Diccionario cinematográfico (209)

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Fotografías: … las fotografías como elemento fundamental de la trama o como detalle importante de una historia cinematográfica. Si hace poco recordábamos en Banderas de nuestros padres lo que significó la fotografía que se realizó en la batalla de Iwo Jima donde unos soldados izaban la bandera norteamericana, ahora he visto hace poco el efecto que provoca en un viejo profesor de música la fotografía que encuentra en una caja que le entregan en un museo judío.La fotografía le cambia la vida. Cambia su historia e identidad. Le informan de que han encontrado esa caja durante las obras de unas cañerías en el antiguo recinto ferial de Belgrado (que albergó uno de los primeros campos de exterminio) y que no hay duda de que él es el dueño. La fotografía muestra a un matrimonio joven con un bebé… y una historia oculta donde él es protagonista. Así arranca la nueva película del director serbio Goran Paskaljevic, Al nacer el día.

Precisamente me viene a la cabeza La caja de música donde las fotografías serán fundamentales para la resolución de la trama en una escena escalofriante. Esta película de Costa-Gravas cuenta la historia de un inmigrante húngaro afincado en EEUU que es acusado de ser un criminal de guerra nazi y es defendido por su hija, una prestigiosa abogada.

También una fotografía desencadena el conflicto de Perro malo, la película venezolana que se alzó con la Concha de oro en el festival de San Sebastián y que se estrena esta semana. Junior es un niño que tiene una ilusión: aparecer en la fotografía del colegio con el pelo liso y vestido de cantante de éxito.

Clint Eastwood hace que en su película más romántica unos hijos ya maduros a los que se les acaba de morir su madre encuentren entre sus pertenencias unas fotografías que nunca habían visto donde está especialmente hermosa junto a unos diarios. Ahí en esas imágenes ya se desvela una historia de amor. Estoy hablando de Los puentes de Madison.

… Fundamental será para los espectadores el encuentro por parte de la asustada Nicole Kidman de una fotografía en Los otros de Alejandro Amenabar. Una historia de fantasmas que nos deja helados cuando una imagen desvela horribles secretos.

Antonioni en Blow up cuenta como una serie de fotografías ‘inocentes’ tomadas en un parque pueden desvelar un asesinato… Y el protagonista de Memento trata de atrapar su frágil memoria a través de fotografías polaroid, que a veces le confunden aún más. Hace poco también escribía sobre Ascensor para el cadalso donde un carrete y el revelado de las fotografías eran fundamentales para atrapar a los protagonistas de destino trágico. También son fundamentales en Blade Runner donde tener un pasado supone tener fotografías, y donde Harrison Ford se sirve de ellas (y de ampliar detalles) para avanzar en su búsqueda de replicantes. También las fotografías son útiles para la resolución de otro asesinato en Millennium: los hombres que no amaban a las mujeres. Una fotografía que en un principio parece que no desvela nada, que no es importante, se convierte en pieza clave.

También es una fotografía la que nos queda de los monjes de un monasterio del Magreb momentos antes de ser asesinados. Y esa fotografía se plasma en la maravillosa De dioses y hombres de Xavier Beauvois. Una fotografía cuenta una historia.

Las fotografías sirven para recordar a los ausentes, para pillar in franganti o sobornar a los infieles o a los que ocultan algún secreto que no quieren que sea desvelado. Las fotografías del hermano ausente que rompen a los que se han quedado en Gente corriente. Las películas de misterio, de intrigas políticas y de espías… que se sirven de las fotografías para que la trama avance como por ejemplo Acción ejecutiva sobre el asesinato de Kennedy y la manipulación de algunas imágenes.

… las fotografías ponen en alerta a un joven adolescente de que está cambiando el presente de su familia con su ‘viaje’ al pasado y eso no es nada bueno en Regreso al futuro. Lo está alterando de tal manera que puede peligrar su existencia…, su imagen se va desvaneciendo. O sirven para contar de otra manera la historia, que se lo digan a Forrest Gump que aparece como intruso en fotografías de varios acontecimientos históricos.

Las fotografías también construyen una vida en común y reflejan el paso del tiempo, reflejan también una personalidad. Así conocemos mejor a los protagonistas de las historias según las fotografías que tengan colgadas en sus paredes o puestas en sus despachos. O las fotografías que llevan en sus carteras y que enseñan continuamente. Así como las que se llevan a viajes lejanos, en maletas o bien escondidas… Uno de los ejemplos más hermosos nos lo proporciona una cinta de animación Up donde a través de un álbum de fotografías construimos la historia feliz de un anciano matrimonio.

Y el máximo alarde es contar una película a base de fotografías y así se hizo en La jetée de Chris Marker y su bella historia de amor futurista…

… La melancolía y las ganas de recordar nos puede y guardamos fotografías en los ordenadores, móviles y álbumes pues atrapamos momentos, instantes. Os dejo, voy a por mi caja de fotografías… a recordar mi propia película de imágenes congeladas, atrapa espíritus…

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Monuments men (The monuments men, 2014) de George Clooney

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Decepción absoluta. Dispuesta a disfrutar y pasarlo bien, salí totalmente contrariada. Monuments men partía de una buena idea y sin embargo no ha podido estar peor contada. George Clooney tiene algún destello correcto, como director de la función, en escenas sueltas pero ofrece una historia sin ritmo, mal contada y absolutamente deslavazada. Acudí a la sala de cine con muchas ganas y poco a poco fui encogiéndome en la butaca hasta el hastío más absoluto.

Contaba con un antecedente que me entusiasma. Una maravillosa película del dúo Burt Lancaster y John Frankenheimer del año 1964, El tren, cine emocionante y de tensión con historia maravillosa. Transcurre en París, un París que pronto va a ser liberado, pero antes de la derrota los nazis cargan un tren con los cuadros más importantes que se encuentran en la ciudad para llevárselos a Alemania. Un grupo de partisanos (muchos de ellos no saben de arte ni de cuadros pero sí que ése es un ‘cargamento’ que no se pueden llevar los nazis) trata de evitar —arriesgando sus vidas— que los cuadros salgan de Francia…

George Clooney se inspira en la historia de un grupo de expertos en arte, historiadores, directores de  museos, arquitectos… con cierta experiencia y edad con nacionalidades sobre todo de EE UU y Gran Bretaña (y también un francés con cara de Jean Dujardin) que se le encargó casi al final de la contienda la recuperación de las obras de arte robadas por los nazis durante la guerra para devolverlas a los lugares de donde fueron sacadas. La película parte del material de un libro de Rogert M. Edsel.

¿Dónde están las claves para no disfrutar de esta película?

1.- Los lazos entre los monuments men y los propios monuments men pésimamente desarrollados. De pronto los personajes de Clooney y Damon los van reuniendo, todos se conocen más o menos (hay por ahí, por lo visto, uniones de toda la vida)… y en un segundo sus lazos son fuertísimos, su entrega a la causa  impresionante… Apenas logran caracterizarse (no podemos imaginarnos su bagaje, la historia que arrastran a sus espaldas…) y no podemos creernos al ‘grupo’ ni lo que les ocurre. Un buen reparto (con carisma) totalmente desaprovechado porque los personajes apenas están construidos. Sólo hay un conato de pareja ‘cómica’ y bien avenida (pero desgraciadamente no desarrollada) entre los caballeros que tienen los rostros de Bob Balaban y Bill Murray.

2.- Lo inconexo de la propuesta acompaña toda la historia (tanto el dónde como el cómo). De pronto el grupo está tan junto como separado (pero siempre se quieren mucho y se nombran unos a otros)…, hay dos trágicas muertes con música de fondo e imágenes muy sentidas. Son siempre recordados (aunque ver a todos juntos rara vez se ha dado) e incluso hay lágrimas. George Clooney suelta varias veces monólogos sobre la grandeza de su misión y la importancia de salvar el arte. ¿Por qué hay que salvar el arte? Con voz seria, rostro compungido pero heroico, micrófono cerca de su boca. A veces emplea su ironía. Es como un actor clásico de Hollywood convertido en soldado, con una misión especial. Un Clark Gable salvador que además sabe declamar y dar discursos a la perfección.

3.- Mientras el grupo se va dispersando por Europa en busca del ‘tesoro’ escondido, la pista más importante es encargada al otro apuesto del grupo con rostro de Matt Damon. Damon protagoniza su propia película y al final ya se unirá con el grupo. Él va a París con un contacto y después de conversaciones, viajes rocambolescos y tal contacta con una ‘pieza’ fundamental de la trama: un parisina que trabajaba para los nazis que robaban la obra artística… pero que a su vez era una entregada a la causa, a la Resistencia. Y todo su afán era salvar el legado artístico. Ella esconde un secreto: sabe donde está todo (y además lo ha catalogado de maravilla). Pero no se fía ya de nadie. De pronto la seria, estirada y misteriosa dama se convierte en gata en celo, da un giro radical cuando se da cuenta que los monuments men son buenos y desinteresados… Ahí se cuenta una medio historia de seducción sin posibilidad de química un tanto absurda del que tan solo queda el recuerdo de una corbata…

4.- Cuando Damon se reúne con sus amados amigos (que por su cuenta ya habían averiguado casi lo mismo que él… cosas del destino y la casualidad)… tiene que pasar un momento de peligro tremendo donde todos se muestran solidarios con él… si él salta por los aires, todos le acompañarán. Son como unos mosqueteros por la causa. Así después de haber sido bastante inútil su odisea en solitario… deja ver que el grupo funciona. Y todas las hazañas del grupo transcurren así…, sin un ápice de tensión, emoción, desgarro o miedo…

5.- La resolución y el encuentro de las obras de arte es un poco por arte de magia, golpes de destino y suerte (y un poquillo de investigación con algo de potra)… pero por suerte llega antes este grupo de expertos que los desalmados rusos (¡no sabemos qué destrozo iban a hacer estos…!).

6.- Todo aderezado de una banda sonora de Alexandre Desplat y alguna canción de la época que emocione. Discursos muy serios sobre el arte y la guerra. Alguna nota suelta de humor. Ensalzamiento de la amistad (sin entender muy bien por qué), escenas muy trágicas y otras que muestren el horror y el sinsentido de la guerra. Ah, y algunas obras de arte representativas…, curiosamente casi todas con un contenido religioso y trascendente (trascendente como la misión). Algunas buenas ideas sueltas en el metraje como buenas escenas rodadas (como islas entre secuencias sin orden y sentido aparente o quizá simplemente colocadas con torpeza)… que se diluyen en una historia muy mal narrada cinematográficamente con una falta de ritmo y sentido total.

Pensé que el mal recibimiento en el Festival de Berlín era hacia un largometraje de entretenimiento que recuperaba un cine bélico de aventura tipo La gran evasión o la ya nombrada El tren. Que era cine espectáculo no bien recibido dentro del contenido y naturaleza del festival. Pero lo que me encontré fue una mala película de George Clooney (que tanto me había entusiasmado en Los idus de marzo), ni siquiera un divertimento. Tan sólo destellos. Otra vez será…, espero su próximo proyecto como director.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Los sobornados (The big heat, 1953) de Fritz Lang

THE BIG HEAT (1953) movie image

Si algo llama la atención de Los sobornados es que está contada a golpe de violencia continua. Fritz Lang recrea una ciudad violenta y lo refleja en cada fotograma. Una violencia física y emocional. Si hay una escena que perdura y que nunca se olvida es la de un colérico Lee Marvin tirando el café hirviendo en el rostro de su  ‘chica’ Debbie (una maravillosa Gloria Grahame). Pero esto solo es una escena más de violencia. La película está plagada de ellas. De hecho la historia avanza según se va sucediendo un acto violento tras otro. Algunos están fuera de plano, otros sólo son contados y los de más allá son mostrados con toda su crudeza.

La película arranca con un suicidio, continúa con una de las muertes más tremendas e inesperadas tras una explosión, no faltan quemaduras de cigarrillo, peleas, una violencia de género brutal, disparos, amenazas… y una violencia emocional más feroz si cabe. Así nos sorprendemos con el suicidio de un hombre que todavía no sabemos quién es pero más nos sobrecoge la reacción de su viuda…

Como toda buena película de cine negro que se precie… un ambiente ambiguo, oscuro y fatal recorre la cinta y tiñe a su personaje principal cuyo dilema moral es el siguiente: ¿podrá la venganza destrozar totalmente la humanidad y la honestidad del policía Bannion (un Glenn Ford en uno de los pocos papeles en el que no le tengo manía)? ¿Se convertirá en uno más que ‘corrompe’ el ambiente de la ciudad? ¿Cruzará el límite y será igual que uno de los matones a los que persigue?

Lo tremendo que plantea Lang es que el espectador entiende (aunque no comparta) la transformación de Bannion porque le arrebatan de la manera más cruel a la compañera de su vida… Pero lo realmente transgresor dentro del género negro es que esta vez será la mujer fatal la que impedirá la caída al abismo del héroe. Ella misma, ya como mujer deformada, preferirá tirarse al abismo y arrastrar junto a ella a los suyos con tal de recuperar la humanidad y entereza del policía. Ella misma será la que se vengue por Bannion. Ella misma llevará hasta las últimas consecuencias ser mujer fatal con los suyos pero para ‘redimir’ al héroe y ‘redimirse ella misma’.

Fritz Lang deja una poderosa película con un dominio, como siempre en su cine, de la puesta en escena y del lenguaje cinematográfico. No sólo deja unos personajes difíciles de olvidar: desde el mafioso poderoso (que en una escena lo encontramos en el salón de su casa donde el gran retrato de su madre domina todo y nos ‘cuenta’ mucho de ese extraño personaje), a la viuda fría o el matón sin escrúpulos. Sobrevolando por la ‘querida’ que ama, la mujer fatal que se redime (y que desde el principio muestra una rebeldía e inteligencia evidente así como un sentido de la libertad muy marcado: no soporta cómo todos los que la rodean giran y bailan alrededor del gánster poderoso) o el retrato de compañera ideal que refleja la esposa de Bannion (retrato muy años cincuenta… y muy interesante de analizar). Pero también imprimen un sello especial toda la galería de personajes secundarios que con solo una escena se convierten en necesarios (como esa anciana que apenas puede andar y que le da una pista al vengativo policía). Lang sabe ‘presentar’ con todos los contrastes necesarios los distintos lugares de la trama: el hogar del policía, la comisaria, la casa del mafioso, de la viuda, del matón de turno, los garitos, las habitaciones de hotel y garajes… Nos hacemos una idea del ‘espíritu’ de la ciudad. Es una película nocturna donde la iluminación y los claroscuros predominan y narran así como otros elementos claves: las lamparas que se encienden y se apagan, las sombras que delatan, los ruidos que sorprenden, las puertas que se abren violentamente o que se cierran.

… nos deja una de las escenas más tristemente románticas del cine de Lang (que sabe rodarlas) y es cómo una Debbie moribunda y redimida escucha cómo Bannion le describe a su amada ausente y le comenta que hubiesen sido buenas amigas… y se lo cuenta dulcemente con cariño, estando muy pendiente de ella. Y Debbie es consciente de que el policía no caerá al abismo, que su humanidad ha regresado a su rostro. Así ella puede cerrar los ojos…

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Aflicción (Affliction, 1997) de Paul Schrader

aflicción

Al guionista y director Paul Schrader nunca le podríamos imaginar en una comedia, es un creador-artista que refleja los ‘fantasmas’ y traumas de su vida y educación estricta en sus películas. Bajo la influencia de la religión (calvinismo) tiene un fuerte sentido de la trascendencia (que también analiza en un libro imprescindible sobre tres directores: Bresson, Ozu, Dreyer) pero nunca abandona los conceptos de culpa, pecado… Y claro difícilmente entra ahí la risa. No domino toda su obra como director (ni tampoco la de guionista) pero lo que he podido vislumbrar me ofrece ‘héroes’ atormentados que alcanzan la ‘redención’ de la manera más inesperada y donde la transgresión es la firma. Schrader encontró en el cine su medio para comunicarse (y curiosamente no pudo ver su primera película hasta que cumplió 18 años), para transmitir sus miedos y complejidades. Su obra como director, imperfecta y anómala, se mueve siempre entre lo inquietante y lo ambiguo… y no deja indiferente al espectador que se enfrenta a ella.

Aflicción es el reverso oscuro de Nebraska de Alexander Payne. A veces las películas hablan entre sí. Y yo creo que existe un diálogo oculto entre ambas. Diré que me gusta más la vida desde la mirada de Payne (que no toma, ni mucho menos, la vía fácil, ni más sencilla) y que me remueve, incomoda y deprime la mirada de Schrader… Creo que ambas ofrecen en un universo y paisaje similar las consecuencias que puede tener en nuestras vidas los padres que hayamos tenido, la infancia que hayamos vivido y cómo hemos sentido cada momento. Ambas películas hablan de lo que marca la genética y la inteligencia emocional. Arrastramos un pasado sobre nuestras espaldas… y a veces ese pasado ni siquiera lo vivimos pero su ‘carga’ se siente. Las familias de Nebraska y Aflicción son disfuncionales: una opta por el amor y la comprensión (a su manera) y otra por arrastrarse entre el odio, la violencia y la sumisión. En ambas el padre se encuentra en un momento donde su memoria ya es vulnerable y en ambas el alcohol ha supuesto un golpe continuo para cada uno de los miembros.

Pero ahora hablamos de Aflicción… que termina siendo el retrato y el tormento de un hombre a punto de estallar. Un perro rabioso que se contiene pero con unas ganas enormes de morder. Él mismo se lo explica a su hermano pequeño por teléfono. Lleva en sus genes los recuerdos de una infancia dura y el ADN de un padre violento que además es un alcohólico. Un hombre que aterroriza a sus dos hijos y a su mujer… A uno le da por huir y convertirse en profesor de historia (y contador de narraciones tristes…) y el otro se queda y va hundiéndose irremediablemente… Ella se queda a su lado, en silencio.

Y a ese otro (un Nick Nolte que sobrecoge) nos lo encontramos en un momento de su vida en que todo se derrumba y él (aunque no lo sabe) es más vulnerable que nunca. Profesionalmente no se siente realizado (es un ayudante de sheriff venido a menos), la relación con su hija cada vez se deteriora más y la relación con su exmujer ya hace tiempo que no puede ir peor… para colmo tiene un dolor continuo de muela que no le deja razonar tranquilo. En ese momento hay dos golpes que ponen patas arriba su vida ya errática: la muerte de un importante sindicalista durante una cacería donde éste iba acompañado por uno de sus compañeros de profesión y lo más parecido a un amigo. Y por otra el descubrimiento de que su madre ha fallecido (de manera tan triste y silenciosa como toda su vida) y por tanto el tenerse que hacer cargo de un padre (un temible James Coburn) que le marca con cada palabra y acto. Lo único que logra calmarle es el cariño de su novia, una vecina de toda la vida (una dulce Sissy Spacek).

De pronto no le sirve que lo que ha ocurrido con el sindicalista es un accidente sino que él mismo urde toda una trama conspirativa y destierra toda la corrupción latente en el sitio donde vive (en el que todo el mundo que conoce está implicado). Se vuelve una especie de ‘héroe’ solitario y justiciero al que nadie cree. Y todo sucede en un terreno ‘ambiguo’ entre realidad o ficción. ¿Es todo fruto de su imaginación o no es tan descabellado lo que piensa? Al estrés que le provoca este caso que le obsesiona, ve cómo su vida emocional se desmorona cuando su padre vuelve a hacerle salvajemente daño con palabras hirientes y más cuando siente que no puede huir de la violencia que genera éste a su alrededor. No puede controlar esta violencia que va poseyéndole rompiendo definitivamente la relación con su hija y con su novia que ven el monstruo que emerge (y que nada pueden hacer para calmarle)… Todo unido al maldito dolor de muela…

Es como si ese dolor de muela distorsionara todo. Ese hombre que arrastra dolor físico pero lo que le rompe es el dolor emocional… siente que la cabeza le estalla… y de pronto cree que lo único que puede tranquilizarle es arrancarse de cuajo lo que le provoca dolor. Una muela podrida. Y de pronto su cabeza le dicta que todo está podrido no sólo su muela. Y que tiene que arrancar todo lo que le hace infeliz… y desaparecer. Entonces toma determinaciones fatales, con la mente fría, sin dolor físico. El perro rabioso, ataca…

Y es que su vida siempre ha estado sumida en la aflicción: entre la tristeza y la angustia moral, siente sufrimiento físico y pesadumbre moral… No puede con su vida. No puede con él mismo. Ve a su padre, y sabe lo que le espera. De pronto la única salida que encuentra, es la única que ha aprendido, la violencia.

Aflicción no es ni mucho menos perfecta (me desconcierta el punto de vista -pero esta cuestión daría para otro post entero- porque según se interprete se podrían contar historias muy diferentes y por eso me desconcierta el personaje del hermano menor, Willem Dafoe), es irregular y anómala (y por eso tremendamente atractiva), pero el personaje de Nick Nolte… lleva la batuta y arrastra al espectador a una historia triste sobre la herencia genética y emocional que dejan los padres a sus hijos en un paisaje desolador y nevado…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Pelo malo (Pelo malo, 2013) de Mariana Rondón

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… principios de este año, asesinato violento de la ex miss Venezuela, Mónica Spear, y su ex esposo.

Apenas unos días, otra miss, Génesis Carmona fallece de un tiro en la cabeza durante las manifestaciones contra el Gobierno de Maduro.

… La niña de Pelo malo, la vecina de Junior (el niño protagonista), sueña con ser una miss. Por eso quiere que la fotografía del colegio se la hagan con un vestido de princesa, tacones, peinada y maquillada. Porque las misses salen de la miseria y sus vidas son bonitas…

Así Junior, con 9 años, también sueña…, su pelo malo lo quiere alisar para la fotografía del colegio…, quiere parecerse a un cantante. Y si es estrella podrá seguir cuidando a su madre y al bebé. Y le querrán. Puede ser un rapero o parecerse a ese cantante que su abuela le hace ensayar una y otra vez que canta: mi limón, mi limonero…

Pero los niños viven en Caracas, que es un polvorín de violencia a punto de estallar, y la película de Mariana Rondón se convierte en una premonición que ahora es presente. Donde, de momento, los sueños no son posibles y las balaceras alcanzan a las misses, a los cantantes o a todo lo que se cruce por delante. Y esa violencia vive cotidianamente con aquellos que tratan de sobrevivir cada día y provoca una lucha de poder entre hijo-madre, madre-hijo… o algo mucho más triste… una impotencia violenta de cómo ayudar al otro, de cómo hacer para que uno salga de la miseria, o el otro se convierta en una persona fuerte que aguante los golpes de la vida.

La madre, una mujer que sufre en sus carnes cada día la fuerza y la violencia (de todo tipo), se vuelve dura como la piedra… porque sino no se levanta de la cama. Y el hijo que sólo es un niño de 9 años sensible, con sueños, trata de seguir siéndolo. Quiere ser niño y ayudar a su madre y a su hermano, y cuidarles… pero también que ellos le quieran, que no le excluyan.

Junior y su madre viven en una caja de cerillas…, sólo falta una mecha, para que se propague el incendio. El niño compra siempre cajas de cerillas al adolescente del quiosco (¿le admira, le gusta?) y luego con ellas forma figuras humanas…, está representando donde vive. Y sólo una chispa hará que todo arda. Y así ha sido.

Para entender la dureza de la madre y ese rechazo (o mejor dicho miedo latente) a que su hijo pueda ser homosexual, basta con escuchar las palabras de un personaje femenino de una película de John Ford, El delator. Otra película puede explicar lo que vemos. Allí Katie, que ejerce la prostitución, le dice a su enamorado: “Gypo, no hay remedio. Tengo hambre y no puedo pagar el alquiler. ¿Tienes dinero tú? No. No hay remedio. No me mires así, Gypo. Eres todo lo que tengo. Eres el único, lo sabes. ¿Qué posibilidades tenemos de escapar?”. Cuando Gypo le reprocha su actitud, ésta le contesta: “santo Gypo ¿demasiado bueno para mí? No eres mejor que cualquier hombre. ¡Sois todos iguales! Lárgate con tus principios, ¡no me los puedo permitir!”. Estas mismas palabras las podría decir cada día la madre de Junior. Ella no se puede permitir ser tierna, ser justa, tener principios, aceptar al diferente, al sensible… tiene que sobrevivir y lleva a cuestas a dos hijos que tienen que ser duros para poder habitar la ciudad…

Mariana Rondón nos cuenta una historia compleja de manera sencilla sobre una madre y un hijo (y una abuela tremenda) que terminan basando su relación en una violencia que les puede. Porque uno de los dos tiene que ceder y es un pulso de miradas y gestos. Son dos supervivientes, dos cerillas más enterradas en Caracas, la otra protagonista irrespirable, violenta e intransigente de Pelo malo.

Y uno piensa que Junior tiene todo el derecho del mundo a tener su fotografía de cantante, con el pelo liso. Y todo el derecho del mundo a ser un niño delicado, educado, sensible y tierno (que pueden ser las cualidades que describan a un homosexual o no, y aquí está otra de las complejidades de la película, porque estas cualidades pueden estar presentes en cualquier persona sin nada que ver con su condición sexual). Pero también su madre tiene derecho a estar tranquila, sin presiones, sin sacudidas violentas, sin agobios laborales, económicos y sociales, sin sufrir la discriminación por ser mujer…, la madre también quiere ser tierna… pero no puede. Y ese es el drama de una película que te golpea en cada fotograma.

Nota: Pelo malo (concha de Oro en el Festival Internacional de cine de San Sebastián) puede verse el jueves 13 de marzo en la Cineteca-Matadero (Los imprescindibles de Caimán) con la presencia de Mariana Rondón (directora) y Marité Ugas (productora) a las 20.30 horas. Y se estrenará en salas el día 14 de marzo.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

¿Qué nos queda? (Was bleibt, 2012) de Hans-Christian Schmid

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Un hombre toca con su hijo una melodía en el piano. Y esta melodía es catártica en una familia que está a punto de diluirse, de quebrarse, de romperse… ¿qué nos queda? Nos queda intuir que quizá en un momento hubo una ‘base sólida’ y montañas de cariño. La madre se va acercando con una sonrisa y empieza a cantar Du lässt Dich geh’n de Charles Aznavour, se unen el hombre y el nieto. La novia del hermano menor del hombre que toca… también sonríe y poco a poco va acercándose como observadora. En un sillón está el padre, leyendo, y cuando escucha sonríe y se levanta. Se acerca a su mujer y terminan cantando a dúo. Bailan. La canción de Aznavour cuenta su historia. No es una historia fácil. Y terminan abrazados, la sonrisa se convierte en tristeza. Todos se callan conscientes de un momento feliz y fugaz. El niño se levanta pero regresa y avisa al hombre, su padre, y le susurra que hay alguien sentado fuera, en la puerta: el hermano menor ausente… que ha escuchado todo pero no ha participado de esa felicidad lejana junto a los suyos, se ha quedado fuera…

Esta escena es la esencia de la película alemana ¿Qué nos queda? del realizador Hans-Christian Schmid (primera película que me acerca a este director). Nos cuenta el deterioro de una familia de clase media alta alemana a partir de un detonante: la enfermedad mental de la madre. La película transcurre durante un fin de semana en el que se reúnen todos para oír un anuncio que quiere realizar ella. La familia ha estado marcada por su larga enfermedad (no especifican exactamente si es bipolar o maniaco depresiva… no es lo más importante). Ella se ha pasado años medicada y les anuncia que va a dejar de tomar la medicación… Este anuncio destapa un montón de asuntos íntimos y ese fin de semana supondrá un antes y un después en cada uno de sus miembros.

Cuando ella da la noticia, su argumento para intentarlo —intentar ser ella misma, vivir sin los efectos de las pastillas— es que parte de una situación sólida de la familia. El padre va a jubilarse y vender su editorial, sus dos hijos están bien situados y aparentemente sin problemas. Pero su sorpresa es que esa “base sólida” no existe por ninguna parte. Como no existe una situación económica y social sólida en Europa… Sus hijos se tambalean en un abismo que augura que nunca vivirán con la estabilidad económica de sus padres (y que todavía necesitan su ayuda en todos los sentidos) y el padre es un hombre que quiere cumplir sus sueños…, tranquilo. Sus hijos todavía se sienten dependientes emocional y económicamente. Tampoco ha sido consciente del desgaste emocional y del miedo continuo que ha ido generando en el núcleo familiar su enfermedad y el cansancio que arrastran todos (y las distintas maneras que tienen de canalizarlo). Uno huye, otro se angustia, el de más allá trata de mantener la base pero empieza a resquebrajarse… Ahora de golpe, sin los efectos de la medicación, se vuelve consciente. Y se da cuenta de, todos se dan cuenta, que han ido sobreviviendo a la situación de la quiebra a través de la incomunicación. Del silencio. De no expresar. De no apoyarse los unos a los otros. De no hacerse daño con las palabras. De tragarse cada uno sus miedos. De cada uno vivir en una isla egoístamente a pesar de amarse.

El desequilibrio no es sólo el de la madre, es el de cada uno de los miembros de esa familia. Y el desequilibrio del momento en el que viven que arrastra a todos a la fractura y al miedo. Es vivir como siempre ha vivido ella: al borde del abismo. En el extremo. Con una fragilidad siempre patente, a punto de romperse.

Por fin en esa catarsis todos hablan, gritan (educadamente y con calma, la película es tremendamente alemana), todos lloran… y todos se comunican, por fin. Porque sólo a partir de la ruptura total pueden empezar a reconstruirse…

Hans-Christian Schmid cuenta con elegancia este drama familiar y muestra un buen uso del espacio y la puesta en escena a favor de la historia que nos cuenta. La escena del piano y la canción es un ejemplo de su manera de rodar y expresar en imágenes. Además cada uno de los actores alemanes saca el máximo partido a su personaje y se disfruta de las interpretaciones de cada uno de ellos. Destacan la madre y el hijo mayor (Corinna Harfouch y Lars Eldinger) que además desarrollan entre ambos una química especial.

¿Qué nos queda? deja un poso triste… y mucha reflexión a cuestas.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

A quemarropa (Point Blank, 1967) de John Boorman

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A quemarropa es cine negro de los sesenta… y Boorman enreda al espectador en una historia con todas las claves del género pero con una forma de contarla rompedora y especial que tomaba inspiración en los nuevos cines europeos, en nuevas fórmulas de narración cinematográfica que rompían el relato clásico cinematográfico para mostrar otra forma de contar. Innovación en la mirada. Así se anticipaba ya el paso al nuevo cine americano, nuevos realizadores que trataron de dar un paso más tanto en los temas como en la manera de abordarlos.

Así nos encontramos con una premisa simple: la historia de un hombre que quiere venganza y recuperar el dinero que robó junto a su esposa y su mejor amigo antes de que ambos le traicionaran y le dejaran tirado en una celda de Alcatraz, un edificio fantasma, con dos balazos… Ese dinero forma parte de un extraño entramado donde entra otro protagonista: la Organización, una especie de coloso mafioso-empresarial kafkiano con jerarquías, negocios, chantajes, luchas de poder y asesinos a sueldo. Así el hombre que quiere venganza dejará a su paso una estela de cadáveres a la vez que va dándose cuenta de que conseguir el dinero es un objetivo imposible y absurdo.

A quemarropa cuenta la historia de un asesino sin nombre de pila… sólo responde con el apellido de Walker (inspirado en un personaje de novela negra de Richard Stark, pseudónimo de Donald E. Westlake). Apenas habla pero sí recuerda y la película es como si transcurriera dentro de la mente de un muerto en vida. Y sus recuerdos tienen un aire de pesadilla, de insomnio, de cansancio y desencanto. De un duro enamorado y traicionado por la mujer que ama y por el amigo al que quiere. Una visión y una mirada distorsionada y cortante. Pero a la vez lúcida… la lucidez del superviviente, del que no quiere caer en más trampas.

Sus aliados de viaje son un misterioso personaje que algo quiere conseguir de la Organización y que cuenta con información privilegiada y su cuñada, que arrastra el mismo desencanto que el protagonista. Walker posee el rostro imperturbable de un duro entre los duros, Lee Marvin (y no es exagerado describirle así).

El espectador viaja junto a Walker en ese mundo kafkiano donde todos se traicionan y matan entre sí por algo intangible… en sus manos nunca pasa dinero contante y sonante. Y a la vez lanza unos destellos de romanticismo roto (la historia de Walker y su esposa… que nada tiene que ver con la relación que establece con su cuñada, con rostro de Angie Dickinson), un erotismo elegante, unas dosis de violencia y un asesino frío con su destino marcado en el rostro.

Al final el botín es lo de menos… Walker se da cuenta de que su venganza no ha servido de nada…, quizá para refugiarse más en las sombras y en la soledad. Aquel día en Alcatraz murió realmente… pisotearon su destino. Ahora solo es un fantasma vengativo que recuerda.

La narración no es lineal, se rompe por todas partes, en tiempo y espacios. En presente y pasado. En repeticiones. En encuadres imposibles… pero te sumerge en un ambiente especial que hace que no puedas apartar la mirada de momentos como su primer encuentro con su mujer después de la traición o la escena que se desarrolla en el club de jazz con esa extraña canción a base de gritos que se unen a los gritos que genera la violencia y la tensión.

A quemarropa es cine negro, que sigue siendo en los sesenta, un género capaz de renovarse y de innovar el lenguaje cinematográfico.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

La ciudadela (The citadel, 1938) de King Vidor

 

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… King Vidor proporcionaba a sus mejores películas dosis de autenticidad, una autenticidad que traspasa la pantalla. Por cómo cuenta las historias, por los detalles que imprime, por los intérpretes elegidos… Y La ciudadela no es una excepción en esta característica de su cine. Así la película pivota entre un tema principal con múltiples ramas que enriquecen su visionado. Si bien observamos un camino entre los ideales y la vocación profesional y la pérdida de estos ante el enriquecimiento fácil, la falta de ética y un olvido del fin de la profesión… también se refleja la complicidad posible entre un matrimonio o la fuerza de las verdaderas amistades…

Tengo la inmensa suerte de ‘pasearme’ por distintos blogs riquísimos en contenidos de los que aprendo cada día. Y en esos blogs descubro nuevas miradas, otras visiones, películas que no conocía, otras que no recordaba u otras que nunca he podido ver, análisis originales… y mucha, mucha pasión por el cine. Así que, como es habitual, me encontraba un día navegando por uno de ellos, viajando por la sala oscura de Victor y empecé a leer su texto, siempre filosófico, siempre desde una mirada especial, sobre La ciudadela. Y me dije: esta película tengo que conseguirla como sea y que salga pronto del baúl de películas pendientes. Y misión cumplida. Gracias, Victor.

En la imprescindible autobiografía de King Vidor, Un árbol es un árbol, el cineasta recuerda con cariño y placidez su viaje a Inglaterra para el rodaje de la película. Recuerda un rodaje agradable, placentero, tranquilo… y eso se ‘respira’ mientras vas viendo la película. ‘Respiras’ que todos los implicados están disfrutando con lo que nos están contando.

Además King Vidor alaba a todos sus actores, y en especial realiza una hermosa radiografía (y transformación) de su protagonista, Robert Donat. Cómo trabajaba cuidadosamente hasta el más mínimo detalle de su personaje. Y esos matices también el espectador los siente. Vidor explica que le llamó la atención lo enfermizo y poquita cosa que le pareció Donat (protagonista también de 39 escalones…) la primera vez que le vio… y luego cómo se fue entusiasmando por la entrega generosa del actor a su personaje y a la película… y cómo se va transformando ante su mirada en una gran presencia…

Otra cosa importante que señala es cómo hubo un momento que no sabían cómo continuar la historia (su material de origen era una novela). El bache se encontraba en cómo hacer que el protagonista ‘despertara’ y volviera de nuevo a sus ideales y a su vocación intacta. Que realmente escuchara a su sabia esposa cuando en un momento le dice que él no trabaja para ganar dinero sino para transformar a la humanidad (y esta premisa no es válida tan sólo para la profesión que ejerce el protagonista sino para la mayoría de profesiones). Hasta que de pronto se les ocurrió que el mejor amigo del protagonista podría sufrir un accidente de tráfico y que éste fuese operado por uno de los nuevos amigos de profesión del protagonista… a partir de lo que ahí ocurre… el despertar doloroso cobra todo su sentido.

La ciudadela cuenta unos años cruciales en la vida de un joven médico (Robert Donat). Inicia su carrera médica con inexperiencia, ilusiones, sueños, ideales y un fuerte sentido de la ética médica que le hace enfrentarse con pacientes y compañeros. Nada le para. Trabajador e investigador incansable ningún obstáculo se le pone en medio para ejercer con la mejor calidad posible su profesión y con el mayor respeto hacia sus pacientes, tan complejos, tan humanos. Sus primeros puestos son como médico rural en zonas mineras donde la pobreza y la ignorancia asolan a sus habitantes… y donde muchos compañeros de profesión ‘aprovechan’ esa situación. La lucha le desgasta hasta tales niveles que cuando empieza a trabajar en Londres y se encuentra con un grupo de nuevos médicos a los que les interesa más enriquecerse que la propia profesión, no duda en incorporarse al grupo. Le ha pillado en un momento en que se encuentra cansado de obstáculos y de ser ‘expulsado’ de todos los sitios donde trabaja, de no poder prosperar y llevar una vida tranquila junto a su mujer. Entonces con ese nuevo grupo de ‘profesionales’ (donde nos encontramos con un jovencísimo Rex Harrison) siente tiene que luchar menos y que es más valorado por lo que tiene que por lo que es… hasta que su mejor amigo y su esposa (siempre a su lado, siempre crítica) le recuerdan su verdadera pasión.

Pero luego hay otras muchas historias que complementan el devenir del joven médico. Y entre ellas se encuentra la relación que establece con su compañera de vida. La joven maestra del primer pueblo donde trabaja (una maravillosa, natural y auténtica Rosalind Russell). Todas las escenas protagonizadas por ambos son una auténtica delicia, ‘otra película’ entrañable. Su primer encuentro infructuoso en la escuela, su conversación en la consulta, una declaración de amor absolutamente genial (donde aparentemente no hay cábida para el romanticismo… y sin embargo lo hay, y mucho), los dos compartiendo una taza de chocolate después de un momento de peligro, ambos trabajando juntos en la investigación de enfermedades, ella preocupada ante la pérdida de objetivos y de pasión de su amado…

La película de Vidor está llena de detalles y matices que hacen inolvidable su visionado. La vida y las duras condiciones de trabajo en los pueblos mineros, el cuidado en el reflejo de los interiores de las casas humildes, la falta de dotación y medios de los médicos rurales en sus consultas, la lucha infructuosa contra las altas instancias para la investigación y erradicación de enfermedades… Y por otra parte en Londres, cómo algunas clínicas privadas se aprovechan de sus clientes para sacarles la máxima cantidad de dinero posible con tratamientos inútiles o la falta de atención y abandono para aquellos ciudadanos que no tienen posibilidad de pagar por su curación…, las luchas entre colegas por mantener su influencia de poder, las trabas a la investigación y a la denuncia de malas prácticas…

Y por último King Vidor vuelve a mostrar que es grande como director. Con aparente sencillez realiza puro cine. Así es capaz de en un paseo de un médico feliz que acaba de salvar la vida a un recién nacido, enfrentarle con la muerte y la enfermedad cuando a través de la ventana ve cómo unos vecinos se encuentran alrededor de una tumba y cómo en la ventana hay un cártel que anuncia las fiebres tifoideas que está en manos de la administración solucionarlas (un arreglo y cambio de las alcantarillas) pero no quieren iniciar las obras ni gastar el dinero que supone… El doctor en un instante se da cuenta de que su lucha tiene que ser continúa e incansable. O la citada declaración de amor a una Rosalind Russell en bicicleta y con boina de un hombre que tiene claro que ella es su compañera y que además la necesita para que le den un puesto de trabajo… O la bajada a los infiernos, una mina insegura, para salvar la vida a un compañero atrapado… Así como el reflejo natural de los momentos cotidianos como las comidas en un restaurante italiano…

No será la última vez que la vea.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Ambiciosa (Forever Amber, 1947) de Otto Preminger

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Entre sus obras más olvidadas y menos valoradas del director Otto Preminger se encuentra Ambiciosa. Llevaba tiempo detrás de ella y su visionado ha sido una buena sorpresa porque me lo pasé estupendamente con la ‘truculenta’ historia de Amber. Como siempre ha supuesto un placer analizar otra obra de Preminger.

La rodó entre la interesante Daisy Kenyon y La dama de armiño (un triste encargo: terminar la última película de Lubitsch cuando este había fallecido) durante los años en los que trabajó en la Fox. Ambiciosa fue otro encargo de Zanuck, el todopoderoso. Descontento por cómo iba una superproducción por la que apostaba mucho, decidió cambiar de director y actriz principal (además de proponer más revisiones y cambios de guion).

Todo empezó cuando el olfato del productor decidió que tenía que adquirir para el estudio el último éxito picante del mercado best seller (vamos, algo así como Las sombras de Grey), obviamente ahora caído en olvido. Se trataba de Forever Amber de la escritora Katheleen Winsor que situaba en el siglo XVII y en Inglaterra las aventuras de su protagonista Amber, una campesina que llegaba a lo más alto metiéndose en la cama de distintos pretendientes. Transcurre sobre todo durante el periodo de la Restauración y el reinado de Carlos II (uno de los protagonistas)… pasando por el gran incendio de Londres. Aunque la infancia de la protagonista se desarrolla durante un periodo inestable, de guerra civil y derrocamiento de la monarquía. Ella, Amber, es un bebé abandonado en la puerta de unos campesinos puritanos. Su origen es incierto…, como su vida y destino.

Así que la Fox quería un éxito similiar a Lo que el viento se llevo o Jezabel… una película donde una heroína de carácter fuerte llevara las riendas con las suficientes dosis de aventura, melodrama y sobre todo historia de amor imposible. Es decir, el estudio tiraba la casa por la ventana. Ante proyecto de tal magnitud pusieron al frente del proyecto al elegante director de melodramas John M. Stahl y se apostó como protagonista por una nueva actriz que venía del otro lado del océano, Peggy Cummins (que sería más tarde reina del cine de culto con películas como El demonio de las armas o La noche del demonio… cuánto demonio en su carrera hacia el éxito…). Pero ni Stahl estaba rodando el material que se esperaba Zanuck ni la Cummins tenía la suficiente experiencia como para llevar a cabo todos los matices de Amber.

Así que a pesar de que ya hubiese material rodado… partieron de nuevo desde cero. Quitaron a Stahl y pusieron al frente al colérico Preminger (que no le hizo ninguna gracia el encargo) y de protagonista a la sensual Linda Darnell teñida de rubio. El rodaje siguió oscilando entre la pesadilla y el horror pero la película pudo ser terminada. No fue el taquillazo del siglo, es decir, no se convirtió en digna sucesora de Lo que el viento se llevó y películas similares pero tampoco fue un resbalón en la carrera de ninguno de sus participantes.

Una película a mayor gloria de Linda Darnell, que se la valoraba más por su lozana y sensual belleza que por su calidad de intérprete (cuando varios papeles desmienten que solo fuera una actriz guapa), que se muestra versátil y dota al personaje de personalidad y matices.

Y, a pesar de que no fue en un principio del agrado de Preminger, la película tiene dos constantes que ‘pintarían’ su carrera cinematográfica: tener entre manos un material polémico que chocaba con los principios del Código Hays y tener un personaje principal que en su ‘retrato psicológico’ juega a la ambigüedad enriqueciendo los matices del personaje.

Lo primero a destacar de Ambiciosa es que es una película tremendamente entretenida. Y lo segundo es su puesta en escena y elegancia. Es una superproducción con todo lujo de detalles en peinados, vestuarios, escenarios y efectos (la niebla en el duelo, la penumbra en las escenas intimistas, el gran incendio…). Probablemente (no he leído la novela) la película tenga mejor gusto, más inteligencia y claro está menos picardía (pero sí mucha sensualidad… en parte gracias a la belleza natural de la Darnell)… pero sí un reflejo interesante del personaje femenino. Una mujer que se rebela contra el destino y que quiere tomar las riendas de su vida, una mujer que se equivoca pero vuelve a levantarse, una superviviente. Y aunque el final (abrupto) la deja totalmente sola… sabemos que, si la historia continuara, en la siguiente escena habría sabido reinventarse y salir adelante.

Desgraciadamente, aunque no está mal narrada ni construida… no existe una química eléctrica entre los dos protagonistas de una historia de amor imposible (fundamental para el éxito de estas superproducciones). El gran amor de Amber es el corsario (y caballero) al servicio del rey con rostro de Cornel Wilde. Este galán de la Fox (con carrera interesante… que también se puso detrás de las cámaras) no se sintió cómodo con el cambio de director… Su personaje es distante y frío (con algunos comportamientos algo incomprensibles) y además no le hizo ningún favor el departamento de peluquería (que hizo maravillas con Linda) que le plantó una peluca a lo príncipe de beckelar que no le favorecía lo más mínimo (ese peinado es absolutamente criminal en la cabeza del niño repelente e ilegítimo que ‘conciben’ ambos).

Sin embargo son disfrutables todos los amoríos de Amber: del corsario (su primer, intermitente, gran y desgraciado amor) a los brazos de un bandido que conoce en la cárcel, de ahí al capitán Morgan (pretendiente trágico), después a los brazos de un noble anciano insoportable y malvado (un magnífico Richard Haydn, secundario de lujo) para finalmente llegar a ser una de las ‘favoritas’ del rey Carlos II (encarnado por una maravilloso George Sanders que borda su personaje… al que siempre sigue una ‘jauría’ de perrillos). Así como los diferentes oficios de la dama: de campesina rebelde, a amante mantenida e inexperta pasando por ladrona profesional hasta llegar a ser actriz (las escenas del teatro son vitales), después noble dama para terminar de favorita del rey… Y después no sabemos pero el camino de esta superviviente será imparable…

Así Linda Darnell encarna a una de esas mujeres de la corte que se hicieron a sí mismas para alcanzar libertad e independencia, dos palabras vedadas a las damas. Sus parientas podrían ser la Leonor de Scaramouche, la Camilla de La carroza de oro, o la mismísima Lola Montès.

La película mezcla momentos intimistas como el primer encuentro entre Linda y Cornel durante la noche en una taberna o el proceso de enfermedad de Cornel (la peste) donde Amber le cuida día y noche en una casa abandonada… con otros espectaculares que transcurren en el teatro, en los bailes de la corte o escenas dramáticas como un Londres asolado por la peste o por un gran incendio. No hay ni un momento para el aburrimiento. Además de los actores nombrados (en especial un magnífico, como ya he dicho, George Sanders) nos podemos encontrar en roles secundarios a Anne Revere o Jessica Tandy.

… Otra buena película para rescatar del viejo baúl…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Nebraska (Nebraska, 2013) de Alexander Payne

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Hacia tiempo que no tenía tantas ganas de llorar en una sala de cine. La persona que estaba a mi lado me dijo: ¿Estás llorando? Y yo le contesté que sí, llorando y riendo. Eso es lo que me pasó mientras miraba en una enorme pantalla blanca… una larga e interminable carretera en blanco y negro. Toda la película a punto hasta que las lágrimas cayeron. Sin remedio. Pero no eran lágrimas de tristeza, ni melodramáticas, ni de drama… eran de pura emoción contenida… por toda la historia que había vivido a través de los fotogramas.

Y es que tenía que ser en blanco y negro para reflejar esa vida en tonos grises de una familia de Montana. Para viajar por paisajes desolados por la crisis, por ciudades que se derrumban, por tabernas, karaokes, pequeñas empresas, granjas, hogares, tiendas, viejos despachos de periódicos locales… que se van deteriorando. Para reflejar unos rostros de supervivientes, con huellas, con arrugas o sin ellas.

Pero la película no va de perdedores sino de personas que se niegan a perder. De un padre y un hijo que emprenden un viaje de unos cuantos kilómetros. Una road movie… Una historia sencilla, muy sencilla. De un padre que quiere ir a recoger una cantidad de dinero que en una carta dice que le corresponde. Y de un hijo que alimenta la fantasía de un padre que va perdiendo la cabeza y la vida… Sabe que es un timo… pero se lanza a la carretera con un padre que siente de pronto, después de años, una especie de emoción, ganas de moverse, de seguir vivo aunque su mente le traicione. Tiene un objetivo y su desorientación continua encuentra un motivo que perseguir… Cobrar ese dinero.

El hijo le pregunta desde el principio que para qué quiere ese dinero y sólo consigue sacarle al padre que quiere una nueva camioneta y un compresor de pintura (porque el suyo lo prestó a un amigo hace años y todavía no se lo ha devuelto). Pero luego, casi al final, habrá una confesión… llana y simple. Humana. Que te parte el corazón en dos.

De Montana a Nebraska pasando por la localidad donde su padre tiene las raíces…, los recuerdos. Un pasado que se diluye, que se deteriora, como la casa vacía de su infancia. Entre buena gente y otros que siempre fueron mezquinos, padre e hijo van tras un botín imposible. Y en algunos puntos del camino se unen viejos vecinos, desagradables amigos,  algunos familiares con ganas de rascar viejas heridas, una antigua novia… También están presentes, a ratos, la esposa cascarrabias y el hermano desencantado. Pero a su manera los cuatro, cuando les vemos juntos en un coche (protagonizando una de las escenas más divertidas), sabemos que se quieren a pesar de los dolores, los sufrimientos y las frustraciones.

El padre y el hijo tienen el rostro de Bruce Dern y Will Forte y es una de las parejas más emotivas que últimamente han pisado la pantalla… Pero sin rastro de almíbar y sí con mucha humanidad. Con silencios y pocas palabras, las justas. Con miradas.

En Nebraska vemos nacer a un personaje de una manera maravillosa. El padre, Woody, un hombre enorme y muy anciano con la mente casi perdida… Lo primero que sabemos es que es una carga para su esposa, un agobio para el hermano mayor… y que su hijo pequeño trata de comprenderle… aunque nunca hayan hablado mucho. Parece que no les ha hecho muy felices sobre todo por sus problemas con el alcohol… pero a través del viaje conocemos, construimos, con las palabras de otros, y con los recuerdos sesgados de Woody, y con la mirada comprensiva e incondicional del hijo y con el cariño escondido de su esposa y su otro hijo… el retrato de un buen hombre. Y nos vamos sorprendiendo ante el descubrimiento como lo hace el hijo, que ya lo intuía.

Y ha sido maravilloso volver a reencontrarse con ese hombre enorme que es Bruce Dern, un hombre que se niega a perder, un hombre que no pierde su dignidad… aunque esta hace lo posible por huir. Un hombre que vemos grande, que fue fuerte, de pocas palabras… y que encontró en el alcohol una manera de alejar sus malos recuerdos de guerra, la monotonía de un paisaje en blanco y negro, de una vida con muchas puertas cerradas, que intentó ser buen padre, buen amigo, buen novio, buen esposo…

Mi primer recuerdo de Dern fue interpretando a otro hombre tremendamente fuerte en Danzad, danzad malditos. Ahí era un hombre joven enorme que trataba de ganar desesperadamente junto a su esposa embarazada una maratón inhumana de baile. Un hombre que no separaba ante nada con tal de ser un superviviente. Y fue una película que me marcó y en parte por su personaje.

Ahora veo que sigue siendo inmenso… y que me arrastra, con sencillez, a que llore en silencio.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.