Bajo los techos de París (Sous les toits de Paris, 1930) de René Clair

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… los tejados de un barrio de París… y una escena en un callejón. Un cantante callejero, acompañado por un acordeonista ciego, entona una canción popular, del momento, y vende a la vez la letra de la canción con la partitura. Los vecinos se reúnen alrededor de él e improvisa un coro en medio de la calle. De pronto René Clair consigue atrapar algo de manera sencilla y preciosa: un momento, un instante efímero pero lleno de vida. Los vecinos entonan la canción, hay distintas acciones y miradas… y presentaciones de los personajes. Puro cine.

Ahí nos encontramos a casi todos los protagonistas de esta sencilla, nostálgica y poética narración cinematográfica sobre los bajos fondos parisinos. Un universo poblado por callejuelas estrechas, bailes populares, bares o cafés, peleas nocturnas junto a las farolas y a las vías del tren, pequeñas habitaciones, reuniones de vecinos, escaleras donde habitan bohemios, carteristas, artistas, artesanos, ladrones de poca monta, inmigrantes…

En esta primera escena aparece la joven inmigrante Pola, el cantante callejero Albert, su amigo el carterista y Fred, el jefe de una banda de ladrones. Más tarde en la barra de un bar aparece también el mejor amigo de Albert, Louis. Una amistad en la que siempre se están divirtiendo, compitiendo, jugando y peleándose… Así la película mezcla situaciones de comedia sentimental, con gotas de melodrama y cine de gánsteres. Pero el cóctel es tan sencillo y poético que funciona.

Lo poético se encuentra en los detalles y matices: un espejo roto que se convierte en un símbolo del amor imposible que siente Albert por Pola o los tejados de París o el reflejo de la vida de los vecinos a través de sus ventanas…

Y con esa plasmación de los instantes y la vida, René Clair nos habla de las complejidades del amor. Así la dulce Pola se convertirá en la mujer deseada por tres hombres y el destino construirá una historia donde también intervendrá el azar y la amistad. Así Pola se encontrará en los brazos del mafioso Fred, del romántico Albert y del más pragmático Louis.

Después de una historia de vidas cruzadas donde alguno saldrá con el corazón partido y otro conseguirá el corazón de la chica… y alguno que otro terminará en prisión así como otros afianzarán sus lazos de amistad, no queda otro modo de terminar la historia que de nuevo mostrando un coro callejero… porque la vida continúa y los techos de París.

René Clair se enfrenta así a su primer largometraje con éxito internacional (aunque el mayor éxito fue en su país de origen Francia) y además emplea por primera vez el sonido en el periodo en que las películas habladas empiezan a dejar atrás el cine silente. Pero el uso del sonido es para ayudarle a contar la historia, se sirve del sonido pero todavía realizando un uso preciso del lenguaje puramente visual del cine mudo. Así no hay largos diálogos o conversaciones, la mayoría de las veces no escuchamos esos diálogos tapados por la vitrina de un cristal o por el sonido de un tocadiscos…o por el jaleo de una trifulca. Muchas de las situaciones Clair las sigue solucionando de una manera visual y el sonido sólo es un pretexto para contar algo más o para que en los barrios de París se oiga cantar a sus vecinos o se les vea bailar al son de la música. A pesar de la ausencia de diálogos la historia puede seguirse perfectamente pues sigue siendo puro cine silente con acompañamiento de sonido.

Bajo los techos de París es una recreación nostálgica y poética de un París de los bajos fondos donde los artistas conviven con los carteristas y con los que menos tienen junto los inmigrantes y bohemios en una armonía ideal. Y como siempre es el amor el motor de las vidas de muchos de sus personajes. El amor por una chica o la camaradería entre amigos o la solidaridad entre vecinos…

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Hermanos en el cine: dos o más… (y tercera parte)

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Muchas son las películas donde los protagonistas son hermanos. Y protagonizan todas las modalidades y todos los géneros posibles. Hay hermanos que dan risa, otros nos hacen llorar. Algunos se aman, otros se hacen daño y otros se aman y se odian a la vez. Algunos se admiran entre sí o se decepcionan los unos con los otros. El de más allá recuerda y el de más acá siente nostalgia. Protagonizan cine negro, cine cómico, cine musical, melodrama… Y muchos se han convertido en inolvidables.

Así de manera desordenada vienen un montón de hermanos de ficción a mi cabeza. Los más recientes que habitan en mi cabeza son dos hermanos de vidas complejas y torturadas. No pueden evitar hacerse muchísimo daño porque habitan en un ‘sitio oscuro’ pero también se quieren y por ello sufren más el uno por el otro. Ninguno de los dos puede ser feliz y sobrevive cada uno como puede. Los dos son autodestructivos e incapaces de llevar las riendas emocionales de sus vidas. Se llaman Brandon y Sissy y vivimos con ellos unos días en Nueva York en Shame de Steve McQueen.

O también reciente es el retrato de dos hermanas que esperan de maneras muy diferentes el fin del mundo. El planeta Melancolía se estrella contra el mundo. Y es muy diferente, la fragilidad y vulnerabilidad de Justine, que desde su continua depresión y desorden emocional ya lo da todo por perdido luego se hace fuerte ante el final y el caos, y la seguridad y vida controlada de Claire que de pronto ve como toda su vida ordenada se desmorona y se le escapa todo de las manos.

Siguiendo con Kirsten Dunst que era el rostro de una de las hermanas ficticias que Lar von Triers llevó a las pantallas, vemos como también su rostro acompañaba a una de las hermanas de la familia Lisbon. Cinco hermanas perfectas y bellas de las que se enamoraban todos los chicos de barrio… pero que se convertían, sin explicación alguna, en las vírgenes suicidas.

Pero siguiendo también la estela del cine danés recuerdo la penúltima película de Thomas Vinterberg, Submarino, donde el director diseccionaba la dura historia de dos hermanos que viven un hecho traumático en su infancia que marca sus vidas para siempre. Impresionante. Por otra parte la realizadora Susanne Bier nos también la historia de dos narra en Hermanos. Uno de ellos, con su vida organizada y feliz tiene que irse a la guerra de Afganistán y el otro que llevaba una vida sin rumbo, el hermano pequeño, ante tal situación se responsabiliza de la familia de su hermano. Cuando el hermano, roto por una experiencia traumática en la guerra, regresa al hogar… estalla el conflicto.

Pero quiero ahora marcharme a la comedia. Y entonces la última comedia romántica que me ha gustado y mucho es El amigo de mi hermana. Donde se nos cuenta un fin de semana de enredos en una casa en la montaña. Los protagonistas son dos hermanas y el amigo de una de ellas.

Y siguiendo la estela de la alegría recuerdo uno de los musicales que más vi cuando era pequeña y que más me gustaba: Siete novias para siete hermanos. Me parecía el colmo de lo divertido esa casa en la montaña con siete rudos hermanos pero encantadores y cómo secuestran a las chicas de sus sueños y además las enamoran… Y mientras números musicales y canciones que me encantaban. Tanto es así que mis padres casi todos los domingos me despertaban con un disco de vinilo con la banda sonora de la película.

El cine clásico, el de blanco y negro, también nos regaló retratos inolvidables de hermanos. Recuerdo una de mis películas favoritas La ley del silencio y una de las tramas que más me gustan: la relación entre Terry, el boxeador fracasado, con su hermano mayor, Charlie, que trabaja para el gánster más poderoso del puerto. O me viene a la cabeza una cinta de cine negro La fuerza del destino donde Joe Morse, abogado que trabaja para un mafioso, tiene que perjudicar a su hermano mayor que lleva una pequeña casa de apuestas.

Otro filón para películas de distinta índole, normalmente de terror o misterio pero también para la risa son los hermanos gemelos. Así Robert Siodmak nos dejó A través del espejo con una Olivia de Havilland desdoblada en dos hermanas gemelas muy diferentes. O Cronenberg nos dejaba la inquietante Inseparables con dos hermanos gemelos pero antagónicos en sus personalidades. O la película de Walt Disney Tú a Boston y yo a California donde dos hermanas gemelas, que no se conocían porque al divorciarse sus padres cada uno se comprometió con el cuidado de una de sus hijas, se reencuentran en un campamento de verano y deciden que tienen un único objetivo: que sus padres vuelvan a enamorarse. En el terreno de comedia Fernando Trueba rizó el rizo y cuenta en Two Much la historia de un hombre que decide inventarse un gemelo para así poder seducir a dos hermanas (una es su novia y de la otra está enamorado).

Tampoco se olvidan las películas que rememoran la historia bíblica de Caín y Abel y uno de sus mejores ejemplos sin duda es Al este del edén de Elia Kazan donde vemos la compleja historia entre Cal y Aaron. El momento del conflicto estalla en un momento histórico convulso, antes de la intervención de EEUU en la Primera Guerra Mundial. Y esa relación es compleja porque ni Caín es tan malo ni Abel tan bueno, son dos jóvenes con sus partes luminosas y sus partes oscuras. Y para entender esa relación hay que comprender su infancia y la relación de ambos con su estricto padre.

Y otra forma de contar una historia es el de un hermano, normalmente el pequeño, que rememora su relación con el hermano más mayor (o también puede ser al contrario pero no es lo más normal). Así hace poco rescatamos del viejo baúl de películas Su propio infierno de John Frankenheimer donde nos cuenta cómo un joven adolescente va descubriendo el rostro oscuro de su hermano mayor al que admira desde siempre. También recuerdo otra película que me fascina La ley de la calle de Francis Ford Coppola donde un adolescente siempre habla con admiración de su hermano mayor, el chico de la moto y líder de las pandillas del barrio. Robert Redford dirigió la nostálgica El río de la vida donde somos testigos de la vida de dos hermanos, hijos de un pastor protestante, que llevan vidas bien diferentes pero unidos por una afición: la pesca. Malick dirigió Días del cielo narrada desde el punto de vista de una niña, Linda, que viaja con su hermano mayor Bill y la pareja de éste durante los duros años de la Depresión. O recuerdo también Propiedad condenada donde la narradora es otra niña que rememora la trágica historia, también en tiempos de Depresión, de su hermana mayor. Edward Furlong protagonizó dos películas como hermano pequeño que admira a su hermano mayor pero en unos contextos muy complejos. Una fue American History X donde su hermano mayor era un neonazi que termina en prisión y cuando regresa no quiere que su hermano pequeño siga sus mismos pasos. La otra se trata de Cuestión de sangre donde su hermano mayor es un asesino profesional.

Los hermanos de ficción dan para muchas buenas historias… y las que quedan por contar…

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Diccionario cinematográfico (198)

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Química especial: sólo puede entenderse esta clase de química con varios ejemplos científicamente probados en la sala de cine o cuarto de estar:

1.- Charlie Allnut y Rose Sayer pasan mil y una aventuras mientras se enamoran a bordo de La Reina de África, una vieja barcaza…

2.- Devlin y Alicia Huberman se aman y se odian… para siempre encadenados.

3.- Joanna y Mark Wallace son siempre dos en la carretera… con unas gotas de desencanto y un pasaporte que siempre aparece.

4.- Hal Carter y Marjorie Madge Owens siempre bailarán en un picnic en un pueblo Kansas, quizá puedan escapar…

5.- Sally Hyde y Luke Martin se encontraron en un duro regreso.

6.- Robert Kincaid y Francesca Johnson fueron a los puentes de Madison y allí quedaron para siempre sus recuerdos.

7.- Angie Rossini y Rocky Papasano empezaron su amor como dos extraños…

8.- Jackie y George viven entre shampoo y cortes de pelo un amor imposible y desencantado. Son malos tiempos para la lírica.

9.- Sally Bowles y Brian Jones se aman sin futuro en un cabaret…

10.- Mary Hatch y George Bailey viven una pesadilla para quizá darse cuenta de que la vida, aunque dura, merece la pena vivirla juntos.

11.- Holly Golightly y Paul Varyak desayunan con diamantes y lágrimas, también se besan en tarde lluviosa.

12.- Edie Doley y Terry Malloy se aman más allá del silencio.

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Tres películas raras, extrañas o difíciles de ver… y un clásico de culto: Berberian sound studio (Berberian sound studio, 2012) de Peter Strickland/Damiselas en apuros (Damsels in distress, 2011) de Whit Stillman/Tango libre (Tango libre, 2012) de Frédéric Fonteyne/El emperador del norte (Emperor of the north pole, 1973) de Robert Aldrich

Según van desapareciendo salas de cine y las distribuidoras cada vez es más difícil que lleguen ciertas películas a los espectadores. La oferta disminuye. Por eso nunca es una buena noticia ni el cierre de una sala ni el cierre de una distribuidora. Sin embargo nuevas plataformas digitales (festivales online), la función de ciertos ciclos y festivales en distintos centros culturales o el nacimiento de pequeñas salas de exhibición (detrás de ellas sólo hay pura locura y amor al cine) son los nuevos cauces para que lleguen ciertas películas que en las salas de exhibición normal no tienen sitio o si lo tienen apenas duran una semana en cartel. A veces directamente salen en dvd o blu ray algunas películas que no han tenido la oportunidad de estrenarse en sala o se pueden conseguir viejos clásicos poco vistos o de culto. ¿Nos estamos perdiendo algo…? Pues si no logramos acceder a ellas pocas respuestas podemos ofrecer a esta pregunta. Por eso me parece importante que si se logra acceder a alguna película que, por distintos motivos, no se considera el estrenarla en los cauces habituales pero sí en otros, compartir y valorar qué es lo que quizá nos estemos perdiendo.

Berberian sound studio (Berberian sound studio, 2012) de Peter Strickland

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De momento no ha encontrado distribuidora que la exhiba en el circuito de salas. Tan sólo ha habido oportunidad de acceder a ella en festivales como el de Sitges o en el festival online, Atlántida film Fest.

Y lo primero que se te pasa por la cabeza al verla es ¡menuda rayada! Pero la rayada tiene algo. Entra dentro de un género que a mí me fascina y es el cine dentro del cine. Así el espectador se encuentra acompañando a un tímido y complejo técnico de sonido británico al que le surge un trabajo en un estudio italiano de postproducción de sonido de los años setenta especializado en el Giallo. Así su nuevo trabajo consiste en dar sonido a un giallo de un director llamado Santini. Una película con brujas, conjuros y sangre. En ningún momento vemos una sola imagen de dicha película pero escuchamos todos los sonidos y surge la película en nuestra cabeza. El estudio se convierte en un lugar misterioso y claustrofóbico habitado por extraños personajes que va atrapando la frágil mente del tímido técnico.

Llega un momento en que la narración cinematográfica se rompe de tal modo que ya no sabemos si nos encontramos en un espacio real o en el espacio creado por una persona con graves trastornos mentales. A veces me vino a la cabeza Arrebato de Iván Zulueta, sobre todo al final, por el poder vampírico de la imagen en movimiento.

Mucho encanto de este extraño y angustioso film se debe a la labor del actor Toby Jones como el atribulado y tímido técnico que llega a un mundo kafkiano muy distinto al suyo que le va alterando poco a poco.

Damiselas en apuros (Damsels in distress, 2011) de Whit Stillman

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Tan sólo estuvo una semana en cartel y ahora puede recuperarse en dvd. Reconozco que es la primera película que veo de Whit Stillman (tan sólo ha rodado y todas en los noventa: Metropolitan, Barcelona y The last days of disco) y que me ha sorprendido por lo lejano, extraño y marciano (este adjetivo lo lei en un comentario de una página de cine y me hizo sonreír) de la propuesta cinematográfica. Es tan distante que ése es su principal atractivo. Puede parecer una comedia más de juventud en la universidad pero lo que nos muestra es un grupo de jóvenes con comportamientos aparentemente arcaicos que pululan por un campus universitario tratando de salvar a otros jóvenes del suicidio, normalmente por penas amorosas. Sus diálogos son excéntricos y extraños pero por esa rareza atraen. Te quedas escuchándolos y sonríes. Nada que ver con la realidad. Es como si este grupo de jóvenes damas viviesen en un campus ficticio donde los chicos suelen ser bastante tontos y cortos, las chicas auténticas filósofas del día a día, donde te cruzas con el extraño ritual del amor cátaro, el chico que no distingue los colores pero trata de entender y para la solución de los problemas un primer paso es tomarse un donut y un café. Violet, su protagonista, está segura de cambiar el mundo con los aromas de un jabón o empezando una auténtica revolución con un baile nuevo, el samboal. También tiene una teoría especial sobre el tipo de chico que puede hacer feliz a una chica. Otro remedio maravilloso contra la depresión es el claqué o ver la vida como una película de Fred Astaire… y claro si logras meterte en esta locura auténtica… a lo mejor hasta disfrutas de la película. A mí me pasó. Es más crítica de lo que parece. Quizá el campus universitario no esté tan lejos de este mundo extraño de Stillman…

Tango libre (Tango libre, 2012) de Frédéric Fonteyne

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Tan sólo se ha estrenado en una sala de cine en mi ciudad y cada día en un horario diferente. Tango libre es de esas películas que terminas su visionado con una sonrisa. No es redonda ni perfecta ni verosímil pero te atrapa. Es una película medicina con aires de cuento. Y quieres que sus personajes terminen siendo felices y también coman perdices. Me atraía por dos asuntos: me encantó una película de su director que se llamaba Una relación privada. Me gusta Sergi López y lo único que salvé de La delicadeza fue el haber descubierto al actor François Damiens, protagonista entrañable en esta nueva película.

Así ésas son sus bazas más fuertes: un director que sorprende a la hora de rodar con elegancia y delicadeza una historia íntima de amores extraños (y por otra parte, logrando momentos interesantes como la primera demostración de tango entre los presos o el baile entre madre e hijo adolescente). Y un grupo de actores que se apodera de sus personajes.

La historia: un guardia solitario de un centro penitenciario aprende en su tiempo libre a bailar el tango. Allí conoce a una joven que después descubre que visita a dos reclusos. Uno es su marido; el otro su amante. Y los dos comparten la misma celda y son mejores amigos. Pero es un triángulo consentido por todas las partes. El guardia se siente atraido por su pareja de baile y por su historia con los dos reclusos (a lo que hay que añadir un adolescente confuso que forma parte de esta extraña familia). El marido al enterarse de que su esposa acude a clases de tango decide buscar a un recluso argentino para que le dé clases de baile. Y esas clases, que recuperan la esencia del tango que empezó en los bajos fondos argentinos y se bailaba entre hombres, abren un espacio de libertad para los reclusos… y también otra posibilidad de vida y convivencia para el solitario guardia.

La película mantiene un frágil equilibrio entre comedia amable, melodrama y pasos de baile…

El emperador del norte (Emperor of the north pole, 1973) de Robert Aldrich

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Llevaba muchos años detrás de esta película sobre la Depresión con un siempre sorprendente Robert Aldrich. Una película extraña y de culto que puede ser rescatada a través del dvd. Ésta es la historia de un enfrentamiento entre el sin hogar Número 1 (Lee Marvin) y el temible y violento vigilante del tren número 19 (Ernest Borgnine, impagable como una bestia parda que con su uniforme se toma a vida a muerte su misión de no dejar que ningún sin hogar suba a su tren) que representa a todas aquellos ‘poderes’ que creen que no todo el mundo debe subirse al tren, sólo unos pocos. En tiempos de penuria este enfrentamiento proporciona distracción y algo parecido a la esperanza (ansias de libertad y dignidad) a muchos hombres que se buscan la vida en una Depresión que parece que no termina y un país que como dice Número 1 se hunde en una basura mala. Son hombres duros pero con dignidad y corazón. El tercero en discordia es un jovencísimo sin hogar (Keith Carradine) que quiere quitar el puesto de Emperador del Norte (un título meramente simbólico) a Número 1 pero que no entiende y no aprende que lo que se juegan es mucho más profundo de lo que piensa. Como le dice Marvin le falta corazón para entender la situación. Una película brutal y con unas interpretaciones fascinantes… y un tren que no para… Como siempre Robert Aldrich muestra su buen uso de la narración cinematográfica y su fuerza visual.

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Eleanor Parker, la hermosa dama que fue actriz versátil

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Eleanor Parker no llegó a ser estrella del firmamento. De hecho si preguntásemos quién recuerda a Eleanor Parker quizá fueran muchos a los que les costaría siquiera nombrar una película. Parker fue (y es… todavía sigue viva como Olivia de Havilland o Joan Fontaine) una hermosa dama, mujer bella y sensual, que además se convirtió en una actriz versátil con una interesante filmografía (la cual no he descubierto todavía entera y tengo muchas sorpresas que mirar). Si viajamos por sus obras cinematográficas nos topamos con comedia, melodrama, drama, aventuras, cine social, musical… y ella siempre mostró que era una actriz de carácter.

De sus comienzos en los años cuarenta apenas he podido ver algo pero me interesa que empezó como pareja cinematográfica de mi amado John Gardfield en Entre dos mundos y El orgullo de los marines. También fue la protagonista de un remake de una película mítica de Bette Davis (y una adaptación de una novela de Somerset Maugham), Cautivo del deseo.

Su década realmente fueron los cincuenta. En 1950 sería aclamada como actriz dramática en Sin remisión de John Cromwell, una estupenda película de cine social donde el espectador vive el drama de una joven de 19 años que ingresa en una cárcel de mujeres y cómo la brutalidad del ambiente va minando y transformando su personalidad.

Así continuaría en su registro de drama y cine social en Brigada 21 de William Wyler. Una muy buena película que cuenta las veinticuatro horas de un rígido y duro policía (con el rostro de Kirk Douglas) que juzga de manera implacable a los detenidos pero que su mundo se derrumba cuando en uno de los casos descubre que está implicada su mujer (una Eleanor Parker que emociona).

En 1952 Eleanor protagonizó una de sus películas más recordadas, que ubicaremos dentro del cine de aventuras con gotas de buena comedia, estoy hablando de una pequeña joya, Scaramouche de George Sidney. Eleanor Parker brilla con luz propia como comediante temperamental y divertida que recorre los caminos durante el siglo XVIII y enamora a hombres por doquier. Su corazón pertenece a un famoso espadachín que debe ocultarse en su compañía…

Otra de aventuras (y que además continuamente la pasan por televisión) muy recordada con Eleanor de protagonista es Cuando ruge la marabunta (1954). Una de aventuras y catástrofes (se adelantó a los tiempos) que es sobre todo recordada, no sólo por las hormigas, sino por la corriente sexual entre la pareja protagonista, una temperamental Parker con un apuesto Charlton Heston. Sin duda Parker se estaba convirtiendo en la heroína de los sueños de muchos espectadores que disfrutaban con el buen cine de aventuras que protagonizaba.

Al año siguiente vuelve a otro género en el que siempre lucía espectacular y versátil, drama con unas gotas de cine social. Y esta vez se mete en el papel ambiguo de la esposa dependiente física y emocional de un drogodependiente (con el rostro de Frank Sinatra). Y Eleanor Parker vuelve a demostrar que es una buena actriz capaz de llevar a extremos emocionales intensos un personaje muy complejo. Esta vez el papel se lo dio Otto Preminger en la interesante El hombre del brazo de oro.

En los sesenta se convirtió en actriz secundaria de lujo de melodramas intensos y sobre todo de uno de los musicales más recordados. Así se convierte en esposa sufridora que vive las infidelidades y contradicciones de su marido en esa América sureña que ofrece siempre mucho drama y pasiones extremas. Estoy hablando de Con él llegó el escándalo de Vicente Minnelli. O sustituye a Lana Turner en el personaje de madre sufridora y compleja, en la secuela del melodrama Vidas borrascosas, Regreso a Peyton Place de José Ferrer.

El famoso musical sería Sonrisas y lágrimas (1965) donde tiene el papel más antipático como rival en el amor de la dulce Julie Andrews. Abandonaría su carrera cinematográfica a finales de los sesenta y volvería esporádicamente. Empezó a trabajar de manera asidua para la televisión.

Pero en la memoria cinéfila queda en el recuerdo su melena pelirroja que habitaba duros dramas o melodramas o como heroína de buenas películas de aventuras… Y a mí me queda la certeza de que todavía me queda mucha Eleanor Parker que descubrir… Y eso, es motivo de celebración.

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El lado bueno de las cosas (Silver linings playbook, 2012) de David O. Russell

El lado bueno de las cosas es la película con sello de ‘pequeña obra’ o ‘pequeña sorpresa’ que se ha colado en la gala de los Oscars. Películas que se revisten de un halo de cine independiente (que no lo es) o cine de autor. Así sobre ella se vierten distintas opiniones: otra comedia romántica más que prometía algo distinto durante sus primeros minutos o una obra menor que se ha colado en la lista a falta de una película ‘pequeña’ mejor. Pues bien dejando aparte la apreciación de si tiene que estar en los Oscars o no (¿de verdad Los miserables ha sido una de las mejores propuestas del año?), El lado bueno de las cosas plantea varios aspectos interesantes y una evolución en la concepción de la comedia romántica.

El lado bueno de las cosas es una tragicomedia con gotas muy bien espolvoreadas de comedia romántica (y otras variantes de la comedia). Así si observamos la estructura repite la de cientos y miles de películas: chico conoce chica, chocan mucho pero se van conociendo, inician una bonita amistad, se enamoran, encuentran obstáculos, los superan, hay una separación inminente, una carrera por las calles para recuperar el amor y, por último, beso final. Hasta aquí podemos decir: hay que dar la razón a los que dicen otra comedia romántica más, típica y tópica sin sorpresa alguna. Además su pareja protagonista está acompañada de una galeria de familiares y amigos con sus propias peculiaridades que siguen sus vicisitudes, otro de los pilares de este tipo de comedias.

Pero David O. Russell (primera película de su filmografía que veo) no entrega una obra cinematográfica tan sencilla ni tan tópica. No es una obra redonda ni maestra pero sí pensada y elaborada y sobre todo respira un inmenso cariño hacia sus protagonistas (sobre todo al personaje con rostro de Bradley Cooper) y un fondo de realismo en lo que quiere contar que termina nadando en un cuento de ficción.

Su protagonista, su héroe romántico, es un hombre que ha perdido todo. Empleo, mujer, casa… y salud mental. Pat (Bradley Cooper) lleva ocho meses ingresado en una institución psiquiátrica después de haber agredido al amante de su mujer. Allí le han diagnosticado un trastorno bipolar. Después de esos meses regresa al hogar de sus padres a enfrentarse de nuevo con la vida y sus objetivos son ver el lado positivo de las cosas y recuperar el amor de su mujer (que ha dictado una orden de alejamiento contra él)… Pero en su camino se cruza Tiffany (Jennifer Lawrence), una jovencísima viuda que no supera el dolor de la pérdida y padece también desordenes mentales. Ambos inician una relación de amistad, con concurso de baile de por medio, que terminará en romance.

Al principio la película tiene todos los ingredientes para: a) ser un drama sobre personas con problemas de salud mental, b) ser un drama de superación sobre personas con problemas de salud mental… pero David O. Russell se desvía y decide convertir a dos personas excluidas socialmente en dos héroes románticos y además hacerlos vivir en una ‘comunidad’ en la que son incluidos. Porque O. Russell muestra cómo los personajes secundarios (padres, amigos, hermanos…) tienen sus propios trastornos mentales no diagnosticados y cómo todos tenemos comportamientos extraños (a esta baza jugaba también Lars y una chica de verdad) así que no hay posibilidad por tanto de excluir al que tiene problemas mentales diagnosticados porque todos tenemos carencias emocionales y sociales. De esta manera hay una lectura de evolución del género screwball comedy. Estas comedias de los años treinta y cuarenta eran protagonizadas por familias y vecinos alocados (pero no diagnosticados) y las parejas de enamorados (sufrían trastornos mentales no diagnosticados… ¿alguien piensa que Irene Bullock o Susan Vance estaban bien de la cabeza?)… en El lado bueno de las cosas lo único que pasa es que alguno de sus personajes sí que tienen un informe psiquiátrico en sus manos y medicamentos que tomar (aunque a veces se nieguen a ello porque merman sus facultades físicas y mentales).

David O. Russell trata con ternura a su héroe romántico, Pat. Y hace una concesión porque se encuentra protagonizando ficción no una jodida historia real. Y le regala un final feliz. Hay una escena al principio de la película en la que Pat se pone muy nervioso a las cuatro de la mañana porque se indigna ante la lectura de un libro y va al dormitorio de sus padres a contar su angustia. La novela en cuestión es Adiós a las armas de Hemingway. Uno de sus propositos era leer los libros que su mujer enseñaba a sus alumnos (los dos eran profesores). Entonces Pat quiere rebelarse. No entiende por qué dos personas que sufren pero terminan alcanzando la felicidad, el autor no les da una tregua y un final feliz. David O. Russell decide servirse de la ficción y dar una tregua y un final feliz a su personaje, que en la vida real probablemente sería improbable que lo alcanzara.

Y entonces ahí recurre no sólo a la comedia romántica, a la screwball comedy… sino a otro de los géneros por excelencia que es un canto a la felicidad: el musical (y ahí encaja de manera maravillosa ese baile desastre que finalmente conmueve) con homenajes explícitos a ese canto a la vida que es Cantando bajo la lluvia y ese canto al romanticismo que es West side story.

Así finalmente El lado bueno de las cosas es la historia de dos seres excluidos que sufren (como aquellos que les rodean: padres, hermanos y amigos —con sus traumas propios—) y se medican pero que les dejan finalmente protagonizar una comedia romántica con final feliz y concurso de baile incluido con salto cutre a lo Dirty Dancing. Quizá sea un regalo que quiera hacerse el propio director pues conoce bien de lo que habla (de ahí ese cariño a los personajes y esa veracidad que se respira) ya que lo tiene muy cerca en su propio hogar: su hijo padece trastorno bipolar y es obsesivo-compulsivo (le da un pequeño papel en la película de vecino molesto)… Por eso para él es tan importante ese final feliz como en cualquier otra comedia romántica…

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