Dos maneras de reflejar El misántropo de Molière

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En un periodo de tiempo muy corto he visto dos maneras de representar El misántropo, una obra escrita en el siglo XVII. Y en las dos se traslada la esencia de esta obra al siglo XXI. Una, en la pantalla de cine. Otra, en un escenario de teatro. Básicamente El misántropo presenta el conflicto de un hombre, Alcestes, que no puede evitar su desagrado (desencanto) con los seres humanos y la sociedad en la que vive (no soporta los ‘juegos’ para la buena convivencia). La obra transcurre en unas horas, casi un día, y en un único escenario, la casa de Celimena, la amada del protagonista. Alceste se relaciona sobre todo con Filinto, casi el único que se puede colgar el cartel de amigo…

Y son tiempos de Alcestes. De hombres y mujeres desencantados, cansados de luchar y que a veces ven como única salida el aislamiento social para no seguir siendo dañados. Pero como dice Filinto… hay que convivir. Y son tiempos donde se vuelve difícil no tirar la toalla… pero por poseer un alma que se va rompiendo a pedazos ante el desencanto.

Así pude disfrutar en el momento de su estreno de una película francesa, Molière en bicicleta de Philippe Le Guay sobre un actor de teatro (Frabrice Luchini) que en la cima de su éxito dejó los escenarios para vivir como un ermitaño en un caserón en la Isla de Ré. Ahora viene a sacarle de su retiro su amigo (Lambert Wilson), un actor muy famoso en la televisión, que quiere llevar a los escenarios El misántropo. Durante unos días, y mientras el actor se piensa su regreso, ensayarán la obra de teatro (intercambiándose los papeles de Alcestes y Filinto). Mientras tanto se relacionarán con las personas de la localidad pero sobre todo con una solitaria italiana, Francesca, que volverá a ilusionar al desencantado ermitaño. Así se desarrolla una película con encanto que atrapa la esencia de la obra de Molière en una tragicomedia que se alimenta de la gran interpretación de sus dos actores principales.

Y ayer en Alcalá de Henares, pude disfrutar muchísimo (con susto incluido, estalló un foco y por suerte no les pasó nada a las actrices que se encontraban en ese momento en el escenario… El teatro depara estos momentos inesperados y con gran profesionalidad por parte de todo el equipo, el espectáculo continuó) de Misántropo (versión y dirección de Miguel Arco). La obra transcurre en un callejón de una macrodiscoteca donde se celebra una fiesta donde está presente la crème de la crème… Allí Alcestes libra una batalla pues quiere ser honesto, sincero y contar siempre la verdad… en una sociedad que juega otras reglas, una sociedad que le ahoga. Una sociedad de las apariencias, las adulaciones, las manipulaciones y mentiras.Y a esa sociedad pertenecen su mejor amigo y la mujer a la que ama. Alcestes ya está muy quemado, muy cansado. En el callejón se libra la batalla final…, donde caen las máscaras. Así Misántropo es fiel reflejo del siglo XXI y el público puede identificarse perfectamente con el espíritu de Alcestes y reconocer ese mundo en el cual no quiere (y tampoco sabe) jugar.

Alcestes cobra vida. Y, sí, una isla desierta y evitar la convivencia no es la mejor solución para enfrentarse al día a día. Pero a veces dan ganas de tomarse ese respiro y curarse uno antes de regresar al escenario de la vida…

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Algunas películas de hoy, otras de ayer, algunas reflexiones y un plan para tardes de verano

Patricia Highsmith en el cine

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Sí, a Highsmith la conozco más en la sala de cine que en la sala de la biblioteca. El cine sigue acercando su mundo literario a aquellos que todavía no nos hemos sumergido entre sus páginas: crimen, mentira y culpa. No sólo existe Ripley entre sus personajes (y el más adaptado al cine). Así ahora está en cartelera Las dos caras de enero del debutante Hossein Amini (hasta ahora siempre guionista). Una película de suspense de factura clásica y elegante que transcurre entre Grecia y Estambul. El trío protagonista logra atrapar al espectador con sus relaciones peligrosas, brillando la composición de Viggo Mortessen como Chester MacFarland, un carismático turista norteamericano de vacaciones en Grecia durante los años sesenta. Chester va acompañado de su joven esposa Colette (Kirsten Dunst). En el camino del matrimonio se cruza un joven guía norteamericano, timador y que arrastra un pasado familiar (Oscar Isaac). Un asesinato y el destino unirá a estos tres personajes en un tenso viaje… Lo que más me ha sorprendido ha sido encontrarme con ecos que me arrastraban a Extraños en un tren, sobre todo en la resolución final del caso y la relación entre Chester y el guía. Como ocurre en las novelas de Highsmith (no las he leído pero sí he indagado sobre ellas), la psicología de los personajes y las relaciones entre ellos son los motores de una trama que cada vez se va complicando más… arrastrando a los personajes al abismo y a sus infiernos interiores. Y este aspecto no se descuida en la película que cuenta con ritmo y con momentos realmente tensos.

Adiós a los príncipes azules

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Primero Brave, después Frozen (en el camino las distintas versiones de Blancanieves, incluida la de Berger)… y ahora Maléfica. El camino está abierto. Se acabaron los príncipes azules para las damiselas. La búsqueda del príncipe azul no da la felicidad y sí más de una desgracia (o sale malo o es de lo más anodino). Con Maléfica tampoco podemos creer ya en las hadas madrinas, que tienen un aspecto de señoras estúpidas o jóvenes sin cerebro. Todo es mucho más complejo y las relaciones también… pero en ellas está la solución para madurar y seguir viviendo. El príncipe azul no vale nada. Es importante buscarse una relación afectiva fuerte pero no tiene por qué ser con un príncipe que probablemente no exista, o no cumpla las expectativas (ni las damiselas las cumplan para ellos). Los lazos fuertes pueden ser entre madre e hija, entre hermanas, entre compañeros de andanzas y trabajos, entre una mujer con el corazón roto y otra a la que todavía no se lo han hecho pedazos… Ya no vale nada el beso de amor del príncipe. Ese beso no salva. Son otros afectos… La Maléfica de Angelina Jolie nos es representada con el corazón roto y como un ángel caído sin alas… Y esta encarnación del mal sufrirá una evolución inesperada junto a una bella durmiente a la que todavía no han hecho daño y a la que ella misma soltó una maldición hace años… (que no tiene vuelta atrás). ¿Cuál es la fuente de inspiración de tan pérfido personaje con pómulos incluidos? El personaje animado de la película de Walt Disney de 1959. Adiós a los príncipes azules.

Tren como metáfora

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El coreano Bong Joon-ho propone una fábula futurista y presenta un tren como metáfora de la humanidad y sus ‘equilibrios’ basados en poderes y desigualdades. Snowpiercer es un viaje-pesadilla a los distintos compartimentos de un tren muy especial. Es la adaptación que realiza el director coreano de un cómic, Le Trasperceneige, escrito por Jean-Marc Rochette y Jacques Loeb. El viaje comienza en la cola de un tren (en el último vagón), donde se encuentran los sometidos, los que viven día a día con el miedo y las carencias, con la represión brutal, con el hambre y la deshumanización, bajo un férreo régimen militar. Un grupo de los sometidos, con un líder a su pesar, se rebela y quieren llegar al primer vagón donde está el poderoso, el que todo lo dirige. Este grupo irá avanzando, superando obstáculos y viendo los privilegios de ir avanzando… en un tren que nunca para. Snowpiercer cuenta cómo un experimento que trataba de acabar con el calentamiento global, termina destruyendo la vida en el planeta tierra. Los únicos supervivientes se encuentran en ese tren que nunca, nunca, nunca puede parar. Un tren con un régimen político y social que no nos es desconocido, cada avance es una reflexión y la llegada del ‘salvador a su pesar’ hasta el ‘dueño y señor’ un puñetazo… Snowpiercer no solo es visualmente potente sino que además sorprende hasta el final y su ritmo no decae ni un solo instante. Por otra parte cuenta con un reparto llamativo desde una desconocida y caricaturesca (el coreano siempre deja chispas de humor absurdo que golpea) Tilda Swinton hasta una galería inmensa de secundarios, Jamie Bell, Octavia Spencer, Johh Hurt, Ed Harris… También se encuentra el actor fetiche de Bong Joon-ho, Song Kang-ho y como ‘salvador’ complejo y carismático, Chris Evans.

Amor irracional

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¿Os imagináis una pareja más improbable que Deanna Durbin y Gene Kelly? ¿Y os imagináis que además sean pareja en una película que no es un musical? ¿Os imagináis que esa película mezcle el cine negro con el melodrama? ¿Os imagináis que sea la adaptación al cine de una novela de un escritor tremendamente cinematográfico, W. Somerset Maugham? Todas estas preguntas tienen una respuesta real: Luz en el alma de Robert Siodmak, película de 1944. Y el resultado es sorprendente. Deanna Durbin encarna (sobre todo en la escena final), como una heroína melodramática consumada, el reflejo del amor irracional. Ella es una cantante de un local nocturno que cuenta a un soldado desencantado, en varios flash backs, su relación con su esposo, un asesino. ¿Adivináis quién es ese esposo? Bingo, Gene Kelly. No hago spoiler desde el principio sabemos que es un asesino. Y Robert Siodmak logra ambientar con tintes de cine negro este melodrama familiar casi gótico donde una pobre niña se enamora de un chico con encanto que tiene un apellido aristocrático (en decadencia), pero es un chico podrido por dentro que no puede refrenar su adicción al juego y su compleja personalidad. Un chico que tiene una patológica relación con su madre y su madre con él. El personaje de la madre es de esos personajes secundarios de los que deseas una película propia, muy bien interpretado por Gale Sondergaard (una de las actrices afectadas -y bastante olvidada- por la caza de brujas). Y la pobre niña hasta el final, que es liberada de la tiranía del amor, está absolutamente enamorada de su esposo, y de su parte oscura. De fondo siempre suena Always de Irving Berlin…

El éxito de un fracaso

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¿Un cásting para elegir, sin que este lo sepa, el peor actor para representar a Hitler para una obra de teatro que se llama precisamente Primavera para Hitler? ¿Dejar todo preparado para llevar a cabo el mayor fracaso de Broadway? ¿Enriquecerse a costa de esto? Eso es lo que quieren el productor Max Bialystock (Zero Mostel) y un tímido contable que se mete en la aventura, Leo Bloom (Gene Wilder). Todo sale al revés… el espectáculo debe continuar, nunca se sabe lo que será un éxito o lo que será un auténtico fracaso… Y de eso trata la comedia musical (primero en los escenarios de Broadway y luego en la pantalla de cine) Los productores de Mel Brooks. No es mal plan para una tarde veraniega… introducirse en las aventuras absurdas de un productor gigoló de abuelas y un contable neurótico que montan una Primavera para Hitler de un autor loco y nazi con un director que lo convierte en espectáculo musical gay con un actor gay, entre hippie y macarra… Es inevitable que en algún momento se suelte una carcajada…

… Y tardes de cine en La Casa Encendida. Ciclo Fracturas (II Parte)

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Y por último una proposición para tardes veraniegas en el mes de julio en un ciclo en el cual algo tengo que ver. Fracturar es romper o quebrantar con violencia algo. Vivimos un momento de fractura. Y ese quebrantamiento ha sido reflejado en el cine. Las quiebras pueden ser históricas, culturales, sociales, económicas, políticas, religiosas, emocionales, físicas… Dentro de la fractura entran diversos temas de actualidad y deja en evidencia una crisis no sólo económica sino de muchas otras áreas. Y en esa zona oscura surgen posibilidades e iniciativas de crear un mundo nuevo. La Casa Encendida presenta, durante los lunes y jueves del mes de julio, este ciclo con siete películas donde se proyectarán algunas de esas fracturas y los caminos de recuperación. Ver aquí la programación.
En esta segunda parte es como si tuviésemos en las manos un periódico virtual con todas las fracturas posibles de la historia contemporánea y cómo afecta a los seres humanos. Un periódico virtual que refleja casi un apocalipsis en cada una de sus páginas. Los conflictos que no se solucionan (conflicto palestino israelí), los que no sabemos cómo van a acabar (la crisis económica), los elementos que provocan las fracturas (guerras, lucha de poderes, religión, política, dinero, las injusticias, las diferencias), las separaciones eternas (norte-sur), las víctimas de las fracturas que tratan de sobrevivir… Y en este periódico virtual también existe una fragmentación de la mirada que se convierte en especial. La fractura en la mirada que cuenta de una manera catártica para que entendamos el presente en el que vivimos.

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Tres instantes, un grito de Cecilia Barriga

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Recuerdo  a principios del siglo XXI cómo se me quedó la frase “Otro mundo es posible”… Y es que estos movimientos colectivos (que nacen de la espontaneidad), que muchos dicen son utópicos, de alguna manera transmiten una onda expansiva de que los sueños a veces pueden cumplirse. Y, de fondo, algo más importante…, no hundirse en la apatía, el mal rollo o transitar un camino de no retorno de desencanto. La espontaneidad de estos movimientos colectivos enciende continuamente mechas y supone un paso más a la consecución de un mundo un poco mejor. Algunos viven con tristeza (y con sensación de fracaso) la ‘aparente’ disolución de estos momentos (bien porque son interrumpidos violentamente, bien porque la espontaneidad no es eterna… y entonces empiezan otras ‘fases’ y ‘evoluciones’ en el proceso) y empleo la palabra ‘aparente’ porque sí, se apagan, pero queda la brasa, el fondo o el poso… Queda el testimonio.

También me viene a la cabeza una persona que no olvidaré porque disfruté de su amistad, de sus palabras, de su memoria y recuerdos. Se llamaba el Indio Juan. A un poso de desencanto, siempre surgía la chispa en su mirada. Una de sus pasiones era recorrer las calles, los cementerios, los muros, los edificios, las puertas y paredes… y rescatar en su cuaderno las frases que dejaba la gente. Decía que ahí había poesía y mucha sabiduría. Pienso que hubiese disfrutado mucho del año 2011… y de todos esos movimientos colectivos que se dieron a la vez por el mundo. Y que siguen la senda de Otro mundo es posible. En ese momento era un mundo clamando por un cambio de organización y sistema. Mostrando también que la democracia real es otra cosa. Que el ciudadano puede pensar por sí mismo, que es consciente de que tiene derechos y también deberes y que sabe cuándo le están tomando el pelo o cuándo están abandonados a su suerte. Ciudadanos que claman por una representación real. Ciudadanos que siguen imaginando que las cosas pueden ir y hacerse mejor.

Durante todo el siglo XX y ahora el XXI, hay otra manera de poder dar testimonio de estos movimientos. Otra manera de hacerlos vivos y presentes. De eternizarlos. De preservar que existieron. De plasmar que algo se mueve… Y son las imágenes en movimiento. Es el cine. Una cámara y captar el espíritu de estos movimientos. Y es eso precisamente lo que consigue la realizadora chilena Cecilia Barriga en su documental Tres instantes, un grito. Captar ese grito, que se extendió en distintas partes del mundo y generó movimientos colectivos que provocan creatividad, pensamientos, vitalidad, posibilidad de cambio, debates, coloquios, diálogos y que construyen una generación de personas que tiene presente los sueños de muchos ciudadanos. Y eso no es fácil. Tres instantes, un grito provoca ganas de moverse, genera un sentimiento de esperanza y continuidad, muestra personas con ganas…, todavía algo se mueve, quizá todavía no esté todo perdido…

El documental muestra la esencia de tres de estos movimientos que se dieron en un año vivo, y como dijo uno de los asistentes al coloquio en la Cineteca-Matadero, que creará un fondo de documentación e ideas tan importante como el mayo del 68 (que no solo fue en París sino que tuvo también su efecto onda…). Y también su poso de críticas… pero es que siempre pienso que el que actúa, porque actúa, se equivoca… Y eso es sano, mientras haya un sentido de autocrítica y análisis, de ver qué fue lo válido y qué fue lo que falló.

El viaje de Barriga recoge el espíritu asambleario de los indignados en la Puerta del Sol de Madrid. La espontaneidad colectiva, creativa y multicultural, con presencia continúa de lo musical, de la toma de Wall Street. La filosofía: el 99 por ciento de la población muestra su descontento por el reparto injusto de riquezas y poderes en manos de un 1 por ciento que hace lo que quiere dejándose llevar por la codicia y la corrupción. No existe el axioma: pensar en el otro. Y por último la rebeldía constructiva, potente, valiente, espontánea, alegre e imparable de los adolescentes chilenos que tomaron las escuelas públicas del país exigiendo una educación pública, gratuita y de calidad. Y ese es el mejor aliciente para disfrutar del documental, sientes ese espíritu contagioso.

Movimientos que surgieron a la vez que otros y que serán la mecha para generar otros en un futuro próximo. Como dijo Cecilia Barriga, en el documental se intuye que los próximos movimientos colectivos quizá nos trasladarán a China o a cualquier otra parte donde la gente quiera soñar. Y de alguna manera su existencia permite el contagio… y poco a poco, con obstáculos, dificultades, desencantos, fallos… pero con un continuo movimiento, se pueden ir produciendo cambios que prefiguren otro mundo posible… y ojalá que mucho mejor.

Nota: próximas proyecciones en la Sala Berlanga (jueves 22 de mayo) y en junio en el Zumzeig cinema en Barcelona.

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Un universo paralelo: cine de animación. Un libro y otros asuntos

Los amantes del cine de animación están en un momento dulce. Varios horizontes permiten y permitirán alimentar su pasión. Yo estoy en ello, dando pasos. Me gusta mucho el cine de animación aunque tengo muchas lagunas que solventar y en ello estoy. Pero vayamos por partes. ¿Por qué esta necesidad de escribir un post sobre cine de animación?

Varios motivos me han impulsado: la lectura de un libro (y tener la sensación maravillosa de aprender con cada página que leía), una película en sala, un estreno inminente y dos exposiciones…

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Películas clave de cine de animación (Ma non troppo. Robin Book, 2010) de Jordi Costa

Jordi Costa no solo escribe de las películas clave del cine de animación sino que da la clave para enteder su importancia: “la animación no es un género, es un medio, un lenguaje, una forma de expresión: en suma, otro cine —u otro camino posible para una historia del cine alternativa— capaz de albergar todos los géneros, todos los registros temáticos, discursos simples y complejos, argumentos tanto dirigidos al público infantil como al adulto… Hablar de animación es hablar de una serie de técnicas diversas que logran crear una ilusión de realidad —o una plausible y orgánica irrealidad— a través del artificio. La animación es, en suma, el cine en una de sus más extremas manifestaciones posibles: la del vívido espejismo, la de la total expresión de una subjetividad”.

Así permite un interesante recorrido por películas clave y elabora una historia apasionante sobre el cine de animación. El crítico (también, y lo digo por experiencia propia, un magnífico profesor, que no solo comparte y transmite todo lo que sabe a sus alumnos sino que no cesa de abrir puertas y caminos de conocimiento cinematográfico, caminos de búsqueda y de descubrimiento maravillosos) no solo descubre obras fundamentales del cine de animación sino que va desgranando el lenguaje que emplea, la evolución, las distintas técnicas, los distintos registros temáticos, personajes míticos con vida propia… y va mostrando una galería de creadores que han ido construyendo esa otra historia del cine alternativa.

Así pasamos por entender por qué Walt Disney es figura imprescindible. Cómo los creadores de la Warner son rompedores y avanzan en el lenguaje del cine de animación. Qué ha significado John Lasseter en este mundo. Visitaremos a otros creadores de otras nacionalidades que han construido universos propios como el japonés Hayao Miyazaki. O nos adentraremos en el corazón de artistas especiales que no dejan o no dejaron de experimentar así como conoceremos a todos los pioneros…

El libro se convierte en herramienta imprescindible para empezar a sentir y disfrutar del cine de animación… y pone al espectador ávido en camino para disfrutarlo. Así, por ejemplo, te habla tanto de las obras como del significado de sus trayectorias de tres creadores que tenemos ahora la oportunidad de conocer sus mundos creativos (mundos para la que escribe prácticamente desconocidos): Ladislaw Starewicz, Jan Svankmajer y los hermanos Quay. Y esto me permite pasar al siguiente apartado.

Metamorfosis

Así el CCCB (Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona) en coproducción con La Casa Encendida ha levantado una macro exposición (que espero poder visitar pronto… tengo hasta el 7 de septiembre para ahorrar. Luego parte —pero no completa— podrá también verse en La Casa Encendida) sobre el universo de estos tres creadores.

Si indagamos la web de la CCCB nos explica que Metamorfosis. Visiones fantásticas de Starewitch, Švankmajer y los hermanos Quay es un excepcional diálogo interactivo entre cuatro creadores muy especiales y añade que “presenta la obra de cuatro figuras esenciales del cine de animación: el pionero polaco (nacido en Rusia) y afincado en París Ladislas Starewitch (1882-1965), el maestro checo Jan Svanmajer (1934) y los gemelos Quay (1947), nacidos en Pensilvania y residentes en Londres desde hace tres décadas. Tres filmografías singulares que, sin embargo, tienen mucho en común: un universo excéntrico, de duermevela, en el que conviven la inocencia, la crueldad, la voluptuosidad, la magia y la locura. Un paisaje inquietante, poético y lúcido, a veces grotesco y a veces fantasmagórico, de personajes que aman lo improductivo y lo fútil”.

Pero seguimos con el camino abierto para todos los amantes del cine de animación (y también encontramos pistas en el libro imprescindible de Jordi Costa para empezar a saborearlo) y nos vamos a otra exposición, esta vez en el Caixa forum de Madrid y el universo que puede explorarse es el de Pixar. La exposición empezó su itinerario en el MoMA de Nueva York y ahora llega por estos lares Pixar. 25 años de animación para poder descubrir en qué ha revolucionado e innovado este estudio. Así no sólo el espectador puede disfrutar de nuevo con la obra cinematográfica en sí sino adentrarse en el proceso de creación a través de los dibujos, las maquetas o las instalaciones digitales… y entender cómo se llega al resultado final.

… Al cine

Y ahora también es posible el vivir la riqueza que aporta el cine de animación (y su interés) con dos estrenos importantes. Uno ya está en sala (que hoy creo que me acerco a verlo) y otro está a punto de llegar. Como señala también Jordi Costa (y deja constancia con algunos de los largometrajes que reseña) el cine de animación alberga todo tipo de géneros y registros temáticos que proporcionan discursos muy complejos en ocasiones. Y así podemos comprobarlo con La imagen perdida de Rithy Panh. El realizador camboyano a través de figuras de arcilla prácticamente inmóviles recrea la masacre sistemática de los jemeres rojos de la que el propio realizador y su familia fueron víctimas.

Por otra parte llega a las pantallas la que es, parece, la definitiva despedida del creador japonés Hayao Miyazaki, Se levanta el viento. Así el realizador japonés levanta un fresco histórico con ecos autobiográficos donde el protagonista es un diseñador de aviones. Quizá sea una buena manera de empezar a conocer el universo y el mundo de Miyazaki, empezando por el final…

… Es un buen momento para adentrarse en la otra historia del cine, en una historia alternativa llena de buenas sorpresas y alicientes…

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El banquete de los genios. Un homenaje a Luis Buñuel de Manuel Hidalgo (ediciones Península, 2013)

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El periodista y escritor Manuel Hidalgo ‘conversa’ con una fotografía y cuenta una historia. Y a partir de una imagen articula un libro ameno y original lleno de llaves, pasillos y recovecos… La fotografía es obra de Marv Newton y fue atrapada por su objetivo en noviembre de 1972. Recogía una instantánea irrepetible, un grupo de hombres frente a la camara. Todos reunidos en un banquete en el 9166 de Cordell Drive, en Beverly Hills. Ése era el hogar del anfitrión, el director de cine George Cukor. La razón del almuerzo: la presencia de Luis Buñuel en Hollywood. El director de Historias de Filadelfia aprovecha esta situación para invitar a otros colegas de la profesión. Luis Buñuel se encontraba en esos momentos en Hollywood porque su película El discreto encanto de la burguesía clausuraba el Festival Internacional de Cine de Los Ángeles (y  posteriormente ganaría el oscar a la mejor película de habla no inglesa).

En esa fotografía (si la miras de frente y como se puede ver en la portada del libro) se encuentra en el centro Luis Buñuel sentado y a su derecha Alfred Hitchcock y Rouben Mamoulian y a su izquierda George Stevens y Billy Wilder. Detrás de pie, de izquierda a derecha, Robert Mulligan, William Wyler, George Cukor, Robert Wise, Jean-Claude Carrière (guionista) y Serge Silberman (productor). También se encontraba en la comida pero tuvo que irse antes de la fotografía de grupo porque no se encontraba bien del todo (aunque existen otras imágenes que certifican su asistencia), John Ford. Y estaba invitado pero no puedo acudir por problemas de salud, Fritz Lang. ¿Quién no hubiese deseado estar ahí y poder charlar de cine sin parar?

Manuel Hidalgo encuentra así un punto de vista diferente para hablar de la figura y obra del director aragonés. Y consigue unas páginas amenas y un acercamiento singular a Luis Buñuel. Finalmente queda un homenaje (como señala el subtítulo del libro) que puede ser un buen principio para aquellos que no conozcan demasiado al director y una guinda perfecta y curiosa para aquellos que conocen y exploran tanto su obra como su personalidad.

El periodista no solo recrea y cuenta lo que se sabe sobre esa reunión (incluyendo menú, posibles bebidas y conversaciones) sino que crea también un perfil de cada uno de los asistentes y las posibles conexiones con el director español construyendo una interesante red. Por otra parte, también imagina los diferentes motivos para celebrar dicha reunión y las sensaciones que pudo tener tanto el protagonista como los demás asistentes.

La obra cinematográfica de Buñuel y su esencia la examina a través de un exhaustivo análisis del argumento de El discreto encanto de la burguesía. A partir de un paseo por las imágenes de la película (por cierto película que aún no he visto… pero ya imaginada fotograma a fotograma) va extendiendo distintos brazos que van formando un armazón que recoge su legado cinematográfico. Además trata de valorar realmente qué significó esta película dentro de la obra del director. Qué supuso cuando se estrenó, cuál fue el secreto de su posible éxito y cómo puede interpretarse en la actualidad.

También especula con que hubiese sido posible la presencia en dicha comida de Truffaut que elevó a casi todos los presentes a la categoría de autores cinematográficos… y que también poseía varias conexiones con Buñuel (entre otras haber trabajado con actrices como Catherine Deneuve o Jeanne Moreau…).

O finalmente descubre también la presencia de varios ausentes de la fotografía: Rafael Buñuel, uno de los hijos del director, el propio fotógrafo y un periodista que recogió y fue testigo del ‘inmortal’ encuentro.

Y señala las influencias de la figura de Luis Buñuel en otros cineastas del mundo y lo que cuesta bucear esas influencias en los cineastas españoles. Así como la escasa bibliografía escrita por estos lares sobre él… o cómo esa misma fotografía que sirve de portada para su libro, fue empleada para una retrospectiva en el Festival de cine de San Sebastián…

Pero también realiza otra crónica interesante. En qué momento se encontraban estos cineastas ya mayores… (excepto Robert Mulligan el benjamín del grupo), cuál era su situación, si estaban rodando o no, sus últimas películas… Cómo era un grupo de creadores que conformó la Edad de Oro de Hollywood pero que ya estaba pasando el relevo a los directores que estaban conformando el Nuevo cine americano. O explica cómo Buñuel se encontraba en ‘una nueva etapa dorada creativa’ que permitió que pudiera trabajar hasta al final con un productor que le apoyaba y un guionista que trabajaba codo con codo con él. Y narra cómo algunos de los protagonistas de este almuerzo murieron relegados en el olvido, retirados o con muchas complicaciones para realizar sus últimas aportaciones cinematográficas. Y también la confrontación entre cineastas europeos y cineastas de Hollywood. Una confrontación de amor-odio, de admiración y animadversión, de te quiero lejos pero también cerca… Así como un nuevo mapa político y social que también afectaba al mundo del cine y a los temas reflejados y tratados…

Lo dicho, las fotografías hablan, cuentan y Manuel Hidalgo sabe cómo narrar una historia a partir de una imagen congelada. Nos convierte a todos los lectores en ese posible ausente —que no aparece en la fotografía pero que estaba allí— de un banquete de genios…

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La cámara indiscreta. Tesoros cinematográficos de Magnum Photos

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Toda reportera va con su fotógrafo al acecho de historias. Y Hildy Johnson no iba a ser menos. Así que pidió a su reportero gráfico favorito, Fernando Sánchez, que por favor le hiciera una fotografía como espectadora de una exposición que no sólo le ha entusiasmado sino que además le ha hecho sentir e imaginar. Que captara esa esencia con una imagen íntima y en soledad…

La cámara indiscreta te permite un viaje emocionante al corazón de rodajes de películas que forman parte de una mitología cinéfila especial. Porque los reporteros de Magnum captaban un mundo íntimo, único, original…, mostraban una mirada valiosa donde creaban ‘otra película’, otra historia. Y esa es la maravilla de esta exposición, cada instante atrapado permite imaginar…

El idilio entre Magnum y el cine empezó con una historia de amor en 1945 y se consolidó en 1961 cuando nueve fotógrafos de la agencia fueron contratados para cubrir un rodaje…

París. El fotógrafo Robert Capa conoce a la actriz Ingrid Bergman y empieza así una historia de amor a menudo olvidada. Capa realiza un parón a sus reportajes como reportero gráfico de guerra… y decide atrapar con su cámara otro mundo: los rodajes de Hollywood. Así va al encuentro de la mujer amada al otro lado del océano y empieza a fotografiar el rodaje de Encadenados de Alfred Hitchcock. Así empieza una relación entre la agencia y el mundo del cine que se prolongaría durante décadas.

La consolidación se produce en 1961. Quizá el rodaje más fotografiado sea el de Vidas rebeldes de John Huston. Fotografías ya míticas que captaron nueve profesionales de la agencia. Las imágenes, todas ellas especiales, captan otra ‘historia’ triste. Todo cinéfilo recuerda esa imagen de grupo (presente en la exposición) de Elliott Erwitt donde aparece Marilyn Monroe rodeada de los tres actores protagonistas (Montgomery Clift, Clark Gable y Eli Wallach), el guionista Arthur Miller (su esposo… en un momento de crisis y ruptura inminente y dolorosa), el director John Huston y el productor Frank E. Taylor. O tampoco los buscadores de imágenes olvidan cómo la fotógrafa Inge Morath (futura esposa de Miller) captaría la fragilidad y personalidad de Marilyn en varias fotografías muy hermosas.

Los reporteros de Magnum logran transmitir rodajes que laten, que viven, que transmiten, que cuentan… Así el espectador de la exposición vive un viaje por el tunel del tiempo y atrapa el espíritu que sobrevolaba por los platós o los escenarios naturales. Las fotografías captan momentos únicos, íntimos, de un director trabajando o en tiempo de espera. De una actriz riendo con sus compañeros o maquillándose para entrar en escena. De un plató que descubre secretos y la magia del cine… Un ensayo fotográfico sobre realidad y ficción, ficción y realidad. Los rodajes permiten a veces fotografías extrañas, como fuera de la realidad…, que pone en marcha la imaginación del que mira. Los fotógrafos nos dejan ‘otra mirada’ tremendamente valiosa de De repente el último verano, Vidas rebeldes, Moby Dick, El proceso, Candilejas, Rebelde sin causa, Lo importante es amar, El planeta de los simios, La tentación vive arriba, Zabriskie Point…

Mi viaje personal…

En mi paseo por esa cámara indiscreta mi cabeza no dejó de funcionar y crear un montón de historias, momentos, relatos, instantes, sensaciones, pensamientos…

 Un Chaplin, de pelo blanco, en pleno proceso creativo. En su ‘hábitat natural’, entre luces, cámaras y travellings… durante el rodaje de una de sus películas más personales donde el director se desnudaba emocionalmente, Candilejas.

Una Liz Taylor, bella hasta decir basta, frente al espejo… Una actriz antes de ponerse delante de la cámara. Taylor muestra el rostro de una bella melancólica, triste, ante la mirada profesional de una peluquera que trabaja eficiente. Es un retrato psicológico de una actriz metida ya en el camino tortuoso del inconsciente que mostrará su recorrido a un mundo de pesadilla y horror en De repente el último verano.

Una imagen insólita y extraña de los momentos de descanso y rélax. El planeta de los simios deja instantes impagables. Tres simios apoyados en una valla con el cartel de Detour colgado en una calle, como si fuera lo más normal del mundo. Los tres simios están a las puertas de una pensión  y al lado de un local de alterne…

Otra imagen extraña… y tan kafkiana como la propia película que se estaba rodando, El proceso. Un despacho con velas hasta arriba de papeles ¿es un director que da pautas a su actor? ¿Son Orson y Anthony? ¿Un momento de pausa? ¿O son dos personajes? ¿Un abogado frente a su cliente? ¿Son Josef K y su abogado Hastler? ¿Realidad y ficción, ficción y realidad?

… El paso del tiempo. Arthur Miller, años después de Vidas rebeldes, volvió a trabajar como guionista, esta vez, para adaptar una de sus obras de teatro más míticas, Muerte de un viajante, dirigida en los 80 para televisión por el alemán Volker Schlöndorff con Dustin Hoffman de protagonista. Miller con pelo cano es fotografiado por su esposa, Inge Morath, que refleja pura cotidianeidad de un creador, de un hombre de letras.

Vidas rebeldes rescata los mil rostros de Marilyn Monroe… pese a que fue un rodaje triste, triste, triste… y atrapado por cientos de imágenes. También hubo momentos de paz, instantes de descanso de los nubarrones grises. Monroe… en una de esas imágenes que reflejaban a una mujer bella, sonriente y relajada, tratando de alejar sus fantasmas. Es como si la venus rubia solo se sintiera auténtica y ella misma cuando sabía que una cámara iba a congelarla, a convertirla en eterna…, en mito.

El director en acción… Un Michelangelo Antonioni en un paraje desértico, apocalíptico… corriendo para captar el inconformismo y el desencanto de una época en Zabriskie Point. Los setenta daban comienzo… y el nihilismo mostraba sus imágenes…

Este sólo es un itinerario posible de los infinitos que puede llevar a cabo un espectador mientras recorre despacio, como si se encontrara en una cápsula de tiempo y creatividad, una exposición con muchos tesoros… Después el espectador puede sentarse en la silla de un director y empezar a crear su propio montaje…

Nota: La cámara indiscreta. Tesoros cinematográficos de Mágnum Photos. Sala Canal de Isabel II. Calle Santa Engracia, 125. Madrid. Hasta el 27 de julio.

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Europa de Luis López Carrasco (Gollarín, 2014)

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… los directores de cine son creadores de historias… en imágenes. Por eso no es extraño que los creadores de historias empleen otras formas de expresión para narrar, como la escritura. Así puede darse el caso de un joven cineasta, cofundador del colectivo audiovisual Los Hijos (tres son sus integrantes) que experimentan con el lenguaje cinematográfico, que toca un teclado para plasmar su universo en las páginas de un libro de relatos. Siete relatos… que ‘crean’ un futuro.

A Luis López Carrasco le conocía por leer su nombre relacionado con Los Hijos. No había visto nada del colectivo hasta que hace poco vi dos de sus obras: Ya viene, aguanta, riégueme, mátame y El sol en el sol del membrillo. Ambos cortometrajes arrastran reflexiones sobre el cine dentro del cine, sobre lo que vemos reflejado y cómo lo vemos reflejado, sobre qué es rodar, qué es el montaje, qué es realidad o ficción, cómo se manipula a través de las imágenes…Son dos ensayos cinematográficos.

Su nombre me empezó a sonar a partir del largometraje Los materiales (que está en mi baúl de películas pendientes) y ahora acaban de presentar Árboles (que espero poder ver en breve en sus proyecciones en la Filmoteca). Esta nueva obra del colectivo es un ensayo histórico-social-político donde se realiza una reflexión sobre la presencia colonial en África y también crea un paralelismo con las ‘colonias’ residenciales en las periferias de las grandes ciudades españolas.

Pero también Luis López Carrasco ha presentado su primer largometraje en solitario, que pude visionar en una sesión de la Cineteca en el Matadero, El Futuro. A partir de la ‘proyección’ de una fiesta de jóvenes (que puede enmarcarse poco después de las primeras elecciones ganadas por el PSOE), se crea toda una reflexión política sobre ese momento en que nacía una incipiente democracia y que parecía que había todo un futuro por delante por construir… El efecto de ver esa fiesta, con su música de fondo, rostros, algunos diálogos sueltos… en el desolador tiempo presente genera (o por lo menos a mí me ocurrió) una tristeza enorme. El Futuro es como el ‘rescate’ de una vieja cinta de cine donde se atrapa una fiesta. La vieja cinta está deteriorada. El sonido no es bueno. En las imágenes ya hay huellas del paso del tiempo, agujeros negros que tapan rostros, saltos, cortes. Se escuchan algunos diálogos. Y todo este material, junto con al principio, el discurso radiofonico de Felipe González tras la victoria en las elecciones… crea un discurso oculto y y pesimista sobre un periodo determinado y su posterior evolución.

Y aquí, en esa fiesta, esa capsula de pasado vista ahora, en el futuro… puedo empezar a hablar de Europa y de su tercer relato Todos los finales posibles. Dos científicos al límite, al borde del fin del mundo, tienen que decidir el destino de un viaje en el tiempo que les permita escapar de la situación apocalíptica en el que está inmerso el mundo. Uno de ellos es español y termina diciendo que quiere volver a los setenta en su país de origen. “Quiero volver a la época en que nací. Quiero volver a mi casa, a mi ciudad de origen, quiero recobrar todos mis recuerdos. Quiero ver a mis padres, a mis familiares, de jóvenes, en el clima de la energía e ilusión que acaeció al final de la dictadura franquista, el inicio torpe de una democracia. Volvemos a la ilusión, me dirás. Quizá sí, quizá no. Porque esa efervescencia duró muy poco, el sistema se integró a plena velocidad en los rigores del contexto internacional. Se mistificó, se conjuró y eliminó un periodo muy corto. Con todo, no podré soportar el optimismo de esas gentes, mis compatriotas, me dirás”. El otro científico le dice que es como si quisiera regresar a una grabación ininterrumpida de vídeos domésticos familiares…

De pronto en los siete relatos de Europa, no sólo hay un futuro donde hay hueco para lo inquietante y lo desasosegante sino también para los recuerdos, la memoria y la nostalgia…, para las relaciones humanas, entre familiares o desconocidos, entre dos personas que se gustan o entre amigos… La tristeza que acompaña El futuro sigue y se alarga en los relatos de Europa. Relatos que además muestran un mundo complejo, un universo visual complejo, donde los personajes se mueven entre sueños, realidades virtuales, planetas lejanos, atrapados en viejos videojuegos, páramos solitarios… y en ese extrañamiento que sufren, por distintos motivos, en un mundo hostil (o extraño, distinto) en el que sobreviven, se aferran a sentimientos absolutamente humanos, donde siempre acuden a la nostalgia, el recuerdo y la memoria.

El teclado de Luis López Carrasco genera ese futuro incierto y nos hace caer en el abismo y la angustia de muchos de sus personajes. Acompañamos en el salto al vacío al personaje de El caminante. Si solo me dieran la oportunidad de quedarme con uno de los relatos quizá optaría por llevarme Bajo el mismo cielo… y ese grupo de personas que proyectan sus vídeos al cielo, no sabemos qué es lo que proyectan ni qué significa para ellos ese acto… “Los proyectores disparan al cielo oscuro su mensaje de luz”. De pronto el narrador de la historia, el protagonista, nos cuenta su propia “no película”. Una proyección que no existe pero que él tiene en su cabeza (y que forma parte de sus recuerdos de infancia) e imagina cómo quedaría reflejada en el cielo… y crea una emoción difícil de describir.

Luis López Carrasco no solo logra crear un mundo de sensaciones, reflexiones y miedos sino que la forma en que narra esos relatos también atrapan. Genera ambientes y un mundo visual muy potente pero también provoca, mientras te sumerges en su lectura, momentos de catarsis… Logra principios y finales impactantes y un desarrollo que suscita emociones pero a la vez todo ‘pintado’ con el distanciamiento y el extrañamiento tanto de los personajes como de las situaciones que viven.

… un primer libro de relatos que muestra que Luis López Carrasco es un creador de historias. Puede utilizar la cámara (una mirada) o el teclado (la palabra) y empezar a contar…

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Zapatilla de cristal, cenizas, un hada especial… y felices fiestas

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… Estos días por distintos motivos he visitado varias veces los fotogramas de dos Cenicientas. Por una parte La Cenicienta de Walt Disney y por otro La zapatilla de cristal de Charles Walters. Y varios asuntos han venido a mi cabeza y por eso quería con este cuento (y estas dos versiones cinematográficas) acompañar mis felicitaciones.

Me encanta este cuento porque el elemento ‘extraño’…, el zapatito de cristal, es fruto de una errata. Los zapatitos de Cenicienta eran de cuero, un material mucho más normal para un calzado. Pero una errata hizo que el significado de la palabra cambiara… y se convirtiera en un material extraño, mágico. Hermoso. Unos zapatitos de cristal.

… Así espero que un año que quizá no ha podido ser el mejor de los años (no hace falta más que escuchar a gente muy cercana o mirarse uno mismo o ver todos los días el telediario…)… pase al siguiente… y con una cualidad mágica, una errata de la que todos seamos responsables… que de pronto vivamos un año extraño y mágico. Extraño porque decidamos mirar, escuchar, quitarnos los miedos, echar una mano o dos (dejar que también nos la echen a nosotros), encontrar significado a palabras pasadas de moda o con mala fama (solidaridad, justicia, oportunidad, derechos, deberes, sueños, esperanza, análisis, crítica constructiva, mejora, pensamiento, cultura…). Y mágico porque de pronto deseemos, de corazón, otro mundo mejor y posible… (aunque el camino es largo y arduo, aunque sea fruto del esfuerzo y del trabajo, aunque no sea fácil porque somos muchos y todos muy diferentes…).

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De la película de Charles Walters me quedo con un personaje maravilloso. De nuevo nos encontramos frente a un hada madrina muy especial. No es un hada de cuento. Es una mujer anciana, ‘la loca’ del lugar donde vive nuestra Cenicienta. Una anciana que ha perdido la cordura, es otra marginada, como la joven cubierta de cenizas. Una anciana excéntrica que además es cleptómana, ella todo lo toma prestado y a todo le saca una utilidad. De lo inútil consigue lo hermoso. Nuestra hada madrina se llama Madame Toquet (magnífica Estelle Winwood) y le gustan las palabras bonitas como alféizar o tarta de manzana. Y solo cuando lo necesitas te deleita con filosofía casera. Ella, así como si nada y sin pedir nada a cambio…, consigue, de manera práctica, que Cenicienta logre su sueño.

Así que ¿por qué no? Convertirnos todos uno poco en Madame Toquet. Ser hadas y hados madrinos en lo que podamos y con quien podamos. Tener la suficiente locura como para intentar no sólo cumplir nuestros sueños sino ir un poco más allá. Aunque nos miremos a un espejo (que en Cenicienta hay varios) y digamos… pero ¿qué pretendo hacer? ¿Qué puedo hacer? ¿No tengo suficiente con lo que arrastro…? Compartir palabras bonitas y cuidarlas. Transmitirlas. Contar lo bueno que hayamos descubierto: un cuadro, un libro, un alimento, una charla, una canción, una película… Y tratar de buscar en un mundo gris, triste y oscuro, lo bello y hermoso. Y no solo buscarlo sino tratar de que salga a la superficie. No está mal ‘imitar’ un poco a Madame Toquet.

Y por último siempre me fascinó de La Cenicienta de Walt Disney, que fueran los ratones y los pájaros más pequeños los colaboradores de la protagonista a la hora de soportar el día a día. Que fueran ellos, los más insignificantes, los que quisieran ayudar más a Cenicienta para que lograra sus sueños. Que en una cadena lograran hacer grandes cosas. Como coser un bonito vestido para una fiesta.

Pues eso, aunque a veces nos veamos pequeños e insignificantes… hay ciertas cadenas (u ondas) posibles. Igual que hay cadenas para la corrupción o para transmitir todo lo malo… se pueden crear cadenas inversas de las cosas bien hechas, de poner toda la carne en el asador para que un buen proyecto salga adelante (aunque un grupo de personas sea muy distinto puede existir un buen objetivo común y quizá cada uno aportar el grano suficiente para que pueda llevarse a cabo… ¿así ha avanzado el mundo, no?).

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Bueno… he desbarrado un poco con Cenicienta de fondo. En realidad mi única intención era desearos una Feliz Navidad… con unas gotitas de magia.

Voy a quitarme la ceniza del rostro (como lo hace Leslie Caron).

Y busco dos ratones y una calabaza…

A las doce puede que empiece un nuevo día… o un nuevo año.

… Puede que aparezca una máquina de escribir… y continúe tecleando… sin descanso.

Besos a todos.

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10 razones para amar El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard, 1950) de Billy Wilder

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Razón número 1: Duelo de dúos (I Parte): Billy Wilder y Charles Brackett

¿Qué tienen en común La octava mujer de Barba Azul, Medianoche, Ninotchka, Si no amaneciera, Bola de fuego, Arise, my love, El mayor y la menor, Cinco tumbas al Cairo, Días sin huellas, El vals de emperador, Berlín Occidente y El crepúsculo de los dioses? Pues seguro que se puede jugar bastante y sacar varios elementos en común pero hay uno que con solo mirar los títulos de crédito surge con fuerza: los guiones de estas películas están firmadas por Billy Wilder y Charles Brackett. Y su última colaboración juntos fue precisamente en El crepúsculo de los dioses, una buena rúbrica final para una colaboración que dejó muy buenos frutos.

El crepúsculo los dioses es un guion amargo sobre Hollywood y sobre el oficio de guionista pero también un canto de amor hacia dicha figura dentro del equipo humano necesario para crear una película. Esta historia tal y como está contada y cómo está contada, en primera persona, solo puede llevarla a cabo y manteniendo siempre el interés un buen guionista desencantado, como el protagonista del film, Joe Gillis. Y sólo podía llegar a estar tan bien narrada y tan bien reflejado el oficio de guionista con dos profesionales como eran Billy Wilder (también director) y Charles Brackett (también novelista y productor).

Razón número 2: Duelo de dúos (II Parte): Gloria Swanson y Erich von Stroheim

Pero otro dúo brillante que forma parte de una historia mágica (y decadente) y que da autenticidad a cada fotograma es el formado por Gloria Swanson y Erich von Stroheim o lo que es lo mismo por Norma Desmond y Max von Mayerling.

Y la historia verdadera y la historia de ficción se funden creando autenticidad y verdad. Su huella deja el lado más duro de un Hollywood silente que encumbraba y relegaba al más absoluto de los olvidos cuando salías del todopoderoso sistema de estudios. Pero los dos siguieron con la cabeza alta… No protagonizaron en realidad la tétrica pero a la vez deslumbradora y decadente historia de Norma y Max pero sí la suya propia, la de Gloria y Eirch.

Ambos eran grandes en el cine silente. Pero él se salía tanto de los canones de la industria que le terminaron relegando y no le dejaron terminar muchas de sus obras. Pero siguió en el mundo del cine y no cayó en el absoluto olvido por sus labores como actor. Ella era una de las divas y reinas del cine mudo pero en cuanto llegó otra forma de hacer cine (más su rebeldía) se retiró de la pantalla blanca (y se dedicó a otros terrenos, no la fue nada mal). Los dos coincidieron en un momento que supuso lo sublime y la caída más estrepitosa. Ambos fueron artífices de una obra cinematográfica inacabada llena de historias y con imágenes que preludian lo que podría haber sido: La reina Kelly (1929). No acabaron de la mejor de las maneras. No se vieron más. Pero volvieron a encontrarse, y el encuentro fue dulce, en El crepúsculo de los dioses. Ya en los años cincuenta. Ella como una actriz decadente encerrada en una mansión-cárcel-refugio. Él como un mayordomo eficiente que esconde un pasado como director de cine y primer esposo de la diva caída… Y siguen un ritual, al que ahora se une el joven guionista Gillis, se proyectan en el salón las viejas películas de ella. Las imágenes que se ven en El crepúsculo de los dioses se corresponden a aquella película inacabada… Y es emocionante ver el rostro de ambos mientras miran las escenas silentes.

 Ficción y realidad. Realidad y ficción. Todo se mezcla.

Razón número 3: cameos y apariciones con mucho arte

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… La diva del cine silente se deja acompañar por otras viejas glorias. Igual que Gloria Swanson (como su personaje Norma Desmond) conocía perfectamente esa época porque fue una de las protagonistas… otros rostros silentes salen en esta historia. Así Norma Desmond recibe la visita semanal de tres actores del cine mudo con los que juega interminables partidas de cartas. Ellos son Buster Keaton, Anna Q. Nilsson y H.B.Warner (los dos últimos bastante más relegados al olvido. Tratemos de recordarlos: para los amantes del western ella fue la primera Cherry Malotte, dueña de un Saloon en la Alaska que vive la fiebre del Oro, de las cuatro versiones que tendría The Spoilers. Y H.B. Warner fue el protagonista del Rey de Reyes mudo de Cecil B. DeMille pero luego tuvo papeles secundarios en películas míticas como el alcohólico y triste dueño de la droguería donde trabaja George Bailey en Qué bello es vivir).

También están los que supieron subirse al carro… como un director que hace de sí mismo pero que fue uno de los que dirigió los grandes éxitos mudos de Norma Desmond. Lo vemos en su salsa, siendo él mismo, en un estudio y rodando en la Paramount… ni más ni menos que el ‘rey del espectáculo’, Cecil B. DeMille. Si en tiempos del mudo tuvo éxitos como Juana de Arco,  Los diez mandamientos o Rey de Reyes… en aquellos años seguía dando espectáculo con Sansón y Dalila, El mayor espectáculo del mundo u otra nueva versión de Los diez mandamientos… Precisamente en el cameo le vemos en un estudio de la Paramount, en esos momentos estaba rodando realmente Sansón y Dalila.

Una de las reinas del chisme también hace de sí misma… aquellas columnistas capaces de elevar o hundir carreras… presente y haciendo de ella misma en la última impresionante escena que protagoniza una Norma Desmond trastornada. Hablamos de Hedda Hopper y Billy y Charles nos la presentan en su salsa.

Razón número 4: cine dentro del cine. Hollywood dentro de Hollywood

El crepúsculo de los dioses habla de cine, es sobre cine y emplea de manera brillante todos los recursos del lenguaje cinematográfico. Así es un retrato duro pero a la vez apasionado de la industria cinematográfica en Hollywood. Es una historia del cine desde la época del cine mudo hasta el apogeo del sistema de estudios en los años 50 (a punto de caramelo para la caída). Asistimos a la cara oscura pero también a entender por qué se ama ese mundo, ese mundo de hacer películas.

Nos encontramos con los entresijos de un estudio (La Paramount). Sus estrellas, sus productores, guionistas, directores, técnicos, ayundantes de producción, representantes… que foman parte de una gran plataforma, de un plató gigante, que cuenta historias para que se proyecten en la pantalla blanca. Pero este sistema de estudios es una maquinaria que engulle y tritura. Crea y destroza. Encumbra y olvida. Fama y fracaso. Estrellas y sombras. Pero también creatividad, invención, imaginación, levantar sueños, el gusanillo de escribir, de dirigir, de actuar… La cara y la cruz de Hollywood. Un sitio lleno de claro oscuros. Amanece y lo amas, pasa el día y te vas desesperando, anochece y entre litros de alcohol y rechazos terminas odiándolo… y a dormir… que espera un nuevo día.

Norma Desmond y Joe Gillis son dos personajes complejos pero redimidos, sin embargo, por su entrega absoluta a la pantalla blanca. Es lo que les hace vivir y morir. Aman y odían con intensidad el mundo que les hace personas pero también les destruye.

Razón número 5: la mansión y las escaleras

Cuando el guionista Joe Gillis pisa por primera vez la mansión que se convertirá en su cárcel la describe perfectamente. Le recuerda a la mansión que se cae a pedazos en su decadencia que describe Dickens en su novela, Grandes esperanzas. Y piensa que dentro puede habitar una especie de señorita Havisham… y no se equivoca. Solo que Desmond no se rinde y sigue buscando el amor (o el sentirse deseada) aunque tenga que pagar y retener al bello guionista como sea.

Y esa mansión enorme cobija habitaciones sin cerraduras, decorada de manera barroca, como si se tratara de un artificial decorado de película de lujo, un hogar digno de diva decadente. Un decorado que se va desplomando pero que guarda cierta hermosura. Una piscina sin agua que se llenará con la llegada del aire fresco, Joe Gillis. Y que se convertirá en su tumba. Habitaciones con fotografías antiguas, que se aferran al pasado. Habitaciones con goteras. Un dormitorio con un mono muerto. Un entierro en el jardín salvaje.Y unas escaleras que son el mejor escenario para que una Norma Desmond ofrezca la actuación de su vida mientras las cámaras ruedan.

Recopilando curiosidades me entero de que la misma mansión, antes de que se desapareciera definitivamente, se emplearía también en una película donde se rodarían escenas míticas. Es la mansión abandonada donde se refugian en un momento dado los jóvenes de Rebelde sin causa.

Razón número 6: ¿Cuál es el género?

¿Cine negro? Así parece en las primeras escenas. ¿Terror? Es lo que sentimos nada más pisar la tétrica mansión. ¿Comedia? ¿Drama? ¿Melodrama? ¿Comedia romántica? Todos estos géneros se encuentran encerrados en El crepúsculo de los dioses y ninguno chirría. Es tan brutal y tan claustrofóbico a veces el encierro de Joe Gillis (sobre todo cómo lo vive… recordemos que es él el ‘peculiar’ narrador) que sus escapadas y su historia con la joven guionista (Nancy Olson) se hace necesaria. Porque es una manera de pintar un posible futuro para Gillis. A veces los excesos de Norma nos pueden provocar risa… pero una risa incómoda, como el comportamiento de su fiel mayordomo. Una risa que se transforma en lágrima porque hay tragedia detrás de lo estrafalario. Todo está envuelto en un ambiente de cine negro porque sabemos desde el principio que lo que estamos viendo es la crónica de un crimen y sabemos que no hay salida posible, ni salvación ni redención para su protagonista.

Razón número 7: William Holden, pistoletazo de salida

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En muchas ocasiones he cantado mi amor platónico hacia William Holden. El crepúsculo de los dioses supuso el pistoletazo de salida para una carrera que despegó lentamente (llevaba desde finales de los años 30 apareciendo en pantalla). Joe Gillis funciona porque lo construye un buen actor (además de partir de un buen guion). El guionista gigoló que va mostrando su vulnerabilidad, sus puntos débiles, lo que le hace más humano. Joe Gillis, un personaje tremendamente complejo y muy bien reflejado por un Holden no sólo atractivo sino que muestra toda la ambigüedad del personaje y consigue que finalmente todos los espectadores estén convencidos de que no se merece contarnos esa historia desde el fondo de una piscina, sin posibilidad de futuro.

Y a partir de El crepúsculo de los dioses, vendría el reconocimiento. Y una galería de películas que me hacen ser para siempre espectadora fiel (ya se vislumbraba en Sueño dorado, el violinista boxeador): Nacida ayer, Traidor en el infierno, Picnic, La Colina del Adiós, El puente sobre el río Kwai, El mundo de Suzie Wong, Grupo Salvaje, Network…

Razón número 8: el narrador, un guionista muerto

Y seguimos con Joe Gillis y William Holden. No sólo es guionista de profesión sino que se convierte en narrador omnisciente del relato cinematográfico. Ya sabe todo lo que va a ocurrir puesto que está muerto. Domina la historia. Y nos la cuenta como lo que es, un guionista. Todo lo vemos bajo su mirada. Y los ambientes por los que se desenvuelve. Y las descripciones de los personajes. Quizá esa es la explicación de ese universo de géneros. Según el estado de ánimo del narrador se va hacia el cine negro, hacia el humor negro, hacia el terror, la intriga o el romanticismo exacerbado…

Razón número 9: érase una vez un gigoló y una dama decadente

Érase una vez un gigoló y una dama decadente en una mansión encerrados en una fiesta de fin de año con una orquesta a su servicio… El crepúsculo de los dioses no es un cuento de hadas. Lo triste (y lo humano y esperanzador) de Joe Gillis es que todavía le queda la suficiente humanidad como para entender la decadencia, los miedos y la tristeza que encierra el rostro de Norma Desmond, otro personaje perdido y frágil. Y los dos son capaces de crearse un universo donde tratan curarse de las heridas. Pero un universo artificial que termina resquebrajándose y matándoles a ambos. Norma no puede vestirse siempre de las bañistas de Mack Sennett o hacer reír con una imitación magistral de Charlot… no puede evadirse siempre. Y Gillis no puede estar toda la vida huyendo sin enfrentarse a sus problemas. Cuando ambos tratan de encarrilar sus vidas… ya es demasiado tarde. Gillis muere, y Desmond pierde la cabeza definitivamente, se quiebra.

Razón número 10: Un principio y un final. Historia redonda

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Las películas como las novelas o los cuentos tienen mucho terreno ganado si tienen un principio que atrapa, un desarrollo que mantiene el interés y un final que deja clavado al espectador en el asiento. Y así es El crepúsculo de los dioses. El principio te atrapa y no te suelta: ¡una historia que te está narrando un cuerpo muerto flotando en una piscina de una mansión de Sunset Boulevard! El desarrollo no decae en ningún momento pues se trata de entender cómo se llega a esa situación. Y el final nadie puede olvidar la locura de Norma Desmond bajando por las escaleras cual diva, ante las cámaras, que la están rodando, sin ser consciente de lo que ha hecho… y camino a la detención y reclusión definitiva.

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George Méliès. La magia del cine

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Cuando hay conocimiento pero también pasión y cariño de por medio ocurre que de pronto un ciudadano puede entrar en un mundo mágico donde la ilusión y la fantasia son los ingredientes principales. Y eso ocurre con la magnífica exposición Georges Méliès. La magia del cine y es que es un lujo cuando una muestra está tan bien hecha y cuidada. Hildy Johnson entró a las 10.00 de la mañana y no salió hasta la 13.30…

Y es que el viaje merece la pena… porque se aterriza en el universo de Méliès (1861-1938). Y no se quiere salir de él. Así la imagen icónica de esa luna cuyo ojo es atravesado por una nave espacial simboliza cómo el realizador-creador (y mil cosas más) se dio cuenta de que el cine era algo más que imágenes en movimiento. El cine podía plasmar lo imposible. Todos los sueños se reflejarían en la pantalla blanca. Y así en ese estudio acristalado (desgraciadamente desaparecido), Méliès dio rienda suelta a la imaginación. Y se podía ir a la luna o al fondo de los mares. Y surgían demonios, bailarinas que salían de linternas mágicas, magos que hacían desaparecer a damas, una luna que era seducida por el sol, cabezas que se volvían gigantes y estallaban, fantasmas, muertos vivientes, magos, monstruos, bellas mujeres sentadas en estrellas…

Además no sólo disfruta el cinéfilo sino también el curioso porque Méliès era una especie de Leonardo Da Vinci que protagonizó una vida de película. Así era capaz de realizar todo tipo de dibujos para atrapar todo lo que producía su mente. Se convirtió en un buen mago y arrendó el mítico teatro de Robert Houdin. Allí aprendió a ser director de teatro, actor, decorador, técnico… Después descubrió las primeras proyecciones de los hermanos Lumière y se enamoró de esa nueva forma de expresión… y entonces fascinado se convirtió en realizador, productor, actor, director artístico y de efectos especiales y distribuidor… A principios de siglo tenía casi un imperio de sueños. Pero en la década siguiente todo se fue desinflando hasta que terminó arruinado y en olvido como vendedor de juguetes en el vestíbulo de la estación de tren de Montparnasse en París.

Y es que ahora mismo Méliès no es un gran desconocido sino que todavía es reciente el fenómeno editorial de La invención de Hugo Cabret, un cuento ilustrado de Brian Selznick, que fue llevado al cine en 2011 por Martin Scorsese que realizó un sentido homenaje al cine. Y el centro del libro y la película es George Méliès. Así el realizador es un rostro reconocible. Cercano. Un rostro que despierta curiosidad…

Cada sala, exquisitamente cuidada, muestra un aspecto del universo de este creador que vio en el cine la posibilidad de lo fantástico. Así indagamos en todas sus influencias y damos un paseo interesantísimo por el pre-cine. Los espectáculos de magia se mezclan con las sombras chinas o las linternas mágicas y otros aparatos, antes del proyector, que atrapaban el movimiento. En un espacio nos encontramos con el fascinante mundo de las fantasmagorías y en otro descubrimos esas primeras imágenes que proyectaron los Lumiére. Más allá nos enfrentamos con el escenario del teatro Houdin y sus carteles o con todos aquellos artilugios que hacían posible fenómenos donde la lógica no tenía sitio.

Después cuando Méliès ya tiene todo su arsenal de imaginación y fantasia y dispone de una cámara de cine se despliega su mundo en la pantalla blanca y entonces el visitante se convierte en ‘espectador’ de sus obras cinematográficas y monta en la nave que le hará llegar a la luna. Así en un viaje increíble irá pasando pantalla por pantalla a mundos inimaginables. Porque si algo destaca en el universo de este realizador es que no hay sitio para la lógica o la coherencia y sí para la sinrazón y los fenómenos extraños.

De alguna manera el visitante se convierte en un viajero de sueños de celuloide que no quiere abandonar la nave y que espera llegar a esa luna imaginada… que sobrevive en su subsconsciente.

Nota: la exposición ha sido organizada por la Obra Social ”la Caixa” en colaboración con La Cinémathèque française y se puede visitar en Caixaforum Madrid (Paseo del Prado, 36) hasta el 8 de diciembre… Es una buena disculpa para una escapada. Está abierta todos los días de 10.00 a 20.00 horas y la entrada al recinto es de 4 euros.

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