

42. La ladrona de libros de Brian Percival

Un best seller libro se convierte en best seller película… y además, algo que no siempre ocurre, cuenta bien una historia sobre el poder de la palabra mientras bebe del cine clásico.

43. Agosto de John Wells

Ya lo dijo Tolstoi, las familias desgraciadas, lo son cada una a su manera; a la familia Weston solo le hace falta sentarse alrededor de una mesa para afilar las lenguas… o hacer asomar las lágrimas por sus ojos…

44. Al filo del mañana de Doug Liman

Cómo hacer el día de la marmota en una película de ciencia ficción y aventuras y pasártelo divinamente… una y otra vez.

45. Viva la libertad de Roberto Andó

Desilusión…, no basta el carisma y la actuación de Toni Servillo para poner en pie una fábula política sobre el desencanto.

46. Rompenieves de Bong Joon-ho

Un tren da vueltas a la tierra sin parar y dentro van los últimos supervivientes del planeta…, cada vagón un descubrimiento, y en ese tren se repiten las divisiones, las injusticias, las rebeliones, lo peor, lo mejor, la amistad, la traición, el amor, el odio y las sumisiones; la triste historia de la humanidad.

47. Ida de Pawel Pawlikowski

Una novicia antes de ordenarse monja se entera de que es judía a través de su tía una mujer de rostro duro…, ambas tratan de asimilar sus raíces, de reencontrarse con su pasado, de recuperar identidades…, viajan por una Polonia en blanco y negro.

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48. 10.000 noches en ninguna parte de Ramón Salazar

Su protagonista sin nombre tiene los ojos como faros y sufre la metamorfosis de una mariposa gigante… se arrastra como un gusano por las calles de Madrid, encuentra un capullo protector en los toboganes y puentes de París y se encuentra como una mariposa libre pero con caducidad temprana en Berlín.

49. La vida inesperada de Jorge Torregrossa

Viaje fallido a Nueva York de dos primos españoles, cada uno a su manera perdidos; ellos son lo mejor de la función…

50. 9 meses… de condena de Albert Dupontel

El humor negro y la herencia del slapstick, la pura comedia física, dan como resultados extrañas películas de delincuentes con poco cerebro y juezas demasiado rectas que se encuentran de modo inesperado…

51. La imagen perdida de Rithy Panh

¿Cómo reflejar el horror de lo pasado y sobrevivir en el intento?, Rithy Panh emplea su voz y unas figuritas de barro estáticas para contar la historia de su familia y cómo fueron víctimas del genocidio que llevaron a cabo los jemeres rojos.

52. El pasado de Asghar Farhadi

El director iraní construye un melodrama familiar con una maravillosa puesta en escena y los silencios; revela un mapa apasionante de emociones…, un género que nunca muere.

53. Paradiso de Omar A. Razzak

¿Puede ser posible que un cine porno en el centro de Madrid, el último cine de esas características que queda abierto, se convierta en un lugar-paraíso para varias personas que pululan anónimas y solitarias por las calles?

54. Anochece en la India de Chema Rodríguez

Cómo un proyecto hecho con el corazón, muy querido, y bien interpretado naufraga en los metros de celuloide…, demasiadas dificultades para poner en pie un sueño, imágenes bellas ilustran lo que podría haber sido…, mientras anochece.

55. Enemy de Denis Villeneuve

Dualidad más inquietud e incomodidad más extrañamiento más vértigo más Saramago más Cronenberg igual a Enemy, “el caos es un orden por descifrar”.

56. Tren de noche a Lisboa de Bille August

El gusto de disfrutar de vez en cuando de una película contada como un clásico, algo así como subirse en un tranvía en Lisboa o perderse por sus callejuelas.

57. Noé de Darren Aronofsky

Cómo convertir a un hombre ‘iluminado’ con una misión sagrada en una bestia paranóica; Noé, héroe y villano…, un ser humano.

58. El gran hotel Budapest de Wes Anderson

De pronto aparece la Europa de entreguerras creada por la mente de un hombre peculiar que lee a Stefan Zweig y muestra una Europa alocada, brillante, placentera, estéticamente hermosa… pero abocada a la tristeza y a un destino trágico.

59. Ocho apellidos vascos de Emilio Martínez Lázaro

Ser políticamente correcto, moverse bien por los tópicos, contar con buenos actores cómicos, mirar la actualidad, una realización correcta y gris… y puede que se consiga un éxito…

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60. Monuments men de George Clooney

Cómo convertir una historia muy atractiva de la Segunda Guerra Mundial en un tostón…, y echar de menos un clásico como El tren de John Frankenheimer.

61. Pelo malo de Mariana Rondón

O quedarse atrapado en la mirada inocente de un niño que trata de comprender un mundo violento y convulso… y sufrir viendo cómo pierde esa mirada.

62. Emperador de Peter Webber

Bis. Cómo convertir una historia muy atractiva de la Segunda Guerra Mundial en un tostón… o cómo una película que trata de no mostrar un mundo blanco o negro, se hunde en su realización y forma de contar en una escala de aburridos grises.

63. Una vida en tres días de Jason Reitman

Lo único aceptable: cómo hacer, en familia, una deliciosa tarta de manzana…; por lo demás menos mal que son tres días…

64. Las maestras de la República de Pilar Pérez Solano

Cómo contar con un buen material, más que buenas intenciones, un discurso a recuperar, imágenes y entrevistas actractivas… y no construir un documental vivo, inolvidable.

65. Her de Spike Jonze

… Las nuevas tecnologías no terminan con la soledad del ser humano…; el amor no es tecnológico.

66. ¿Qué nos queda? de Hans-Christian Schmid

El desequilibrio mental de la madre rompe a una familia pero no es más que un espejismo; también les arrastra a la fractura y al miedo el desequilibrio del mundo; de pronto todos se ven tan enfermos mentales como la madre y viven al borde del abismo, en el extremo, frágiles.

67. Al nacer el día de Goran Paskaljevic

Los horrores de ayer y los horrores de hoy… y un viejo músico triste que trata de entender el mundo y de terminar una sinfonía inacabada: la que su padre tenía en la cabeza mientras se consumía en un campo de concentración.

68. Nebraska de Alexander Payne

Una road movie sobre personas que se niegan a perder…

69. Nymphomaniac, vol. 1 de Lars Von Triers

¿Una película pornográfica, como dice su director, o un tratado sobre las dificultades para amar o sobre el dolor que causa el amor?

70. Qué hacemos con Maisie de Scott McGehee, David Siegel

Una historia de Henry James del siglo XIX sigue teniendo fuerza en pleno siglo XXI: los ojos de una niña que ven cómo la relación entre sus padres se deteriora y cómo ella es la pieza con la que juegan a odiarse…

71. La gran estafa americana de David O. Russell

O el amor de un director hacia sus personajes aunque todos sean una pandilla de estafadores y perdedores…

72. La venus de las pieles de Roman Polanski

Cine y juego… Polanski crea una pieza cinematográfica elegante e inteligente y mete al espectador en un juego de realidad y ficción, cine y teatro, hombre y mujer, relaciones de amor o de poder…, un juego infinito de muñecas matrioskas en un único escenario.

73. El lobo de Wall Street de Martin Scorsese

Esperpéntica manera de demostrar que estamos en manos de unos payasos descerebrados en Wall Street, estremecedora, ríes con lágrimas de furia.

74. The Grandmaster de Wong Kar-Wai

Cómo contar una historia de amor imposible con ayuda de artes marciales y el tema musical de Deborah de Erasé una vez en América…, y que además sea un hermoso espectáculo de imágenes.

75. A propósito de Llewyn Davis de los hermanos Coen

O la mítica historia de un Sísifo con guitarra que se encuentra con un Ulises felino y con su deambular y su música folk arrastran una triste historia de fracasos o eternos retornos.

76. 12 años de esclavitud de Steve McQueen

O cómo perder la libertad y convertirse en esclavo es un infierno pero también una escuela de supervivencia, de cómo no perder ni la dignidad ni la esperanza ni la memoria…; en un plato de moras puede encontrarse un recuerdo.

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Una frase, una película. Viaje cinéfilo por el 2014 (primera parte)

Viajo por todas las películas que se han estrenado este año en las salas de cine y que he podido ver. Y observo que 2014 ha sido un buen año (más todo lo que me queda por descubrir). Como siempre ha habido grandes sorpresas y profundas decepciones. Pero a mí me han ganado las buenas imágenes. Directores de siempre, nuevas generaciones y promesas futuras. Actores que siempre sorprenden y otros que surgen con fuerza. Ausentes. Risa y tragedia. Y muchas, muchas historias… El viaje ha sido placentero…, incluso de las decepciones algo se saca. En vez elaborar un listado de lo mejor o de lo peor, se me ocurre una frase por cada película vista este año en una sala de cine.

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1. Sueño de invierno de Nuri Bilge Ceylan

… sueño que veo a un caballo correr libre por Capadocia, mientras vivo encerrada en mi propia cárcel en las habitaciones de un cómodo hotel; todo cambia cuando un niño silencioso tira una piedra con furia a la ventanilla de un coche… Entonces despertamos.

2. Jauja de Lisandro Alonso

Cuentan que todo el mundo se pierde en Jauja, que nunca se regresa, tan solo puede que un perro fiel te encuentre, más allá del tiempo y el espacio.

3. Mr Turner de Mike Leigh

… El sol es Dios, dice el pintor mientras espera la muerte; en otra casa una mujer invisible y rota siente su ausencia.

4. Retrato de Aida de Antonio Gómez-Olea

… y el pintor atrapó el rostro de la actriz; antes jugó con las formas, los volúmenes y el color… y mientras fueron descubriéndose.

5. La señorita Julia de Liv Ullman

El universo de Strindberg con mirada de una mujer comprensiva que ama y conoce a sus complejos personajes…, al final solo un río, unos pétalos de flores y un reguero de sangre.

6. Magia a la luz de la luna de Woody Allen

Miramos las estrellas con la persona amada y nos puede pasar dos cosas: empequeñecernos ante su inmensidad y tener miedo o empaparnos en su belleza y vivir un romántico momento.

7. Jimmy’s Hall de Ken Loach

Aunque se pierda una y otra vez, nunca dejar de intentar poner en pie sueños creativos…, eso nos cuenta un hombre tranquilo que regresa a su tierra, Irlanda.

8. El amor es extraño de Ira Sachs

Dejad paso al mañana… el amor a veces no basta cuando llegan penurias económicas y la vejez; las personas más cercanas te echan una mano pero cuando se convive con gente que amas, la conoces demasiado y la convivencia es dura…

9. Intestellar de Christopher Nolan

El amor cruza el espacio y el tiempo…, nos lo han contado muchas veces, es el motor que hace avanzar no solo el mundo sino también el universo…, atraviesa todas las dimensiones y da sentido a todo.

10. Orígenes de Mike Cahill

Debate absurdo y simplista sobre el darwinismo y el creacionismo…, los más bonito: cada uno tenemos una mirada distinta, nuestro iris nos hace también únicos.

11. La sal de la tierra de Win Wenders, Juliano Ribeiro Salgado

… cómo entender la carrera profesional de un fotógrafo y meterse de lleno en cada una de sus imágenes y su significado; vivir y comprender el sentido de su trayectoria y de su trabajo.

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12. El juez de David Dobkin

… melodrama familiar clásico con muchas aristas sueltas que se salva por mirar la profesionalidad de un veterano, Robert Duvall, y el carisma de un buen actor como Robert Downey Jr.

13. Alguien a quien amar de Pernille Fischer Christensen

Melodrama familiar con apuntes musicales desde tierras danesas o un viejo rockero nunca muere aunque se cruce en su camino un nieto que no pide ni exige nada, solo mira, y una hija que sabe destruirse como su padre.

14. Dos días, una noche de los hermanos Dardenne

… carrera desesperada para poder mantener un puesto de trabajo tras una depresión u otra manera de entender los caminos que toma la solidaridad obrera…

15. Magical girl de Carlos Vermut

… en la vida cotidiana, en un país en crisis, la magia no es posible; una niña se muere, su padre hace todo lo que está en su mano para cumplir sus deseos, una mujer tiene su mente fracturada y no puede evitar hacer daño a todo aquel que se cruza en su camino, y un profesor sale de prisión después de muchos años… todo se une para continuar el caos.

16. Relatos salvajes de Damián Szifrón

La vida, aunque mucha veces tratemos de evitarlo, es agresiva y en las situaciones cotidianas se pueden provocar estallidos de violencia que se nos escapan de las manos; a veces llega la calma y otras la tragedia es inevitable… y el humor negro es imprevisible.

17. Perdida de David Fincher

Cómo contar una historia de una mujer-niña rica fatal y llegar al delirio…, cómo convertir el matrimonio en una relación enfermiza, en una cárcel…, cómo mostrar lo diferente que es la imagen que proyectamos a los otros y la que realmente poseemos…

18. La entrega de Michael R. Roskam

Cómo un cachorro de pit bull te puede cambiar la vida y cómo un tipo solitario y silencioso esconde muchas cosas que no podíamos imaginar…

19. La desaparición de Eleanor Rigby de Ned Benson

El fracaso de un proyecto cinematográfico ambicioso pero que esconde destellos de la gran obra que podría haber sido…, una historia sobre cómo una ausencia puede quebrar a una pareja enamorada…

20. La isla mínima de Alberto Rodríguez

Convertir a las marismas del Guadalquivir en un paisaje opresivo donde el tiempo no pasa y se estanca, en un paisaje de relato negro sobre dos policías que se embarcan en una investigación que les transformará para siempre…

21. Boyhood de Richard Linklater

Cómo contar una historia de una familia a través de los tiempos muertos… y reflejar así el paso del tiempo…

22. Locke de Steven Knight

Un coche, un actor, un trayecto… y una historia, suficiente para construir una película viva y con un corazón que late.

23. El niño de Daniel Monzón

De tres niños que juegan a malotes y cómo la situación se les escapa de las manos, tres policías que trabajan como pueden y del mal que todo lo cubre… en una zona fronteriza.

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24. Una cita para el verano de Philip Seymour Hoffman

De dos seres solitarios y desesperanzados que ven una posibilidad de futuro y de un matrimonio que se desintegra en cada segundo… y de un actor que podría haber seguido dejando buenos personajes.

25. Un toque de violencia de Jia Zhang Ke

Sobre la violencia en el día a día, en lo cotidiano, y la imposibilidad de echar el freno… Cuatro historias de impacto en distintos lugares de China.

26. Mil veces buenas noches de Erik Poppe

Sobre la fractura entre norte y sur, oriente y occidente, entre los miembros de una familia y el objetivo de una cámara para que todo quede captado.

27. Las vidas de Grace de Destin Cretton

Sobre niños y niñas maltratados o al margen, en situación de exclusión, y las personas que día a día trabajan con ellos, y que en muchos casos también están heridos, para conseguir que tengan un vida más justa…

28. Viajo sola de Maria Sole Tognazzi

La decepción y el aburrimiento que provoca una mujer solitaria que inspecciona hoteles de lujo.

29. Begin again de John Carney

La alegría que provoca ver la evolución y la vida de un género como el cine musical…, la posibilidad de pasear por Nueva York con un amigo y escuchar las canciones que ‘dibujan’ al otro…

30. Barbacoa de amigos de Eric Lavaine

Los amigos, compañeros de batalla para lo bueno y lo malo, para quererse o discutir sin parar, para compartir miedos y secretos…, cincuentones que cantan a la alegría de vivir.

31. Corazón de León (Corazón de León, 2013) de Marcos Carnevale

La plasmación de cómo convertir una buena idea en una mala película…, y continuamos con el reflejo de amores extraños pero intensos.

32. Las dos caras de enero de Hossein Amini

El universo oscuro de Patricia Highsmith en el cine…, las ruinas griegas esconden las ruinas de un matrimonio y de un joven guía que descubre que no le basta con ser un listillo…

33. Maléfica de Robert Stromberg

… y el cine para niños está acabando con el mito del príncipe azul… Reinterpretación del cuento de la Bella Durmiente… No vale el beso del príncipe.

34. El sueño de Ellis de James Gray

Y el melodrama del cine mudo y las heroínas sufrientes de aquellos tiempos vuelven con intensidad en una historia sobre una inmigrante que llega a la isla Ellis… y se encuentra entre dos hombres.

35. Solo los amantes sobreviven de Jim Jarmusch

La inmortalidad a veces cansa, es el drama de los vampiros amantes, que pululan por mundos a veces más muertos que ellos… pero a veces los destellos les hacen valorar el estar siempre condenados a la vida…

36. Violette de Martin Provost

“Soy un desierto que monologa”, la escritora Violette Leduc nos atrapa a través de su escritura un torrente de palabras y protagoniza un buen biopic que atrapa la vida de un personaje interesante, complejo, sensible y desconocido.

37. Tres instantes, un grito de Cecilia Barriga

Un documental que atrapa un año de reivindicaciones, el 2011, y de mostrar que otro mundo es posible: a través del grito de los indignados en la Puerta del Sol, la toma de Wall Street y la rebeldía espontánea de los adolescentes chilenos que ocuparon las escuelas públicas.

38. Mejor otro día de Pascal Chaumeil

Buena idea, película fallida: ¿qué pasa cuando cuatro personas coinciden en una azotea en fin de año para suicidarse?

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Retrato de Aida (Retrato de Aida, 2014) de Antonio Gómez-Olea. Retrato en seis pinceladas

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Primera pincelada. Aida Folch

… y quizá el primer destello de Aida Folch en una pantalla de cine fue un poco de luz en el paisaje triste y sin esperanza de los personajes de Los lunes al sol. Despacio, y sin pausa, va construyendo su trayectoria cinematográfica. A veces hay casualidades que conforman las corrientes subterráneas que construyen una vida. Y cuando Antonio Gómez-Olea tenía claro que quería atrapar cómo se crea un retrato de la mano del pintor Guillermo Oyagüez Montero en un documental, apareció Aida Folch y la posibilidad de que fuese la modelo elegida. Y el proyecto se convirtió en real. Así la actriz, cuando estaban dando los últimos retoques para empezar el documental, les comentó que en esos momentos andaba casi terminando un rodaje, El artista y la modelo de Fernando Trueba. Así que sabía o intuía cuál iba a ser la naturaleza de la aventura en la que se embarcaba. Así como también podía tener claro la importancia del vínculo que se establecería entre la persona retratada y el que pinta.

Segunda pincelada. Guillermo Oyagüez Montero

Pintor malagueño que con un pincel y un lienzo encuentra su universo en el arte figurativo. Autorretratos y otros rostros, naturalezas muertas, paisajes… y un uso especial del color. Un arcoíris de tonalidades que le invadió e inspiró del todo cuando encontró una paleta inimaginable en la isla de Holbox, en México, su paraíso particular. Texturas, volúmenes, formas y colores… y el mundo en un lienzo. O en un retrato. El retrato de Aida… y el proceso atrapado por una cámara.

Tercera pincelada . Encuentros

Antonio Gómez-Olea orquesta el encuentro de manera sencilla. Imprime un ritmo. Y deja que fluya una conexión especial entre modelo y artista. El suspense se dibuja en la pantalla blanca. ¿Surgirá una cierta conexión?¿El retrato será terminado? ¿Merecerá la pena filmar los encuentros? Aida termina mostrando la persona que es, nada que ver con la imagen proyectada. Y ahí se tira sin trampolín, sin máscara en el rostro. Guillermo disfruta en el proceso pero cuenta también sus miedos de artista. Sus dudas sobre si plasmará en el lienzo lo que quiere y siente. Si el resultado final merecerá la pena…

La cámara de Gómez-Olea confía en que lo captado en el estudio del pintor sea el material de su documental. Proceso creativo. Diálogos. Preguntas y respuestas. Un paréntesis al paraíso del pintor… La isla de Holbox. Y el viaje del cuadro a su destino final: la casa de Aida. Y es cierto, no es necesario más material para realizar un plácido viaje a un proceso creativo concreto: la realización de un retrato.

Cuarta pincelada. El retrato

Y así el espectador se encuentra con el tercer protagonista, el propio retrato y la razón de este documental. Desde los bocetos, hasta los primeros trazos, las rectificaciones, los procesos del color, de las formas, del volumen… Y ante nuestros ojos el lienzo sufre una metamorfosis continua hasta el resultado final. La importancia de una mano, la dificultad de los pies, el toque rojo de unos zapatos, lograr captar una expresión: el contorno de unos ojos, la forma del cuello, el revuelo del pelo… El proceso creativo de un cuadro. En un espacio determinado, en un tiempo. Y en ese espacio y ese tiempo no irrumpe el exterior, si acaso el ruido que provoca una tormenta. Hay una intimidad y una complicidad especial.

Cuando no existía el cine, el retrato era lo más parecido al primer plano (pero a ese primer plano con significado y sentido dentro de un relato cinematográfico). Así el director se sirve del primer plano para deconstruir el rostro de Aida, para descubrir el detalle o para reflejar la mirada de Guillermo, el pintor. Su sonrisa, su mano, sus ojos, su cuello… Y a la vez también se plasma en la pantalla blanca el primer plano del artista que crea, que escucha, que duda, que mira, que contesta, que reflexiona… Retrato de Aida es la historia de una trinidad: la modelo, el artista y el retrato.

Quinta pincelada. Historias de otros retratos

La misteriosa complicidad e intimidad entre modelo y artista ha sido un tema reflejado en el cine. Porque de ese espacio íntimo y propio que crean surge la obra artística y su alma… y eso siempre ha sido un misterio difícil de desentrañar. De eso trataba La joven de la perla de Peter Webber o la propia El artista y la modelo de Fernando Trueba. No olvidemos que el poder de un retrato se ha convertido en elemento clave de una trama. Retratos que encierran incluso la eternidad. U otros que inspiran un amor imposible o una ensoñación al admirador del cuadro. Así nos vienen a la cabeza La mujer del cuadro, Laura o Jennie. Otros recogen la tragedia de una vida, un cuadro que termina convirtiéndose en mito como el retrato de la indígena María Candelaria.

El documental Retrato de Aida vive este proceso creativo como algo bonito, natural, sencillo y especial. Con poco riesgo formal, con un uso correcto del lenguaje cinematográfico pero sin experimentar con él, sino con un pincel-cámara que apuesta por captar y atrapar esa intimidad desnuda sin más.

La fusión entre actriz de cine, proceso creativo y pintura me trae a la cabeza un ejemplo real en sentido inverso. Y me explico. Un nombre: Andrée Madeleine. Esta mujer fue la última modelo de un ya muy enfermo Jean Pierre Renoir. Retratos impresionistas de la dama. Pero la misma mujer, se convirtió en la primera esposa de Jean Renoir, el hijo del pintor impresionista y cineasta con futuro. En sus primeras películas de cine mudo, su actriz protagonista fue Andrée Madeleine (pero con el nombre artístico de Catherine Hessling), la modelo que retrató su padre en sus últimos cuadros. En ese momento su rostro ocupaba en primer plano una pantalla de cine. Hace poco hubo una película de Gilles Bourdos que recreó esta historia.

Así la actriz Aida Folch, actriz de cine que proyecta una imagen determinada a sus espectadores, se convierte en modelo de un pintor que trata de encontrar la mujer detrás de la actriz, captar su esencia, su primer plano en la vida, y traspasarla a un lienzo. No basta una sesión de fotografía (que también es otro proceso interesante… pero eso es otra historia) y tomar una imagen para completar el cuadro… El pintor necesita de ese espacio y ese tiempo único e íntimo para captar ese algo que dará el toque a su cuadro.

Sexta pincelada. El tiempo

Retrato de Aida nos habla también del tiempo. El tiempo empleado para crear una buena obra artística. Un tiempo especial, sin prisa con calma. Sin segundos que corren. La pintura con detalle y matices. Con una mirada al interior. Donde hay tiempo para filosofar, reflexionar, conversar, conocer al otro y a sí mismo…, un tiempo para rectificar, corregir, volver a empezar, plasmar miedos, hablar de dificultades…, superar obstáculos y crear un retrato al óleo.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

La sal de la tierra (The salt of the earth, 2014) de Wim Wenders, Juliano Ribeiro Salgado

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Si se analiza el origen etimológico de la palabra fotografía o fotógrafo nos sale un significado poético: escritura de la luz, pintor de la luz… Así en La sal de la tierra se realiza una hermosa y reflexiva radiografía de la obra de un creador, de un pintor de la luz, Sebastião Salgado. Y las pinceladas documentales están ejecutadas por el realizador alemán Wim Wenders y el hijo del artista, Juliano Ribeiro Salgado. De ambos brochazos surge un rostro profesional e íntimo y su trayectoria artística. Así a lo largo de cien minutos entendemos totalmente la esencia de su obra creativa.

El documental de La sal de la tierra une tres pinceles: el del propio pintor de la luz, Sebastião Salgado. El elemento externo que trata de comprender la esencia de su fotografía, el porqué se emociona ante una imagen suya, el director y documentalista alemán Wim Wenders y el que trata de conocer y descubrir al artista a través de otras caras distintas (primero a través de la ausencia y su breve presencia, y después como ayudante de su padre y el que mejor conoce cómo trabaja), su hijo.

Su trabajo artístico está plenamente unido a su formación como economista y su visión crítica del mundo. De denuncia continua. Su cámara es el ojo que todo lo ve. El que refleja un mundo injusto, un reparto injusto, los movimientos migratorios crueles, los trabajos que siguen perpetuando la esclavitud, la violencia del ser humano contra el ser humano con masacres tan recientes en Ruanda o en la guerra de los Balcanes… El fotógrafo se fija en la sal de la tierra (curiosamente el título también de la mítica película de Herbert J. Biberman, que refleja un movimiento que bien hubiese fotografiado Salgado: una huelga de unos mineros de Nuevo México), los seres humanos.

Algunos de los proyectos fotográficos de Salgado son años de ir con la cámara colgando mientras ‘cuenta’ con su instrumento de trabajo. Así ocurre con sus obras artísticas más difundidas como Otras Américas, Trabajadores o Éxodos. Y su forma de trabajar y su resultado no ha estado exento de crítica y polémica: son muchos los que dicen que el fotógrafo ‘utiliza’ el sufrimiento humano para crear arte… Sin embargo, cuando nos topamos de frente con el documental de La sal de la tierra y cómo va explicando el fotógrafo la razón de su trabajo y le vemos en acción, su metodología y cómo se acerca a sus proyectos queda clara la finalidad y utilidad de su trabajo. Creo que en la polémica se confunde presentar de manera digna una problemática y una construcción de un discurso coherente a través de las imágenes (que es lo que hace Salgado) con una sublimación vacía de la belleza a través del sufrimiento ajeno. ¿Por qué su mirada no puede construir, pintar, una obra artística que a la vez visibiliza un mundo injusto y terrible?

De hecho según se va viendo el trabajo fotográfico de Salgado y su rostro explicando su esencia, el espectador siente que todo se remueve a su alrededor y ve un mundo injusto y violento. Y entiende la catarsis que sufrió el propio fotógrafo y el desencanto y depresión en el que se sumió a lo largo de los años cuando ya no pudo más con tanto horror y violencia. Hay un momento que confiesa que eran muchas las veces en que tenía que dejar la cámara de fotos a un lado y llorar.

Entonces somos testigos de cómo el fotógrafo vuelve a interesarse por la sal de la tierra, por el ser humano y su mundo, a través de la naturaleza salvaje, de la vida. Salgado vuelve a sus orígenes, a sus raíces, y recupera la selva alrededor de la granja de su padre, recupera árboles y fauna, recupera paisaje (gracias a su mujer, que es otra figura siempre presente en el documental e importante para que el fotógrafo pudiese llevar a cabo su trayectoria laboral y artística)… y lo extiende al mundo entero, con un mensaje claro, está en nuestras manos recuperar la belleza y el esplendor de la tierra. Y captura la belleza de la tierra que nos acoge en su último proyecto fotográfico, Génesis.

La sal de la tierra recupera un Salgado íntimo y familiar (fruto de la pluma del hijo) con imágenes familiares y declaraciones que presentan su lado más inaccesible. Nos permite además ver su metodología y forma de trabajar, de atrapar las imágenes. Pero también conocemos al artista y su obra desde una mirada externa, la de Wim Wenders, que admira su trayectoria como fotógrafo.

Wim Wenders, documentalista

Y es que el pincel del Wim Wenders documentalista también surge en este documental. Wenders también ofrece su mirada especial y su forma de contar aquello que le hace sentir y vibrar. La sal de la tierra se convierte así en otra pieza del Wenders documentalista. Su trayectoria como documentalista nos devuelve otro análisis interesante de su obra cinematográfica. Al principio de su carrera los documentales de Wenders hablaban de cine pero desde una óptica particular e interesante. Así se puede comprobar en dos documentales que merece la pena no perderse: Habitación 666, donde durante el festival de Cannes de 1982, el realizador alemán graba a varios directores en una habitación frente a una cámara para que hablen del futuro en el cine… y es genial verla ahora… y notar quienes fueron los más ‘videntes’. O Tokio-Ga donde atrapa de manera especial el universo del realizador japonés Ozu a través de un viaje al Japón contemporáneo que inspiró la obra del maestro. Busca su rastro en un Japón que vive la ausencia de Ozu y su mirada… También atrapó la esencia de Nicholas Ray en Relámpago sobre agua (documental que no he podido ver todavía) donde filma los últimos días del director americano, que se estaba muriendo de un cáncer… pero donde ambos hablan de hacer cine, de crear.

Después Wenders abrió su abanico para centrarse en otras artes que llenaban su vida y su visión única del mundo. Así creo su documental más internacional, Buena Vista Social Club, a finales de los noventa. Wenders emprende un viaje a Cuba para dar a conocer a todos los espectadores a ancianos artistas que llevaban la música en sus venas. Para luego viajar con ellos a Ámsterdam y a Nueva York cuando después de años de olvido, vuelven a los escenarios con fuerza y arte. Siguiendo el halo de la música, participó en el proyecto musical de Scorsese sobre el blues y el jazz con The soul of a man (que tampoco he podido ver).

Después experimentó con el 3D para conseguir un hermoso documental sobre danza donde se centraba en la coreógrafa Pina Bausch donde la convertía en musa y diosa que creaba danzas espectaculares. El documental era Pina y Wenders dejaba un hermoso testamento de esta bailarina y coreógrafa.

Para finalmente fusionar sus intereses sociales, su mirada crítica y su admiración por un artista que se dedica a pintar la luz con su último documental hasta la fecha, La sal de la tierra…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Sobibor, 14 de octubre 1943, 16 horas (Sobibór, 14 octobre 1943, 16 heures, 2001) de Claude Lanzmann

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Una manada de gansos grazna a un volumen altísimo provocando un ruido ensordecedor…, sería una imagen idílica y ruidosa a la vez si no fuera por el contexto. Esta imagen aparece en el documental de Claude Lanzmann, Sobibor, 14 de octubre 1943, 16 horas mientras un superviviente, Yehuda Lerner, relata cómo los nazis criaban estas manadas de gansos para que con sus graznidos no pudieran escucharse los gritos de las víctimas… cuando realmente se daban cuenta de que entraban en Sobibor para morir en cámaras gas… Algo que ya les habían advertido durante el viaje en tren pero que no habían creído. Para todos era imposible. Nadie podía creer tal brutalidad.

Después de la proyección del documental (dentro del ciclo Una mirada a la oscuridad en La Casa Encendida), hubo un coloquio con Carla Uriarte, psicóloga clínica y social, responsable de apoyo psicosocial a los equipos de Médicos sin Fronteras en contextos de riesgo en Yemen, Somalia, Kenia, Sudán del Sur, Palestina, Colombia, que aportó matices y miradas para enriquecer el visionado del documental.

Carla Uriarte, a través de su mirada, dio con las tres claves del documental:

1.- La importancia de la narración oral. Claude Lanzmann retoma una entrevista que realizó a un superviviente en 1979 para su documental Shoah (1985). Se trata de Yehuda Lerner, que narra el único levantamiento con éxito en un campo de concentración. El título del documental es el lugar, la fecha y la hora exacta en la que se produjo. Lanzmann reproduce esa entrevista y el primer plano de Yehuda domina el documental. Sus ojos azules pequeños y su sonrisa mientras nos cuenta una historia estremecedora.

Carla Uriarte explicó que una de las herramientas para trabajar con las víctimas en las zonas de conflicto es su relato, su narración de los hechos, cómo cuentan lo sucedido, qué cuentan, cómo lo expresan, el lenguaje verbal y no verbal… Yehuda Lerner es la palabra viva, la memoria recuperada. Participó en un hecho que le permite dar un sentido a lo que le ocurrió, a qué, cómo y por qué lo hizo. Su narración atrapa al oyente, al espectador.

Durante la entrevista podemos ver sus gestos y un poso de orgullo de haber participado en este levantamiento, haber tenido éxito y de alguna manera haber podido ‘hacer justicia’ a todas las víctimas exterminadas en Sobibor. En el levantamiento mataron a dieciséis oficiales alemanes. Con hachas. Yehuda Lerner era prácticamente un adolescente y recuerda cómo tras el levantamiento salió corriendo campo a través y del agotamiento cayó dormido bajo las estrellas… Ahí termina su relato.

2.- La creación del ‘otro’. En un momento de su relato, Lerner dice que no perdían nada. Les habían despojado de su dignidad, de sus identidades y eran hacinados y tratados peor que animales salvajes. Preferían morir en el levantamiento, que en una cámara de gas. En este genocidio y en todos los que ahora mismo se están produciendo: ¿cómo es posible que unas personas lleguen a despojar a otras de toda humanidad hasta tal punto de no sentir ningún reparo ni mala conciencia en la exterminación? ¿Cómo es posible que unos ejecuten esta exterminación y otros ciudadanos de bien miren hacia otro lado?… y aquí no ha pasado nada.

En el momento que se crea al ‘otro’. Al que es distinto a ti y se le va despojando de toda humanidad hasta que se logra justificar el ‘peligro de su presencia’. Es un mecanismo psicológico que no ha dejado de funcionar. El ‘otro’ se convierte en un ente impersonal que o bien permite mirar a otro lado y también el deshumanizarlo hasta el punto de sin mala conciencia proceder a métodos tan brutales y radicales como la solución final…

Este mecanismo es escalofriante porque nunca se sabe en qué momento y en qué lado puede estar uno. Es tan fácil se víctima como convertirse en verdugo.

3.- La importancia de los testimonios para el aprendizaje de la historia y la construcción de otro presente. Así, desgraciadamente, viendo este documental u otros que son testimonios de conflictos escalofriantes… aprendemos de la historia y podemos leer muchas veces lo que ocurre en el presente. Así Carla Uriarte explicó, como psicóloga, cómo la había impactado descubrir el paralelismo entre el horror y el sufrimiento narrado por las víctimas del holocausto judío y el de las víctimas de Palestina. O también, cómo para entender esa creación tan dañina de ‘nosotros y los otros’, no hay más que mirar el tratamiento y narración actual de lo que está ocurriendo en la valla de Melilla. Los ‘otros’ son los inmigrantes.

Claves para viajar a las entrañas del documental

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Claude Lanzmann presenta de una manera desnuda y sencilla un documental impactante. Empieza con una fotografía en blanco y negro donde varios mandos nazis con las manos en alto están frente a las tumbas de los alemanes fallecidos en Sobibor. Después un primer plano de Yehuda Lerner al que preguntan si había matado alguna vez y su negación. Luego un texto del propio Lanzmann explicando el sentido de su documental y de dónde procede esa entrevista. Y a continuación el relato oral de Lerner (su rostro en primer plano y también plano medio) a veces intercalando, como en Shoah, los espacios reales donde ocurrieron los hechos pero en la actualidad. Cuando termina la narración de un Lerner dormido bajo las estrellas… Lanzmann da un mazazo al espectador y lee y muestra las listas de personas exterminadas en Sobibor. Listas elaboradas donde se dice la procedencia de los trenes, el número de personas que iban en ellos y las fechas en que entraron en el campo de concentración.

Lanzmann ofrece otra mirada del Holocausto. Desde la resistencia, la rebelión y las ansias de vivir. Ofrece el testimonio de que sí hubo levantamientos e intentos de acabar con una situación inhumana. El mismo Lerner explica que las propias víctimas de los campos no podían creer que fuera verdad el horror y la barbarie a la que iban a ser sometidos y en parte así se puede explicar que no hubiera más huidas en masa o rebeliones en cadena. Por otra parte, era tal la deshumanización, el aislamiento y el sometimiento que hacía casi imposible las fuerzas para la rebelión armada…

Como curiosidad añadir que el mismo año de este documental, Tim Blake Nelson dirige una película de ficción. La zona gris, donde recrea de manera brutal otro levantamiento, pero esta vez fallido, en Auschwitz, el 7 de octubre de 1944. Un levantamiento protagonizado por los sonderkommandos judíos, los prisioneros que trabajaban en las cámaras de gas y los hornos crematorios.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.