La escapada (Il sorpasso, 1962) de Dino Risi

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Tenía muchas ganas a esta película, sobre todo por dos motivos: mi desconocimiento de la carrera cinematográfica de Dino Risi. Este director es uno de los representantes de la comedia a la italiana (género que alcanzó la cima en los años sesenta), generación que convivió con los maestros del neorrealismo, que en su cine ‘atesoran’ algunas influencias del movimiento. Precisamente por alejarse de los postulados del neorrealismo y cultivar elementos más ‘ligeros’ y costumbristas (sobre todo en lo que se refiere en un análisis de lo social y lo político y en el reflejo ‘realista’ de Italia), los realizadores obtuvieron un importante éxito comercial pero fueron criticados ideológicamente en varios círculos intelectuales. Sin embargo también supuso una cantera de buenos actores y actrices que adquirieron no sólo popularidad sino que se convirtieron en buenos intérpretes.

Sin embargo, La escapada no es una comedia sino una tragicomedia existencialista (profundiza además en la psicología de los personajes) que además refleja la Italia de los sesenta. Y ahí enlazo con mi segundo motivo. La escapada y su análisis de contenido ofrece varias lecturas. En muchas fuentes y escritos sobre cinematografía italiana en la Red o en libros que se refieren a esta película o bien se considera una película de culto y una de las mejores de Dino Risi (que también escribe el guion junto a Ettore Scola –un buen director que debutaría como tal en 1964– y Ruggero Maccar), o bien se habla de sus cualidades pero se apunta un pero poderoso: y es que muchos sienten una película con mensaje moral (en el espectacular y estremecedor giro final) y que ese mensaje moral resiente la película para muchos que ven una moral conservadora (es decir, ese final es una especie de “castigo divino”).

La escapada, sin embargo, me ha parecido una película más trágica que cómica, que emplea la metáfora del viaje para exponer dos maneras de ‘entender’ la vida y más que un mensaje de moral conservadora…, observo una llamada a que el destino siempre acecha al ser humano. Así que las escapadas pueden dar sentido a nuestras vidas o convertirnos en seres errantes… pero vivir con intensidad se convierte en un valor importante… porque el destino acecha en cada esquina. Y a lo mejor se nos ha olvidado vivir o hemos vivido demasiado, sin pararnos a pensar. Y para ello se sirve de dos personajes, dos hombres de diferentes edades pero también con una filosofía de vida distinta. Dos hombres tremendamente humanos, que arrastran virtudes y defectos en su mochila…, y que emprenden un viaje improvisado por las carreteras de Roma y alrededores durante dos días.

La película está protagonizada por un estudiante de derecho, muy tímido y con miedo a improvisar en el día a día, Roberto (Jean Louis Trintignant) y por un hombre ya maduro, un perdedor que vaga con un deportivo y que basa su vida en vivir el momento y en el arte de la improvisación, es todo vitalidad, Bruno Cortona (Vittorio Gassman). El género en el que se mueve la película es el de la road movie con dos personajes opuestos que terminan congeniando. Su encuentro es casual, Bruno vaga en coche por las calles de una Roma en vacaciones. Es por la mañana y sólo sabemos que busca un teléfono y unos cigarrillos. Cuando se para y está refrescándose en una fuente, se da cuenta de que desde una ventana le observa un joven. Le pide que si puede realizar una llamada telefónica de su parte, aunque al final termina subiendo al hogar del estudiante. Y antes de irse, le dice que le acompañe a tomar un aperitivo en un restaurante cercano… El estudiante accede. Lo que parecía un momento…, se convierte en un viaje.

Como ya he dicho ambos tienen virtudes y defectos y ambos se retroalimentan. Bruno, a veces, se vuelve más respetuoso con el tímido Roberto o se corta más de mostrar su comportamiento sin freno o forma de actuar. Bruno es extrovertido y carismático, a veces en exceso. Trata de sacar provecho de todas las situaciones. Disfruta de los placeres. No tiene miedo a los obstáculos de la vida. A veces es consciente de que es un fracasado con ángel. Es ligón, machista, se burla de la homosexualidad, no ve con buenos ojos a los extranjeros (recordemos su comportamiento con la joven negra) y es capaz de reírse de la gente que considera de extracción social más baja y que es de campo… Su viaje con el estudiante le hace replantearse poco a poco su vida errante como perdedor y se consciente de sus defectos, y quiere transmitir lo mejor de su vida al joven tímido (procura no mostrarle las grietas). Roberto es tímido, apocado, con miedo, no quiere improvisaciones, educado, desconfiado, sin experiencia en el amor, nostálgico, poco hablador (conocemos más de él por lo que piensa en off) y busca una vida segura. De hecho se pasa todo el improvisado viaje queriendo regresar a su hogar seguro. En un momento dado vemos que también es bastante clasista, como Bruno, al reírse de unas personas del campo que están celebrando una fiesta. Para Roberto “esta escapada” inesperada termina siendo lo más divertido, feliz y valiente que ha hecho en su corta vida. Por eso cuando el destino, unido a la imprudencia, golpea…, el espectador queda, como Bruno, en estado de shock. Porque en cuestión de segundos todo puede cambiar. Bruscamente.

A través de su viaje por las carreteras romanas descubrimos la Italia de los sesenta. Esa Italia que empieza a resurgir de las cenizas, la importancia del turismo, la brecha entre el campo y la ciudad, lo moderno y lo tradicional… Conocemos los garitos, los restaurantes, las canciones que se oyen, los locales nocturnos, la importancia que va adquiriendo el ocio, las playas, las nuevas modas, los referentes culturales (genial la apreciación de Bruno sobre el cine de Antonioni, diciendo que es un gran cineasta pero que él se queda dormido en sus películas), los nuevos ricos y hombres de negocios…

La película funciona porque no sólo cuenta con el carisma de ambos protagonistas sino que además el viaje tiene ritmo, mucho ritmo, continuamente ocurren cosas, muy cotidianas. Visitan a unos familiares, paran a comer, intentan ligar, tienen distintos encuentros en la carretera, salen por la noche, se pierden el uno del otro y se vuelven a encontrar… Además de un reflejo bastante realista de lo que debía ser la Italia de aquellos años, cuenta con dos actores que realmente construyen a sus personajes, unos personajes complejos. Tan difícil es mostrar la timidez y el miedo a vivir tal y como lo hace Jean Louis Trintignant, como mostrar el carisma y la vitalidad que exuda el rostro de Vittorio Gassman sin ser excesivo o exagerado, sin llegar a la caricatura.

El título de la película es buenísimo porque esa escapada tiene muchos significados y todos están contenidos en los fotogramas. No dejamos nunca de oír esa bocina escandalosa que siempre toca Bruno… para advertir su presencia arrebatadora (pero también a su manera autodestructiva), ni de ver la sonrisa tímida y finalmente ilusionada de un Roberto que iba camino de conquistar una vida gris y que siente que existen otros caminos posibles, apasionantes, con un poco de riesgo…

La escapada es un buen título para empezar a indagar en la filmografía de Dino Risi.

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Violette (Violette, 2013) de Martin Provost

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… “Soy un desierto que monologa”… Así define Violette Leduc su escritura, su necesidad de vomitar palabras y plasmarlas en cuadernos en blanco. Y con esa cascada de palabras se nos va revelando la personalidad de Leduc y permite que entendamos los actos que acompañan su vida. La soledad en la que se siente atrapada, la soledad por la que tiene que aprender a caminar. Violette de Martin Provost devuelve el retrato de una mujer que se salva, a través de la palabra, de destruirse cada día un poco más. El primer contacto que el espectador tiene con este desconocido personaje histórico es su confesión de que la fealdad en una mujer es un pecado mortal… y algo que marca su deambular; una demostración del poco amor que se tiene a sí misma. La sucesión de imágenes nos va llevando a la culminación, al clímax, a entender la humanidad del personaje: es desgraciada porque tiene interiorizado desde la infancia un sentimiento de que nadie la quiere ni la querrá. Ella es bastarda y siente siempre que no fue fruto del amor, que nunca fue deseada por nadie. Así titulará sus memorias, La bastarda.

Martin Provost atrapa a su personaje en plena Segunda Guerra Mundial, dedicada al estraperlo junto a otro escritor Maurice Sachs. Nos la presenta de golpe y porrazo. Como un choque o explosión, sin que entendamos nada sobre ella. Hasta que poco a poco vamos descubriendo quién es y por qué es así.

Y empieza ahí el relato cinematográfico porque es el momento en que Violette, por recomendación de Maurice, escribe en un cuaderno cómo se siente. Como todo ser humano, se va definiendo su historia y personalidad por las personas que se va encontrando en el camino y por las relaciones que va construyendo o destruyendo… Así vamos asistiendo a un segmento de la historia de Leduc, según va conociendo a distintas personalidades, y la abandonamos en un paisaje maravilloso, en la Provenza (el único sitio donde encuentra una especie de paraíso, de paz), sola, en una silla, escribiendo en un cuaderno.

En ese segmento de vida que se nos narra cinematográficamente, asistimos a encuentros cruciales en su vida; además de su madre, influyen en que al final culmine su carrera literaria con sus memorias, que se convirtieron en un éxito: Maurice Sachs, Simone de Beauvoir, Jean Genet, Jacques Guérin… Provost evoca el camino creativo de Violette Leduc hasta que es reconocida como autora pero también su viaje a la aceptación de su soledad, a entenderse, a aprender a dejar de depender emocionalmente de las personas que quiere (a no necesitarlas), a no caer en la locura, al miedo al fracaso… Como le dice, en un momento dado, su amigo Genet, Violette es demasiado melodramática en su vida… hasta que llega a algo parecido a la calma a través de su contacto con la naturaleza y con el vómito de palabras en sus cuadernos…

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Violette (Emmanuelle Devos) vive con angustia porque quiere que la amen los hombres y mujeres que se cruzan por su camino… y cada vez que no se siente amada, acecha el terror al fracaso y al rechazo. La sombra de la locura. No es mujer fácil pero no es revelado el porqué. Violette escribe sobre sus miedos, angustias, experiencias sensuales, sus heridas, sobre las personas que quiere y odia a la vez… Violette se desnuda en cada palabra, se sincera. Se devuelve su reflejo en los libros. Y habla de cosas que, en su momento (y ahora también), poca gente se atrevía, porque revela su yo más íntimo (sus sentimientos, emociones, sensaciones, su sexualidad), sin miedo alguno. Y desgarra y se cura. Se tranquiliza, se salva y crea… De todas las relaciones que refleja la película de Martin Provost, la más cuidada es la que establece con Simone de Beauvoir (fantástica Sandrine Kiberlain). Una relación llena de matices entre dos mujeres complejas que sin embargo construyen a través del tiempo una relación fuerte, que evoluciona. Violette es distante, solitaria, dura, dependiente… pero también vulnerable. Y es retratada, por Provost, con ternura y un fino sentido del humor.

Martin Provost cuida los espacios en los que se desenvuelve una emocional Violette. Así se convierte también en una película de sensaciones y detalles. Leduc siente sus paseos por la naturaleza o cada objeto de su hogar. Una ventana que se abre, una puerta que se cierra o ese café donde se encuentra a Simone, las camas en las que se tumba, la librería en la que se desespera, la clínica en la que sucumbe…

Con Violette, Provost ha creado un díptico sobre mujeres artistas. Así ya realizó otro retrato de una artista contemporánea bastante desconocida, esta vez una pintora, en Séraphine (que aún no he podido ver). Violette se une así a una corriente de películas con nombre de mujer y que últimamente está deparando grandes sorpresas. Tanto por las películas en sí, por los temas tocados, como por la compleja construcción de personajes femeninos. Algunos de estos personajes deambulan por el mundo de la ficción y otros son reconstrucciones de mujeres que son reivindicadas por el papel que tuvieron en su momento. Me atrevería a decir que parte del mejor cine que estoy disfrutando últimamente tiene rostro de mujer: Camille, Elena, Ida, Blue Jasmine, Hannah Arendt… y ahora Violette.

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Pat Garrett y Billy El Niño (Pat Garrett y Billy The Kid, 1973) de Sam Peckinpah

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Allá por el año 1970 Michael Ondaatje escribió un pequeño libro titulado Las obras completas de Billy el Niño… En el libro mezcla fotografía, testimonios, poemas, entrevistas para construir una peculiar biografía de Billy y todos aquellos que formaron parte de su vida, sobre todo Pat Garrett. Michael Ondaatje rememora y cuenta muchas anécdotas presentando un Oeste violento y duro carente de la mitología cinematográfica en los años de oro del género. Es una obra innovadora y libre, poética. Mucho de lo que narra Ondaatje… quedaría reflejado en Pat Garrett y Billy El Niño de Sam Peckinpah… y también el espíritu de esta pequeña obra. No tengo ni idea de si Peckinpah había leído a Ondaatje o si éste vio la película… pero eran los años setenta y atrapan ambos la poética del desencanto. El camino crepuscular…, el quitar atributos a los ‘héroes’ legendarios del Oeste pero crear otra mitología del hombre forajido y libre de triste destino porque su lucha contra el sistema es vana. De las amistades rotas… De los perdedores que terminan sacrificados…

Pat Garrett y Billy El Niño alcanza sus cotas más altas de belleza en una escena que empieza con la violencia más desgarrada, a cámara lenta y sangre a borbotones, y termina con una mirada de amor tierna y dolorosa. Todo ha terminado. Pero contemplo las nubes que se reflejan en el agua… Perdedores, violencia, un tiroteo a muerte y una belleza deslumbrante. De fondo Knockin’ on Heaven’s Door de Bob Dylan. Esta escena es protagonizada por unos secundarios… personajes arrastrados por el enfrentamiento de dos que fueron amigos pero ahora andan en bandos distintos (por ver la vida de diferente manera: uno piensa en el futuro, el otro solo vive el presente). Ella es Katy Jurado, él es Slim Pickens…

Y es que Pat Garrett y Billy El Niño, como la obra literaria de Michael Ondaatje, es contada a base de desgarrones, dolores y golpes… Puede que toda la película sea las visiones de un moribundo Pat Garrett. O que un testigo de la historia, Alias (Bob Dylan), dejara de ser un simple observador silencioso de la historia para convertirse en bardo. Sam Peckinpah cuenta una historia cuarteada, descuartizada como las gallinas a las que disparan, para divertirse, al principio de la película y mostrar su puntería… Todos los personajes desde Billy hasta Pat… terminarán con sus miembros descuartizados, una muerte sin épica, veloz, violenta, rápida, sin posible reacción. El disparo es brutal y el peor el del estómago…

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El Oeste presentado es brutal, sin concesiones. Los que eran forajidos portan una estrella y se convierten en ley por los poderosos. Y así siguen a otros forajidos que prefieren seguir fuera del sistema. Se matan entre ellos y todos en la mirada saben de traiciones y disparos por la espalda, sin tiempo de heroicidades. Brutal en todos los sentidos. Pero a veces quedan resquicios de momentos de amistad y placer. Traicionar esas amistades, rompe a algunos. Billy se queda con la poesía y la coherencia, él dice que no matará a Pat porque es su amigo. Él es bestia por naturaleza, forajido sin ley, libre sin ataduras… A Pat le queda la melancolía y el grito de haber disparado al amigo fiel. Quería vida tranquila, futuro asegurado, ser un rico jubilado… Pero se convierte en hombre con alma fracturada.

Mujeres por el camino, algunas solo para el placer, otras luchan junto al compañero (unas se cansan de esta vida y otras les ven morir). Las mujeres en el cine de Sam Peckinpah no salen muy bien paradas, no estaría mal un análisis de las féminas en sus películas (me faltan bastantes de su filmografía para realizar un debate intenso y bien argumentado). Menos mal que aquí está Katy Jurado. Algunas son fuente de placer (las prostitutas suelen estar presentes), otras de problemas. Unas son solo víctimas, otras solo arpías. Muchas veces rompen el corazón. Otras solo inocencia y ternura, en silencio, reposo sumiso de un Bill a punto de fallecer. Rara es una Jurado que sea compañera, luchadora, fiel, dura y dulce a la vez… aunque solo salga unos minutos.

… Y dos actores carismáticos con unas voces que describen a sus personajes (imprescindible escucharla en versión original)… James Coburn y Kris Kristofferson. La complejidad de Coburn, que va fragmentándose y rompiéndose con cada muerte hasta fracturarse con la muerte del amigo… y disparar contra su propia imagen en un espejo que se quiebra; se enfrenta a un Kristofferson de mirada profunda y sonrisa perenne que lleva en el rostro su final trágico.

La música de Bob Dylan ayuda a su contemplación y a las ganas de llorar que te provoca una película tan dolorosamente hermosa y fracturada…

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Vida y muerte del coronel Blimp (The Life and Death of Colonel Blimp, 1943) de Michael Powell, Emeric Pressburger

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No había tenido oportunidad de ver Vida y muerte del coronel Blimp hasta ahora… y de nuevo Michael Powell y Emeric Pressburger me han deslumbrado. Me quito el sombrero apasionadamente. Lo que podía haber sido una película más de propaganda bélica británica (está rodada cuando aún estaba en marcha la II Guerra Mundial y no se sabía bien cuál podría ser el resultado final), se convierte en una gran obra cinematográfica donde estos dos autores crean su universo particular y su manera especial y original para contar historias. Con un uso elegante del color (como seguirían demostrando en Narciso negro y Las zapatillas rojas) y un empleo del lenguaje cinematográfico para detenerse en cada momento, logran una película emocionante por muchos motivos… Durante su visionado, he disfrutado cada fotograma, cada momento.

Y lo que quieren decir y lo que cuentan no es fácil (de hecho siempre se suele señalar en distintas fuentes consultadas que fue una película que disgustó bastante a Winston Churchill), con un humanismo similar al que se desprende en La gran ilusión de Jean Renoir (estrenada en el 1937)… Vida y muerte del coronel Blimp va más allá y expone un tema complejo y controvertido: el enemigo a batir no son los alemanes, es el Nazismo. Y en esos momentos que están viviendo, no vale la caballerosidad, ni el honor, ni el valor, ni el respeto al prójimo… No se puede perder en el campo de batalla. Y para frenar a ese enemigo que arrasa sin piedad alguna…, la manera de enfrentarse a él tiene que ser distinto, radical. Así como la manera de gestionar la paz (otro tema siempre difícil y complejo). Y esto no es fácil digerirlo. Además como otras películas del momento, reflejan la importancia de la defensa civil (no olvidemos La señora Miniver que se rodó un año antes). No eran temas fáciles en esos momentos, ni ahora.

El protagonista de la película es un anciano coronel, el coronel Blimp, que recuerda su vida. Desde su intervención en la guerra de los boers, hasta la Primera Guerra Mundial y ahora en plena Segunda Guerra Mundial. Y en esa vida hay dos personas que le acompañan a lo largo del tiempo: su amigo alemán, también militar, Theo Kretschmar-Schuldorf  y el amor de su vida (la manera de plantear esta historia es sorprendente y original). Porque Vida y muerte del coronel Blimp es también una historia de amor, amistad y del paso del tiempo…

Lo maravilloso de Michael Powell y Emeric Pressburger en esta película emocionante es que cuenta la historia de un hombre a través de continuas elipsis. Es tan interesante lo que ven nuestros ojos, como lo ausente —lo que no vemos— pero que sin embargo sabemos que ha ocurrido… Después de una introducción que nos permite saber que la película transcurre durante la Segunda Guerra Mundial, que la contienda continúa, y que nos presenta al coronel; asistimos a un largo flash back y el regreso al pasado sucede de una manera sencilla y a la vez prodigiosa. Al coronel le conocemos en unos baños de un club militar, cae al agua con un joven durante una pelea y se hunden en una piscina y de pronto solo vemos la imagen del agua y la cámara que recorre la piscina que es rectangular. De pronto surge la cabeza de un joven que sale… y es el coronel Blimp muy joven…

Además del siempre llamativo uso del color, destaca el empleo que realizan de los espacios (así como el cuidado de cada uno de los espacios elegidos) y sobre todo la posición de la cámara en algunas de las escenas. Así se convierte en un espectáculo visual el restaurante con orquesta donde se reúnen por primera vez Edith Hunter (el amor de su vida) y el coronel Blimp. O el gimnasio donde tiene lugar el duelo entre Blimp y Theo. Así como la casa británica del coronel, una herencia de su tía, donde siempre regresa (y que será testigo del paso del tiempo).

Un ejemplo del uso genial y continuo que hacen estos creadores de la elipsis para narrar cinematográficamente, lo encontramos en el momento del duelo. Solo nos dejan ver los preparativos del enfrentamiento, después la cámara sale del recinto y penetra en una ventana desde la que se ve el edificio desde el exterior. Ahí está Edith con un amigo del coronel, mirando inquietos y hablando sobre qué será lo que pasará en el interior. De pronto, ven cómo sale una ambulancia del edificio. Y no sabemos nada de lo que ha ocurrido hasta que en el siguiente momento vemos a Edith en el hospital.

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Y ¿cómo es el planteamiento de la historia de amor? En el hospital se produce un triángulo entre Edith, Blimp y Theo. Al final Theo se compromete con Edith ante la alegría de Blimp, que de pronto en un instante se da cuenta de que en realidad está enamoradísimo, ella es su mujer ideal. Su vida girará en la búsqueda de ese amor perdido. Así durante la Primera Guerra Mundial, verá en un convento a una enfermera de la Cruz Roja semidormida, que ni repara en su presencia, que le llama poderosamente la atención: es igual que Edith. En otra elipsis genial, descubrimos que no solo vuelve a encontrarse (porque la busca) con esa enfermera sino que además se convierte en su esposa (y ambos protagonizan una declaración de amor de esas que me gusta coleccionar). Y cuando ya es un anciano coronel viudo, encuentra a una joven chófer entre setecientos candidatos, que se hace llamar Johnny, y ambos tienen una relación de camadería y respeto. La chófer es exactamente igual que Edith y su esposa. Tanto Edith, como la enfermera de la Cruz Roja como la chófer tienen el rostro de Deborah Kerr (cuando todavía no ha volado a Hollywood).

La película está llena de momentos mágicos. Me vienen dos a la cabeza. El momento en que termina la Primera Guerra Mundial que pilla al coronel Blimp en un atardecer en coche junto a un fiel amigo y sirviente… Ambos están hablando entre bombardeos y disparos del inminente final de la contienda a una hora establecida. De pronto el silencio. La guerra ha terminado. Y los dos hombres se quedan contemplando el paisaje sin decir palabra…O casi al final de la película, en un momento crucial, el coronel Blimp mira una hoja que se desliza en el agua y esboza una sonrisa llena de significado.

Vida y muerte del coronel Blimp cuenta también la historia de una amistad, llena de momentos íntimos. Con sus encuentros y desencuentros, con la ausencia, con el paso del tiempo, con los consuelos y las confesiones. Con los lazos cada vez más fuertes… Los dos amigos fueron muy bien interpretados por Roger Livesey y el carismático Anton Walbrook. Los dos actores actuarían en otras películas de estos creadores.

Así el visionado de Vida y muerte del coronel Blimp se convierte en una experiencia visual que merece la pena repetirse y compartirse…

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Diccionario cinematográfico (210)

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Funerales: … así el primero que me viene a la cabeza es el de Cuatro bodas y un funeral. Y es en ese funeral donde se recita un maravilloso poema W. H. Auden. Ya solo por esta escena merece la pena ver más de una vez este ya clásico de la comedia romántica.

Otro funeral en el cual no puedes evitar una emoción catártica es en Imitación a la vida. Melodrama puro y duro donde asistimos al funeral de una mujer humilde (el personaje de Juanita Moore) que alcanza sólo pleno protagonismo el día de su muerte. El momento gospel de Mahalia Jackson en la iglesia alcanza un alto grado emocional.

Imposible no sobrecogerse con el funeral de Denys Finch Hatton en Memorias de África… y esa Karen Blixen que trata de tirar arena…, su mano tiembla y no puede.

Por otro lado están esas películas de reencuentro o reuniones de amigos en el que uno fallece. Y el entierro sirve de punto de encuentro entre recuerdos y tristezas o de momento de catarsis final. Así nos encontramos en los funerales de Reencuentro de Lawrence Kasdan o en el de Pequeñas mentiras sin importancia de Gillaume Canet.

En algunos funerales, en los momentos previos cuando se vela al muerto, ocurren milagros o fenómenos extraños como demostraron Theodor Dreyer con La palabra, Carlos Reygadas con La luz silenciosa y Manoel de Oliveira en El extraño caso de Angélica.

Familias rotas por la muerte… y funerales que son puro grito. Como el de una madre que no entiende la pérdida de su hija. Que le parece lo más injusto. Así tenemos monólogo escalofriante después del funeral, delante de la tumba, de Sally Field en Magnolias de acero. O en otros casos el consuelo es recordar al ser amado a través de sus momentos felices en fotografías y con anécdotas felices como hace el personaje de Liam Neeson en el funeral de su esposa en Love Actually.

Como digo la muerte de un ser querido puede hacer pedazos una familia y que cada uno viva de manera muy distinta la ausencia. Que cada uno sufra su dolor como puede… Así Nanni Moretti nos muestra un entierro durísimo (y sus consecuencias) en La habitación del hijo.

También en los funerales pueden empezar extrañas historias de amor y amistad. Sus protagonistas tienen afición por acudir a funerales de desconocidos… Se encuentran y unen sus destinos así como sus gustos por asistir a estos actos. Acordémonos de Harold y Maude de Hal Ashby o de Restless de Gus van Sant.

… Hay personas que trabajan en una funeraria y la muerte es algo cotidiano en sus vidas. Estos trabajadores también han sido protagonistas de películas (incluso series). A principios de los años noventa conocimos a un director de funeraria con cara de Dan Aykroyd que tenía una hija casi en la adolescencia obsesionada con la muerte (no podía ser de otra manera)… en Mi chica. En esa misma película una experta maquilladora  (Jamie Lee Curtis) sin trabajo busca empleo… y en la funeraria lo encuentra. Encuentra empleo y el amor de Dan. También un director japonés, Yojiro Takita, contó la historia de un violoncelista en paro que encuentra trabajo en una funeraria limpiando los cuerpos y preparando a los fallecidos. Su vida dará un vuelco… Hablo de Despedidas.

Y aunque parezca imposible un funeral también genera buena comedia… Así una comedia británica gira en torno a un entierro delirante. Y la risa está servida en Un funeral de muerte de Frank Oz. O Shirley McLaine protagoniza al principio de Ella y sus maridos un funeral absurdo… donde los hombres que bajan un ataúd rosa por unas escaleras pierden el equilibrio y…

Otros permiten la fantasía… como la despedida deseada y el funeral alternativo de un cuentacuentos con el rostro Albert Finney en Big Fish.

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Dallas buyers club (Dallas buyers club, 2013) de Jean Marc Vallée

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Dallas buyers club presenta de nuevo la efectiva fórmula de David y Goliat. El ciudadano de a pie contra las grandes corporaciones o multinacionales. Esta fórmula casi es un género en el cine norteamericano. Así recordamos películas que recorren esta lucha titánica como Veredicto final de Sidney Lumet, Legítima defensa de Francis Ford Coppola, la misma Philadelphia de Jonathan Demme (con la misma temática pero un tratamiento muy diferente) o Erin Brockovich de Steven Soderbergh. Y todas, de alguna manera (y siendo unas más irregulares que otras), a pesar de ser fórmula conocida, llegan al espectador. La lucha de David contra Goliat es un argumento o una trama que engancha. Luego está las armas con las que cuente el realizador y todo su equipo para que esa fórmula sea más interesante, más innovadora o más original a la hora de plasmar un punto de vista…

La aventura americana del canadiense Jean Marc Vallée cuenta con varios elementos que hacen que la fórmula vuelva a funcionar (y que no se haga más hincapié en sus debilidades de trama). Y la primera (y que salta a la vista y más sencilla) es el carisma y la interpretación de dos personajes (aunque uno de ellos podría haberse aprovechado mucho más porque su interpretación y las posibilidades del personaje eran enormes). Se ha hablado mucho de los dos pero verlos en pantalla explica y confirma que sí, que ambos están maravillosos. Me refiero a Matthew McConaughey y Jared Leto. No solo hay que valorar (que eso siempre encanta a los académicos de los Oscar) su transformación física porque puede haberla pero luego no conseguir una buena interpretación. Sino los matices que consiguen ambos para convertirse en esos personajes. Así al ver a McConaughey ves a un vaquero que en un principio reúne todo un conjunto de cualidades detestables y de pronto ante tus ojos se va transformando, debido a las circunstancias, en un vaquero que no se rinde, y que como dice morirá con las botas puestas… Y Jared Leto realiza no solo un cuidado trabajo de caracterización sino que es un travestí, en sus movimientos, en su forma de mirar, de andar, de comportarse… y un travestí muy bello. Y es ese personaje el que creo que se podría haber desarrollado muchísimo más porque es súper potente la relación que se establece entre los dos.

Para poder observar los matices de Matthew McConaughey, basta con analizar dos escenas muy diferentes. No hay nada más difícil que una llorera a cara descubierta… y McConaughey tiene una escena impresionante que refleja toda la angustia del personaje con una llorera a cara descubierta dentro de un coche. Otro momento es más sutil pero es maravilloso. Durante varias veces su personaje se mira al espejo… pero una de las veces se mira y de pronto vemos que en su rostro, fugazmente, se vislumbra una sonrisa…

Pero como he dicho antes lo de sus actores protagonistas es lo más evidente. Un aspecto de la trama convierte esta película en carne de un buen debate. Es importante ubicar la época en la cual se desarrolla la historia: el SIDA empieza a arrasar y muchos enfermos van muriendo de manera fulminante. Hay muchísima desinformación. El punto de partida para muchos, cuando se empezó a oír realmente sobre esta enfermedad fue cuando Rock Hudson públicamente habló de su homosexualidad, su enfermedad y fallece en 1985 (y así se refleja en la película donde el protagonista y sus amigos hablan sobre Hudson). El protagonista un personaje real tras un accidente laboral es informado de que tiene el VIH y que apenas le quedan días de vida.

Es obvio que el vaquero comienza traficando con unos medicamentos… pero unos medicamentos que son mucho menos perjudiciales, bastante más sanos y con resultados más positivos que aquellos que son permitidos por el gran organismo del estado, FDA, que se alía con los ‘negocios’ de las farmacéuticas (y a los que no les interesa permitir la ‘legalidad’ de tratamientos mucho mejores pero más baratos). Así cuando en un momento le acusan de traficante, él irónicamente les dice que ellos son mucho más piratas y traficantes que él. Lo paradójico es que la actividad ilegal que realiza el vaquero junto a sus colaboradores tiene un efecto más sanador y es más beneficiosa para todos aquellos enfermos de SIDA que estaban muriendo rápidamente por las ineficaces pruebas con peligrosos medicamentos a los que estaban siendo sometidos en los hospitales. Al mismo protagonista le daban treinta días de vida… y consiguió vivir siete años más.

Otro es presentar a un ‘héroe’ machista, homófobo, racista, drogodependiente, que no deja de trapichear que corre y corre y desgasta su vida: un vaquero de capa caída, un tipo al margen, e ir transformándolo, de manera creíble, en un tipo que se niega a rendirse y que se enfrenta a todo un sistema con una fortaleza fuera de toda duda y que el haber sido un superviviente toda la vida le sigue sirviendo hasta el final. Y sigue corriendo sin parar… Un tipo que de pronto va descubriendo a otros tipos al margen y se alía con ellos y que emplea todos sus trucos y trapicheos para conseguir la atención médica adecuada y más sana… y de pronto, con una actividad como digo al principio bastante dudosa, poco a poco se va convirtiendo en un vaquero que se enfrenta a la injusticia. Y cada vez va consiguiendo más adeptos a su causa como por ejemplo una doctora de uno de los hospitales (otro personaje que podría haber sido tremendamente atractivo y a mi parecer es de los más flojos de la trama)…

Así Dallas buyers club es una película que emplea muy bien una fórmula efectiva y sirve para protagonizar acalorados debates…

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Monuments men (The monuments men, 2014) de George Clooney

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Decepción absoluta. Dispuesta a disfrutar y pasarlo bien, salí totalmente contrariada. Monuments men partía de una buena idea y sin embargo no ha podido estar peor contada. George Clooney tiene algún destello correcto, como director de la función, en escenas sueltas pero ofrece una historia sin ritmo, mal contada y absolutamente deslavazada. Acudí a la sala de cine con muchas ganas y poco a poco fui encogiéndome en la butaca hasta el hastío más absoluto.

Contaba con un antecedente que me entusiasma. Una maravillosa película del dúo Burt Lancaster y John Frankenheimer del año 1964, El tren, cine emocionante y de tensión con historia maravillosa. Transcurre en París, un París que pronto va a ser liberado, pero antes de la derrota los nazis cargan un tren con los cuadros más importantes que se encuentran en la ciudad para llevárselos a Alemania. Un grupo de partisanos (muchos de ellos no saben de arte ni de cuadros pero sí que ése es un ‘cargamento’ que no se pueden llevar los nazis) trata de evitar —arriesgando sus vidas— que los cuadros salgan de Francia…

George Clooney se inspira en la historia de un grupo de expertos en arte, historiadores, directores de  museos, arquitectos… con cierta experiencia y edad con nacionalidades sobre todo de EE UU y Gran Bretaña (y también un francés con cara de Jean Dujardin) que se le encargó casi al final de la contienda la recuperación de las obras de arte robadas por los nazis durante la guerra para devolverlas a los lugares de donde fueron sacadas. La película parte del material de un libro de Rogert M. Edsel.

¿Dónde están las claves para no disfrutar de esta película?

1.- Los lazos entre los monuments men y los propios monuments men pésimamente desarrollados. De pronto los personajes de Clooney y Damon los van reuniendo, todos se conocen más o menos (hay por ahí, por lo visto, uniones de toda la vida)… y en un segundo sus lazos son fuertísimos, su entrega a la causa  impresionante… Apenas logran caracterizarse (no podemos imaginarnos su bagaje, la historia que arrastran a sus espaldas…) y no podemos creernos al ‘grupo’ ni lo que les ocurre. Un buen reparto (con carisma) totalmente desaprovechado porque los personajes apenas están construidos. Sólo hay un conato de pareja ‘cómica’ y bien avenida (pero desgraciadamente no desarrollada) entre los caballeros que tienen los rostros de Bob Balaban y Bill Murray.

2.- Lo inconexo de la propuesta acompaña toda la historia (tanto el dónde como el cómo). De pronto el grupo está tan junto como separado (pero siempre se quieren mucho y se nombran unos a otros)…, hay dos trágicas muertes con música de fondo e imágenes muy sentidas. Son siempre recordados (aunque ver a todos juntos rara vez se ha dado) e incluso hay lágrimas. George Clooney suelta varias veces monólogos sobre la grandeza de su misión y la importancia de salvar el arte. ¿Por qué hay que salvar el arte? Con voz seria, rostro compungido pero heroico, micrófono cerca de su boca. A veces emplea su ironía. Es como un actor clásico de Hollywood convertido en soldado, con una misión especial. Un Clark Gable salvador que además sabe declamar y dar discursos a la perfección.

3.- Mientras el grupo se va dispersando por Europa en busca del ‘tesoro’ escondido, la pista más importante es encargada al otro apuesto del grupo con rostro de Matt Damon. Damon protagoniza su propia película y al final ya se unirá con el grupo. Él va a París con un contacto y después de conversaciones, viajes rocambolescos y tal contacta con una ‘pieza’ fundamental de la trama: un parisina que trabajaba para los nazis que robaban la obra artística… pero que a su vez era una entregada a la causa, a la Resistencia. Y todo su afán era salvar el legado artístico. Ella esconde un secreto: sabe donde está todo (y además lo ha catalogado de maravilla). Pero no se fía ya de nadie. De pronto la seria, estirada y misteriosa dama se convierte en gata en celo, da un giro radical cuando se da cuenta que los monuments men son buenos y desinteresados… Ahí se cuenta una medio historia de seducción sin posibilidad de química un tanto absurda del que tan solo queda el recuerdo de una corbata…

4.- Cuando Damon se reúne con sus amados amigos (que por su cuenta ya habían averiguado casi lo mismo que él… cosas del destino y la casualidad)… tiene que pasar un momento de peligro tremendo donde todos se muestran solidarios con él… si él salta por los aires, todos le acompañarán. Son como unos mosqueteros por la causa. Así después de haber sido bastante inútil su odisea en solitario… deja ver que el grupo funciona. Y todas las hazañas del grupo transcurren así…, sin un ápice de tensión, emoción, desgarro o miedo…

5.- La resolución y el encuentro de las obras de arte es un poco por arte de magia, golpes de destino y suerte (y un poquillo de investigación con algo de potra)… pero por suerte llega antes este grupo de expertos que los desalmados rusos (¡no sabemos qué destrozo iban a hacer estos…!).

6.- Todo aderezado de una banda sonora de Alexandre Desplat y alguna canción de la época que emocione. Discursos muy serios sobre el arte y la guerra. Alguna nota suelta de humor. Ensalzamiento de la amistad (sin entender muy bien por qué), escenas muy trágicas y otras que muestren el horror y el sinsentido de la guerra. Ah, y algunas obras de arte representativas…, curiosamente casi todas con un contenido religioso y trascendente (trascendente como la misión). Algunas buenas ideas sueltas en el metraje como buenas escenas rodadas (como islas entre secuencias sin orden y sentido aparente o quizá simplemente colocadas con torpeza)… que se diluyen en una historia muy mal narrada cinematográficamente con una falta de ritmo y sentido total.

Pensé que el mal recibimiento en el Festival de Berlín era hacia un largometraje de entretenimiento que recuperaba un cine bélico de aventura tipo La gran evasión o la ya nombrada El tren. Que era cine espectáculo no bien recibido dentro del contenido y naturaleza del festival. Pero lo que me encontré fue una mala película de George Clooney (que tanto me había entusiasmado en Los idus de marzo), ni siquiera un divertimento. Tan sólo destellos. Otra vez será…, espero su próximo proyecto como director.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

La ley de talión (The last wagon, 1956) de Delmer Daves

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Comanche Tod es un héroe complejo de un western que ha caído en olvido de Delmer Daves. Comanche Tod (con el increíble rostro de Richard Widmark) es presentado en las primeras escenas como un fugitivo y asesino a sangre fría de sus perseguidores. Finalmente es capturado y su superviviente capturador con estrella de sheriff es un hombre desagradable que en todo momento le tortura y le trata como si fuera un animal, peor. Inmediatamente el espectador se pone de lado de Comanche Tod (sin haber entendido todavía su frialdad matando a sus perseguidores) como les ocurre a muchos de los colonos que se cruzan en el camino de tan singular pareja, sobre todo a un niño y su joven hermana. Todos se encuentran además en el peligroso territorio apache. Empieza así un camino de redención del héroe, de Comanche Tod.

Delmer Daves es de esos cineastas que se sabe que existe pero se les deja en un discreto segundo plano. Sin embargo si se indaga en su carrera cinematográfica se descubre a un director interesante que además hizo evolucionar un género como el western, sobre todo a nivel de contenido. Daves fue de los primeros que trató desde otro prisma y punto de vista a los indios. Ya no eran los malos sino también las víctimas. El problema entre vaqueros e indios se ‘reviste’ de muchos más matices y complicaciones. Ni unos son tan malos ni los otros tan buenos. Daves muestra cómo el pueblo indio en realidad está siendo masacrado y lo que intenta es defenderse y defender lo que hasta ahora han sido sus tierras. Así Daves empieza a crear héroes-puente entre los dos mundos o concepciones de vida en el salvaje Oeste. Y así nació en 1950 Tom Jeffords (James Stewart), héroe que en Flecha rota trata de llevar a cabo un tratado de paz con el apache Cochise y su pueblo… y de paso se queda prendado de una hermosa india. Comanche Tod es otro héroe-puente, él es un hombre blanco adoptado de niño por los indios. Un fuera de ley muy especial.

Así La ley de talión se convierte en un viaje lleno de obstáculos donde un grupo de jóvenes colonos con niño se verán solos en un paisaje hostil cuando los apaches terminan con sus familiares. El único superviviente con más edad es un asesino que iba camino a la horca (así se lo han presentado), Comanche Tod. Deberán confiar ciegamente en él para sobrevivir. Y él no les abandonará en esta empresa…, es más está dispuesto incluso a morir por ellos. Siempre se dice que es de buen nacido ser agradecido… y especialmente lo será con tres de los jóvenes que mostraron simpatía y compasión desde que le vieron aparecer.

Así todos jóvenes están perfectamente construidos: algunos muestran su total rechazo ante el nuevo líder y otros no sólo le seguirán sino que se irá transformando su admiración hacia el héroe… Es más una de las jóvenes se enamorará y su hermano se sentirá atraído desde el principio por Comanche Tod (como el niño de Raíces profundas por el pistolero desconocido)que terminará sintiéndole como una figura paterna. Entre los jóvenes hay además dos hermanas con una compleja historia, ambas son hermanas de padre: una es blanca y la otra es mestiza. La blanca es una joven que odia profundamente al otro, al diferente: se avergüenza de su hermana y rechaza la autoridad y experiencia de Comanche Tod.

Delmer Daves presenta una aventura de ritmo trepidante en que no deja ni un solo segundo de respiro y a la vez va construyendo las relaciones y los lazos de esta ‘extraña familia’. Comanche Tod va dejando ver a un hombre desencantado que ha sufrido de pasado duro y oscuro que va recuperando una ilusión por el futuro incierto al recibir la admiración y el afecto sobre todo de una joven y su hermano. También deja una escena de romanticismo exacerbado, en un momento de máxima tensión, cuando Comanche Tod le cuenta a la joven (con rostro de Felicia Farr, habitual en varios de sus western y que se convertiría en señora de Jack Lemonn) que él prefiere tener a las estrellas por techo. Que para él hogar es estar con las personas que ama. Y le va contando un hipotético e imposible futuro… donde llevarán su tienda india a lugares hermosos y donde serán libres para amarse.

La ley de talión es un western para rescatar del olvido.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Un largo viaje a través de la pantalla y una propuesta cinéfila

A veces entrando y saliendo de la sala de cine puedes realizar un largo viaje. Ahora mismo con tres estrenos puedes irte a Las Vegas, conocer un Tokio muy especial o darte una vuelta por Gaza. Y dejo también una propuesta cinéfila que tiene que ver con un concepto determinado y varias películas que giran alrededor de él con un espacio para el coloquio…

Plan en Las Vegas de Jon Turteltaub

planenlasvegas

Un viaje con viejos amigos, sin pretensiones. Sabemos desde el principio qué va a pasar. No hay sorpresa alguna. Sólo hay sitio para unas risas y disfrutar de un reparto de actores con largas trayectorias a sus espaldas. Así de sencillo. Película para pasar el rato. Mi sonrisa como espectadora se mantuvo en estado perenne. Y sobre todo me llevé tremenda alegría de reencontrarme con un Kevin Kline muy pero que muy divertido. ¿La historia? Un grupo de cuatro amigos desde la más tierna infancia (qué lindo prólogo) que vuelven a reunirse de nuevo cuando ya son unos respetables señores mayores con achaques con motivo de la boda de uno de ellos con una jovencita. Punto de encuentro: Las Vegas. Aventuras, encuentros, desencuentros, viejas cuentas pendientes, amistad eterna, amor… y mucha fiesta. Michael Douglas, Robert de Niro, Morgan Freeman y Kevin Kline son los amigos eternos, diferentes y complementarios. La nota femenina, una atractiva y madura Mary Steenburgen a la que también es un placer encontrársela en pantalla.

Una familia de Tokio de Yôji Yamada

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En los créditos finales el director japonés dedica Una familia de Tokio a Yasujiro Ozu. Y es evidente. Porque Una familia de Tokio es un remake con pequeñas variaciones argumentales de Cuentos de Tokio de Ozu. Entre otras cosas ese matrimonio anciano que visita a sus hijos a Tokio en la actualidad se encuentra con una situación similar a la que vivieron sus antecedentes poco después de la Segunda Guerra Mundial. Una familia de Tokio es una película sensible que sin duda disfrutará bastante más el espectador que no conozca la obra cinematográfica de Ozu. Porque Yamada, claro está, no es Ozu y Una familia de Tokio es un buen homenaje, sensible, pero no es Cuentos de Tokio. Una vez que se asume esta cuestión, entonces sólo quizás, el espectador puede emocionarse… sobre todo, como le ocurrió a servidora, con precisamente el único personaje que no salía en Cuentos de Tokio… ese joven hijo rebelde y la relación que tiene con sus ancianos padres. Una de las escenas más bellas y logradas es esa última noche de la madre con su hijo…

Un cerdo en Gaza

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Un cerdo en Gaza es una fábula de humor entre costumbrista y absurdo que refleja de manera original (que hace pensar) el conflicto palestino-israelí. El protagonista es un pescador humilde de Gaza, Jafaar (un maravilloso Sasson Gabain del cual ya disfruté en La banda nos visita), que sólo puede pescar en un trocito de mar hasta arriba de basura y donde el milagro es encontrar un pez… pero un día le pasa algo inesperado: su red pesca un cerdo vietnamita. ¿Qué hacer con ese animal impuro? ¿Cómo aprovecharlo dada su penosa situación económica? El escritor y fotógrafo francés Sylvain Estibal debuta en el cine con esta comedia especial donde para ‘encontrar’ la solución al conflicto y al acercamiento entre palestinos e israelíes acude al humor y finalmente a la fantasía (como única salida posible). Un cerdo en Gaza tiene momentos realmente divertidos y tiernos pero a la vez termina dando una visión dura y pesimista de la situación donde la única salida es volar con la imaginación…

 Ciclo Fracturas en La Casa Encendida

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… Una propuesta cinematográfica especial, donde algo tengo que ver, que comienza mañana, lunes, a las 19.00 horas en La Casa Encendida… Fracturar es romper o quebrantar con violencia algo. Vivimos en un momento de fractura. Las quiebras pueden ser históricas, culturales, sociales, económicas, políticas, religiosas, emocionales, físicas… Si analizamos la fractura en el cine, vemos que entran en juego diversos temas de actualidad que dejan en evidencia una crisis no solo económica, sino de muchas otras áreas. Pero en esa zona oscura surgen posibilidades e iniciativas de crear un mundo mejor. La palabra Fractura deja paso a muchas reflexiones porque también la mirada puede ser fracturada o en la manera de contar cinematográficamente puede surgir la ruptura violenta… Los lunes y miércoles de la primera quincena de diciembre tendrá lugar este ciclo donde se proyectarán cinco películas que reflejan cinco fracturas y dejan muchas claves y lecturas diferentes para debatir…

Con pinchar aquí, veréis la programación y los coloquios donde varios ponentes de distintas disciplinas (críticos de cine, pedagogos, psicólogos, profesores o miembros de movimientos sociales) compartirán su ‘mirada’ con los espectadores.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.