Hermanos en el cine: dos o más… (y tercera parte)

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Muchas son las películas donde los protagonistas son hermanos. Y protagonizan todas las modalidades y todos los géneros posibles. Hay hermanos que dan risa, otros nos hacen llorar. Algunos se aman, otros se hacen daño y otros se aman y se odian a la vez. Algunos se admiran entre sí o se decepcionan los unos con los otros. El de más allá recuerda y el de más acá siente nostalgia. Protagonizan cine negro, cine cómico, cine musical, melodrama… Y muchos se han convertido en inolvidables.

Así de manera desordenada vienen un montón de hermanos de ficción a mi cabeza. Los más recientes que habitan en mi cabeza son dos hermanos de vidas complejas y torturadas. No pueden evitar hacerse muchísimo daño porque habitan en un ‘sitio oscuro’ pero también se quieren y por ello sufren más el uno por el otro. Ninguno de los dos puede ser feliz y sobrevive cada uno como puede. Los dos son autodestructivos e incapaces de llevar las riendas emocionales de sus vidas. Se llaman Brandon y Sissy y vivimos con ellos unos días en Nueva York en Shame de Steve McQueen.

O también reciente es el retrato de dos hermanas que esperan de maneras muy diferentes el fin del mundo. El planeta Melancolía se estrella contra el mundo. Y es muy diferente, la fragilidad y vulnerabilidad de Justine, que desde su continua depresión y desorden emocional ya lo da todo por perdido luego se hace fuerte ante el final y el caos, y la seguridad y vida controlada de Claire que de pronto ve como toda su vida ordenada se desmorona y se le escapa todo de las manos.

Siguiendo con Kirsten Dunst que era el rostro de una de las hermanas ficticias que Lar von Triers llevó a las pantallas, vemos como también su rostro acompañaba a una de las hermanas de la familia Lisbon. Cinco hermanas perfectas y bellas de las que se enamoraban todos los chicos de barrio… pero que se convertían, sin explicación alguna, en las vírgenes suicidas.

Pero siguiendo también la estela del cine danés recuerdo la penúltima película de Thomas Vinterberg, Submarino, donde el director diseccionaba la dura historia de dos hermanos que viven un hecho traumático en su infancia que marca sus vidas para siempre. Impresionante. Por otra parte la realizadora Susanne Bier nos también la historia de dos narra en Hermanos. Uno de ellos, con su vida organizada y feliz tiene que irse a la guerra de Afganistán y el otro que llevaba una vida sin rumbo, el hermano pequeño, ante tal situación se responsabiliza de la familia de su hermano. Cuando el hermano, roto por una experiencia traumática en la guerra, regresa al hogar… estalla el conflicto.

Pero quiero ahora marcharme a la comedia. Y entonces la última comedia romántica que me ha gustado y mucho es El amigo de mi hermana. Donde se nos cuenta un fin de semana de enredos en una casa en la montaña. Los protagonistas son dos hermanas y el amigo de una de ellas.

Y siguiendo la estela de la alegría recuerdo uno de los musicales que más vi cuando era pequeña y que más me gustaba: Siete novias para siete hermanos. Me parecía el colmo de lo divertido esa casa en la montaña con siete rudos hermanos pero encantadores y cómo secuestran a las chicas de sus sueños y además las enamoran… Y mientras números musicales y canciones que me encantaban. Tanto es así que mis padres casi todos los domingos me despertaban con un disco de vinilo con la banda sonora de la película.

El cine clásico, el de blanco y negro, también nos regaló retratos inolvidables de hermanos. Recuerdo una de mis películas favoritas La ley del silencio y una de las tramas que más me gustan: la relación entre Terry, el boxeador fracasado, con su hermano mayor, Charlie, que trabaja para el gánster más poderoso del puerto. O me viene a la cabeza una cinta de cine negro La fuerza del destino donde Joe Morse, abogado que trabaja para un mafioso, tiene que perjudicar a su hermano mayor que lleva una pequeña casa de apuestas.

Otro filón para películas de distinta índole, normalmente de terror o misterio pero también para la risa son los hermanos gemelos. Así Robert Siodmak nos dejó A través del espejo con una Olivia de Havilland desdoblada en dos hermanas gemelas muy diferentes. O Cronenberg nos dejaba la inquietante Inseparables con dos hermanos gemelos pero antagónicos en sus personalidades. O la película de Walt Disney Tú a Boston y yo a California donde dos hermanas gemelas, que no se conocían porque al divorciarse sus padres cada uno se comprometió con el cuidado de una de sus hijas, se reencuentran en un campamento de verano y deciden que tienen un único objetivo: que sus padres vuelvan a enamorarse. En el terreno de comedia Fernando Trueba rizó el rizo y cuenta en Two Much la historia de un hombre que decide inventarse un gemelo para así poder seducir a dos hermanas (una es su novia y de la otra está enamorado).

Tampoco se olvidan las películas que rememoran la historia bíblica de Caín y Abel y uno de sus mejores ejemplos sin duda es Al este del edén de Elia Kazan donde vemos la compleja historia entre Cal y Aaron. El momento del conflicto estalla en un momento histórico convulso, antes de la intervención de EEUU en la Primera Guerra Mundial. Y esa relación es compleja porque ni Caín es tan malo ni Abel tan bueno, son dos jóvenes con sus partes luminosas y sus partes oscuras. Y para entender esa relación hay que comprender su infancia y la relación de ambos con su estricto padre.

Y otra forma de contar una historia es el de un hermano, normalmente el pequeño, que rememora su relación con el hermano más mayor (o también puede ser al contrario pero no es lo más normal). Así hace poco rescatamos del viejo baúl de películas Su propio infierno de John Frankenheimer donde nos cuenta cómo un joven adolescente va descubriendo el rostro oscuro de su hermano mayor al que admira desde siempre. También recuerdo otra película que me fascina La ley de la calle de Francis Ford Coppola donde un adolescente siempre habla con admiración de su hermano mayor, el chico de la moto y líder de las pandillas del barrio. Robert Redford dirigió la nostálgica El río de la vida donde somos testigos de la vida de dos hermanos, hijos de un pastor protestante, que llevan vidas bien diferentes pero unidos por una afición: la pesca. Malick dirigió Días del cielo narrada desde el punto de vista de una niña, Linda, que viaja con su hermano mayor Bill y la pareja de éste durante los duros años de la Depresión. O recuerdo también Propiedad condenada donde la narradora es otra niña que rememora la trágica historia, también en tiempos de Depresión, de su hermana mayor. Edward Furlong protagonizó dos películas como hermano pequeño que admira a su hermano mayor pero en unos contextos muy complejos. Una fue American History X donde su hermano mayor era un neonazi que termina en prisión y cuando regresa no quiere que su hermano pequeño siga sus mismos pasos. La otra se trata de Cuestión de sangre donde su hermano mayor es un asesino profesional.

Los hermanos de ficción dan para muchas buenas historias… y las que quedan por contar…

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Cena de despedidas

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Esta semana también dijeron adiós la actriz Mariví Bilbao y los directores Bigas Luna y Jesús Franco. Con los tres tengo muchas cuentas pendientes. Organicé una cena con ayuda de la camarera del Titanic para contarles que aunque me queda mucho por conocer de sus obras cinematográficas y actuaciones (en el caso de Mariví…nunca podré recuperar aquellas en las que se subió a los escenarios) siento mucho su ausencia.

A Bigas Luna le confieso al oido que su filmografía se encuentra en mi baúl de películas pendientes. Y que tan sólo he visto Jamón, Jamón y La camarera del Titanic (que me entusiasmó y guardo con cariño especial en mi memoria… aunque sé que es una excepción en su carrera pero me demuestra que Luna era un gran contado de historias, un fabulador). Le digo que me apetece mucho pero mucho inmiscuirme en su obra cinematográfica y que lo haré. Le comento que me he alegrado mucho leer en el periódico textos de algunos de los actores con los que trabajó (y también los catapultó de lleno al mundo del cine) y que lo debió hacer muy bien porque todos muestran un inmenso cariño hacia su persona y sus ganas de vivir. Y, por último, le señalo que estoy de acuerdo, yo también me fio de las personas con las que puedo comer a gusto a su lado mientras entablamos una larga tertulia…

Después me pongo junto a Jess Franco y le cuento lo que me emocioné cuando le dieron el Goya en reconocimiento a su carrera y cómo me enterneció cuando dijo que amaba muchísimo al cine. No obstante le confieso la verdad: soy una absoluta ignorante visual de su carrera cinematográfica. Y también le confieso otra cosa, que siempre tuve prejuicio hacia su obra pero enseguida le cuento que en estos últimos años estoy totalmente abierta a otros tipos de cine, a entender por qué se hicieron unas u otras películas, que estoy viendo cosas que cuando era más joven nunca hubiera pensado ver (y que estoy disfrutando de lo lindo). Sin embargo de él nada he mirado pero sí que he leído y he conocido a personas que le admiran con locura. Por eso sé que toda su obra, más de 200 películas, tiene un por qué. Y me entero que fue uno de los ayudantes de dirección favoritos de Orson Welles en los proyectos que éste realizó en España (Jess Franco también era compositor, montador, productor, actor, guionista…). Le digo que finalmente cumplió lo que dijo, que moriría con la cámara al hombro… y es cierto hasta el final estuvo haciendo películas. Cine negro, terror, erotismo, argumentos inconexos…, bajos presupuestos, a veces aparente descuido tras la cámara… y una inusitada libertad para seguir con su cámara rodando sin parar. Le digo que nunca veré su filmografía completa pero que trataré que gente que le quiere bien me recomiende una pequeña selección.

Por último a Mariví Bilbao le digo que nunca la vi sobre los escenarios y que me cuente al oído que sentía. Le confieso también que no era seguidora de la serie que finalmente le dio popularidad pero que a raíz de ella supe de su existencia y que me caía muy bien en las entrevistas. Le expresé que tenía sobre todo muchas ganas de conocer sus trabajos en la cantidad de cortometrajes que participó en estos últimos años. Y que sin duda trataré de verlos.

Después los cuatros brindamos con un buen vino y lo enriquecimos con el mejor de los jamones. Todavía no hemos parado de charlar…

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Muerte de un crítico de cine

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Amanezco con la noticia de que ha muerto Roger Ebert. Durante años publicó en The Chicago Sun Times y hasta el final mantuvo su querido blog muy vivo. Publicó varios libros reuniendo sus reseñas y estos libros están editados en español (y pienso que ahí están esperándome).

La muerte de un crítico supone que desaparece una mirada. Y eso es triste.

Enseguida he pensado ¿cuáles fueron las últimas películas con las que disfrutó? En su blog he indagado y me he quedado mirando la entrada en la que compartía con sus lectores su top de películas de 2012. Y entonces me reafirmo, se va una mirada. Muchas de las películas que hay en este top reconozco que no las he visto (las he dejado escapar) porque pensé que para mi mirada otras eran prioritarias. Pero ahora cuando leo esta lista me planteo ver algunas, ahora que ya están en formato dvd, para descubrir qué se esconde detrás de ellas. Los top generan discusión y riqueza. Y otro punto importante: descubrimientos. En concreto Roger Ebert me pone en la pista de dos desconocidas (las únicas que no tienen nacionalidad norteamericana).

Y también me doy cuenta lo importante que es alimentar y tener una pasión para hacer más llevaderos los obstáculos que nos pone la vida por delante. Roger Ebert luchaba contra un cáncer durante años y estoy segura de que el cine en varias ocasiones (y escribir sobre ello) se convirtió en tabla de salvación.

Su lista: su mirada empieza en Argo de Ben Afleck, se sumerge en La vida de Pi de Ang Lee, sobrevuela por Lincoln de Steven Spielberg, se detiene en Sin tregua de David Ayer, disfruta de El fraude de Nicholas Jarecki, se sobrecoge con El vuelo de Robert Zemeckis, reposa en Las sesiones de Ben Lewin, se clava en Bestias del sur salvaje de Benh Zeitlin, indaga en Oslo, 31. August de Joachim Trier y se tranquiliza sobre A simple life de Ann Hui.

Sus ojos se cierran pero ha dejado en sus textos una mirada que no desaparece…

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Momentos únicos. Lejos de los árboles, Pere Portabella y Caimán en la Cineteca

 

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A veces tienes la sensación de asistir a un momento único. Y así me ocurrió ayer. No exagero. Me acerqué a la Cineteca para poder ver por primera vez el documental Lejos de los árboles de Jacinto Esteva… un proyecto que empezó en 1963, dejó de rodarse en 1970 y se estrenó en 1972. Mucho era el material rodado, muchos los que se implicaron. El proceso creativo fue largo y en el camino fueron separándose personas (el propio Portabella) y energías. Lo proyectado quizá no fue lo soñado por sus creadores (y además pasó por la tijera de la censura), sino un primer acercamiento a la idea original. Así Lejos de los árboles se ha mantenido como una obra viva. Con muchas posibilidades de miradas e interpretaciones. Con la existencia de otros montajes. Un proceso creativo vivo y dinámico.

Lo que pudimos ver los espectadores ayer en la sala Azcona (gracias a la iniciativa conjunta entre la revista de cine Caimán y la Cineteca de una proyección de cine documental los segundos miércoles de mes) fue un nuevo montaje realizado por Portabella en 2010 (con la  complicidad de la hija de Esteva que quería que fuera él quien realizara este montaje). Un montaje que ha sido el primero para mí (ya que nunca había accedido a este documental) y me hizo vivir un momento único. Después se proyectó el cortometraje documental de Pere Portabella, Mudanzas (de la que hablaré en el último párrafo). Y una vez terminada la proyección pudimos escuchar además del prólogo (Carlos F. Heredero) y la introducción del historiador Casimiro Torreiro (ambas intervenciones con puntos interesantes) al mismo Pere Portabella, todo un lujo. En algo más de una hora Portabella habló no sólo de Lejos de los árboles, sino del momento que estábamos viviendo, de las posibilidades de comunicación, de su fe en los movimientos sociales, de no tener miedo, de emplear la palabra para razonar (para pensar), sobre la creación artística, sobre el proceso creativo, de reflexiones sobre el cine y de recuerdos valiosísimos con Luis Buñuel, Saura, Christopher Lee, Miró… Todo acompañado de una sonrisa que cautivó a la que esto teclea.

Mi conocimiento sobre la Escuela de Barcelona y sus miembros es bastante limitado aunque poco a poco trato de solventarlo. Escuchar a Pere Portabella fue un placer porque él está irremediablemente unido a una cuenta pendiente que tengo con mi padre. Me puso nostálgica pues pensé que mi padre hubiera disfrutado mucho escuchándole y también viendo ambos documentales. Hace hoy dos años que falleció y pienso que ayer estuvo presente de forma mágica. De la obra cinematográfica como director de Portabella no he visto nada. Ayer me acerqué por primera vez a Mudanza que tiene mucho que ver con la pasión que siempre han tenido mis padres (y que han transmitido a sus hijos) a Federico García Lorca. Pero sobre todo recordé que unos años antes de irse mi padre de nuestro lado hubo un tiempo que no paró de hablarme de una película que le había impresionado muchísimo. Y siempre me decía: hija, tienes que verla. Me gustaría saber tu opinión. Le había marcado muchísimo. Y como sabía que a su loca hija le gustaba tanto el cine quiso tener una valoración mía. No pude cumplir con ese deseo de mi padre (y aún sigo sin cumplirlo) pero de pronto ayer me dije que tenía que hacerlo. La película en cuestión era de Pere Portabella y se titula El silencio antes de Bach (Die stille vor Bach, 2007). Así que queda pendiente conseguir el dvd (ahora que sale toda su obra) y escribir aquí un texto.

Pere Portabella estaba muy interesado por escuchar ‘la mirada’ de los espectadores ante Lejos de los árboles. Un compañero de butaca y cine me comentó al final de la proyección que me había visto pasarlo mal. Y sí, es cierto. Fue una sensación extraña. Las escenas me impactaban pero a la vez otras me atrapaban… y al final me quedó en la retina un triste y duro mosaico de una España, la de los sesenta. Esa que danzaba entre la tradición y la modernidad pero que generaba rostros de dolor. Un país de rituales, fiestas, celebraciones y representaciones religiosas unidas a la culpa, al sufrimiento, la violencia y el dolor. Un país en blanco y negro, de contrastes. Belleza y poesía. Crueldad y dolor. Burla e insulto ante el más indefenso o al diferente o al que carga una culpa. Un país unido a la muerte, sin concesiones. De negro. Contradicciones.

Así mi mirada iba de mujeres arrastrándose de rodillas, a monjas que asistían a un entierro de una de ellas o a cómo otra se quedaría de clausura entre cuatro paredes. A las muertes salvajes de varios toros o de un pobre burro despeñado a hombres golpeándose la espalda en Semana Santa hasta hacerse sangre o a un Judas de paja ardiendo en el centro de una plaza… A hombres y mujeres en una fiesta donde se meten vivos en un ataúd para agradecer no estar en él todavía… A fiestas en bares oscuros, confesiones en plena calle o gritos de dolor y posesión. Hasta una explosión de luz final con un baile flamenco vivo y sensual entre un joven Antonio Gades y una bailaora en pantalones… Quien viaja Lejos de los árboles, seguro que no lo olvida.

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En Mundanza Portabella mete al espectador en la Huerta de San Vicente, la casa museo de Federico García Lorca. Durante el años 2007-2008 hubo una iniciativa llamada Everstill-siempre todavía donde más de treinta artistas internacionales presentaban una obra en este emblemático espacio (reunidos por el comisario Hans Ulrich Obrist). La aportación de Pere Portabella fue este corto donde se asiste al vaciado completo de la casa veraniega de los Lorca por una empresa de mudanzas. Así vamos viendo como los trabajadores de la empresa con sumo cuidado van retirando cada uno de los objetos de la casa. Asistimos a cómo van embalando toda una vajilla. A cómo se va descolgando cada uno de los cuadros y metiéndose en cajas especiales. Especialmente emotivo es el de un retrato del poeta, que com dijo un asistente al coloquio, era como un entierro del poeta. O también ese piano desarmado y enorme, sin que nadie toque sus teclas que deja totalmente vacía la casa. Después la cámara pasea por las habitaciones desnudas y parece que en cualquier momento va a aparecer el espíritu del poeta. Hasta terminar en una especie de almacén con todos los objetos embalados… Sí, sientes una emoción contenida… que todavía es mayor si conoces y has pisado ese entorno.

Ayer así viví varios momentos únicos… y las ganas de cumplir una promesa.

Realizo uno de mis pequeños avisos. Durante unos días estaré ausente de este querido blog… pero mi máquina volverá a teclear el lunes. Mientras ya saben, mucho cine y besos.

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Odio a Hamlet… John Barrymore, Shakespeare, screwball comedy y un licor de guindas

johnbarrymore

… Hay salas de teatro con encanto, con mucho encanto. Desde que entras en el Teatro Guindalera sientes mucho amor por el escenario, por cada una de las obras que ofrecen, por el trabajo de actor… por el teatro puro y duro… Y no se rinden porque es una forma de vida. Así siguen tratando de seducir a todo el que ama el teatro y quiere disfrutarlo y ofrece un espacio creativo, imaginativo y vivo en Madrid. Y la situación está complicada pero ellos siguen creyendo, luchando y ofreciendo teatro de calidad.

Mi idilio con esta sala empezó hace unos años. Paseaba por la calle Martínez Izquierdo y enseguida llamó mi atención un acogedor local. Tenían en cartel una obra de Harold Pinter, Traición. Entré a verla y me entusiasmó. Daba la casualidad de que estaba descubriendo a Pinter (y además me interesaban sus conexiones con el cine) y nunca había visto una obra suya en un escenario… Ahí empezó todo.

Y así he disfrutado de otras obras en esta sala como Historia del soldado, La larga cena de Navidad, En torno a la gaviota, Molly Sweeney o El juego de Yalta… Acabo (hacia tiempo que no me acercaba… y como siempre he recibido palabras amables de cada una de las personas que hacen posible este teatro) de ver Odio a Hamlet de Paul Rudnick, he llegado a casa y me he puesto frente al teclado. Un rato antes me había tomado el licor de guindas que ofrecen siempre a la salida de la sala y sólo me ha salido un ‘enhorabuena’ de los labios para los actores. He hecho mutis por el foro sin decir ninguna palabra más… Sólo sabía que me lo había pasado en grande, que cómo siempre el montaje había cumplido mis expectativas (incluso más), que el elenco de actores había hecho un trabajo impecable… y que me habían hecho amar un poquito más el teatro…

Pero ¿por qué escribir de Odio a Hamlet en un blog dedicado exclusivamente al cine? Bueno ya sabéis mi pasión por las conexiones, referencias y relaciones. Y que por eso escribo a veces sobre las interrelaciones entre cine y teatro, teatro y cine. Dramaturgos convertidos en guionistas, guionistas convertidos en dramaturgos, obras de teatro y sus adaptaciones al cine (y viceversa), el mundo del teatro reflejado en el cine, el mundo del cine reflejado en los escenarios…

Y Odio a Hamlet me permite muchas reflexiones y conexiones de cine-teatro, teatro-cine. Lo primero su autor el dramaturgo Paul Rudnick también ha escrito guiones de cine como In&out o Las mujeres perfectas (ambas dirigidas por Frank Oz). Y lo segundo y más interesante: uno de los protagonistas es un fantasma que es ni más ni menos que John Barrymore y no sólo eso sino que Rudnick lleva a los escenarios teatrales una obra con la fuerza y los elementos de las screwball comedy de Hollywood. Y toda esta mezcla: historia de fantasmas, screwball comedy, mucha locura y amor, Shakespeare, Hamlet, Ofelia, Romeo y Julieta, técnicas de interpretación, ironía frente a la mentalidad de un tipo de televisión que se produce y el tipo de héroe que triunfa (así como el rostro que lo lleva a cabo), dinero, publicidad, una reflexión viva sobre la fama, el prestigio y el talento… provocan una cartasis final de absoluto amor al teatro y al oficio del actor rebosante de ternura.

Así mientras reía con las situaciones que se iban desgranando en el escenario, me venía a la cabeza una película de Howard Hawks (que muchos historiadores consideran la primera screwball comedy), La comedia de la vida (1934) protagonizada precisamente por John Barrymore y la maravillosa Carole Lombard. Una comedia alocada sobre el mundo del teatro en el cine. Y entonces esa locura encantadora que es Odio a Hamlet se me convertía en una vital screwball comedy donde un actor que conoce sus limitaciones (José Bustos) ama a una mujer que tiene muchos comportamientos de aquellas damas de las screwball (Alicia González)… Como todo buen screwball comedy tiene unos estupendos personajes secundarios con vida propia que aportan a la trama principal: la agente inmobiliaria y médium (Ana Alonso), la representante con mucho pasado a sus espaldas (Ana Miranda) y el productor-director de televisión (Álex Tormo).

Pero además Odio a Hamlet nos hace reflexionar sobre Shakespeare (que también ha sido fuente infinita de argumentos cinematográficos) y uno de sus personajes más emblemáticos y complejos, Hamlet. La obra cuenta las dudas que asaltan a un actor de televisión (cuyos trabajos consisten en una serie y su presencia en varios anuncios) cuando se le ofrece la oportunidad de ser Hamlet en una representación al aire libre. Su duda es dar este paso o aceptar un contrato millonario para protagonizar otra serie de argumento estúpido (un profesor de día, superhéroe de noche). Lo que no sabe es que para su decisión además de con su amada, virgen y loca novia, su representante, el productor de televisión… puede contar ni más ni menos que con una presencia del más allá, el mismísimo John Barrymore (José Maya) que representó en 1922 a Hamlet y alcanzó la gloria…

Para mí el momento culminante y emocionante de la obra y que explica todo el sentido de esta screwball comedy es un canto absoluto de amor al teatro y a su función. Por qué alguien decide subir para siempre a los escenarios y representar… Y es cuando un fracasado (y tierno) actor de televisión se da cuenta de que durante el famoso monólogo de Hamlet sintió que lograba transmitir no sólo su desazón sino lo que quería contar el dramaturgo (un momento de autenticidad) a través del personaje y cómo nota una conexión con un joven del público al que le han llegado sus palabras, le ha escuchado y ha sentido… Y cómo eso se convierte en algo impagable.

Odio a Hamlet es también un precioso homenaje a un actor de teatro y cine, John Barrymore. Y se nota que Rudnick se empapa de aquel John Barrymore (hermano de Ethel y Lionel y abuelo de Drew) que se subió a los escenarios y se convirtió en un actor de prestigio. Alcanzó fama en los teatros con sus personajes shakesperianos. Pero fue también uno de los actores que sublimó el séptimo arte, el cine. Empezó su andadura en el cine mudo y pasó al sonoro mostrando que era camaleónico de galán a cómico pasando por la tragedia. Seductor, galán, divo, mítico, excesivo… y alcohólico… se convirtió en una presencia importante en la pantalla blanca. El fantasma de Barrymore es un personaje entrañable que revela su espíritu de comediante y galán (y deja entrever también su parte oscura y trágica).

Y ese amor que se deja ver y se emite en Odio a Hamlet, es el amor que sentimos los espectadores cada vez que nos acercamos a Teatro Guindalera. Y para seguir sintiendo esa magia, Guindalera es un espacio que debe continuar vivo y abierto…

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Atrapar la vida con la cámara…

Atrapar la vida con la cámara… un instante de realidad y convertirlo en cine. Ahora mismo pueden disfrutarse tres propuestas cinematográficas que atrapan la vida y la muestran al espectador (estas tres obras han podido verse y algunas todavía pueden verse en la programación de febrero de la Cineteca de El Matadero en Madrid. También se encuentran en el circuito de las salas de exhibición excepto una de ellas que sí se encuentra en DVD). Tres propuestas muy distintas pero las tres llenas de posibilidades, reflexiones y miradas.

Mapa de Elias León Siminiani

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Hay dos mapas en la propuesta de Elias León Siminiani. El del propio viaje que emprende a la India y el que luego marca en distintos lugares de la geografía española. Éste es un mapa físico que puede seguirse con un dedo… Pero después está el otro mapa. Y es el sentimental. El viaje del cineasta por los recovecos de su existencia que se mece en distintos paisajes y con distintos estados de ánimo para contar una crónica de amor no correspondido. Un viaje de sentimientos, en otro tempo. Así como Marilyn Monroe creaba sus dos mapas en uno en Bus Stop donde con su carmín pintaba en un mapa de carreteras la historia de su vida, Siminiani se sirve de su cámara para reflejarnos estos dos mapas en uno. Así queda para el espectador el diario fílmico e íntimo del realizador que empieza un día de 2008 y termina en 2011.

Lo interesante de la propuesta es que Siminiani presenta una obra cinematográfica perfectamente construida y ensamblada en la que muestra al espectador el material de su propia vida pero con los recursos cinematográficos de la narración fílmica. Es decir, y para entendernos mejor, emplea recursos de ficción en su forma de contar (lenguaje cinematográfico) para atrapar su propia realidad. Para atrapar lo que le está pasando y lo que quiere contar. De esta manera todo lo que vemos, según nos cuenta el director es absolutamente cierto (el material, no lo olvidemos, es su propia vida), pero el envoltorio o la manera de presentarlo se beneficia de la magia del cine. De hecho de las mejores experiencias que se puede tener es ver Mapa y después asistir a un coloquio con el propio director porque es una obra cinematográfica para diseccionar y analizar.

En un momento dado en Mapa el director viaja a India y allí nos relata otro viaje de dos personas en el pasado a este mismo país. Ahí nos encontramos con la clave de la mirada de Siminiani y su propuesta. Nos explica que fueron a la India Passolini y Moravia (con su compañera Elsa Morante). Después ambos escribieron sobre sus experiencias de viaje: Passolini desde lo emocional, se empapó de todo lo que sentía y Moravia desde el observador que se distancia y describe (analiza). Ahí se encuentra la metáfora de Mapa. Siminiani construye y elabora su propio mapa emocional de una manera reflexiva y controlada, manejando perfectamente lo que cuenta y cómo lo cuenta pero sin embargo el material con el que trabaja son sus propias vivencias y emociones. Os aseguro que el resultado es de lo más sugerente.

Correspondencia Jonas Mekas- José Luis Guerín

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La correspondencia filmica entre Jonas Mekas y José Luis Guerín forma parte de un proyecto colectivo realmente hermoso (que puede disfrutarse en DVD) donde varios cineastas se intercambian cartas visuales. El proyecto empezó en 2006 con el intercambio entre Victor Erice y Abbas Kiarostami (la única correspondencia que no está presente en el pack de DVD). El resultado fue tan satisfactorio y rico que se amplió a otras correspondencias visuales (Albert Serra/Lisandro Alonso, Isaki Lacuesta/Naomi Kawase, Jaime Rosales/Wang Bing, Fernando Eimbcke/So Yong Kim). La puesta en marcha de esta idea, que es puro amor al cine, y la difusión de estos trabajos cinematográficos ha sido gracias a la implicación de instituciones como el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona junto a La Casa Encendida así como posteriormente otros organismos culturales.

La correspondencia que nos ocupa atrapa los procesos creativos de dos realizadores diferentes en sus miradas pero que sin embargo establecen un diálogo fílmico lleno de posibilidades y riquezas. Así se elabora una correspondencia de nueve cartas visuales: cinco de José Luis Guerín (que abre y cierra el proceso) y cuatro de John Mekas. La reflexión y la construcción consciente de la imagen frente a la vitalidad y la impulsividad del presente. Guerín y Mekas. Un diálogo fílmico lleno de imágenes y reflexiones para atrapar al vuelo enunciados sobre la necesidad de filmar. Sobre la capacidad del cine para atrapar la vida. Sobre la capacidad del cine para descifrar el presente o lo que nos rodea, las relaciones del hombre con sus circunstancias, las relaciones del hombre con la naturaleza. Sobre la capacidad del cine para la nostalgia, la memoria y la posibilidad del sueño…

Estas correspondencias en su itinerario permiten además un análisis interesantísimo sobre la forma de mirar de los distintos cineastas y siempre se agradece un coloquio posterior para enriquecerse con la propuesta. Así ocurrió con esta correspondencia que pudo verse en la Cineteca con la valiosa presencia del director de Caimán. Cuadernos de cine, Carlos F. Heredero. Entre los espectadores que se quedaron después de la proyección y Carlos F. Heredero surgió otro diálogo que trataba de desentrañar lo recientemente mirado y vivido.

Marina Abramovic. La artista está presente de Matthew Akers y Jeff Dupre

Marina Abramovic

El cine documental para atrapar el arte y sus distintas manifestaciones. Matthew Akers realiza un retrato visual sobre una mujer que trabaja con su propio cuerpo. Su cuerpo es el formato de su arte. Marina Abramovic se convirtió en una pionera en los años setenta de la performance.

El documentalista se centra en la trayectoria pública y privada de la artista montenegrina para plasmar el impacto de su obra retrospectiva en el MOMA de Nueva York en el año 2010. El valor máximo de esta propuesta es que Marina (y puede que de manera inconsciente) es presentada con todas sus luces y sombras. Con todas sus contradicciones en el transcurso de su propia obra artística. A mí me pudieron las sombras, no conecté absolutamente nada con Marina. Pero en una conversación posterior con una amiga (especializada en arte contemporáneo) pude apreciar la importancia de Abramovic (o de por ejemplo otro artista singular que también tiene un documental que actualmente se está exhibiendo, Ai Weiwei): y es cómo ellos tratan de expresarse ante el mundo en el que viven de una manera diferente y cómo buscan otras maneras creativas de analizar y entender el presente en el que existen. Y esas maneras son estímulos para llegar a unos espectadores que conectan o no con su forma de comunicar.

Me resultó interesante comprobar (no conocía absolutamente nada de Marina Abramovic) que yo no lograba conectar con su universo creativo pero sin embargo el documental muestra cómo muchas personas conectan con la artista de una manera total y absoluta, llegando casi a la adoración mística. Y he de reconocer que la performance del MOMA tiene una fuerza visual increíble en el documental. Durante tres meses la artista se sentó en una silla y durante el horario del museo permanecía estática. Frente a ella se sentaban personas que asistían a la retrospectiva. Y tan sólo se miraban. Dos rostros que se miran y distintas emociones son mostradas en una cámara que no puede engañar (pero sí seleccionar… me llamó la atención que casi todos los que se ponían frente a ella se mostraran casi en estado de éxtasis y que sin embargo apenas haya muestras de gente indiferente o que se ría o que se sienta ridícula…).

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Actrices durante el periodo pre-code

O actrices que llenaron con sus rostros y sus historias las pantallas de cine, las salas oscuras, durante 1929 hasta 1934 cuando el código Hays se puso realmente en marcha, es decir, fue obligatorio por las productoras el seguirlo punto por punto. Este código no era otra cosa que censura… a partir de 1934 todo guion antes de ser filmado tenía que ser revisado para ver si lo cumplía y conseguir un sello para poder seguir adelante con la producción cinematográfica…

Pero durante esos años donde el código era voluntario surgió una pléyade de actrices con unos papeles complejos y ricos en matices que mostraban una nueva expresión de la feminidad donde desde la pantalla blanca se veía a mujeres que decidían sobre su vida profesional, sentimental y sexual. Y protagonizaron películas que planteaban cuestiones interesantes sobre la identidad femenina (no fue sólo una libertad mayor para mostrar la sexualidad sino que iba más allá), ya no primaba el estereotipo que funcionó bien durante el periodo silente (la ingenua, la vampiresa, la buena madre, la chica de campo, la chica de la ciudad…) sino que estas actrices y sus personajes se saltaron las fronteras de este estereotipo.

Algunas de ellas siguieron su carrera deslumbrante después de 1934 y se adaptaron a los nuevos tiempos. Otras no pudieron seguir adelante y se quedaron en promesas o pasaron al olvido. No hay mejor manera de entender este rico periodo que viendo sus películas pero no es fácil (aunque no imposible, cada vez se están editando más dvd de películas de este periodo).

Siempre vienen a la cabeza los siguientes nombres cuando se habla de este periodo pero no fueron las únicas: Jean Harlow, Joan Crawford, Greta Garbo, Marlene Dietrich, Barbara Stanwyck, Bette Davis, Katherine Hepburn, Mae West (cuyas películas precipitaron la aplicación obligatoria del código)… Y de todas recordamos alguna película de este periodo. Si pensamos en Jean Harlow recordamos sus mujeres de vida alegre en Tierra de pasión y Cena a las ocho. A Crawford la vemos como esa taquígrafa que trabaja también como modelo en Grand Hotel, como prostituta indomable en Lluvia o como esa millonaria de vida loca a la que se le complica la existencia y encuentra trabajo como periodista intrépida en Danzad, locos, danzad. O, por ejemplo, recordamos a una Barbara Stanwyck ya con sus mujeres fuertes y sensuales en sus primeros papeles con Frank Capra… pero también protagonizó una película que ya se ha topado varias veces en mi camino pero no he podido verla y siempre la ponen como ejemplo de película pre-code, Carita de ángel (Baby face, 1933) de Alfred E. Green. Aquí Barbara es una mujer que irá subiendo puestos en una gran empresa porque utiliza  a los hombres que se cruzan por su camino.  Pero también hubo otras actrices tremendamente populares en ese momento que cayeron instantáneamente en olvido…

Durante estos días he podido descubrir un interesante documental, narrado por Jane Fonda, que habla precisamente de una manera clara (y con entrevistas y trozos de películas muy interesantes) de estas actrices y cómo fueron los personajes que interpretaron durante este periodo: Mujeres liberadas (Complicated women, 1993) de Hugh Munro Nelly. Lo he disfrutado muchísimo y me ha mostrado un montón de películas, me ha recordado a ciertas actrices y me ha hecho conocer a otras.

Para entender qué es lo que se estaba cociendo durante estos años, en el documental se explica cómo dos actrices al empezar el sonoro dieron otra dimensión a sus personajes, se saltaron el estereotipo. Y a partir de ellas, surgió un grupo de actrices que quisieron personajes ricos y con matices en sus carreras. Una fue Norma Shearer, que normalmente ejercía de ingenua, sin embargo, luchó por conseguir el papel de La divorciada (The devorcee, 1930) de Robert Z. Leonard. Ahí era una mujer que descubría la infidelidad de su marido y decidía comportarse igual. Mientras él dice que en su caso fue una tonteria, no admite la actitud de su esposa y pide el divorcio. Ella no se amilana y como mujer independiente continua con sus aventuras. La otra, Greta Garbo en Anna Christie (Anna Christie, 1930) de Clarence Brown. A su personaje de vampiresa destroza hombres le regala un fondo de moralidad, un halo de vulnerabilidad, sufrimiento y sacrificio… convierte el estereotipo de vampiresa en algo mucho más complejo.

Así podemos empezar a nombrar a las más olvidadas pero que durante este periodo tuvieron una carrera rica con personajes llenos de matices. Ya he hablado en varios post (porque estoy pudiendo ver algunas de sus películas) de la prometedora Karen Morley. Durante los 30 tuvo papeles maravillosos como los que ya he comentado recientemente, Inspiración (su debú) de Clarence Brown o Carne de John Ford. En el primero era una joven modelo y mantenida que lleva su situación alegremente pero que no puede aguantar el abandono. Y en la segunda es una delincuente que se cruza en su camino con un hombre muy bueno. Cuando hace apenas unos días escribí sobre Joel McCrea, escribí que estuvo casado toda su vida con Frances Dee, ella fue una de estas mujeres pre-code. En el documental, ella misma cuenta que tuvo un papel de cleptómana y ninfómana en Blood Money (1933) de Rowland Brown y que se lo pasó estupendamente sobre todo después de haber encarnado a una de las mujercitas de George Cukor, personaje totalmente opuesto.

Otras tres actrices que nadie recuerda ya son: Joan Blondell que fue muy prolífica durante estos años del pre code con diversos papeles de mujeres más allá del estereotipo. Tan sólo he logrado verla en El enemigo público y en Vampiresas 1933 (que ya habla de su versatilidad, saltaba de película de gánster a musicales. De los brazos de James Cagney a los de Dick Powell). De Ruth Chatterton sólo he tenido oportunidad de ver, después del periodo pre-code, la interesantísima Desengaño (1936) de William Wyler donde interpretaba a una mujer madura que se negaba a envejecer pero también fue una de esas actrices que se prodigaron durante los primeros años treinta con personajes variopintos y con caracter como en Barrio chino (1932) y Hembra (1933). En la primera era una prostituta en apuros, en la segunda una dura empresaria. Y la tercera una de las hermanas Bennett, Constance. Desde 1931 recreó a mujeres liberadas que asumían los errores de su vida como en Tentación (1932) o Lecho de rosas (1933). Una artista de vida loca o una prostituta que trataba de sobrevivir.

Otra actriz muy activa durante estos años fue Miriam Hopkins. Para tener idea de su importante carrera y de sus ‘mujeres liberadas’ señalaremos algunas películas punteras de su filmografía. En Una mujer para dos (Design for living, 1933) de Ernst Lubitsch nos plantea una divertida y despreocupada relación a tres bandas: ella, Gary Cooper y Fredrich March. Anteriormente con el mismo director, en 1931, está absolutamente cautivadora en El teniente seductor donde pasa de princesa reprimida a vampiresa picarona. También, el documental me descubre una película que quiero ver ya, donde Hopkins se convierte en la protagonista de una adaptación cinematográfica de una escandalosa novela de Faulkner, Santuario. La película se tituló Secuestro (The story of Temple Drake, 1933) de Stephen Roberts. Ahí Hopkins era una mujer sureña violada que además se convertía en asesina…  Y en su filmografía se puede ver cómo tuvo que adaptarse a los nuevos tiempos después del código cuando en la versión cinematográfica que realizó Wyler sobre la obra teatral de Lilliam Hellman (La hora de los niños) no pudo hablarse de lesbianismo (Esos tres, 1936).

… Durante este periodo era normal ver a las actrices en ropa interior o con vestidos muy sugerentes pero también hubo desnudos. Los más recordados son los de Maureen O’Sullivan en las dos primeras películas de la serie de Tarzán. En concreto el de Tarzan y su compañera, que al ser de 1934 y empezar ya el código la secuencia completa fue censurada. Sin embargo puede verse ahora y muestra una secuencia acuática muy hermosa donde Sullivan está totalmente desnuda. Pero tampoco olvidar a Claudette Colbert en una película poco conocida donde también se pega un baño desnuda en una playa, A la sombra de los muelles (I cover the waterfront, 1933) de James Cruze. Y nadie olvida como desde Checoslovaquia llegó una mujer que corría desnuda por los bosques tras su vestido que se llevaba galopando su caballo… Fue en Extasis, 1933 y supuso la puerta de entrada para Hedy Lamarr en el firmamento de Hollywood.

Durante estos años estas actrices contaban con un abanico amplio y versátil de personajes: una reina bisexual, una alegre divorciada, una esposa que para poder cuidar a su marido se vuelve prostituta, una prostituta que sale de la cárcel y tiene que sobrevivir, una madre soltera, una empresaria dura, una aviadora tenaz, una muy buena doctora, una artista que busca buenos papeles, una buscavidas, una millonaria insatisfecha, una mujer pobre que quiere llegar a lo más alto y usa a los hombres que conoce, una mujer que quiere ser amada y deseada, una madre que no quiere serlo, una alocada, otra muy responsable, una asesina, una artista bohemia que ama a dos hombres a la vez, la chica del gánster que quiere dejar de serlo, una ama de casa que se convierte en delicuente para ayudar a su amado acusado injustamente… Papeles que no podrían volver a representar con toda libertad (y sin castigo del personaje) y naturalidad hasta aproximadamente los años sesenta cuando el código Hays dio sus últimos coletazos.

Toda una galeria de actrices que o bien cayeron en olvido o bien no pudieron reivindicar sus primeras obras (porque eran muy difíciles de ver), ahora, pueden resurgir y forman parte de un periodo interesante de la historia del cine que sigue dándome buenas sorpresas… Seguiremos indagando en el tema a través de otro documental: Hollywood prohibido: sexo, pecado y censura (Thou Shalt Not: Sex, Sin and Censorship in Pre-Code Hollywood, 2008).

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… Una película que salvó vidas…

En una de las salas del impresionante Museo Memoria y Tolerancia que se encuentra en México DF, la guía nos leyó unas palabras de un pequeño panel que despertaron mi curiosidad. Era una parte en la que se comentaba cuál había sido la forma de actuar de los ciudadanos ante el holocausto. En la parte de los ciudadanos comprometidos se citaba un ejemplo, se describía cómo Vittorio de Sica contrató como extras a unos 300 judíos para una película y cómo se alargó el rodaje para poder salvarlos de su deportación… Después pregunté a la guía (muy buena en su trabajo) si sabía el título de la película. En ese momento no pudo informarme y entonces me invitó a que visitara la biblioteca del Museo para que pudiera hacerme con el dato… pero me estaban esperando y en ese instante no conseguí el título.

Me quedé con esa frase… Y de ahí surgió una historia apasionante. Una historia con lagunas que espero poder completar algún día (¿habrá algún libro sobre ello?).

En 1945 se estrenó sin pena ni gloria La puerta del cielo (parece ser que apenas hay copias originales y creo que no es muy fácil acceder a verla). La productora de la película fue el Centro Católico Cinematográfico. La película contaba la historia de un grupo de peregrinos enfermos que realizan un viaje en tren para llegar al santuario de Loreto… todos tienen la esperanza de un milagro. El director era Vittorio de Sica. Entre el reparto se encontraba la actriz catalana María Mercader con la que vivía un ‘amor prohibido’ (pues era un hombre casado) y que sería su futura esposa (otro ‘personaje’ a tener en cuenta en esta historia). La puerta del cielo podría ser tan sólo una película más para estudiar la trayectoria de De Sica antes de su consagración definitiva con las estremecedoras El limpiabotas y El ladrón de bicicletas. Pero su interés es extracinematográfico pues su larga filmación, un año (del verano de 1943 a la verano de 1944), supuso la salvación de un elevado número de personas. Su estreno sólo fue una anécdota… lo interesante es el proceso…

Ahí estaba Vittorio de Sica inmerso en este proyecto cinematográfico financiado por la productora del Vaticano. Parece ser que el Papa Pío XII estaba enterado de todo y que había designado a un monseñor responsable de llevar a cabo este proyecto, que sería el futuro Papa Pablo VI. Así también la iglesia católica italiana puso su granito de arena en esta aventura (en un comportamiento ambiguo y complejo pues también se vio la pasividad y la no responsabilidad ni el compromiso de las altas jerarquías eclesiásticas —ni la denuncia ni la protesta— frente a las atrocidades de los nazis).

Vittorio de Sica también estaba en una situación difícil puesto que un emisario de Goebbels le había ofrecido que montara en Venecia el centro de la industria cinematográfica para que representara a la República de Saló. El director italiano no quería en ningún caso ese puesto de trabajo. Pero era difícil negarse en esas circunstancias. La propia María Mercader cuenta en una entrevista a Televisión Española que ella le echó una mano pues dijo que actuaría en la película si Vittorio era quien la dirigía. Fuera como fuese, De Sica pudo eludir ese puesto aduciendo que tenía un compromiso laboral con el Vaticano y se quedó en Roma.

Según distintas fuentes contrataron a 300 personas entre las que había una mayoría de judíos pero también políticos antifascistas y homosexuales (ambos grupos perseguidos por los nazis). Todos con nombres falsos y se les asignaban puestos de extras, figurantes y técnicos. El rodaje transcurrió en su mayoría en la basílica de San Pablo Extramuros (con convenio de extraterritorialidad, y esto es algo así como una ‘ficción’ jurídica por la cual todo aquel que more en sus muros está fuera del territorio donde se encuentran) y allí en sus patios se refugiaron estas 300 personas. La condición del rodaje es que debía alargarse lo más posible… hasta que llegasen los aliados y no hubiera peligro para el grupo de ‘extras’.

Se pasaron momentos duros y era difícil su mantenimiento sin levantar sospechas y sobre todo tener alejados a los alemanes. Sin embargo no se evitó la tragedia cuando en febrero de 1944 fueron detenidos 60 sospechosos (que no regresaron) cuando un temido fascista Pietro Koch y sus hombres pudieron entrar en la basílica. En junio del mismo año llegaron los aliados y Roma quedó liberada. Las puertas de la basílica se abrieron y se dio el último golpe de claqueta, el rodaje finalizó. Y un grupo de personas se salvó de un destino horrible…

La historia se ha ido difundiendo pero no es muy conocida. Además a principios del siglo XXI hubo una polémica porque es un proyecto acariciado por los descendientes de De Sica el convertirlo en película (sobre todo por su hijo Christian y ahora también por el nieto del director. Se habla de que es posible que se lleve a cabo con Christian en el papel de su padre… hasta la fecha que yo sepa todavía no se ha realizado) pero en el año 2003 el realizador Maurizio Ponzi se inspiró en esta historia para su película Con las luces apagadas. Y Christian le denunció por plagio. Lo que no cabe duda es que es una historia con todos los ingredientes para realizar una buena e interesante película…

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Dramaturgos que se convierten en guionistas…

1.- Este post ha surgido de mi cabeza porque ayer tuve el privilegio de vivir un momento artístico único e irrepetible: la lectura dramatizada de Eslavos de Tony Kusher en el ciclo El legado teatral del siglo XX. La Escena a la escucha de la historia (coordinado por Le monde diplomatique y Nuevo Teatro Fronterizo) en el auditorio de La Casa Encendida.

No me harté de aplaudir al final porque todo el elenco de actores estuvo sensacional pero además fue la primera vez que tuve la oportunidad de acercarme a una obra del dramaturgo Tony Kusher… en una obra que refleja la caída de la URSS y una reflexión inteligente sobre el socialismo con una pregunta formulada al final que sigue vigente ante la situación histórica actual: “¿Qué hacer?”.  Y una reflexión aguda sobre lo que supone responder esa pregunta… pero también queda claro que sólo respondiéndola se puede dar la posibilidad del cambio y la transformación… con todos los riesgos de que quien la responde somos nosotros, los seres humanos, terriblemente humanos, imperfectos, contradictorios, capaces de las mayores transformaciones y las mayores atrocidades. El equilibrio es lo más complejo de encontrar…

No quiero dejar de nombrar a ninguno de los actores que leyeron Eslavos porque todos captaron mi atención de principio a fin: Chema de Miguel, Juan Fernández, Amanda García, Lara Grube, Lola Manzano, Pedro Miguel Martínez, Inés Narváez y José Sanchis Sinesterra. La versión leida fue la de Carla Matteini y la dirección y adaptación dramatúrgica para la lectura fue llevada a cabo por Natalia Menéndez.

Así me entero entonces que Tony Kusher también tiene vínculos cinematográficos. Y una estrecha relación profesional con Steven Spielberg. El dramaturgo coescribió junto a Eric Roth el guion de Munich. Y también es el guionista único de Lincoln, última película rodada por Spielberg y que todavía no ha llegado a nuestras salas oscuras.

2.- Así empiezo a atar cabos y a recordar otros dramaturgos que hayan escrito guiones (algunos incluso han dirigido). Me viene a la cabeza Harold Pinter porque ya había escrito un post sobre él hace tiempo y sus conexiones con el cine a través de los guiones escritos. Su trabajo más reciente fue el remake de La huella… pero han sido varios sus trabajos cinematográficos. Tuvo una relación profesional interesante con Joseph Losey, de esta unión surgieron los guiones de: El sirviente, Accidente y El mensajero. Pero el nombre de Pinter está detrás de otros guiones que merece la pena recordar como puede ser el de La mujer del teniente francés.

3.- Entonces recupero a David Mamet, dramaturgo pero también guionista y director. Mamet se convierte en objeto de estudio interesantísimo. No sólo es un guionista solvente sino también un director a tener en cuenta. Y además ha adaptado varias de sus obras teatrales al lenguaje cinematográfico. Así nombro la impresionante Glengarry Glen Ross: éxito a cualquier precio (una película para volver a ver sobre todo en los tiempos que corren). También llevó a la pantalla su obra American Buffalo. La desconocida para mí El buque del lago (que dirigió el actor Joe Mantegna). Y, por último, Edmon (que tampoco he visto). Pero no puedo quitarme de la cabeza que fue Mamet quien elaboró el guion de esa joya que funde cine y teatro (y que curiosamente ya nombré en el post anterior): Vania en la calle 42 donde el espíritu de Chejov pulula por los fotogramas…

4.- Viene a mi cabeza Arthur Miller, un dramaturgo que me encanta, y su unión con el cine no sólo fue por su boda y triste historia junto a Marilyn Monroe (o porque muchas de sus obras teatrales hayan tenido sus versiones cinematográficas) sino porque creó un guion único para una película de ilusiones perdidas que dirigió John Huston y que fue protagonizada por actores crepusculares en unos papeles intensos: Marilyn Monroe, Clark Gable y Montgomery Clift (para Gable fue su última película, Monroe no terminaría la siguiente y Clift apenas rodaría algún trabajo más) todos ellos acompañados por Eli Wallach que todavía sigue en las pantallas de cine (El escritor de Polanski). Me refiero a Vidas rebeldes, el guion original para el cine de Arthur Miller, todo un dramaturgo.

5.- Por otra parte nos encontramos con Tennessee Williams, otro dramaturgo (también cultivó la novela y el relato) que amo con locura. Prácticamente toda su producción teatral (y también sus escasas novelas y algún relato) fue llevada al cine pero él participó en muchas de las adaptaciones cinematográficas (bien coescribiendo con otros guionistas o en solitario). Quizá su contribución más curiosa fue sus pinceladas (diálogos) al guion de Senso de Luchino Visconti porque no tiene nada que ver con su creación literaria. Uno de los directores que lo tenía como figura de cabecera fue Elia Kazan. De este modo Baby Doll tuvo como único autor del guion a Tennessee Williams. Pero su firma también está presente en los guiones de dos películas que adaptaron dos de sus obras más desconocidas y surgieron dos películas a reivindicar: Piel de serpiente y La rosa tatuada que además suponen la contribución de una maravillosa Anna Magnani al cine norteamericano.

6.- Y cierro el post con otra posibilidad: el dramaturgo que también se convierte en actor de cine además de guionista y director. Me refiero a Sam Shepard. Su rúbrica está en la aventura estadounidense de Antonioni, Zabriskie Point. O él es el único firmante del guion de una de las películas más recordadas de Win Wenders, París, Texas. Su rostro como actor ha paseado por películas tan diferentes como Días del cielo, Magnolias de acero, Mátalos suavemente o la española Blackthor.

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Primer cine Oculto en el cine Roxy B de Madrid. Nueve citas con Holy Motors (Holy Motors, 2012) de Leos Carax

Primera cita. Ir a la sala de cine tiene algo de ritual sagrado. Si vas y además no sabes lo que vas a ver ni lo que te vas a encontrar el acto de ir al cine se convierte en una experiencia secreta, oculta. Si además esa sala es una sala de dimensiones considerables con pantalla enorme blanca se deduce que se van siguiendo los ingredientes naturales de este acto. Y si la película proyectada es Holy Motors de Leos Carax la experiencia se convierte en redonda. Porque Holy Motors tiene mucho que ver con lo que es ‘vivir’ el cine. Holy Motors permite recrear un ambiente, un hábitat, unas sensaciones… Mujeres de melenas rubias con caretas verdes, luces fluorescentes, hombres tocando el acordeón, una acróbata de rojo expresándose con el cuerpo, un enorme perro paseando por la sala de cine…

Segunda cita. Desconcierto. Locura. Descoloque. Belleza. Desorden. Imperfección. Muerte. Vida. Representación. Identidad. Incomodidad. Amor. Irreverencia. Transformación. Ruptura. Suciedad. Enfermedad. Vejez. Asesinato. Suicidio. Pérdida. Ausencia… Todas estas palabras se dan cita en una obra cinematográfica extrema y creativamente libre y arriesgada. Holy Motors es obra para ser amada u odiada pero no puede resultar indiferente. Ante sus imágenes o te sientes seducido o descolocado o mareado o desconcertado…

Holy Motors es un grito creativo. Un grito contra el dolor de la ausencia. Un antídoto para vomitar la amargura. Finalmente un canto de amor a la amiga, como se refiere a ella Leos Carax en una entrevista, a su compañera sentimental Yekaterina Golubeva (que murió trágicamente en el verano de 2011). Todas las transformaciones y citas conducen al hombre de múltiples identidades al amor desesperado y doloroso hacia su compañera ausente. Así la culminación o clímax del dolor de esa ausencia tiene lugar en los maravillosos almacenes abandonados de La Samaritaine… desde su terraza se contempla el Pont Neuf… donde entre maniquíes rotos, el que creemos que es Oscar y Jean (Kylie Minogue) tratan de en 20 minutos recuperar 20 años de distanciamiento. Y en ese paseo de Jean con un Oscar que la sigue en silencio, ella canta una canción triste que presagia un final trágico…

Tercera cita. Cine, mil veces cine. Y un personaje misterioso escucha el miedo del transformista: “¿Y si no queda ningún espectador que pueda mirar?”. Holy Motors es una reflexión sobre el arte de mirar. Sobre el cine como representación. Sobre el paso de las enormes cámaras a casi su ausencia. Sobre el espectador que mira o el que se ha cansado ya de mirar. Sobre la posibilidad del actor de ‘vivir’ mil vidas y mil muertes. Sobre el cansancio de la representación cuando esa ficción siente que ya no hay ojos que observan. Que se conmueven, se escandalizan o se irritan. Que lloran o ríen. Cuando lo sagrado parece que muere…

Holy Motors empieza como el sueño de un cineasta (el propio Leos Carax) que despierta en una cama con un perro. Avanza por una habitación y da con una puerta secreta… Su dedo es la llave. El cineasta llega a una sala de cine llena de espectadores en silencio. A oscuras. Un niño desnudo corre por el pasillo y un enorme perro avanza… Empieza el espectáculo.

Antes y durante las transformaciones veremos ráfagas de imágenes en blanco y negro de uno de los pioneros de las imágenes en movimiento, Étienne Jules Marey. Y es que el cine sigue ofreciendo esa ilusión óptica de imágenes en movimiento que suponen además ‘atrapar’ la inmortalidad. La posibilidad de que siempre regresen los ausentes.

Durante Holy Motors vemos señas evidentes de la breve filmografía de Leos Carax. De su forma de entender el cine. La presencia de su actor fetiche (Denis Lavant). La presencia de Pont Neuf (… referente a su canto de cisne o de ave fénix, Los amantes de Pont Neuf, 1991). La representación de la belleza y la violencia en un mundo de seres marginados y distantes… La recuperación de monsieur Merde, un personaje irreverente y destructor que arrasa allá por donde pasa… que salió de las alcantarillas en el cortometraje que incluyó el director en la película colectiva Tokyo! en el año 2008.

La capacidad del cine para generar emociones, para provocar, para transformar. Para mostrar otros mundos y otras fábulas. Para experimentar. ¿Es Holy Motors cine dentro del cine? En Holy Motors sólo hay ecos y brillos de cine fantástico, de ciencia ficción, de cine virtual, de cine protesta, de cine como poema, de cine con todo su poder visual, de cine musical… Y sólo hay suaves huellas de aquellos cineastas que alguna vez desconcertaron desde un George Franju (del que desconozco totalmente su mundo… pero su huella puede captarse sobre todo por una presencia de la que hablaré en otra cita) o del mundo poético de Jean Cocteau (también fácil de detectar por la vida protagonizada por Monsieur Merde)… La propia película nos habla también de la importancia de la fotografía, de la instantánea, y uno de los personajes nombra a la fotógrafa Diane Arbus capaz de captar lo bello y lo hermoso en los seres imperfectos o deformes. En lo oscuro.

Cuarta cita. La limusina como refugio. La limusina blanca que recorre un París especial. La limusina que en su interior es un camerino con todos los utensilios necesarios para la transformación física del personaje con múltiples identidades. El espejo con luces. Los maletines con todo lo necesario para el maquillaje. Las pelucas. El vestuario…

La limusina que avanza y lleva al protagonista de cita en cita. Allí tiene su alimento. Su bebida. Sus momentos de intimidad. De concentración. De preparación de las citas. Allí está su ángel de la guardia —o dulce encarnación de un infierno que no tiene fin— (que merece una cita entera), Céline, conductora y secretaria.

Las limusinas como burbujas donde transcurre un mundo propio (cine-limusina… Cosmópolis o The Girl experience). La limusina que siempre recoge al transformista. Que se convierte en un personaje más y en Holy Motors con más identidad todavía…

De pronto nos damos cuenta que la limusina de Oscar no es la única que pulula en la ciudad. A las doce de la noche, como Cenicientas, un montón de limusinas descansan en un enorme y solitario garaje que se llama Holy Motors. Mañana será otro día… en que de nuevo un montón de transformistas vivirán un puñado de vidas y muertes en diferentes citas. Sin saber si alguien les observa… y capta la belleza del acto de representación.

Quinta cita. Denis Lavant es como un nuevo Lon Chaney. El hombre de las mil caras y mil transformaciones. El hombre camaleón. No necesita de efectos especiales. Denis Lavant se transforma con antiguas artes que siguen funcionando. Y eso es el secreto del actor, aquel que tiene capacidad para transformarse en otro. Lavant-Oscar está montado en su limusina-camerino. Y ahí cuenta con su caja de maquillaje, sus ropas… adecuadas para la transformación física. Después están los movimientos de su cuerpo. La expresión corporal, Lavant recita con el cuerpo. Su expresión y su forma de hablar.

Así igual es un hombre joven, que un hombre anciano. Así puede ser un banquero o transformarse en un ser de las alcantarillas o en una anciana encorvada que pide limosna por las calles de París y sólo ve piedra y pies… y tiene mucho miedo a no morir. Más allá es un asesino de sí mismo o de un banquero. Y en el entreacto un acordeonista que dirige a otros entre las columnas de una enorme iglesia. Más acá es un especialista en cine virtual-sexual. En medio un padre extraño que castigará a su hija adolescente por no quererse. Y en el clímax un hombre enamorado con dolor. Y en el final un padre de una extraña familia…

Sexta cita. Céline, personaje misterioso y maravilloso. Una mujer de pelo blanco, protectora, que conduce la limusina a la vez que se preocupa por que Oscar llegue a sus distintas citas. Le rescata. Se preocupa de su estado y cansancio. Es altísima, delgadísima y muy elegante (hasta en el insulto a otro conductor de limusina). Es distante. Durante todo el trayecto lleva su pelo recogido, un moño. Es como un ángel. Nada sabemos de Céline más que su trabajo y función. Su presente. Y su relación distante y a la vez cercana con Oscar. Al final su personaje nos conduce a un mundo misterioso. No sabemos dónde va cuando deja la limusina y es la última en abandonar el garaje. Se suelta su moño, se coloca una máscara verde e informa por teléfono de que vuelve a casa. Céline tiene el rostro de Edith Scob, con papel inquietante en la mítica Los ojos sin rostro (que sigo sin haberla visto, ay) de George Franju.

Séptima cita. En la limusina sólo hay sitio para Oscar y sus transformaciones y su conductora Céline. Pero de pronto aparece un único personaje misterioso con cara de Michel Piccoli. Un hombre al que le preocupa el cansancio de Oscar en su ‘arte’ de la representación. Él es uno de esos que todavía mira. Parece que es una especie de espectro que trata de recordar a Oscar que sus citas no son en vano pues hay gente que todavía observa… ¿Un espectador?

Octava cita. El hombre de las alcantarillas y la modelo (Eva Mendes). O una manera distinta de volver a representar a la bella y a la bestia. Ahí está ese personaje inmundo que en su camino destruye y pasea su irreverencia ante el pasmo de todos aquellos que se cruzan en su andanza. Es ni más ni menos que Monsieur Merde que ya tuvo vida en un cortometraje. Esta vez en su camino arrasador termina en una sesión de fotos a una modelo-estatua. Y en otro acto provocador Monsieur Merde arrastra a la modelo-estatua a las alcantarillas y sigue actuando entre (con un lenguaje ininteligible) la irreverencia y la belleza, lo desagradable y lo poéticamente cruel… y la última imagen es una especie de provocadora Piedad (en la composición) con una modelo-estatua que canta una nana triste a un desnudo y empalmado Monsieur Merde…

Novena cita. Si me preguntasen en esta última cita si me ha gustado Holy Motors… contestaría que sigo procesando sus imágenes. Confesaría que sigo pensándola. Comentaría que según iba viendo esta desconcertante película mis emociones iban cambiando. Del descoloque a la incomodidad. De lo poético a lo exagerado o ridículo. De lo reflexivo a lo irracional. Entre lo cuerdo y la locura… Lo que no niego es la capacidad de sorprenderme continuamente antes sus imágenes y la sensación de estar ante una obra creativa totalmente libre. Ahora como Oscar me iba preguntando ¿y hacia dónde me lleva esto? ¿Qué me quiere mostrar Leos Carax?… si realmente quiere mostrar algo. ¿Por qué ver Holy Motors? ¿Cómo sentirla o experimentarla? Y sigo contestando todas estas preguntas y las posibilidades son infinitas.

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